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domingo, 19 de marzo de 2017

Paola Aste - Docente de Danza y Coreografía de UNIACC

Paola Aste.- Docente de Danza y Coreografía de UNIACC es una de las ganadoras en Fondart 2017 y viajará a Alemania apoyada por el Consejo de la Cultura



“Pienso que nuestra Escuela merece ser acreditada y es lo que realmente esperamos todos los que trabajamos ahí. Es una carrera que ha crecido enormemente, que ofrece una excelente posibilidad, sobre todo en su fuerte que es la danza espectáculo, la única en Chile y seguro que también en Latinoamérica”, asegura la bailarina, coreógrafa y académica de Danza y Coreografía de UNIACC, Paola Aste.




La profesional fue doblemente distinguida en los Fondos de Cultura, Fondart, en su versión 2017: en la Línea de Centenario Violeta Parra, en Fondart Nacional, con la obra “Ay, de mi Violeta”, y en la Línea Creación Artística Regional, con “Volver”.

La trayectoria de Aste ya había sido reconocida por el Fondart. En 2005, obtuvo una beca-pasantía por tres meses, para estudiar técnica Limón en la Escuela José Limón en Nueva York, Estados Unidos.

Adicionalmente, la artista fue invitada por la escuela artística Pina-Bausch-Gesamtschule, en la ciudad de Wuppertal, Alemania. Aste explica que “es una escuela artística que trabaja con  la Fundación Pina Bausch y su metodología de enseñanza va muy  ligada al arte y a la danza”.

La coreógrafa resume su viaje como “un intercambio de experiencia y una adquisición de nuevas metodologías de trabajo creativo (…) El Consejo de la Cultura ha decidido apoyarme porque iré en  representación de  Chile y la danza (…) también cuenta mi currículum, mi experiencia y trayectoria (de más de 20 años) en la danza chilena”.

Aste comparte que su visita tiene como objetivo incluir “mi experiencia y visión -a través de la danza, formación, difusión y creación- sobre nuestra Violeta Parra -cuyo centenario es en 2017- y Víctor Jara”. Esta etapa del viaje comenzará el 23 de enero y cerrará con una muestra abierta el 3 de febrero.

Además, la académica asistirá a “un seminario dictado por dos bailarinas de la compañía Pina Bausch: Thusnelda Mercy y Clementine Deluy. Terminaremos con un workshop en el Centro de Cultura ADA de la ciudad de Wuppertal, entre el 6 y el 11 de febrero, con sesiones de tres horas en la mañana y tres en la tarde”.

En este workshop, “trabajaremos con música de Violeta Parra y es ahí donde mi experiencia será importante de compartir. Aquí los participantes serán bailarines con formación de diferentes compañías, escuelas o bailarines independientes”.

-¿Cuáles son sus expectativas por esta oportunidad?

¡Espero lo mejor! El nivel artístico y profesional del medio donde estoy invitada es de excelencia absoluta, por lo tanto, estoy muy emocionada  y agradecida de vivir esta experiencia, la que, sin duda, me dará grandes aprendizajes. A la vez, me permitirá compartir con grandes de la danza, así como también la posibilidad de co-coreografiar junto a estas grandes bailarinas una obra en torno a Violeta Parra. De esta manera, pretendo transmitir parte de nuestra cultura y valorar su figura.

Además, es importante mantenernos activos dentro del medio que nos desenvolvemos, porque de esa manera transmitimos a nuestros estudiantes los desafíos que cada año aparecen en el campo estudiantil, laboral y artístico. Por esto, pretendo a mi regreso compartir con los estudiantes y con el medio de la danza la experiencia adquirida en este tiempo.

-¿Cuál es su reflexión en torno al proceso de acreditación que vivió la Escuela de Danza y Coreografía de UNIACC?

Fue un proceso muy intenso y, a la vez, muy necesario, ya que nos permitió hacer un estudio de la realidad de la carrera, para así visualizar las mejoras de la escuela, como a la vez certificar la excelente calidad de sus maestros, lo que, sin duda, es un plus absoluto.

