Para
Bergson todo filósofo tiene dos filosofías: la suya y la de Spinoza. Hegel fue
un poco más radical (o entusiasta) al decir “Spinoza o la ausencia de
filosofía”. Polémico y clásico, Spinoza es un autor ineludible para cualquier
estudiante o interesado en la historia del pensamiento en occidente. La Ética
demostrada según el orden geométrico de las cosas es la pieza clave que resume
las teorías fundamentales de un pensador enigmático y original que, como todo
buen filósofo, con sus respuestas a cuestiones inmanentes al quehacer
filosófico formó escuela y fundó interesantes dudas. A continuación un somero
resumen de la citada obra.
LA
ÉTICA SEGÚN SPINOZA
La
Ética de Spinoza se inspira en el modelo metodológico de las matemáticas y la
geometría, eso significa que, para la exposición de sus ideas y la deducción de
sus conceptos más importantes, utiliza el método sintético.
Partiendo
de postulados, axiomas y definiciones cuya evidencia (por intuición inmediata)
considera irrefutables, deduce conceptos y conclusiones más complejos. La
preferencia por tal sistema de deducción sintética suele atribuirse a la
influencia que Spinoza tuvo del racionalismo cartesiano, el cual inauguró la
filosofía moderna planteando el problema del método a seguir para obtener un conocimiento
verdadero antes de preocuparse por la verdad a conocer; primero definir las
capacidades, los alcances y el procedimiento de la razón humana y después el
descubrimiento del mundo.
Si
el modelo del método geométrico es la herramienta intelectual de la Ética, el
tema que la impulsa es la pregunta por el hombre: su naturaleza, su lugar y
relación con el mundo que lo rodea, sus problemas morales, los alcances y
límites de su razón y su libertad. Ya que el método geométrico consiste en una
deducción a partir de principios elementales irrefutables (como el
procedimiento matemático de Euclídes), Spinoza parte de dos bases: 1) la idea
del universo real como un cuerpo organizado donde todas y cada una de sus
partes están íntimamente conectadas según leyes que “son siempre y dondequiera
las mismas, como la propia naturaleza es siempre, una y la misma, y la misma en
todas partes su fuerza eficiente” 2) Definiciones precisas de los términos con
los que el autor alude a tales leyes, lógicamente incuestionables y evidentes.
PRIMERA
PARTE DE LA ÉTICA DE SPINOZA
1. La primera
sección de esta obra fundamenta dicha visión del universo del cual, una de sus
partes es el ser humano. La naturaleza, fuerza o Dios (“el nombre poco
importa para el tema” -comenta el filósofo) que contiene las leyes de armonía
universal es la sustancia infinita, necesaria y causa de sí a la que pertenecen
incontables atributos y modos (seres particulares) en los que se manifiesta.
Para Spinoza, el Dios o ser sustancial al que pertenecen y del cual parten
todas las cosas está presente en todas ellas por lo que cada una es, al mismo
tiempo, estados diversos de la misma sustancia. Dios no es para Spinoza solo
“espíritu” ya que si uno de sus modos principales de manifestarse es la
extensión -la corporeidad- también participa de ella en forma activa. Con ello
Spinoza desaparece la oposición clásica entre espíritu y cuerpo: la materia es
una constante de la existencia, es la realización concreta de los principios
metafísicos. Ambas realidades no se excluyen, se complementan.
Como
sustancia trascendente, Dios no es el creador del mundo. El mundo es una
realidad inmanente en él. Dios es por tanto parte de todos los seres de este
universo y a la inversa, o dicho de otra forma, Dios está y ES todas las cosas.
Desde esta perspectiva Spinoza establece una unidad radical entre elementos que
la tradición filosófica separaba pues su consecuencia inmediata es la negación
de un Dios personal y creador. Cada ser humano es una manifestación de lo
divino. Para establecer contacto con su origen debe establecer contacto consigo
mismo. Panteísmo místico donde ser y pensar, episteme y ontos se igualan e
implican necesariamente. El único conocimiento posible en tal mundo consiste
entonces en reconocer la dependencia de
lo particular hacia una esencia eterna e invariable. Conocer es pues,
deducir por medio de la causa última el armazón armónico que rige las cosas en
que es capaz de manifestarse: Todas.
Ahora
bien, la ligazón de orden geométrico que envuelve todos los seres coloca a Dios
a la cabeza de la ascendencia causal, sin embargo, Spinoza no lo comprende como
un “primer motor” (Aristóteles). La naturaleza producto (natura naturata) de la
fuerza inmanente a todo lo que existe (natura naturans) no tiene finalidad,
meta ni voluntad.
Las
causas finales son fantasía para Spinoza. Dios como ser libre que crea el mundo
por propia voluntad, no existe. La causa del movimiento y el reposo al estilo
clásico de Aristóteles, desaparece.
El
resultado: Dios no puede prevenir ni conocer las cosas futuras. Las comprende
al momento de crearlas, obedeciendo su propio impulso y necesidad pues “su
esencia no es otra cosa que la existencia”.
