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miércoles, 11 de enero de 2017

Diamela Eltit

La alumna Mariana González, de la generación 2013 del MPE, realizó un perfil de la escritora chilena Diamela Eltit, como parte del Taller de Perfiles, impartido por el profesor Alfredo Sepúlveda. A continuación, el trabajo, uno de los mejor evaluados del taller:



Considerada durante mucho tiempo como una escritora rara, Diamela Eltit lleva adelante un proyecto literario que superó la época de la dictadura, el machismo, la crítica adversa y la incomprensión de sus pares. A 30 años de la publicación de Lumpérica, -su primera obra con la que rompió los cánones de la narrativa clásica, y con un libro nuevo bajo el brazo-, Eltit se afianza como una escritora de prestigio internacional que se convirtió, sin querer, en un referente de la literatura chilena contemporánea.

Este perfil recoge una serie de escenas clave en la vida de la escritora chilena Diamela Eltit.

Indicaciones para la primera escena: Una mujer (34 años, 3 hijos) en una habitación escribe la hoja final de una novela. No es cualquier novela. Se trata de una que, aún no lo sabe, marcará al mundo literario chileno y se convertirá en un hito. Afuera los milicos, los muertos, los desaparecidos.

Es 1983. Y una Diamela Eltit  (Santiago, 1949) fogueada en la calle, con el contacto con los lumpen, los de abajo, profesora de educación media y parte de los artistas contemporáneos de avanzada da vida a Lumpérica.

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Imágenes en blanco y negro: Diamela lava la acera de la calle Maipú frente a los prostíbulos. Diamela besa en la boca a un indigente. Diamela habla en francés en un escenario teatral. La Diamela Eltit escritora fue antes una artista visual, del entonces desconocido performance en el que el arte tomaba a las calles.

Era 1973 y la represión y el silenciamiento del régimen militar de Augusto Pinochet recién florecía. Un grupo de artistas se reunía en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de  Chile en torno a profesores como Enrique Lihn, Nicanor Parra y Ronald Kay. Los talleres con este último sembraron en Eltit el interés por lo visual, por trabajar en los bordes, por la utilización del lenguaje al extremo.

Diamela tenía 24 años, se había graduado en Pedagogía  y enseñaba castellano a tiempo completo en el Liceo Carmela Carvajal. Recién comenzaba la licenciatura en Literatura en la U. de Chile.

“Fue una ampliación de los espacios, de mi propio espacio artístico, mental, imaginario y proyectó mi trabajo de manera mucho más eficaz que como no lo habría hecho desde mi escritorio”,  se refirió Eltit a esa etapa experimental de su vida, en  una entrevista a la revista La Época, en 1988.

“El trabajo con el cuerpo es lo que va a posibilitar este  cruce entre la fotografía, la imagen  y la escritura que en el caso de las primeras obras también ella entendía como cuerpo”,  dice Rubí Carreño crítica literaria y una de las estudiosas de la obra eltiana.

Fue con la creación del grupo Colectivo de Acciones de Arte (CADA), en  que Diamela materializó esta combinación de lenguaje, cuerpo  y arte que, junto con artistas como Lotty Rosenfeld, Juan Castillo, Magaly Meneses y su entonces pareja Raúl Zurita., llevó a las calles. Sus “acciones” incluían llevar el arte a  indigentes y prostitutas, la escritura de  poesía en el cielo o la liberación de miles de hojas literarias desde un avión.

“Ésos trabajos durante el CADA en plena dictadura eran no un trabajo clandestino, sino de resistencia, ésa es la palabra. Todos veníamos de una generación con un pensamiento más allá del capitalismo. Los milicos no lograban entender lo que se estaba haciendo,(…)  era hasta grotesco, no tenían ni idea”, afirma Paz Errázuriz, fotógrafa y una de las artistas que colaboró con el CADA.

Para esa fecha, 1979,  Eltit llevaba poco menos de tres años de trabajo en la escritura de Lumpérica. Las intervenciones del CADA le darían los elementos para consolidar el carácter irruptor que define al libro y a su obra en general.

Portada de Lumpérica
La portada de “Lumpérica”, considerada una obra icono de la narrativa chilena por romper con conceptos tradicionales e incorporar elementos visuales, escénicos y teatrales.
Aunque la crítica de la época, marcada por la mordaza de la censura de la dictadura, la recibió medianamente bien, con el tiempo Lumpérica fue considerada una obra ícono de la literatura chilena al romper con los conceptos tradicionales de la narrativa e incorporar elementos visuales, escénicos, teatrales, mezclados con metáforas y otros lenguajes literarios.

“El aporte de Lumpérica se relaciona con el lenguaje en extremo literario de su escritura, tan lejana a realismo simplón y también con el carácter crítico de sus contenidos, las zonas prohibidas y calladas que exploraba”, dice Pedro Gandolfo, crítico literario.

Eltit diría años después al periodista Juan Andrés Piña que la construcción del libro fue difícil y muchas veces estuvo al borde del naufragio por la manera en que quería construirla y por el poco tiempo que tenía para trabajarla. Sus espacios se dividían entre su trabajo como profesora, su participación en el CADA, sus tres hijos y su relación de pareja con Zurita.

Ella rechaza siempre hablar de su ámbito más personal. Poco se sabe de la relación entre la narradora y el poeta, más allá de que fueron pareja por una década, que tuvieron un hijo juntos y que ambos se dedicaron sus primeros libros. “A Diamela Eltit: la Santísima Trinidad y la Pornografía”.  Las palabras de Zurita en Purgatorio denotan la intensidad de su relación.

“Ellos tuvieron una asociación muy fructífera en el CADA, pero cada quien tiene su carrera y trataron siempre de separarla, son distintos géneros literarios. (…) Zurita es una persona bastante respetada y en eso coincide con Diamela, por algo estuvieron tanto tiempo juntos”,  dice Carreño, amiga de Eltit desde hace dos décadas.

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Dos escenas

1-  Una niña hurga en una caja llena de libros. Las paperas que agobian su cuerpo la han confinado a varios días de encierro y quiere matar el aburrimiento. La niña toma un libro. Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway. Con su lectura comienza además la fascinación por el mundo de las letras que ya no la dejaría nunca.



2.- Una joven charla con su madre. Intenta convencer a la casi adolescente de lo bien que le hará entrar a la universidad, de “tener un cartón” que le asegure la buena vida y comodidades que hasta ahora no ha tenido. La mujer quisiera estudiar literatura, pero sabe que hacerlo no es laboralmente conveniente. Días después será alumna de la Licenciatura de Ciencias Políticas y Administrativas. Más tarde reconsiderará y estudiaría Pedagogía.

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Una fotografía: Un hombre y una mujer se abrazan, miran a la cámara. Sus cuerpos decadentes y viejos, su cabello despeinado. Un patio, una habitación, una clínica psiquiátrica. Un texto, casi un poema, los acompaña. El amor y la locura.