Fuente: 

Universidad UNIACC



lunes, 6 de marzo de 2017

Comentario crítico Ventanas Quebradas de Rodrigo Verdugo o El viaje iniciático por caminos laberínticos


por Claudia Vila




 Iniciar la lectura de Ventanas Quebradas indica un camino a seguir , aunque es obvio todos los textos trazan ese derrotero, sin embargo aquí estamos frente a un verdadero libro unidad se podría decir que corresponde a un solo poema que se explicita en cada uno de los pasos que va dando porque refiere siempre a la idea del poeta ceremonial o del vate contemplativo que indica el camino o mejor dicho el laberinto a seguir y lleva a la tribu hacia un puerto, no sabemos si es seguro o no, pero no importa nos gusta ser llevados por la mano de Verdugo hacia algún lugar sin saber definitivamente cuál es: Inmediatas a la sangre están las presencias argolladas /Que nos hacen saber de cual lado de la luz estamos /Encaminémoslas aunque la sangre nos use como animales/ Hacia aquellos vidrios trisados en la oscuridad (Como a ellos a Omar Cáceres) o Córtame del cielo, me has dicho pero en esa mañana de más lluvia y de neblina/Después conquista mi temblor de sangre.  En esta poética lo importante es el camino, el trazo que delinea las imágenes en las cuales experimentamos distintas sensaciones  sin temer los resultados o el peligro que esta aventura pueda traernos.  
Es interesante resaltar en ese punto la relación intuitiva entre forma y fondo de cada uno de estos textos que finalmente se vinculan en uno solo.  Asimismo, se vislumbra el tema erótico vinculado al eje ceremonial que nutre la temática y la profundiza para vincular al lector con su tónica terrestre agrietada voluble en la cual se asoman los temblores de la carne que insinúan o agudizan ese estremecimiento que involucra al hablante y amplifica el misterio de la cópula deseo o del deseo cópula que finalmente se vuelve súplica desgarro y tormento y que se concibe desde distintos ojos con los que mira: Alguien hablaba de nacer o morir/Mientras dejábamos un solo murmullo en la formación de las agujas/Le dábamos su totalidad al ángel que se quemó los ojos con opio y con semen /Éramos los únicos que sabíamos que el centro de la tierra/ Solo aparece al contacto de una boca o Hubo una vez que dos lo hicieron y vieron que sus propias muertes eran el orgasmo de los árboles.  Además sobresalen en la obra numerosos aires Borgeanos: mira como en ninguna casa nos reciben, / como nos cierran sus puertas/le temen a tu cabellera, / porque tiene el designio de esos padres laberinticos /que no tuvieron piedad de la luz e hicieron un lecho sobre aberraciones de sal  y Huidobrianos: salvo que le hagas la señal a la copa y el cielo enrojezca/mientras aquí nos aferramos al polvo jactancioso, / nos quedamos fuera de todo linaje, / mientras la piel atrapa al día y una amenaza de cascara se cierne sobre el mundo.  Estas imágenes trazan la obra de extremo a extremo, pero siempre son destacables dentro del gran universo poético chileno que se desbanda en distintas direcciones y solo vemos estelas de sus padres que revolotean y nos dejan un llamado a seguirlos para continuar en un punto que es finalmente indescifrable como la poesía exacta de Verdugo con todas sus aristas y perfecciones, sombras de matices jadeantes invasoras y desnudas acabadas e intrínsecas dónde gota a gota sus palabras se deslizan como lágrimas por esta hermosa irrealidad.


YA NO SOMOS VÍRGENES, de Ingrid Odgers

Miércoles, marzo 01, 2017


Ingrid Odgers

Terminé de leer hace unos días, Ya nos somos vírgenes de Ingrid Odgers, Ediciones Orlando. Versátil escritora y poeta que nos sumerge esta vez en un mundo interno, muy privado, muy íntimo con la historia de esta mujer, Erika, avecindada en la ciudad de Concepción, separada, con hijos y una difícil sobrevivencia. La novela está escrita en primera persona y tiempo presente en la mayor parte y posee un lenguaje liviano, claro y conciso, sin adornos que entorpezcan el hilo de la historia.  

Ya no somos vírgenes se divide en capítulos cortos que corresponden a experiencias diarias de Erika y su lucha por vivir, por ser, por levantar el rostro frente al mundo, a su familia, a sus padres –aún vivos-, a la sociedad, e incluso, a esos (as) amigos (as) que dieron vuelta el rostro al enterarse de su orientación sexual.

