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viernes, 20 de septiembre de 2013

GABRIELA MISTRAL POETA DE CHILE




INTRODUCCIÓN

Por Sergio Fernández Larraín

1. SOLO ALGUNOS JALONES DE SU APASIONADA EXISTENCIA

En la presente introducción no nos proponernos esbozar la apasionante vida de Gabriela Mistral, tantas veces abordada por ensayistas y escritores; ni mucho menos pretendemos adentrarnos en su creación literaria: en su poesía atormentada, o en su prosa magnífica. Dejarnos de lado, asimismo, su espíritu bíblico, que se enciende desde el nardo de las Parábolas hasta el adjetivo crudo de los Números y que aflora en el tono trágico y "bárbaro" de la desgarrada poesía de Desolación(1). Pasamos por alto su discutida ascendencia india, sol de los Mayas,... tatuador de casta de hombre y de leopardo(2); y su no menos discutida ascendencia hebraica, carne de dolores, raza judía, río de amargura(3); su entrega total a Cristo, el de las carnes en gajos abiertas, ... el de las venas vaciadas en ríos(4); su maternidad frustrada que quiso un hijo, allá en los días del éxtasis ardiente, en los que hasta (sus) huesos temblaron de (su) arrullo; la embriaguez de sus rondas infantiles: Piececitos de niño, azulosos de frío(6); su voluntad dispuesta siempre en consolación de los tristes, de los abandonados por la fortuna; su vocación de maestra, sencilla y profunda, que ha de conservar puros los ojos y las manos(7), y que implora su perdón al Señor, por llevar el nombre de maestra que El llevó por la tierra(8); su peregrinar incansable por todos los horizontes, bajo todos los soles y en todos los mares; su amor a la naturaleza, al encantamiento de las aguas, de los árboles, de la encina altiva y recia(9), del narciso o mirto en flor. Todo eso y mucho más queda a la vera de nuestro intento.

Tan sólo algunos jalones de su apasionada existencia, la mayoría relativos a su calidad de mujer entera y cabal, de carne y hueso, de espíritu y sentimiento; que sabe que el amor es amargo ejercicio(10)..., que se mueve en el viento como abeja de fuego y arde en las aguas(11); que es lo que está en el beso, y no es el labio; lo que rompe la voz, y no es el pecho..., amor que es un viento de Dios, que pasa (hendiendo) el gajo de las carnes, volandero(l2); amor que anda libre en el surco, que bate el ala en el viento / que late vivo en el sol y se prende al pinar... Amor que habla lengua de bronce y habla lengua de ave, / ruegos tímidos, imperativos de mar(13).
NACIMIENTO E INFANCIA

Tarea ardua y compleja la de penetrar en la entraña de esta mujer que de loca / trueca y yerra los senderos, / porque todo lo ha olvidado, / menos un valle y un pueblo. Así lo canta en su "Poema de Chile":

        El valle lo mientan "Elqui”
        y “Montegrande” mi dueño.(14)

Allí, en la apacible ciudad de Vicuña, ve la primera luz del alba el 7 de abril de 1889(15); en ese valle donde su flor guarda el almendro / y cría los higuerales / que azulan higos extremos, / para ambular a la tarde / con mis vivos y mis muertos(16).

El sol del Norte alumbra en paz y en hervor... el disco de carne que aprietan los treinta cerros donde su infancia mana leche de cada rama que quiebra, y se desliza entre la salvia y el romero(17), junto a la albahaca que bebe en tisana y el corazón alivia(18).

Crece bajo el nombre de Lucila, entre montañas, y nunca, nunca, las pierde, ni cuando fuese de día o de noche estrellada, ni aunque se viese en las fuentes la cabellera nevada.(19)

Yo soy del valle de Elqui-escribe al cubano Fernando Campoamor- y en esos valles cordilleranos, que son como magulladuras en el seno de las montañas, se vive oprimido por la ubicuidad de la tierra hecha de mole. Una tropieza a cada paso con montañas, se da en la frente, se lastima las manos.(20)

El valle de Elqui -reafirma en sus Recados- una tajeadura heroica en la masa montañosa... Tiene perfectas las cosas que los hombres pueden pedir a una tierra para vivir en ella: la luz, el agua, el vino, los frutos... Lengua que ha probado el jugo de su durazno y boca que ha mordido su higo morado, no será sorprendida en otra por mejor dulzura(21).

DE SU PADRE, LAS SANDALIAS ANDARIEGAS; DE SU MADRE, LA TERNURA

Sus padres: Jerónimo Godoy Villanueva y Petronila Alcayaga Rojas.

Don Jerónimo era oriundo de Atacama, la provincia más rebelde y legendaria del Norte de Chile(22). Era como un rey del país de los gitanos.  Tocaba la guitarra como un payador... Además tenía los ojos verdes. Hacía verso(23). Vagabundo impenitente, en 1892, cuando Lucila cumple los tres años, abandona el hogar, en pos de nuevas andanzas, de nuevos firmamentos.

Mi recuerdo de élescribe Gabriela a don Virgilio Figueroa- pudiese ser amargo por la ausencia, pero está lleno de admiración de muchas cosas suyas y de una ternura filial que es profunda(24).

Y de lo que no cabe duda es que Lucila heredó de su padre las sandalias andariegas, su carácter firme, su vocación de maestra, la vena poética y sus ojos verdes.

Su madre, doña Petronila, le entrega toda su abnegación y toda su ternura. Con cuánta emoción la define Gabriela en Lagar:

Mi madreera pequeñita / como la menta o la hierba; / apenas echaba sombra / sobre las cosas apenas ...(25)

Y con cuánta nostalgia la evoca en Lápida filial:
Amados pechos que me nutrieron / con una leche más que otra viva; / ojos que me miraron / con tal mirada que me ceñía; Y regazo ancho que calentó / con una hornaza que no se enfría; / mano pequeña que me tocaba / con un contacto que me fundía: / ¡resucitad, resucitad...!(26)

En los centenares de manuscritos autógrafos que conservamos de nuestro Premio Nóbel, a menudo nos cruzamos en sus paisajes cardenosos(27) con la huella dolorosa de la muerte de su madre. Así, en comunicación a Carlos Silva Vildósola(28): He tardado en escribirle porque mi ánimo lo he tenido en el suelo, con tierra y ceniza. Mi mamá ya con su conciencia a medias no me acompañaba con cartas, que su manita apenas podía garabatear; pero me hacía una presencia sobrenatural, me daba razón de vivir, me afirmaba en este mundo y estaba de este modo prodigiosamente ausente viva para mí. Me he quedado como una piedra que rueda sin sentido, como un papel de periódico viejo con el que hace lo que quiere el viento ...(29)

DE SU ABUELA, EL MANJAR FUERTE DE LA BIBLIA

En esta sucinta relación familiar, no podemos silenciar el nombre de su abuela paterna doña Isabel Villanueva, que luego de repudiar a su marido que, en el rescoldo de su madurez-, se ha amancebado con una sirvienta de su misma casa' pasa a residir en la cercanía de Compañía Baja, donde está su nieta esgrimiendo sus primeras armas en la enseñanza.

Mi abuela paterna -dirá Gabriela al final de sus días- era una mujer ancha, vigorosa, físicamente parecida a mí(30)

Los Domingos y demás días festivos, la abuela introduce a la maestra-niña en el manjar fuerte de la lectura bíblica: el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, las Lamentaciones de Jeremías y, muy en especial, en la belleza y en la armonía de los Salmos de David.

Libro mío -escribe Gabriela en 1919, en un ejemplar de la Biblia-, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón... Mis mejores compañeros no han sido gentes de mi tiempo, han sido los que tú me diste: David, Ruth, Job, Raquel y María.  Con los míos éstos son toda mi gente... Por David amé el canto, mecedor de la amargura humana. En el Eclesiastés hallé mi viejo gemido de la vanidad de la vida... Canción de cuna de los pueblos,... siempre me bastarás hasta colmar mi vaso hambriento de Dios(31).

Gabriela, que, como lo expresa Fernando Alegría, se hizo a golpes de hacha... transformó cada cicatriz en un labio agradecido y, comprendió así, la escritura divina(32).

De allí que a diferencia de Neruda, que navega en la superficie de las cosas, Gabriela nos las muestra sub specie aeternitatis, inmateriales e intangibles. Si evoca la Cruz de Cristo, recuerda que de toda sangre humana fresco está (su) madero(33), y odia su pan, su estrofa y su alegría, porque Jesús padece(34); si magnifica al pueblo hebreo, no olvida su selva de clamores(35), ni a Ruth moabita que va a espigar a las eras en un predio divino(36); y cuando mira la alameda, de otoño lacerada... y camina por la hierba... busca el rostro de Dios y palpa su mejilla(37).

Tal es el legado de la abuela, enigmática y silenciosa, doña Isabel Villanueva.

DE SU HERMANA, LA VOCACIÓN DE MAESTRA

Y junto a ella, Emelina, la medio hermana por parte de madre; la infortunada hija natural no reconocida por su progenitor(38); la desdichada y joven viuda(39); la madre desconsolada que pierde a su única hija, cuando sus manitas blancas, hechas como de suave ,o harina(40) apenas alcanzan a tocar la espiga.

Emelina con perdurable fervor le enseñó las primeras letras y le encendió el amor de su escuela; la hizo fuerte en su desvalimiento de mujer pobre y despreciadora de todo poder que no fuese puro; le aligeró la mano en el castigo y se la suavizó en la caricia; hizo de ella su verso perfecto(41).

SU SENTIMIENTO DEL AMOR, DE LA MUERTE

Todas las circunstancias que rodearon los primeros años de su niñez esculpieron su carácter en la dura piedra de la adversidad.

La propia palabra fatigada de Gabriela la manifiesta atribulada: Todo adquiere en mi boca un sabor persistente de lágrimas; / el manjar cotidiano, la trova / y hasta la plegaria(42).

Para nosotros -reflexiona Alone- Gabriela Mistral es una cosa: la pasión... Lo que en ella vale, se levanta y vibra, por encima del tiempo, es su amor y su dolor, la pasión eterna y las palabras inmortales con que la ha dicho(43).

La fuerza de Gabriela Mistral -había escrito doce años antes el insigne crítico chileno- está en su sentimiento del amor y de la muerte, esos dos polos de la especie humana(44).

Para García Oldini, en la exasperación del dolor se encuentra, precisamente, el gran valor poético de Gabriela, que se debilita cuando pasa a otra área.(45)

Con justicia, Mario Osses la bautiza: Poetisa de la pasión(46).

Y es que para Gabriela, su oficio no es otro que el callado de amar, y el de lágrimas, duro(47).

¡Dulce ser! En surío de mieles, caudaloso, / largamente abrevaba sus tigres el dolor. 1 Los hierros que le abrieron el pecho generoso / ¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!(48)

De su Pasión, con mayúscula; de sus amores y de su dolor, pasaremos a hablar, con circunspección y recato, no exentos de temor y encogimiento. La vida y la obra de nuestro Premio Nóbel no sólo rompen las fronteras de lo personal y de lo nacional, sino que trascienden, irrumpen y se adentran en la letra y el espíritu de la poesía universal.

II. UN ERROR QUE ES NECESARIO RECTIFICAR: ROMELIO, EL ÚNICO AMOR DE GABRIELA MISTRAL

Sin temor a equivocarnos, podemos asegurar que la mayor parte de los críticos o de los biógrafos de Gabriela Mistral sostienen que un solo amor encendió su vida atormentada y tempestuosa. Así, Fernando Alegría ve en lo medular de Desolación, la historia de- su grande y único amor(49). Laura Rodig, al mencionar a Romelio Ureta, lo consagra como el gran amor(50) de la insigne poetisa. Para Szmulewicz, después de él no hubo otro, al menos conocido con certeza(5l). Latchman asegura que el recuerdo del amante la persigue durante toda su vida(52). Hugo Montes y Orlandi nos hablan de la amargura intensa y trágica de un amor cercenado trágicamente cuando apenas empezaba. Anderson Imbert se refiere, como los demás, a su amor primero y único(54). Virgilio Figueroa en La Divina Gabriela insiste en que Romelio Ureta es su primero y único amor(55). Juan José de Soiza Reilly lo eleva a la categoría de un amor infinito. Terrible.  Fogoso. Sangriento(56). Y Armando Donoso pregona: Un amor, un amor, el amor único, enturbió la paz de sus horas.  Grande y apasionado debió ser cuando pudo desgarrar este corazón tranquilo y esta alma de mujer fuerte; grande y apasionado como cuantos amores se malogran cuando hacia ellos van, como en su correr las aguas turbulentas, todos nuestros anhelos y nuestras ilusiones(57).

¿Para qué seguir?

Hasta los más cautos lo mencionan como el gran amor de su vida, aun cuando no sostengan que sea el único.

Alone, el amigo predilecto de Gabriela Mistral, al incursionar en su vida y obra, con la maestría que le es característica, expresa: El amor que aquel joven le inspiró y la herida que le causó su muerte pueden considerarse el germen de todo lo demás que le ocurriría... incluso el Premio Nóbel(58).  Y en su Historia personal de la literatura chilena afirma que amó al suicida con pasión vehemente y dijo su dolor en versos inmortales(59).

Isauro Santelices, al dar a conocer las cartas cambiadas con Gabriela, sobre este mismo particular, manifiesta: ¡Fue una pasión romántica, ideal!  Más que amarla él, él fue amado por la tímida maestra, y este cariño al desaparecer el objeto de la pasión, se vuelve violento; la sombra cuenta más que cualquier real presencia(60).

Por nuestra parte, pretendemos probar que el amor de Romelio no sólo no fue el único en la vida de Gabriela, sino que ni siquiera fue el primero ni tampoco el último. Y probablemente, de este hecho fundamental emanan las contradictorias afirmaciones de la propia poetisa en lo que toca a su vida sentimental.

CUÁNDO Y DÓNDE SE INICIÓ EL AMOR CON ROMELIO URETA

La mayoría, por no decir la unanimidad de los biógrafos de Gabriela, coinciden que conoció al joven Ureta cuando aquélla se desempeñaba como profesora en la escuela de La Cantera, esto es, en 1906 o 1907. Con anterioridad, en 1905, había ocupado el cargo de ayudante en la Escuela Primaria de Compañía Baja(61), situada a tres kilómetros al Norte de La Serena y cuyo nombre arranca de la rica hacienda que en la Colonia cultivaron los sacerdotes de la Compañía de Jesús.

Lo anterior nadie lo discute y Lucila lo confirma.

Alone, en su Historia de Gabriela Mistral, que sirve de pórtico a la Antología que reúne los más hermosos poemas y trozos en prosa, seleccionados por la propia autora, afirma: El año 1905, antes de cumplir los dieciséis, obtuvo Lucila su primer puesto pedagógico, el de ayudante en la Escuela Primaria de La Compañía, aldea vecina de La Serena.  De allí pasó mds tarde a otra aldea próxima, La Cantera, donde estuvo hasta 1907(62).

Enseguida, la presenta como una muchachita alta y espigada, con lindas manos y finos pies, ojos verdes que en su tez trigueña prestaríanle encanto...(63).

Agrega Alone. Más tarde obtuvo un puesto en el Liceo de Niñas de La Serena... La Directora del Liceo la enviaba a la estación por la correspondencia: allá le vio. Llamábase Romelio Ureta, tenía siete años más que ella, y uno que afirma haberío conocido -se refiere al escritor Augusto Iglesias- lo describe “mediano” de estatura, bozo fanfarrón a manera de bigote, las puntas erguidas y calzado con unos zapatos de charol inverosímilmente agudos, de los que entonces solían llamar "lengua de vaca”. Desempeñaba en la Empresa de los Ferrocarriles el mismo cargo que, en la red sur, el padre de Pablo Neruda: era conductor de trenes.

Lo expuesto por Alone lo ratifica Gabriela Mistral en entrevista concedida a Jorge Inostrosa, en septiembre de 1954, al referirse a los Sonetos de la Muerte:

Esos versos -afirma Gabriela- fueron escritos sobre una historia real.  Pero Romelio Ureta no se suicidó por mí. Todo, aquello ha sido novelería. Romelio era un empleado de la estación de ferrocarril de Coquimbo; yo era profesora interina de una escuela de La Serena(65).

Aun cuando la declaración transcrita de Gabriela Mistral bastaría para cerrar el episodio del año y lugar de la iniciación de sus relaciones con Ureta, allegaremos otros juicios no menos autorizados.

Laura Rodig, su amiga incomparable, que la inmortalizó en la piedra y en el bronce, ha dejado estampado en sus Notas de un cuaderno de Memorias: De aquella escuela campesina de "La Compañía", Gabriela pasó a otra fiscal, a La Cantera, pero antes, hacia 1907, conoce al que fuera el gran amor: Romelio Ureta, de 22 años cuando ella tenía 18...(66).

Veamos qué dice González Vera, nuestro Premio Nacional de Literatura 1950, en su obra Algunos: Por necesidad se improvisa profesora en Compañía Bajo ... Nómbrasela secretaria e inspectora del Liceo de Niñas (de La Serena)... Parte de profesora al pueblo de La Cantera A la casa en que se hospeda acude u joven ferroviario ...(67).

Saavedra Molina, en su acucioso ensayo: "Gabriela Mistral: su vida y su obra”: Su padre era maestro en la enseñanza primaria... y maestra era su media y única hermana, Emelína, mucho mayor que Lucila, y su verdadero guía en la infancia. Por vocación o por imitación, Lucila fue también maestra primaria, ayudante en la escuela de La Compañía..., en donde comenzó su magisterio, a principios de 1905, cuando iba a cumplir dieciséis años. Después lo fue también en otra escuela próxima, en La Cantera, y hasta 1907.  Era entonces una muchacha alta, delgada, blanca, ligeramente rubia, de facciones agraciadas... Tenía ojos verdes y manos tan poco campesinas que alguien las comparó con un lirio... Durante este noviciado fue cuando se inició en 1906 el (evento) sentimental a que se refiere gran parte de Desolación...

El mismo Saavedra Molina, en el afán de desentrañar el misterio, se pregunta: ¿Cuándo y dónde el "cuervo ominoso” desgarró con su ala negra el corazón de esta inspirada?... La víctima ha guardado reserva en los detalles.  Pero investigadores diligentes han averiguado lo bastante para reconstruir el suceso con ayuda de los poemas(69).

Era en l9O6 –añade- y en una aldehuela del valle de Elqui, provincia de Coquimbo, tierra de poetas, soleada, flora, fervorosa. La poetisa tenía 17 años... Por entonces fue cuando amó a un joven: Romelio Ureta... y fue amada(70).

Ella tenía diecisiete años cuando lo conoció..., repite Anderson Imbert(71).

Isauro Santelices, en Mi encuentro con Gabriela Mistral: Se le designa en 1905 como Ayudanta de la Escuela de la Compañía Baja; de allá pasa a La Cantera. Es el año 1906; tiene diecisiete años.  Luce alta, espigada, con una expresión soñadora, un tanto ausente... Trenes... Un día llega el amor en uno de ellos”.

Páginas más adelante, Santelices precisa: Ureta conoció a Lucila Godoy Alcayaga cuando ésta desempeñaba su función de maestra en la pequeña escuela de La Cantera... Lucila... se enamoró de Romelio a primera vista... Se vieron muy de tarde en tarde(73).

Mario Ferrero en su acabado estudio Premios Nacionales de Literatura, al tratar a Gabriela Mistral, revela: Por esos mismos años -1905- y casi simultáneamente con su trabajo literario, comienza su labor pedagógica. Se inicia en la enseñanza como ayudante en la Escuela Primaria de Compañía Baja y al año siguiente pasa a la escuelita de La Cantera(74).

En lo tocante a su amor con Romelio Ureta, al par que Saavedra Molina -a quien cita- lo sitúa en el año 1906(75).

Fernando Alegría en Genio y figura de Gabriela Mistral, en su sección Cronología, anota: 1905. Es designada ayudante en la Escuela Primaria de Compañía Baja. 1906. Pasa a servir en la escuela de La Cantera. Entabla amistad con Romelio Ureta(76).

Norberto Pinilla en su Biografía de Gabriela Mistral: Fue durante el año 1907, a los 18 años de su edad, cuando conoció a Romelio Ureta, empleado de los Ferrocarriles. El idilio se desarrolló con todas las alternativas del sentimiento(77).

A fin de no cansar al lector con la reiteración de nuevas citas, cerraremos este episodio trascendental en la vida de Lucila Godoy, con el juicio de Ismael Edwards Matte, vertido en el artículo "Gabriela Mistral”, tan del agrado de la poetisa que lo escogió, entre otros, como Introducción a su Antología, seleccionada por ella misma y editada por Zig-Zag, en 1941(78).

