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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Pilar Donoso "Este libro desestructuró a mi familia"

martes 16 de noviembre de 2010

Hija del escritor José Donoso:


A un año de publicar su libro "Correr el tupido velo", donde revela pasajes polémicos y desconocidos de su padre, el escritor José Donoso, Pilar hace un duro balance, tras su quiebre matrimonial y la partida de sus hijos: "Estoy pagando un costo altísimo, un costo que a veces me dificulta respirar, pero tenía que hacerlo. Fue mi catarsis, mi pena y mi liberación. De ninguna manera me siento víctima. Ha sido muy liberador y me está ayudando a encontrarme".

Por María Cristina Jurado.

Pilar, la hija del escritor José Donoso y María Pilar Serrano, se sienta, muy derecha, en el elegante sitial que vistió con sedas de Independencia. Lo suyo es el buen gusto. En este dúplex de Las Condes los muros son negros, los pisos bicolores y el baño gris pizarra. Todo es a ratos transparente; a ratos, oscuro, pero siempre teatral. Con sedas salvajes, óleos y lágrimas de cristal que cuelgan del cielo. Una casa puesta con precisión de microcirujano.

Y una casa que hoy está vacía.

No hay niños, no hay nana, no hay hombres. Tampoco ruidos. Sólo Pilar, quien se arrellana y prende el tercer cigarrillo del día. Pilar, con su tristeza.

-Este libro ("Correr el tupido velo") me provocó a mí y a toda mi familia un terremoto emocional mayor, un cataclismo. Para escribirlo me demoré siete años, desde 2002 hasta 2009, en leer y procesar los 64 diarios de Princeton de mi padre, escritos con su lápiz Bic negro -era maniático- y letra horrorosa. Ese proceso me costó la soledad. Me separé, después de veinte años de buen matrimonio, y mis tres hijos se fueron con su padre. El menor, Felipe, que tiene doce, está entre las dos casas, pero cada vez pasa más tiempo allá.

-¿Sus hijos y su ex marido no entendieron su proceso?

-No, y nos estalló en la cara. Perdí mi matrimonio y mis hijos se fueron. Con Cristóbal -que es mi primo, y por eso nuestros niños se llaman Donoso Donoso- tuvimos una mala separación y estamos en medio de un juicio de divorcio. Muy duro. Pero, mirado desde hoy, yo los comprendo a ellos. Era imposible que me entendieran, porque no leían lo que yo estaba leyendo. Sólo sufrían. Todos mis descubrimientos, todo el dolor que me provocaron ciertos juicios de mi papá, el caos en mi casa, los silencios y la debilidad de mi mamá. La forma brutal con que me enteré de cosas. Ese libro me removió con una intensidad que me obligó a replantearme absolutamente todo. Quién era yo, cómo era mi vida, lo que había hecho hasta ahí. Me tuve que reconstruir como ser humano, y en esa reconstrucción no me reconocí ni yo ni mi pareja. Ellos sufrieron mucho, igual que yo. Lo veían desde afuera: sufrieron con la depresión que me provocó esa lectura -muchas veces fue tan fuerte que tuve que guardar los papeles, y después los retomaba-,
cómo fui cambiando y cómo me convertí en una isla. Aunque, en verdad, siempre me he sentido una isla. Desde mi infancia.

-¿Alguna vez pensó en abandonar?

-Creo que nunca. Con todo, seguí. Me di cuenta de que era mi catarsis, la forma de liberarme de la imagen de mi padre, porque siempre había vivido bajo su sombra. Además, pasó este episodio con un periodista que tomó, en forma indebida y sin mi autorización, pasajes de los cuadernos, totalmente descontextualizados, y los publicó. Supe que tenía que leerlos yo primero para evitar más desaciertos de otra gente.

Pilar perdió a una parte importante de su familia al publicar "Correr el tupido velo", en diciembre de 2009, donde reveló por primera vez pasajes desconocidos de la vida íntima del escritor y su familia. José Donoso tenía dos hermanos, de los cuales uno solo queda vivo. "Esa línea de descendencia no me perdona, pero espero que no sea para siempre. Nunca quise exponer a la familia, fue mi papá quien tomó la decisión, yo sólo reproduje. Casarse con un primo hermano, como es Cristóbal, no es sólo romántico, también puede ser fuente de conflicto. Con tu familia tú pasas las navidades, los fines de año. Entonces, si ocurre un quiebre, los pierdes a todos de golpe. Eso me pasó a mí. Los perdí por el libro, pero también porque me separé.