Me parece una apuesta valiente la de Ingrid pues pone sobre la mesa el tema homosexual en nuestro país; y eso es, aunque ya no un tabú, una acción de rebeldía. Y es que estamos inmersos, a estas alturas de los años y siglos, en una cultura hipócrita y hostil frente a la aceptación de aquellos que viven una sexualidad diferente. Posee la novela episodios eróticos muy bien escritos, sin ningún atisbo vulgar; y recalco esto porque tiende a pensarse que si un trabajo literario trata de la homosexualidad, es, necesariamente grotesco. Abajo con los prejuicios de una vez por todas. Ese es mi llamado. En Chile son pocos los escritores que han desarrollado estos temas, pienso, por ejemplo, en Jorge Marchant Lazcano, Pablo Simonetti, Carlos Iturra… entre otros (as);  la mayoría, varones. En poesía, sin embargo, son las mujeres las que se atreven a tocarlo con más frecuencia; y, la verdad es que en toda la literatura gay que he leído de nuestro país, tanto las historias como los versos, son reflejo del amor, de la búsqueda, de la atracción que cualquier ser humano puede sentir por otro, ya sea del mismo sexo o no.

Erika a través de su historia va dejando en claro su propia lucha, sus sentimientos, su tristeza y, a veces, desesperanza; las dificultades que enfrenta por la cesantía y la dependencia económica de su ex esposo; el desgano de no encontrar su propio sitio en el mundo, el juego que significa mentirle a todos y tener que ocultar los sentimientos que la embargan. El amor que nos relata –a María Belén- es conmovedor. No dejo de pensar en mis propios sentimientos cuando he tenido pérdidas amorosas o dudas frente a mis experiencias y no veo ninguna diferencia entre aquello que relata el personaje y yo. El amor es amor, eso es todo. No hay más vuelta que dar al tema. 

Ya no somos vírgenes es una novela para conversarla, para tratarla, para hacerla pública; para que la sociedad atienda y desarrolle la inteligencia emocional necesaria y vernos, por fin, a todos por igual con iguales derechos. Las opciones son muchas en la vida, nosotras (os) tomamos los naipes que deseamos asir. Lo demás es la propia aventura y búsqueda; y, por tanto, un camino personal que ha de ser respetado.

Cecilia Palma


Santiago, marzo 2017


Nota: Cecilia Palma. Poeta chilena, reside en Santiago; ex vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Chile. Publicaciones: A Pesar del Azul (1992), Asirme de tus hombros (2002), Piano Bar (2007). Confesión Vertical (México, 2014). Vuelvo de Siberia esta tarde (2011 - 2015).

miércoles, 11 de enero de 2017

Diamela Eltit

La alumna Mariana González, de la generación 2013 del MPE, realizó un perfil de la escritora chilena Diamela Eltit, como parte del Taller de Perfiles, impartido por el profesor Alfredo Sepúlveda. A continuación, el trabajo, uno de los mejor evaluados del taller:



Considerada durante mucho tiempo como una escritora rara, Diamela Eltit lleva adelante un proyecto literario que superó la época de la dictadura, el machismo, la crítica adversa y la incomprensión de sus pares. A 30 años de la publicación de Lumpérica, -su primera obra con la que rompió los cánones de la narrativa clásica, y con un libro nuevo bajo el brazo-, Eltit se afianza como una escritora de prestigio internacional que se convirtió, sin querer, en un referente de la literatura chilena contemporánea.

Este perfil recoge una serie de escenas clave en la vida de la escritora chilena Diamela Eltit.

Indicaciones para la primera escena: Una mujer (34 años, 3 hijos) en una habitación escribe la hoja final de una novela. No es cualquier novela. Se trata de una que, aún no lo sabe, marcará al mundo literario chileno y se convertirá en un hito. Afuera los milicos, los muertos, los desaparecidos.

Es 1983. Y una Diamela Eltit  (Santiago, 1949) fogueada en la calle, con el contacto con los lumpen, los de abajo, profesora de educación media y parte de los artistas contemporáneos de avanzada da vida a Lumpérica.

