Cipariso
Hemos venido a verte al sórdido escenario
donde hombres y mujeres agradecidos adulan tu
belleza. ..
Adolescente en el filo del reino,
tu cuerpo tiene la hermosura blanca de rosas tropicales
y el vigor del muchacho en el cuerpo de guardia.
Tu fruta, oscura y larga, llama a una sed prohibida.
Tus muslos son de seda, de agua femenina.
Tus ojos muy, muy dulces, desfallecientes, húmedos,
pero tus músculos sin pelo golpean cuando miran.
Tú te vas desnudando lentamente
entre una música arábiga de rai y rock folklórico.
y deslumbras de blanco como el niño secreto
que se viste de blanco las bragas de su hermana.
y también ruedas en el sucio suelo
como un joven guerrero montando a los leopardos.
Te miramos con envidia tranquila
y un furioso deseo de desdén y codicia...
Eres un lirio hermoso de viril temperanza
y la blanda violeta de una virgen enferma.
He soñado, de pronto, con tu carne en mi cama.
y he sentido las sábanas teñidas de colonia.
Pero cuando tu culo era la gloria de una hoguera
y tu fruta pendía bajo el pelo revuelto,
los aplausos de un público delicado y abyecto
me han recordado que el sueño terminaba.
El dueño ha dicho: Unas quince mil pelas...
Y el dios, sudando, pide ginebra y coca.
El mundo se ha tornado de peltre y de tornado,
y ya sabemos todos que no existe la vida.
Corsario
Piernas tensas. Tacones sonoros. Revuelto el cabello negro...
Era o había sido, hasta que la noche descubrió su cuerpo
largo, fibroso, duro. La magnífica belleza angular de su rostro,
la piel tan fina como el agua dulce, chispazos de fósforo.
En sus ojos - turbadores, negros - alguien ha escrito
un día una palabra soez, maravillosa: Vicio.
¿Qué significa? ¿Albas largas, cocaína, mujeres muy ardientes
besándole los pies? ¿Hombres que han alabado su terso viril joven?
Tirado, sentado en las ergástulas de la sauna, entre
toallas húmedas y aleteantes aves de silente deseo,
basta contemplar la seda de sus muslos ágiles para
olvidarlo todo. Llama es galán su cuerpo. Ansia, cobra...
La deja ver como un reptil perfecto entre lo oscuro.
Apasionado, alarmante, vicioso. ¿Él o tú? ¡Pero qué importa!
CORTESANÍA
Tumbado en una suite de lujo:
Hermoso, delicado, con la piel canela
y el negro cabello en amado desorden,
lentamente desnudo en entresueño
giras, y se curvan los brazos
y las piernas muy largas conformas...
A tu lado, con el índice solo
de la mano derecha, recorro yo tu espalda,
sobrevuelo las ingles, apenas me demoro
en una oreja, vuelvo a tus tobillos leves,
y miro como giras, curvas los brazos,
conformas a mi deseo tuyo las piernas...
Me digo, a veces, que nada más querría.
Que tu impecable desnudo me
bastase, imposible precioso, dulce sometido.
Querría en ti, Miguel, que la carne
muriese para siempre, su grito infame,
y eternamente a una vida con límites
correspondiese este tocable amor, diré,
hecho de límites sin límite...
Costura propia
He ido muchas veces ataviado de tristeza,
hundiéndoseme el mundo a cada rato,
fingiendo entre los amigos que me interesaba algo...
Me da miedo quien me mirase,
y angustia me producía no ser perfecto,
tener que competir, luchar por el oficio, por la vida, el nombre...
Y pensaba: la tragedia de todos consiste en no ser Dios.
Todos quisiéramos ser un pequeño Dios omnipotente..
Y hacíamos bromas sobre la muerte, chistes sobre la soledad,
Pequeños disparates sobre el amor comprado.
(Y yo soñaba en ti, mamá, como lo único seguro).
Me daba miedo la autoridad, la ley, el mundo, el futuro.
Pensaba: Incluso si alguna vez me creí libre.
Y la noche engañaba -como los amigos- con cierto parecido
a bondad o indiferencia.
Y yo iba ataviado de tristeza
y hubiera querido llorar -no podía-
o simplemente hundirme lentamente.
Y me veía en una barca negra (acaso en una gruta)
navegando hacia un negro horizonte...
la tristeza me llena la cabeza de plomo,
los bolsillos de piedras,
las manos de artrosis dura
y tira de mí tanto hacia abajo
que me vuelve imagen verticalizada, estirada, de un
espejo deformante.
Dame la tristeza, échamela -gira la soledad.
-Lánzame la pelota -repite el miedo.
Aquí, aquí, centra -reclama la angustia,
chútame a mí- y no sé qué agobio extraño lo sugiere.