Concreta Edwards Matte: Ejerció una ayudantía de escuela, por primera vez, en 1905, en La Compañía, aldea vecina a su ciudad natal. Después desempeñó igual cargo en La Cantera. un caserío blanco que se divisa desde el camino que une a Coquimbo con La Serena.  Corría entonces el año 1907... Fue durante permanencia en La Cantera que se desarrolló el idilio intenso romanticismo, cuyas vicisitudes, congojas y lágrimas culminaron en sus tres Sonetos de la Muerte, que más tarde habrían de abrirle las puertas de la fama.

Por aquel tiempo la joven maestra rural... conoció a Romelio Ureta, apuesto empleado del ferrocarril local, vivo de imaginación y de estampa varonil y bizarra.

De este conocimiento nació un recíproco amor..(79).

Fluye de lo expuesto hasta aquí que Lucila Godoy se inició enel magisterio en la escuela campesina de Compañía Baja, el año 1905, cargo para el cual fue designada a fines de 1904, por don Valentín Villalobos Bascuñan(80); que en 1906 pasa a la escuela de La Cantera en calidad de profesora primaria; y que en el curso del desempeño de este cargo o poco después, esto es, entre 1906 y 1907, conoció al joven Romelio Ureta Carvajal y se suscitó su

Desventurado romance.

III. EL PRIMER AMOR DE GABRIELA MISTRAL

En posesión de cinco apasionadas cartas de Lucila Godoy, suscritas en el curso del año 1905 y comienzos de 1906 en Coquimbo y La Compañía, dirigidas a un tal Alfredo, logramos, con la inapreciable colaboración de nuestro excelente amigo y, fino bibliófilo José Zamudio, precisar e individualizar a tu destinatario. Las mencionadas cartas las adquirimos al inspirado poeta y escritor chileno Hermelo Arabena Williams, quien a su vez las obtuvo del conocido coleccionista Enrique Blanchard Chessil(81), y éste, de la profesora serénense Rafaela Casas Cordero, el 22 de abril de 1931.

Constituyen el testimonio conmovedor del primer amor de Lucila, cuando contaba escasos quince abriles. Representan sus primeros ensueños y quimeras de adolescente, sus primeros andares en la senda del que más tarde llamará el amargo ejercicio de amar, un mantener los párpados de lágrimas mojados(82).

Las primeras letras enviadas a Alfredo están fechadas en La Compañía el 21 de marzo de 1905. Su contenido indica claramente que hubo otras anteriores. A mayor abundamiento, Lucila, en su carta de 23 de diciembre de 1905, en vísperas de Navidad y del nuevo año, dice: Enero de 1905 no quedara en mis recuerdos tan triste como Enero de 1906, lo que permite pensar que Lucila apenas llegó a La Compañía conoció a Alfredo, ya que hace referencia al 1º de enero de 1905, y sabemos que su primer artículo remitido a "El Coquimbo" desde esa localidad, aparece firmado en La Compañía el 17 de diciembre de 1904, bajo el título: Amor imposible(83).

ALFREDO VIDELA PINEDA, AMANTE DE LAS COSAS BELLAS

Adentrándonos en la personalidad de Alfredo, hemos conseguido establecer que se trata del rico hacendado Alfredo Videla Pineda, de rancia estirpe coquimbana, dueño de valiosas viñas en Samo(84), hombre fino, de maneras exageradamente delicadas y “femeniles” que se contradicen con la fama que tenía de gran seductor de damas de la región y de otras que llegaban desde Santiago.  Delgado y esbelto, habría heredado de sus padres, Vidal Videla Hidalgo y Petronila Pineda Miranda(85), la firme estampa de sus antepasados, los conquistadores(86).

Era Alfredo amante de las cosas viejas y bellas. Tenía alma de anticuario. Romántico, pintor y pianista. Interpretaba fielmente a Chopin, el enamorado de Valdemosa en la Balear Mayor de Raimundo Lulio.

Miguel Munizaga Iribarren, arca, cartulario y crónica viva de la tradición serénense, ha legado a la revista Familia, Vida y Confesiones de Gabriela Mistral, que ilumina muchos de sus episodios desconocidos u olvidados.

Volvamos sus páginas ya amarillas por el tiempo; 19 de junio de 1935. Allí leemos:

La Serena nace en la orilla misma del mar, y Coquimbo se escalona, como en las gradas de un anfiteatro, en unos cerros enormes y obscuros. Y entre la ciudad y el puerto, un sinnúmero de aldeas va alegrando el camino.  Y de éstas, la más pintoresca es La Cantera, con su treintena de casas blancas, pulcras, como vestidas para una fiesta. Y preside aquella vida frugal y campesina la iglesia lugareña, con su torre de líneas sencillas, primitivas.

Encontramos a Lucila Godoy -agrega- enseñando en la única escuela de La Cantera, la lección de cada día... Y hasta esta sala modesta y austera llega también el romance, el primero en la vida de la artista.

No podríamos precisar la época, ni en qué circunstancias conoce Lucila a don Alfredo Videla Pineda, serénense, nacido en 1866; pero Videla es asiduo visitante de La Cantera, y entre Lucila y él media una correspondencia que delata una amistad amorosa, nacida más que nada por afinidad de temperamentos.

Y más adelante, el acucioso cronista serénense nos proporciona un documento vivo de la relación de Lucila con Alfredo. Por esos días -expone- obsequió Lucila su retrato a Videla. Notable documento en la vida de la poetisa. La dedicatoria es simple: A mi amigo Alfredo. Lucila. Se trata de un obsequio hecho en el primer día del año 1906. Regalo de Año Nuevo, frecuente en esos días de retratos y postales(87).

Por nuestra parte, analizadas las cartas de Lucila a Alfredo, podemos conjeturar algo más. Cuando Videla conoció a Lucila, en Compañía Baja y no en La Cantera, como afirma Munizaga, ésta no alcanzaba los dieciséis años, mientras el rico hacendado sobrepasaba los cuarenta, pues ajuicio de distinguidos familiares suyos había nacido en 1865(88). No cabe duda que Alfredo intentó seducirla, y si no logró su objetivo, fue porque se estrelló con la fortaleza moral de la joven maestra rural.

        La maestra era pura. "Los suaves hortelanos",
        decía, "de este predio, que es predio de Jesús,
        han de conservar puros los ojos y las manos,
        guardar claros sus óleos, para dar clara luz.”(89)

En una encrucijada de angustia y de estrechez económica, Alfredo llegó a proporcionarle alguna suma de dinero, que ella promete pagar con estricta puntualidad.

        La maestra era pobre. Su reino no es humano.
        (Así en el doloroso sembrador de Israel).
        Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
        ¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!(90)

ESPIGANDO EN SU PRIMER EPISTOLARIO DE AMOR

Establecida la identidad del destinatario, espiguemos más bien en el epistolario de Lucila, que huele a plegaria campesina y que como un henchido vaso, traía el alma hecha para dar ambrosia de toda eternidad”(91).

                Coquimbo, 27 de marzo de 1905.

Un infinito de agradecimiento y de amor tengo para Ud.

La Compañía, 23 de diciembre de 1905.

Una dulzura infinita viene a mi alma cuando surge en mis remembranzas la inolvidable noche aquella pasada en el palco número 10(92) ¿habrán para mí en el futuro horas tan queridas e impregnadas de ternura como aquéllas? ¡quizás no!...

                    12 de mayo

Sus cartas me soninfinitamente gratas y queridas al recibirlas en estas soledades, donde es mi eterno pensamiento usted...

Ninguna mujer le habrá querido ni le querrá con el cariño sólido, grande y abnegado con que yo lo he hecho. Jamás un hombre me ha hecho sufrir como Ud. de celos; jamás ninguno ha motivado mis desvelos ni me ha llenado el alma de penas sin nombre como Ud....

No es mi cariño esa pasión loca y desbordante que muere con la ligereza con que nace, no; Ud. habrá visto en mí ideas y sentimientos muy diversos de los de la generalidad de las mujeres; se lo repito: no habrá otra alma en que su amor haga lo que en mí.

Mi amor es calmado, intenso y noble, no hay en él ni falsedad  ni perfidia.

                    Coquimbo, 16 de 1906

(Sin indicación de mes, probablemente de enero por su contenido.)
¿Me ha conservado un rinconcito de su mente en estos días? ¿En esa calidad, ha consagrado algunos momentos siquiera en recordar a la humilde amiga que está lejos? He de ser sincera. Yo creo que sólo en los momentos en que está cerca de mí, son míos sus sentimientos y sus pensamientos...

Muchas veces he estado sin verlo, mucho más tiempo que ahora, pero, créame, nunca he deseado más su presencia que ahora. Las dos últimas noches pasadas a su lado algunas horas, cuánta felicidad no esparcieron en mi pobre alma triste!...

En las soledades de mi aldea, yo me entrego horas de horas a su recuerdo...

Mándeme dentro de una carta, una hojita, una flor, que traiga perfumes de sus labios, y me recuerde la atmósfera embriagadora que respirábamos en el palco Nº 18(93).

¿Se va a reír de esta locura mi  Alfredo?

                La Compañía, 20 de marzo de 1906

    Alfredo inolvidable:
    ¿Creía que lo había olvidado? No...
    Las horas desocupadas, en la escuela, pensando siempre en Ud. sin haberle traicionado ni olvidado nunca...
    Hube de pasar siete horas de agonía sabiendo que me tenían carta suya y sin poder verla...
    Ahora dígame ¿viene Ud. a hablarme de sufrimientos por silencios crueles, a mí, la que vivo completamente olvidada, muerta para Ud., semanas, meses?...
    ... Ud. en vez de amenazarme, me ofrece... castigos... tan dulces que yo pecaría para recibirlos!!...
    Pero eso no es nada para la pena que me llena el alma a veces cuando, sentada en la ventana de la pieza de los altos, el viento favorable. me trae los acordes de la música lejana, de esa música de que Ud. goza todas las noches...
    Nunca me creí tan necia como en este momento que considero profundamente lo que hago. Es exprimiendo sobre mi alma el veneno que ha de darme la muerte. Y voy a la desdicha con los ojos sin venda, mirando el final que me espera, sin retroceder ni cambiar de rumbo. Ya le dije: nunca me creí tan falta de raciocinio como ahora...
    Pero, cuando el veneno es dulce, se bebe, y aún, si vemos la muerte coronada de rosas y con vestuarios sonrosados, vamos a ella, nos entregamos en sus brazos...
    El amor cubre los infortunios más grandes con mantos aurora y de flores. Bajo su imperio todo es bello. La tristeza es 1 dulce, la queja es arrullo, la flagelación de la traición es caricia. Hasta la indiferencia del Idolo hace amor más...
    ...Para merecer la ayuda o el respeto del mundo no dispongo más que con mi honra, la riqueza de la mujer pobre!...
    Si el amor me dice: ¡accede!, el deber me dice: "no” !eso puede echar sobre ti la sombra...
    ¡Ah! la más pequeña aberración, el más ligero desvío, suele llevar a cosas tan fatales a los seres!...
    Si mi actitud lo obliga a desprenderse de mí, soportaré mi infortunio más grande, entonces, porque su resolución no me revelará sino cosas muy tristes para una mujer que ama...
    ... El que ama no pide sacrificio, se sacrifica a sí mismo.  Ese es amor; lo demás es mentira...

    Y tras la firma:

    Mucho cariño le hago desde aquí, miAlfredo regalón.

En las glosas de las cartas de Lucila que hemos transcrito, no se sabe qué admirar más, si la extremada hondura de su pensamiento; la diafanidad de su prosa, simple y cándida como su alma de niña, o el temple de su espíritu, recto y noble, demostrativo de la anchura de su mundo interior.

Lucila, pese a sus dieciséis años, no se deja enredar por las pobres apetencias humanas. La sencilla maestra rural sabe que ha nacido para el trabajo y no para la holganza; para el esfuerzo y no para el regalo; para el bien y no para el espejismo del deleite ciego y pasajero. ¡Con qué dignidad proclama: " ... para merecer la ayuda o respeto del mundo no dispongo más que con mi honra, la riqueza de la mujer pobre!"

Tras dieciséis meses de sopesar el riesgo de cada día, Lucila aparta definitivamente de su cariño un amor que sólo anuncia sombras y espinas para el futuro.

Y es que la maestra era modesta hasta la humildad y altiva hasta el orgullo(94).

Para derrotar a los míseros tengo indiferencia y energía, y un valor inmenso para combatir con los grandes, dirá años más tarde a Carlos Soto Ayala.

La maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida! Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad. Por sobre la sandalia rota y enrojecida, era ella la insigne flor de su santidad(96).

De Compañía Baja, Lucila pasa a La Cantera. Un nuevo amor la acecha. Un amor que al asombro abrirá su espíritu y de lágrimas llenará su cara. Un amor que en el aire dejará estremecida su alma. Un amor que Dios vestirá de llagas(97).

Del pasado nada queda. Diez días antes de su ruptura definitiva con Videla, desde La Compañía envía a La Voz de Elqui un sentido poema que titula Al final de la vida, y cuyos primeros versos transcribimos:

        Corazón, corazón, cuánto soñaste!
        Qué dicha se forjó tu fantasía!
        Con qué fervor creíste y adoraste!
        Qué esperanza más firme te asistía!
        Di: qué te queda hoy día?(98)

IV. EL INSPIRADOR DE LOS VERSOS INMORTALES

El primer amor de Lucila deja desolación y desesperanza en su alma naturalmente inclinada a la tristeza “... Toda su vida fue agónica(99) escribe Ciro Alegría.

Ya el 8 de agosto de 1905,en plena sazón de su devaneo con Alfredo Videla, compone y estampa versos cargados de pesadumbre, en el álbum de su amiga Lolo, que denomina Flores negras:

        Si avanzo por la vida, muda y yerta,
        Llamándole dolor hasta a la risa,

        Dime, ¿por qué reclamas mis cantares?
        ¿No ves a mi alma que en la sombra mora?
        ¿No ves que pides flor a los eriales?
        ¿No ves que pides a la noche aurora?(100)

Meses antes, el 18 de marzo de 1905, en Espejo Roto, pronostica amarguras en su vida, noches sin auroras, desierto sin palmera ni oasis(101).

¿Era acaso un presagio de su poesía dolorosa y atormentada?

No obstante, tiempo después, encontrándose en La Cantera, en el desempeño de su oficio de maestra primaria, un día "de astros" de 1906 ó 1907(102), cuando sólo contaba diecisiete años, conoce a Romelio Ureta Carvajal, y el amor surge a primera vista. Algunos de sus biógrafos afirman que fue correspondido; los más, guardan reserva, y no pocos, tímidamente manifiestan que la pasión no prendió en momento alguno en el corazón del apuesto empleado del Ferrocarril local.

Para Isauro Santelices: ¡Fue una pasión romántica, ideal! Más que amarla él, él fue amado por la tímida maestra ... !(103)

Ciro Alegría, que tan valiosas confidencias recibió de los labios de Gabriela, sostiene que Romelio Ureta ... al cabo de cierto tiempo... la dejó.  Gabriela -añade no se explicaba claramente por qué.(104)

Para Mario Ferrero, en un principio es correspondida... Pero el estado de gracia de pronto se ve herido(105).

Según Edwards Matte, del mutuo conocimiento nació un recíproco amor(106).

Augusto Iglesias, el más sagaz de los investigadores de este sombrío período de la vida de Gabriela, manifiesta que no ha debido pasar este romance de unas cuantas conversaciones demasiado intervenidas de testigos y una que otra misiva reemplazada, de vez en vez, por una tarjeta postal, tan de moda por-aquellos tiempo(107).

A este último respecto, Gabriela declaró en enero de 1957 a Jerónimo Lagos Lisboa, al tratar del suicidio de Ureta: En la cartera interior del paletó guardaba una de dos tarjetas que yo le había escrito(108).

Que se vieron muy de tarde en tarde, todos lo reconocen. Los mismos, exactamente los mismos términos, emplea el amigo de toda su vida, Isauro Santelices: Se vieron muy de tarde en tarde(109).

Cualquiera que sea la verdad de lo acontecido, un hecho, luminoso, que no escapa a la sutileza de Alone, cruza el destino de Gabriela: el amor que aquel joven le inspiró y la herida que le causó su muerte pueden considerarse el germen de todo lo demás que le ocurrió..., incluso el Premio Nóbel (110).

ESTAMPA Y SÍNTESIS BIOGRÁFICA DE ROMELIO URETA

Pero antes de seguir adelante, detengámonos en el infortunado joven Romelio Ureta. Era uno de los cuatro hijos del segundo matrimonio dé don Manuel Ureta con doña Dominga Carvajal. Los otros tres fueron Rosa, Baltazar y Macario. Rosa fallece soltera. Baltazar, propietario de una heredad en Los Vilos, no consigue atraer a las faenas campesinas a Romelio. Muere soltero, al igual que su hermana. Macario, en cambio, casado con María Luisa Rojas, ocupa un alto cargo en la construcción del Ferrocarril Longitudinal Norte y logra colocar a Romelio en el cargo de guardaequipaje.

Laura Rodig describe a Romelio como un muchacho encantador, muy correcto en todo, pulcro en su persona, un poco tímido y muy bien parecido, más bien alto, delgado, de tez muy blanca y cabellos oscuros.  Muy querido de quienes lo trataron y muy buen camarada(111).

Cabe destacar que Romelio, por línea paterna, pertenecía a la más rancia aristocracia colonial y criolla. Baste decir que era nieto de don Baltazar Ureta y Verdugo, primo carnal de don José Miguel Carrera, Padre de la Patria y cronológicamente el primer Presidente de Chile.

En su calidad de cofundador de la Compañía de Bomberos de Coquimbo, se le tributó a su muerte un sentido y solemne funeral(112).

Sus restringidas andanzas con Lucila habían terminado tiempo atrás. Se encontraba de novio y pronto a contraer matrimonio con la distinguida dama nortina Clementina Herrera, quien marcada por el destino morirá muchos años más tarde, en 1956, en un trágico accidente automovilístico, en la Carretera Panamericana(113).

Una fatal urgencia de su amigo Carlos Omar Barrios. lo llevó a prestarle por tres días la suma de $ 1.501,11 que irresponsablemente sustrajo de las Cajas del Ferrocarril, con el ánimo de proceder a su puntual reembolso. El incumplimiento de Barrios y la desventura de no llegar con oportunidad su requerimiento a su hermano Macario, que se encontraba en el interior del valle, lo condujeron el 25 de noviembre de 1909a trizarse las sienes como vasos sutiles(114).
V. ROMELIO URETA: ROMANCE Y POLÉMICA
Nunca el amor humano pudo llegar
tan grande intensidad. (Latcham)(115).

El romance surgió un día cualquiera como del manantial el agua.
EL ENCUENTRO

Lucila le advierte en el sendero con el canto presuroso en la boca descuidada. Él la mira y se le vuelve grave el canto, pero sigue su marcha cantando siempre y llevando sus miradas... Para ella no turba su ensueño el agua ni se abren más las rosas, pero el asombro abre su alma. En el aire queda su espíritu estremecido y una pobre mujer con su cara llena de lágrimas. Desde que lo vio cruzar, Dios la viste de llagas.

Tal, el encuentro. El maravilloso aturdimiento. El amor que gasta trazas de dueño, que tiene argucias sutiles y que le echa venda de lino...

El AMOR QUE CALLA

Los versos se multiplican, se deslizan tormentosos. A veces desgarrados. Otras, empapados en éxtasis. En momentos, corroídos por la duda amarga.

        Estoy lo mismo queestanque colmado
        y te parezco un surtidor inerte.

ÉXTASIS

Se miran en silencio, mucho tiempo, clavadas cómo en la muerte, las pupilas. El le habla convulsamente... Ella le responde, rotas, plenas de angustia las confusas palabras.  Lo enfrenta a sus destinos, amasijo fatal de sangre y lágrimas.

        Ahora, Cristo, bájame los párpados,
        pon en la boca escarcha,
        que están de sobra ya todas las horas
        y fuerondichas todas las palabras...

INTIMA

Lucila le implora que no oprima sus manos, que no bese su boca, que no la toque... porque ha llegado el tiempo en que se desgranaron como mieses sus dedos..., en que su beso no exhala el olor de retamas... porque su amor es algo más que la gavilla reacia y fatigada de su cuerpo... es el viento de Dios que pasa hendiendo el gajo de sus carnes volandero.