-En la soledad de hoy, ¿se arrepiente de haberlo escrito?

-No. Estoy pagando un costo altísimo, un costo que a veces me cierra la garganta y me dificulta respirar, pero tenía que hacerlo. Fue mi catarsis, mi pena y mi liberación. De ninguna manera me siento víctima. Ha sido muy liberador y me está ayudando a encontrarme. Esos siete años de lectura y escritura me dieron la fuerza para buscar en España a mi verdadero padre, quien me dio en adopción. Curiosamente, busqué a mi papá y no a mi madre.

-Y ahí llegó a un punto muerto.

-Al peor de todos. Yo era de origen desconocido. La investigación fue desde Chile, me ayudó un pediatra del internado madrileño que me acogió en 1967, el único que queda. Fue muy duro tener ese papel en las manos, mi certificado de nacimiento fiel -así se llama, porque en otro figuraba con apellidos que nunca fueron míos: Rodríguez Núñez- y leer, casillero por casillero: desconocido. La palabra me retumbó en la cabeza mucho tiempo. Desconocido. Ese día cambió mi vida, porque supe que, ahora sí, había llegado al final de mi identidad, a la línea de tope. Que jamás voy a saber de dónde vengo genéticamente, ni de quiénes soy hija.

Baja la mirada. Se esfuerza por seguir hablando con una dignidad extraña que, seguramente, heredó: le sale natural. Desde que la adoptaron José Donoso y María Pilar Serrano, es una Donoso más. Sin embargo, en treinta años -llegó a Chile desde España a los trece- Pilar no ha cambiado su acento. No pudo o no quiso. Ahora, justo un año después de publicarse, "Correr el tupido velo", su descarnado libro basado en los cuadernos de José, que Princeton guardó celosamente durante años, ganó el premio a la mejor edición. Un premio que comparte con Cecilia García Huidobro, decana de Comunicaciones y Letras de la UDP: "Ella fue quien primero leyó parte de mi trabajo, se lo mostré con mucha vergüenza y se sorprendió. A ella le debo haber hecho este libro, porque a mí la idea no se me había pasado por la mente. Lo empecé como un ejercicio estrictamente personal".

El escándalo, la catarsis

Cuando "Correr el tupido velo" se publicó, fue con expectación. La dolorosa biografía de Pilar Donoso venía a poner el dedo en la llaga sobre los rumores de una posible homosexualidad del escritor, uno de los principales autores en lengua castellana y Premio Nacional de Literatura 1990. Rumores que, en cierto público, habían causado escándalo y sorpresa, desatados por algunas publicaciones desde la liberación de sus papeles y diarios en Princeton. Pilar, que los revisó exhaustivamente, no encontró, dice, base real para tanto rumor. "Todo pasa por distintas interpretaciones".

-La única carta explícita de una experiencia homosexual de mi papá fue una que reproduje en el libro y que es de mi madre, de la época de Sitges. Ahí él reconoce abiertamente su sexualidad. Es la única parte donde yo encontré algo textual. Él dice: "Mi homosexualidad pasiva y latente". En sus cuadernos fue bastante cuidadoso. Y es cuando sacas de contexto e interpretas sus escritos, cuando aparecen los juicios escandalosos. Salvo esa carta de mi mamá, no hay ninguna otra declaración explícita. Ningún relato que toque aspectos físicos.

-¿Usted no censuró nada?

-Absolutamente nada. Y los leí todos. En alguna parte él dice "la relación que más me ha llenado es con Fulanito". Pero no dice en qué sentido, entonces depende de cómo se interprete esa frase. Volvemos a lo mismo.

-Esos fueron sus papeles de Princeton. ¿Son más reveladores los de la Universidad de Iowa?