Diamela Eltit es reconocida por su influencia en las nuevas generaciones de narradores chilenos.
Durante su estancia en México como agregada cultural del gobierno de Patricio Aylwin, en plena transición democrática, Diamela Eltit recibe a Paz Errázuriz en su casa de Coyoacán. Ella le muestra copias del trabajo que desarrollaba sobre parejas que vivían en un hospital psiquiátrico de Santiago. Eltit se engancha de inmediato con las imágenes y comienzan a trabajar juntas. El resultado es El infarto del alma, publicado en 1994 y que toca uno de los temas recurrentes de la obra eltiana: la marginalidad.

“Yo trabajaba esta serie que empezó como una forma de buscar a compañeros desaparecidos por el régimen y me encontré con estas parejas que convivían en un espacio tan marginal como es un psiquiátrico. A Diamela le entusiasmó tanto este tema del “amor loco” que me pidió que hiciéramos algo con eso”, explica Errázuriz.

Lo marginal, los que están fuera del sistema son los ejes de los que emerge y a los que vuelve la literatura de Eltit. Desde finales de los 70, casi paralelamente al trabajo del CADA y junto con la artista visual Lotty Rosenfeld salía a las hospederías, los prostíbulos, a las poblaciones más alejadas de la ciudad a filmar y  hablar con la gente que vivía en la calle, a observar su entorno. De esas incursiones urbanas salió una conversación que después se convertiría en uno de sus libros, Padre mío. (1989).

Un fragmento de la presentación de Padre mío resume la visión que le dio su andar callejero y los personajes con los que se encontró en esa época: “Es Chile, pensé. Chile entero y a pedazos en la enfermedad de este hombre; jirones de diarios, fragmentos de exterminio, sílabas de la muerte, pausas de mentira, frases comerciales, nombres de difuntos. Es una honda crisis del lenguaje, una infección en la memoria, una desarticulación de todas las ideologías”.

Una tarde de 2008 Diamela Eltit tomaba un té en “El 18”, un antiguo restaurante del centro de Santiago. De la nada, un indigente se le acerca y la saluda. Le dice que escribe y le muestra un papel arrugado. Eltit serena y dispuesta toma el trozo de papel e inicia una conversación con él.

“Era como si cualquiera de sus personajes tomara vida pero para ella era una situación completamente normal. No recuerdo muy bien sus palabras pero ella me decía como que estaba habituada, que era una especie de atracción, de afinidad”, describe Carreño, testigo de la escena.

Afirma que Eltit construyó una nueva forma de hacer literatura social con figuras  como el hombre que bautizó como “Padre mío” o los reponedores de los supermercados de la novela Mano de Obra (2002). “Ese es el rol de su literatura: mostrar eso que el sistema asume como bueno no desde una perspectiva compasiva sino humanista y con un sentido artístico. Visibiliza lo que ella describe como los `excedentes sociales´, los que no tienen cabida en el sistema”, dice Carreño.

Diamela, junto a su amiga, la fotógrafa Paz Errázuriz.
Diamela, junto a su amiga, la fotógrafa Paz Errázuriz (izquierda).
Los “excedentes sociales” en diversos contextos y épocas, atraviesan toda su narrativa: Por la patria (1986), El cuarto mundo (1988), Vaca Sagrada (1991), Los vigilantes (1994), Los trabajadores de la muerte (1998), Mano de obra (2002), Jamás el fuego nunca (2007), Impuesto a la carne (2010) y Fuerzas especiales (2013).

Su interés por conocer y descubrir a los otros se evidencia en las investigaciones y análisis a la obra de Gabriela Mistral, Marta Brunet y María Luisa Bombal, con lo que obtuvo  la Beca del Social Science Research Council de EEUU y que, se dice, reafirma su postura del empoderamiento feminista.

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Eltit fue protagonista de una de las anécdotas más polémicas de la literatura chilena contemporánea. En un artículo publicado en la revista española  Ajo Blanco, el escritor Roberto Bolaño describió con sarcasmo la cena que tuvo en la casa de Eltit y su pareja Jorge Arrate, durante su regreso a Chile, en 1998. En ella se burla de su relación y aprovecha para criticar los talleres literarios que ella desarrollaba por esa época -en donde conoció a Arrate- que a su juicio habían traído una legión de “diamelitas” con escrituras idénticas a la suya.

Su obra, su personalidad parca y reservada, su postura feminista y su propuesta literaria han sido blanco de la crítica en los medios de comunicación e incluso de sus pares. Desde los especialistas que afirman que su forma de narrar no se entiende, hasta quienes la tachan de feminista, de “vaca sagrada”, de best seller académico.

“Conviene dejar sentada una verdad evidente: Eltit carece de originalidad y exhibe poca formación intelectual” escribió el crítico Carlos Marks en una columna en el 2002.

Otr0 episodio lo marcó una columna de Álvaro Bisama en 2005 en el que critica parte de la obra de Eltit como textos “con sobrevida algo artificial” que sirven más para la academia y en donde hacía referencia al concepto de las “diamelitas”.

Sobre las críticas adversas ella se mantiene en su postura: “No me frustra  de ninguna manera, porque la mí es una opción que tiene riesgo. (…) Hay muchos autores conocidos pero que no han sido leídos por sectores mayoritarios. Y eso está muy ligado a las políticas culturales” dijo a La época, en 1988.

En su currículum figuran solo dos premios: el Iberoamericano de Letras José Donoso por la Universidad de Talca, Chile en 2010 y el José Nuez Martin en 1995.  Aunque su obra ha sido estudiada en países como España, Reino Unidos, México y  EEUU -donde imparte una cátedra en universidades de California y Nueva York-, recibió la prestigiosa beca Guggenheim y ha recibido homenajes en España y Cuba en donde se le dedicó la Semana del autor en la Casa de las Américas, Eltit es poco valorada en Chile. Su aporte ha permeado solo en algunos círculos académicos y más bien con cercanos.

“Diamela es muy querida pero también muy odiada. No ha sido fácil para ella salir adelante desde enfrentarse a la dictadura hasta los tabúes de ser una escritora mujer, que escribe feo. Ha sido muy valiente. Te puede gustar o no gustar pero en Chile es una escritora importante y parte de las criticas vienen de ése valor”, afirma Carreño.

De sus talleres literarios en la década de los 90 no solo se desprende su relación con el político de izquierda y ex candidato presidencial Jorge Arrate con quien vive actualmente, sino también escritoras de la post- dictadura como Lina Meruane y Andrea Jeftanovic quienes han desarrollado un literatura con “ciertos guiños” a su forma de escribir, afirma Pedro Gandolfo, lo que considera  “una de sus contribuciones en la formación de escritores contemporáneos”.

El infarto del alma y Puño y letra (2005) han sido llevadas al teatro en los últimos dos años. Este mismo año Eltit publicó Fuerzas especiales en donde retoma al grupo social de más actualidad en Chile: los estudiantes, al que Eltit se siente cercana y en donde se repite su atracción a lo marginal, hacia quienes están a contrapelo del poder, como dijera en una entrevista en 1988.

