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sábado, 3 de marzo de 2018

CRÍTICA DE CINE EL INADAPTADO:


UN MUNDO FELIZ ALGO FRÍO

"El Inadaptado" o "El hombre disconforme" (2006) de Jens Lien. Las dos manifiestan este fantástico mundo de maneras bastantes parecidas, pero la gran diferencia está la mirada de cada uno de sus directores y en su contexto social. "El Inadaptado" (cómo se ha llamado en Argentina) es la segunda película de este interesantísimo director noruego llamado Jens Lien. La primera fué "Jonny Vang" (2002) que hablaba sobre la amistad entre dos hombres y una mujer.

La película es una fábula fantástica, una parábola del consumismo y la obsesión por las apariencias en la sociedad moderna. Se centra en la historia de Andreas, de 40 años, que llega a una extraña ciudad, sin recordar cómo. Allí, es recibido con un departamento confortable y un trabajo en una oficina "libre de stress" donde hace amigos. Luego conocerá a una hermosa diseñadora de interiores y se mudará a vivir con ella, pero su convivencia  cotidiana parece estar signada por la rutina y el sexo mecánico. Pronto Andreas comienza a notar que algo está mal y no siendo capaz de soportar una vida sin emociones, hace intentos por escapar de la ciudad, pero descubre que no hay forma de lograrlo. Entonces, Andreas conoce a Hugo, quien ha encontrado un hueco en la pared del sótano en el que vive. Tal vez ese agujero pueda conducir hacia "el otro lado"...


Una historia no muy original, ya que hay varias películas que podemos nombrar que tratan sobre temas parecidos y que están basadas en la mítica novela "Un mundo Feliz" de Aldous Huxley (al margen de su género de ciencia-ficción). Jens Lien es un prolífico director, que hace de este fuerte, intrigante y alegórico guión (escrito por Per Schreiner) un mundo frío casi inerte. Un mundo en dónde las emociones no existen, todos sonríen y los sentimientos son algo superfluo al igual que la muerte. Nadie se preocupa por nada ni por nadie, solamente sonríen a todo. Un mundo en dónde no existen los niños, en dónde no existe el aroma por ende ni las bebidas ni las comidas tienen sabor. Un mundo superficial y obsesivamente consumista.


"Lo que hace especial a El inadaptado es la forma como expresa la idea de una sociedad desprovista de emoción. La ausencia de una fuerza opuesta crea un sentimiento incómodo que gradualmente crece en intensidad. Andreas no tiene a quién culpar más que a sí mismo, ya que todos son amigables con él. Esta necesidad de resistencia termina por apartarlo gradualmente. El está vivo en un mundo muerto. "El inadaptado" es una descripción estilística y absurda de una pesadilla. Un film de horror en una puesta día a día. El film comienza estilísticamente como un western (amplias tomas en un paisaje árido, música ensoñadora). Nuestro héroe, Andreas, llega a esta inmensidad. No sabe de dónde viene ni hacia dónde va, y se siente atormentado por la interminable amigabilidad y futilidad que lo rodea". Según palabras de Jens Lien en el Festival de Mar del Plata.

El film es una verdadera joya y nos muestra que camino está tomando nuestro mundo, en que nos estamos convirtiendo. Una sociedad egoísta, capitalista, no sociable y para nada solidaria. Jens muestra a este mundo con una fotografía que parece meter a sus personajes dentro de una gran heladera, con sus encuadres obsesivamente prolijos y con una gran firmeza; y una ambientación de espacios, poniéndonos delante de nuestros ojos, de que "la vida está en otra parte" (sin querer cité a Milan Kundera), que allí están todos muertos, literalmente y metafóricamente hablando. La banda sonora es algo bellísimo, está compuesta por inolvidables baladas clásicas en español, entre ellas "Perfidia" y "Te quiero dijiste" (trío Los Panchos).

Una historia con importantes rasgos gores, morbosa y un inteligente humor negro. Personajes extraños y un protagonista que busca sentir emociones (cómo la tristeza y la melancolía), que se siente sin vida dentro de ese lugar en dónde todos son felices. Algo sublime es el momento en el que Andreas escucha un triste violín proveniente de atrás de ese muro que ellos encuentran. Esa escena que esconde una poética metáfora, es un momento maravilloso en la película. No hace falta decir que es una película recomendable, joyas como estas (como he dicho en la nota de "Wristcutters...") salen cada tanto o de lo contrario no suelen llegar a este rincón del mundo. Disfruten este trailer y debajo un cortometraje de 1 min que realizó este notable director, que compitió en Cannes. Es muy simple y conciso, pero muy original, se llama "Anteojos Naturales". No se lo pierdan.





jueves, 1 de marzo de 2018

PANTEÍSMO y SPINOZA




Según S. E. Boehmer, el término “panteísta” fue usado por primera vez por John Toland (Socinianism Truly Stated, 1705), y el término “panteísmo” por su adversario J. Fay (Defensio religionis, 1709). Para Toland y Fay, panteísta es el que cree que Dios y el mundo son la misma cosa, y panteísmo es la correspondiente doctrina o filosofía: “puede llamarse ‘panteísmo’ a la doctrina que enfrentándose con los dos términos, ‘Dios’ y ‘mundo’, procede a identificarlos. (…) Ha sido usual en la Época Moderna considerar la filosofía de Spinoza como el más eminente y radical ejemplo de doctrina panteísta, a causa del sentido del famoso Deus sive Natura (‘Dios o Naturaleza’) spinoziano. Sea o no panteísta… la doctrina de Spinoza, lo cierto es que en torno a la misma se armaron innumerables debates.” (José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía de bolsillo 2, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983).


Spinoza afirma que el universo es idéntico a Dios y a la Naturaleza. Dios es la sustancia causante de todas las cosas. Todo se unifica en Dios. Dios es la sustancia infinita. Las leyes de la Naturaleza son de Dios, y las leyes de Dios son de la Naturaleza: “las dos sustancias finitas cartesianas se convirtieron, en el pensamiento de Spinoza, en los atributos de una única sustancia divina (…) las almas individuales y las partes de la materia no son ‘cosas’ sino aspectos del ser divino. Esta forma de pensamiento que concibe a Dios en todas las cosas, de modo sustancial y esencial, se conoce con el nombre de panteísmo.” (Laura Silvani, Historia de la filosofía, Editorial Óptima, S. L., Barcelona, 2003).

Russell  describe magníficamente el panteísmo de Spinoza: “The metaphysical system of Spinoza is of the type inaugurated by Parmenides. There is only one substance, ‘God or Nature’; nothing finite is self-subsistent. (…) Thought and extension were both attributes of God. God has also an infinite number of other attributes, since He must be in every respect infinite; but these others are unknown to us.  Individual souls and separate pieces of matter are … adjectival; they are not things, but merely aspects of the divine Being. There can be no such immortality as Christians believe in, but only that impersonal sort that consists in becoming more and more one with God. Finite things are defined by their boundaries, physical or logical, that is to say, by what they are not: ‘all determination is negation’. There can be only one Being which is wholly positive, and He must be absolutely infinite. Hence Spinoza is led to a complete and undiluted pantheism.” (History of Western Philosophy). El pensamiento humano sería, pues, parte del pensamiento divino, y el cuerpo humano, parte la extensión divina: “Pensamiento y extensión son solo dos de los infinitos atributos divinos, la mayoría de los cuales nos resultan del todo desconocidos.” (Mosterín, Los judíos).