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Imágenes en blanco y negro: Diamela lava la acera de la calle Maipú frente a los prostíbulos. Diamela besa en la boca a un indigente. Diamela habla en francés en un escenario teatral. La Diamela Eltit escritora fue antes una artista visual, del entonces desconocido performance en el que el arte tomaba a las calles.

Era 1973 y la represión y el silenciamiento del régimen militar de Augusto Pinochet recién florecía. Un grupo de artistas se reunía en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de  Chile en torno a profesores como Enrique Lihn, Nicanor Parra y Ronald Kay. Los talleres con este último sembraron en Eltit el interés por lo visual, por trabajar en los bordes, por la utilización del lenguaje al extremo.

Diamela tenía 24 años, se había graduado en Pedagogía  y enseñaba castellano a tiempo completo en el Liceo Carmela Carvajal. Recién comenzaba la licenciatura en Literatura en la U. de Chile.

“Fue una ampliación de los espacios, de mi propio espacio artístico, mental, imaginario y proyectó mi trabajo de manera mucho más eficaz que como no lo habría hecho desde mi escritorio”,  se refirió Eltit a esa etapa experimental de su vida, en  una entrevista a la revista La Época, en 1988.

“El trabajo con el cuerpo es lo que va a posibilitar este  cruce entre la fotografía, la imagen  y la escritura que en el caso de las primeras obras también ella entendía como cuerpo”,  dice Rubí Carreño crítica literaria y una de las estudiosas de la obra eltiana.

Fue con la creación del grupo Colectivo de Acciones de Arte (CADA), en  que Diamela materializó esta combinación de lenguaje, cuerpo  y arte que, junto con artistas como Lotty Rosenfeld, Juan Castillo, Magaly Meneses y su entonces pareja Raúl Zurita., llevó a las calles. Sus “acciones” incluían llevar el arte a  indigentes y prostitutas, la escritura de  poesía en el cielo o la liberación de miles de hojas literarias desde un avión.

“Ésos trabajos durante el CADA en plena dictadura eran no un trabajo clandestino, sino de resistencia, ésa es la palabra. Todos veníamos de una generación con un pensamiento más allá del capitalismo. Los milicos no lograban entender lo que se estaba haciendo,(…)  era hasta grotesco, no tenían ni idea”, afirma Paz Errázuriz, fotógrafa y una de las artistas que colaboró con el CADA.

Para esa fecha, 1979,  Eltit llevaba poco menos de tres años de trabajo en la escritura de Lumpérica. Las intervenciones del CADA le darían los elementos para consolidar el carácter irruptor que define al libro y a su obra en general.

Portada de Lumpérica
La portada de “Lumpérica”, considerada una obra icono de la narrativa chilena por romper con conceptos tradicionales e incorporar elementos visuales, escénicos y teatrales.
Aunque la crítica de la época, marcada por la mordaza de la censura de la dictadura, la recibió medianamente bien, con el tiempo Lumpérica fue considerada una obra ícono de la literatura chilena al romper con los conceptos tradicionales de la narrativa e incorporar elementos visuales, escénicos, teatrales, mezclados con metáforas y otros lenguajes literarios.

“El aporte de Lumpérica se relaciona con el lenguaje en extremo literario de su escritura, tan lejana a realismo simplón y también con el carácter crítico de sus contenidos, las zonas prohibidas y calladas que exploraba”, dice Pedro Gandolfo, crítico literario.

Eltit diría años después al periodista Juan Andrés Piña que la construcción del libro fue difícil y muchas veces estuvo al borde del naufragio por la manera en que quería construirla y por el poco tiempo que tenía para trabajarla. Sus espacios se dividían entre su trabajo como profesora, su participación en el CADA, sus tres hijos y su relación de pareja con Zurita.

Ella rechaza siempre hablar de su ámbito más personal. Poco se sabe de la relación entre la narradora y el poeta, más allá de que fueron pareja por una década, que tuvieron un hijo juntos y que ambos se dedicaron sus primeros libros. “A Diamela Eltit: la Santísima Trinidad y la Pornografía”.  Las palabras de Zurita en Purgatorio denotan la intensidad de su relación.

“Ellos tuvieron una asociación muy fructífera en el CADA, pero cada quien tiene su carrera y trataron siempre de separarla, son distintos géneros literarios. (…) Zurita es una persona bastante respetada y en eso coincide con Diamela, por algo estuvieron tanto tiempo juntos”,  dice Carreño, amiga de Eltit desde hace dos décadas.

