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viernes, 2 de octubre de 2015

Arte poética de Borges y Heráclito





Arte poética
Jorge Luis Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.


Poema Heráclito 

Heráclito
por Jorge Luis Borges

Heráclito camina por la tarde 
De Éfeso. La tarde lo ha dejado, 
Sin que su voluntad lo decidiera, 
En la margen de un río silencioso 
Cuyo destino y cuyo nombre ignora. 
Hay un Jano de piedra y unos álamos 
Se mira en el espejo fugitivo 
Y descubre y trabaja la sentencia 
Que las generaciones de los hombres 
No dejarán caer. Su voz declara: 
Nadie baja dos veces a las aguas 
Del mismo río. Se detiene. Siente 
Con el asombro de un horror sagrado 
Que él también es un río y una fuga. 
Quiere recuperar esa mañana 
Y su noche y la víspera. No puede. 
Repite la sentencia. La ve impresa 
En futuros y claros caracteres 
En una de las páginas de Burnet. 
Heráclito no sabe griego. Jano, 
Dios de las puertas, es un dios latino. 
Heráclito no tiene ayer ni ahora. 
Es un mero artificio que ha soñado 
Un hombre gris a orillas del Red Cedar, 
Un hombre que entreteje endecasílabos 
Para no pensar tanto en Buenos Aires 
Y en los rostros queridos. Uno falta.



Heráclito de Éfeso (550-480 a.C) fue otro de los grandes filósofos que favorecieron el inicio de la Filosofía en Grecia. Junto al grupo de Mileto, consideró que el origen del Universo no se centraba en el pensamiento religioso o explicaciones que daban los dioses del todo. Por el contrario, consideraban que el hombre por sí mismo podía explicar todo cuanto acontecía a su alrededor. El cambio fue una de las cuestiones que más impactó a Heráclito y, como veremos, su pensamiento gira en torno a dicha idea. Fue considerado también uno de los primeros físicos de la historia por colaborar con sus teorías sobre la Physis.
 El cambio como principio de la realidad
Todo está en movimiento, todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más lo volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más lo será. Existen los contrarios de los que surge la realidad: lo frío se calienta y lo caliente se enfría. Así, explica el movimiento en el Universo.
El conocimiento
Si todo se encuentra sumergido en un cambio permanente, se ha de reconocer que todo está sometido al devenir, la realidad es cambio. Esto le lleva a distinguir entre lo que podemos conocer de las cosas frente a lo que las cosas son verdaderamente.
El logos
El logos, en la filosofía de Heráclito, es la unidad que permanece viva mientras se produce la lucha entre los contrarios: es la ley que establece dicho cambio como principio de orden en el Universo. El cambio es lo normal, es el orden, el logos es lo que explica la necesidad de ese cambio.
El fuego
Toma al fuego como el ejemplo más exacto del devenir: simboliza la lucha de elementos. No es el arjé* para Heráclito, sino una realidad de carácter poético que explica la vida y la muerte.

Borges invoca a Heráclito porque lo necesita como preceptor y talismán.
Y Borges, a su vez, reinscribe ciertas de sus propias constantes
metafísicas en el tejido de los textos atribuidos a Heráclito. Invitamos al
lector a descubrir cómo la comprensión lingüística del presocrático se
aproxima a la calidad poética borgesiana.** El factor decisivo que, a
nuestro modo de ver, une más estrechamente a estos dos sintetizadores
de la sabiduría humana, es una especie de cirugía lingüística radical que
ambos ejercen. Con esta frase deseamos aprehender la estética de fondo
y forma que Heráclito y Borges han constituido. Desde el primer
fragmento, el filósofo-poeta anuncia su innovadora perspectiva humana
y lingüística: enseñarnos una nueva lengua capaz de expresar una
paradójica cosmología. Tal modo lingüístico debería corresponder a la
condición ontológica del individuo que de veras se conoce: “me fui en
busca de mí mismo” (XXVIII; Kahn 41). Como consecuencia de tal
“búsqueda,” el filósofo-filólogo puede afirmar la lógica común del
mundo, rechazando las erróneas impresiones/opiniones, para crear un
idioma y un sistema oximorónicos/modernos.4
Borges, adversario de todo absolutismo, no crea una filosofía ni una
estética sistemáticas; pero sus trece volúmenes de poesía constituyen
un arte rigurosamente coherente y paradójico (cf. Echavarría, Lagos).


*Arché es un concepto en filosofía de la antigua Grecia, significando el comienzo del universo o el primer elemento de todas las cosas. También puede significar la no interpretación y sustancia o materia, es decir, aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir, sólo él mismo. .

 ** En base a los valores artísticos de Heráclito, Kahn llega a la conclusión de que los contemporáneos Píndaro y Esquilo configuran “el verdadero paralelo para comprender
a Heráclito ... Heráclito no es meramente un filósofo sino un poeta ... [cuyo
texto] exhibe una compleja estructura literaria” (7). Y, es, ipso facto, nuestro propó-
sito en este ensayo demostrar que Borges no es sólo un poeta sino un pensador infatigable,
cuyos libros revelan no sólo una compleja estructura literaria, sino también 
una compleja estructura filosófica. Cf. también Barrenechea, García Gual, Jaén.

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