Spinoza afirma que sólo hay una sustancia, la cual constituye el universo entero. Esta sustancia es Dios. Todo en el universo es Dios y todos los seres y todas las cosas forman un gran todo. No existe pluralidad de sustancias ni diversas sustancias creadas. Las partes no son autosuficientes, sólo lo es el todo: “Substance (…) is absolutely independent of everything, for it is everything. It is infinite, self-caused, and self-determined. It has no limits, was made by itself. And it is determined by nothing but itself. This God, or Nature, is the world. This unifying conception is known as ‘pantheism’. (…) This substance, God, expresses itself in an infinite number of attributes, but man can grasp only two, -extension and thought -. God, or Nature, is both body and mind. Further, these attributes are absolutely independent of each other. Body does not affect mind nor does mind affect body. But both are manifestations of one and the same universal reality, God. (…) The two attributes of God, extension and thought, are found in man. Man is a form of God or the universal substance of reality. Each individual man is a mode of extension, or body, and a mode of thought. Indeed, everything in the universe is both a mode of matter and a mode of mind.” (S. E. Frost, Jr., Basic teaching of the great philosophers, Barnes & Noble, Inc., New York, 1942).

Así pues, todos los individuos son parte de la misma sustancia. Esta sustancia, que sería Dios, siempre ha existido y siempre existirá: “It was Spinoza who wored out what seemed then a asterful solution of the problem left by Descartes. For him God is the … independent substance of the universe. Outside of God there can be no substance. Mind and body, thought and extension, are attributes of God and not independent of him (…) God is a single, eternal, infinite, self-caused principle of nature and of all things. God and the world are one. Here is clear pantheism.” (S. E. Frost, Jr., Basic teaching of the great philosophers). Dios sería un ser infinito con infinitos atributos.

Al equiparar Dios a la naturaleza y al mundo, Spinoza lleva a sus últimas consecuencias la idea de Maimónides de eliminar el antropomorfismo del dios bíblico. No existe un dios que premie y castigue (eso sería un infantilismo): “Dios no establece ninguna ley a los hombres a fin de premiarlos cuando la cumplan (…) las leyes de Dios no son de tal naturaleza que puedan ser transgredidas.” (Spinoza, Tratado breve).

¿Qué es Dios, pues, para Spinoza?: “God, for Spinoza, is neither personality nor consciousness. He is not characterized by intelligence, feeling, or will. His actions are not directed by purpose; but all things follow for his nature according to strict law.” (S. E. Frost, Jr., Basic teaching of the great philosophers). Dios no es ningún padre, amo o Señor que nos castiga ni que nos da regalitos dependiendo de si nos portamos bien o mal. Dios es el mundo, el todo, la realidad: “Dios no es una persona, no es alguien al que se le pueda rezar, ni pedir, ni del que quepa esperar amor o temer castigo. Dios es la realidad entera, sometida a leyes inexorables, que podemos descubrir, pero sobre la que no podemos influir. Dios no depende de nadie, pero tampoco desea ni elige nada, pues se limita a actuar conforme a sus leyes, que son las de la naturaleza: Dios obra en virtud de las solas leyes de su naturaleza, y no forzado por nadie.” (Spinoza, Ética). A Dios, pues, no hay que temerle. El terror es un arma para educar a la masa. La naturaleza no puede castigarnos: “no temamos ante Dios como temen otros ante el diablo, que ellos han inventado (…) ¿cómo podríamos temer a Dios, que es el mismo bien supremo, por el que todas las cosas, que tienen su esencia, son lo que son?” (Spinoza, Tratado breve)

El Dios de Spinoza carece, pues, de atributos humanos. No odia, no ama, no siente pasiones. La crítica a los monoteísmos se vislumbra en la Ética: “quienes confunden la naturaleza divina con la humana atribuyen fácilmente a Dios afectos humanos, sobre todo mientras ignoran cómo se producen los afectos en el alma (…) Los hay que se representan a Dios como un hombre: compuesto de cuerpo y alma y sometido a pasiones; pero ya consta … cuán lejos vagan éstos de un verdadero conocimiento de Dios (…) Dios es concebido por el vulgo como un hombre, o a semejanza de un hombre (…) Dios está libre de pasiones y no puede experimentar afecto alguno de alegría o tristeza (…) Dios no puede pasar ni a una mayor ni a una menor perfección (…) Dios, propiamente hablando, no ama a nadie, ni odia a nadie (…) Quien ama a Dios no puede esforzarse en que Dios lo ame a él.”

UN CRUDO DETERMINISMO

El determinismo sostiene que “todo lo que ha habido, hay y habrá, y todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá, está de antemano fijado, condicionado y establecido (…) Los deterministas radicales han afirmado que no solamente los fenómenos naturales, sino también las acciones humanas … están sometidas a un determinismo universal”. (Ferrater, Diccionario de filosofía de bolsillo 1). ¿Es la filosofía de Spinoza una filosofía determinista? El determinismo de Spinoza podría considerarse, según Robert C. Solomon & Kathleen M. Higgins, más afín al destino que a la ciencia: “Spinoza también defendió la tesis generalmente conocida como determinismo (…) En la perspectiva de Spinoza, todo lo que nos pasa nos ocurre necesariamente. Dado que el universo es Dios, podemos tener la seguridad de que lo que nos pasa tiene una razón” (Breve historia de la filosofía, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1999).

Según Spinoza, sólo la ignorancia hace pensar al ser humano que puede cambiar su destino. El futuro, al igual que el pasado, está fijado. Viktor Frankl, Sartre y Camus se escandalizarían con esta afirmación tan derrotista, la cual no da al ser humano ningún poder sobre su existencia.

En una carta de Spinoza a G.H. Schuller de 1674 puede apreciarse su crudo determinismo. La libertad humana, el tesoro del existencialismo, no existe para Spinoza: “Una piedra recibe de una causa externa … cierta cantidad de movimiento con la cual, después de haber cesado el impulso de la causa externa, continuará necesariamente moviéndose (…) Y lo que aquí se dice de la piedra, hay que aplicarlo a cualquier cosa singular … toda cosa es determinada necesariamente por una causa externa a existir y a obrar de cierta y determinada manera (…) Esa piedra … creerá que es totalmente libre y que la causa de perseverar en el movimiento no es sino que así lo quiere. Y ésta es esa famosa libertad humana, que todos se jactan de tener, y que tan sólo consiste en que los hombres son conscientes de su apetito e ignorantes de las causas por las que son determinados.” (Citado en Onfray, Antimanual de la filosofía).