 ¿Dónde empieza la realidad? ¿Dónde concluye la fantasía. ¿A qué profundidades alcanza su imaginación y su pensamiento?

DIOS LO QUIERE

        La tierra se hace madrastra
        si tu alma vende a mi alma.
        Llevan un escalofrío
        de tribulación las aguas.

..........................

El polvo de los senderos guarda el olor de sus plantas, y ella oteándolas como un ciervo le sigue por las montañas. Porque Dios no quiere que él tenga sol si con ella no marcha; Dios no quiere que él beba, sí ella no tiembla en sus aguas; no consiente que duerma, sino en su trenza ahuecada... Por eso, se clava como un dejo de salmuera en su garganta.
VERGÜENZA

Sin embargo, la desconfianza la atenaza. El fatalismo la desborda.

        Tengo vergüenza de mi boca triste,
        de mi voz rota y mis rodillas rudas.

Pero si él la mira, se vuelve hermosa, como la hierba a que bajó el rocío.

BALADA

También los celos la atormentan.

        El pasó con otra. / Yo lo vi pasar...
        El besó a la otra / a orillas del mar...
        Y él irá con otra / por la eternidad.

TRIBULACIÓN
Y la tribulación se apodera de ella, cubriendo de sombras su camino, socarrando su boca, aventando sus días.

        En esta hora, amarga como un sorbo de mares,
        Tú sosténme, Señor...
        Tú no esquives el rostro, Tú no apagues la lámpara.

NOCTURNO

Y dolorida, implora al Padre Nuestro, que en el ancho lagar de la muerte oprima su pecho, porque lleva abierto su costado... ha bajado, amarillos, sus párpados, ha venido el cansancio infinito a clavarse en sus ojos... el cansancio del día que muere, el del alba, el del cielo de estaño, el del cielo de añil... Suelta la mártir sandalia y las trenzas, pide dormir... Extraviada en la noche, angustiosamente clama:

        ¡Padre Nuestro que estás en los cielos,
        por qué te has olvidado de mí!

LOS SONETOS DE LA MUERTE

Y el desenlace llega... sangriento... inmisericorde. Malas manos tomaron la vida del amado desde el día en que, a una señal de astros, dejara su plantel nevado de azucenas... Malas manos entraron trágicamente en él. Se detuvo la barca rosa de su vivir... trazándose las, sienes como vasos sutiles... sin untar de preces sus dos labios febriles.

EL RUEGO

Empero, ella sabe que era bueno... que tenía el corazón entero a flor de pecho, que era suave de índole, franco como la luz del día, henchido de milagro como la primavera y entonces eleva hacia lo alto el Ruego más doliente que jamás haya salido de ser humano, que todos los autores repiten, que las generaciones saben de memoria y cuyos versos se han hecho inmortales:

        Señor, tú sabes cómo con encendido brío,
        por los ser es extraños mi palabra te invoca.
        Vengo ahora a pedirte por uno que era mío,
        mi vaso defrescura, el panal de mi boca.

Y queda allí, con la cara caída sobre el polvo, parlando al Señor un crepúsculo entero, o todos los crepúsculos a que alcance la vida, si tarda en decirle la palabra que espera.

Fatigará su oído de preces y sollozos, lamiendo, lebrel tímido, los bordes de su manto... hasta que su clemencia esparza en el viento el perfume de cien pomos de olores y el yermo eche flores y esplendores el guijarro:

¡Di el perdón, dilo al fin!'

Para María Carolina Geel, este poema y la Sonata de la Muerte Fúnebre del músico polaco, son las dos expresiones más tremendamente trágicas de la ciega razón humana detenida frente a la Muerte(116).

INTERROGACIONES

En Gabriela, en su espíritu y en su carne, en su corazón y en sus nervios, la hondura bíblica, el lenguaje volcánico y desgarrado, irrumpe una vez más:

        ¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?
        ¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
        las lunas de los ojos albas y engrandecidas,
        hacia un ancla invisible las manos orientadas?

.............................................

        ¿No hay un rayo de sol que los alcance un día?
        ¿No hay agua que los lave de sus estigmas rojos?

Tal el hombre asegura, pero Gabriela que ha gustado a Dios como un vino, mientras los otros siguen llamándole Justicia, ella no le llamará nunca otra cosa que Amor! El Señor es para Gabriela el vaso donde se esponjan de dulzura los nectarios de todos los huertos de la Tierra!
SONETOS DE LA MUERTE

Y con dulcedumbre de madre para el hijo dormido, bajará al amado a la tierra humilde y soleada, desde el nicho helado en que los hombres le pusieron. Luego, irá espolvoreando tierra y polvo de rosas y lograrán por fin soñar ambos, sobre la misma almohada... y hablar después, por una eternidad... sin que la mano de ninguna baje a disputarle su puñado de huesos.

VOLVERLO A VER

Y la obsesión sigue, no acaba, no muere, se retuerce, se alza enloquecida:

        ¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
        en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
        bajo una luna plácida o en un cárdeno horror!

        ¡Y ser con él todas las primaveras
        y los inviernos, en un angustiado
        nudo, en torno a su cuello ensangrentado!

¿REALIDAD O FANTASÍA?

Ahondar en este tema conmovedor y único en la poesía castellana, como lo reconocen todos los autores que se han adentrado en la entraña misma -sentimental y poética- de Gabriela Mistral, nos llevaría a extremos insospechados.

LA VOZ DE LOS CRÍTICOS

Quien campea en la defensa de establecer un nexo que anude la más estrecha relación entre el drama y la poesía, entre la vida y la inspirada palabra de la poetisa, es Julio Saavedra Molina, en tres acuciosos estudios crítico-biográficos que en el fondo son uno solo y que resumido aparece como Introducción a las Poesías Completas de Gabriela, editada por Aguilar en su Biblioteca de Premios Nóbel(117).

Sin embargo, el propio Saavedra Molina tiene desfallecimientos en la tesis que sustenta con tanto ardor, y cae, a menudo, en debilidades y renuncias.

Es difícil -afirma en una parte de su último estudio- separar en la obra de Gabriela Mistral la parte de hechos vividos por ella y la parte de situaciones imaginadas..., porque ella misma no ha historiado el drama amoroso que motivó sus desolados poemas(118).

Pero, vividos o imaginados -agrega-, los temas principales forman un tejido auténtico y único en el alma de la autora y, traducen ciertos momentos de la neurosis, cuya curva asciende, primero, hasta la crisis trágica; luego, desciende hasta devolverle la salud, hacia 1919 y los treinta años de edad, acto final del drama...(119).

Al referirse a Desolación reconoce que en este manojo lírico están prendidas algunas briznas del drama singular que aparecen al trasluz de algunos de sus principales poemas; singular hasta por la endeble realidad que le sirve de base y que el temperamento poético de Gabriela convirtió, más por sugestión que con imaginación, en un primer acto: el suicidio por pasión de amor y remordimiento; y en un segundo acto: la esterilidad voluntaria por expiación(120).

 Si reflexiones tan terminantes brotan de la pluma de] principal defensor de la identificación de la vida y poesía de Gabriela, ¿qué extraño tiene que otros autores menos enfervorizados con la tesis sostenida por Saavedra Molina, agreguen nuevas interrogaciones al profundo drama interior de la Mistral?

Así, Estela Miranda en Poetisas de Chile y Uruguay: Mucho se ha novelado respecto al fondo de efectividad que pudiera existir en esa pasión inspiradora de su arte, y a nuestro entender, él está con un recuerdo amoroso tal vez real, pero despojado de extraordinarios atributos, y engrandecido en el espíritu de la artista, por la distancia y su don poético(121).

Si la lógica tuviera validez en el estudio de la creación artística, Dolor debería ser una proyección de la vida de suautora, sostiene Norberto Pinilla. Pero a esta altura del tiempo -agrega- se está lejos del realismo ingenuo. La obra de arte no siempre es expresión de la vida del escritor(122).

¿Cuándo llegaron a intimar?, se pregunta Fernando Alegría. ¿Confesó alguna vez Gabriela el impulso arrebatado, turbulento, de su amor naciente; las llamas que su majestuosa calma apenas lograba mantener secretas?  Si lo hizo, se intimidó Ureta. Nadie que les conoció en ese tiempo pareció prestar mucha atención a sus amoríos. Les vieron acercarse -según Alegría-, permanecer un tiempo juntos y, luego, separarse sin ruido. Cuando él dejó de venir a la pensión, Gabriela no dijo nada. Penó en silencio. Pero, de súbito, se produce la tragedia. Y nace la leyenda(123).

Marie-Lise Gazarian-Gautier, la Niña Azul de Gabriela Mistral, sorprendentemente bien informada sobre tan delicado episodio, aclara: Romelio Ureta murió en Coquimbo cuando Lucila se hallaba en Santiago.  Se suicidó en un momento de desesperación al no poder reponer una suma de dinero... Como se halló entre sus pertenencias una vieja tarjeta con la firma de Lucila, y ella escribió más tarde apasionados poemas sobre el suicidio, se tejió una leyenda en torno a ambos.  Sin embargo, es importante destacar que este episodio de la vida de Lucila no fue la única fuente de inspiración de sus versos de amor. "Dolor" se refiere a dos episodios diferentes de la vida de la poetisa, pero en la forma en que escribe ella hace creer al lector que esos poemas fueron inspirados por un solo amor, frustrado por el suicidio de su amado(124).

Por su parte, el autor de la tan controvertida obra La Divina Gabriela inserta en ella una carta de una diligente y distinguida profesora de La Serena, carta jamás rectificada por la propia Gabriela, que entre otras cosas manifiesta: Respecto al amor que se atribuye a Lucila, dice la hermana de ella, doña Emelina Molina v. de Barraza, que había un joven que trabajaba en los Ferrocarriles y parece que quería a la Mistral. Fue un cariño platónico. Era ella muy pequeña todavía.

Enseguida la carta citada por Virgilio Figueroa da otros detalles, y al mencionar, concretamente, el suicidio de Ureta, afirma: En los bolsillos se le halló una tarjeta con el nombre de Lucila Godoy. Era todo lo que tenía en su traje. De aquí se tejió la novela alrededor de su vida(125).

AUGUSTO IGLESIAS: SU TEORÍA DE LA ENSOÑACIÓN

Augusto Iglesias es, sin duda alguna, quien más ha incursionado y profundizado en la entretela misma del apasionante episodio. Con sólida argumentación, amarrando cabo tras cabo, llega a la conclusión -una vez desmenuzadas las argumentaciones de Saavedra Molina- que la idealización que Gabriela hace de su "flirt" con Romelio Ureta, en los Sonetos de la Muerte, es a todas luces el producto de un ensueño doloroso...(126)

La creencia muy común -apunta Iglesias- de que Gabriela idealiza en esos versos un idilio histórico, un acontecimiento serio que ocupa la mayor parte de su biografía juvenil, se sostiene, en verdad, sobre bases muy débiles, y en gran medida por pruebas legendarias(127).

Sin embargo-agrega-, en esa vaguedad de los elementos poéticos que juegan en la composición aludida, y valiéndose de estrofas coincidentes escritas por Gabriela en épocas y oportunidades diversas,... don Julio Saavedra Molina... pretende reconstruir el drama pretensamente oculto de la niña de Elqui. El procedimiento nos parece ingenioso, pero en modo alguno -ni por elfondo, ni por la forma de organizar la historia- (es) capaz de conciliar en nuestro juicio los necesarios elementos de una prueba aceptable(128).

Desde luego, interroga Iglesias, ¿quién entre sus familiares de Elqui o sus amigas serenenses sostiene eso del amorío de Gabriela?

Pues... ¡nadie!  Jamás hablaron de ello, para darle siquiera una pequeña importancia, ni su hermana mayor, ni las señoritas Molina ni persona alguna relacionada directa o indirectamente con Ureta.  Al contrario... "nunca Lucila conversó de esto con su hermana”, el ser más querido y cercano a su corazón!...

En efecto, Emelina, sólo cinco años después del conocimiento de Gabriela con Romelio Ureta, supo de este flirt.

En la Serena, Gabriela tuvo amigas íntimas, entre ellas las señoritas Molina.  Tampoco las señoritas Molina oyeron nada del famoso idilio(129).

Iglesias insiste más adelante: Tampoco se ha hecho referencia a posibles cartas de Lucila con el señor R. U. Se había de una tarjeta postal que se habría encontrado entre los papeles del joven luego de su nefanda decisión; pero en ese tiempo las tarjetas postales eran casi un deporte, y se coleccionaban al igual que el "hobby" filatélico(130).

Enseguida, Iglesias se remite a la actitud de la Mistral: En cuanto a la actitud de Gabriela... ¡más bien no hablar! Nunca la ilustre mujer ha querido referirse a este asunto. Y no por hermetismo, sin duda, puesto que en ese flirt de muchacha no existe ni la sombra de un desliz, nada incorrecto o bochornoso que deba o debiera ocultarse(131).

No puede negarse que los razonamientos de Iglesias son atendibles. Podemos argüir, además, que desde 190.4 Lucila Godoy colaboraba en prosa y en verso en las principales revistas y periódicos de las localidades de Coquimbo y de La Serena. ¿Cuál fue la razón, por consiguiente, que al tomar conocimiento del trágico suceso del 25 de noviembre de 1909, que culmina con la muerte de su amado, no diera expresión literaria alguna a sus íntimos y naturales sentimientos?

Sólo en 1912, tres años más tarde, encontrándose en Los Andes, más concretamente en Coquimbito, escribió los Sonetos de la Muerte, que fueron laureados en los históricos Juegos Florales de 22 de diciembre de 1914 y que la pusieron en la cumbre de la fama con el nombre de Gabriela Mistral.

En estos versos -reflexiona Iglesias- se halla clara y precisa la clave del romance de Gabriela Mistral, y con ella la confirmación de nuestras sospechas.  Dice el poeta: Yo elegí esta invariada / canción con la que arrullo un muerto que fue ajeno / en toda realidad, y en todo ensueño, mío...(132).

Y concluye el agudo académico e investigador: No es otra cosa lo que hemos sostenido ...(133).

Finalmente, Iglesias cierra sus observaciones con los siguientes y trascendentales párrafos:

Estimulada por el éxito que tuvoen los juegos Florales... con los Sonetos de la Muerte... Gabriela continuó divagando sobre el mismo tema con creciente patetismo.... compenetrada, cada vez con mayor fuerza, por la voluntad del Mito que forjara su vigorosa inspiración.

Lo que aparece desdibujado y hermético en los Sonetos de la Muerte, cubierto aún por las brumas, las incongruencias y símbolos propios del lenguaje de los sueños, cobran humana nitidez en los poemas subsiguientes... Cumplida su parábola, el ensueño que lo impulsara había llegado a su fin...

En los Sonetos de  la Muerte se halla, al pensar del autor que glosamos, la célula o primera manifestación literaria de un ensueño amoroso. ¿Cuál?  El que puso en el estro de Gabriela el hecho "a peu prés romantique” de que un joven a quien ella no concedió más allá de una simpatía intrascendente, hubiese llevado consigo al morir la última tarjeta postal que ella le enviara...(134)

Pero a Iglesias todavía le queda algo que decir: Cumplida la suerte de aquel en sueño juvenil que comienza en los Sonetos de la Muerte y se realiza pleno con la publicación de su primer libro, Gabriela se olvida, en cierto modo, del Mito que ella misma creara. Y de tal manera insólita es su actitud, que hasta los más fervorosos partidarios de su lírica hemos protestado. ¿Qué razones nos daría, por ejemplo, para explicarnos la expulsión que hizo de "El Ruego" de la Antología de sus versos que ella seleccionara y que publicó Zig-Zag?(135)

LAS CONTRADICCIONES DE GABRIELA

Por nuestra parte, queremos reforzar lo aseverado por el acucioso investigador, allegando otras opiniones y la propia.

Dulce María Loynaz, la inspirada poetisa cubana que caló hondo en el alma de Gabriela, cuando le brindó su ancha hospitalidad en su mansión de La Habana, ha escrito en su recuerdo lírico "Gabriela y Lucila" que encabeza junto al de Saavedra Molina la edición de Premios Nóbel de Aguilar: Se ha dicho que en los últimos tiempos, Gabriela, aborrecía sus obras iniciales, en particular aquellas que le dieron gloria, como El Ruego(136).

Más terminante aún es la afirmación de Alone, el más desapasionado de los críticos de la producción de nuestro Premio Nóbel, cuando anota en Nápoles, en 1952:

No sin pesar interno escuchamos de los labios de Gabriela Mistral que por un... proceso de sobresaturación, la extremada popularidad de dos de sus poemas, los más célebres de todos, la ha conducido a aborrecerlos en su corazón y, si pudiera, los haría pedazos, los borraría de las colecciones hasta exterminarlos. Nombra "El Ruego" y "Los Sonetos de la Muerte".

-¡Gabriela!

-Sí, sí -repite-. Son cursis, dulzones.(137).

Nos hacernos cargo de la pesadumbre de Alone, tanto más cuando recordamos haber leído en "La Nación" un artículo suyo, en el que cabalmente había sostenido que ninguno -aludía a Rubén Darío, Becquer, Espronceda y Garcilaso- transmuta la sangre en espíritu imperecedero, en armonía ronca y palpitante, densa de humanidad, como esos dos poemas ¿le nuestra poetisa... Es un puro delirio de dolor, de piedad, de amor, de ruego... La línea del grito pasional, la imprecación de amor no han subido nunca tanto en las letras castellanas como los hace remontarse, por ejemplo, "El Ruego”. Eso es hebreo, lleva lava de volcán profético, alcanza el corazón de la divinidad(138).

No obstante, en la “Antología" de Gabriela Mistral, seleccionada por la autora, y cuyo Prólogo Gabriela encomienda a Ismael Edwards, porque a su entender tiene el don inglés de ser exacto, aventando a la vez la cursilería elogiosa y el denuesto criollo, no figura, como lo apunta asimismo Alone en 1942, la fundamental "Plegaría", llamada también "El Ruego”, pieza de entonación bíblica que podría llevar el nombre del salmista y donde las dos notas típicas de su inspiración, el amor y el dolor, alcanzan una cumbre máxima, no superada y que creemos difícilmente superable. Ella la ha suprimidos.(139)

Cuánto más podríamos adicionar por nuestra cuenta. Testimonios y argumentos no nos faltan. Desde luego, las manifiestas contradicciones de Gabriela en sus variadas conversaciones y entrevistas, sostenidas ya con intelectuales, amigos o periodistas, sobre el controvertido tema que analizamos, nos proporcionarían múltiples reflexiones. En tres ocasiones me dio Gabriela -escribe Berta Singerman- tres versiones distintas del suicidio cuyos motivos ella nunca logró entender(140). Ahora, a quien quiera percatarse más a fondo de estas discordancias le aconsejamos la lectura comparativa, v. gr., de las opiniones vertidas por Gabriela, entre otras personalidades, a Jorge Inostrosa(141); a Roberto Núñez y Domínguez(142); a Lenka Franulic(143); a Ciro Alegría(144); a Jerónimo Lagos Lisboa(145); a Dulce María Loynaz(146); a Matilde Ladrón de Guevara(147); y a tantos más, cuya sola enunciación alargaría innecesariamente este ensayo.

Un solo ejemplo. A Ciro Alegría: La gente habla pero no es verdad. No tuve amor. Si alguna vez te preguntan, di eso, como si fueras mi hijo(l48). A Matilde Ladrón de Guevara: -¡Ay Matilde, las cosas que me pregunta!... Usted que comprende todo, tiene que haber comprendido también que ese amor no es precisamente el amor que me inspiró los Sonetos de la Muerte. ¡Fue un segundo amor, hermana!(149). Habla Dulce María Loynaz: Le oí decir, con el consiguiente asombro, que el novio aquel que le fuera doblemente arrebatado no había sido en verdad su único amor...Bien sé que a muchos costará trabajo aceptar que la mujer que escribió El Ruego haya podido pensar siquiera en consolarse con otros amores. Y lo comprendo: yo tampoco lo hubiera creído, de no escucharlo de su propia boca(150).

Léase a González Vera en Cuando era muchacho(151); y en Algunos(152) y se podrán advertir dos versiones opuestas; y por último, léase a Alone en su Prólogo a los Poemas de Jorge Hübner Bezanilla, en donde aflora un nuevo amor de Gabriela Mistral, sellado en una correspondencia en la que Gabriela desahogaba su alma tempestuosa, que custodiada por Sara Hübner la consumió el fuego, el silencio o el olvido. En Alone sólo queda el recuerdo de una tarjeta -que un día vio- enviada por la poetisa a Hübner, desde Los Andes -con una vista cordillerana, árida y dura, y esta frase: Como estos montes me tienes de tajeado y negro el pecho(153).