Última escena: una mujer, una escritora sentada en una vieja silla lee un libro, frente a ella jóvenes sentados escuchan atentos, al fondo un patio, un muro, una reja tapizada de butacas, una barricada, una escuela en toma.

miércoles, 4 de enero de 2017

martes, 3 de enero de 2017

Autor y Editor Michael Kruger




"CUANDO DEJE DE PREOCUPARTE LA SALIDA,
ES QUE HAS LLEGADO A LA META"

Krüger: "Im Labyrinth", Aus der Ebene (1982)

Susana Pajares Toska
Universidad Complutense de Madrid




Michael Krüger, nacido en 1943 en Wittgendorf, vive en Munich. Es Jefe Editor de la Editorial Carl Hanser, editor de la revista literaria Akzente, y de la Edition Akzente. Ha ganado importantes premios literarios (Premio Peter Huchel, Premio Ernst Meister...), y es miembro de varias academias, como la de Mainz, la Academia Bávara y la Academia de la Lengua y la Poesía Alemanas.
Desde 1972 publica poesía, relatos y novelas. En España se han traducido las siguientes novelas: ¿Qué hacer?, ¿Por qué Pekín?, ¿Por qué precisamente yo?, El final de la novela y Cita en Corfú. 
Entre lectura y lectura nos recibió amablemente en su oficina en la Editorial Carl Hanser, donde contesto todas nuestras preguntas pacientemente y con gran sentido del humor. Vale la pena leer sus respuestas.
P: ¿Qué diferencia al autor Michael Krüger del otro Michael Krüger (jefe editor)?

R: Nada. Ambos tienen 53 años, ambos nacieron en 1943. Ambos tienen cada vez menos pelo y ambos sufren exceso de peso, sólo que uno tiene todavía menos tiempo que el otro. Cuando el otro va por la mañana a la oficina, el autor ya ha trabajado una hora y media. El oficinista se sienta entonces en su oficina hasta la noche, y cuando vuelve a casa esta tan cansado que apenas puede conversar con el otro. Así que se diferencian en que el primero tiene muy poco tiempo. 
La segunda parte de la pregunta es si uno es más infeliz que el otro. Por supuesto que sería más feliz si tuviera más tiempo, si pudiera escribir, pero por otra parte se escribe tanto que también se siente uno bastante contento cuando no todo el mundo escribe.

P: ¿Le resulta fácil encontrar siempre las palabras adecuadas?

R: No, en absoluto. !Es lo más duro! Hay una frase, creo que de Kafka, "Un escritor es escritor porque no sabe escribir". Si un escritor supiera escribir sería maravilloso. Podría ser cualquier cosa, periodista por ejemplo, podría incluso escribirle los discursos al presidente... Pero un escritor no sabe escribir en absoluto.

P: ¿Cuál es entonces su relación con el lenguaje?

R: La relación con el lenguaje merece mucho respeto, porque cuesta mucho encontrar las palabras. Uno intenta siempre bajar a las palabras de su trono y, por decirlo así, encontrar la palabra proletaria, esa otra palabra que se ha quedado sin trabajo en el lenguaje común, y ponerla en un contexto donde tenga un cierto brillo, otro aura, y pueda ser comprendida con exactitud. 
Es interesante por ejemplo la transformación del lenguaje en Alemania —no sé si sucede así en España— que ha sido tan radical que mucha gente no puede leer y entender un texto del siglo XVIII, o que sólo puede leer ciertas obras de Jean Paul con un diccionario. Al mismo tiempo tenemos lenguajes extremadamente especializados: en el Derecho, en la Economía, en la Política, en la Medicina..., de tal modo que la lengua literaria tiene una enorme función, porque al tener que ser valida para todos ha de intentar conservar el lenguaje en general, y al mismo tiempo ha de ser especial, porque es un lenguaje poético. Conseguir con una palabra cumplir estas dos funciones del lenguaje es hoy día más duro que en los siglos XVIII o XIX, porque las lenguas de cada profesión no estaban tan separadas del lenguaje común como ahora. 

P: Usted ha escrito que la Ciencia es como una mala novela. ¿Es todo ahora discurso? ¿No queda ninguna verdad con mayúsculas?

R: Es un problema que la Filosofía de los últimos 80 años haya expulsado a la verdad de la escritura, del lenguaje, de las palabras... La Filosofía ha dicho: la verdad no existe, la verdad es una construcción lingüística, un acuerdo, un convenio, una creencia..., que en ningún caso tiene detrás una construcción material. Ni en la Filosofía del lenguaje, ni en el resto de la Filosofía existe ya La Verdad. 
Lo que eso significa para la escritura es que de pronto los escritores han sido liberados de estos problemas. Por otra parte, creo que toda escritura no es otra cosa que el intento de recobrar esta verdad perdida, y aunque nunca pueda alcanzarla, intenta siempre acercarse a ella. Porque si se pudiera alcanzarla, si existiese ese lugar utópico donde la verdad y las cosas están unidas de nuevo, entonces se trataría de un lenguaje divino, y eso no puede ser.
Ahora bien, hay también teorías sobre la verdad basadas en el consenso. Es decir, que ciertas sociedades o partes de sociedades conciertan una obligación, una verdad, que es válida durante un determinado periodo de tiempo. Por ejemplo, Habermas, que intenta desarrollar una teoría de la Verdad a partir de la teoría de la Comunicación. Las sociedades se ocupan de un asunto hasta que se llega a un convenio sobre él. El convenio es válido durante un tiempo, hasta que aparece nueva información capaz de transformar esa verdad o de revolucionarla. Pero el escritor no puede confiar ya en conseguir un consenso que la sociedad acepte, y sólo puede convenir consigo mismo sobre la verdad. Y por eso hay tantos caminos en busca de la verdad como caminos hacia Dios o hacia otras cosas intangibles. 
Sin embargo, la pérdida de las cualidades metafísicas ha puesto a la literatura en una situación en la que ha de intentar arreglárselas con este vacío. Si hoy lee usted a Beckett, encuentra en él el intento de formular una verdad negativa, y ya ayudaría bastante poder decir que en un texto determinado no se puede encontrar una verdad. Esa sería una solución. Pero el problema de la verdad se ha convertido en un problema filosófico creciente, lo cual quiere decir ante todo que la literatura se ha librado de él. 
A principios de siglo llegó de pronto la Modernidad a la novela burguesa —de Balzac a Fontaine y de Dickens a Turgueniev - ofreciendo miles de verdades diferentes en todas las artes - en la pintura, en la literatura, en las artes plásticas en general...— de modo que ahora, tras ochenta años de Modernidad, cuando todas estas formas y posibilidades han sido más o menos agotadas, uno se pregunta si en todo este movimiento y desarrollo literario se puede encontrar algún rastro de verdad que nos guíe serpenteando a través del laberinto. Lo que hay es un montón de obras de entre las que no sabemos hoy cuáles servirán para el próximo milenio. Pero creo que habría una respuesta más banal a su pregunta, y al mismo tiempo más humana, porque la verdad es inhumana. La respuesta banal es que todos sabemos que cierta literatura se hace con la pretensión de ser leída también dentro de cien años. Y eso es lo que se intenta descubrir con todo el debate sobre el canon. Algunos encuentran este debate superfluo - para mi no es tan superfluo. Creo que más allá de la ciencia reina un sentido común que sabe que ciertas preguntas son importantes y que lo seguirán siendo en el próximo siglo. Cuando lee usted a Wittgenstein puede decir que en su búsqueda filosófica no ha encontrado la verdad, pero sin embargo ha planteado tantas preguntas que seguramente se le continúe leyendo en el próximo siglo. Cuando lee usted ciertos trabajos teóricos de Marx, puede saber aproximadamente que preguntas tendrán todavía un papel importante en la filosofía de la economía política del próximo siglo y que preguntas han quedado atrás.
Entre el interés por un texto y el modo en que un texto envejece hay por otra parte una gran diferencia, de manera que al final quedan los escritores que nunca tuvieron la pretensión de encontrar la verdad, pero que hicieron propuestas sobre cómo se debe tratar con ella. Y así Schopenhauer vuelve a ser de pronto interesante, mientras que Hegel languidece lentamente en la Universidad y deja casi de ser leído a no ser por filósofos profesionales. Sería muy interesante pedir a los estudiantes que nombrasen diez libros de la literatura española, alemana o francesa, que en razón de las preguntas que formulan, seguirán a su juicio leyéndose en el siglo que viene. Y así se comprobaría rápidamente, si la gente es sincera y no miente, que uno se concentra en determinados textos.