En el universo sartreano no hay nada necesario: tanto el mundo como la existencia son absolutamente contingentes. La vida y la existencia son absurdas, afirman explosivamente Sartre y Camus. Para Spinoza, en cambio, no existe nada contingente: “todo está determinado a existir y obrar de cierta manera (…) Las cosas no han podido ser producidas por Dios de ninguna otra manera y en ningún otro orden que como lo han sido.” (Spinoza, Ética).

¿Dónde queda entonces la libertad? La libertad, según Spinoza, es “ser justamente lo que se es y no otra cosa (…) El riguroso determinismo del sistema de Spinoza … encuentra … una puerta de escape en la idea del aumento de la potencia del entendimiento como ideal propio del sabio y del hombre libre.” (Ferrater, Diccionario de grandes filósofos).

La voluntad queda desgraciadamente reducida a la afirmación o negación de lo que es verdadero o falso: “In Spinoza we find a complete abandoning of the idea of freedom. His philosophic system is absolutely deterministic. Everything in the universe follows from something else in a definite causal chain each lin of which is necessary connected with the one preceding and the one following (…) Thus, there cannot be any such thing as a free will (…) The will is nothing more than an idea which one might have affirming or denying itself.” (S. E. Frost, Jr., Basic teaching of the great philosophers). Todo se rige por una necesidad lógica. Así pues, el pecado no tiene sentido en el pensamiento de Spinoza. Todo ocurre por una necesidad lógica. La libertad humana apenas se vislumbra, y la casualidad no tiene cabida. Todo lo que ocurre es una manifestación de la naturaleza divina.

RACIONALISMO

Hacia 1660 – 1661 Spinoza escribió el Tractatus de intellectus emendatione –TIE- (Tratado sobre la reforma del entendimiento), el cual quedó inconcluso. Según el TIE, hay 4 formas de conocimiento: por la mera transmisión verbal; por la experiencia; a partir de propiedades esenciales de las cosas; y  por la intuición de la esencia de las cosas. Para Spinoza, igual que para Descartes, el conocimiento más fiel es el último: el pensamiento puro y matemático.

TRACTATUS THEOLOGICO-POLITICUS

En 1665 Spinoza dejó de trabajar en su Ética para escribir el Tractatus Theologico – politicus (Tratado teológico-político) (TTP). El TTP es una lectura crítica del Tanaj. El Tanaj no es la palabra de Dios, sino un conjunto de libros de varios autores mayoritariamente desconocidos escritos en diferentes épocas. Spinoza defiende la libertad de pensamiento y expresión y la separación del Estado y la Iglesia. La religión debe ser personal, no un instrumento de poder del Estado.

El éxito del TTP fue espectacular: “En los primeros meses de 1670, apareció en Holanda un extraño libro (…) A las pocas semanas se lo leía en Alemania, Francia e Inglaterra. Pese al anonimato y al falso pie de imprenta (‘Hamburgi, apud Henricum Künraht, 1670’), no se tardó en averiguar que su autor era … Spinoza, y que el verdadero editor era … Rieuwertsz”(Introducción de Atilano Domínguez en Tratado teológico – político). La Iglesia calvinista holandesa vio en el TTP un verdadero peligro (¡tal vez el TTP haría pensar a la gente, qué horror!) y en 1674 prohibió la obra. Pero a pesar de su condena y prohibición, el TTP era muy solicitado y Rieuwertsz hizo todo lo posible por reeditarlo y distribuirlo (hubo dos ediciones antes de la prohibición oficial de 1674 y dos ediciones después de la prohibición oficial). En 1678 fue traducido al francés y publicado bajo tres falsos títulos. En 1689 se tradujo al inglés, en 1693 al holandés, en 1787 al alemán, en 1875 al italiano y en 1878 al español. Según Ferrater, la filosofía política de Spinoza es una defensa de la tolerancia religiosa e ideológica dentro del Estado, cuya misión es la realización de la justicia.” (Diccionario de grandes filósofos 2 ).

La teoría política de Spinoza debe mucho a Hobbes. Al igual que Hobbes, Spinoza  defiende la superioridad del Estado frente al poder de la Iglesia.

En el TTP Spinoza critica la superstición. La superstición existe porque la humanidad tiene miedo: “La causa que hace surgir, que conserva, y que fomenta la superstición es, pues, el miedo.” (TTP). El Tanaj fue escrito por hombres de carne y hueso. El Dios monoteísta no es mencionado. Para Spinoza, el fin del Tanaj y del Nuevo Testamento es la obediencia. Los fieles no razonan, sino que tan sólo obeceden: “hemos dicho que el único objeto de la Escritura era enseñar la obediencia. Esto nadie lo puede discutir. ¿Quién no ve … que uno y otro Testamento no son otra cosa que una doctrina de obediencia y que tan sólo intentan que los hombres obedezcan de corazón? Pues … Moisés no procuró convencer a los israelitas por la razón, sino obligarlos con la alianza, juramentos y beneficios y, después, amenazó al pueblo con penas y lo exhortó con premios para que obedeciera a las leyes; … Por su parte, la doctrina evangélica no contiene nada más que la simple fe, es decir, creer a Dios y reverenciarlo o, lo que es lo mismo, obedecerle (…) la fe no exige tanto la verdad cuanto la piedad y sólo es piadosa o salvífica en razón de la obediencia, y … por consiguiente, nadie es fiel más que por la obediencia.” (TTP).

En el TTP, Spinoza separa la teología de la filosofía. La filosofía se dirige a la búsqueda de la verdad; la fe pretende educar a la masa: “entre la fe o teología y la filosofía no existe comunicación ni afinidad alguna … pues se diferencian radicalmente. En efecto, el fin de la filosofía no es otro que el de la verdad; en cambio, el de la fe … no es otro que la obediencia y la piedad” (TTP).

Spinoza critica la hipocresía de los creyentes que hablan de amor y piedad, pero que actúan mezquina y cruelmente. Esta crítica sigue vigente hoy en día, en pleno siglo XXI: “Me ha sorprendido muchas veces que hombres, que se glorían de profesar la religión cristiana … se atacaran unos a otros con tal malevolencia y se odiaran a diario con tal crueldad, que se conoce mejor su fe por estos últimos sentimientos … Tiempo ha que las cosas han llegado a tal extremo, que ya no es posible distinguir quién es casi nadie –si cristiano, turco, judío o pagano-, a no ser por el vestido y por el comportamiento exterior, o porque frecuenta esta o aquella iglesia o porque, finalmente, simpatiza con tal o cual opinión y suele jurar en nombre de tal maestro.” (TTP). Desgraciadamente, la religión siempre ha sido un pretexto para atacar y perseguir al diferente. Onfray describe genialmente cómo la fe idiotiza y priva a la gente de pensar por sí misma. Desgraciadamente, la religión, históricamente, ha sido la causa primera de exclusión, condenas, torturas y matanzas.

