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viernes, 15 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA: PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2010

EL TRIUNFO DEL BOOM

CARACTERÍSTICAS DEL BOOM

MARIO VARGAS LLOSAS, es uno de los principales autores del llamado Boom de la literatura latinoamericana.

Veamos aquí algunas características literarias del Boom…:

1) Carácter

Haciendo un promedio general de la literatura hispanoamericana de los 60’s, siempre llegaremos a la conclusión de que ésta fue de carácter vivencial. Estudiar al “boom” es complicado debido a que su literatura fue agrupada por criterios comerciales y de época, y no por afinidades literarias.

El carácter vivencial hace referencia a la tendencia a representar la vida del hombre tal y como es.

2) Género

El género más desarrollado en estos años en Latinoamérica fue el narrativo.

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3) Lenguaje

No podemos decir nada más que el estallido latinoamericano tuvo un lenguaje sencillo y culto al mismo tiempo. Acerca del primero, tenemos la narrativa de García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Fuentes, cuya obra se hace elaborada no por su lenguaje, sino por otras técnicas que ya mencionaremos. Estos escritores usan por lo general palabras de entendimiento universal para poder llegar a más lectores.

4) Temática

Durante muchos años, la narrativa hispanoamericana se había centrado en tratar temas sobre la vida del campo, por no decir que se buscó lo más exótico de Sudamérica. Esta tendencia cambia por estos años, pues la literatura se volvió más urbanista (la migración del campo a la ciudad fue muy común por esos años). Es por esto que los problemas tratados cambian: delincuencia, drogas, y, en general, el efecto que pueden tener las metrópolis en los seres humanos.

5) Funciones literarias

Esta literatura tiene su razón de existir principalmente en tres funciones: la esteticista, la social y la ideológica.

La función esteticista se refleja en el gusto de los autores por hacer aparte de una gran historia, una gran novela. Esto significa que la preocupación por el acabado de la obra (vocabulario adecuado, buenos recursos estilísticos, técnicas renovadoras) es tan grande como por el de su contenido en sí. García Márquez y Vargas Llosa tienen hasta ahora la costumbre de reescribir cualquier manuscrito si es que no les parece que está bien contado.

Los autores tratan en sus libros diversos problemas de la sociedad actual; esto lo logran ya sea a través del sarcasmo, la parodia o la mera representación; pero nunca a través de la denuncia directa (al menos dentro de las novelas). Además el contexto de la época permitía escribir sobre esto, como ya habremos podido ver en la primera parte de nuestro trabajo. Es aquí donde se aprecia claramente la función social.

Por otro lado, con sutilezas geniales y frases de dura interpretación, estos literatos plasman varias veces sus ideologías y sus puntos de vista sobre la vida. Quizá una excepción sea Julio Cortázar y su “Rayuela”, pues este texto tiene una cara filosófica, donde el autor suelta lo que piensa de una manera tranquila pero muy abierta.

6) Nuevas técnicas

En esta época la literatura, por su misma función esteticista, tuvo una meta netamente literaria. Es algo como el ya conocido “el arte por el arte”. Por esto buscó formas de hacer del trabajo literario algo atractivo por su novedosa constitución y desarrollo. Los narradores utilizaron y aprovecharon con inmensa solvencia los legados de grandes escritores, en especial de James Joyce y William Faulkner. Así, tenemos tres técnicas esenciales en la literatura latinoamericana de los 60’s.

a) El monólogo interior

Esta técnica reproduce el pensamiento libre del personaje tal como sucede en la realidad: asociando desordenadamente ideas, recuerdos, emociones, etc. El monólogo interior discurre sin lógica, puede ser inconexo y saltar de un asunto a otro sin coherencia.

b) La perspectiva múltiple:

Gracias a ésta técnica el narrador de una novela ya no es uno sólo: la función de narrar puede ser asumida por diversos personajes, dando diferentes puntos de vista sobre lo que ocurre.

c) Los experimentos con el tiempo y el espacio:

Los hechos no se presentan en orden cronológico, sino que los personajes pueden saltar del presente al pasado o al futuro, y luego regresar de nuevo al presente. Además, los escenarios pueden cambiar radicalmente y sin sentido aparente.

