Seguidores

sábado, 20 de octubre de 2012

ABYECTA de Elizabeth Neira CON MANOS IMPECABLES DE MANICURE



Por Diamela Eltit


La literatura puede pensarse como un campo geológico en el cual se superponen capas y capas de historia cultural que, en su siempre temblorosa superficie, porta los fragmentos heterogéneos y heterodoxos de perforadas citas latentes que se asoman repensadas para reafirmar así la continuidad del espacio literario.
Letras impregnadas de letras
“Abyecta” de Elizabeth Neira transita por esa geología. Atrapa en su construcción la ética de un cuerpo que se entrega a sí mismo, se entrega a su propia entrega para, finalmente, establecer una subjetividad social descentrada que se parapeta en la crueldad.

Cuerpo y crueldad , a su vez, cita la plataforma con la que el Marqués de Sade, en el siglo XVIII, buscó evidenciar la hipocresía en la que se articulaban las férreas instituciones para inscribir los ejes triunfales de un capitalismo moralizante. Una moral rigurosamente implacable que fue instalada para acosar los cuerpos, domesticarlos y luego convencerlos de encadenarse únicamente a la erótica del trabajo que presagiaba la explosiva sociedad industrial.


El libertino, protagonista de los textos del Marqués de Sade, se convirtió así en un excedente, en la metáfora invertida de un poder que, desde el ejercicio sexual más desenfrenado, desenmascaraba, de manera pormenorizada, las cuestionables operaciones oficiales con las que se iba a instalar un prolongado y agudo proyecto económico.


“Abyecta” cita y concita conceptualmente el universo sádico, pero su torsión radica en que, esta vez, es el cuerpo femenino el agente -nunca pasivo ni ajeno ni anestesiado- que va a examinarse para dar origen a una consistente poética del malestar.


Sin embargo, lo que propone “Abyecta” no es la mujer sádica que erradamente ha invocado la cultura, puesto que la mujer sádica es inexistente e imposible. Es imposible e inexistente en la medida que Sade fundó su territorio a partir de La Virtud de la mujer y el empeño en producir en ella una considerable profanación mediante la tortura sexual.


Sólo el cuerpo “profanado” puede volverse profano y profanador ya que es una caída sistemática que se constituye desde una persistente y ritualizada violencia inflingida que consigue corromper aquello signado como incorruptible: La Virtud.


Más bien “Abyecta”, fuera de las leyes de La Virtud, alude a una “posición” sadiana, un sitio cultural repuesto en la nueva historia del cuerpo que surge en la sociedad post industrial, transformado en aquello que el filósofo italiano Giorgio Agamben denomina como biopolítica. Una estrategia polimorfa e inconmensurable en que se funda el actual capitalismo que opera el cuerpo como un simple material que relega al sujeto de su capacidad interventora y pensante en aras de generar la tan ansiada productividad acritica, deslocalizada y tecnificada.


En “Abyecta” los orificios femeninos se abren, se exhiben, hasta transformarse en una mera práctica, en el instrumento lúcido que se esgrime para romper la ideología y así señalar, precisamente, su sinsentido. Perfora la ideología y propone un sujeto poético que escenifica su cuerpo -lo ausculta, lo usa, lo abusa, lo goza- como sede primaria para elaborar un lugar de habla.

La ruptura de la ideología -que aún rodea el estereotipo de lo femenino- no apunta, sin embargo, a la construcción de la “mujer fálica” puesto que implicaría una simple inversión y, por ende, confirmación de los órdenes dominantes. El proceso de “Abyecta” es radicalmente diferente. En el orificio genital como sede privilegiada se levanta un sitio político que se constituye a partir de su propio vaciamiento incesante. Un sitio político que se establece para legitimar una palabra que apunta lo social.

La sexualidad surge, entonces, como una estrategia para dar cuenta de los fundamentos de los nuevos ejes culturales y, allí, apela al lugar de marginalidad degradada que ocupa el arte. Entonces se yergue un arte genitalizado, orificado, que transcurre en las orillas nocturnas de una iracunda escena de desvelo y despilfarro.


La pregunta urgente de “Abyecta” parece radicar en cuáles serían los materiales de los que se puede disponer para construir una escritura poética luego del derrumbe de las retóricas que tradicionalmente la han sustentado.


