En la literatura japonesa, especialmente en sus orígenes,
hay muchas escritoras. No es extraño, porque la lengua japonesa común, escrita
en caracteres hiragana, se considera una invención femenina. Sucedió porque las
mujeres no tenían permitido usar los caracteres Kanji, importados de China, y
utilizaban una lengua simplificada, el hiragana, mientras que los hombres
empleaban ese lenguaje, pero solo en su correspondencia amorosa con las
mujeres. Con el tiempo, esa lengua casi secreta se convirtió en el japonés
actual, en el más importante de sus cuatro silabarios, el hiragana. Los otros
son kanji, , katakana (creado por los bonzos o monjes) y roomaji (caracteres
occidentales).
Las obras maestras de la época clásica están escritas por
mujeres, como El libro de la almohada, de Sei Shonagon y El romance de Genji,
de Murasaki Shikibu, que al parecer se está traduciendo íntegro por primera vez
al español y que espero con impaciencia.
Tras la publicación de esta entrada, en 2004, se han
publicado (escribo este comentario en
2015) al menos dos traducciones íntegras de El romance de Genji o Genji
Monogatari, una en Atalanta y otra en Destino.
Ono no Komachi:
“Una mujer bellísima que vivió a mediados del siglo IX y que
encarna todo el refinamiento y toda la melancolía de la época Heian. El poeta
Ki no Tsurayuki la incluyó entre los seis mejores poetas de waka, es decir,
como uno de los “seis genios” (rokkasen) de la antología Kokinshü, que contiene
18 poemas suyos”.
La historia de esta poeta extraordinaria es al mismo tiempo
alegre y triste, o al menos así lo cuentan los cronistas y parece admitir la
propia Ono no Komachi en algunos de sus poemas:
“Según la leyenda, Ono no Komachi, hija de un oficial, había
nacido en la región de Akita y fue enviada a Kioto a la edad de 13 años. Allí
destacó por su belleza y por su inteligencia, llegando a ser gran dama de la
Corte, quizá sirviendo al emperador Nimmei, y fue requerida por numerosos
pretendientes, a los que rechazó. Se cree que al final de su vida regresó a su
tierra natal, donde murió, sola, pobre e ignorada, aferrada al orgullo de su
belleza juvenil, “viendo caer las largas lluvias”, como dice en el maravilloso
poema que la representa en esta antología… “
El poema de Ono no Komachi recogido precisamente trata de
esa parte solitaria y triste de su vida:
“El color de las flores
se va desvaneciendo:
Así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos
viendo caer las largas lluvias”.
En otra entrada tuve ocasión de hablar de los haikus (o
haikai) con motivo de El haiku de Cuervo. El poema de Ono no Komachi no es un
haiku, sino un tanka, que comparte con los haikus los tres primeros versos de
cinco, siete y cinco sílabas, pero añade otros dos.
Más adelante, José María Bermejo y Teresa Herrero, los
autores de la antología donde figura, explican que Ono no Komachi es un
personaje especialmente reverenciado en la cultura japonesa:
“Ono no Komachi inspiró también algunas obras del teatro Nô,
cinco de las cuales son atribuidas a Kan’ami o a Zeami. La más conocida, Sotoba
Komachi, de Kan’ami, narra una historia estremecedora que tiene como fondo la
supuesta crueldad de Ono con sus enamorados y amantes: a uno de ellos, el
capitán Shii no Shoso, conocido también como Fukakusa, le impuso como
condición, para acceder a sus deseos, que pasara cien noches ante su puerta;
pero el capitán, que había acudido fielmente a cada cita, murió la última
noche…”
Existe quizá, dicen los antólogos una cierta relación, una
especie de ironía dramática, entre la actitud de Ono no Komachi y el desenlace
de su historia:
“El triste final de Ono no Komachi, como una anciana
pordiosera y vagabunda, parece marcado por ese amor frustrado, por esa historia
absolutamente “romántica”. Su poesía, intensa y emotiva, rica en metáforas e
impregnada de un fuerte erotismo, es, tal vez, el mejor retrato de esa
misteriosa mujer que, según la tradición, adoptó al final de su vida, en el
templo de Onosan Myoshoji, en Hazako, el nombre budista de “Myosho”.
Se conservan muchos retratos de Ono no Komachi:
“Varios siglos después, Eishi, el artista más aristocrático
de ukiyo-e (tipo de grabado o ilustración japonesa), ilustró ese poema que aún
nos sigue conmoviendo. Otro genio del grabado, Harunobu (1725-1770) recreó, en
una bellísima “estampa de brocado” (nishikie) la figura legendaria de Ono no
Komachi”.
En esta maravilla que es Internet, he encontrado unos
cuantos poemas más de Ono no Komachi, aunque sólo están traducidos al inglés.
“Those gifts you left
have become my
enemies:
without them
there might have been
a moment’s
forgetting”.
(Tr. Hirshfield & Aratani)
Intento ahora, en 2015, una apresurada traducción de este poema:
“Esos regalos que dejaste
son ahora mis enemigos
Sin ellos
al menos podría tener
un instante de olvido”.
FUENTE: http://wordpress.danieltubau.com
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