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lunes, 18 de octubre de 2010

Marta Brunet en la fértil provincia



Diamela Eltit
Revista de Libros de El Mercurio. Domingo 12 de Septiembre de 2010

Tomando distancia del criollismo, esta singular escritora organizó una poética de la soledad y del desamparo más radical, y abordó el transcurrir de las vidas provincianas sometidas a duras normativas laborales y a las convenciones religioso-políticas de su tiempo. Varias de sus obras pueden encontrarse en librerías.

Durante la primera parte del siglo XX, justo en el tiempo en que un sector de la escritura literaria chilena se impregnó de la libertad estilística que recorría a las vanguardias europeas, la escritora Marta Brunet (1897-1967) se negó al cosmopolitanismo para concentrarse, de manera absorta, en plasmar los dilemas locales de una sociedad todavía atada, en gran medida, a la producción agrícola.

El pueblo y el campo fueron sus sedes literarias más frecuentadas. Allí, Marta Brunet organizó una poética no sólo de la soledad, sino también del desamparo más radical. Desde esas poéticas abordó los modos en que transcurrían las vidas provincianas o campesinas, sometidas a duras normativas laborales y a fuertes represiones simbólicas dictadas por las convenciones religioso-políticas de su tiempo.

La literatura de Marta Brunet buscó poner de manifiesto la arbitrariedad que portan las convenciones. Mostró una superficie social asfixiante que a menudo sólo ocasionaba infelicidad y opresiones en los habitantes de los poblados, o provocaba dramas marcados por el fantasma del incesto en familias aisladas en casas que parecían no pertenecer a ninguna parte.

Marta Brunet nació en Chillán, pero vivió parte de su infancia y primera juventud en el fundo Pailahueque en la localidad de Victoria. Cuando tenía catorce años, en plena adolescencia, viajó con sus padres por Europa para retornar a Chile después de tres años. Debido a la considerable distancia que la separaba de la escuela, fue educada por institutrices y profesores particulares. Luego de la muerte de su padre su situación económica cambió de manera abrupta y, para sostenerse junto a su madre, se dedicó, entre otros oficios, según algunas fuentes, a la quiromancia, y según otras, a la grafología. Se radicó en Santiago y junto a María Luisa Bombal participaron en una compañía teatral de aficionados que representó numerosas obras.

Colaboró en la revista Familia, de la que llegó a ser su directora. Más adelante, Marta Brunet, quien fue adherente aunque no militante del Partido Radical, sirvió por varios años como diplomática en Buenos Aires y Montevideo. Allí entabló relaciones con la poderosa intelectualidad rioplatense de su época. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1961.

Del criollismo a la introspección

Sus inicios literarios ( Montaña adentro , 1923) estuvieron marcados por su pertenencia al movimiento criollista, una corriente que homologó la potencia de la naturaleza con el psiquismo de sus habitantes, y cuyo exponente chileno más consolidado fue Mariano Latorre con su reconocida novela Zurzulita. Sin embargo, el proyecto literario de Marta Brunet iba a modificarse mediante el desplazamiento de formas descriptivas hacia una paulatina pero sostenida introspección. En su viaje literario por las técnicas y los signos fue escribiendo, de manera todavía inédita en la literatura chilena, las condiciones del sujeto femenino: sus estrategias y sus difíciles formas de sobrevivencia en un espacio social que le resultaba adverso.

Desde diversas perspectivas, Marta Brunet se abocó a textualizar el "signo mujer". Ya en 1927, en su obra María Rosa, Flor de Quillén, reescribió y reformuló el texto canónico Don Juan Tenorio, y mediante el humor, el burlador de la honra de las mujeres resultó burlado. Esta vuelta de tuerca no fue ensayada en la España del Siglo de Oro, sino en el sur de Chile, en medio de un mundo agrario, estrecho, regido por el predominio del trabajador agrícola, en donde María Rosa, la protagonista, se iba a convertir en el botín del don Juan local. Sin embargo, luego de consumado el encuentro sexual entre ambos, María Rosa consiguió ocultar, mediante una convincente argucia, lo sucedido, y, de esa manera, sometió al ridículo ante sus pares al don Juan campesino.

