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sábado, 30 de agosto de 2014

EL RUISEÑOR EN LA LITERATURA UNIVERSAL


  
              Por    Luis Ossa Gajardo

Amable lector, tierna lectora:
                                                  Sin pretender haber realizado una rigurosa observación, anhelo entregar para ustedes en un breve y sencillo resumen algunas composiciones poéticas, cuyo eje central ha sido para muchos poetas este pajarillo, cuyos trinos han sido capaces de encender todo el misterio del arte de la palabra lírica.




*John Keats: “Oda a un ruiseñor”

Me duele el corazón y un pesado letargo
aflige a mis sentidos, tal si hubiera bebido
cicuta o apurado un opiato hace sólo
un instante y me hubiera sumido en el Leteo
(…)
¡Oh, si un trago de vino largo tiempo enfriado
en las profundas cuevas de la tierra
que supiera a Flora y a la verde campiña,
(..) si pudiera beber
y abandonar el mundo inadvertido
y junto a ti perderme por el oscuro bosque!
Perderme a lo lejos, deshacerme, olvidar
que entre las hojas tú nunca has conocido
la inquietud, el cansancio y la fiebre
aquí, donde los hombres tan sólo se lamentan
y tiemblan de parálisis postreras, tristes canas,
donde crecen los jóvenes como espectros y mueren,
donde aun el pensamiento se llena de tristeza
y de desesperanzas, donde ni la Belleza
puede salvaguardar sus luminosos ojos
por los que el nuevo amor perece sin mañana.
¡Lejos! ¡Muy lejos! He de volar hacia ti.
No me conducirán leopardos de Baco
sino unas invisibles y poéticas alas;
aunque torpe y confusa se retrase mi mente:
¡ya estoy contigo! Suave es la noche
y tal vez en su trono aparezca la luna
circundada de mágicas estrellas.
Pero aquí no hay luz, salvo la que acompaña
desde el cielo el soplo de la brisa cruzando
el oscuro verdor y veredas de musgo.
(..)
A oscuras escucho. Y en más de una ocasión
he amado el alivio que depara la muerte
invocándola con ternura en versos meditados
para que disipara en el aire mi aliento.
Ahora más que nunca morir parece dulce,
dejar de existir sin pena a medianoche
¡mientras se te derrama afuera el alma
en semejante éxtasis! (..)
¡Adiós! Tu lastimero himno se desvanece
al pasar por los prados vecinos, el tranquilo
arroyo y la colina; ahora es enterrado
en los calveros del cercano valle.
¿He soñado despierto o ha sido una visión?
Ha volado la música. ¿Estoy despierto o duermo?
***




*John Keats fue uno de los principales poetas británicos del Romanticismo. Durante su corta vida su obra fue objeto de constantes ataques y no fue sino hasta mucho después que fue completamente reivindicada. Fuente: Wikipedia.


 

Escena  quinta del Acto tercero de la obra Romeo y Julieta de Shakespeare...



 

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que se escucha. Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.
Romeo: Es la alondra que advierte que ya va a amanecer; no es el ruiseñor. Observa, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes de levante con los colores del alba. Ya se extinguen las teas de la noche. Ya se adelanta el día con veloz paso sobre las mojadas cumbres de los montes. Tengo que marcharme, de otra manera aquí me aguarda la muerte.

El Ruiseñor en el soneto 102 de William Shakespeare:
                                                                                           Nuestro amor era todavía nuevo cuando yo solía escribir poemas sobre ello, al igual que el ruiseñor canta al comienzo del verano, luego se detiene a cantar a medida que avanza el verano.  No es que el verano es menos agradable ahora que cuando
sus himnos tristes hicieron callar la noche, es sólo que cada rama del árbol está llena de pájaros cantores, y cuando las cosas son comunes son menos encantadoras. Por lo tanto, como el ruiseñor, a veces guardo silencio porque yo no quiero aburrir con mi canción.

                                                                                                         





                             Los grandes poetas latinos: Virgilio, Horacio y Ovidio                                                    





                                                                                                                                                                     
     Ovidio
El poeta desterrado

Publio Ovidio Nasón fue un poeta romano. Sus obras más conocidas son Arte de amar y Las metamorfosis, esta última obra en hermosos versos, recogen relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época.

El libro sexto de Las Metamorfosis de Ovidio, escrito en versos narra la violación de Filomena.

