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domingo, 25 de diciembre de 2011

LA CARA OCULTA DE LA NAVIDAD

por Roxana Heise

Cada fin de año y la misma situación; el centro de la ciudad sitiado por la compramanía propiciada por nuestros titiriteros de turno, a través de los medios masivos de comunicación. Santa Claus vive y reina por obra y gracia del espíritu navideño en donde Cristo es el accesorio perfecto, en un pesebre que apenas logra adornar una vitrina vacía de amor.
Un problema: la cena de fin de año. Soluciones: reparto a domicilio, reservas en un hotel X bajo una luna apenas perceptible entre bailoteo, brindis y pensamientos varios, esos que duermen la mona en algún Spa centroamericano sólo para adquirir un bronceado perfecto, acorde al traje regalado por aquel primo millonario, que finge ser feliz junto a la mujer de sus desdichas.
¡Oh blanca navidad!, que en Chile eres calor, luz y minifaldas, piernas de mujer, hombres voraces, sexo que promete conceder el cielo, un cielo que no llega por capricho o simplemente porque no recibe tarjetas de crédito, avances en efectivo o creditazos varios, un cielo que más temprano que tarde, habrá de volverte un eunuco psicológico tiranizado por tu propio éxito.
Un pino navideño resplandece en la multitienda, con pequeños regalos colgando de sus falsas ramas, como si los sueños vinieran empaquetados y Cristo fuera un niño de trufa y almendra con cubierta de chocolate.
¡Ah, olvidaba la cena: un filete mignon estará bien! ¿Qué opinas? Mejor volvamos a la vida real, esa que escondemos en el closet de la infelicidad sólo para no mirarla. Armémonos de valor y dejemos la champagne, para seguir el éxodo de un niño keniano junto a su familia bajo un sol impenitente. ¡Oh, navidad, tantas veces nevada! si tus copos de nieve lograran hidratar la garganta agónica de aquellos que huyen de la barbarie, desgranándose uno tras otro en la aridez inclemente del desierto, sin poder abrazar la vasta soledad, cuando el grito de Dios es sepultado por el de especuladores que suben el precio de los alimentos...
Ven, camina conmigo pequeño niño, que el tiempo y sus límites dejen de ser problema: que las naciones todas se consuman intentando mantener su macroeconomía , tú sólo sabes del pecho cálido que te alimentó antes de perder a tu hermano y tus amigos, luego vino un dolor mudo de lágrimas, y acá poco se dijo, aunque también hay niños que padecen de hambre, por ahora estamos ocupados pensando en navidad y en la espera del nuevo año con fuegos de artificio...
Si pudieras compartir la cena con nosotros, eso sería perdonar la fealdad de una vida que ocultó tu alma juguetona, bajo el pequeño esqueleto malnutrido,que apenas te permite caminar hacia el refugio. ¿Llegarás? La procesión no espera la piedad de sus profetas ni la bendición del altísimo, sólo gime el dolor de perder a sus muertos y dejarlos, como quien olvida a un Cristo peregrino.
En la misa del gallo rezarán por ti, sin que tu cuerpo exangüe siquiera lo sospeche, ignorando que atrás queda la resignación, ese regalo que nadie vende porque nadie compra, quien querría resignación en un mundo de abundancia...
Resiste pequeño niño, que la vida olvida al moribundo que detiene el paso en medio del vacío.
¡Oh blanca navidad...! Las estrellas de neón presagian que los deseos vienen con ticket de cambio, todos menos el amor y el dolor de saberte perdido, lejos de la tierra que te vió jugar como cualquier pequeño occidental.
Ahora casi logro ver tus piernas prácticamente dobladas, la mirada perdida, la súplica silente, el beso del vacío sobre la mejilla escuálida...puedo ver la sonrisa cínica de algo parecido al viento...y sigo caminando entre el gentío que protege sus paquetes de la delincuencia. Cojo el bolso con cuidado, podría suceder que alguien me vulnere, como a ti, que naciste para engrosar el discreto listado de ángeles negros, los invisibles por siempre dentro de las catedrales, los eternos mencionados en la pasión de Cristo, como muestra viviente del despojo corporal ante el amor supremo. Tu gloria será eterna por los siglos de los siglos...si al menos lo pensaras... si hubiese luz interior...palabras...Cierras los ojos lentamente en la medida que tu cuerpo se rinde hasta quedar enclaustrado entre las propias osamentas.
Humanidad, humanidad, quien habrá inventado ese término. Santa Claus quizá, antes de convertirse en la imágen publicitaria de mayor éxito mundial.
Las compras aguardan entre el gentío que pasa bruscamente rozando mi hombro, borrando por momentos tu imagen en el páramo del fin, cuando cae el telón de tus párpados, anunciando que el éxodo termina, mientras un buitre toma posición para el ataque... y yo escapo, camino incansablemente hasta confundirme en la vorágine de un mundo incierto, que juega al sinsentido sin sospechar siquiera que mañana el mundo y tú serán una sola cosa.

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