Sólo sé que cuando voy ataviado de tristeza
quiero enraizarme en el sueño,
bogar en un río de calma
y susurrar junto al silencio: Dame la mano, mamá, ya he vuelto...
Cuarto de duchas
No, no me gusta. En realidad detesto la crápula
de las saunas: Cópulas en la tristeza del anonimato. ..
¿Pero las líneas de los poemas mejores, sus ritmos,
su ceniza, su carmín, no conducen a la belleza
del amor? Me siento aquí -un viejo es invisible
para la juventud- y observo los cuerpos bajo el agua.
Glúteos, suaves ascensiones del vello: El torso
reluciente. y todos juntos, como si fuese posible
un orgasmo de espadas. ¿Lo entiende? La limpieza
de la juventud que mancha. Alguna vez, siguiendo
sus piernas, su mirada, o su sexo, voy a la oscura
y húmeda cabina. Extraigo de la funda de las gafas
una barra de labios, y pintado, asumo su eminencia.
¿Qué pensará de ese viejo sucio?
¿Qué pensará algún día de los versos de la vida,
planos, difíciles a la felicidad, llenos de líquen?
Benevolencia. El agua, al caer, arrastra los sentidos...
Dominio de la noche
El cabello se esparce suavemente en el lino,
como un mar que es el oro si despacio amanece.
Suavemente se pliegan las pestañas, y los
besos se duermen en los labios y respiran flores.
Ignora la cintura que es sagrada la mano
que recorre las piernas y sus bahías dulces,
la extensión marina del lino que se tuerce,
las playas invisibles de la espalda. Todo ignora.
Y otra mano se expande así, muy quedamente,
y al moverse, el impulso descubre más ocultas
dulzuras, Besos. Deseos. Amor. Ignoradas bahías.
Duérmese. Y yo miro dormir tu joven negligencia.
El ciruelo blanco y el ciruelo rojo
Museo Atami
Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin.
Gozó del esplendor de la juventud en
los barrios de licencia, frecuentó el paladar
sagrado del deseo. Ordenó sus kimonos
en la seda más fina; pintó un fondo
de oro para lirios azules. Refinado y altivo,
no olvidó sin embargo (artista como era) la melancolía
fugaz del tiempo que transcurre.
En su madurez, con audaz virtuosisimo,
se dedicó sobre todo a la búsqueda estilística.
Creó lacas y biombos. Le hizo célebre
la perfección, el refinamiento de su
arte -lirios, ciruelos, dioses- decorativo.
Debió morir fascinado en la belleza,
rodeado por una seda extraña, tranquilo.
Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin;
su vida fue un culto a la efímera
sensación de la belleza. Al placer y al arte.
Y la vida le concedió sentir, ser traspasado
por el dardo febril de la hiperestesia.
Le llamaron excéntrico, dandy o esteta.
Pero no pidió más. Sensación por sensación.
Vivir, sentir, gozar. Sin más problemas.
De "Hymnica" 1979
¿QUÉ SABES DE LA NOCHE, CENTINELA?
Tú que aspirabas a vivir continua diferencia,
hallaste que sus ojos hermosos no eran aventura.
Y oíste las mismas palabras, evocación de la ebriedad
con idénticos gestos, el culmen del mundo cifrado
en esa consecución de vasos y de droga barata...
¿Hablas de la caducidad? La alegría salvaje,
la gloria primitiva, son verdad sólo en su primer momento.
Recorriste solitario algunas calles desiertas,
recordando: en el lugar más alto estará lo que quiero.
Y a ti que te ha encendido la belleza del mundo,
te sumergiste entero entre lampos de fresa y titilar de oro.
Hablar del esplendor es vano intento. Mas cada cual
se anubla en el de al lado, y se pierde la hoguera
en anónimo fuego: la belleza aquí se repetía.
¿Qué busco yo, dijiste, con un vaso en la mano?
Participar de un cuerpo cuya entidad se esconde.
Sonaban las botellas entre las luces tibias.
El repetido alcohol de casi seis estaciones recorridas.
¿Adónde mirar? ¿Y hacia dónde mis ojos?
Tampoco anhelo añil amanecer junto a una carne
rubia, que dormirá en sus flores intocada y morbosa.
Sinuosas cintas de innumerables barras,
trasiego de palabras gastadas por la lija,
y el vidrio que me impide coger lo que o sé si quiero.
No es Nadie el nombre del que corre entre la sombra,
ni Odiseo el que repta entre siete cubículos.
Uno sólo es su nombre. Llamadme ya Mendigo.
RESEÑA
Poeta, narrador, traductor y ensayista español nacido en Madrid en 1951.