P: ¿Cree usted que hay una tendencia o una moda en la literatura alemana o europea?

R: No lo creo. Creo que hay una tendencia en la literatura mundial que reza: ¡tenemos que contar historias! Y eso es a mi parecer un reflejo del hecho de que las historias de la propia vida se han convertido en faltas de interés, o son consideradas así, y por eso se buscan en los libros historias diferentes. Uno se pregunta por qué hay todavía historias de amor. Todo esta ya contado... Abelardo y Eloisa... Hay diez grandes tragedias o comedias amorosas y uno no concibe por qué tienen que volver a contar lo mismo. Esta es una pregunta que hemos de hacernos, ¡que debemos hacernos! Porque estas viejas historias no añaden nada nuevo. Esto esta relacionado con que las relaciones sociales se han vuelto tan complicadas que la gente se alegra de que se las cuenten de nuevo en forma de libro. Esa parece ser la única tendencia visible: alejarse de los experimentos lingüísticos y volver a las historias que funcionan. Es la marcha triunfal de la literatura americana.

P: Sin embargo en su obra en prosa siempre hay un narrador sorprendido ante la vida cotidiana. ¿Qué significa para usted estar despierto?

R: Creo que este mundo en el que vivimos es el más impenetrable que uno pueda imaginarse. Todos hemos aprendido en la Universidad que las democracias modernas están ahí para hacerles a los hombres la vida más fácil y al medio ambiente transparente. Por tanto todas las instituciones sociales se orientan a liberar al individuo de sus trabajos, desde la Sanidad Publica a la Seguridad Social. 
La verdad es sin embargo según mi experiencia que el mundo es cada vez más opaco. Cuando uno se va por la noche a la cama piensa que es maravilloso estar en el mundo todavía. El mundo se ha convertido en algo tan impenetrable y complicado que no se concibe que alguien pueda entenderlo. Para mí es un enigma. Nunca he comprendido que haya hombres que van por el mundo diciendo: "Es facilísimo. Hay que hacer las cosas así o asá y todo está en orden." Para mi el mundo es cada vez más complicado, y la complicación aumenta con la edad. Cuando leo las teorías de Fukujama, de que el mundo social ha llegado a ser el mismo en las democracias ilustradas que tenemos hoy, me dan ganas de reir. El mundo no ha llegado a ser el mismo; nunca estuvo tan lejos de sí mismo como ahora.

P: Esto es una causa de soledad, como la de los personajes de sus novelas.

R: Si, esa es sin duda una consecuencia de que cada vez entendemos menos y cada vez conocemos menos personas que puedan dar una respuesta. En la filosofía ocurre lo mismo. En mi juventud me interesaban profundamente unos veinte filósofos, a los que preste atención largo tiempo. Hoy me siguen interesando quizás dos.

P: Esta gente que todo lo sabe, ¿son los académicos? En sus libros el mundo académico está descrito como algo bastante falso. ¿Es así de veras?

R: Hay una frase muy conocida del filosofo alemán Marquart, que ha invertido la tesis feuerbachiana de Marx ("Se ha interpretado siempre el mundo de forma diferente, lo que importa es cambiarlo") a: "Los filósofos siempre han querido que el mundo cambiase, pero lo que importa es dejarlo en paz". Los científicos no pueden dejar al mundo en paz, si lo hicieran no serían científicos. Pero no se dan cuenta de que en realidad desordenan el mundo. Algunas veces pienso que sería estupendo que de vez en cuando se tomaran un año sabático en el que no hicieran nada. Seguramente eso daría un poco de tranquilidad al mundo.

P: ¿Hasta qué punto están sus obras ligadas a Alemania?

R: Alemania es mi país, mi destino y mi lengua, es lo que mejor conozco. Aquí ha habido fascismo, la división de un país durante más de cincuenta años y yo me he criado en medio de este desastre. Mis maestros seguían siendo fascistas después de la guerra. Yo vengo del Este, fui en Berlín a la escuela y he sentido y participado de todo el descontento alemán. Pero también he participado en la cara grandiosa y maravillosa de este desarrollo: una democracia segura y que funciona parlamentariamente. No quiero quejarme de este país, pero no es un país que uno tenga que amar.

P: ¿Es Alemania el símbolo de una descomposición cultural de Occidente?

R: No, yo no lo diría. A Alemania se le pueden reprochar muchas cosas, pero nunca ha habido aquí verdaderos deconstruccionistas.

P: Usted habla bastante irónicamente de la prensa y la televisión...

R: Considero una tragedia que el hombre haya venido al mundo; considero una tragedia que no sea capaz de sobrevivir solo; considero una tragedia que siempre quiera estar en compañía de otros. La televisión tiene esta doble función: uno se sienta solo delante de la televisión y al mismo tiempo sabe que otros 50 millones de personas están viendo lo mismo, la misma película policiaca o la misma retransmisión deportiva. Tiene además una doble naturaleza: aísla y es al mismo tiempo el mayor comunicador. Eso es terrible, porque somos todos acuñados idénticamente, mientras que nuestra vida debería ser individual. Es espantoso pero es así. Uno puede protestar, pero no ocurre nada. La queja es un tanto gratuita.

P: ¿Qué importancia tiene Internet para usted como editor?