EL AUTOR PREMIADO


Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació un domingo 28 de marzo de 1936 en la ciudad de Arequipa, Perú. Sus padres, Ernesto Vargas Maldonado y Dora Llosa Ureta, ya estaban separados cuando vino al mundo y no conocería a su progenitor hasta los diez años de edad.

Estudia la primaria hasta el cuarto año en el Colegio La Salle de Cochabamba en Bolivia. En 1945 su familia vuelve al Perú y se instala en la ciudad de Piura, donde cursa el quinto grado en el Colegio Salesiano de esa ciudad. Culmina su educación primaria en Lima e inicia la secundaria en el Colegio La Salle.

El reencuentro con su padre significa un cambio en la formación del adolescente, que ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, en el cual sólo estudia el tercer y cuarto año; sin embargo, termina la secundaria en el Colegio San Miguel de Piura.

En 1953 regresa a Lima. Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudia Letras y Derecho. Su opción no fue aceptada por su padre, por lo que fue una etapa sumamente difícil, más aún cuando a los dieciocho años decide contraer matrimonio con su tía política Julia Urquidi, lo que aumentó sus urgencias económicas. Paralelamente a sus estudios desempeña hasta siete trabajos diferentes: redactar noticias en Radio Central (hoy Radio Panamericana), fichar libros y revisar los nombres de las tumbas de un cementerio, son algunos de ellos. Sin embargo, sus ingresos totales apenas le permitían subsistir.

En 1959 parte rumbo a España gracias a la beca de estudios "Javier Prado" para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; así, obtiene el título de Doctor en Filosofía y Letras. Luego de un año se instala en París.

Al principio su vida en la ciudad de la luz transcurre entre la escasez y la angustia por sobrevivir, por lo que acepta trabajos que, o bien lo mantenían en contacto con su idioma a través de la enseñanza (fue profesor de español en la Escuela Berlitz), o le permitían trabar amistades literarias, como cuando fue locutor en la ORTF francesa o periodista en la sección española de France Presse .

Los esfuerzos por llevar a cabo su vocación literaria dan su primer fruto cuando su primera publicación, un conjunto de cuentos publicados en 1959 con el título “Los jefes”, obtiene el premio Leopoldo Arias. Anteriormente había escrito una obra de teatro, el drama La huída del Inca.

En 1964 regresa al Perú, se divorcia de Julia Urquidi y realiza su segundo viaje a la selva donde recoge material sobre el Amazonas y sus habitantes.

Viaja a La Habana en 1965, donde forma parte del jurado de los Premios Casa de las Américas y del Consejo de Redacción de la revista Casa de las Américas; hasta que el caso Padilla marca su distanciamiento definitivo de la revolución cubana en 1971.

En 1965 se casa con Patricia Llosa. De la unión nacen Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974). En 1967 trabaja como traductor para la UNESCO en Grecia, junto a Julio Cortázar; hasta 1974 su vida y la de su familia transcurre en Europa, residiendo alternadamente en París, Londres y Barcelona.

En Perú, su trayectoria sigue siendo fructífera. En 1981 fue conductor del programa televisivo La Torre de Babel, transmitido por Panamericana Televisión; en 1983, a pedido expreso del presidente Fernando Belaúnde Terry, preside la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay para averiguar sobre el asesinato de ocho periodistas.

En 1987 se perfila como líder político al mando del Movimiento Libertad, que se opone a la estatización de la banca que proponía el entonces presidente de la República Alan García Pérez.

El año 1990 participa como candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático-FREDEMO. Luego de dos peleados procesos electorales (primera y segunda vuelta), pierde las elecciones y regresa a Londres, donde retoma su actividad literaria.

En marzo de 1993 obtiene la nacionalidad española, sin renunciar a la nacionalidad peruana.

En la actualidad colabora en el diario El País (Madrid, España, Serie Piedra de toque) y con la revista cultural mensual Letras Libres (México D.F., México y Madrid, España, Serie Extemporáneos).

Los méritos y reconocimientos lo acompañan a lo largo de su carrera. En 1975 es nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y en 1976 es elegido Presidente del Pen Club Internacional. En 1994 es designado como miembro de la Real Academia Española.