Spinoza critica el fanatismo y hace un llamado a la tolerancia religiosa: “aquellos  que desprecian completamente la razón y rechazan el entendimiento … son precisamente quienes cometen la iniquidad de creerse en posesión de la luz divina. Claro que, si tuvieran el mínimo destello de esa luz … aprenderían a rendir culto a Dios con más prudencia y se distinguirían, no por el odio que ahora tienen, sino por el amor hacia los demás; ni persiguirían tampoco con tanta animosidad a quienes no comparten sus opiniones, sino que más bien se compadecerían de ellos, si es que realmente temen por su salvación y no por su propia suerte.” (TTP). Spinoza defiende la libertad de opinión. La fe individual debe medirse por las obras de cada uno, no por las palabras: “hay que dejar a todo el mundo la libertad de opinión y la potestad de interpretar los fundamentos de la fe según su juicio, y que sólo por las obras se debe juzgar si la fe de cada uno es sincera o impía” (TTP). A la razón le corresponde el “reino de la verdad y la sabiduría” y a la teología, “el reino de la piedad y la obediencia” (TTP).

KORTE VERHANDELING VAN GOD, DE MENSCH EN DESZELFS WELSTAND (TRATADO BREVE SOBRE DIOS, EL HOMBRE Y SU FELICIDAD)

Redactado probablemente entre 1656 y 1661, el Tratado breve sobre Dios, el hombre y su felicidad contiene el bosquejo de las ideas fundamentales de la Ética: la prueba de la existencia de Dios, la demostración de la sustancia con sus infinitos atributos, las ideas del bien y del mal, la predestinación, la naturaleza del hombre, las pasiones, la razón y la felicidad. El Tratado breve fue por primera vez publicado en latín en Amsterdam en 1862; su traducción holandesa se publicó en 1869, también en Amsterdam: “El Korte Verhandeling comienza con la prueba de la existencia de Dios, pero el Dios cuya existencia se prueba no es el Dios personal de las religiones tradicionales, el Dios bondadoso o justiciero que se preocupa por nosotros, que imparte órdenes, premios y castigos, sino un Dios filosófico, una sustancia infinita con infinitos atributos, de la cual todas las cosas son meros modos. Dios no está separado de la naturaleza, sino que toda naturaleza fluye de Dios con necesidad absoluta, e incluso se identifica con Dios. El conocimiento de Dios es el conocimiento de la naturaleza, en que consiste también el amor a Dios y la felicidad humana. (…) Todo en la naturaleza, incluidas nuestras acciones, está estrictamente determinado por las leyes de la naturaleza, es decir, fluye necesariamente de Dios. El bien y el mal no son nada en sí mismos, son meros entes de razón. Las cosas y acciones sólo son buenas o malas con respecto a nuestras expectativas, concepciones e ideales.” (Mosterín, Los judíos).

El Tratado breve consta de dos partes. En la primera parte, Spinoza habla sobre la naturaleza de Dios y sus atributos. En la segunda parte, sobre la existencia del hombre y sus pasiones, su razón y su libertad. La primera parte consta de 10 capítulos: “Si existe un Dios, decimos que … puede ser demostrable, ante todo, a priori … Todo lo que nosotros entendemos clara y distintamente que pertenece a la naturaleza de una cosa, lo podemos afirmar también con verdad de esa cosa (…) que la existencia pertenece a la naturaleza de Dios, lo podemos entender clara y distintamente (…) Las esencias de las cosas son desde toda la eternidad y permanecerán inmutables por toda la eternidad. La existencia de Dios es esencia (…) A posteriori … Si el hombre tiene una idea de Dios, Dios debe existir formalmente. Ahora bien, el hombre tiene una idea de Dios.” (TB).

La segunda parte consta de 26  capítulos. Spinoza habla del amor y del odio: “El amor no es nada más que gozar de una cosa y unirse con ella (…) El amor nace… del concepto y del conocimiento que tenemos de una cosa. Y cuanto mayor es la cosa, tanto mayor y más excelente es en nosotros el amor (…) El amor es de tal naturaleza que jamás intentaremos (como lo hacemos con … las otras pasiones) liberarnos de él. Y ello por dos razones: porque es imposible y porque es necesario que no nos libremos de él. Imposible, porque él no depende de nosotros, sino tan sólo del bien y utilidad que descubrimos en el objeto. Ya que, si no quisiéramos amar nada, sería necesario que antes no conociéramos nada, lo cual no depende de nuestra libertad: porque si no conociéramos nada, sin duda tampoco seríamos nada (…) El odio es una inclinación a desechar de nosotros algo que nos ha causado algún mal (…) el odio es una turbación del alma contra alguien que nos ha hecho mal voluntaria y conscientemente.” (TB).

Spinoza describe brillantemente la alegría, la tristeza, el aprecio, el desprecio, el orgullo, la humildad, la soberbia, la falsa humildad, la esperanza, el temor, la seguridad, la desesperación, la fluctuación, el coraje, la valentía, la emulación, la pusilanimidad, el miedo, los celos, el remordimiento, el arrepentimiento, la burla, la broma, la risa, la envidia, la cólera y la indignación, la honra, la vergüenza, la desvergüenza, el reconocimiento, la gratitud, la ingratitud y el pesar.

Según Spinoza la fe verdadera y la razón nos conducen al conocimiento del bien y del mal. Las pasiones buenas son esenciales y necesarias; las pasiones malas, absolutamente innecesarias: “todas las pasiones que son buenas, son de tal índole y naturaleza, que no podemos ni existir ni subsistir sin ellas, y … nos pertenecen de algún modo esencialmente, como sucede con el amor, el deseo y todo lo que es propio del amor (…) Cosa muy distinta sucede … con aquellas que son malas y dignas de ser rechazadas por nosotros, ya que no sólo podemos muy bien existir sin ellas, sino que sólo somos propiamente lo que nos corresponde ser, cuando nos hemos liberado de ellas.” (TB).

Spinoza niega la existencia del demonio. Si el demonio no posee nada de Dios significa que es la nada mima y, por tanto, no existe: “Si el demonio es una cosa totalmente contraria a Dios y no tiene absolutamente nada de Dios, viene a coincidir exactamente con la nada (…) si no hay necesidad alguna de tener que afirmar la existencia de los demonios, ¿por qué se afirma que existen? Pues nosotros no tenemos, como otros, necesidad de suponer la existencia de los demonios para hallar las causas del odio, la envidia, la ira y otras pasiones similares, puesto que hemos encontrado suficientes sin tales ficciones.” (TB).

ETHICA ORDINE GEOMETRICO DEMOSTRATA (ÉTICA DEMOSTRADA DE UN MODO GEOMÉTRICO)

Para Russell y para mucho otros filósofos, Spinoza es el filósofo más noble que jamás ha existido, con una ética suprema. Spinoza tuvo la virtud de vivir conforme a su doctrina: “Spinoza (…) is the noblest and most lovable of the great philosophers. Intellectually, some others have surpassed him, but ethically he is supreme. (…) Spinoza’s Ethics deals with three distinct matters. It begins with metaphysics; it then goes on to the psychology of the passions and the will; and finally it sets forth and ethic based on the preceding metaphysics and psychology. The metaphysic is a modification of Descartes, the psychology is reminiscent of Hobbes, but the ethic is original, and is what is of most value in the book.” (Russell, History of Western Philosophy).