Ya en este texto primigenio y acaso primordial, Marta Brunet puso de manifiesto los elementos que más adelante iban a ordenar no sólo su ruta literaria, sino también su intensa incursión en la subjetividad femenina. Porque lo que su personaje María Rosa operó frente al engaño que la iba a destruir fue la negación del romanticismo como centro estructural del sujeto femenino. Lo negó cuando María Rosa comprendió que sólo formaba parte de una apuesta entre hombres y, más que victimizarse o condolerse ante la burla, sencillamente ocupó su inteligencia para superar la pérdida de su honra, salir indemne ante su comunidad y, pese a todo, conservar su aura de pureza.

Desde otra perspectiva, en su poderoso relato "Soledad de la Sangre", publicado en 1943, mostró el "sentimentalismo femenino" como agudo instrumento de dominación y alienación. La protagonista de este relato, sometida a una vida rutinaria, relegada junto a su esposo en una casa en medio del campo, huye de su realidad mediante un gramófono que le permite fugarse de sí a través de la música. Acude hasta sus recuerdos de infancia y especialmente hacia un idealizado amor adolescente. El gramófono entonces es el elemento que la separa de su contingencia para conducirla a un mundo irreal, pleno de fantasías de perfección. Hasta que estalla la violencia y el gramófono se rompe o, desde otra perspectiva, ella se enfrenta a su propia vida. Allí se somete a la disyuntiva de irse o permanecer en su casa, aceptar su cuasi vida, a ese marido. Se queda en su casa.

Su decisión, desde una perspectiva superficial, podría ser analizada como una derrota, pero también admite otras hipótesis, como la capacidad de adquirir una necesaria lucidez en torno a su propia vida y despojarla de ese romanticismo cegador. Hacerse cargo de un transcurso no perfecto, pero que obedece a su propia construcción. Y esa autoconciencia es la que pulveriza la alienación que antes velaba todo su presente y la expropiaba de sí misma.

Marta Brunet no se propuso la redención del sujeto mujer, sino más bien señaló críticamente cómo la sociedad "producía" lo femenino, sometido a espejismos y fantasmas emotivos cursis, que ensombrecían su vida más material y concreta. Pero en su relato "Soledad de la Sangre" también exploró la cuestión del poder. Demostró que a pesar de que la protagonista generaba recursos económicos que incrementaban los ingresos familiares y ese aporte le otorgaba una cuota de poder en el interior de la casa, el problema de la desigualdad persistía porque radicaba principalmente en factores simbólicos encargados de operar y reproducir la jerarquización de los cuerpos.

María Nadie, la amenaza de la mujer emancipada

En su novela María Nadie (1957), Marta Brunet escribió y describió plenamente a la mujer moderna encarnada en María, una mujer que trabajaba en el servicio público, soltera, que llegó al pueblo a desempeñar sus funciones. Su independencia se transformó en una amenaza para las múltiples convenciones imperantes. De allí que el espacio provinciano tomó un derrotero alegórico y el pueblo entonces se erigió en un discurso cultural ultraconservador. Voces sociales que se oponían férreamente a los cambios, un pueblo que observaba en María el desorden de sus normativas y el riesgo de su posible disolución.

El pueblo alcanza en la obra el estatuto del miedo, la represión y hasta el terror frente a la otredad moderna. Allí estallan todas sus pulsiones más hostiles. La comunidad se une en contra de la "extraña" que con su sola presencia llega a proclamar una autonomía que perfora el orden. Una "forastera" que incomoda tanto a hombres como a mujeres porque afecta sus certezas y puede debilitar las estructuras de un comportamiento agudamente disciplinar.