Sus obras han sido traducidos al francés, italiano, portugués, catalán, inglés, alemán, holandés, polaco, rumano, húngaro, búlgaro, checo, ruso, lituano, estonio, eslovaco, ucraniano, esloveno, croata, sueco, noruego, danés, finlandés, islandés, griego, hebreo, turco, árabe, japonés, chino, coreano, malayo y cingalés.

A lo largo de su carrera, Mario Vargas Llosa ha recibido innumerables premios y distinciones. Cabe destacar sobre todo dos de los máximos galardones que se conceden en el ámbito de las letras hispánicas: el Premio Rómulo Gallegos (1967) y, sobre todo, el Premio Cervantes (1994). Otros destacados premios en su haber son el Premio Nacional de Novela del Perú (en 1967, por su novela “La casa verde”), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España, 1986) y el Premio de la Paz de los Libreros de Alemania, otorgado en la Feria del Libro de Fráncfort (1997).

VARGAS LLOSA es considerado uno de los más grandes novelistas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. La evolución de sus trabajos se puede dividir básicamente en tres grandes bloques: uno en el que fue básicamente un realista, el segundo en el que el autor, según Raymond L. Williams, empieza "el descubrimiento del humor", y el tercero, en el que viaja a través de diversos tipos de novelas.

En su primera etapa, Vargas Llosa se centra en un carácter objetivo, pues sus obras reflejan la convulsa realidad social peruana (y en algún caso, latinoamericana), sacudida por conflictos de tipo racial, sexual, moral y político. Su representación artística de esa problemática no es, sin embargo, tradicional y cerrada en cuanto al trabajo literario. En su obra incorpora las técnicas narrativas (que nunca dejará) más innovadoras de la novela contemporánea: multiplicidad de focos narrativos o perspectiva múltiple, montaje de planos espacio-temporales, efectos del expresionismo y el ya mencionado monólogo interior. Esta es la etapa que más lo relaciona con el “boom” latinoamericano; aquí se encuentran obras como “La ciudad y los perros”, “La casa verde” o “Conversación en la catedral”.

La rigurosa objetividad y la indeclinable tensión con las que plantea sus conflictos, ceden un poco en la segunda fase de su producción novelística, que se distingue por toques de humor grotesco, como en Pantaleón y las visitadoras (1973), o por retratarse a sí mismo en su relato, como en La tía Julia y el escribidor (1977), en la que narra episodios de su primer matrimonio y sus comienzos literarios.

Luego de esta etapa, se inicia una tendencia a la exploración de la novela histórica, el erotismo, la política, e incluso el estilo detectivesco como en “¿Quién mató a Palomino Molero?”.

La temática también adquiere un rol importante en el desarrollo del autor. Es, por la fecundidad, riqueza y hondura de su obra creadora, y por su continua presencia en el debate sobre asuntos relativos a libertad, violencia, censura y justicia, una de las personalidades intelectuales más activas e influyentes de la actualidad.

El estilo de este escritor peruano es satírico, descriptivo, narrativo e intimista a lo largo de toda su obra. No hay obra que no contenga toques de humor (sea sutilmente o como aspecto esencial). Los escenarios (en sus obras más regionalistas), son descritos con gran maestría, así como las situaciones que van siendo narradas. Por otro lado, el aspecto intimista se refleja en la exploración del interior de cada uno de los personajes. Esto se logra con el monólogo interior y con la multiplicidad de focos narradores, ya que el segundo nos permite el contacto con cada “actor”, y el primero, el conocer sus sentimientos, emociones y pensamientos.

Actualmente este uno de los intelectuales peruanos más versátiles y reconocidos en todo el mundo. Tiene una teoría de la novela que se encuentra entre las más citadas para explicar los fenómenos literarios. Veamos a continuación sus principales escritos.

Narrativa: “El desafío”, relato (1957), “Los Jefes” (1959), “La ciudad y los perros” (1962), “La casa verde” (1966), Premio Rómulo Gallegos, “Los cachorros” (1967), “Conversación en La Catedral” (1969), “Pantaleón y las visitadoras” (1973), “La tía Julia y el escribidor” (1977), “La guerra del fin del mundo” (1981), “Historia de Mayta” (1984), “¿Quién mató a Palomino Molero?” (1986), “El hablador” (1987), “Elogio de la madrastra” (1988), “Lituma en los Andes” (1993), Premio Planeta, “El pez en el agua”, autobiografía!1993), “Los cuadernos de don Rigoberto” (1997), “La Fiesta del Chivo” (2000), “El Paraíso en la otra esquina” (2003), “Travesuras de la niña mala (2006).”

