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jueves, 11 de julio de 2013

Las armas de una poeta chilota





POR : Vivian Lavín Almazán

Rosabetty Muñoz conversó con Vuelan las Plumas cuando vino a presentar su libro Polvo de Huesos, una antología preparada por Kurt Folch editado por Ediciones Tácitas y ya se va….dejándonos confundidos, dolidos y extraviados en nuestros propios dolores y desarraigos.
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Claves: chiloé, educación, poeta, Rosabetty Muñoz

Rosabetty Muñoz viene a la ciudad por pocos días. Pareciera que las catedrales de cemento la espantan o que el aire contaminado la deja sin aliento. Parte rauda de regreso a su Chiloé natal. La ganadora del Premio Altazor 2013 por su libro Polvo de Huesos (Tácitas Ediciones, 2012) se sienta halagada con esta antología preparada por Kurt Folch y emprende vuelo, dejando la polvareda de versos filosos a su paso…

Para el lector inadvertido, podría extrañar que no menciones ni al Trauko ni a la Pincoya en tus versos, sin embargo, el paisaje humano y natural donde transitan sí lo está. Kurt Folch advierte en su prólogo que “los escritores chilotes siempre cargan con la mitología chilota”.

Debe ser porque durante tantos años, no solo yo, sino que muchos de los que escribimos en Chiloé, hemos tenido la precaución de ir caminando en una dirección que sea la de ir buscando aquellos elementos constitutivos esenciales y no caer en la trampa del estereotipo que quizás muchos quisieran ver en nosotros. La materialidad visible que caracteriza a  la cultura chilota sí es importante en nuestro imaginario pero no tiene valor si es que no está viva en la vivencia de lo cotidiano, por lo que yo extraigo de ahí lo que me es más significativo. Ese es el punto donde yo trabajo y no tengo necesidad de estar nombrando cierta mitología que ya está encarnada en nuestra forma de ser.

De ese paisaje donde extraes los elementos esenciales se ha producido un cambio. Lo vienes diciendo desde hace tiempo, como cuando dices en un verso del libro Hijo del año 1991: “…para contarte de esta isla/cómo era antes/ de los depredadores”.

El Chiloé de hace 20 años no tiene nada que ver con el de hoy. He tenido la experiencia, junto a mi generación, de vivir en ese tránsito, una infancia y una adolescencia muy impregnada de la cultura rural, de los parientes, de la vida comunitaria, de modo que viví la cultura chilota muy ligada a la tradición.

Y me tocó ver la transición al salir de la isla y volver a trabajar intencionadamente allá y encontrarme con una cultura donde los medios de comunicación han sido muy invasivos. Hablar de “un puente a Chiloé que lo invade todo” es un absurdo, las comunicaciones ya lo hicieron. El mall de Castro es una muestra, no solo es un adefesio sino que una agresión directa contra una forma de vivir. Se trata de un edificio que significa cambiar una estructura de vida y que se impone visiblemente ahora en una comunidad que hasta hace 20 años tenía otra manera de entender la realidad.

Polvo de huesos es una antología realizada por Kurt Folch, ¿cómo la recibes?

Es un trabajo muy minucioso de búsqueda en mis libros publicados pero también en libros inéditos. Kurt, junto al diseñador Miguel Naranjo y al editor Adán Méndez, hizo una tarea que me honra. Es un privilegio llegar a la cincuentena con una antología producto de una lectura seria de mi obra.

Tu vida y obra Rosabetty está marcada por la opción de vivir en un lugar, que es la Isla Grande de Chiloé. ¿Cómo se inserta la palabra, la literatura en un Chiloé tan maltratado?

Hay un grupo de escritores y artistas que intencionadamente quisimos quedarnos en la provincia. Es una decisión y gesto político de permanecer allá y hacer  nuestro aporte, desarrollar nuestro trabajo en el lugar donde creemos que tiene importancia y es pertinente lo que hacemos. Después de la literatura, la pedagogía es mi otro gran amor y no estoy dispuesta a hacerla si no es en la educación pública. Cuando me han ofrecido hacer mi taller en colegios particulares, respondo que los niños de esos colegios ya tienen suficientes privilegios por lo que quisiera hacerlo donde se necesita. Para la realización de este taller han confluido muchas variables: para el movimiento de 2006, los chicos, después de una prolongada toma, lograron que estos talleres fueran parte del “currículum”. De manera persistente desde hace ocho años, hemos tenido casi un tercio de la matrícula del Liceo inscrita en el taller literario, lo que es un récord. Esto tiene que ver con varias cosas. Primero, que descreo esto de que a los jóvenes no les gusta la literatura, lo que a ellos no les gusta es la forma en que se está enfrentando el territorio de la palabra. En el taller que hago, hay mucha conversación y, a veces, ni siquiera hablamos del libro pero sí de la vida, ya que es fundamental saber qué es lo que les está pasando, cómo están viendo la realidad, porqué usan ese lenguaje. Recojo muchas cosas de la calle y después las pongo en la conversación. Nada de sus vidas es ajeno al taller.