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Dos escenas

1-  Una niña hurga en una caja llena de libros. Las paperas que agobian su cuerpo la han confinado a varios días de encierro y quiere matar el aburrimiento. La niña toma un libro. Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway. Con su lectura comienza además la fascinación por el mundo de las letras que ya no la dejaría nunca.



2.- Una joven charla con su madre. Intenta convencer a la casi adolescente de lo bien que le hará entrar a la universidad, de “tener un cartón” que le asegure la buena vida y comodidades que hasta ahora no ha tenido. La mujer quisiera estudiar literatura, pero sabe que hacerlo no es laboralmente conveniente. Días después será alumna de la Licenciatura de Ciencias Políticas y Administrativas. Más tarde reconsiderará y estudiaría Pedagogía.

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Una fotografía: Un hombre y una mujer se abrazan, miran a la cámara. Sus cuerpos decadentes y viejos, su cabello despeinado. Un patio, una habitación, una clínica psiquiátrica. Un texto, casi un poema, los acompaña. El amor y la locura.

Diamela Eltit es reconocida por su influencia en las nuevas generaciones de narradores chilenos.
Durante su estancia en México como agregada cultural del gobierno de Patricio Aylwin, en plena transición democrática, Diamela Eltit recibe a Paz Errázuriz en su casa de Coyoacán. Ella le muestra copias del trabajo que desarrollaba sobre parejas que vivían en un hospital psiquiátrico de Santiago. Eltit se engancha de inmediato con las imágenes y comienzan a trabajar juntas. El resultado es El infarto del alma, publicado en 1994 y que toca uno de los temas recurrentes de la obra eltiana: la marginalidad.

“Yo trabajaba esta serie que empezó como una forma de buscar a compañeros desaparecidos por el régimen y me encontré con estas parejas que convivían en un espacio tan marginal como es un psiquiátrico. A Diamela le entusiasmó tanto este tema del “amor loco” que me pidió que hiciéramos algo con eso”, explica Errázuriz.

Lo marginal, los que están fuera del sistema son los ejes de los que emerge y a los que vuelve la literatura de Eltit. Desde finales de los 70, casi paralelamente al trabajo del CADA y junto con la artista visual Lotty Rosenfeld salía a las hospederías, los prostíbulos, a las poblaciones más alejadas de la ciudad a filmar y  hablar con la gente que vivía en la calle, a observar su entorno. De esas incursiones urbanas salió una conversación que después se convertiría en uno de sus libros, Padre mío. (1989).

Un fragmento de la presentación de Padre mío resume la visión que le dio su andar callejero y los personajes con los que se encontró en esa época: “Es Chile, pensé. Chile entero y a pedazos en la enfermedad de este hombre; jirones de diarios, fragmentos de exterminio, sílabas de la muerte, pausas de mentira, frases comerciales, nombres de difuntos. Es una honda crisis del lenguaje, una infección en la memoria, una desarticulación de todas las ideologías”.

Una tarde de 2008 Diamela Eltit tomaba un té en “El 18”, un antiguo restaurante del centro de Santiago. De la nada, un indigente se le acerca y la saluda. Le dice que escribe y le muestra un papel arrugado. Eltit serena y dispuesta toma el trozo de papel e inicia una conversación con él.

“Era como si cualquiera de sus personajes tomara vida pero para ella era una situación completamente normal. No recuerdo muy bien sus palabras pero ella me decía como que estaba habituada, que era una especie de atracción, de afinidad”, describe Carreño, testigo de la escena.

Afirma que Eltit construyó una nueva forma de hacer literatura social con figuras  como el hombre que bautizó como “Padre mío” o los reponedores de los supermercados de la novela Mano de Obra (2002). “Ese es el rol de su literatura: mostrar eso que el sistema asume como bueno no desde una perspectiva compasiva sino humanista y con un sentido artístico. Visibiliza lo que ella describe como los `excedentes sociales´, los que no tienen cabida en el sistema”, dice Carreño.