R: Para ser totalmente sincero, me he ocupado bastante poco de ello, ya que no tengo tiempo. Pero sé que una editorial no puede sobrevivir hoy en día sin Internet. Estamos conectados con todo el mundo y la Editorial tiene todas las facilidades técnicas - ahora bien, como ve, en mi despacho no hay una maquina de escribir o un ordenador. Soy el único que sólo tiene un teléfono. Eso es todo. Sé que es arrogante y pasado de moda, pero no he tenido tiempo para

ocuparme del asunto. Teóricamente sí he reflexionado sobre lo que el cambio pueda significar para la cultura de la comunicación, pero personalmente estoy bastante lejos del tema.

P: ¿Cree usted que cambiará la cultura del libro?

R: Estoy completamente seguro de ello. Empieza con que por ejemplo las Humanidades se comunicarán de ahora en adelante a través de bancos de datos. Eso significa, en lo que concierne a la Filología y las Humanidades, que tendrán que expresarse en inglés. Y eso es una tragedia, pero no puede cambiarse. Un islandés escribirá su tesis en inglés, se distribuirá por Internet y todos sabrán que hay un trabajo de Ingmar Gunmundson sobre los sonetos de Petrarca. Eso cambiará la literatura. Algunos libros determinados dejarán de existir, porque el flujo informativo irá a través de Internet. 
En segundo lugar, seguramente las Ciencias Naturales dejaran de imprimirse en 50 años, igual que ahora hay una revista de Matemáticas no en papel, sino en la pantalla. Con seguridad seguirá habiendo novelas mucho tiempo, porque son baratas, ligeras y bonitas para llevarlas en el bolsillo.
Me pregunto si necesitamos técnicas de comunicación como Internet, si son necesarias para mejorar nuestra condición, o si sólo son hallazgos tecnológicos que continúan simplemente porque un día alguien empezó con ellos. Esto deberían preguntárselo los propios usuarios. Se debería hacer una encuesta en condiciones sobre lo que esperan de Internet, aparte de que vaya rápido y cada uno pueda mirar lo que quiera. ¿Es de veras una mejora condicional de nuestro cerebro, de nuestro físico, de nuestra movilidad, o es sólo un medio de hacernos más lentos, más tontos? - lo tenemos todo ahí en nuestra pantallita. Esa es la pregunta fundamental para los próximos diez años. Estaría bien que no sólo se la plantearan los teóricos culturales sino también los usuarios, los "users", y así se pudiera desarrollar un concepto claro de lo que se quiere hacer en el futuro con el dichoso Internet.

P: ¿Cuál es en su opinión el papel del escritor, si es que ha de tener alguno?

R: Escribir. Sólo puede intentar escribir. Si todavía tendrán el publico o la critica un papel dentro de cincuenta años es otra cuestión interesante que no puedo sin embargo contestar. No soy profeta, pero puedo imaginarme que en algún momento dentro de treinta años todos los críticos europeos se reúnen y cometen suicidio colectivo porque se han quedado sin función. Nadie hace caso de lo que dicen. Así que se reúnen en la Plaza Mayor, comen y beben bien una vez más y luego se suicidan juntos.

P: ¿No dejarían ningún canon tras de sí?

R: El canon no viene de los críticos. Viene de los lectores. Hay una gran diferencia entre creer lo primero o lo segundo.

P: ¿Tiene usted como lector su propio canon?

R: Naturalmente que tengo mi canon. Releo siempre mis libros. Admiro a Kafka, admiro a Robert Walser, leo al joven Goethe, a Büchner, las historias de Kleist... Cuando se tiene tan poco tiempo como yo, se prefieren libros cortos. Leo mucha poesía cada día.

P: ¿Qué lee usted en este momento?

R: Puedo decirle lo que voy a leer esta noche. Hay una nueva traducción de la poesía de Konstantinos Kavafis, por primera vez todas las poesías: las póstumas, las suprimidas por el, etc. Y me he hecho con el primer ejemplar que leeré esta noche.

P: Como jefe de una Editorial lee usted todos los días libros nuevos. ¿Qué no le apetece leer en absoluto?

R: Filosofía sistemática, porque es terriblemente aburrida, y novelas aburridas. Nada es más espantoso que tener que leerse una novela de 500 páginas que no interesa nada, ni lingüísticamente, ni en cuanto al contenido, ni de ninguna manera. Es la tragedia de mi vida, que constantemente he de leer libros que no me interesan.

P: ¿En qué situación está en su opinión Occidente?

R: Hay una frase que a mi parecer viene de Valèry, pero que le ha usurpado Derrida, que dice: "Se demostrará si Europa no es más que un pequeño apéndice de Asia o si todavía puede llenarse de algún sentido". De momento no tengo la impresión de que se piense mucho acerca de la cultura europea. En las elecciones británicas, por ejemplo, no se hablo para nada de cultura, no la había. En Francia, debido al cambio tan rápido, existe todavía una cierta inseguridad sobre si se debería volver a hablar de cultura. En Alemania es difícil, porque no tenemos una administración cultural central, sino que cada estado de la federación es competente al respecto, por lo que la cultura local es bastante diferente en cada uno. Del propio Gobierno no espero nada personalmente con respecto a la cultura. En otras palabras: depende bastante de si los escritores, los intelectuales, el teatro, las instituciones culturales están en condiciones de lograr un clima en el que valga la pena reflexionar sobre cultura. Ahora tenemos en ocho semanas los tres mayores acontecimientos del arte plástico: hace cuatro semanas fue la exposición en Berlín "Retrospectiva sobre un siglo", anteayer fue Venecia, en cuatro semanas es la Documenta y luego viene la gran exposición de escultura de Münster.
Cuando se revisa lo que hasta ahora hay publicado en información y en filosofía se tiene la impresión de que están todos hartos de enfrentarse a este arte. El elemento repetitivo es tan fuerte que la gente no puede soportar ver otra vez un abeto a la vuelta de la esquina o una cabeza de ternera roída por gusanos. Es el examen ocular - todo lo que uno ve ya lo había visto antes... basta. No hace más de veinte años uno iba a las exposiciones de arte porque esperaba algo nuevo, mientras que hoy va a ver lo viejo porque lo nuevo le aburre tremendamente. Esta tendencia puede continuar, pues hay en Europa un fuerte movimiento elitista de derechas que va hacia atrás, que al ser conservador se ocupa por decirlo así de reciclar lo viejo. Para contestar a su pregunta: no veo en este momento ningún gran intento cultural relevante europeo de desarrollar algo desde Europa. Lo único que le interesa a Europa en este momento es el dinero. Eso es todo. Cuando en el periódico se habla de arte, se hace en un estilo irónico. Eso quiere decir que el critico ya lo conoce todo y está profundamente aburrido - y este hastío es peligroso.

P: Usted habla siempre en contra de la ironía, ¿qué tiene de peligroso?

R: La ironía ya no es peligrosa. Simplemente digo que cuando se habla irónicamente de la cultura se debe contar con que la cultura deje de ser tomada en serio, y me pregunto si deberíamos hacerlo.