Todo lo hasta aquí presentado nos marca el camino que nos conduce hasta el gran amor, desconocido hasta ahora, de nuestra gran poetisa. Si el primero, con Alfredo Videla Pineda, no alcanzó a ser sino un devaneo de niña adolescente; y el segundo con Romelio Ureta, una explosión amorosa no correspondida, el tercero, cuyas cartas hablan por sí solas y que en momentos llegan al clímax de la intimidad, son el fruto de la edad retempladora que en la mujer es comienzo de una segunda juventud, como lo advierte Balzac. Ya en la mitad de mis días espigo... la vida es oro y dulzura de trigo, canta la propia Gabriela en Palabras Serenas.

En más de algún instante nos ha asaltado la duda si cometemos una grave indiscreción al dar a luz las cartas de Gabriela, reveladoras de sus sentimientos más íntimos, pero nos ha tranquilizado la idea que interesa sobremanera su conocimiento para completar su perfil humano y su vasta y genial creación literarias más aún, para ahuyentar definitivamente las sombras que mentes enfermizas han pretendido, en más de una oportunidad, tender sobre la recia personalidad moral de nuestro insigne Premio Nóbel.

Ahora, cuanto hemos dado a conocer sobre las diversas tendencias que analizan la realidad o el ensueño del inspirador de los Sonetos de la Muerte, en nada amengua tampoco la altura moral y el genio poético de Gabriela Mistral.

Como dice en Algunos, González Vera, no importa quién fue el joven, ni cuál su figura, ni su nombre, ni su individualidad. Lo que importa es que fue un prójimo feliz por haber suscitado amor tan intenso, tan delicado, tan celoso, tan tierno, tan perdurable y de tanto halo metafísico, como no hay ejemplo en la poesía castellanas.

Sea como fuere, simple pretexto lírico ofrecido a su inspiración o estricta verdad, ha venido a constituir la columna vertebral de su obra, motivo unificador central al que convergen, como los ríos al océano, todas las orientaciones de su preocupación(155).

O mejor aún, como expresa Dulce María Loynaz: Si Gabriela Mistral fue capaz de crearse ella sola un mundo para ella sola, y un mundo tan patético y hermoso como el que descubrimos en Desolación, Gabriela ha hecho más que hacer un libro: Gabriela ha robado, sin quemarse, el fuego de los dioses(156).

VI.     LA PASIÓN DE GABRIELA: EL POETA DE LA BARBA NAZARENA

UNA CUMBRE ARDIDA DE SOL

Un grande amor es una cumbre ardida de sol; las esencias más intensas y terribles de la vida se beben en él.  El que quiso así, "no pasó en vano por el camino de los hombres”(157). (Gabriela a E. "barca.)

El nuevo romance aflora tras una quemante y dilatada correspondencia que comprende centenares de cartas, según lo reconoce la propia Gabriela Mistral en Magallanes Moure, el chileno, y que abarca un período de diez años, de 1913 a 1922, o sea, desde el año que antecede al triunfo de Gabriela en los Juegos Florales de Santiago, hasta aquel en que sale a México invitada por Vasconcelos, en batalla de sencillez, y la boca rasgada por el dolor... Escasos meses antes, Manuel Magallanes, el poeta del amor y la primavera, había zarpado rumbo a la vieja Europa, para caer fulminado dos años después, víctima de un ataque de angina, el 19 de enero de 1924 en Santiago, a los cuarenta y cinco años de edad.

De los centenares de cartas de que nos habla Gabriela Mistral, sólo hemos logrado reunir treinta y ocho. Las demás desaparecieron en bruma de silencio. A lo mejor, las piadosas manos de la incomparable compañera de Magallanes las entregaron a las llamas de alguna chimenea que al convertirlas en ceniza y lumbre, las consumieron para siempre.

Como la correspondencia de Gabriela no está fechada y las más de sus cartas ni siquiera mencionan el sitio de origen, las hemos ordenado, tras fatigosa labor, procurando ubicarlas en el tiempo y en el espacio, dentro de la órbita que la naturaleza de los acontecimientos aconsejan.  Los firmes rasgos de su escritura registran el viaje lacerante a las profundidades de un alma atormentada.

En su recopilación hemos incluido en las páginas 203-207 las anotaciones precisas e indispensables para su mejor comprensión y claridad, evitando su proliferación y actualizando tan sólo su ortografía. (Es sabido que Gabriela empleó siempre la i latina en conformidad a la ortografía preconizada por la Gramática de don Andrés Bello, en lugar de la y griega auspiciada por la Academia Española. Citamos este caso sólo como un ejemplo).

Las numerosas cartas que integran este conmovedor epistolario están suscritas en las más variadas ciudades y parajes; algunas en Temuco, en donde Neruda la ve llegar alta, vestida color de arena; otras, en la zona más austral, Punta Arenas, donde sus hombres de ojos claros no conocen sus ríos y traen frutos pálidos, sin la luz de sus huertos (Desolación); y las más, en Los Andes, donde conoció a Laura Rodig; consolidó su amistad con don Pedro Aguirre Cerda; escribió Los Sonetos de la Muerte; triunfó, amó y dejó su perfil iluminado cada tarde en la montaña(158).

LA NOCHE SAGRADA DE LOS JUEGOS FLORALES

Las dos primeras, que demuestran que muchas otras debieron precederlas, están fechadas el 23 y el 24 de diciembre de 1914, esto es, en los días siguiente y subsiguiente a los Juegos Florales, en los que sus Sonetos de la Muerte entonaron en la Noche Sagrada del 22 de diciembre una canción alada y de llanto consternados(159), acrecentando y fortaleciendo de esta manera su aureola dentro y fuera de nuestras fronteras nacionales.

¡Cuánta extraña paradoja en los sentimientos, en el espíritu y en las letras revelan las líneas de esas dos cartas tan breves como torturantes!

Mientras Víctor Domingo Silva, el vate sonoro y derramad (l60), lanza al viento las atenaceantes estrofas de Los Sonetos de la Muerte que hablan del nicho helado donde los hombres... pusieron al suicida, y de la resolución de la "amada" de acostarlo en la tierra humilde y soleada con una dulcedumbre de madre para el niño dor7nido, Lucila aclara a Magallanes que sólo por oírlo a él, no por mis versos, ha ido a las galerías del Teatro Santiago, escapando de las miradas del Presidente de la República, del Alcalde de la Capital, de la hermosa Reina y de su Corte de amor, y sobre todo, de los aplausos de una multitud que le hacen daño. Por oírlo a Ud., por eso fui, le reitera. ¡Si al menos lo hubiera visto! Pero ni aun eso, afirma con desconsuelo. Dolorida, se pregunta: ¿Es esto un símbolo? Cuando vaya a su encuentro ¿extenderé mis brazos hacia una sombra fugitiva? Y, tiernamente, concluye: Un sueño suave de niño sano y puro, para Usted, Manuel, en esta noche ...(161).

Esta carta está fechada el 23 de diciembre. Magallanes le dio respuesta inmediata. El 24, en una esquela de 25 líneas autógrafas, Gabriela -que para los demás ha dejado de ser Lucila- le expresa: Su carta me dejó sin voz, sin acción, hasta sin pensamiento! (A qué hondor ¡Dios mío! había llegado esto!)... Mi anterior llevó palabras necias que, destinadas a acariciar fueron a herir.

Han corrido escasos cinco años desde aquel fatídico 25 de noviembre, en el que el suicida quedara con un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas..., y ya Lucila se ha olvidado del que consideraba la cal de sus huesos, su vaso de frescura, el panal de su boca. Otra es la pasión que ardida sacude su pecho.

Y precisamente, en el día señalado por las estrellas, cuando todo un pueblo aclama Los Sonetos de la Muerte, con humedad en los ojos y temblores en el alma, ella asiste, no por escuchar los versos dedicados al amado, sino por oír y ver al poeta de la barba nazarena, cuya carta la ha dejado sin voz, sin acción, hasta sin pensamiento! Ya no le sangra el remordimiento de mirar un cielo que no ven sus ojos -los del suicida- y de palpar las rosas que sustenta la cal de sus huesos!

Manuel Magallanes el nuevo amor de Gabriela, de una Gabriela más madura, con aire de quietud y de majestad, entre campesina montañesa, hermosa india boroa de ojos verdes o cariátide en movimiento.... como la contempla en esos años quien la esculpió en piedra y la cinceló en bronce(162) Manuel Magallanes, repetimos, el fino poeta de "La casa junto al mar", sin duda uno de los más hermosos libros líricos que se han escrito en Chile, al pensar de Silva Castro(163), fue el artífice del resonado triunfo de Lucila Godoy en los inolvidables Juegos Florales de 1914. En su calidad de Presidente de la Asociación de Artistas y Escritores de Chile, le correspondió patrocinar, en primer término, los tan renombrados juegos; y enseguida, como integrante, del jurado, inclinar con su voto la balanza en favor de Los Sonetos de la Muerte. Los otros dos miembros del jurado habían volcado su decisión disparmente, en favor de Julio Munizaga Ossandón, Miguel Luis Rocuant; y de Gabriela Mistral, Armando Donoso. Producido el empate, fue definitivamente resuelto por el voto de Magallanes en beneficio de Los Sonetos de la Muerte, colocando así oficialmente a la humilde maestra rural en el umbral de la gloria.

EL MISTICISMO DE GABRIELA: SU CLAMOR POR LA FE Y LA PERFECCIÓN

Pero la maestra campesina que como un henchido vaso, trae el alma hecha para dar ambrosía de toda eternidad, no se desvanece ni se embriaga con el incienso del trofeo y de la palma. Sabe cuán perecedero es el triunfo si no se asienta en lo que permanece y no cambia, en lo que lleva el sello de lo eterno; en una palabra que todo lo comprende: Dios. Y así, cuando aún no se han apagado los aplausos y los vítores de los Juegos Florales que le dieron la más alta distinción -la flor natural, la medalla de oro y la corona de laurel-, envía a Magallanes, el 26 de enero de 1915, una extensa comunicación en la que la Fe se enlaza con el Amor en forma sublime.

Su primera afirmación es que el amor a los seres... es la flor misma... la coronación de la religión.

Enseguida con auténtica modestia se reconoce mala, dura de carácter, egoísta enormemente ya que la vida exacerbó esos vicios y la hizo diez veces dura y cruel. En cambio, se conmueve cuando percibe que por las venas de Magallanes corre no la sangre espesa que da las pasiones comunes, los celos, los rencores, sino un zumo azul de azucenas exprimidas.

Pero siempre -añade , siempre, hubo en mí un clamor por la fe y por la perfección, siempre me miré con disgusto y pedí volverme mejor.

A continuación ahonda en la naturaleza conmovedora de la fe: ¿No ha pensado Ud. nunca que la fe sea un estado de vibración especial en el cual hay que ponerse para que el prodigio venga a nosotros o se haga dentro de nosotros?... ¿No ha pensado Ud., cuando los descreídos alardean de no haber oído llamado alguno espiritual, que la fe mueva dentro de nosotros ocultos resortes, abra ventanas incógnitas que nadie sino ella pueda abrir, hacia lo desconocido? Ud. que sabe del amor a todo lo que vive -manifiesta a Magallanes- habré sentido que ese estado de simpatía es una felicidad, que para ella, para Gabriela, llega al éxtasis.

Ese estado de fe, sigue, se parece mucho a ese estado de arrobo que da ese amor.  De ahí que el que ame se parezca mucho al que cree y de ahí que la fe pueda llenar el sitio que el amor debió llenar en un alma.

Piensa que Santa Teresa y los místicos conocieron, dentro de la exaltación espiritual, el estado de amor como el más apasionado de los mortales... lo conocieron enorme y arrebatador en sus éxtasis.

¡Se parecen tanto el rezar y el querer intenso!, exclama.

El estado de exaltación en el que florece la oración, le lleva a veces todo un día!  Voy orando, orando -repite en un rapto de mística sublime ; mi corazón y mi pensamiento son una llama que clamorea al cielo por trepar hasta Dios, y esos son mis días de dicha interna. Será que riego las cosas de mi amor y gasto raudales de espíritu...

Finalmente:     Yo sé que la perfección no puede ser sino la serenidad.  Y la busco, y la hallaré algún día.

Y concluye disminuyéndose, empequeñeciéndose a si misma, frente al amado, señalando las diferencias dolorosas que existen entre ambos: Ud. -luna, jazmines, rosas- y yo, una cuchilla repleta de sombra, abierta en una tierra agria.  Porque mi dulzura... es una cosa de fatiga, de exceso de dolor, o bien, es un poco de agua clara que a costa de flagelarme me he reunido en el hueco de la mano, para dar de beber a alguien, cuyos labios resecos llenaron de ternura y de pena!...      

Si con mi escoria negra suelo yo hacer una estrella (entrar en divino estado de gozo espiritual) Ud. con su pasta de lirios... ¿qué corriente de luz eterna atraería a su mar, qué vientos cargados de olor a gloria bajarían a su valle, si Ud. quisiera gritar con todas sus fuerzas creo?

No es fácil concebir un mundo interior más ancho que el que refleja esta carta de Gabriela. Su fuego interior alumbra. Su fe, como llama limpia, abrasa y quema. Su oración purifica y eleva el alma a Dios. En algunos de sus conceptos se adivinan y descubren raíces de eternidad.

¡ La CREYERON DE MÁRMOL Y ERA CARNE VIVA!

Pero el tiempo no se detiene. Corren veloces quince días. Y Gabriela sufre depresiones lastimosas. A la luz cegadora de la fe, sigue la entraña negra del pesimismo más exacerbado. A la apoteosis mística de dos semanas atrás, el hastío que le corroe el corazón. Y así nos encontramos el 10 de febrero con una de las misivas más desconcertantes a la par que desconsoladoras de Gabriela. Es tan representativa de su cambiante sensibilidad, de su temperamento acongojado e inestable que no nos resistimos a transcribirla in integrum.

Roque Esteban Searpa, el minero codicioso del pensamiento y de la vida de nuestra poetisa, glosa en su última obra, Una mujer nada de tonta(164), los principales acápites de la tormentosa carta, pero silencia el nombre del romántico destinatario, que no es otro que el poeta Magallanés Moure, y omite partes esenciales de la misma.

Tras su lectura ¡cómo viene a nuestra memoria la frase del poeta de los cisnes y las princesas encantadas!: ¡La creyeron de mármol y era carne viva!

Escuchémosla en recogimiento y en silencio:

UNA MIRADA RETROSPECTIVA: ROMELIO URETA

Alojaba yo cuando iba a Coquimbo en una casa que era los altos de la que él ocupaba. Esta noche de que voy a hablarle salía la familia a la playa. Temiendo verlo allá, yo no quise ir. Yo sabía que él estaba de novio y evitaba su encuentro. Lo quería todavía y tenía el temor de que me leyera en los ojos (él, que tanto sabía de ellos) ese amor que era una vergüenza. Desde el corredor de la casa se veía el patio de la suya. Me puse a mirar hacía abajo. Había luna. Vi el sirviente que traía de adentro unas ropas que pensé serían de él De su patrón-; después le oí gritar: "Ya me voy, patrón”. Comprendí que el patrón no había salido. Me senté y seguí mirando y oyendo. ¡Lo que vi y lo que escuché! La novia había venido a verlo y por evitar, quizás, la presencia del amigo con quien compartía la pieza, salió con ella al patio. Por otra parte, tal vez la luna los llamaba afuera. Trajo para ella un sillón: él se sentó en un banquillo. Recostaba la cabeza en las rodillas de ella. Hablaban poco o bien era que hablaban bajo. Se miraban y se besaban. Se acribillaban a besos. La cabeza de él -¡mi cabeza de cinco años antes!- recibía una lluvia de esa boca ardiente. Él la besaba menos, pero la oprimía fuertemente contra si. Se había sentado sobre el brazo del sillón y la tenía, ahora, sobre su pecho. (El pecho suyo, sobre el que yo nunca descansé.) Yo miraba todo eso, Manuel. La luz era escasa y mis ojos se abrían como para recoger todo eso y reventar los globos. Los ojos me ardían, respiraba apenas; un frío muy grande me iba tomando. Se besaron, se oprimieron, se estrujaron, dos horas. Empezó a nublarse, y cuando una nube cubrió la luna ya no vi más y esto fue lo más horrible. No pudiendo ver, imaginaba lo que pasaría allí, entre esos dos seres que se movían en un círculo de fuego. Yo había visto en ella temblores de histérica; él era un hombre frío, pero claro es que era de carne y hueso. No pude más.  Había que hacer que supieran que alguien los veía de arriba. ¿Gritar? No: habría sido una grosería. Despedacé flores de las macetas de arriba y se las eché desmenuzadas sobre lo que yo adivinaba que eran sus cuerpos. Un cuchicheo y, después, la huida precipitada. ¿Ha vivido usted, Manuel, unas dos horas de esa especie? -Vea usted lo que pasó al otro día. Iba yo a embarcarme para La Serena cuando al salir me encontré con él. Como otras veces, traté de huirle.  Me alcanzó y me dijo: Lucila, por favor, óigame. Tenía una mancha violeta alrededor de los ojos: yo otra un poco roja. La de él, pensé yo, es de lujuria ¡la mía era la del llanto de toda la noche! -Lucila, me dijo, mí vida de hoy es algo tan sucio que Ud. si la conociera no le tendría ni compasión. Quizás quería contarme todo; pero yo no le contesté no le inquirí de nada. Lucila, le han dicho que me caso. Va Ud. a ver cómo va a ser mi casamiento; lo va a saber luego. ¿Qué pasaba en ese hombre a quien faltaban diez o quince días para unirse a aquella a quien, a juzgar por lo que yo oí, quería? ¿Qué alianzas son éstas, Manuel? Ella queriéndolo y explotándolo hasta hacerlo robar; él hablándome de su vida destrozada, a raíz de esa noche de amor con algo de la náusea en los gestos y en la voz. Esas son las alianzas de la carne. A la carne confían el encargo de estrecharlos vara siempre, y la carne, que no puede sino disgregar, les echa lodo y los aparta, llenos ambos de repugnancia invencible. Siguió hablándome y acabó por decirme que en mi próximo viaje (que era en fecha fija) no iba a ir a esperar a la estación. No pudo ir; se mató quince días después. Le he contado esto para que crea usted que puede decírseme todo. Yo estoy segura de que no podré sufrir jamás lo que en esa noche de pesadilla. Estoy hecha para esto, para que se quieran a mi vista, para que yo oiga el chasquido de sus besos y les derrame jazmines sobre sus abrazos de fuego. Aquél en 1909; hoy, cualquier otro.. -¿Lo estoy ofendiendo, Manuel?  Perdóneme, en mérito de que le evito el relato fatigoso de lo que su carta ha hecho en mí. Los seres buenos se hacen mejores con el dolor, los malos nos hacemos peores. Así yo. Perdóneme. -Su L. 20 de mayo. 1915.

Los encendidos términos de esta carta, quemantes y angustiosos, no deben sorprendernos, por cuanto revelan, por una parte, su carácter bravío, su alma tremendamente apasionada, la desenfrenada vehemencia de su temperamento(165), cuya palabra aflora de continuo y desde su más tierna edad, con tuétano y sangre(166), habituada siempre a hachear conceptos para que chorreen médula(167); y por otra, la certidumbre que el amor significaba para ella suplicio y tormento. No debemos olvidar su fatalista y desconsolador pensamiento: No lo sé; hay algo en mi ser que engendra la amargura, hay una mano secreta que filtra hiel en mi corazón, aun cuando la alegría me rodee.      

Debe tenerse presente, igualmente, que la contemplación de la ardorosa y frenética escena, protagonizada por Romelio Ureta y su prometida, era natural que encendiera la sangre de cualquiera joven normal de veinte años, tanto más cuanto la aparente serenidad de Gabriela estaba hecha de terremotos interiores, y que a mayor abundamiento alguna relación existió entre ambos, aunque temporal y precaria.

Además, no debemos olvidar la borrascosa vena de celos que por vida alimentó el espíritu de Gabriela. ¿Puede olvidarse, acaso, su exaltación de Shakespeare al que destaca como el hombre para todos los tiempos? Otelo anda por ahí, afirma. Yo lo conozco, y Hamlet... quién no lo ha visto ciertas noches, en ciertas zonas del alma...(168).