De esta manera, el texto se aleja conscientemente de toda una sostenida línea estética que se fundó en La Belleza como convención y condición poética. Más cerca del irritado reclamo de Allen Ginsberg o del discurso elocuente y fragmentario del Hip Hop “Abyecta” traza, desde el cuerpo femenino, un mapa que se encarga de resituar tanto lo femenino como lo social.


Esta estética que glosa un devenir marcado por el afuera y el adentro de los órdenes sociales, señala la transitoriedad del artista que se diluye empujado a una masiva incorporación al sistema. El sistema lo traga, lo absorbe, lo neutraliza cuando lo hace partícipe de las reglas monótonas de un pragmatismo serial. El artista en “Abyecta”, seriamente debilitado por los imperativos comunes que le dicta la normalización de un habitar, pierde su singularidad o bien esa singularidad lo empuja a un afuera sin retorno.


No hay lugar:

“A esa hora los poetas-funcionarios/ se convulsionan en los baños por la deuda hipotecaria,/ y porque la santa tuvo un apetito terreno el otro día/ y se compró una crema “carísima”/ a ver si así se le recompone la ruina del rostro, mapeado por los/ excesos del poeta”.

La crisis del poeta implica un vacío que obliga a la restauración de una palabra otra. Sólo parece posible la construcción de un nuevo signo artístico cuya crueldad se funda en desnudar el léxico de todo vestigio de recursos líricos. O bien levantar una lírica que se solaza, precisamente, cuando pone en evidencia los nombres radicales que escamotea La Belleza literaria.


“Abyecta” irrumpe en el escenario chileno articulando una poética dura: “Esta noche tengo la concha hirviendo”. Pero se trata de una dureza no exenta de un remanente irónico que se desliza hasta desembocar en una forma de burla crítica. Por eso su mayor apuesta se empeña en la desoficialización del lenguaje, en la elaboración de nuevos sentidos.


Una trama deliberada que auspicia la conformación de un sujeto femenino que emprende una abierta batalla lingüística, una carcajada política, parapetada justo en los confines más censurados por los discursos centrales: “Además de puta, soy loca, floja, sucia, tonta, ignorante, sorda,/ coja y mala”.

* * *

El tiempo no fue generoso con nadie
“Ningún prisionero recobró el equilibrio sexual. Depresiones, impotencia, insomnio...erotismo disperso en idiomas, lecturas, juegos, música y gimnasia”.
Jim Morrison
A nosotras las reinas,
a las que todos querían dar por el culo,
aunque nos doliera,
aunque nos atoráramos gritando que ¡No jetón!,
¡Te digo que no!
Nosotras,
caderas enfundadas en vinilo negro
y los ojos rojos
como dos semáforos.
Colocadas, borrachas, voladas, pero conscientes, compañero.
Nosotras,
las que empinadas en plataformas aleopardadas, ordenamos cada noche nuestra morena contundencia en complejas estructuras para sembrar el deseo
Nosotras,
divinas hasta la intoxicación,
violadas hasta el cansancio,
inspiramos poesías en bares asquerosos
Besamos en la boca
y le dimos de mamar, de nuestros pechos rabiosamente igualitarios,
a toda la sociedad de los
poetas-muertos-de-borrachos.
Nuestras camas fueros sociedades anónimas
y para qué decir lo abiertas.
Estrellas de noche, abortivas de día.
Nosotras,
las de entonces,
ahora estamos solas,
nuestros novios proxenetas encontraron trabajo
y se casaron con sus secretarias.
Ahora tienen úlceras y un vientre planetario.
Ahora nos dicen perras.
Ellos,
los fornicadores.
Algunos, se postulan para huevadas y en la micro vemos sus nombres en las paredes de los eriazos.
En tanto los poetas;
cargan mortificados y silenciosos la herencia insalubre de antiguas residencias prostibulares.
Pila de jetones
que creyeron que mientras más putas cogían eran mejores poetas.
Esos, ahora son funcionarios municipales y por suerte,
Por stress
Sus focos infecciosos ya no se erectan más.
Esos, resignados,
todas las mañanas,
relamen su fracaso en el seno de sus mujeres santas, que por santas
a esa hora
la piel ya les huele a detergente.
A esa hora los poetas - funcionarios
se convulsionan en los baños por la deuda hipotecaria,
y porque la santa tuvo un apetito terreno el otro día
y se compró una crema “carísima” ,
a ver si así se le recompone la ruina del rostro, mapeado por los excesos del poeta.
Los otros,
los verdaderos,
los bellos.
Esos animales hermosos que nos amaron a todas,
y que dejaron la vida en las plazas,
en las protestas, en cada vagina que besaron y mordieron.
Esos héroes insolentes
que arrancaban los jugos hasta de las piedras con sólo mirarlas,
se mueren de a gotas en los manicomios.
A ellos,
de pronto,
les aparecieron madres y parientes que no dudaron en encerrarlos. Los que tuvieron suerte,
alcanzaron a depositar su delirio en clínicas privadas,
los otros,
se fueron sin trámite a Avenida La Paz.
Como antes sobre nuestras piernas abiertas,
ahora duermen sobre sus excrementos.
El tiempo no fue generoso con nadie.
Tenían razón aquellos que nos asfixiaban..
Ni para los revolucionarios de gobierno,
ni para los intelectuales de derecha.
Menos para las reinas.
A nosotras, las reinas
tanto amor peregrino nos comió las puertas de la maternidad, , pero más que eso,
y que los abortos baratos
fue tanto maldito abandono
Lo que terminó por ahuecar nuestros cuerpos y nuestros corazones.


ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL ESTADO DEL ARTE EN CHILE
Amor mío,
debo confesarte
que
los poetas, en general,
no todos, claro,
lo tienen
chico,
pero entusiasta.

los pintores
en cambio,
lo tienen grande y gordo,
pero débil como una ballena agónica, varada en una costa equivocada.

Los milicos y los pacos,
Imagino,
lo deben tener duro y arqueado,
como sus corvos,

El tuyo mi amor, en cambio,
es hermoso como un arcángel,
Pero está lleno de veneno.



Los poetas y el reciclaje
Máquina de cagar, máquina de mear
Casi todo termina en esto
Máquina de cagar, máquina de cagar,
La naturaleza no es obsena
Allen Ginsberg
Esta noche tengo la concha hirviendo.
Podría freír un huevo en ella.
Podría hasta hornear una pizza.
Pero prefiero hundir mis dedos
siempre diligentes
y sentir los nudillos crujir
con el abrazo tubular de la carne que aprieta como una boa asesina.
Esta noche
no hay más que manos que nadie quiere tomar.
Y yo con un hambre colosal,
Hambre de acoplamientos jugosos
igual que frutas reventadas por el sol en un verano que no llega nunca,
Porque en esta ciudad la orgía siempre está incompleta
y cierta soledad, que parece estilar mucho hoy
entre los jóvenes intelectuales,
me comienza a podrir entera.
¿Dónde están los amantes perfectos?
¿Dónde los poetas?,
Hoy
los poetas
caminan potijuntos por el centro
apurados, junto a cajeros y ejecutivos de ventas,
los que quedan en los bares prefieren ahogar su deseo en
toneles de vino;
Prefieren abrazarse entre ellos,
besarse entre ellos
y, algunos,
darse por el culo de vez en cuando.
Mueren
de cirrosis por cientos cada fin de semana,
varados a la orilla de las cunetas.
Por suerte el departamento de aseo y ornato de la municipalidad
Ha dispuesto una grúa con su correspondiente pala mecánica que los recoge cada mañana y los deposita en un lugar especialmente acondicionado para su tratamiento como basura orgánica de alta densidad.
Luego de la trituración y la separación de los metales, (oro en dentadura, prótesis internas o externas), con los restos se fabrica tierra de hoja, abono y otros productos para la agricultura,
que el Municipio, de manera muy eficiente, reutiliza en nuevas áreas verdes, contribuyendo, de esta manera a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.