P: ¿El arte del que habla no tiene nada que ver con el público?

R: Eso no lo sé, pero en arte da lo mismo, como dijo una vez Hans Magnus Enzensberger, si es Dante o el Pato Donald. Ya no hay ninguna diferencia cualitativa. Da igual. Tengo la impresión de que hay demasiado arte. Ya hemos visto diez veces el mismo cuadro en el que no hay nada pintado, y no queremos verlo por undécima vez.

P: Entonces no esta usted de acuerdo con la teoría que dice que cualquiera puede ser un artista...

R: No, odio eso. Esa teoría viene de la idea de que el arte es una cosa innata, y eso no es cierto. Si se piensa así, no se sabe por qué ha habido un Leonardo da Vinci, un Miguel Ángel o un Goya. Quien piensa así está a mi juicio loco o no ha entendido lo que es el arte.

P: ¿Qué le parecería que titulase esta entrevista con una frase de su obra Aus der Ebene: "Cuando deje de preocuparte la salida, es que has llegado a la meta"?

R: Sí. Eso es cierto, es una de las Verdades.

P: ¿Está usted trabajando ahora en algo nuevo?

R: Si. En los últimos dos años he escrito bastantes ensayos, y preparo también una novela, pero no sé si la acabaré, porque ya es muy gorda. Puede que vuelva a tirarla entera, y casi me alegro anticipadamente de su destrucción...

P: Muchas gracias por esta entrevista.

© Susana Pajares Toska 1997

viernes, 23 de diciembre de 2016

CUENTOS DE LYDIA DAVIS




Lydia Davis (n. 15 de julio de 1947, Northampton, Massachusetts) es una narradora estadounidense de relatos breves; también es conocida por sus traducciones del francés.

Davis es hija de Robert Gorham Davis, profesor de inglés, y de Hope Hale Davis. Estudió inglés y latín; estuvo un año en Austria y aprendió alemán. Estuvo casada con Paul Auster, entre 1974 y 1978, y tuvieron un hijo, Daniel Auster. Luego, se casó con el artista Alan Cote, y de esa unión nació Theo Cote.

Recibió un fuerte influjo inicial de Samuel Beckett, al que estudió de muy joven. Su padre era profesor de inglés, y conoció así a un escritor muy diferente de lo que había leído (en la primera página encontró: “I’m lying here. I’ve dropped my pencil”). Ya de estudiante superior, fue leyendo novelista tras novelista; Nabokov, Thomas Hardy, George Eliot, Dostoevsky o Joyce, y siguió con voracidad lectora.

Es profesora de creación literaria en la Universidad de Albany (SUNY). Además de escribir, ha traducido del francés toda su vida, entre otros, a escritores y ensayista como Vivant Denon, Gustave Flaubert, Marcel Proust, Maurice Blanchot, Michel Leiris, Pierre-Jean Jouve o Michel Foucault.

Davis ha publicado seis libros de cuentos habitualmente breves (o brevísimos), con un toque de humor, entre los que destacan: The Thirteenth Woman and Other Stories (1976), Break It Down (1986) o Varieties of Disturbance (2007). Han aparecido varias antologías suyas; y en 2009 recopiló sus cuentos en The Collected Stories of Lydia Davis, traducida al español.



Ha sido considerada candidata para obtener el Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. Es famosa por sus cuentos cortos y la imposibilidad por clasificarlos dentro de las categorías tradicionales. La traducción corre a cargo de Pablo Robles Gastélum y Augusto Sonrics.



Amigos aburridos

Sólo conocemos a cuatro personas aburridas. El resto de nuestros amigos nos parecen muy interesantes. A pesar de eso, la mayoría de nuestros amigos interesantes creen que somos aburridos: para los más interesantes somos los más aburridos. Los pocos que andan en algún  lugar intermedio, con quienes tenemos un interés recíproco, nos provocan desconfianza: en cualquier momento, sentimos, pueden pasar a ser demasiado interesantes para nosotros o nosotros demasiado interesantes para ellos.

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Hombres

También hay hombres en el mundo. A veces se nos olvida, y pensamos que solo hay mujeres –colinas y llanos interminables de mujeres sumisas. Hacemos pequeñas bromas y nos consolamos entre nosotras y nuestras vidas pasan rápidamente. Pero de vez en cuando, es cierto, un hombre se eleva inesperadamente entre nosotras como un pino y nos mira de manera salvaje y hace que cojeemos de vuelta entre pantanos para escondernos en nuestras cuevas y barrancos hasta que él se haya ido.




La treceava mujer

En una ciudad de doce mujeres vivía una treceava. Nadie aceptaba que vivía ahí, no llegaba ninguna correspondencia para ella, nadie hablaba de ella, nadie le vendía pan, nadie le compraba nada, nadie devolvía su mirada, nadie tocaba su puerta; la lluvia no caía sobre ella, el sol nunca brillaba sobre ella, el día nunca atardecía para ella, la noche nunca llegaba para ella; para ella las semanas no pasaban, los años no transcurrían; su casa no tenía número, su jardín estaba descuidado, su camino no era caminado, nadie dormía en su cama, su comida no se comía, su ropa no se usaba; y aun así, a pesar de todo esto, seguía viviendo en la ciudad sin ningún resentimiento.




Notas durante una larga conversación por teléfono con mi madre

para el verano___ella necesita

vestido bonito___algodón

algodón                     nódogla

______aldógon

______aldogón

______________godalón

______nógodal________nóglado

______nódogal

___dogalón






Ratones

Hay ratones que viven en nuestras paredes pero nunca entran a nuestra cocina. Estamos contentos pero no podemos entender por qué no vienen a nuestra cocina donde tenemos trampas puestas, y sí van a las cocinas de nuestros vecinos. Aunque estamos contentos, también estamos un poco tristes, porque los ratones se comportan como si hubiera algo malo con nuestra cocina. Lo que hace esto todavía más misterioso es que nuestra casa es mucho menos ordenada que las casas de nuestros vecinos. Hay más restos de comida en nuestra cocina, más migajas en la barra y restos sucios de cebolla pateados por debajo de la alacena. De hecho, hay tanta comida suelta en la cocina que solo se me ocurre pensar que los ratones mismos se sienten intimidados por ella. En una cocina limpia, es un reto para los ratones encontrar suficiente comida noche tras noche para sobrevivir hasta la primavera. Pacientemente cazan y mordisquean hora tras hora hasta quedar satisfechos. Pero en nuestra cocina se encuentran frente a algo tan fuera de su experiencia habitual que no pueden contra ello. Pueden aventurarse y dar algunos pasos, pero al enfrentarse a los abrumadores monumentos y olores, vuelven resignado a sus hoyos, incómodos y apenados de no poder husmear como deberían.



Su cumpleaños

105 años:
ella no estaría viva hoy
incluso si no hubiese muerto.