Y pese a que a los siete años, como lo afirma Laura Rodig, tiene un choque físico y moral que no es posible describir en pocas líneas ... (160), no por eso deja de gemir su carne, que vibra al roce de lo humano. Ricardo Blanco, el delicado pensador costarricense, presenta así este espinoso aspecto de Gabriela Mistral: Ese amor, el amor por excelencia, que une a los corazones y a los sexos, no fue nunca para Gabriela Mistral un fantasma vestido de ilusiones inexistentes(170).

En el fondo de su alma - confirma Ciro Alegría- había una gran pasión por la vida, un inconmensurable fervor. Había también un dolor profundísimo... Hásela motejado de viriloide y tal apreciación me parece una de las más grandes equivocaciones circulantes. Quizás se podría decir tal debido a su estatura y huesos fuertes. Pero el espíritu de Gabriela era puramente femenino. Tenía una sensibilidad finísima y reaccionaba como mujer y como madre, frente a todas las cosas. Cuanto pasaba era que circunstancias adversas le impidieron cumplirse humanamente. Su sensibilidad estaba por eso herida(171).

GABRIELA: MUNDO DE LA CONTRADICCIÓN

Otra característica de Gabriela era su espíritu paradojas y antagónico. Era el mundo de la contradicción resalta el autor de Gabriela Mistral Intima (172).

Únicamente de este modo podemos comprender el que virtualmente en los mismos días que enviaba a Magallanes la patética y emocionante carta que hemos insertado, le remitiera otras dos totalmente contrapuestas, en las que no sólo ni rastros quedan de un pasado entusiasmo por Ureta, sino que le pide a Magallanes el que la perdone el que hoy se haga en mi un eclipse moral y tire al suelo mi fardo y diga vigorosamente que quiero tener un paréntesis de amor y de dicha..., que de los rosales del camino esta vez quiero cortar una rosa, una siquiera, para seguir después la jornada aspirándola y cantándola.

He aquí que me detuve en el camino -agrega en la primera de las cartas mencionadas- a beber y que mis ojos se enamoraron de la fuente más pura, bordeada de helechos más finos, la que daba su canción más dulce, la que prometía más frescura a los labios resecos. Esta fuente era ajena; pero quería dar su cristal. ¿Cómo dejarla después de oír su clamor: ¡Bébeme! y después de haberla visto tan serena y tan honda? Los hombres que acusen y que lapiden; Dios quizás perdone, por las heridas que daban a la viajera la fiebre que la llevó a beber; por la plenitud de la fuente, que se hacía dolorosa, porque aquella fuente quería ser aliviada de su exceso de frescura, de linfa azul. Y a renglón seguido: Manuel ¿me acusa usted?  Yo no lo acusaré nunca. Abracémonos, renegando del error fatal de la vida, pero amándonos mucho, porque este dolor de ser culpable sólo puede ahogarse con mucho, con mucho amor.

Y pocos días después, encubriendo sus sentimientos en una imaginaria conversación con el Cristo que siempre la acompaña con sus ojos interrogadores que en vano buscó en otros: Señor, tú sabes que no hay en mí pasta de amante entretenida, tú sabes que el dolor me ha puesto la carne un poco muda al grito sensual; que no place a un hombre tener cerca un cuerpo sereno en que la fiebre no prende. Para quererlo con llama de espíritu no necesito ni su cuerpo, que puede ser de todas, ni sus palabras cálidas que ha dicho a todas. Yo querría, Señor, que tú me ayudaras a afirmarme en este concepto del amor que nada pide; que saca su sustento de sí mismo, aunque sea devorándose. Yo querría que tú me arrancaras este celar canalla, este canalla clamor egoísta. Y te pido hoy esto y no desalojar el huésped de la aurora que hospeda tres meses el corazón, porque, te diré, es imposible sacarlo ya. Como la sangre, se ha esparcido y está en cada átomo del cuerpo y del espíritu. Del cuerpo, como energía para vivir; del espíritu como yemas de alegría. Y esparcido así, ni con tenazas sutiles se puede atrapar.

Esta última carta está fechada el 25 de febrero de 1915. Hemos visto que habla en ella del huésped de la aurora que hospeda tres meses el corazón. No olvidemos, tampoco, que en la reciente Navidad de 24 de diciembre, o sea, dos meses atrás, Gabriela había escrito a Magallanes: Su carta me dejó sin voz, sin acción, hasta sin pensamiento!  A qué hondor ¡Dios mío! había llegado esto!...

La fina penetración de Augusto Iglesias le lleva a pensar que la poetisa de Elqui, once meses menor que el poeta serénense, ha debido mirarlo en su juventud -justamente en el año de la consagración de los Juegos Florales- con un supersticioso cariño... Aun es posible -agrega- que Manuel Magallanes influyera hasta muchos años más tarde... en la temática de Gabriela, y se nos ocurre que Amo Amor –uno de los poemas más elogiados de Gabriela se encuentra en ese caso, por los puntos, desvaídos pero ciertamente visibles, que guarda con Himno al Amor de su amigo y coterráneo(173).

Como la luz eres, Amor/ ... Como el agua eres, Amor. /... Como la tierraeres, Amor./... Como el fuego eres, Amor... Todo lo enciendes, todo lo devoras... escribe Magallanes; y la Mistral: No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:/ ¡lo tendrás que escuchar!... No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave: / ¡lo tendrás que hospedar!

Y EL AMOR TODO LO ENCIENDE

Pero no nos detengamos; volvamos reposadamente las hojas de calendario. Sigamos el acelerado y angustioso ritmo de los acontecimientos y avancemos hasta 1916. El 26 de enero, Gabriela envía a Magallanes una extensa comunicación en la que vacía su alma toda, anegando sus páginas con el recio contenido de su espíritu a la vez firme, vacilante y contradictorio. Ya nos referiremos a ella. Un mes después, el 26 de febrero, en una nueva misiva, tras reconocer que desde algún tiempo ha salido de la órbita donde se mueven los seres equilibrados, confiesa que ya el torbellino pasó... y pide perdón por tantas miserias...: ¡me han hecho tanto mal en mi vida!  Agregue a eso la convicción sencillamente horrible que tengo sobre mí: nadie me quiso nunca, y me iré de la vida sin que alguien me quiera, ni por un día...

No obstante lo anterior, añade: A pesar de la ráfaga de locura que me pasó por la cabeza y por el corazón, yo le pido que confíe en mí. Mi verdad se la diré siempre. Le contaré todos mis tormentos, mis dudas, mis vergüenzas y mis ternuras. Hoy ya no tengo mi paz de ayer...

Y más adelante: Quiero que no discutamos la manera de querernos. Si el amo res lo que Ud. me asegura, todo vendrá, todo, según su deseo. Si estoy en un error muy grande separando la carne del alma, toda mi quimera luminosa será aplastada por la vida y querré como Ud. desea que quiera... Pero escéptica y sin fe, implora:... no me engañe, Manuel; no me dé una mano reservando la otra para retener a quien sabe a qué fugitiva. Yo no estoy jugando a querer poetas; esto no me sirve de entretención, como un bordado o un verso; esto me está llenando la vida, colmándomela, rebalsando al infinito.

¡Con qué ingenua sencillez le suplica lealtad, nada más! Yo lo sufriré todo: el no verlo, el no oírlo, el no poder decirle mío porque mío no puede ser; todo menos que juegue con este guiñapo de corazón que le he confiado con la buena fe de los niños.

Y al final: ¡Si yo pudiera creer un momento siquiera que al menos hoy es mío, bien mío! ¡Si en este momento de ternura inmensa te tuviera a mi lado! En qué apretado nudo te estrecharía, Manuel! Hay un cielo, un sol y un no sé qué en el aire para rodear sólo seres felices. ¿Por qué no podemos serio? ¿Lo seremos un día?  Tu Lucila.

Deliberadamente dejarnos a un lado cuanto toca su producción literaria, que rica y abundante brota en los fuertes trozos de Gabriela, como, asimismo, otros aspectos que el lector acucioso podrá capitalizar para su biografía y para el estudio de su obra ingente y múltiple. En beneficio de la brevedad -lo que no es tarea fácil- procuraremos seguir tan sólo en la vena profunda de sus sentimientos amorosos, que por lo demás nos entregan la verdadera clave de su existencia.

Pero el tiempo corre y la herida abierta por el suicida en el costado de la amada que dejó su plantel nevado de azucenas, florece en un nuevo gozo, se hace luz en la zona de los sinos, obscura y pese a que en su alianza, signos de astros había, roto el pacto enorme, Gabriela vuelve a vivir.

Vuelve a vivir intensamente, apasionadamente, a la vera del camino y de la vida de uno de los poetas más tiernos y sutiles: Manuel Magallanes Moure.

Antes de seguir adelante tracemos un esbozo del afortunado autor de Junto al mar.

RECORDEMOS A MAGALLANES SI QUEREMOS HABLAR DE AMOR (Meza Fuentes)

Manuel Magallanes, uno de los más finos y delicados líricos cuyos versos diáfanos y tristes cantaron dulcemente la vida y el amor(174), nace en La Serena el 8 de noviembre de 1878.

El menor de los hijos de don Valentín Magallanes, prestigioso abogado y poeta, y de doña Elena Moure, recibe en la pila bautismal el nombre de Manuel Severo, y hasta los siete años vive en la casa solariega de sus mayores, en la calle O'Higgins(175).

Aún no cumplidos los cuatro años, fallece su padre, y al llegar a los diecinueve, su bondadosa madre. Con sus hermanos Carlota y Valentín se traslada a Santiago, e ingresa a las aulas del Instituto Nacional. Tras abandonar al poco tiempo sus estudios, se incorpora a la Escuela de Bellas Artes.

De 1896 en adelante colabora en la Revista Cómica, en Pluma y Lápiz, en Instantáneas y en el diario La libertad electoral, siempre bajo el seudónimo de Severo, y a menudo con graciosas ilustraciones que descubren al futuro dibujante y pintor con la pupila golosa de colores. como con acierto lo señala Alone(176).

Sus primeros versos los dedica a su prima, Amalia Vila Magallanes, la que pese a ser diez años mayor que el poeta, despierta en el mancebo un amor encendido y romántico.

Amalia Vila no era quizás ni muy hermosa ni muy joven, pero su rostro avalado y ligeramente moreno era simpático, vivaz y acogedor. Desde niño la adoró, y según Santiván la continuó adorando a lo largo de su adolescencia y de sus años mozos. Acaso fuera éste el niño que enloqueció de amor, tan hermosamente interpretado por Eduardo Barrios(177).

Los años siguen su curso. Y en 1902 aparece Facetas, su primer libro de poemas.

El 12 de septiembre de 1903 contrae matrimonio con su adorada prima, y establece en San Bernardo su hogar blando, tibio y señorial. Así lo describe Fernando Santiván: Poseía el llano encanto y la distinción indefinible que fue patrimonio de las familias provincianas de fortuna y abolengo. El gusto artístico del dueño de casa, junto con la arraigada tradición del resto de su familia, supieron prescindir de recientes modas importadas y conservar la sencillez de las antiguas costumbres... Por las soleadas galerías, palpitantes de trinos, se divisaba el jardín recargado de plantas olorosas, mientras que por los caminillos enarenados se desperezaba un viejo mastín ...(178).

Asentado su hogar, en los años venideros Magallanes conjuga su vida en razón de las Letras -poesía, periodismo, crítica, teatro-; de las Artes -dibujo y pintura-; y de la política, campo en el que alcanza el cargo de regidor y alcalde del pueblo de San Bernardo.

A Facetas siguen Matices, que prologa Isaías Gamboa; La jornada, poesías; El pecado bendito, comedia; La batalla, Lluvia de primavera, teatro; Qué es amor, cuentos; La casa junto al mar; Florilegio y Sus mejores poemas, seleccionados por Pedro Prado.

De noviembre de 1921 a octubre de 1922, recorre Francia, España, Italia y Alemania.

El 19 de enero de 1924, su corazón gastado por el amor y la ternura cesa de latir.

Tal es, a grandes rasgos, la maravillosa trayectoria de este poeta con alma de niño, que cree que la vida es un cuento, que cree que vivir es soñar. Su poesía, manifiesta Solar Correa, envuelta en un velo de idealidad, se desliza mansa, callada, melancólica. Canta el amor con una gracia y una ternura no igualadas(179).

Para Gabriela, era un buen árbol nuestro, Magallanes, lleno de sentidos como de hojas, para escuchar el mundo, y sin embargo, tranquilos. Para Alone, toda la poesía de Magallanes lleva hacia un remanso límpido- de quietud. jamás una nota forzada, un toque de efecto; natural, sencillo, claro, moderado, fácil, sin descuidos, no subirá a las cumbres, pero rara vez baja(181).

En cuanto a su físico, lo dibuja con pinceladas maestras, Femando Santiván: A pesar de su juventud, la renegrida barba y el invariable traje negro le daban aire majestuoso y patriarcal; pero, bien pronto, la corbata flotante y el flexible chambergo bastaban para insinuar un imperceptible santo y seña de despreocupación y de camaradería.  Emanaban de su persona elasticidad y fuerza, atemperadas por un vaho de somnolencia felina que lo envolvía en sobria distinción y elegancia.  Y ,fuera de eso, asomaba el rostro pálido, ligeramente dorado por el sol, entre la fina enredadera sombría de la barba moruna, la sonrisa acogedora de los rientes ojos castaño(182).

Pocas veces -agrega Santiván-hemos encontrado en la vida persona que reuniera, como Magallanes, tanta armonía entre su obra artística y la severa gracia de su estampara.(183)

UN GRANDE AMOR ES UNA CUMBRE ARDIDA DE SOL

Trazados a grandes rasgos la vida v la obra de Manuel Magallanes, retornemos el hilo de la correspondencia de Gabriela.

Estamos en 1916. No tienes derecho a llorar lejos de mi pecho, escribe a su nuevo amado. Guárdamelo todo -amargores y amor- porque todo cabrá en mí y porque no quiero que nada tuyo se pierda en otras manos, ni siquiera la sal de tus lágrimas. Sed tengo de ti y es una sed larga e intensa para la que has de guardarte intacto. Guárdame los ojos hinchados de lágrimas; sólo sobre mi cara han de aliviar de ellas. Dolorido, te amo más. Me acrece la ternura hasta lo infinito al saberte dolorido. Tus cartas dolorosas no hacen en mí lo que tus cartas sufrientes... Y al cierre: No me despido. Vas a pasar conmigo la noche.

Las cartas se entrecruzan, se mezclan, se ensamblan palpitantes y dolorosas. La ausencia de fechas hace imposible su disposición cronológica. Pero desordenadamente y a saltos, los sentimientos surgen nítidos, enrojecidos como una llaga, o bien suaves como lirios y azucenas.

El pensamiento se me va, se me va por malos caminos siempre, le dice en una. Y en otra: Yo no le pido nada. Dios sabe que nunca fui para ningún hombre buena como para Ud. Nada he hecho. ¿Por qué Ud. calla hace ya tanto tiempo ...? Aparte de esa Lucila que lo ha querido a Ud. apasionadamente, hay otra Lucila que es capaz de interesarse por Ud., por su vida, por su dicha, sin que Ud. sea para ella otra cosa que un hombre inteligente y bueno.  Y casi a renglón seguido: Tengo una gran dulzura en el alma. Me parece que Ud. es también otro muerto que no quiso darme un poco de dicha. Me parece que estoy sola en un páramo. Y no me desespero. Estoy serena y bañada de bondad y de perdón el alma.

Su tono cambia según el día o la noche, y su estado de ánimo varía, minuto a minuto: Manuel amado... Me ha hecho bien una larga conversación con las estrellas. Me han serenado. ¿Tú las quieres por inquietas y por suaves de mirar?... El pesimismo me ha sitiado en todo sentido... Estoy tomando mate con los pies sobre las brasas... Deseo tener junto a mí un niño rubio y rosado que fuera mío... ¿Habrá pasta de amante en esta abuelita que toma mate y cuenta cuentos y da lecciones de escepticismo junto a las brasas? ¿Y que un poeta la crea otra cosa y le escriba cartas de amor? (Hay que pegarle a ese poeta.  Ya sabes como te pego yo...). Tu Lucila.

En una de tantas: Todo en ti lo respeto y de ti espero toda la franqueza... Cuando en tu vida -y esto pasara tarde o temprano- se resuelvan conflictos que no pueden ser eternos, yo debo ser eliminada en absoluto. Tú me lo dirás, sin temor de hacerme daño. No soy una niña; aunque parezco loca, comprendo y respeto ciertas cosas sagradas. Tú me lo dirás. Prométemelo así. En los labios, dulce, larga, absolutamente. Tu Lucila.

El año 1916 o 1917, en que Lucila ha alcanzado su pleno desarrollo físico, espiritual y afectivo, con sus 27 ó 28 años de edad, finaliza con tres cartas que exhiben las llagas más íntimas y lacerantes de su alma atormentada. Hay en ellas frases y pensamientos que trituran y atenazan el espíritu más fuerte. La timidez y la audacia se balancean en sus líneas. La humildad y la pasión queman. La fe y la desesperanza se equilibran o se destruyen. Es preciso glosarlas minuciosamente, pues cada párrafo de ellas es un trozo de su espíritu y de su genio no igualados. Silenciarlas sería cercenar lo mejor y lo más hondo de su sensibilidad y de su pensamiento.

Tengo mucho que decirte, Manuel, mucho.  Pero son cosas que se secan al pasar a la palabra.

Me dices ingenuamente: "Dame la dicha, dámela; tú puedes dármela”.  Y conmovida hasta la tortura, yo miro en mí y veo con una claridad perfecta que yo no podré dártela, Manuel. Amor, mucho amor; ternura, ternura inmensa como nadie, nadie, la recibió de mí; pero ni ese amor ni esa ternura te darán felicidad, porque tú no podrás quererme. ¡Si lo sabré, si lo habré comprendido bien!... Tú no serás capaz de querer a una mujer fea... Y sobre tan ingrato tema se explaya extensamente.

Se creía fea.  Siempre padeció ese "complejo”, sostiene Alone(184). Y no obstante, no lo era. Sencilla, sin gracia ni coquetería. Si. Su frente amplia, sus pupilas claras, su boca dolorosa y sensual... su cabello liso, su porte recio, sus ademanes fríos. Así la describe Armando Donoso, en la época que nos interesa. Una mujer que no hace pensar en la liviana gracia de la mujer y que, sin embargo, siente a la madre y al amante(185).

Del cabello al pie todo en ella es sencillo y austero, afirma González Vera.  Tiene grandes ojos verdes, muy límpidos; nariz aguileña, boca que se deprime en las comisuras y color blanco cobrizo.  Al hablar mueve sus albas manos, de largos y bien formados dedos(186).

Pero continuemos espigando en la torturante correspondencia.

No hay remedio, agrega. Los dos lo queremos -el encuentro-, los dos lo llamamos con desesperación. Yo lo querría mañana mismo. Porque te quiero más cada día... Esto crece y me da miedo ver cómo me estás llenando la vida. Todo me lo has barrido; los menudos cariños por las niñas, hasta por las gentes que viven conmigo, se apagan. No tengo tibieza de brazos, palabras afectuosas y actitud de amor sino para ti... Sí.  Te siento niño en muchas cosas y eso me acrece más la ternura. Mi niño -su sentido maternal aflora en lucha con la pasión de la amante-. Mi niño, así te he dicho hoy todo el día y me ha sabido a más amor la palabra que otras. Esta ternura mía es cosa bien extraña.  No fue nunca así para nadie. El amor es otra cosa que esta ternura. El amor es más pasional y lo exaltan imaginaciones sensuales. Me exaltan a mí sobre todo tus palabras doloridas y tiernas "desviadas un poco del ardor carnal”... ¡Niño mío! yo no sé si mis manos han olvidado o no han sabido nunca acariciar. Yo no sé si todo lo que te tengo aquí adentro se hará signo material cuando esté contigo, si te besaré hasta fatigarme la boca, como lo deseo, si te miraré hasta morirme de amor, como te miro en la imaginación. No sé si ese miedo del ridículo que mata en mí muchas acciones bellas y que me apaga muchas palabras de cariño que tú no ves escritas, me dejará quietas las manos y la boca y gris la mirada ese día... Tuya, tuya, completa, inmensamente.