-Al contrario, los de Iowa son mucho más literarios. En ellos, que son muy anteriores, incluso a su matrimonio con mi mamá en 1964, y que fueron sus primeras incursiones en literatura, recién me estoy metiendo. Hay algunos de sus años de estudiante en Princeton, cuadernos que vendió después a Iowa por una cosa monetaria. En todo caso, este material está también en Princeton, pero no físicamente, sino en microfilm. Con ellos estoy haciendo un trabajo mucho más académico en conjunto con la UDP. En lo que llevo leído, pero aún me falta mucho, no hay una línea que yo encuentre reveladora respecto a su posible condición.

-Entonces los de Iowa no son papeles más íntimos.

-Para nada. No quiero dejar mal a ese periodista que publicó sin autorización, pero él tuvo una intencionalidad, agarró extractos de cartas, extractos de diarios y de la forma en que los unió era como decir "este señor casi podría salir a la calle vestido como loca". Te lo digo en serio: yo no he encontrado nada.

-¿Usted cree que su padre fue homosexual?

-Sí. Ahora, si fue un homosexual activo o si lo fue durante su matrimonio, es imposible que yo lo sepa. Lo único que me consta es que tuvo experiencias homosexuales en su juventud. Nunca se habló del tema en mi casa, salvo cuando mi mamá me contó. Esa tarde -estábamos almorzando- cambió mi vida, como cuando supe que era adoptada.

-¿Por qué le contó su mamá?

-Por tonteras de joven. Yo debo haber tenido unos 23 años y estábamos los tres en la mesa. Y a mí se me ocurrió comentar que tal Fulanito era atractivo "y qué lástima que sea homosexual, qué desperdicio". Mi padre se paró violentamente de la mesa muy alterado. Mi mamá saltó y me dijo: "Bruta, ¡cómo puedes decir eso!". Me retó de tal manera, que ni cuenta se dio al principio de que yo no sabía. Quedé helada con la revelación.

-Su madre siempre lo defendió.

-Claro, si ellos se amaron toda la vida, eso sí es algo que me quedó muy claro y definitivo al leer los cuadernos de mi papá. Independiente de cualquier cosa, mi madre fue el amor de su vida. Entonces, ese momento fue clave, pero una vez que pasé el shock, me di cuenta de que yo siempre lo había sabido. Había demasiados signos en mi padre. La revelación no mermó en absoluto su imagen ante mis ojos.

-¿Qué le pasó?

-Até cabos. A él le gustaba mucho la estética, siempre fue quien decoró todas sus casas con magia, yo heredé eso. Todos nuestros domingos en Madrid eran en El Rastro, desde que yo era muy chica. Era cachurero. Tenía un gusto distinto al mío, más monacal, le gustaban los muebles grandes y pesados, los objetos extraños. También fue quien siempre se preocupaba del jardín y decidía qué se plantaba en primavera. Era profundamente estético. Por eso se llevó siempre bien con mi mamá, quien era muy mala dueña de casa y nada de eso le interesaba. Se complementaban porque ella era muy masculina. Tenía un tremendo vozarrón y era un mujer muy grande. La casa no podía interesarle menos.

-José Donoso aplicaba también su estética a lo doméstico.

-Sí. Era su lado femenino. Por eso, creo que mi libro logra una conciliación en su imagen. Al leerlo, uno se da cuenta de que era un artista que tenía una parte de locura, una parte muy querible con muchas aristas, como todo ser humano. Pero justamente esa locura y esa sensibilidad era lo que lo hacía interesante.

-¿Y en qué más aplicaba su estética, fuera de la literatura?

-En la ropa. A él le encantaba vestirnos a mi mamá y a mí. Si teníamos un cóctel o una fiesta, nos hacía desfilar y cambiarnos veinte veces de ropa hasta que elegía. Se sentaba a dirigirnos, era un panorama para él. Eso fue algo que compartimos todos, hasta mi primo Martín Donoso, quien hoy es diplomático y vivió con nosotros siete años. Mi padre siempre le compró los vestidos a mi mamá, la acompañaba a todos los costureros en Santiago. Después me di cuenta de que, al elegir nuestra ropa, él se estaba vistiendo a sí mismo.

-La verdad para usted no fue tan sorpresiva, entonces.