Una segunda oportunidad

Si tan solo tuviera la oportunidad de aprender de mis errores, lo haría, pero hay demasiadas cosas que no haces dos veces; de hecho, la mayor parte de las cosas importantes son cosas que no haces dos veces, así que no las puedes hacer mejor la segunda vez. Haces algo mal y luego ves lo que hubiera sido mejor hacer y estás preparada para hacerlo, de presentarse la oportunidad, pero la próxima experiencia es muy diferente y tu juicio de nuevo será erróneo y aunque luego estés preparada para esta experiencia si habría de repetirse, no estás preparada para la experiencia siguiente. Si, por ejemplo, pudieras casarte a los dieciocho años dos veces, la segunda vez podrías asegurarte de que no fueras tan joven para hacerlo, porque tendrías la perspectiva de ser mayor y sabrías que la persona que te aconseja casarte con este hombre te está dando un mal consejo pues sus razones son las mismas que te dio la última vez que te aconsejo casarte a los dieciocho. Si pudieras traer un hijo de un primer matrimonio a un segundo matrimonio por segunda vez, sabrías que la generosidad puede convertirse en resentimiento si no haces las cosas bien y el resentimiento en amabilidad si las haces, a menos que el hombre con el que te cases cuando te cases por segunda vez una segunda vez tuviera un temperamento muy diferente al del hombre con quien te casaste por segunda vez la primera vez, en ese caso tendrías que casarte con ese hombre dos veces para saber cuál sería el mejor camino que tomar al casarse con un hombre de su temperamento. Si pudieras ver a tu madre morirse por segunda vez podrías estar preparada para pelear por conseguir una habitación privada donde no hubiera nadie viendo la televisión mientras ella muere, pero si estuvieras preparada para pelear por eso, y lo hicieras, tendrías que perder a tu madre de nuevo para saber lo suficiente como para decirles que coloquen bien su dentadura y no mal como lo hicieron antes en su habitación y la vieron por última vez sonriendo tan extrañamente, y luego una vez más para asegurarte que sus cenizas no fueran  guardadas de nuevo en esa especie de contenedor de correos aéreos donde la mandaron al norte a un cementerio.





Especial

Sabemos que somos muy especiales. Pero seguimos intentando averiguar en qué manera lo somos: así no, así tampoco, ¿entonces cómo?




Un hombre de su pasado

Creo que Madre está coqueteando con un hombre de su pasado que no es Padre. Me digo: ¡Madre no debería tener relaciones inapropiadas con este hombre “Franz”! “Franz” es un europeo. ¡Le digo que no debería ver a este hombre inapropiadamente cuando Padre no está! Pero estoy confundiendo una vieja realidad con una nueva realidad: Padre no volverá a casa. Se estará quedando en Vernon Hall. En cuanto a Madre, ella tiene noventa y cuatro años. ¿Cómo puede haber relaciones inapropiadas con una mujer de noventa y cuatro años? Bien, creo que mi confusión es la siguiente: aunque su cuerpo está viejo, su capacidad de traición sigue joven y fresca.




La mala novela

Esta novela, difícil y aburrida que traje conmigo a este viaje –trato de leerla. He vuelto a ella tantas veces, cada vez temiéndola más y cada vez encontrándola no más interesante que la última vez, que ahora se ha convertido en algo así como una vieja amiga. Mi vieja amiga, la mala novela.




Susie Brown estará en la ciudad

Susie Brown estará en la ciudad. Estará en la ciudad para vender sus cosas. Susie Brown se mudará muy lejos. Quiere vender su cama matrimonial. ¿Queremos su cama matrimonial? ¿Queremos su silla otomana? ¿Queremos sus artículos de baño?

Es tiempo de decirle adiós a Susie Brown. Nos gustaba que fuera nuestra amiga.

Nos gustaban sus clases de tenis.





La transformación

No era posible, pero pasó; y no de una manera repentina, sino con gran lentitud, no fue un milagro, sino algo muy natural, a pesar de ser imposible. Una chica de nuestra ciudad se convirtió en piedra. Pero es cierto que tampoco había sido una chica normal antes de eso: había sido un árbol. Sabemos que a los árboles los mueve el viento. Pero en algún momento a finales de septiembre comenzó a dejar de moverse con el viento. Pasaron varias semanas y cada vez se movía menos. Después, nunca se movió. Cuando sus hojas caían lo hacían repentinamente y con sonidos terribles. Caían sobre las piedras y a veces se partían en pedazos y a veces permanecían intactas. Salían chispas donde caían y un poco de polvo blanco alrededor. La gente, aclaro que yo no, recogía las hojas y las ponían sobre manteles. Nunca existió una ciudad como ésa, con hojas de piedra sobre cada mantel. Luego comenzó a cambiar de color: primero pensamos que era por la luz. Algo frustrados, a veces algunos rodeábamos el árbol abriendo y cerrando los ojos, boquiabierto –y tan pocos dientes había entre nosotros que también era algo para verse– y decíamos que era la hora del día o el cambio de estación lo que la hacía verse gris. Pero pronto fue claro que ahora simplemente era gris, así nomás, así como hace unos años tuvimos que aceptar que ahora simplemente era árbol y no una chica. Pero un árbol es una cosa y una piedra es otra. Hay límites en lo que puedes aceptar, incluso cuando se trata de cosas imposibles.


Comportamiento extraño

Ves cómo las circunstancias tienen la culpa. En realidad no soy una persona extraña si lleno mis oídos con pedacitos de Kleenex y envuelvo mi cabeza con una bufanda: cuando vivía sola tenía todo el silencio que quería.


Händel

Hay un problema en mi matrimonio: simplemente no me gusta Georg Friedrich Händel tanto como a mi marido. Es una verdadera barrera entre nosotros. Envidio a una pareja que conocemos, por ejemplo, ambos aman a Händel tanto que a veces viajan en avión hasta Texas solo para escuchar una de sus operas interpretada por un tenor en particular. Incluso han convertido a otra de nuestras amigas en común en una admiradora de Händel. Estoy sorprendida porque la última vez que ella y yo hablamos de música, me dijo que a quien realmente admiraba era a Hank Williams. Los tres juntos tomaron un tren a Washington D.C. este año para escuchar a Giulio Cesare in Egitto. Yo prefiero a los compositores del siglo diecinueve y particularmente a Dvořák. Pero soy bastante abierta a todo tipo de música y normalmente si estoy en contacto con algo lo suficiente, termina por gustarme. Pero aunque mi marido ponga música de Händel todas las noches si no hago algo para evitarlo, no he podido hacer que Händel me guste. Afortunadamente, acabo de descubrir que hay un terapeuta no tan lejos de aquí, en Lenox, Massachusetts, que se especializa en Terapia de Händel, y voy a darle una oportunidad. (Mi marido no cree en la terapia y yo sé que él no iría a una Terapia de Dvořák conmigo aun cuando existiese una).