La carta que hemos glosado, febril, martirizante, deja acíbar en los labios de Gabriela y un gran vacío en su corazón. Y de inmediato le despacha otra:

    Manuel amado... Por ahorrarte una lágrima andaría un camino de rodillas! De rodillas: esa es mi actitud de humildad para ti, y de amor. Y nunca yo he sido una humilde... Mira, he tomado mi café... y he cerrado los ojos para verte, y he exaltado mi amor hasta la embriaguez. Y hubiera querido prolongar el gozo muchas horas. Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti. ¡Y quizás -seguramente- ni pueda dártelo ni pueda recibirlo...! En este momento siento tu cariño con una intensidad tan grande que me siento incapaz del sacrificio de tenerte a mi lado y no besarte... Estoy muriéndome de amor frente a un hombre que no puede acariciarme... Mira: te represento aquí, junto a mí. Para esquivar la emoción no te miro... Yo comprendo y se me hielan las manos y el alma y me exprimen el corazón con fierros, como una pulpa inerte. Ahora, tú te has ido. Y yo me he quedado sola, pero de una soledad que no es mi soledad de antes. Me rebelo contra todo, hasta contra Dios. Ya en días pasados sentí esa rebelión. Pensaba. Este diario batallar con niños, este cotidiano sembrar amorosamente en alma de niños que no son mis hijos, ¿no merece que esto que ha venido a mí se haga dicha? ¿No ha de ser ésta la moneda de diamante en que Dios me pague lo que vale una vida entera agotada en seres extraños? Y yo misma me contestaba: Fuiste a buscarme por sendas que los hombres han vedado, y lo que para todos es alegría, y hasta orgullo, para ti ha de ser siempre, siempre, amargor y pecado... Yo me he vuelto aquí, y la paz ya no será más conmigo... No, Manuel, no voy... Es preferible que siga soñando con que tú me beses amorosamente. He estado loca cuando te he prometido ir y cuando he pensado que podía ser esa la hora en que la dicha me hiciera llorar entre tus brazos.  Te amo mucho, mucho. Acuéstate sobre mi corazón. Nunca otra fue más tuya ni deseó más hacerte dichoso. Tu L.

LA SOMBRA DEL OTRO

No conocemos la respuesta de Magallanes a esta sublime y dolorosa amalgama de pasión y timidez; de audacia y de encogimiento; de viento que hincha el velamen y de freno que lo contiene. Pero puede adivinarse por una nueva de Gabriela, en la que la sombra del "otro" ronda sus pasos temerosos y vacilantes; la sombra del "muerto" que tenía el corazón entero a flor de pecho, que era suave de índole, franco como la luz del día, henchido de milagro como la primavera.

    Esta carta tuya fría no puede ser respuesta -gime Gabriela- de aquella mía que pudo ser angustiada, pero que era, talvez, la que con más intenso cariño escribí para ti... ¡No era posible!  Vi tu trato para mí... No quise leer más. Primero esa angustia que ya tú - conoces en mí; después esta calma... esta tranquilidad en que queda una conciencia que no ha obrado mal, esta resignación del que no es del todo malo, cuando ha visto que lo arrojan franca, abierta, claramente.  Porque ésta es la verdad.  Tú me has arrojado de tu lado sin un motivo, como el otro. ¡Gracias, Manuel, por este castigo, por esta humillación amarga que por tu mano tan amada me dan otras manos!...

Y es que Gabriela, con una conciencia clara, cree en su corazón que en la siembra por el surco sin fin fue acrecentado.  Gabriela cree en su corazón, siempre vertido, pero nunca vaciado. (Credo.)

    He sido tan ingenua contigo, continúa. No siendo un ser dulce ni un ser alto, me hice dulzura y saqué de mí lo mejor que tenía para dártelo!  Pero has obrado bien... Yo te lo digo por la última vez, y con más energías que nunca, no soy digna de atar las correas de tu calzado.  Soy una pobre mujer.  Quería con toda mi alma hacerte feliz, labrarte una humilde alegría con mis caricias. No lo habría conseguido nunca!...

    Gracias por no haber puesto en tu carta una humedad de lágrimas, ni siquiera un estremecimiento de piedad.  Gracias por haberte alejado como el otro dejando pleno el estanque que para ti llené.

Al posar los ojos sobre estas líneas temblorosas de emoción, cabe recordar los delicados versos de Gabriela:

    Soy cual el surtidor abandonado / que muerto sigue oyendo su rumor...

(El surtidor)

Y Gabriela, una vez más, antes de cerrar su doliente y acongojada carta, en un apartado, escribe: Anoche, en sueños... el otro habló conmigo.  Y me dijo, entre otras cosas, que él fue menos cruel para mí.  Y es la verdad.  La última vez que estreché su mano hubo en ella presiones [amorosas] para la mía y algún temblor en la voz.  En tu despedida, nada... Te beso, mientras duermes, en las sienes... y te digo adiós sin rencor.  Tu L.

Pero todo es en vano; la pasión crece, se multiplica y se agiganta. Y el amor que rasga vasos de flor, se impone terminante y decisivo:

        No te vale el decirle que albergarlo rehúsas:
        ----------¡lo tendrás que hospedar!

ESTE NO ES AMOR SANO. ES YA DESEQUILIBRIO Y VÉRTIGO

El no recibir cartas de él la hace sangrar. Ha sido esta una verdadera Semana de Pasión (de Calvario) mía. Y cuando llega la anhelada correspondencia su emoción es tan grande, que no podía abrir la faja... de la encomienda. Lo lleva a cabo con una torpeza de manos paralíticas. Y al caer la carta en sus faldas, la toma y la empieza a leer en un estado indescriptible... Las manos se le sacudían como las de un epiléptico. No podía ni tener el papel ni leer, porque los ojos no veían... A tanto llegó su emoción, que Gabriela confiesa: Tuve que serenarme y guardar la carta unos momentos.  Después respiré hondamente como el que ha estado a punto de ahogarse, y me tiré sobre un sillón, como otra vez, exhausta por la emoción que casi me mata. ¡Qué dicha tan grande después de un martirio de tanto día!  Este no es amor sano, Manuel, es ya cosa de desequilibrio, de vértigo. Y con qué gracia, prosigue: ¡Y en mi cara beatífica, y en mi serenidad de abadesa! ¡Qué decires de amor los tuyos!  Tienen que dejar así, agotada, agonizante.  Tu dulzura es temible: dobla, arrolla, torna el alma como un harapo fláccido y hace de ella lo que la fuerza, la voluntad de dominar no conseguirían.  Manuel ¡qué Tirano tan dulce eres tú!  Manuel, cómo te pertenezco de toda pertenencia, cómo me dominas de toda dominación! ¿Qué más quieres que te dé, Manuel, qué más?  Si no he reservado nada, qué me pides.

Gabriela no se detiene, en su carta alcanza hasta los últimos extremos, y los enfrenta con incomparable entereza.

    Verdad es, Manuel, que tengo de la unión física de los seres, imágenes brutales en la mente que me la hacen aborrecible... Pero te creo capaz de borrarme del espíritu este concepto brutal, porque tú tienes, Manuel, un poder maravilloso para exaltar la belleza allí donde es pobre; crearla donde no existe. A través de tu habla apasionada y magnífica, todas las zonas del amor me parecen fragantes e iluminadas. Tu esfuerzo es capaz, creo, de matarme las imágenes innobles que me hacen el amor sensual cosa canalla y salvaje. Tú -agrega trémula y sumisa- puedes hacerlo todo en mí, tú que has traído a mis aguas plácidas y heladas, un ardiente bullir, una inquietud enorme y casi angustiosa  afuerza de ser intensa. Gracias por tu promesa de eliminar toda violencia, todo apresuramiento odioso en el curso de este amor. Gracias!  Bueno, dócil, generoso, te quiero mucho más aún. Buena seré para ti, generosa y dócil, tanto o más que tú. Te lo digo de nuevo, el saberme tuya me da una felicidad que no sé describirte; el oírme nombrar por ti como tu criatura, tu humilde y ruin pertenencia, me llena los ojos de llanto gozoso. ¡Tuya del más hondo y perfecto modo, Manuel; tuya como nunca fui de nadie; tuya, tuya... clama con grito salvaje y primitivo. Lo repito para prolongar el gozo en mí.  Perdóname este egoísmo.

Ambientada desde niña en el áspero lenguaje de la Biblia, no disfraza el pensamiento ni mitiga las palabras, ni debilita ni adelgaza los conceptos. Habla con el corazón, con los músculos, con la piel y con la sangre.

Una vez más, escuchémosla:

    Dices tú: "Esta plenitud de vigor (de amor) casi me es dolorosa. ¿Dejarás tú que mi linfa se la beba la tierra y no querrás beberla?” No, Manuel. Una loca sería. 1º Si el amor se te hace doloroso yo no amaría bien si prolongara tu dolor sacrificándote a mi concepto absurdo de la unión de los seres. 2º Si tú me aseguras que esa unión agrega algo a la seguridad del amor, aprieta más la trabazón espiritual, si me convences, sobre todo, de que el hastío no sigue inmediatamente al abrazo estrecho, si me convences de que "tú no serás mío en absoluto, sino cuando ese abrazo se haya consumado”, entonces, Manuel, yo no podré negar la parte mía necesaria a ese que tú crees afianzamiento, más que otra cosa, "no podré tolerar que haya una porción de emoción en ti que me haya quedado ajena por esta negación mía a darme del todo”.  Porque yo quiero beber tu linfa toda, sin que en un hueco egoísta me reserves una parte de frescor y de exaltación. Te adoro, amado mío, y me vence este raciocinio: si la zona de amor que en mí no halla va a buscarla en otra parte ¿no habría torpeza y maldad en mi al negársela? Me vence ese raciocinio. Siénteme tuya, no dudes, no me arrebates nada, todo lo tuyo, me digo, es justo que me sepa a encantamiento y a dicha. Manuel, te amo inmensamente... ¡Te tengo un poco de vergüenza! Pero sé que deseo estar sola contigo para acariciarte mucho. Sé que querré tenerte entre mis brazos como un niño, que querré que me hables así, como un niño a la madre, desde la tibieza de mi regazo, y que cuando te bese perderé la noción del tiempo y el beso se hará eterno. Sé que me desvanecerá el goce intenso: sé que la embriaguez más intensa que me haya recorrido las venas la sacaré de tu boca amada. Sé que beberé un sorbo de dicha que me hará olvidar todos los acíbares que vengo bebiendo hace tantos años. Sé que seré capaz en mi exaltación de hacerme una prolongación de ti; de tu fervor, de tu alma suave, de tu carne misma. Manuel, yo espero la dicha de ti. Yo espero vivir contigo un momento supremo que pueda yo revivir en el recuerdo por cien años más de mí vida, sacando de esa visión divinización, dicha para todo el resto de camino. Manuel, no puedo amarte más. ¿No lo comprendes así? ¿Pides más aún?  En los labios mucho tiempo. Tu L.

Hemos glosado esta carta vibrante y temblorosa, en sus párrafos esenciales, pues ella representa a nuestro juicio el aniquilamiento de la voluntad y del pensamiento de Gabriela, en aras de un amor que alcanza el clímax psíquico y afectivo en su grado más alto. ¿Qué vino después?

Decenas de cartas desaparecidas o calcinadas por piadosas manos mantienen abierto el interrogante y el misterio. Tarea delicada en extremo sería ahondar más allá, en el alma de una mujer. Hay zonas del espíritu que jamás deben ser traspasadas.

EL SILENCIO DE PUNTA ARENAS: 1918-1920

En 1918 Gabriela Mistral se aleja de Los Andes donde permaneció más de seis años -los más copiosos y penetrantes de su vida- y viaja a Punta Arenas con los cargos de profesora de Castellano y Directora del Liceo de Niñas, otorgados por su fiel amigo don Pedro Aguirre Cerda, más tarde Presidente de la República. Allí, en esa hermosa y apartada región, en la que ella, habituada al sol, sintió cómo el hielo calaba sus huesos y el viento azotaba su casa con su ronda de sollozos(187), reside hasta 1921, año en que es trasladada con igual cargo al Liceo de Temuco.

Es la época en la que el poeta de la barba de ébano, de voz tan suave como su alma, ávida de ideal y de cumbres, consume su rica vida interior en el sosegado alejamiento de San Bernardo, su pueblo. Volcado su espíritu en su reino íntimo, eleva con honda melancolía y con inefable dulzura su serena y romántica poesía hacia la naturaleza y el amor. En esos años aparecen, sucesivamente, sus mejores obras: "La casa junto al mar" en 1918, y "Florilegio” en 1921.

¿Quién no recuerda los versos del enamorado del mar, que como las caracolas guardan en lo más hondo su indefinible resonancia?

        Tus ojos y mis ojos se contemplan
        en la quietud crepuscular.
        Nos bebemos el alma lentamente
        y se nos duerme el desear.

        Como dos niños que jamás supieron
        de los ardores del amor,
        en la paz de la tarde nos miramos
        con novedad de corazón.

        ...................................

        Me sabes tuyo, te recuerdo mía...

¿Rememoran acaso estos versos los ojos claros, verdes de mar, que todos alaban en la joven Lucila?

No lo sabemos, pero es el caso que la impetuosa correspondencia entre la apasionada Gabriela y el apacible Magallanes se interrumpe bruscamente por un largo período de dos años. Mientras Gabriela ve morir en la llanura blanca, de horizonte infinito, inmensos ocasos dolorosos(188), Magallanes da a la publicidad lo mejor de su espíritu, sumergido en el silencio quieto de su vida aldeana, embellecida en la soledad sonora de San Juan de la Cruz.

Muchos de sus versos -se afirma en el Boletín del Instituto de Literatura Chilena- se han debido a la inspiración que dejaron en su alma algunas de sus amadas(189). Cabe mencionar a este último respecto que no es ajeno a esa época el intenso romance de Magallanes con la inspirada escritora S. H., de cautivadora espiritualidad y belleza.

En todo caso, en noviembre de 1920, Magallanes rompe el prolongado silencio y en súbita e impulsivo comunicación se dirige a Gabriela Mistral. Esta, con fecha 19 del mismo mes, le contesta larga y reposadamente. Le expresa que ha leído dos veces su carta y he pensado como antes que me habla un hombre en un momento de fiebre. Enseguida, con sobria firmeza, le enrostra sus veleidades:

    Después de su ternura para mí, la segunda sorpresa es ésta: su vida triste. Yo he sabido de Ud. siempre, y lo he sabido dichoso de amor, embriagado siempre, por retoñar de pasiones viejas, de esas que están ya trenzadas con sus huesos, o por amoríos de cada primavera... Las primeras noticias me fueron como una quemadura; las siguientes las justifiqué con un ligero escozor de mujer olvidada; las que vinieron después no movieron en mí una sola fibra...

    Ahora leo la pintura de su vida, y no me convence... No creo que sea el burlador de mujeres, sino el conmovido de cada hora.Así como existe el hombre al cual cada paisaje de la Tierra le inspira una forma de emoción o de amor, ha de haber en Ud. un paisajista de las almas, que va pasando sobre ellas amándolas a todas, gozando con cada una, eternamente entregado y eternamente libre... Ud. no ha podido ser desgraciado, porque ser desgraciado es únicamente esto: o no hallar a quién entregar el alma o haberla entregado absolutamente y no poder recuperarla. Estas dos cosas no existen en Ud.

Es que para Gabriela la vida no se mide por la vana mutación de cada día, sino por la hondura de la huella que deja tras de sí; por la perseverancia de la voluntad; por la firmeza y continuidad de nuestro ser espiritual.

Me pregunta por mi vida, leemos en otro párrafo de la carta de Gabriela. Siento en mí un alma nueva, contesta. Veo con una claridad brutal a los seres, y no los odio; se me han hecho transparentes los procesos de ciertas deslealtades, el manantial de ciertas cosas monstruosas, que yo llamé antes así, y que son naturales y simples. Es una maravilla que gozo día a día.

Y en la despedida ni una brizna de rencor o de amargura. Le ofrece hablar con él como una hermana vieja, no como una madre, que eso fuera demasiada ternura, de un amor, como de un muerto adorable que se ha hecho polvo, pero cuya fragancia se aspira todavía en el viento que pasa, en la primera flor de la primavera.

LA RECONCILIACIÓN RENACE, TEMUCO

Pese a todo, la honda cicatriz se cierra.  La reconciliación renace, presta, dulcemente, a los cuarenta días de su carta anterior, en las postrimerías del año 20.

No es posible verte en otro pueblo en la forma que dices, le escribe el 28 de diciembre.  Creo que no te hará mal un viaje a este pueblo: tiene una montaña maravillosa, que jamás miro, por la cual no ando, sin recordarte a cada paso por el césped.

Cerrada ya su epístola, agrega: Hoy 29 me llega otra carta tuya. La extraño un poco: es tranquila, no tiene ansiedad ¿será que desde que te llamé te va naciendo indiferencia?  Pero no es fría... es apacible. Me ha acariciado, pero de otro modo.

Ya hemos visto cómo en Temuco, nuevamente, el amor florece en el alma ingenua de Gabriela.  Pero ya no es el encendido amor de los años catorce y siguientes. Quizás su permanencia en Punta Arenas, donde la nieve era el semblante que asomaba a sus cristales, congeló las fibras de su corazón.

Corren los primeros meses de 1921. Gabriela está en Temuco. Desde allí escribe periódicamente a Magallanes. Aunque conservamos de esa época a lo menos diez cartas, sólo nos detendremos en una, la fechada el 4 de enero, en la que un halo de abatimiento y de congoja quiebra la transparencia de su espíritu candoroso y franco.

Te agradezco tu recuerdo de la noche de año nuevo.  Yo te recordé también, con tristeza, con la tristeza con que se piensa en todo ser que se quiere.  Yo no siento la alegría que eso debería ser natural al recordara los míos, y es que no los siento míos, Manuel.

Y con qué hondo acento a continuación exclama: Soy la mujer en que el sentido de la posesión, así de los objetos como de las vidas, no existe. Es una de las cosas que me ha dado esta desolación espiritual. Nunca, nunca sentir mío nada, ni siquiera una planta... Piensa un poco en esto, imagina lo que sentirías tú en este caso y te bañará el corazón la tristeza.

Pero, símbolo de la abnegación y del desprendimiento, no piensa en ella sino en el ser que ama, y con exquisita ternura le abre su corazón: Lo que me alegra es que vayas mejor de cuerpo y alma.  Yo sé que, aunque no consigas quererme, algún bien espiritual te haré cuando hable contigo, porque con todo tengo menos cansancio que tú, un poco de salud física y una riqueza emocional que da, en momentos, el engaño de la dicha y de la juventud.

Le habla enseguida de su viaje a Concepción, donde el pinar al viento / vasto y negro ondula, / y mece su pena / con canción de cuna. (Pinares.)

Quiero los pinares de aquella ciudad, le dice suavemente, como a una cosa maternal. Me alivia su sombra infinitamente. No hay árbol más humano, más noblemente sereno y que dé la ilusión de pensamiento como éste.  Sería dichosa de conocerte bajo uno de ellos, de oírte tendida sobre sus agujitas secas y suaves.

Cómo no repetir al leer estas líneas aquellos rebosantes versos suyos: Pinos caímos, graves / como un pensamiento, / dormidme la pena, / dormidme el recuerdo.

¡Ah. -continúa con sosegada añoranza- si fuera cierto que eres capaz de quererme con paz!  La gratitud me henchiría el corazón, al sentir el "esfuerzo, la voluntad de mudarte por mí”. Hazlo, hazlo, hazlo, Manuel; hazme dichosa así...

Mis días son mejores que antes, Manuel: una insinuación de dicha, como un perfume diluido, apenas perceptible, de felicidad. Piensa esto y entiéndelo.

Su frase final: Te miro largamente y te perdono, voy perdonándote mientras te miro.  L.

EN LA CAPITAL

El 14 de mayo de 1921 se funda el Liceo de Niñas N.º 6 de Santiago. Gabriela Mistral es nombrada su primera Directora. Tres semanas antes ha enviado a Magallanes una extensa comunicación en la que afloran como siempre su abatimiento y desamparo.

Le recuerda que sus presentimientos eran verdad.  Que requerido por ella, le ha contestado que no la quería, en el sentido hondo de la palabra... Tengo algún orgullo y no acepto la lástima.  Que se me deje sola con mi pena; soy capaz de cualquier dolor; pero me ofende la lástima, porque es un desconocimiento de la fuerza de mi alma.

En esta carta que exhala franqueza en todas sus letras, se reconoce la más desconcertante y triste... anegada de dulzura y dureza, de ternura y de grosería. Le habla de sus intemperancias de carácter, de su herencia fatal. Le asegura que el -amor es el que suelta las trabas hipócritas y por él yo dejé mi actitud de persona decente, de mujer más o menos honorable. Y con firmeza lo conmina: No me enrostre nunca esta desnudez.