SEGUNDA
PARTE DE LA ÉTICA DE SPINOZA
2. Dilucidada
la naturaleza primera o divina, Spinoza investiga la composición de
la naturaleza humana, sus límites y posibilidades de conocimiento y el valor de
las ideas. Dicho de otra forma, la segunda sección se ocupa de comprender el
alma, exponer la teoría spinoziana del conocimiento y la relación mente y
cuerpo.
Spinoza
no pretende comprender el “ser” desde un cierto criterio de verdad, ni -como
Heidegger- partir de él para fijar las leyes del conocimiento. Le interesa
descubrir los elementos sustanciales del mismo que se revelan en los
particulares. Como la sustancia de toda realidad es invariable y eterna, el
análisis deductivo es la opción a seguir y si a cada modo o atributo
corresponde una fuerza o idea fundamental, la noción de causalidad cósmica es
la idea que sustenta a las demás: Neo-platonismo que comprende la enorme
variedad de seres a partir de su origen intemporal ideal del que se derivan,
esto es, conocimiento de sub specie aeternis, el más superior de los saberes
posibles en el ser humano que consta de tres niveles básicos. El
más elemental es el conocimiento imaginativo. El segundo en la escala es el
conocimiento por la razón (descubre la sustancia primera por medio de los
particulares). El último y más complejo es el que simboliza su Ética, por
intuición y “según el orden geométrico de las cosas”.
A
resguardo del principio elemental de “todo es uno y lo mismo” el alma humana,
si bien no igual al cuerpo es una manifestación coincidente del mismo orden
geométrico universal o sustancia. La primera no es posible sin el segundo. El
hombre no es un cuerpo al que se le haya “inyectado” un alma o impulso vital,
es un compuesto de dos atributos divinos, a saber, extensión y pensamiento.
Juntos fomentan un evento (ser humano) que lleva la huella de la fuerza que los
crea, pero sin llegar a ser idéntico. Alma
y cuerpo nacieron juntos y se reintegran de igual forma a la sustancia. La
eternidad personal por tanto no existe.
3 y 4.
Compuesto de alma y cuerpo, el hombre accede a pasiones o afectos. Las
secciones tercera y cuarta de la Ética estudian su origen de la misma forma que
en las secciones anteriores, es decir, atendiendo al orden que las rige tomando
en cuenta que el ser humano -parte de la naturaleza o sustancia- está inscrito
a su vez dentro de un orden preestablecido que en cierta forma lo determina.
La
“Geometría de las pasiones” analiza la influencia de las pasiones sobre la
razón y el poder de la razón sobre las pasiones. Inicia aceptando como base el
instinto de preservación de todos los seres (cupiditas) a partir del cual se
derivan los dos afectos principales: la alegría (afecto que promueve la
preservación y perfeccionamiento de la propia existencia) y la tristeza (afecto
que promueve su destrucción). El hombre
libre no es aquél que domina sus pasiones, es el que las comprende en toda su
integridad, las acepta y, considerándolas útiles, se sobrepone a ellas. El
hombre siervo es el incapaz de entenderlas y por tanto, de moderarlas y de
sobrevivir con ellas.
“La
naturaleza no hace más que seguir su orden necesario. Si el hombre quiere
dominar las pasiones debe considerarlas como parte de la naturaleza humana y,
por consiguiente, del orden universal en que figura ésta. Solo así podrá pasar
de la servidumbre a la libertad, del mal al bien”. Bien y mal no son categorías morales, son ontológicas. El hombre bueno
es el que lucha por preservar su ser -en eso consiste la mayor virtud para
Spinoza- mientras el malo, lucha por lo contrario.
5. Por último, la quinta sección de la Ética
se enfrenta al problema de la libertad humana. Ella existe en un radio
mucho más amplio que la concepción geométrica y naturalista del universo
parecieran dejar en un principio. La libertad radica en la adecuada influencia
que el pensamiento pueda ejercer sobre las pasiones.
A
mayor conocimiento que de ellas obtenga, mayores posibilidades de acción sobre
las mismas. Las pasiones que se padecen (pasivo) se transforman en afectos
(activos) más efectivos en contra de la servidumbre humana. Amor es alegría por el conocimiento de las
causas. Conocerse a sí mismo clara y distintamente es conocer a Dios. Y eso es
la más amplia libertad que un hombre puede experimentar: el amor intelectual de
la sustancia, de la naturaleza y de sí. Comprensión integral que lo aleja
de temores superfluos y lo acerca al verdadero conocimiento, a la vida, al
eterno universal y a un libre albedrío total desde donde puede decidir qué tipo
de armazón aporta a la larga cadena causal que lo sustenta y lo limita, mas
nunca lo determinará absolutamente.
Octavio
Blogger
desde 2006. Experto en Marketing Online, Redes Sociales y Posicionamiento SEO.
Psicólogo aficionado a la tecnología, el diseño y el periodismo.
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