El viaje de María desde la capital a la periferia provinciana parece ser una inmersión en los centros neurálgicos de los estereotipos y de las represiones sociales. Su fisonomía moderna lastima las tramas duramente tejidas por la historia cultural. De manera irremediable, María es expulsada del lugar. Su permanencia allí resulta imposible porque augura un cambio que no puede ser incorporado por una sociedad petrificada. Pero, a pesar de todo, María cuenta con un empleo y un salario que le permite obtener un "lugar en el mundo", un lugar que radica en la posibilidad nómada del desplazamiento, del ejercicio de una constante movilidad frente a un espacio social local formado por voces centristas, hegemónicas y perfectamente articuladas entre sí. En suma, María Nadie (a pesar de su nombre elocuente) sobrevive de manera precaria porque puede desplazarse y vagar por los códigos sociales, desde la libertad que le otorga no sólo su deliberada soltería, sino amparada además por su trabajo remunerado por el Estado (laico).

Parece necesario insistir en la prolongada batalla con los signos literarios que mantuvo Marta Brunet. A lo largo de más de cuarenta años de una sostenida producción consiguió imprimir su aguda inteligencia mediante la construcción de relatos que se fundaban en atmósferas cargadas de sugerencias e hilos inacabados, de finales abiertos, de personajes que se debatían tensamente contra el espesor más íntimo de ellos mismos. Parapetada en la provincia, logró instalar psiquismos complejos, dotados de vueltas y revueltas, de resignaciones y vaivenes. De esa manera, esta singular escritora chilena no sólo presagió parte de la obra de José Donoso ( Humo hacia el Sur, 1946), sino que además pensó y repensó a los cuerpos cautivos por mandatos angustiosos que se dedicó audazmente a develar y quizás (por qué no) a aliviar.

sábado, 16 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA: PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2010

 EL TRIUNFO DEL BOOM

CARACTERÍSTICAS DEL BOOM

MARIO VARGAS LLOSAS, es uno de los principales autores del llamado Boom de la literatura latinoamericana.
Veamos aquí algunas características literarias del Boom…:
1)           Carácter
Haciendo un promedio general de la literatura hispanoamericana de los 60’s, siempre llegaremos a la conclusión de que ésta fue de carácter vivencial.  Estudiar al “boom” es complicado debido a que su literatura fue agrupada por criterios comerciales y de época, y no por afinidades literarias.
El carácter vivencial hace referencia a la tendencia a representar la vida del hombre tal y como es.
2)           Género
El género más desarrollado en estos años en Latinoamérica fue el narrativo.
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3)           Lenguaje
No podemos decir nada más que el estallido latinoamericano tuvo un lenguaje sencillo y culto al mismo tiempo. Acerca del primero, tenemos la narrativa de García Márquez, Vargas Llosa o Carlos Fuentes, cuya obra se hace elaborada no por su lenguaje, sino por otras técnicas que ya mencionaremos. Estos escritores usan por lo general palabras de entendimiento universal para poder llegar a más lectores.