Iluminada

No sé si pueda seguir siendo su amiga. He pensado bastante en ello– nunca comprenderá cuánto. Le di una última oportunidad. La llamé, después de un año. Pero no me gustó el camino que tomó la conversación. El problema es que ella no está muy iluminada. O debo decir, no está lo suficientemente iluminada para mí. Tiene casi cincuenta años y no está más iluminada, a como lo veo, que cuando nos conocimos hace veinte años, cuando hablábamos principalmente de hombres. No me importaba qué tan iluminada no estaba entonces. Creo que estoy más iluminada ahora y ciertamente más iluminada que ella, aunque sé que no es muy iluminado decir eso. Pero quiero decirlo, así que estoy dispuesta a posponer estar más iluminada para seguir pudiendo decir cosas similares de un amigo.




Joven y pobre

Me gusta trabajar cerca del bebé, aquí en el escritorio con la lámpara. El bebé duerme.

Es como cuando era joven y pobre, iba a decir.

Pero todavía soy joven y pobre.



Qué difícil

Por años mi madre me decía que yo era egoísta, descuidada, irresponsable, etc. Se molestaba constantemente. Si discutía, se tapaba los oídos. Ella hizo lo que pudo para cambiarme pero nunca cambié, o si cambié, no puedo estar segura de haberlo hecho, porque nunca llegó el momento en que mi madre me dijera “Ya no eres egoísta, descuidada, irresponsable, etc.” Ahora soy yo quien me digo “¿Por qué no puedes pensar primero en los demás? ¿Por qué no pones atención a lo que haces? ¿Por qué no recuerdas lo que tienes que hacer?” Estoy molesta. Me compadezco de mi madre. ¡Qué difícil soy! Pero no le puedo decir esto porque al mismo tiempo que quiero decirlo, también estoy aquí en el teléfono, escuchándola, lista para defenderme.


Prioridad

Debería ser muy sencillo. Haces lo que puedes cuando está despierto, luego, cuando esté dormido, haces lo que sólo puedes hacer cuando está dormido, comenzando por lo más importante. Pero no es tan sencillo.

Te preguntas qué es lo más importante. Debería ser fácil decir qué tiene prioridad y ocuparte de ello. Pero no sólo una cosa tiene prioridad, tampoco dos o tres. Cuando muchas cosas tienen prioridad, ¿cuál de esas cosas que tienen prioridad recibe prioridad?

Cuando tienes tiempo para hacer algo, cuando está dormido, puedes escribir una carta que tiene que escribirse inmediatamente pues muchas cosas dependen de ella. Pero, bien, si escribes la carta, tus plantas no tendrán agua y es un día muy caluroso. Ya las pusiste afuera en el balcón con la esperanza de que la lluvia se ocupara de ellas, pero este verano casi no ha llovido. Ya las metiste del balcón con la esperanza de que si no están expuestas al viento no necesitarán ser regadas tan seguido, pero de todos modos tendrían que regarse.

Y, bien, si riegas las plantas, no escribirás la carta, de la que dependen muchas cosas. Tampoco acomodarás la cocina y la sala, y luego te sentirás confundida y frustrada por el desorden. Hay una mesa cubierta de listas de compras y unos vasos de cristal que tu esposo compró en una oferta de liquidación. Debería ser muy sencillo guardar los vasos, pero no puedes guardarlos hasta que los laves, no puedes lavarlos hasta que no haya platos sucios en el fregadero, y no puedes lavar los platos hasta que destapes el drenaje. Y si comienzas por el drenaje, puede que no avances, mientras duerme, más allá de lavar los platos.

Puedes decidir que las plantas tienen prioridad pues, a final de cuentas, están vivas. Luego puedes decidir, ya que tienes que encontrar una manera de organizar tus prioridades, que todo lo que tenga vida en la casa tendrá prioridad, comenzando por el ser humano más joven y pequeño. Eso debería quedar muy claro. Pero aún así, aunque sepas exactamente cómo cuidar al ratón, al gato, a las plantas, no estás segura de cómo darle prioridad al bebé, al hijo mayor, a ti misma y a tu esposo. Ciertamente es verdad que mientras más grande y vieja sea la cosa con vida resulta más difícil saber cómo cuidarla.


Tormenta tropical

Como una tormenta tropical.

Yo, también, un día, “me organizaré mejor”.





Un hombre en nuestra ciudad

Un hombre en nuestra ciudad es tanto un perro como su amo. El amo es imposiblemente injusto con el perro y hace de su vida una miseria. Un minuto quiere jugar con él y al otro minuto lo golpea por ser tan indisciplinado. Lo golpea severamente en la nariz y el lomo porque durmió en su cama y dejó pelos en su almohada, por otro lado también hay tardes en las que se siente sólo y agarra al perro para acostarlo a su lado, pero el perro tiembla de miedo.

Pero la culpa la tiene solo un lado. Nadie más toleraría un perro como este. El olor de este perro es tan amargo y putrefacto que es más horrible y agresivo que el perro mismo, el cual es tímido y se orina incontrolablemente cuando lo toman por sorpresa. Es una criatura desagradable y molesta.

Aún así el amo apenas podría darse cuenta de esto, pues con frecuencia bebe sólo hasta caer rendido y pasa la noche enroscado contra la pared de un callejón.

Al atardecer lo vemos trotando con facilidad por los límites del parque, con la nariz al aire; baja la velocidad y camina y da vueltas en círculos para rastrear un olor, rasca su barbilla y saca un cigarro, lo prende con las manos temblorosas y luego se sienta en una banca después de haberla limpiado con una servilleta. Fuma en silencio hasta que el filtro de su cigarro empieza a quemarse. Entonces una incontrolable ira explota en su interior y comienza a golpear su cabeza y golpea sus propias piernas. Cuando se cansa, mira al cielo y aúlla frustrado. Solamente a veces, en esos momentos, acaricia su propia cabeza hasta sentirse mejor.





Miedo

Casi todas las mañanas, cierta mujer de nuestra comunidad sale de su casa corriendo, tiene la cara pálida y su abrigo vuela con el viento. Ella grita, “Emergencia, emergencia,” y uno de nosotros va hacia ella y la tranquiliza hasta que el miedo se va. Sabemos que lo está inventando; realmente no tiene nada. Pero la entendemos, porque difícilmente hay alguno entre nosotros que no haya sentido el impulso de hacer justo lo que ella hace, y cada vez ha requerido toda nuestra fuerza, incluso la fuerza de nuestros amigos y familiares, para calmarnos.



Lo que ella sabía

La gente no sabía lo que ella sabía, que en realidad no era una mujer sino un hombre, con frecuencia un hombre gordo, y aún con más frecuencia, probablemente, un hombre viejo. El hecho de que fuera un hombre viejo le dificultaba ser una mujer joven. Le resultaba difícil hablar con un hombre joven, por ejemplo, aunque el hombre joven claramente mostrara un interés por ella. Tenía que preguntarse a sí misma, ¿Por qué este hombre joven está coqueteando con este viejo?



Doctorado

Todos estos años yo pensaba que tenía un doctorado.

Pero no tengo un doctorado.


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