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viernes, 6 de marzo de 2015

CAMINANDO A TEILLIER


Por Nathalie Moreno Arqueros



¿Por qué deberíamos leer a Jorge Teillier? Tal pregunta me remite a la misma situación incómoda si me preguntaran por qué deberíamos leer poesía: no sé. Afortunadamente, hay gente sabia que conoce mucho de literatura, y que podrá demostrarte que el mundo es mejor cuando los ciudadanos se nutren de poesía como de pan. Sin embargo, mi ignorancia tiene el tamaño de una catedral, si no más, así es que no puedo aportar mucho en tal sentido. Entonces, ¿por qué deberías perder tu tiempo leyendo el relato del camino que me ha acercado a la poesía de Teillier, a sabiendas de la torpeza de mis pasos y la humildad de mis hallazgos? Quizás la respuesta se halle en el misterio de averiguar por qué yo –bruta rematada-  me lanzo al vano intento de hablar de los versos de un poeta tan enorme como discreto. Quien sospeche de mi parte una vocación suicida, no andaría tan perdido.  Salvo por una precisión: prefiero fracasar, a no intentar compartir un fuego.
No resulta fácil recorrer la poesía de Jorge Teillier. Quizás por eso, a pesar de su solidez e inmensidad, es tan poco conocido. Hay poetas que se dejan caminar con soltura; que puedes internarte en ellos con lo puesto. No es el caso de Teillier. No ha sido mi caso, al menos.

Los gallos me despiertan
y sus cantos
prometen ayudarme a alzar la casa (1)

La poesía siempre ha sido para mí un farol y los poetas, generosos y discretos compañeros de ruta, en la penumbra de vivir. Todos los que he conocido (en ese encuentro tan particular que tiene lugar cuando lees las páginas que han dejado escritas), han traído algún regalo para mí. Por eso Teillier estaba en mi lista de lecturas pendientes, en variopinta compañía. Además, unas cuantas personas que admiro, lo tenían entre sus poetas favoritos, lo cual venía a reforzar mi interés (soy una convencida que el amor por la lectura sólo puede nacer del amor y la admiración a una persona que lee). Sin embargo, cada vez que lo intenté, fracasé.

Se empieza a saber
que sólo sirven las lámparas
que congregan a las sombras (2)

En diversas ocasiones quise adentrarme en el bosque de sus palabras y sólo conseguía salir de ahí confusa y desorientada. La poesía de Teillier (quizás como él mismo) no se captura en un rápido vistazo. Por el contrario, requiere tiempo y paciencia. Tiempo para caminar lentamente y detenerte en cada palabra escogida, y en la combinación de ésta y su compañera que comienzan a resonar dentro de ti. Paciencia, hasta escuchar el eco que producen, no un eco vociferante (Teillier jamás grita) sino el rumor de quien no puede hablar sino en voz baja.

Estas palabras quieren ser
un puñado de cerezas,
un susurro -¿para quién?-
entre una y otra oscuridad (3)

Podría enumerar aquí los diversos adjetivos con los que los expertos califican y caracterizan su poesía: lárica, testimonial, mítica, entre otros. Y están muy bien. Pero… a posteriori. Con ello quiero decir que, antes de la cátedra, a Teillier se lo debe escuchar en la intimidad; permitirnos, de algún modo, el tiempo y paciencia necesarios para que sus palabras pueblen nuestra soledad. Al principio una palabra nos llamará la atención. Luego quizás una frase. Luego vamos a nuestros quehaceres y al atardecer, antes de dormir, volvemos a algún recodo, a algún poema o simplemente a un título. Yo siempre vuelvo y me detengo en las palabras con que bautizó uno de sus primeros textos: Para ángeles y gorriones. Se lee tan rápido y fácil y, sin embargo, basta que esperemos unos segundos para darnos cuenta de que el sentido de sus palabras ya no nos parece tan claro como al principio; unos segundos más para dudar de lo evidente y sospechar que Teillier nos quiere mostrar algo más; para tener una cierta inquietud que nos punza como si hubiéramos pasado algo por alto, cual torpes aprendices que nos hemos detenido en la punta de su dedo y no en lo que intenta señalarnos. Entonces, sugiero escuchar de nuevo. Escuchar tantas veces como sea necesario. Hasta entender. Acaso leer, como si se frotaran inútilmente dos piedras y perseverar en el intento, movidos –si les sirve- por una sólida convicción: la certeza de que esta orangutana se maravilló ante la chispa de sus palabras, e ignorante y todo, conseguí un fuego que ha abrigado mi alma desde entonces.
palabras, palabras –un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.(4)








Referencias
Fotografía de portada, tomada de www.dailymail.co.uk
Todos los extractos de poemas han sido tomados del libro LOS DOMINIOS PERDIDOS, Editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), 2013, selección de Erwin Díaz y prólogo de Eduardo Llanos. En las notas de los poemas, se hace referencia al libro del cual formaron parte originalmente y el número de página en que aparecen en el libro del FCE
(1)   Fragmento. CRÓNICA DEL FORASTERO. FCE Pág. 64
(2)   Fragmento. CRÓNICA DEL FORASTERO. FCE Pág. 73
(3)   Fragmento de “Estas palabras”. PARA UN PUEBLO FANTASMA. FCE Pág. 105
(4)   Fragmento de “Despedida”. EL ARBOL DE LA MEMORIA. FCE pag. 43



4 comentarios:

Monica Sepulveda dijo...

Me encantan tus escritos! felicitaciones

Adriana dijo...

Felicitaciones!! como siempre excelente el artículo.

Unknown dijo...

Bella forma de admirar la poesía. Me encantó tu crónica.

Unknown dijo...

Bella forma de admirar la poesía. Me encantó tu crónica.

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