MILITANTE EJEMPLAR
Nosotras,
Bellas sirenas aullando en la noche fresca de nuestra juventud de oro,
Tetas como la leche y mirada al borde del desmayo.
Amantes perfectas de kermesse de colegio de monja.
Sólo besos,
vigilados por las palmeras y la mirada de los papis
Los manoseos vendrán después.
Pero entonces,
parecíamos confites recién hechos por la abuela,
Humeando olores dulces en bandeja de plata,
El baile era nuestro y una horda de príncipes babosos mosqueaban alrededor.
El pololeo largo como la mejor de las latas,
Luego campanitas nupciales en nuestra ventana,
tañidas por los papis,
Nosotras,
ahora, depiladas, encremadas con menjunjes carísismos
Y el sexo encintado igual que el bizcocho de novios,
Y tantos regalos,
Al fin el refrigerador de cien puertas
La vida en rosa catálogo,
Y nosotras,
ahora rubias,
prolijamente corregidas,
Militantes ejemplares del proyecto mayor.
Pero...
¿En qué momento nos convertimos en estos animales estragados?
que caminan a empellones por las calles
premunidas de bolsas como cañones por los flancos,
feroces, económicas, gastronómicas,
cosméticas, maternas, carcelarias.
¿Cómo llegamos a convertirnos en esta especie de reptiles horribles, que castran a sus machos y devoran a sus crías?,
Desde algunos años
el olor a fracaso se perpetúa en las paredes color pastel de la casa,
en cada hebra de las cortinas,
en el tapiz de las sillas,
como un guiso mal hecho.
El fracaso,
partiendo las biografías,
para su mejor embalaje,
lo mismo que las sandías,
condenadas por su exuberancia
a vivir cuadradas en las bodegas de los barcos japoneses.
Como una carpa de circo,
Nos derrumbamos con muy poca dignidad y con mucho estruendo.
Entonces vamos al carnicero y le pagamos una tonelada de dinero para que nos faene.
Un corte por aquí, otro para allá.
Y luego hablamos de eso o de cualquier otra cosa,
porque desde hace tiempo
no hacemos más que sonar.
Nuestras lenguas sufren
constantes espasmos y convulsiones,
no se puede estar quieta.
Sonamos fuerte,
como antes nuestros catres,
Vibramos el día entero
juntando vocales y consonantes,
Agotado el espectro de sonidos humanos, croamos, balamos, ladramos, piamos, gruñimos y compramos.
Compramos como condenadas a muerte,
También comemos y algunas todavía vomitan después.
Pero sobre todo
vigilamos, controlamos, nos entrometemos, nos infiltramos, asfixiamos finamente
con manos impecables de manicure.

Amor mío
Ante tus constantes dudas e imprecaciones,
qué te puedo decir...
Sí,
me gusta que me la metan,
hasta el fondo,
con fuerza,
infinitas veces,
como un taladro fuera de control.
Es verdad que quisiera que una verga monumental y pétrea,
más grande y dura que la tuya,
me partiera en dos.
Hasta la más sucia de tus suposiciones es cierta.
Amor mío,
Ante tus constantes dudas e imprecaciones
¡Qué más te puedo decir!