Teatro: “La huida del inca” (1952), “La señorita de Tacna” (1981), “Kathie y el hipopótamo” (1983), “La Chunga” (1986), “El loco de los balcones” (1993), “Ojos bonitos, cuadros feos” (1996), “Odiseo y Penélope” (2007), “Al pie del Támesis” (2008)

Ensayo: “García Márquez: historia de un deicidio” (1971), “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary” (1975), “La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna” (1990), “Contra viento y marea” (1983-1990), “La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo” (1996), “La tentación de lo imposible”, ensayo sobre Los Miserables de Víctor Hugo (2004), “El viaje a la ficción”, ensayo sobre Juan Carlos Onetti (2008), “Sables y utopías”, recopilación de sus artículos y cartas sobre América Latina (2009).

“La buena literatura tiene que entretener. A través de la literatura se entra en contacto con una problemática humana, cultural y social. La literatura sensibiliza al hombre, lo alerta frente a determinados problemas, estimula su espíritu crítico frente a toda forma de injusticia. Creo que la literatura lo hace al hombre mucho más rebelde y anticonformista. Y espero que mis obras tengan estas características y contribuyan al espíritu crítico y rebelde del hombre” Vargas Llosa.

FUENTE: EL BOOM LATINOAMERICANO


viernes, 8 de octubre de 2010

LA POLIFONÍA EN POESÍA


Una cuestión crucial en poesía es cómo debe mostrarse la voz del poeta. Actualmente hay un abrumador predominio de la poesía escrita en primera persona, desde un yo que habla de manera directa al lector de experiencias personales. Diríase que hay una vuelta al neorromaticismo en el tema y a un cierto conservadurismo en la forma, caracterizada por la elección de un lenguaje sencillo y realista. Lo peor de esta tendencia es que está creando una poesía monocorde con un mínimo de audacia experimentadora. A nuestro juicio, todo esto es sintomático del estancamiento en que se halla la poesía. A ello hay que sumar la consabida falta de influencia social de ésta, en una era en la que la imagen digitalizada ha ganado terreno a la letra impresa en el ámbito de la comunicación y en la que el poco público lector orienta sus gustos hacia géneros más realistas como la narrativa, especialmente hacia la omnipresente narrativa histórica.

Frente a este panorama nos hacemos la siguiente pregunta: ¿puede haber vida poética más allá de la imitación de Benedetti? (dicho sea con todo el respeto del mundo al gran poeta uruguayo.)

Ante todo no nos explicamos por qué se obvia la gran renovación del lenguaje poético que representaron las vanguardias del siglo pasado. En una época en que el romanticismo poético ya no tenía nada que aportar, los sucesivos “ismos” de la vanguardia hicieron de la escritura algo en constante redefinición. Uno de los aspectos que se pusieron en solfa fue que el poema debiera ser escrito desde la primera persona (recuérdese que ello era así porque la teoría literaria romántica consideraba que el poema era ante todo expresión de la subjetividad del poeta). Los primeros en alzarse contra este concepto poético ampliamente aceptado en la época fueron los futuristas, que intentaron lograr una suerte de “antipoesía” eliminado de los textos (nada más y nada menos) el yo del poeta. Así, bajo la influencia del futurismo italiano (aunque también del ruso) los poemas se llenaron de onomatopeyas de ruidos maquinales y textos de anuncios luminosos del mundo moderno, urbano y tecnificado. En Francia, los cubistas como Reverdy, Cendrars o Apollinaire desarrollaban la idea de “simultaneidad”, que ya preocupaba a futuristas como el pintor Boccioni, al cual se le había ocurrido multiplicar las imágenes para traducir pictóricamente el movimiento. Para los cubistas y simultaneístas la voz del yo del poeta era sencillamente una más. Y para captar el caos y el dinamismo de la sociedad avanzada daban cabida a toda suerte de voces de personajes (a veces no identificadas) distintos al poeta o a textos ajenos al poema (recortes de prensa, carteles publicitarios, etc.), o a la más disonante cacofonía metropolitana, todo ello ocurriendo en un mismo momento y convergiendo en el poema. En realidad, todo esto era, claro está, un “truco” para transmitir la voz poética a través de filtros o máscaras, tras de las cuales, obviamente, estaba la subjetividad del poeta. Se trataba de crear un efecto coral y polifónico, superando la monotonía de la escritura desde el yo romántico y ganando en expresividad.