4)           Temática
Durante muchos años, la narrativa hispanoamericana se había centrado en tratar temas sobre la vida del campo, por no decir que se buscó lo más exótico de Sudamérica. Esta tendencia cambia por estos años, pues la literatura se volvió más urbanista (la migración del campo a la ciudad fue muy común por esos años). Es por esto que los problemas tratados cambian: delincuencia, drogas, y, en general, el efecto que pueden tener las metrópolis en los seres humanos.
5)           Funciones literarias
Esta literatura tiene su razón de existir principalmente en tres funciones: la esteticista, la social y la ideológica.
La función esteticista se refleja en el gusto de los autores por hacer aparte de una gran historia, una gran novela. Esto significa que la preocupación por el acabado de la obra (vocabulario adecuado, buenos recursos estilísticos, técnicas renovadoras) es tan grande como por el de su contenido en sí. García Márquez y Vargas Llosa tienen hasta ahora la costumbre de reescribir cualquier manuscrito si es que no les parece que está bien contado.
Los autores tratan en sus libros diversos problemas de la sociedad actual; esto lo logran ya sea a través del sarcasmo, la parodia o la mera representación; pero nunca a través de la denuncia directa (al menos dentro de las novelas). Además el contexto de la época permitía escribir sobre esto, como ya habremos podido ver en la primera parte de nuestro trabajo. Es aquí donde se aprecia claramente la función social.
Por otro lado, con sutilezas geniales y frases de dura interpretación, estos literatos plasman varias veces sus ideologías y sus puntos de vista sobre la vida. Quizá una excepción sea Julio Cortázar y su “Rayuela”, pues este texto tiene una cara filosófica, donde el autor suelta lo que piensa de una manera tranquila pero muy abierta.
6)           Nuevas técnicas
En esta época la literatura, por su misma función esteticista, tuvo una meta netamente literaria. Es algo como el ya conocido “el arte por el arte”. Por esto buscó formas de hacer del trabajo literario algo atractivo por su novedosa constitución y desarrollo. Los narradores utilizaron y aprovecharon con inmensa solvencia los legados de grandes escritores, en especial de James Joyce  y William Faulkner. Así, tenemos tres técnicas esenciales en la literatura latinoamericana de los 60’s.
a)           El monólogo interior
Esta técnica reproduce el pensamiento libre del personaje tal como sucede en la realidad: asociando desordenadamente ideas, recuerdos, emociones, etc. El monólogo interior discurre sin lógica, puede ser inconexo y saltar de un asunto a otro sin coherencia.
b)          La perspectiva múltiple:
Gracias a ésta técnica el narrador de una novela ya no es uno sólo: la función de narrar puede ser asumida por diversos personajes, dando diferentes puntos de vista sobre lo que ocurre.
c)           Los experimentos con el tiempo y el espacio:
Los hechos no se presentan en orden cronológico, sino que los personajes pueden saltar del presente al pasado o al futuro, y luego regresar de nuevo al presente. Además, los escenarios pueden cambiar radicalmente y sin sentido aparente.