Hay una suerte de encarnación de la literatura…

Hay mucho de vida allí. Esto tiene que ver con la forma en que se enseña literatura y también lo que se espera de ellos. Me conforma con que haya un ambiente festivo en torno a la palabra…me enorgullecen el microclima que hay en su interior. Allí, hay libertad para transitar, para escribir debajo de una mesa si se quiere, eso no importa. Hay una actitud de escucha permanente del otro y no se ejerce violencia de ningún tipo, no se aceptan los garabatos, por ejemplo. Luego, quienes tienen talento, creatividad y ganas tienen la oportunidad de mostrar sus cosas y seguir creciendo más allá del taller, contactándonos por correo electrónico o juntándonos en un café…se generan espacios que trascienden la sala de clases y el Liceo. Los frutos son elocuentes: el año 2010, uno de ellos ganó el premio Roberto Bolaño como joven talento y otra chica ganó otro reconocimiento importante para participar en una instancia internacional. A nivel regional, hemos obtenido todos los premios y no es porque haya una receta, sino que es solo un espacio donde se desarrolla lo que los chicos traen. Ocurre en muchas partes que los profesores tienen demasiado trabajo como para desarrollar un taller así. Yo he podido hacerlo porque me he dedicado solo a esto. Es mi dedicación fundamental.

En 1981, decías en el poema Grito de una oveja descarriada: “Hay que salir  la calle/y zarandear a todo el mundo, traumatizarlos si es necesario./Cualquier cosa es mejor/ que verlos bailar salsa u otro similar/ al compás de los siglos”.

Este fue mi primer libro….y me cuesta un poco leerlo hoy. Estaba empezando pero no se me han quitado las ganas. Desde hace cinco años, por ejemplo, tengo una página completa en un diario regional donde escribo ad honorem y expongo los temas que son duros para Chiloé y sigo dando la pelea. También lo hago con mis estudiantes, todos los días reflexionamos para estar alerta. La educación es el vehículo que yo uso para dar la pelea.

Hoy también escribes en prosa poética… ¿cómo conviven con tu poesía?

Es algo extraño. Estoy entrando en un ámbito distinto que no había ocupado antes porque yo no suelo escribir sobre mi vida ni mis historias personales. Todos los libros anteriores tienen que ver con un papel social, una especie de interpretación de la comunidad con mucho interés sobre la invasión cultural a Chiloé y temas globales…y en estos últimos tiempos, he sido conquistada porque veo otra manera de hacer aparecer la memoria de este Chiloé en pérdida y tiene que ver con la memoria personal. Ciertas imágenes, pequeñas fotografías de lo que viví cuando niña y eso lo he tenido que decir de esta manera.

Ceremonia

El vestido de la novia cuelga de un cordel en el patio. Solo unos pasos más allá, sus compañeros de infancia carnean corderos para la celebración. La sangre brota abundante de las gargantas que aún palpitan mientras los niños la recogen en una palangana. Una de ellos ha estado llorando a escondidas pero eso no importa ahora. La casa que fue despoblándose de los suyos con los años, rebosa ahora de trajines, desfilan vestidos de fiesta en sus colgadores, trajes, corbatas, zapatos brillantes se alinean a la entrada de las habitaciones. La novia salió a recoger flores blancas y amarillas para su ramo y las ha puesto junto a los bolsos donde los padrinos tienen preparado el quinto. Lanzarán en la tarde, las monedas anunciando prosperidad aunque sean pocos los que se arrojen por ellas al suelo, aunque los espectros vean el metal escurrirse entre sus dedos de aire.

Este poema tiene un correlato bien directo. Hace dos años, una sobrina se fue a casar a una isla que se ha ido despoblando. Las casas están cerradas y si te asomas a las ventanas, ves las lavadoras, las camas montadas, el refrigerador pero la gente se ha ido siguiendo a los hijos que trabajan en Puerto Montt o en Castro… y quedan las casas con llave. Para ese matrimonio se abrieron muchas de esas casas. Volvió mucha gente a la isla para ese evento y era una imagen impresionante, volver a ver el pueblo lleno de vitalidad, fiesta como alguna vez lo fue y como le gusta a los chilotes. Los acontecimientos de la realidad se ordenan de un determinado modo como para que a mí me parezca, por ejemplo, que eso, el puro acto aquel de que abran las puertas de la casa, que empiece a salir humo de la cocina en una isla que está quedando sola, donde no hay agua casi, donde ya no queda leña ni trabajo para los jóvenes y solo queda gente muy mayor en un Chiloé que se está perdiendo, lo recoja. El trabajo de la poesía es dejar un testimonio, es el capital cultural guardado en estas páginas de los libros que uno escribe.

Rosabetty Muñoz conversó con Vuelan las Plumas cuando vino a presentar su libro Polvo de Huesos, una antología preparada por Kurt Folch editado por Ediciones Tácitas y ya se va….dejándonos confundidos, dolidos y extraviados en nuestros propios dolores y desarraigos.

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