-Fue como esos secretos a voces en que el último que se entera es el hijo. Pero yo ya lo sabía en mi fuero interno, y es que fui criada entre homosexuales en España. Mis "tíos" más queridos eran Mauricio Wacquez, quien tenía marido, y Elsa Arana, que era lesbiana. No era un ambiente raro para mí. Y el único temor de mi papá respecto al tema era que su literatura fuera catalogada de gay. De hecho, así está siendo.

-¿Dónde?

-Para empezar, en Iowa. Creo que es Roberto Ampuero, quien dirige un curso sobre "literatura queer", y en él uno de los grandes temas es mi padre. De joven él se sintió muy marginado, porque siempre se sintió homosexual, desde niño.

-Debe haber sido muy fuerte para su madre.

-Ellos vivieron juntos 35 años y se quisieron mucho. Hasta el último día dormían en camas pegadas. No fueron un matrimonio con careta, sino de verdad. Mi papá escribía en su estudio, terminaba un capítulo y bajaba corriendo a leérselo a mi mamá. Pero ella, quien era muy especial y siempre fue la de las revelaciones en nuestra familia, me contó que sólo habían tenido actividad sexual durante los primeros cinco años de matrimonio. Nunca más. Entonces yo tengo mi teoría.

-¿Y cuál es su teoría?

-Mi mamá también tenía una distorsión clara de su sexualidad, para ella el tema no era tan importante. Alguna vez yo pensé que era lesbiana, y hasta busqué en los cuadernos. En un tiempo se metió muy fuertemente en un grupo de feministas en España, la mayoría era lesbiana y muy militante. Yo lo pensé, pero después vi que no, porque ella comentaba que esa cosa tan lesbiana de su grupo, como que le molestaba. Sí postergó su sexualidad, a un costo enorme.

-¿Y eso la llevó al alcoholismo?

-Hasta mi libro, sólo su círculo íntimo sabía que ella era alcohólica. Pero tomó desde muy joven. Mi ex suegra, que estaba casada con un hermano de mi papá, me contaba que mi madre, cuando vino a Chile como novia de mi papá, se iba a dormir con una copa de vino. Para mi suegra fue chocante.

-¿María Pilar, su madre, tuvo otros amores?

-¡Es que era muy cartucha, muy católica! En eso sí pongo las manos al fuego. La gran risa entre nosotros es que ella se casó virgen a los 36 y yo le creo. Sus dos mundos internos chocaban, por un lado era católica y su juventud fue glamorosa, con príncipes y reyes en lugares como El Cairo y vestidos encargados a París. Después, conoce a mi papá. Ella lo amó profundamente, se complementaban y eran grandes compañeros. Pero tenían una dinámica muy poco convencional. Los dos eran "María Pilar, te necesito. Pepe, te necesito". Así fue siempre.

-¿Su papá quería que usted fuese su biógrafa?

-Mi papá siempre lo quiso. Nos sentamos muchas semanas a grabar los recuerdos de su vida, sus experiencias. Esas cintas las guardé y fueron la base de mi libro, tanta historia de sus tías, de su abuela, de su infancia, todo lo de Neruda. En esas sesiones él dirigía todo, quería que yo escribiera una biografía a su manera. Me tenía horas grabando, como un espantapájaros.

Pilar Donoso viajó a Madrid a lanzar su libro en septiembre de este año. Estuvo un mes en España, donde aprovechó de visitar el pueblo de su infancia, Calaceite, en Aragón, "el lugar donde he sido más feliz en mi vida y donde mi mamá tuvo la mayor de sus depresiones". En Calaceite, un pueblo muy pequeño a dos horas de Barcelona, Pilar estudió hasta los diez años, pero después volvió muchas veces en los veranos. Por eso quiere regresar.

-Quiero ir a Calaceite a probar si puedo otra vez vivir ahí, y escribir. Ya tengo un proyecto de relatos. Es una decisión radical, por lo que primero iré unos tres o cuatro meses. Este libro desestructuró a mi familia. Y a mí misma. Ahora quiero volver a recuperar mi identidad.


Por María Cristina Jurado..

Fuente: El Mercurio, Chile


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