Y con cuánta dulzura, que contrasta con la aspereza de los anteriores conceptos, pese a todo le contempla deslumbrada: El espectáculo de su alma me parece maravilloso, como la línea de las colinas que miro desde mi casa.  Siéndole tan opuesta, lo admiro infinitamente. Pero no puedo ser eso: es una fatalidad que me han creado tres o más generaciones de gentes violentas.

El tono de su nueva misiva, fechada el 4 de junio, es más apacible. Le habla de su niñez y de la naturaleza. Pareciera querer borrar el amargor de la precedente. Recuerda su infancia con deleite: Yo me crié en Monte Grande, el penúltimo pueblo del valle de Elqui.  Una montaña al frente; otra a la espalda y el valle estrechísimo y prodigioso entre ellas; el río, treinta casitas, y viñas, viñas. De 3 a 11 años, viví en M. G., y ese tiempo y el de maestra rural en La Cantera me hicieron el alma.

A continuación se refiere al mar y a la montaña: El mar me gusta mucho menos que la montaña. No tiene el silencio dentro del cual una pone todo. Además, su inquietud casi me irrita.

La montaña me lo da todo. Me eleva el alma inmensamente, me aplaca y se me vivifica.  En cl quiebra con sombra pongo genios de la tierra, poderes, prodigios. El azul festivo del mar no me gusta; todos los colores de ella me gustan.

ESBOZO DE PARALELO: NERUDA Y GABRIELA

El arrebatado entusiasmo por la cordillera de nuestra poetisa nos trae el recuerdo del magistral paralelo que Alone traza de Neruda y Gabriela, relativo a la pasión por el mar del primero y del vehemente fervor por la cordillera de la Mistral.

Escribe Alone: Neruda pertenece enteramente al mar, a la superficie infinitamente móvil, al continuo espejeo, a la espuma, a la ola, a lo que se hace y se deshace, a lo que deviene, se insinúa y ¡amas concluye... al misterioso mar poblado de seres y de cosas inasibles como peces.

Gabriela Mistral, en cambio, está cortada en facetas terminantes y construida de ángulos pétreos; sus estrofas marchan y suben a golpes duros... Su cansancio no se curva lánguidamente, sino que tiene el jadeo de la subida por una cuesta empinada y su reposo se asienta en la cumbre pura, en el aire translúcido.

Esta dureza externa -agrega Alone corresponde a la Profunda contextura moral de su poesía. Se dirá que el bien y el mal no existen para Neruda, todo disuelto en su contemplación sensual. La poesía de Gabriela, por el contrario, entraña una virtud tónica, una nobleza reconfortante, una limpieza primitiva que a todos los ojos permite mirar no sólo con admiración sino con respeto(190).

Pareciera que una fuerza cósmica hubiese resuelto reunir en nuestros dos Premios Nóbel la integridad física y geográfica de Chile: cordillera y mar; altura y lejanía; quietud y movimiento. Gabriela encuentra su cuna en el Norte, y el sol quema y alimenta sus venas. Neruda nace en Parral, y su infancia transcurre en el Sur, donde las grandes lluvias eternas son la música en el techo, en su casa de niños(191).

Gabriela y Neruda marchan, según Osses, como ganglios promotores a ambos lados de la columna vertebral de nuestra idiosincrasia y su conocimiento es indispensable para encender la presencia de Chile.  Para el autor de Trinidad poética..., Gabriela y Neruda se duelen de la muerte y llegan a Dios por la vía erótica.  El Dios de Gabriela es personal y providente y fuerte. Para Neruda, en cambio, Dios es la vena rota del tiempo: Neruda es más la rebelión y la angustia; Gabriela serenidad.  Neruda es más móvil y sensitivo; Gabriela más fría y hierática. Neruda más problema, y Gabriela más respuesta. Gabriela nos preside la Cordillera; Neruda el Océano(192).

RETORNO AL EPISTOLARIO

Pero no divaguemos. Retornemos al epistolario de Gabriela con el poeta de cara de marfil sonriente, el poeta del báculo de lirio en flor(193).

El 23 de junio una nueva carta de Gabriela llega a manos de Magallanes, que en esa fecha prepara ya su viaje a Europa. En ella Gabriela vuelve al nudo central de sus relaciones con Magallanes.

Cada vez, Manuel, que tengo yo una alegría grande -le expresa en uno de sus párrafos-, como si fuera un pecado tenerla, me viene enseguida, inmediato, el castigo por ella. Tú te acordarás que estuve muy contenta contigo la tarde en que nos disgustamos. Iba entrando en confianza, te miraba como un hermano; era un empezar de dicha. Y vino lo que vino, y quedamos peor que antes, porque el que vuelva a tutearte no es que crea posible el que tú me quieras. No, qué esperanza!...

Y al final: No se me ocurre, Manuel, decirte nada cariñoso. Y no es porque no te quiera; es porque me lo rompiste todo, la esperanza, la fe... Primero sufrí mucho; después me he serenado. En este viaje a la cordillera tuve muchas horas de ensueño. Soñaba sola. Tanto que he soñado contigo, en siete años, al ver la belleza de los paisajes. Me acuerdo de una poesía de María Enriqueta, la mejicana. Pinta un amor que ha pasado, como éste, y dice ... : - Hubo una vez en mi alma un gran castillo, donde un rey fue a pasar la primavera... ¿Hermoso? Sí; hubo un rey; hubo; ya no hay nada... Hasta siempre, Lucila.

EL DESENLACE

El castillo se derrumba con nostalgia. El rey desaparece en el horizonte, envuelto en el espeso manto de la niebla y del silencio. Siete años de amor, de ilusiones y esperanzas, se desvanecen. Para Gabriela, como en el Nocturno de los tejedores viejos, se acaban los días divinos / de la danza delante del mar, / y pasan las siestas del viento / con aroma de polen y sol, / y las otras en trigos dormidas / con nidal de paloma torcaz.

Dos meses después de escrita la carta que hemos comentado, el 22 de agosto de 1921, la última del Epistolario, Gabriela en una nueva misiva le acompaña la tan reputada como conocida Balada que recogen todas las Antologías y balbucean todos los labios:

El pasó con otra. / Yo lo vi pasar. / ¡Siempre dulce el viento / y el camino en paz!... ¡Y estos ojos míseros / lo vieron pasar!
El va amando a otra / por la tierra en flor. / Ha abierto el espina; / pasa una canción /
¡Y él va amando a otra / por la tierra en flor!...

¿No se vislumbra en esta actitud de Gabriela algún oculto pensamiento de enrostrar al fugitivo sus caprichos y mudanzas?

dulces para ella silenciosos, besos a orillas del mar que resbalan en las olas con la luna de azahar? Constituyen, sin duda, las últimas llamaradas de su espíritu grande, que antes de apagarse pretende alumbrar los senderos atormentados de un amor que muere.

Tres meses después, el 30 de noviembre, Magallanes zarpa a Europa en el vapor Renaico, y Gabriela al año siguiente, a México, la boca rasgada por el dolor, y los extremos de sus labios... vencidos como las alas de un ave cuando el ímpetu del vuelo las desmaya(194).

No volverán a verse. Él, a pasos agigantados marchará hacia su fin prematuro y doloroso. Ella, hacia la gloria.

De esa época de bruma y de silencio sentimental quedarán tan sólo dos poemas de Gabriela que recogerá en Desolación bajo el título de Poemas del éxtasis. Será el postrer tributo a un amor dilatado y profundo, que Magallanes custodiará piadosamente hasta el término de sus días. Aislado en su Quinta de San Bernardo, aspirará la naturaleza, en la cálida compañía de su esposa y de su hija.  Sus amigos le verán, a menudo, recorrer con las manos cruzadas a la espalda, las solitarias avenidas de su pueblo a la hora del Angelus y le llamarán con razón el poeta de la serenidad.

Mientras Gabriela triunfa en México, Magallanes penetra en las sombras infinitas del más allá. El 19 de enero de 1924, el dulce nazareno... ve cerrar con una palada de tierra la parábola casi evangélica de su vida. Tras sus plantas dolorosas de romero le siguen sus amigos, los poetas, confundidos con los más humildes miembros de la Sociedad de Conferencias Populares de San Bernardo, de la que fue su Presidente.

Con la misma levedad milagrosa de un poema suyo, salta de repente sobre la ruta eterna, dirá Eduardo Barrios.

Fue un gran poeta. En el verso y en la vida fue un gran poeta, repite emocionado Salvador Reyes. Y es que su arte era reflejo de su alma, hecha de paz, de silencio, de reposo, de olvido, afirma Antonio Orrego Barros.

La efigie del poeta, esculpida por las delicadas manos de Lura Rodig, la misma que tallará más tarde la de Gabriela Mistral, reposa bajo el tupido follaje de los árboles del Parque Forestal; y San Bernardo conmemora la personalidad lírica y poética de quien fuera su progresista Alcalde, mediante una fuente viva, erigida en su Plaza de Armas, que permite exclamar a Meza Fuentes: Hablemos de él junto a una fuente/ si queremos hablar de amor.

LA MUERTE DE MAGALLANES Y GABRIELA MISTRAL

A los cuarenta y seis años se nos murió, sin que le esperáramos esta mala muerte brusca, escribirá Gabriela Mistral, once años después de su doloroso y súbito final. El gran cortés se acabó con cortesía, como el agua de regato que se sume de pronto en un hoyo del desierto de Atacama. Iba de su pueblo de San Bernardo a Santiago cuando la angina le cayó al pecho. Por no molestar a los viajeros del tranvía se levantó a pedir al conductor que parase, y éste lo dejó cerca de la casa de su hermano, donde se acabó en momentos sin agonía.

Así -agrega la poetisa que tanto le amó- se nos borró del aire y la luz de Chile, que no han sido usados por hombre literario más dignamente natural(195).

LA EMOCIÓN DE GABRIELA

La muerte del amigo tan amado la sorprende en Europa. Pero Gabriela en el primer momento no quiebra su silencio. Sólo tres años más tarde aparece en "El Mercurio"(196) un artículo titulado: Gente chilena: Manuel Magallanes Moure.

Allí encontramos la explicación de su incomprensible mutismo. Ya se puede hablar de este hombre con cierto espacio que atempere la vehemencia del cariño. Y sólo rompe su mudez con ocasión de la inauguración del monumento cincelado por las finas manos de Laura Rodig, en las verdes encrucijadas del Parque Forestal. Porque ese monumento -según Gabriela- lo aleja un poco, aunque sea artificialmente, de nosotros; es como si decuplicara los años que han pasado...

A pesar de la muerte súbita expresa más adelante estaba maduro para morir Magallanes Moure... Maduro por la meditación que ya no era lisiadura melancólica en la manzana de la vida, sino estado unánime y mantenido. Maduro por la ninguna impaciencia, la ninguna prisa, la ninguna urgencia de las cosasque aquí se reciben.

Casi desconcertaba –afirma en otro acápite- su desasimiento... y dolía su desdén de sí mismo, en el último tiempo, cuando yo le conocí... Había volteado como viejos bolsillos el amor y la literatura, las únicas cosas que le importaron... Y tal vez lo queríamos por diferente. Nos aliviaba de nuestro borbotón de violencia...

Con singular maestría, le define como un hombre cotidianamente fino... Encuentra en él esa lenta pulidura que tiene la caoba en los brazos de la sillería de un coro español.

Según Gabriela, Magallanes elegía al amigo como la abeja la rosa, y tenía después de la elección la amistad larga y maravillosa(197). Esa amistad larga y maravillosa que en una atmósfera de amor y hasta de pasión los mantuvo unidos cerca de diez largos años. Gabriela, en instantes le adoró con frenesí: Blanco, puro y un hermoso varón -le recuerda- para ser amado de quien le mirase: mujer, viejo o niño. A su juicio, tal vez las cabezas poéticas más bellas que han visto valles americanos hayan sido las de José Asunción Silva y la de nuestro Magallanes.

Y para Gabriela era una belleza con hechizo, de las que trazan su zona en torno. Un teósofo diría que su aura era dulce. Porque la voz hacía conjunción con el cuerpo fino para volverlo más grato aún. Perdida voz de amigo que suele penarme en el oído: cortesía del habla, que además de decir halaga.

Todavía más: una extraña pulcritud personal de traje y de manera.

Cualquier raza –añade- habría adoptado con gusto esta pieza de lujo. Yo miraba complacida a ese hombre lleno de estilo para vivir, y sin embargo, sencillo. Se parecía a las plantas escogidas :      trascendía a un tiempo naturalidad y primor(198).

Varios años antes, Gabriela había vertido este hermoso pensamiento sobre Magallanes Moure: La introspección de minuto a minuto, el acarreo implacable que hacía su antena viva de las sensaciones, me hace pensar en su corazón como en un nido que recogí de niña, bajo unos higuerales.  Estaba hecho de fibras secas y menudas, tan áridas, que el fondo entero me punzaba la mano.  Y eso era un nido y tocaba el pecho del ave. La inteligencia da nidos semejantes a los hombres con vida interior(199).

POEMAS DEL ÉXTASIS

Al cerrar las páginas de este ensayo, en el que temerosos nos hemos adentrado en el alma de un ser atormentado por la vida, ahondando, primero, en sus ensueños de adolescente con un avezado agricultor de su tierra que tanto armó; y más tarde, en el amor trágico del suicida, el de las sienes vaciadas y la luna de los ojos albas y engrandecidas(2OO), no debemos silenciar al menos dos de los nueve Poemas del éxtasis que en diciembre de 1922 dedicó al grande y verdadero amor de toda su vida: Manuel Magallanes Moure. Corresponden al IV y al VI. Hablaban de ti... y Escóndeme, que enlazados con las amarillentas cartas de Gabriela, encontramos palpitantes y plenos de emoción y de ternura:

HABLABAN DE TI

        Me hablaron de ti ensangrentándote
        con palabras numerosas. ¿Por qué
        se fatigará inútilmente la lengua
        de los hombres? Cerré los ojos y te
        miré en mí corazón. Y eras puro, como
        la escarcha que amanece dormida
        enlos cristales.

        Me hablaron de ti alabándote con
        palabras numerosas. ¿Para que se
        fatigará inútilmente lagenerosidad de
        los hombres?... Guardé silencio,
        y la alabanza subió de mis entraña
        luminosa como suben los vapores del
        mar.

        Callaron otro día tu nombre y dijeron
        otros en la glorificación ardiente.

        Los nombres extraños caían sobre mí,
        inertes, malogrados. Y tu nombre
        que nadie pronunciaba, estaba presente
        como la Primavera, que cubría el valle
         aunque nadie estuviera cantándola en
        esa hora diáfana.(201)

ESCONDEME

        Escóndeme, que el mundo no me adivine.
        Escóndeme como el tronco su resina, y
        que yo te perfume en la sombra, como
        la gota de goma, y que te suavice con
        ella, y los demás no sepan de dónde viene
        tu dulzura...

        Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas
        de su sitio; como las raíces abandonadas
        sobre el suelo.

        ¿Por qué no soy pequeña, como la almendra
        en el hueso cerrado?

        ¡Bébeme! Hazme una gota de tu sangre, y
        subiré a tu mejilla, y estaré en ella como
        la pinta vivísima en la hoja de la
        vid.  Vuélveme tu suspiro, y subiré
        y bajaré de tu pecho, me enredaré
        en tu corazón, saldré al aire para volver
        a entrar.  Y estaré en este juego
        toda la vida ... (202).

Y Gabriela cierra los ojos y le mira en su corazón, puro como la escarcha que amanece dormida en los cristales; y él la esconde para que el mundo no la adivine, como el tronco a la resina para ser perfumado en la sombra y que los demás no sepan de dónde viene su dulzura. Y ella como un suspiro sube y baja en su pecho, enredándose en su corazón, saliendo al aire y volviendo a entrar, para seguir en ese juego toda la vida. Y Gabriela comprende a Dios, a Dios que es este reposo de sus largas miradas, este comprenderse sin el ruido intruso de las palabras.(203)

SERGIO FERNÁNDEZ LARRAÍN A bordo del
Transporte "Aquiles", comandado por el Capitán de Fragata don Mariano Sepúlveda Matus,
en su travesía de Valparaíso a Puerto Williams, capital de la Provincia Antártica chilena (febrero-marzo de 1977).

Notas

1 Hamilton, Carlos D.: Raíces bíblicas de la poesía de Gabriela Mistral. Sobretiro de Cuadernos Americanos. Septiembre de 1961. P. 201.

2 Sol del trofeo. A don Eduardo Santos.

3 Al pueblo hebreo (Matanza de Polonia).

4   Al oído de Cristo. A Torres Rioseco.

5 Poema del Hijo. A Alfonsina Storni.

6. Piececitos, A doña Isaura Dinator.

7 La maestra rural. A Federico de Onís.

8 La oración de la maestra.

9 La encina. A la maestra señorita Brígida Walker.

10 El ruego.    

11 Tribulación. 

12 Intima

13 Amor  Amor.

14 Mistral, Gabrieia: Poema de Chile. Texto revisado por Doris Dana.        Editorial Pomaire, Santiago de Chile, 1967. Hallazgo.  P. 9.

15 La divergencia que se aprecia en los biógrafos y críticos de Gabriela Mistral en torno al día de su nacimiento, es sorprendente. Así, sólo por vía ilustrativa señalaremos algunos nombres. Entre otros, lo precisan el 6 de abril: Raúl Silva Castro en sus Estudios sobre Gabriela Mistral, p. 3; Augusto Iglesias en Gabriela Mistral y el modernismo en Chile, p. 14; Edwards Matte en su artículo biográfico de la Revista Hoy; Virgilio Figueroa en su Divina Gabriela, p. 40; Saavedra Molina en Gabriela Mistral: su vida y su obra, p. 7; y lo que es más grave en su estudio crítico-biográfico que sirve de Introducción al tomo de Poesías Completas de la insigne poetisa, correspondiente a la colección Biblioteca de Premios Nóbel, editada por Aguilar. Madrid. 1958, p. XVI. En cambio, son contados los que dan el día exacto de su nacimiento, esto es, el 7 de abril. Cabe destacar entre ellos a Norberto Pinilla en su Biografía de Gabriela Mistral, p. 15; a Mario Ferrero en Premios Nacionales de Literatura, I, P. 232; y a Femando Alegría en Genio y figura de Gabriela Mistral, p. S. Este error tan difundido. nace de la ambigua inscripción de bautismo realizada por el cura párroco de Vicuña, Pbro. Manuel A. Olivares; anomalía perfectamente aclarada en la inscripción verificada en el Registro Civil de Vicuña a requerimiento de don Jerónimo Godoy Villanueva. Finalmente cabe reiterar la afirmación escrita de la propia Gabriela entregada a una empresa editorial de Barcelona: Nací en Vicuña, Elqui, el 7 de abril de 1889.

16 Mistral, Gabricia: Poema de Chile.  Edic. cit.  Valle de Elqui.  P. 45.

17 Id. pp. 46-47.

18 Cf. id.: Huerta. Pp. 51-52.

19 id.  Montañas mías.  P. 37.

20 Cf Campoamor, Fernando C.: Recado a la maestra insepulta. “Cuadernos Israelíes: En homenaje a Gabriela Mistral”. Jerusalén, 1960.  P. 39.

21 Mistral, Gabriela: Recados: Contando a Chile. Editorial del Pacífico. Santiago de Chile, 1957. P. 118: María Isabel Peralta. Reproducción del Prólogo a su obra Caravana Parda. Ed. Letras. Santiago de Chile, 1953.

22 Iglesias, Augusto: La Mistral y el modernismo en Chile. Ensayo de crítica subjetiva. Editorial Universitaria. Santiago, 1949. P. 14.

23 Arciniegas, Germán: Gabriela, la fantástica chilena. En "Cuadernos Israelíes" ya cit. P. 23.

24 Figueroa Virgilio: La Divina Gabriela. Imprenta "El Esfuerzo". Stgo. de Chile, l933.

25 Madre mía.

26 Lápida.  De la sección XII de sus Poesías Completas: Muerte de mi madre.

27 La fuga. Id.

28 Gabriea Mistral en su Recados, Don Carlos Silva Vildósola, maestro del periodismo chileno, dice del insigne escritor: Había en este varón la espiritualidad necesaria para vivir del amor sin saciarse y para dar todo lo demás como terrones de polvo... Silva Vildósola cuidó como la niña de los ojos la vida constitucional de Chile, que es el mayor de nuestros decoros... (Recados, edie. cit., pp. 202-203).