Diamela, junto a su amiga, la fotógrafa Paz Errázuriz.
Diamela, junto a su amiga, la fotógrafa Paz Errázuriz (izquierda).
Los “excedentes sociales” en diversos contextos y épocas, atraviesan toda su narrativa: Por la patria (1986), El cuarto mundo (1988), Vaca Sagrada (1991), Los vigilantes (1994), Los trabajadores de la muerte (1998), Mano de obra (2002), Jamás el fuego nunca (2007), Impuesto a la carne (2010) y Fuerzas especiales (2013).

Su interés por conocer y descubrir a los otros se evidencia en las investigaciones y análisis a la obra de Gabriela Mistral, Marta Brunet y María Luisa Bombal, con lo que obtuvo  la Beca del Social Science Research Council de EEUU y que, se dice, reafirma su postura del empoderamiento feminista.

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Eltit fue protagonista de una de las anécdotas más polémicas de la literatura chilena contemporánea. En un artículo publicado en la revista española  Ajo Blanco, el escritor Roberto Bolaño describió con sarcasmo la cena que tuvo en la casa de Eltit y su pareja Jorge Arrate, durante su regreso a Chile, en 1998. En ella se burla de su relación y aprovecha para criticar los talleres literarios que ella desarrollaba por esa época -en donde conoció a Arrate- que a su juicio habían traído una legión de “diamelitas” con escrituras idénticas a la suya.

Su obra, su personalidad parca y reservada, su postura feminista y su propuesta literaria han sido blanco de la crítica en los medios de comunicación e incluso de sus pares. Desde los especialistas que afirman que su forma de narrar no se entiende, hasta quienes la tachan de feminista, de “vaca sagrada”, de best seller académico.

“Conviene dejar sentada una verdad evidente: Eltit carece de originalidad y exhibe poca formación intelectual” escribió el crítico Carlos Marks en una columna en el 2002.

Otr0 episodio lo marcó una columna de Álvaro Bisama en 2005 en el que critica parte de la obra de Eltit como textos “con sobrevida algo artificial” que sirven más para la academia y en donde hacía referencia al concepto de las “diamelitas”.

Sobre las críticas adversas ella se mantiene en su postura: “No me frustra  de ninguna manera, porque la mí es una opción que tiene riesgo. (…) Hay muchos autores conocidos pero que no han sido leídos por sectores mayoritarios. Y eso está muy ligado a las políticas culturales” dijo a La época, en 1988.

En su currículum figuran solo dos premios: el Iberoamericano de Letras José Donoso por la Universidad de Talca, Chile en 2010 y el José Nuez Martin en 1995.  Aunque su obra ha sido estudiada en países como España, Reino Unidos, México y  EEUU -donde imparte una cátedra en universidades de California y Nueva York-, recibió la prestigiosa beca Guggenheim y ha recibido homenajes en España y Cuba en donde se le dedicó la Semana del autor en la Casa de las Américas, Eltit es poco valorada en Chile. Su aporte ha permeado solo en algunos círculos académicos y más bien con cercanos.

“Diamela es muy querida pero también muy odiada. No ha sido fácil para ella salir adelante desde enfrentarse a la dictadura hasta los tabúes de ser una escritora mujer, que escribe feo. Ha sido muy valiente. Te puede gustar o no gustar pero en Chile es una escritora importante y parte de las criticas vienen de ése valor”, afirma Carreño.

De sus talleres literarios en la década de los 90 no solo se desprende su relación con el político de izquierda y ex candidato presidencial Jorge Arrate con quien vive actualmente, sino también escritoras de la post- dictadura como Lina Meruane y Andrea Jeftanovic quienes han desarrollado un literatura con “ciertos guiños” a su forma de escribir, afirma Pedro Gandolfo, lo que considera  “una de sus contribuciones en la formación de escritores contemporáneos”.

El infarto del alma y Puño y letra (2005) han sido llevadas al teatro en los últimos dos años. Este mismo año Eltit publicó Fuerzas especiales en donde retoma al grupo social de más actualidad en Chile: los estudiantes, al que Eltit se siente cercana y en donde se repite su atracción a lo marginal, hacia quienes están a contrapelo del poder, como dijera en una entrevista en 1988.

Última escena: una mujer, una escritora sentada en una vieja silla lee un libro, frente a ella jóvenes sentados escuchan atentos, al fondo un patio, un muro, una reja tapizada de butacas, una barricada, una escuela en toma.

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