Según Robert C. Solomon & Kathleen M. Higgins, la Ética de Spinoza es una sincera proposición acerca de cómo vivir mejor, una solución al aislamiento y la soledad, una respuesta al sufrimiento y a la frustración de la vida: “La obra más importante de Spinoza es la Ética, un título que suele confundir a los lectores, que abren el libro esperando una filosofía de la vida y se encuentran con una espinosa maraña de prosa aliñada a modo de tratado geométrico, con sus axiomas, teoremas, corolarios y pruebas. Sin embargo, las apariencias engañan. Descartes introdujo sus demostraciones lógicas en el acogedor contexto de una meditación … pero la filosofía de Descartes es cualquier cosa menos íntima (…) Spinoza, por el contrario,  disfraza su angustia personal … en el estilo más formal y deductivo posible.” (Breve historia de la filosofía).

Para Spinoza, no tiene sentido desear lo que no está determinado que tengamos. Es muy importante aprender a controlar nuestras emociones, y la aceptación ayuda a controlar las emociones. A diferencia de los estoicos, Spinoza no rechaza las emociones, sino que propone vivirlas y aprender a aceptarlas.

Para Spinoza lo bueno es lo útil. El error es una falta de conocimiento. El odio aumenta cuando es recíproco, y por otro lado puede sin ser destruido por el amor. Spinoza, al igual que Sócrates y Platón, cree que todas las “malas” acciones son debidas a un error intelectual. El hombre que entiende sus circunstancias actuará sabiamente. El individuo debe vivir de acuerdo con la razón. Las emociones que nacen de ideas inadecuadas se llaman pasiones.

El ser humano es mortal. Pero lamentarse por la muerte es, según Spinoza, una pérdida de tiempo. Obsesionarse con la idea de la muerte o temer la enfermedad y la desgracia es una una verdadera esclavitud y no sirve para nada. Spinoza invita a que nos preocupemos por la vida, y no por la muerte.

En 1675 Spinoza acabó su Ethica ordine geometrico demostrata, obra en la que llevaba trabajando unos 10 años. La Ética es una obra fascinante que consta de 5 partes: Parte Primera: De Dios; Parte Segunda: De la naturaleza y origen del alma; Parte Tercera: Del origen y naturaleza de los afectos; Parte Cuarta: De la servidumbre humana, o de la fuerza de los afectos; Parte Quinta: Del poder del entendimiento o de la libertad humana.

Spinoza hace uso de definiciones, axiomas, postulados, proposiciones, demostraciones, lemas, escolios y corolarios, lo que hace que la lectura sea muy clara.

En la Parte Primera, Spinoza habla de Dios, un dios que no es antropomórfico, sino que lo es todo y que todo lo envuelve: “[Dios] existe necesariamente; … es único; … es y obra en virtud de la sola necesidad de su naturaleza; … es causa libre de todas las cosas; … todas las cosas son en Dios y dependen de Él, de suerte que sin Él no pueden ser ni concebirse; … todas han sido predeterminadas por Dios … en virtud de la libertad de la naturaleza de Dios, o sea, su infinita potencia (…) Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.” Según Spinoza, Dios existe “necesariamente”: es la causa primera y es eterno.

En la Parte Segunda, Spinoza habla de los atributos de Dios, de la naturaleza del hombre y de la naturaleza del alma: “Entiendo por cuerpo un modo que expresa … la esencia de Dios, en cuanto se la considera como cosa extensa (…) Entiendo por idea un concepto del alma, que el alma forma por ser una cosa pensante (…) Por realidad entiendo lo mismo que por perfección.” El pensamiento y la extensión son algunos de los infinitos atributos de Dios. La sustancia es infinita, inmutable e indivisible: “la esencia del hombre está constituida por ciertas modificaciones de los atributos de Dios”. Según Spinoza, el alma humana es una parte del entendimiento infinito de Dios.

En la Parte Tercera, Spinoza habla de la naturaleza y fuerza de los afectos y de la potencia del alma sobre ellos: “Por afectos entiendo las afecciones del cuerpo, por las cuales aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada, la potencia de obrar de ese mismo cuerpo, y entiendo, al mismo tiempo, las ideas de esas afecciones (…) si podemos ser causa adecuada de alguna de esas afecciones, entonces entiendo por ‘afecto’ una acción; en los otros casos, una pasión.” Las ideas del alma humana son a veces “adecuadas y otras mutiladas y confusas”. Las ideas adecuadas nos hacen obrar; las ideas inadecuadas nos hacen sufrir y nos dificultan la acción: “Las acciones del alma brotan sólo de las ideas adecuadas; las pasiones dependen sólo de las inadecuadas.”

Spinoza jamás defendería los sentimientos y las acciones autodestructivas. Él lo tiene claro: el que ama debe esforzarse por conservar a aquél que ama; y el que odia debe esforzarse por apartarse de aquél que odia. Así de simple. El amante se alegra si el amado siente alegría, y se entristece si el amante siente tristeza. El amante también ama aquello o aquél que le da alegría al amado.

Spinoza describe las diferentes pasiones humanas: la envidia, la soberbia, la sobreestimación, el menosprecio, la benevolencia, la ambición, la humanidad, la alabanza, el vituperio, la gloria, la vergüenza, el arrepentimiento, el temor, el miedo, el pudor, la consternación, la ira, la venganza, el agradecimiento o gratitud y la crueldad. Cito aquí varias, ya que  las descripciones son muy acertadas e interesantes: “la soberbia es una alegría surgida del hecho de que el hombre se estima en más de lo justo (…) Esa voluntad o apetito de hacer el bien, que surge de nuestra conmiseración hacia la cosa a la que queremos beneficiar, se llama benevolencia (…) Este esfuerzo por hacer algo (y también por omitirlo) a causa solamente de complacer a los hombres, se llama ambición, sobre todo cuando nos esforzamos por agradar al vulgo con tal celo que hacemos u omitimos ciertas cosas en daño nuestro o ajeno; de otro modo, suele llamarse humanidad (…) a la alegría acompañada de la idea de una causa exterior la llamaremos gloria, y vergüenza, a la tristeza contraria (…) llamaré contento de sí mismo a la alegría acompañada de una causa interior, y arrepentimiento a la tristeza contraria (…) El esfuerzo por inferir mal a aquel a quien odiamos se llama ira, y el esfuerzo por devolver el mal que nos han hecho se llama venganza (…) el esfuerzo por hacer bien a quien nos ama y se esfuerza … en hacernos bien, se llama agradecimiento o gratitud (…) si prevalece el odio, se esforzará por hacer mal a aquel por quien es amado. Este afecto se llama crueldad.