29 Carta autógrafa de Gabriela Mistral. Archivo del autor. Sección Carlos Silva Vildósola.

30 Revista Vea, Santiago, septiembre, 1954. Entrevista concedida a Jorge Inostrosa.

31 Citado por Norberto Pinilla en su Biografía de Gabriela Mistral. Editorial Tegualda. Santiago de Chile, 1945. Pp. 65-67. El ejemplar de la Biblia en el que aparece el autógrafo de Gabriela Mistral fue obsequiado por la poetisa a la Biblioteca del Liceo de Niñas Nº 6 de Santiago.

32 Alegría, Fernando: Las fronteras del realismo: Literatura chilena del siglo XX. Zig-Zag. Santiago de Chile, 1962. Pp. 143-145.

33 La cruz de Bistolfi.

34 Viernes Santo.

35 Al peblo hebreo, ya cita&.

36 Ruth. A González Martínez.

37 El Dios triste.

38 Doña Petronila -en estado de soltería concibió a mi pariente y amiga Emelina, que "tomó” el apellido Molina. Era hija de Rosendo, quien fue casado una sola vez en su vida con doña Jesús Rojas... Rosendo nunca "reconoció" (empleando el termino en sentido estrictamente jurídico) a Emelina ... (De la carta autógrafa de Armando Rojas Molina a Hernán Díaz Arrieta (Alone) fechada en Iquique el 28 de agosto de 1963. Original en Archivo del autor. Sección Alone).

39 Emelina fue casada con José de la Cruz Barraza Rojas. Fruto de su matrimonio fue Graciela Amalia, nacida el 7 de marzo de 1903 y fallecida niña.

40 ef. Manitas,

41 Cf La oración de la maestra,

42 Coplas.

43 Alone: Estudios sobre Gabriela Mistral por Raúl Silva Castro. "La Nación", 15 de diciembre de 1935. Artículo incorporado en 1946 en su obra Gabriela Mistral, editada por Nascimento. Santiago - Chile, 1946. Pp. 57-66.

44 “Desolación”, por Gabriela Mistral. Artículo de Alone en "La Nación", 3 de junio de 1923. El mismo aparece como Prólogo de la tercera edición de Desolación publicada por Nascimento.

45 García Oidini, Fernando: Doce escritores. Hasta el año 1925. Editorial Nascimento, 1929. Santiago - Chile. Gabriela Mistral, pp. 111-122.

46 Osses, Mario: Trinidad poética de Chile. Edición separada de la Revista Conferencia, Universidad de Chile, Nos. 6-9, junio-diciembre de 1947. Gabriela Mistral.  Poetisa de la pasión. Pp. 29-48.

47 Coplas.

48 La maestra rural.

49 Alegría, Fernando: Op- cit. Capítulo, Gabriela Mistral. retrato, pp. 145-146.

50 Rodig, Laura: Presencia de Gabriela Mistral (Notas de un cuaderno de memorias en Anales de la Universidad de Chile. Año CXV. Segundo Trimestre de 1957.  Nº 106. Homenaje a Gabriela Mistral.  P. 284.

51 Szmulewiez, Efraín: Gabriela Mistral (Biografía emotiva). Editorial Orbe. 5ª' edición, Santiago - Chile, 1974; P. 38.

52 Latcham, Ricardo A.: Gabriela Mistral.  Revista Católica.  Santiago de Chile.  Año 23. 16 de junio de 1923.  N.O 525. P. 939.

53 Montes, Hugo, y Oriandi, Julio: Historia y Antología de la Literatura Chilena. Editorial del Pacífico. Santiago de Chile. 1965.  P. 239.

54 Anderson Imbert, Enrique: Historia de la literatura hispanoamericana. T. II.  Epoca contemporánea.  Fondo de Cultura Económica. México-B. Aires. P. 34.

55 Figueroa Virgilio: op. cit.  Pp. 79 y ss.

56 Soiza Reilly, Juan José de: El único amor de Gabriela Mistral. Artículo aparecido en El Correo de Valdivia, el 17 de febrero de 1926.

57 Donoso, Armando: La otra América. Colección contemporánea - Calpe. Madrid, 1925. Cf. Capítulo: Gabriela Mistral, un poeta representativo. P. 43.

58 Alone. Gabriela Mistral. Nascimento. Santiago - Chile, 1946 Nota biográfica, P. 10.

59 Alone: Historia personal de la literatura chilena. Segunda edición. Santiago de Chile 1954. Zig-Zag. P. 293.

60 Santelices, Isauro: Mi encuentro con Gabriela Mistral (1912-1957).  Edi~ del Pacífico.  Santiago de Chile, 1972, P. 47.

61 La Compañía. En la Geografía descriptiva de la República de Chile, de Enrique Espinoza.  Imprenta Barcelona.  Stgo. de Chile, 1903, figura en la Prov. de Coquimbo.  Depto. de La Serena.  P. 155.

62 Alone: Historia de Gabriela Mío". Introducción a la Antología.  Selección de la autora. 1957.  Edición homenaje ... en el año de su muerte.  Zig-Zag.  P. VI.

63 Idem.

64 Idem. Conviene, sí, aclarar que Ureta no era conductor de trenes como afirman Alone y otros escritores, sino simple guardaequipaje de la empresa ferroviaria.

65 Revista Vea. Santiago, septiembre de 1954. Entrevista realizada a Gabriela Mistral por Jorge Inostrosa, ya citada.

66  Rodig, Laura: artículo y edic. citados, p. 284.

67 González Vera, José Santos: Algunos. Nascimento, 1959. Santiago de Chile. Pp. 127-128.

68 Saavedra Molina, Julio: Gabriela Mistral: su vida, su obra, Prensas de la Universidad de Chile. Santiago, 1946.  Pp. 8-9.

69 Id., p. 25 Cf estudio del mismo autor en Rev. Hispánica Moderna. Enero, 1937, pp. 118 y 135, notas 16, 20 y 21.

70 Idem.

71 Anderson Imbert Enrique: Op. cit.  II, 34.

72 Santelices, Isauro: Op. cit., p. 47.
73 Id. Pp. 55-56

74 Ferrero, Marlo: Premios Nacionales de Literatura.  Zig-Zag, 1962.  T. I, p. 235. 75 Id., p. 238.

76 Alegría, Fernando: Genio y figura de Gabriela Mistral. Editorial Universitaria de B. Aires 1966, P. 5.

77 PinilIa, Norberto: Biografía de Gabriela Mistral: Editorial Tegualda, 1945.  Santiago de Chile.  P. 27.

78 Edwards Matte, lsmael: Gabriela Mistral. Revista Hoy.  Santiago de Chile.  Nº 316. 9 de diciembre de 1937.  Pp. 69-70. Gabriela Mistral precisa su opinión a Gabriel Conzález Videla, a la sazón Ministro de Chile en Francia, en carta fechada en Niza el 1º de diciembre de 1939: "...hay unas tres o cuatro biografía mías impresas: una del señor Virgillo Figueroa, que está muy-mal escrita; otra del Prof de la Universidad de Chile, don Julio Saavedra Molina, que fue-publicada por el Instituto de las Españas (Columbia University) de Nueva York; Otra, la mejor, de don Ismael Edwards Matte, que apareció en la revista Hoy y que no ha sido editada en libro".  En 1939 apareció publicada por la editorial Ercilla en el T. 11 de la colección Cien autores contemporáneos, seleccionados por Lenka Franulic.

79 Revista Hoy, art. cit.

80 Dato proporcionado por don Juan Villalobos Rojas, hijo de don Valentín, a Alone, en carta fechada en Santiago el 20 de abril de 19W.  Original en archivo del autor, sección "Alone".

81 Curiosamente, Enrique B]anchard Chessi actuó como Tesorero en los Juegos Florales de Santiago de 1914, en los que Gabriela Mistral inició sus primeros pasos en los senderos de la fama con sus inmortales Sonetos de la Muerte.

82 El ruego.

83 CC Zamudio, José: Primera producción de Gabriela Mistral: 1904-1914.  Separata Homenaje a Guillermo Feliú Cruz.  Biblioteca del Congreso Nacional.  Santiago de Chile, 1974.  P. 1.118.

84 Samo alto. En la obra citada de Espinoza aparece en el Dpto. de Ovalle de la Prov. de Coquimbo, a 25 Km. de Ovalle.  La propiedad rural en el rol de 1902 se menciona bajo el nombre Viña, en la subdelegación 11, con un avalúo de $ 49,500, de propiedad de doña Petronila Pineda v. de Videla.  Pp. 16,3-164.

85 Datos familiares debidos a la cortesía de don Oscar Ossa Vicuña.

86 No debe olvidarse que el fundador de Mendoza, don Alonso de Videla, es el tronco del que desciende Alfredo Videla Pineda.

87 Munizaga Iribarren, Miguel: Vida y confesiones de Gabriela Mistral.  Revista ",Familia".  Nº 4, p. 28.  Santiago de Chile, 19 de junio de 1935.

88 Miguel Munizaga en el artículo citado asevera que nació en 1866.

89 La maestra rural.

90 Idem.

91 Idem.

92 En el Teatro de La Serena o más bien de Coquimbo.

93 Obsérvese que en esta carta habla del palco N.O 18, y en la de 23 de diciembre del Nº 10, lo que demuestra que sus encuentros fueron frecuentes

94 De la carta de Lucila Godoy a Luis Carlos Soto Ayala. Cf su obra La literatura coquimbana.  Imprenta Francia.  Santiago de Chile, 1908.  P. 102.

95 Idem.

96 La maestra rural.

97 Cf.  El encuentro.

98 Cortesía de la señora Isolina Barraza de Estay y de don José Zamudio.  Este poema apareció en La Voz de Elqui en el Nº 988 de 11 de marzo de 1906.

99 Alegría, Ciro: Gabriela Mistral íntima.  Editorial Universo.  Lima, 1968.  P. 9.

100 Esta composición escrita y fechada en La compañía, el 8 de agosto del 1905, figura en Voz de Elqui", de Vicuña, el 10 del mismo mes y año, en el Nº 934.

101 -Aparece en el día indicado en "El Coquimbo" de La Serena.  Firma y fecha en La compañía

102 No ha sido posible a sus biógrafos precisar la fecha del conocimiento de Lucila y Romelio.  Si se analizan las múltiples declaraciones de la propia Mistral, puede observarse que cae en manifiestos renuncias y contradicciones.

103 Santelices, Isauro: Op. cit., p. 47.

104 Alegría, Ciro: Op. cit., p. 32.

105 Ferrero, Mario: Op. cit., p. 239.

106 Edwards Matte, Ismael: Artículo citado de la revista Hoy.

107 Iglesias, Augusto: Op. cit., p. 195.

108 Entrevista aparecida en El Diario ilustrado" el 12 de enero de 1957, días después de la muerte de la excelsa poetisa.

109 Santelices, Isauro: Op. cit., p. 56.

110 Alone: locución citada.

111 Rodig, Laura: Artículo citado, Anales de la Universidad de Chile, p.284.

112 "Clímax".  Artes y Letras.  Nº 5 de 10 de enero de 1960. La Serena.  Talleres Gráficos. Homenaje a Gabriela Mistral.  Pp. 18-19.

113 Artículo de Sonia Estay Barraza.

114 El ruego. En torno al suicidio y a los funerales de R. Ureta pueden consultarse los periódicos de la región, v. Gr. “El Coquimbo" de 27 y 3º de noviembre de 1909; "La Reforma" de LA Serena y "El Trabajo" de Coquimbo de 27 del mismo mes.  Estos datos los debemos a la prolijidad de don José Zamudio.

115 Latcham, Ricardo A.: Op. cit., p. 940.

116 Geel, M. Carolina: Siete escritoras chilenas.  Edit.  Rapa Nui, S.A. Stgo., s/L P. 20.

117 Los tres ensayos aludidos son (1) Gabriela Mistral, en Rev.  Hispánica Moderna, Nueva York, enero de 1937; (2) Gabriela Mistral: su vida y su obra, Ed.  Prensas de la Universidad de Chile.  Sigo., 1946; y (3) Estudio crítico-biográfico, que encabeza la obra Poesías Completas de Gabriela Mistral, editada por Aguilar en su "Biblioteca Premios Nóbel Madrid, 1962.

118 Saavedra, Molina, Julio: "Estudio crítico-biográfico” de la edición Aguilar, ya citada, p. XXXIX.

119 Idem.

120 Id., p. LXVI.

121 Miranda, Estela.  Poetisa de Chile y Uruguay, Ed. Nascimento, Stgo.,1937, P. 39.

122 Pinilla, Norberto: Op. cit., p. 38.

123 Alegría, Fernando: Genio y figura de la Mistral.  Edición cit.  P. 25.

124 Gazarian-Gautier, Marie- Lise: Gabriela Mistral, La maestra de Elqui. Ed. Crespillo. B. Aires, 1973.  P. 34.

125 Figueroa, Virgilio: Op. cit., pp. 81-82. 12@ Iglesias, Augusto: Op. cit. P.222.

127 Idem.

128 Idem.

129 Id., pp. 230-231.

130 Id., p. 231.

131 id., pp. 231-232.

132 id., p. 234.

133 idem.

134 Id., p. 235

135 Id., p. 236

136 Loynaz, Dulce María: Gabriela y Lucila,  edición Aguilar citada, p. CXIX

137 Alone: En Napoles. El Mercurio. Fdo. En Nápoles, 8 de mayo del 952, y reproducido por Calderón en Pretérito Imperfecto (Memorias) de Alone.  Selección y prólogo de Alfonso Calderón.  Stgo. de Chile, 1976.  CE pp. 9 13-914.

138 Alone: La Nación: "Estudios sobre Gabriela Mistral”, de Raúl Silva Castro.  Artículo reproducido en la obra Gabriela Mistral de Alone.  Nascimento, Santiago de Chile, 1946.  Cf. pp. 62-63.

139 Alone: Gabriela Mistral.  Edic. cit., p. 99.

140 Singerman, Berta: Recuerdos de Gabriela Mistral.  Ed.  "Cuadernos Israclíes", p. 7.

141 Entrevista de Jorge Inostrosa a Gabriela Mistral, ya citada.

142 Núñez y Domínguez, Roberto: artículo aparecido en el diario madrileño “Dígame" el 15 de enero de 1957.

143 Franulic, Lenka: Reportaje a Gabriela.  Revista Vea, de 27 de mayo de 1952.

144 Alegría, Ciro: Op. cit.

145 Lagos Lisboa, Jerónimo: entrevista ya citada, aparecida en "El Diario Ilustrado", el 12 de enero de 1957.

146 Loynaz, Dulce María: art. cit., Gabriela y Lucila.

147 Ladrón de Guevara, Matilde: Gabriela Mistral, rebelde magnífica.  Ed.  Imprenta CentW de Talleres del Servicio Nacional de Salud.  Stgo., 1957, P. 30.

148 Alegría, Ciro: Op. cit., p. 51.

149 Ladrón de-Guevara, Matilde: Op. cit., p. 30.

150 Loynaz, Dulce María: art. ya re rido, p. CXXXVIII de la edición citada.

151 González Vera, José Santos: Cuando era muchacho.  Edición citada.  P. 170.

152 Gon@ez Vera, José Santos: Algunos.  Edición ci@ P. 129.

153 Alone: Selección y Prólogo a Poemas de Jorge Hübner Bezanilla.  Ed.  Nascimento, Santiago de Chile, 1966, P. 11.

154 González Vem, José Santos: Algunos.  Edición citada.  P. 138.

155 Miranda, Estela: Op. cit., p. 40.

156 Loynaz, Dulce Marta: Gabriela y Lucila, edición ya citada, p. CXXVII.

157 Gabriela Mistral a Eugenio Labarca. 1915.  Op. cit., p. 24.

158 Rodig, Laura: art. cit., Anales, p. 285.

159 El libro de los Juegos Florales.  Los primeros juegos florales de Santiago.  Organizados por la Sociedad de Artistas y Escritores y celebrados en el Teatro Santiago el 22 de diciembre de 1914.  Glosas y madrigales compilados por Julio Munizaga Ossandón.  Empresa Zig-Zag, s/f ni foliación.

160 Cf. Alone: Hist.  Personal de la Literatura Chilena, Ed. cit.  P. 31 1.

161 Los juegos Florales del 22 de diciembre de 1914 son, sin duda, los de más relieve y jerarquía de los celebrados en Chile, no sólo por constituir el pedestal de la fama de Gabriela, sino que por haberse dado cita en el Teatro Santiago, en la capital de Chile, la más genuina representación de las letras y de las artes, bajo la presidencia del jefe del Estado don Ramón Barros Luco, del Alcalde don Ismael Valdés Vergara, del Presidente de la Sociedad de Artistas y Escritores don Manuel Magallanes Moure y de los más destacados valores de la intelectualidad chilena.

162 Rodig, Laura: art. cit., Anales, p. 285.

163 Silva Castro, Raúl: Panorama Literario de Chile, p. 67.

164 Scarpa Roque Esteban: Una mujer nada de tonta. Edit. de la Univ. Cat. de Chile, 1976.

165 Alone.

166 Campoaznor, Fernando: CE "Cuadernos Israelíes". ya citado.

167 Osses, Mario: op. cit.

168 En cambio, con qué menosprecio se refiere al Quijote y a Cervantes, e£ carta N.O 2 del Epistolario de Eugenio Labarca, ya citado, pp.

169 Rodig, Laura, art. cit., Anales.  P. 289.

170 Blanco Segura, Ricardo: Gabriela Mistral. En "Cuadernos Israelíes", ya citado, p.3l.

171 Alegría, Ciro: op. cit., p. 14.

172 Alegría Ciro: op. cit., p. 37.

173 Iglesias, Augusto: op cit., p. 189.

174 Lillo, Sasmuel A.:  Literatura Chilena.  Séptinma edición.  Edit Nascimento. Santiago de Chile, 1952.  P. 101.

175 Al pie de una postal, que reproduce la mencionada calle y en la que destaca por su sobria y elegante arquitectura la casa de dos pisos de la familia Magallanes, se observa la siguiente leyenda, de puño y letra de Manuel Magallanes: Esta es la casa en que vivió hasta los siete años.  Fdo.  Manuel.

176 Alone : Historia de la literatura chilena, p. 283.

177 Santiván, Fernando: Memorias de un Tolstoyano. Zig-Zag. Stgo. de Chile, 1963, p. 136.

178 Santiván, Fernando: op. cit., pp. 134-135.

179 Solar Correa, Eduardo: Poetas de Hispanoamérica. 1810-1926.  Imp.  Cervantes. Santiago de Chile, 1926.  P. 205.

180 Mistral, Gabriela: Recados: Gente.  Chilena: Manuel Magallanes Moure, edición citada.  P. 31.

181 Alone: Hist. Pers. de la Lit. Ch. Segunda edición. Stgo. de Ch., 1962. Zig-Zag. P. 283.

182 Santiván, Fernando: op. cit., p. 135.

183 Idem.

184 Alone: Gabriela Mistral.  Edición ya cit., p. V.

185 Donoso, Armando: La otra América, op. cít., pp. 40-41.

186 González Vera, José Santos: Algunos, edición ya cit v. 132.

187 Mistral, Gabriela: Paisajes de la Patagonia. I. Desolación.

188 Idem.

189 Boletín... Nº 2, Stgo.  Mayo de 1962.  P. 17.

190 Alone: Op. cit., Pp. 81-83.

191 Neruda, Pablo: Obras Completas, T. I, p. 38.

192 Neruda, Pablo: Op. cit., p. 47.

193 Meza Fuentes, Roberto: Recuerdo de Magallanes.  "El Mercurio", 15-IX-1940.

194 Prado, Pedro: Al pueblo de México.

195 Mistral, Gabriela: Magallanes Moure, el Chileno."El Mercurio", 5 de mayo de 1935. 196 Mistral, Gabriela: Gente Chilena: Manuel Magallanes Moure.  "El Mercurio", 17 de abril de 1927.

197 Idem.

198 Mistral, Gabriela: Artículo citado de 5 de mayo de 1935 en "El Mercurio".

199 Mistral, Gabriela: Artículo citado de 17 de abril de 1927, en "El Mercurio"

200 Mistral, Gabriela: Desolación, edic. cit., p. 163.

201 Mistral, Gabriela: Desolación, Edic. cit. de Nascimento de 1923.  Pp. 284-285.

202 Id. Pp. 285-286.

203 Mistral, Gabriela: Poemas del éxtasis. II - Dios.  Op. cit., p. 282.




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