 
 
EL AUTOR PREMIADO
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació un domingo 28 de marzo de 1936 en la ciudad de Arequipa, Perú. Sus padres, Ernesto Vargas Maldonado y Dora Llosa Ureta, ya estaban separados cuando vino al mundo y no conocería a su progenitor hasta los diez años de edad.
Estudia la primaria hasta el cuarto año en el Colegio La Salle de Cochabamba en Bolivia. En 1945 su familia vuelve al Perú y se instala en la ciudad de Piura, donde cursa el quinto grado en el Colegio Salesiano de esa ciudad. Culmina su educación primaria en Lima e inicia la secundaria en el Colegio La Salle.
El reencuentro con su padre significa un cambio en la formación del adolescente, que ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, en el cual sólo estudia el tercer y cuarto año; sin embargo, termina la secundaria en el Colegio San Miguel de Piura.
En 1953 regresa a Lima. Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudia Letras y Derecho. Su opción no fue aceptada por su padre, por lo que fue una etapa sumamente difícil, más aún cuando a los dieciocho años decide contraer matrimonio con su tía política Julia Urquidi, lo que aumentó sus urgencias económicas. Paralelamente a sus estudios desempeña hasta siete trabajos diferentes: redactar noticias en Radio Central (hoy Radio Panamericana), fichar libros y revisar los nombres de las tumbas de un cementerio, son algunos de ellos. Sin embargo, sus ingresos totales apenas le permitían subsistir.
En 1959 parte rumbo a España gracias a la beca de estudios "Javier Prado" para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; así, obtiene el título de Doctor en Filosofía y Letras. Luego de un año se instala en París.
Al principio su vida en la ciudad de la luz transcurre entre la escasez y la angustia por sobrevivir, por lo que acepta trabajos que, o bien lo mantenían en contacto con su idioma a través de la enseñanza (fue profesor de español en la Escuela Berlitz), o le permitían trabar amistades literarias, como cuando fue locutor en la ORTF francesa o periodista en la sección española de France Presse .
Los esfuerzos por llevar a cabo su vocación literaria dan su primer fruto cuando su primera publicación, un conjunto de cuentos publicados en 1959 con el título “Los jefes”, obtiene el premio Leopoldo Arias. Anteriormente había escrito una obra de teatro, el drama La huída del Inca.
En 1964 regresa al Perú, se divorcia de Julia Urquidi y realiza su segundo viaje a la selva donde recoge material sobre el Amazonas y sus habitantes.
Viaja a La Habana en 1965, donde forma parte del jurado de los Premios Casa de las Américas y del Consejo de Redacción de la revista Casa de las Américas; hasta que el caso Padilla  marca su distanciamiento definitivo de la revolución cubana en 1971.
En 1965 se casa con Patricia Llosa. De la unión nacen Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974). En 1967 trabaja como traductor para la UNESCO en Grecia, junto a Julio Cortázar; hasta 1974 su vida y la de su familia transcurre en Europa, residiendo alternadamente en París, Londres y Barcelona.
En Perú, su trayectoria sigue siendo fructífera. En 1981 fue conductor del programa televisivo La Torre de Babel, transmitido por Panamericana Televisión; en 1983, a pedido expreso del presidente Fernando Belaúnde Terry, preside la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay para averiguar sobre el asesinato de ocho periodistas.
En 1987 se perfila como líder político al mando del Movimiento Libertad, que se opone a la estatización de la banca que proponía el entonces presidente de la República Alan García Pérez.
El año 1990 participa como candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático-FREDEMO. Luego de dos peleados procesos electorales (primera y segunda vuelta), pierde las elecciones y regresa a Londres, donde retoma su actividad literaria.
En marzo de 1993 obtiene la nacionalidad española, sin renunciar a la nacionalidad peruana.
En la actualidad colabora en el diario El País (Madrid, España, Serie Piedra de toque) y con la revista cultural mensual Letras Libres (México D.F., México y Madrid, España, Serie Extemporáneos).
Los méritos y reconocimientos lo acompañan a lo largo de su carrera. En 1975 es nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y en 1976 es elegido Presidente del Pen Club Internacional. En 1994 es designado como miembro de la Real Academia Española.
Sus obras han sido traducidos al francés, italiano, portugués, catalán, inglés, alemán, holandés, polaco, rumano, húngaro, búlgaro, checo, ruso, lituano, estonio, eslovaco, ucraniano, esloveno, croata, sueco, noruego, danés, finlandés, islandés, griego, hebreo, turco, árabe, japonés, chino, coreano, malayo y cingalés.
A lo largo de su carrera, Mario Vargas Llosa ha recibido innumerables premios y distinciones. Cabe destacar sobre todo dos de los máximos galardones que se conceden en el ámbito de las letras hispánicas: el Premio Rómulo Gallegos (1967) y, sobre todo, el Premio Cervantes (1994). Otros destacados premios en su haber son el Premio Nacional de Novela del Perú (en 1967, por su novela “La casa verde”), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España, 1986) y el Premio de la Paz de los Libreros de Alemania, otorgado en la Feria del Libro de Fráncfort (1997).