La leyenda de Procne y Filomena, hijas de Pandión, rey de Atenas:

Tereo, quien se había casado con Procne enloquece de amor al ver a Filomena –hermana de su esposa- la rapta, viola y la oculta en el bosque, después decide cortarle la lengua para que no ser delatado.Tereo al enterarse que por venganza las dos hermanas le habían dado a comer a su propio hijo Itys mostrándoles posteriormente su cabeza las persigue para matarlas, entonces Procne se transforma en golondrina, Filomena en ruiseñor...

Etimología del nombre Filomena: Ruiseñor la muy amada, la muy cortejada, hija de Pandión, rey de Atenas.                                                                                                                                                            
                                                                                                                                   
                      
                                                                                                                           
Garcilaso de la Vega inspirado  en el relato de Ovidio escribe:

                                                                                                                                    
                                                                              Égloga I 

Cual suele el ruiseñor con triste canto 
quejarse, entre las hojas escondido, 
del duro labrador, que cautamente 
le despojó su caro y dulce nido 
de los tiernos hijuelos, entre tanto 
que del amado ramo estaba ausente, 
y aquel dolor que siente 
con diferencia tanta 
por la dulce garganta 
despide, y a su canto el aire suena, 
y la callada noche no refrena 
su lamentable oficio y sus querellas, 
trayendo de su pena 
al cielo por testigo y las estrellas ..
                                                              Fragmento, versos:324-337
José de Espronceda

A un ruiseñor

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranta y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo suave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.


Ricardo Miró
Poeta Panameño
1883- 1940

Poema del ruiseñor

Desde la rama del ciprés dormido
el dulce ruiseñor canta a la luna
y la invita a bajar hasta su nido...
         Ya ves qué casto amor tan sin fortuna...
     Y eso que el ruiseñor, en su descuido
puede llegar volando hasta la luna.

Envuelto entre la luz embrujadora
     da al viento el ruiseñor, todas las galas
que en su garganta mágica atesora;
y la Luna se vuelve toda escalas
de seda y luz... (La luna dizque ignora
que su dulce cantor tiene dos alas...)

Calla el agua en los claros surtidores
se aduermen los arroyos cristalinos
     y se despiertan a escuchar las flores...
            Astro y pájaro, a un tiempo, están divinos...
Y ella baja hasta él vuelta fulgores,
y él asciende hasta ella vuelto trinos...

           LLeno de sombra y de quietud, como una
pupila abierta al cielo indiferente,
un retazo perdido de laguna
        sueña en la fronda del jardín... Presiente
la pálida belleza de la luna
aquel espejo claro y transparente.

El ruiseñor solloza dolorido
envuelto entre la luz embrujadora
cuando calla de pronto, sorprendido,
porque desde la rama en donde llora
advierte que la luna se ha caído
y flota sobre el agua onduladora.

  Calla el agua en los claros surtidores,
se aduermen los arroyos cristalinos
    y se despiertan a escuchar las flores...
             Luna y pájaro, a un tiempo, están divinos...
      Y ella asciende hasta él vuelta fulgores,
    y él desciende hasta ella vuelto trinos.

El pájaro suplica, impreca y canta
mientras se multiplica a maravilla
la flauta de su eglógica garganta...
Y salta alegre al ver cómo se humilla
la Luna que corriendo tras su planta
   se viene sobre el agua hasta la orilla...

Ante el dulce deliquio que le miente
la luna, riendo del cristal del lago,
loco de amor el ruiseñor se siente,
y respondiendo al amoroso halago,
    hunde el pico en el agua transparente
y se bebe la luna trago a trago.


Rubén Darío escribe, al comienzo de Cantos de vida y esperanza: «Yo soy aquel que ayer no más decía / El verso azul y la canción profana, / En cuya noche un ruiseñor había / Que era alondra de luz por la mañana».


Recordemos el precioso cuento escrito en prosa poética  “El ruiseñor y la rosa” del poeta y escritor Irlandés Oscar Wilde.

Fragmento:
                                                 -He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro-


Otro ejemplo de Juan Ramón Jiménez:

Ruiseñor de la noche ¿qué lucero hecho trino?
Qué rosa hecha armonía en tu garganta canta?
Pájaro de la luna, ¿de qué prado divino es la fuente
de oro  que surge de tu garganta?