El hombre juzga lo bueno y lo malo según el afecto que nos produce: “nosotros no deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que lo llamamos ‘bueno’ porque lo deseamos, y, por consiguiente, llamamos ‘malo’ lo que aborrecemos. Según eso, cada uno juzga o estima, según su afecto, lo que es bueno o malo, mejor o peor, lo óptimo o lo pésimo. Así, el avaro juzga que la abundancia de dinero es lo mejor de todo, y su escasez, lo peor. El ambicioso … nada desea tanto como la gloria, y nada teme tanto como la vergüenza. Nada más agradable para el envidioso que la desgracia ajena, ni más molesto que la ajena felicidad.”

¿El odio aumenta o se apacigua con el odio? “El odio aumenta con un odio recíproco, y puede, al contrario, ser destruido por amor”, dice Spinoza.

La naturaleza de las pasiones viene condicionada por el objeto que produce las pasiones: “Hay tantas clases de alegría, tristeza y deseo y … hay tantas clases de cada afecto compuesto de ellos –como la fluctuación del ánimo- , o derivado de ellos –amor, odio, esperanza, miedo … como clases de objetos que nos afectan”. Así, la gula, la embriaguez, la lujuria, la avaricia y la ambición son diferentes denominaciones del amor o el deseo: “por gula, embriaguez, lujuria, avaricia y ambición no entendemos sino el inmoderado amor o deseo de comer, de beber, de copular, de riquezas o de gloria.”

En la Parte Tercera, Spinoza describe genialmente los 48 afectos humanos: el deseo, la alegría, la tristeza, el asombro, el desprecio, el amor, el odio, la inclinación, la repulsión, la devoción, la irrisión, la esperanza, el miedo, la seguridad, la desesperación, la satisfacción, la insatisfacción, la conmiseración, la aprobación, la indignación, la sobreestimación, el menosprecio, la envidia, la misericordia, el contento de sí mismo, la humildad, el arrepentimiento, la soberbia, la abyección, la gloria, la vergüenza, la frustración, la emulación, el agradecimiento o gratitud, la benevolencia, la ira, la venganza, la crueldad, el temor, la audacia, la pusilanimidad, la consternación, la humanidad o modestia, la ambición, la gula, la embriaguez, la avaricia y la libídine: “El deseo es la esencia misma del hombre en cuanto es concebida como determinada a hacer algo en virtud de una afección (…) La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección (…) La tristeza es el paso del hombre de una mayor a una menor perfección (…)  El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior (…) El odio es una tristeza acompañada por la idea de una causa exterior (…) La esperanza es una alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo (…) El miedo es una tristeza inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo.”

En la Parte Cuarta, Spinoza habla de la virtud, la cual define como “la misma esencia o naturaleza del hombre”. El alma desea conocer. Lo útil es aquello que lleva al conocimiento. Vivir bajo la guía de la razón es la tarea del hombre virtuoso. Por ello Spinoza menosprecia el arrepentimiento: “El arrepentimiento no es una virtud … no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable o impotente.” Para Spinoza lo bueno es aquello que ayuda al hombre a vivir una vida racional: “No hay … vida racional sin conocimiento adecuado, y las cosas sólo son buenas en la medida en que ayudan al hombre a disfrutar de la vida del alma (…) son … malas las que impiden que el hombre pueda perfeccionar su razón y disfrutar de una vida racional.”

Aquí se encuentra la famosa proposición LXVII, la cual lanza un rayo de esperanza a todos aquellos que tememos a la muerte: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida (…) Un hombre libre, esto es, un hombre que vive sólo según el dictamen de la razón, no se deja llevar por el miedo a la muerte.”

En la Parte Quinta, Spinoza habla del poder del entendimiento, y de la manera de alcanzar la libertad. La razón tiene el poder de regir y reprimir los afectos. La libertad del alma es la felicidad. Y la felicidad consiste en un constante y eterno amor a Dios. Pero ya que Dios se encuentra en todo lo que vive, la felicidad consistirá en un constante y eterno amor hacia los demás hombres y hacia todo lo que nos rodea.

Spinoza critica la absurda teoría de Descartes de la unión del alma y el cuerpo mediante la glándula pineal: “Descartes … admite que … el alma está unida principalmente a cierta parte del cerebro, a saber, la llamada glándula pineal, por cuyo medio el alma percibe todos los movimientos que se suscitan en el cuerpo … Concluye de ello que ningún alma es tan débil que no pueda … adquirir un absoluto poder sobre sus pasiones. Pues éstas, tal como él las define, son percepciones, sentimientos o emociones del ánima, que se refieren especialmente a ella y que … son producidas, mantenidas y robustecidas por algún movimiento de los espíritus (…) no puedo dejar de asombrarme de que un filósofo que había decidido firmemente no deducir nada sino de principios evidentes por sí, ni afirmar nada que no percibiese clara y distintamente … parta de una hipótesis más oculta que cualquier cualidad oculta. Pues ¿qué entiende, me pregunto, por ‘unión’ de alma y cuerpo?”. Spinoza cree que el alma no muere del todo cuando el cuerpo muere.

Los afectos son pasiones. Pero dejan de ser de ser pasiones cuando lo entendemos: “Un afecto que es una pasión deja de ser pasión tan pronto como nos formamos de él una idea clara y distinta.”

CONCLUSIÓN

Spinoza es considerado hoy en día uno de los grandes pensadores de la fiosofía occidental. Su contribución a la ética y al criticismo bíblico moderno es enorme. Su obra revela la influencia de doctrinas y autores tan dispares como el estoicismo, el racionalismo judío, Machiavelli, Hobbes y Descartes; por esta razón, Spinoza es difícil de clasificar, aunque es a menudo considerado, junto a Descartes y Leibniz, uno de los grandes racionalistas del siglo XVII.

La filosofía es para Spinoza la única forma de conocimiento completa y esencial.

Las doctrinas de Spinoza se mantuvieron en un círculo cerrado en Holanda durante casi 100 años, hasta que salieron a la luz a finales del siglo XVIII. Con el auge del romanticismo alemán, la figura de Spinoza fue rescatada y ensalzada por Goethe, Herder, Schelling y Hegel.

La valentía de Spinoza es sorprendente. Aunque viviera en Holanda, un país intelectual, cultural y abierto, la represión del Estado y la Iglesia seguían siendo brutales. La crítica que Spinoza lanza en el TTP es admirable: “el gran secreto del régimen monárquico y su máximo interés consisten en mantener engañados a los hombres y en disfrazar, bajo el especioso nombre de religion, el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si se tratara de su salvación (…) es totalmente contrario a la libertad de todos adueñarse del libre juicio de cada cual mediante prejuicios” (TTP).

Russell opina que la metafísica de Spinoza no es válida, ya que contradice el método científico: “We cannot believe that the interconnections of the parts of the universe are logical, because we hold that scientific laws are to be discovered by observation, not by reasoning alone (…) Spinoza thought that the nature of the world and of human life could be logically deduced from self-evident axioms; (…) The whole of this metaphysic … is incompatible with modern logic and scientific method“. (History of Western Philosophy).

La ética de Spinoza es un remedio para los males del corazón humano, y una solución para un mayor conocimiento del ser humano, sus pasiones y las relaciones entre los seres humanos.