VARGAS LLOSA es considerado uno de los más grandes novelistas hispanoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. La evolución de sus trabajos se puede dividir básicamente en tres grandes bloques: uno en el que fue básicamente un realista, el segundo en el que el autor, según Raymond L. Williams, empieza "el descubrimiento del humor", y el tercero, en el que viaja a través de diversos tipos de novelas.
En su primera etapa, Vargas Llosa se centra en un carácter objetivo, pues sus obras reflejan la convulsa realidad social peruana (y en algún caso, latinoamericana), sacudida por conflictos de tipo racial, sexual, moral y político. Su representación artística de esa problemática no es, sin embargo, tradicional y cerrada en cuanto al trabajo literario. En su obra incorpora las técnicas narrativas (que nunca dejará) más innovadoras de la novela contemporánea: multiplicidad de focos narrativos o perspectiva múltiple, montaje de planos espacio-temporales, efectos del expresionismo  y el ya mencionado monólogo interior. Esta es la etapa que más lo relaciona con el “boom” latinoamericano; aquí se encuentran obras como “La ciudad y los perros”, “La casa verde” o “Conversación en la catedral”.
La rigurosa objetividad y la indeclinable tensión con las que plantea sus conflictos, ceden un poco en la segunda fase de su producción novelística, que se distingue por toques de humor grotesco, como en Pantaleón y las visitadoras (1973), o por retratarse a sí mismo en su relato, como en La tía Julia y el escribidor (1977), en la que narra episodios de su primer matrimonio y sus comienzos literarios.
Luego de esta etapa, se inicia una tendencia a la exploración de la novela histórica, el erotismo, la política, e incluso el estilo detectivesco como en “¿Quién mató a Palomino Molero?”.
La temática también adquiere un rol importante en el desarrollo del autor. Es, por la fecundidad, riqueza y hondura de su obra creadora, y por su continua presencia en el debate sobre asuntos relativos a libertad, violencia, censura y justicia, una de las personalidades intelectuales más activas e influyentes de la actualidad.
El estilo de este escritor peruano es satírico, descriptivo, narrativo e intimista a lo largo de toda su obra. No hay obra que no contenga toques de humor (sea sutilmente o como aspecto esencial). Los escenarios (en sus obras más regionalistas), son descritos con gran maestría, así como las situaciones que van siendo narradas. Por otro lado, el aspecto intimista se refleja en la exploración del interior de cada uno de los personajes. Esto se logra con el monólogo interior y con la multiplicidad de focos narradores, ya que el segundo nos permite el contacto con cada “actor”, y el primero, el conocer sus sentimientos, emociones y pensamientos.
Actualmente este uno de los intelectuales peruanos más versátiles y reconocidos en todo el mundo. Tiene una teoría de la novela que se encuentra entre las más citadas para explicar los fenómenos literarios. Veamos a continuación sus principales escritos.
Narrativa: “El desafío”, relato (1957), “Los Jefes” (1959), “La ciudad y los perros” (1962), “La casa verde” (1966), Premio Rómulo Gallegos, “Los cachorros” (1967), “Conversación en La Catedral” (1969), “Pantaleón y las visitadoras” (1973), “La tía Julia y el escribidor” (1977), “La guerra del fin del mundo” (1981), “Historia de Mayta” (1984), “¿Quién mató a Palomino Molero?” (1986), “El hablador” (1987), “Elogio de la madrastra” (1988), “Lituma en los Andes” (1993), Premio Planeta, “El pez en el agua”, autobiografía!1993), “Los cuadernos de don Rigoberto” (1997), “La Fiesta del Chivo” (2000), “El Paraíso en la otra esquina” (2003), “Travesuras de la niña mala (2006).”
Teatro: “La huida del inca” (1952), “La señorita de Tacna” (1981), “Kathie y el hipopótamo” (1983), “La Chunga” (1986), “El loco de los balcones” (1993), “Ojos bonitos, cuadros feos” (1996), “Odiseo y Penélope” (2007), “Al pie del Támesis” (2008)
Ensayo: “García Márquez: historia de un deicidio” (1971), “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary” (1975), “La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna” (1990), “Contra viento y marea” (1983-1990), “La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo” (1996), “La tentación de lo imposible”, ensayo sobre Los Miserables de Víctor Hugo (2004), “El viaje a la ficción”, ensayo sobre Juan Carlos Onetti (2008), “Sables y utopías”, recopilación de sus artículos y cartas sobre América Latina (2009).





“La buena literatura tiene que entretener. A través de la literatura se entra en contacto con una problemática humana, cultural y social. La literatura sensibiliza al hombre, lo alerta frente a determinados problemas, estimula su espíritu crítico frente a toda forma de injusticia. Creo que la literatura lo hace al hombre mucho más rebelde y anticonformista. Y espero que mis obras tengan estas características y contribuyan al espíritu crítico y rebelde del hombre” Vargas Llosa.

 FUENTE:

El boom latinoamericano,    de los Autores:

· Lilian Moreno Loyaga

· Galina Valverde Esquivel

· César Villarreal Núñez

 

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