Uno de los mejores ejemplos de polifonía en poesía lo constituye la grandiosa composición The Wasteland de T. S. Eliot. En este extenso poema de Eliot, la voz poética está fragmentada en varias voces que se suceden y contraponen, ora bajo la forma de una especie de voz en off (al estilo de la del narrador omnisciente de un relato) ora bajo la forma de la voz de un personaje (a veces periférico). Igualmente también aparecen onomatopeyas y juegos fónicos. En el collage de voces en ocasiones se filtran citas textuales de otras obras (como las frases en alemán de Tristan e Isolda de Wagner), algo que hizo de este poema el libro de cabecera de todo tipo de pedantes (eruditos, críticos, profesores y estudiantes de literatura, etc.); eso, y que T. S. Eliot fuera, a pesar de su audacia estética, una persona profundamente conservadora (en Wasteland frente al desbarajuste de la vida moderna Eliot propone aunque de manera implícita una vuelta a los valores tradicionales).

Otro acierto de Eliot fue la utilización de lo que él llamaba “correlatos objetivos”, a saber la presentación de un objeto o grupo de objetos al lector, objetos que servían para evocar de una manera precisa la emoción concreta que el poeta quiere transmitir. Esto, en realidad, no era nuevo; estos mecanismos que intermedian entre el autor y el lector, a través de los cuales se filtra la voz del primero, ya los usaban simbolistas franceses como Mallarmé, Rimbaud o Laforgue, éste último muy admirado por Eliot. Esto hizo evolucionar a la poesía que estaba en el atolladero del posromanticismo, ese posromanticismo del yo desnudo con la boca llena de gastados sustantivos abstractos que ya no conmovían a nadie.

Heredero de esa voz fragmentada y caótica de los simultaneístas, el surrealismo, un movimiento que rompió el marco de los “ismos” más o menos efímeros para convertirse en algo más que una vanguardia, también contribuyó a dinamizar la voz poética. El marco teórico del psicoanálisis freudiano sirvió para que el genio de Breton diera una explicación precisa y “científica” de por qué las líneas de los poemas vanguardista (y en especial los surrealistas) parecen ser absolutamente independientes (¡libres!) unas de otras. El padre del surrealismo se valió del principio de libre asociación de ideas de Freud para explicar el maravilloso caos verbal que genera un poema surrealista, similar al juego de voces inconexas y entrecortadas que se producen en la mente humana en los estados delirantes. Esta pulverización de la voz poética fue llevada al extremo en El hombre aproximativo por Tristan Tzara, uno de los padres de Dada y luego compañero de aventuras de los surrealistas. En este extensísimo poema-libro dividido en 19 secciones, Tzara sorprende al lector al eliminar el hilo central del poema y dinamitar toda lógica convencional. Como consecuencia de esto, el que se asoma a sus páginas siente que su mente es atravesada por imágenes electrizadas que restallan como látigos en la oscuridad de la palabra primigenia. Cualquier intento de buscar un tema central alrededor del cual orbitan los delirantes versos de Tzara fracasa. Sin embargo se percibe cierta unidad: acaso la sistemática destrucción de un hilo central que hilvane las distintas partes del poema sea lo que, aunque parezca paradójico, dote de unidad al magma poético de Tzara.

En resumen, y sin ninguna intención dictar preceptos literarios, echamos de menos en la poesía actual el dinamismo del que rebosaba la escritura de vanguardia del siglo pasado. Decía el lingüista ruso Mijail Bajtin que la multiplicidad de voces (las “fuerzas dialógicas”) en pugna entre sí producían un efecto polifónico que dinamizaba al lenguaje humano frente a los intentos “monológicos” de imponer significados fijos. Al hilo de las ideas de Bajtin, pensamos que a lo mejor ha llegado la hora de inyectar una buena dosis de polifonía en las venas de la poesía actual a fin de que ésta despabile de su prolongado letargo.

"Visiones simultáneas" por Umberto Boccioni
Publicado por Sorrow en 13:26
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