Spinoza defiende un determinismo que no puedo aceptar. ¿Todo lo que ocurre ocurre por necesidad? Siguiendo a Sartre, pienso que nada ocurre por necesidad. Somos seres existenciales y definimos nuestra vida, con nuestra libertad y nuestra responsabilidad. En el universo no rige ni Dios ni el bien ni el mal, sino sólo la casualidad (y la buena o la mala suerte). No podemos elegir no tener una enfermedad terminal o no morir, pero podemos elegir cómo afrontamos una tragedia, como muy bien dice Viktor Frankl. El mal y el bien existen, pero aquí en la Tierra, y como consecuencia de las acciones de los hombres. No considero que el universo sea ni bueno ni malo. La moral es una invención humana. En todo caso, como muy bien dice Russell, el hecho de pensar que el hombre y sus miserias son una parte minúscula del universo infinito, reconforta un poquito. De todas maneras, opino que esta reflexión no quita el dolor a una madre que ha perdido a su hijo, a un niño que no tiene qué comer, a un hombre que ha sido torturado o a un anciano que ha visto perecer bajo las bombas a toda su familia. Cada uno vive un gran mundo en su pequeño y minúsculo mundo: “The problem for Spinoza is easier than it is for one who has no belief in the ultimate goodness of the universe. Spinoza thinks that, if you see your misfortunes as they are in reality, a part of the concatenation of causes stretching from the beginning of the time to the end, you will see that they are only misfortunes to you, not to the universe, to which they are merely passing discords heightening an ultimate harmony. I cannot accept this; I think that particular events are what they are, and do not become different by absorption into a whole. Each act of cruelty is eternally a part of the universe; nothing that happens later can make that act good rather than bad, or can confer perfection on the whole of which it is a part. Nevertheless (…) Spinoza’s principle of thinking about the whole, or at any rate about larger matters than your own grief, is a useful one. There are even times when it is comforting to reflect that human life, with all that it contains of evil and suffering, is an infinitesimal part of the life of the universe. Such reflections may not suffice to constitute a religion, but in a painful world they are a help towards sanity and an antidote to the paralysis of utter despair.” (History of Western Philosophy).

Para acabar, cito aquí unas palabras de S. E. Frost. Sin compartir todas las ideas de Spinoza, su obra me ha servido para comprender, un poquito más, al ser humano, y para moldear, un poquito más, mis propias ideas sobre la vida y la muerte: “The history of philosophy is the story of how different philosophers have woven different patterns, proposed different solutions to the puzzle that is human experience. One philosopher will offer his solution and many will hail it as the answer. But it will not be long before another philosopher will discover and point to errors in his pattern, will reveal gaps and distortion, and will propose a somewhat different solution, one which seems to him more nearly perfect. He, in turn, will be followed by another who repeats the process. (…) Thus, in a real sense, you and I can stand on the shoulders of all Great Philosophers of the past. As we too look out upon the world, we can build our philosophies wih the benefit of their experiences and advice. We can learn from them, and by learning can make our picture more accurate and complete. Each philosopher says to us: ‘Here is what the universe of human experience means to me, and here are the mistakes which I have found in the other philosophers who have preceded me (…) Take it and begin your thinking from here.’ You and I stand at the apex of centuries of struggling with the great problems of mankind. Behind us are great minds who offer us the service  of their experience and thought. Indeed, we should be greater philosophers than any of the past since we have all the past to help us. Let us, then, consider what these of the past tell us. Let us ponder their advice carefully. And let us carry on from where they have had to stop. This is the way to progress and to a more perfect philosophy.” (Basic teaching of the great philosophers).

Antonia Tejeda Barros, Sevilla, febrero de 2009



BIBLIOGRAFÍA

Ferrater Mora, José, Diccionario de filosofía de bolsillo 1, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983.

Ferrater Mora, José, Diccionario de filosofía de bolsillo 2, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983.

Ferrater Mora, José, Diccionario de grandes filósofos 2 (K – Z), Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1986.

Frost, Jr., S. E., Basic teaching of the great philosophers, Barnes & Noble, Inc., New York, 1942.

Mosterín, Jesús, Los judíos, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2006.

Onfray, Michel, Antimanual de filosofía, Editorial Edaf S. L., Madrid, 2007.

Romero, Elena & Macías, Uriel, Los judíos de Europa, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2005.

Russell, Bertrand, History of Western Philosophy, Routledge Classics, London, 2004

Silvani, Laura, Historia de la filosofía, Editorial Óptima, S. L., Barcelona, 2003.

Solomon, Robert C. & Higgins, Kathleen M., Breve historia de la filosofía, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1999.

Spinoza, Baruch, Ética, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2007.

Spinoza, Baruch, Tratado breve, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1990.

Spinoza, Baruch, Tratado teológico – político, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1986.


LA ÉTICA DE SPINOZA






Para Bergson todo filósofo tiene dos filosofías: la suya y la de Spinoza. Hegel fue un poco más radical (o entusiasta) al decir “Spinoza o la ausencia de filosofía”. Polémico y clásico, Spinoza es un autor ineludible para cualquier estudiante o interesado en la historia del pensamiento en occidente. La Ética demostrada según el orden geométrico de las cosas es la pieza clave que resume las teorías fundamentales de un pensador enigmático y original que, como todo buen filósofo, con sus respuestas a cuestiones inmanentes al quehacer filosófico formó escuela y fundó interesantes dudas. A continuación un somero resumen de la citada obra.

LA ÉTICA SEGÚN SPINOZA

La Ética de Spinoza se inspira en el modelo metodológico de las matemáticas y la geometría, eso significa que, para la exposición de sus ideas y la deducción de sus conceptos más importantes, utiliza el método sintético.

Partiendo de postulados, axiomas y definiciones cuya evidencia (por intuición inmediata) considera irrefutables, deduce conceptos y conclusiones más complejos. La preferencia por tal sistema de deducción sintética suele atribuirse a la influencia que Spinoza tuvo del racionalismo cartesiano, el cual inauguró la filosofía moderna planteando el problema del método a seguir para obtener un conocimiento verdadero antes de preocuparse por la verdad a conocer; primero definir las capacidades, los alcances y el procedimiento de la razón humana y después el descubrimiento del mundo.

Si el modelo del método geométrico es la herramienta intelectual de la Ética, el tema que la impulsa es la pregunta por el hombre: su naturaleza, su lugar y relación con el mundo que lo rodea, sus problemas morales, los alcances y límites de su razón y su libertad. Ya que el método geométrico consiste en una deducción a partir de principios elementales irrefutables (como el procedimiento matemático de Euclídes), Spinoza parte de dos bases: 1) la idea del universo real como un cuerpo organizado donde todas y cada una de sus partes están íntimamente conectadas según leyes que “son siempre y dondequiera las mismas, como la propia naturaleza es siempre, una y la misma, y la misma en todas partes su fuerza eficiente” 2) Definiciones precisas de los términos con los que el autor alude a tales leyes, lógicamente incuestionables y evidentes.