Abyecta , el poema
Me he acostado con tu padre, tu hermano y tu hijo, por no nombrar a tu tío y a todos tus amigos. Con tu abuelo fue imposible y tu madre se salvó por vinagreta.
No puedo dejar de nombrar a los vecinos,
los cabros del bloque,
los de los flipper,
los volados de la plaza y de la esquina;
el lechero, cartero, repartidor del diario, gásfiter, electricista, zapatero, jardinero y la casi totalidad de trabajadores de servicio a domicilio que han tenido la fortuna de pasar por mi casa y la tuya.
Y es que tengo un apetito descomunal y no perdono erección.
Soy una adicta, dicen...
siempre,
pero es que invariablemente siempre,
quiero.
Además no discrimino.
El tamaño no me importa;
ni el grosor de las billeteras, tampoco el color de la piel,
si tiene auto o bicicleta
Si usa tarjeta dorada o está en DICOM, si tiene casa propia o mediagua;
Mucho menos si me ama o no me ama,
si me respeta o si me quiere para el puro hueveo, si es machito, de pelo en pecho, o mariquita, tonto o inteligente, necio o sabio, ladrón o policía, lento o rápido, cuerdo o ....sicótico...
Juro,
que a la hora de los q’iubo nada de eso me importa.
Y aunque condón no uso, (la iglesia lo prohibe) Venéreas parece que no tengo, parece...
Excepto un herpes travieso que me tapizan la boca de llagas cada cierto tiempo.
A veces orino de pie, me excita,
O lo hago en piscinas y duchas públicas,
Usualmente veo pornos y me masturbo como una demente el día entero,
Te confieso que, en más de una ocasión,
he deseado a mi madre, a mi hermana y por supuesto a mi padre.
Otra cosita es que soy comunista y última de rota,
voté por la Gladys y no me depilo
no cocino ni un huevo frito y me gusta opinar en conversaciones de hombres.
Te advierto... que detesto el sexo anal,
pero si me tratas con dulzura
terminaré comiendo de tu mano y
lamiendo la suela de tus zapatos.
Te aviso,
que soy ágil con las cuchillas,
tengo buena puntería y reflejos en óptimo estado,
Y que, a pesar de éstas y otras destrezas
que ostento en las manos, dedos y lengua ...especialmente,
según me han contado,
en las discos me va bastante mal.
Y me pasa últimamente que,
nadie se me acerca y me siento sospechosamente repugnante como pescado de feria que no se vendió.
Y la verdad es que ya no tengo quince años
Como para ir a esos lugares, llenos de púberes en plena floración. Niñitas lindas de senos como dos tazas de leche y coñito con olor a nata.
Otro problemita que no te podría callar es que producto de
un dilatado alcoholismo que me ha tenido desde hace años
azotando la cabeza contra las barras de los bares más cochinos de esta ciudad,
padezco de ciertos trastornos... gástricos,
de variada gravedad y abyección,
como por ejemplo, la acumulación de gases intestinales,
que a veces,
generalmente en público,
pugnan por salir de su prisión.
Te advierto
que estoy muy sola,
que esta soledad me duele en exceso mucho
y que ante el menor indicio de abandono, real o imaginario, sería capaz de perseguirte a ti y a tu familia por todo el país,
convertirme en tu sombra y luego en tu peor pesadilla
para terminar asesinándote y
exhibiendo tus genitales en la plaza pública,
contenidos en tu boca.
Además de puta, soy loca, floja, sucia, tonta, ignorante, sorda, coja y mala.

El pene tiene pena
A veces,
El pene se apena
Y cuando eso sucede,
Asoma cabizbajo por encina de la ropa,
su cabeza humedecida
de tanta tristeza
Entonces
no valen la pena
Los ruegos inútiles
de su amiga lengua
que no para de alentarlo para que continúe su vida,
¡Vamos pene, no te apenes, levántate de una vez y camina!
Le dice ella entre lengüetazos de ánimo.
Pero cuando el pene tiene pena,
nada de eso vale la pena.


* * *


Elizabeth Neira Calderón
nació en Santiago el 11 de enero de 1973. Es periodista, poeta y ha desarrollado un trabajo plástico autodidacta en directa relación con su escritura. Egresada de la Universidad de Chile, desde 1995 ha colaborado en diferentes medios de comunicación. Escribió para el desaparecido diario La Época y en revistas como La Noche, Rocinante y Patrimonio Cultural. Actualmente colabora en el suplemento Artes y Letras de El Mercurio. Además ha ejercido la crítica cultural escribiendo para catálogos de artistas como Claudio Correa y Patricia Cepeda. En mayo del 2002 y en junio de este año, exhibió sus poemas objetuales y collages en la muestra colectiva “Erotizarte’’, realizada en la galería del Atelier del Parque. Desde el 2000 realiza lecturas poéticas junto al grupo de música Dulcidio Rock, que ha musicalizado algunos de los textos presentes en su libro “Abyecta’’. La autora ha participado en los talleres de literatura de la escritora Carmen Berenguer y en los talleres de poesía de Gonzalo Millán. “Abyecta’’ es su primer libro publicado de manera individual y antes participó en la antología generacional “Círculo Infinito’’ (Al Margen Editores, agosto 2002) con su cuento: ¿Te sumas a la fiesta?

El 12 y 14 de julio de este año, Elizabeth Neira junto Al Margen Editores, fueron invitados al Tercer Encuentro de Estudiosos y Escritores de Nuestra América, efectuado por la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba. En esa ocasión la autora leyó parte de su poemario “Abyecta’’.

Literatura en TV