Seguidores

sábado, 12 de febrero de 2011

El libro de las clientas, Reina María Rodríguez

Donde los recuerdos se hacen versos
Por Yuris Nórido Ruiz Cabrera





Cuenta la poetisa cubana Reina María Rodríguez que, desde que era niña, veía a su madre agacharse para recoger pedazos cortados a un dobladillo, a una bocamanga, a un doblez…

Recuerda el sonido de las tijeras cortando una tela –seda, crepé, ilusión-. Recuerda a su madre agachada en el piso, frotando y frotando un imán para recoger los minúsculos y ligerísimos alfileres que caían del suelo sin hacer ruido. Y evoca también los dedos de su madre, dedos ásperos acostumbrados al hilo, dedos donde siempre había una herida o un arañazo que iban dejando una huella de sangre en la tela que su madre entallaba en el cuerpo deforme de alguna clienta.

Una y otra vez se ha dicho: la poesía en todas partes. O mejor dicho, todo está en la poesía. Ese mundo de costureras y clientas, de tejidos, de hilos, máquinas de coser, pelusas, conversaciones más o menos irrelevantes a la hora de tomar las medidas, colores y tardes monótonas, ese mundo ahora habita un hermoso y esencial poemario: El libro de las clientas, publicado por la colección Poesía de la editorial Letras Cubanas.

En sus páginas, Reina María Rodríguez va descubriéndonos –poema a poema- la extraordinaria plasticidad, la serena belleza de esos trozo de memoria, de esas estampas cotidianas que fueron alimentando su peculiar sensibilidad.

Todo puede ser sustancia de un poema, hasta las cosas más pequeñas e insignificantes, y quizá las más insignificantes lo sean más que otras, porque en lo sencillo está la esencia de la creación, el principio de todos los caminos.

Reina María no necesita ser grandilocuente para revelar la inmensa carga de sentimientos, de sugerencias y metáforas que albergan sus anécdotas. Le bastan las palabras de todos los días, las frases que escuchó, las que se inventó quizás, mientras transcurría la cháchara uniforme de las clientas. Pero no, bastan esas palabras: la poesía es una verdad, una fuerza natural que las palabras quizá no alcancen a transparentar del todo.

De esa inefable corriente está hecho este libro. Estamos ante un poemario que no pretende ser crónica fidelísima de un oficio, de una época, de la memoria; más bien es diario íntimo que desdibuja sus límites, porque los poemas van armando una atmósfera de sueños alrededor de las cosas y la gente.

Claro que la poesía se ocupa de nuestros recuerdos. Pero sus límites no son los de nuestras vidas. La poesía va más allá siempre. Es infinita.



* Fuente / Programa Libros y Letras

Literatura en TV