PRIMERA PARTE DE LA ÉTICA DE SPINOZA
1. La primera sección de esta obra fundamenta dicha visión del universo del cual, una de sus partes es el ser humano. La naturaleza, fuerza o Dios (“el nombre poco importa para el tema” -comenta el filósofo) que contiene las leyes de armonía universal es la sustancia infinita, necesaria y causa de sí a la que pertenecen incontables atributos y modos (seres particulares) en los que se manifiesta. Para Spinoza, el Dios o ser sustancial al que pertenecen y del cual parten todas las cosas está presente en todas ellas por lo que cada una es, al mismo tiempo, estados diversos de la misma sustancia. Dios no es para Spinoza solo “espíritu” ya que si uno de sus modos principales de manifestarse es la extensión -la corporeidad- también participa de ella en forma activa. Con ello Spinoza desaparece la oposición clásica entre espíritu y cuerpo: la materia es una constante de la existencia, es la realización concreta de los principios metafísicos. Ambas realidades no se excluyen, se complementan.

Como sustancia trascendente, Dios no es el creador del mundo. El mundo es una realidad inmanente en él. Dios es por tanto parte de todos los seres de este universo y a la inversa, o dicho de otra forma, Dios está y ES todas las cosas. Desde esta perspectiva Spinoza establece una unidad radical entre elementos que la tradición filosófica separaba pues su consecuencia inmediata es la negación de un Dios personal y creador. Cada ser humano es una manifestación de lo divino. Para establecer contacto con su origen debe establecer contacto consigo mismo. Panteísmo místico donde ser y pensar, episteme y ontos se igualan e implican necesariamente. El único conocimiento posible en tal mundo consiste entonces en reconocer la dependencia de lo particular hacia una esencia eterna e invariable. Conocer es pues, deducir por medio de la causa última el armazón armónico que rige las cosas en que es capaz de manifestarse: Todas.

Ahora bien, la ligazón de orden geométrico que envuelve todos los seres coloca a Dios a la cabeza de la ascendencia causal, sin embargo, Spinoza no lo comprende como un “primer motor” (Aristóteles). La naturaleza producto (natura naturata) de la fuerza inmanente a todo lo que existe (natura naturans) no tiene finalidad, meta ni voluntad.

Las causas finales son fantasía para Spinoza. Dios como ser libre que crea el mundo por propia voluntad, no existe. La causa del movimiento y el reposo al estilo clásico de Aristóteles, desaparece.

El resultado: Dios no puede prevenir ni conocer las cosas futuras. Las comprende al momento de crearlas, obedeciendo su propio impulso y necesidad pues “su esencia no es otra cosa que la existencia”.


SEGUNDA PARTE DE LA ÉTICA DE SPINOZA
2. Dilucidada la naturaleza primera o divina, Spinoza investiga la composición de la naturaleza humana, sus límites y posibilidades de conocimiento y el valor de las ideas. Dicho de otra forma, la segunda sección se ocupa de comprender el alma, exponer la teoría spinoziana del conocimiento y la relación mente y cuerpo.

Spinoza no pretende comprender el “ser” desde un cierto criterio de verdad, ni -como Heidegger- partir de él para fijar las leyes del conocimiento. Le interesa descubrir los elementos sustanciales del mismo que se revelan en los particulares. Como la sustancia de toda realidad es invariable y eterna, el análisis deductivo es la opción a seguir y si a cada modo o atributo corresponde una fuerza o idea fundamental, la noción de causalidad cósmica es la idea que sustenta a las demás: Neo-platonismo que comprende la enorme variedad de seres a partir de su origen intemporal ideal del que se derivan, esto es, conocimiento de sub specie aeternis, el más superior de los saberes posibles en el ser humano que consta de tres niveles básicos. El más elemental es el conocimiento imaginativo. El segundo en la escala es el conocimiento por la razón (descubre la sustancia primera por medio de los particulares). El último y más complejo es el que simboliza su Ética, por intuición y “según el orden geométrico de las cosas”.

A resguardo del principio elemental de “todo es uno y lo mismo” el alma humana, si bien no igual al cuerpo es una manifestación coincidente del mismo orden geométrico universal o sustancia. La primera no es posible sin el segundo. El hombre no es un cuerpo al que se le haya “inyectado” un alma o impulso vital, es un compuesto de dos atributos divinos, a saber, extensión y pensamiento. Juntos fomentan un evento (ser humano) que lleva la huella de la fuerza que los crea, pero sin llegar a ser idéntico. Alma y cuerpo nacieron juntos y se reintegran de igual forma a la sustancia. La eternidad personal por tanto no existe.

3 y 4. Compuesto de alma y cuerpo, el hombre accede a pasiones o afectos. Las secciones tercera y cuarta de la Ética estudian su origen de la misma forma que en las secciones anteriores, es decir, atendiendo al orden que las rige tomando en cuenta que el ser humano -parte de la naturaleza o sustancia- está inscrito a su vez dentro de un orden preestablecido que en cierta forma lo determina.

La “Geometría de las pasiones” analiza la influencia de las pasiones sobre la razón y el poder de la razón sobre las pasiones. Inicia aceptando como base el instinto de preservación de todos los seres (cupiditas) a partir del cual se derivan los dos afectos principales: la alegría (afecto que promueve la preservación y perfeccionamiento de la propia existencia) y la tristeza (afecto que promueve su destrucción). El hombre libre no es aquél que domina sus pasiones, es el que las comprende en toda su integridad, las acepta y, considerándolas útiles, se sobrepone a ellas. El hombre siervo es el incapaz de entenderlas y por tanto, de moderarlas y de sobrevivir con ellas.


“La naturaleza no hace más que seguir su orden necesario. Si el hombre quiere dominar las pasiones debe considerarlas como parte de la naturaleza humana y, por consiguiente, del orden universal en que figura ésta. Solo así podrá pasar de la servidumbre a la libertad, del mal al bien”. Bien y mal no son categorías morales, son ontológicas. El hombre bueno es el que lucha por preservar su ser -en eso consiste la mayor virtud para Spinoza- mientras el malo, lucha por lo contrario.

5. Por último, la quinta sección de la Ética se enfrenta al problema de la libertad humana. Ella existe en un radio mucho más amplio que la concepción geométrica y naturalista del universo parecieran dejar en un principio. La libertad radica en la adecuada influencia que el pensamiento pueda ejercer sobre las pasiones.

A mayor conocimiento que de ellas obtenga, mayores posibilidades de acción sobre las mismas. Las pasiones que se padecen (pasivo) se transforman en afectos (activos) más efectivos en contra de la servidumbre humana. Amor es alegría por el conocimiento de las causas. Conocerse a sí mismo clara y distintamente es conocer a Dios. Y eso es la más amplia libertad que un hombre puede experimentar: el amor intelectual de la sustancia, de la naturaleza y de sí. Comprensión integral que lo aleja de temores superfluos y lo acerca al verdadero conocimiento, a la vida, al eterno universal y a un libre albedrío total desde donde puede decidir qué tipo de armazón aporta a la larga cadena causal que lo sustenta y lo limita, mas nunca lo determinará absolutamente.

Octavio
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