Samuel Taylor Coleridge

           El ruiseñor

UN POEMA-CONVERSACIÓN, ESCRITO EN ABRIL DE I798

                                                                        Fragmento

Ni una nube, ni un asomo del día que extingue
distingue al oeste, no hay ni una sola estría alargada
de luz mortecina, ni colores oscuros temblorosos.
¡Ven, descansaremos en este viejo Puente cubierto de musgo!
Contempla el destello de la corriente allá abajo,
pero escucha, no hay murmullos: fluye en silencio
por su suave cauce de verdor. Todo está en calma,
¡es una noche apacible! y aunque las estrellas estén veladas,
a pesar de ello pensemos en las lluvias primaverales
que alegran la tierra verde, y hallaremos
placer en la velada luz de estrellas
¡Y escucha! ¡El Ruiseñor comienza su canción,
«la más musical, la más melancólica»" de las Aves!
¿Un Ave melancólica? ¡Qué idea ociosa!
En la naturaleza no hay nada melancólico.
—Mas un Hombre vagabundo de la noche, cuyo corazón había sido traspasado
por el recuerdo de un penoso agravio
o de una lenta destemplanza, o de un amor contrariado,
(Y así, ¡pobre Desdichado! llenándolo todo con su ser
y creando toda clase de dulces sonidos que relatan de nuevo
sus propias penas), y aquel y aquellos que como él
fueron los primeros en llamar a estas notas canto de melancolía;
y tantos poetas que se hacen eco del ingenio,
Poeta, que se esforzó en afinar todas sus rimas
cuando mejor se hubiera esforzado en extender su cuerpo
junto a un arroyo en el claro del bosque cubierto de musgo
bajo la luz del sol o de la luna, bajo los influjos
de formas y sonidos y elementos mutables,
rodeando todo su espíritu, ¡de su canto
y de su fama olvidándose! Así su fama
habría de compartir la inmortalidad de la naturaleza,
¡cosa venerable! e igualmente su canto
habría de hacer que toda la naturaleza fuese más amada, y él mismo
fuese amado, ¡como la naturaleza!—Pero no habrá de ser así;
y jóvenes y doncellas llenos de poesía
que malgastan los profundos crepúsculos de la primavera
en salas de baile y en teatros calurosos, aún
llenos de mansa simpatía habrán de lanzar suspiros
al son de las melodías llenas de compasión de Filomela.
¡Amigo mío, y Hermana de este Amigo mío! hemos aprendido
una sabiduría diferente: ¡pues no debemos profanar
las dulces voces de la Naturaleza siempre llenas de amor
y de regocijo! Es el alegre Ruiseñor
que amontona, adelanta, y precipita
en un presuroso y denso trinar sus notas deliciosas
como si sintiese miedo de que una noche de Abril
fuera demasiado breve para permitirle cantar
su canción de amor, ¡y descargar su alma entera
de toda su música! Y conozco una arboleda
de gran extensión, que cerca un enorme castillo
en el que no mora ya el gran señor: así pues
esa arboleda se desboca en sotobosque enmarañado,
y los cuidados senderos se entrecortan, y la hierba,
una hierba rala y las campánulas crecen en los senderos.


Hans Christian Andersen

 El Ruiseñor  - cuento infantil-
   
Fragmento:
                       “En ese bosque vivía un ruiseñor que cantaba de una forma maravillosa. De todos los países
del mundo venían viajeros a la capital del Emperador y decían que lo mejor era el canto del
ruiseñor. Muchos sabios escribieron numerosos libros, y los poetas le dedicaron los más hermosos poemas.
Un buen día, el Emperador estaba leyendo uno de los libros que explicaba las mil maravillas de su palacio, cuando de pronto leyó “Pero el ruiseñor, sin embargo, es lo mejor”.

Finalmente:

Para Ramón Pérez de Ayala, la voz del ruiseñor, como la del agua, es de cristal:

Y ahora...
Y ahora nos detenemos embelesados, suspensos.
¿Qué cristal es ese, diamantino y vibrante, entre cristal azul y quieto del cielo?
Es el canto del ruiseñor. Luego, junto a la armonía de estos dos líricos cristales,
 por fuerza ha de haber otro cristal sonoro, la voz del agua.



Villa Alemana, 13 de agosto de 2014


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