A los diecinueve años, sin terminar sus estudios de Filología Clásica y Románica, publicó sus primer libro
de poemas «Sublime Solarium», dedicándose desde entonces a la literatura.
Excelente antólogo, biógrafo y estudioso de la poesía española contemporánea, también ha traducido a poetas y autores de la talla de Sandro Penna, Miguel Ángel Buonarotti y Oscar Wilde.. Es además autor de novelas y relatos entre los que se destaca «El burdel de Lord Byron», Premio Azorín en el año de 1995.
Recibió el Premio Nacional de la Crítica en 1981 por su libro «Huir del Invierno», el Premio Internacional Ciudad de Melilla en 1998 por «Celebración del libertino» y el Premio Sonrisa Vertical en 1999 por su libro «El mal mundo».
Sus últimos poemarios «Las herejías privadas» y «Amores iguales» fueron publicados en el año 2001 y 2002.
Reside actualmente en Madrid. ©
Artículos y entrevistas. Literatura, Lo Mejor de la Web, Textos de Narrativa y Poesía
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viernes, 30 de marzo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
De Profundis - Carlos de Rokha
DE PROFUNDIS
Desde este amargo té me vuelvo hacia el demonio
Apenas entrevisto por el insomne huésped
Que soy cuando de noche entro en mi ser visible
Cansado de mi viaje y de la larga
locura que hace tiempo absorbe mis dos sienes
Me vuelvo a la ceniza y al vaso de mi sangre
Con las venas ardiendo y el rostro amortajado
Más la espalda llagada, doliéndome el costado, dando
perdón al denodado
enemigo que soy de mí mismo y de mi alma.
Solitario por dentro, fatigado,
sin esperanzas como
un Cristo de abismal perspectiva
sobre el madero de mi columna vertebral crucificado
por los días que vivo buscando una respuesta
a la angustia que asalta mis ojos cuando duermo.
-----------------------------------------------
"Vivió y murió por la poesía" dice su epitafio en el Cementerio General.
Estas palabras resumen a cabalidad el itinerario de Carlos De Rokha, un poeta para el cual nunca existieron distinciones entre vida práctica y poética.
Su mundo era otro.
No es de extrañar que se lo llamara el "Rimbaud chileno", que ocupe un lugar entre los poetas malditos del país.
Hijo primogénito de Pablo y Winétt de Rokha, de vida breve y atormentada, Carlos de Rokha creció en un ambiente privilegiado para el cultivo de sus facultades poéticas.
Era un bohemio irreductible, dueño de un humor muy criollo.
Algunas veces, la seriedad de sus experiencias, lo envolvía en un silencio inescrutable.
Se dejaba vivir, fuera de todo cálculo, con furor dionisíaco.
Sus actos parecían traspasados por la inocencia y la ingenuidad de una conducta iluminada, ajena a las convenciones, guiada sólo por su vocación, la poesía.
Escribía con una facilidad asombrosa, no importaba dónde ni entre quiénes se encontrara.
Muchos de sus versos los escribió en servilletas, bolsas de papel o carton, además de sus cuadernos.
Carlos de Rokha murió repentinamente, a los 42 años, una noche de Septiembre de 1962.
Se habló de suicidio, pero también es probable que se tratara de una intoxicación involuntaria de medicamentos y alcohol.
Los funerales, una mañana de Domingo, congregaron a familiares, amigos y políticos.
(Salvador Allende, Braulio Arenas, Teófilo Cid, Enrique Lihn.)
Lihn leyó un poema, quizá la misma elegía que publicara un año más tarde en "La pieza Oscura", en memoria de su amigo:
".......Ella - la poesía - al menos fué tu sombra.
No iba a encender en el hueco de la mano
temblorosa, a la siga de un ciego blasfemante
ninguna luz que no fuera tempestad".
Desde este amargo té me vuelvo hacia el demonio
Apenas entrevisto por el insomne huésped
Que soy cuando de noche entro en mi ser visible
Cansado de mi viaje y de la larga
locura que hace tiempo absorbe mis dos sienes
Me vuelvo a la ceniza y al vaso de mi sangre
Con las venas ardiendo y el rostro amortajado
Más la espalda llagada, doliéndome el costado, dando
perdón al denodado
enemigo que soy de mí mismo y de mi alma.
Solitario por dentro, fatigado,
sin esperanzas como
un Cristo de abismal perspectiva
sobre el madero de mi columna vertebral crucificado
por los días que vivo buscando una respuesta
a la angustia que asalta mis ojos cuando duermo.
-----------------------------------------------
"Vivió y murió por la poesía" dice su epitafio en el Cementerio General.
Estas palabras resumen a cabalidad el itinerario de Carlos De Rokha, un poeta para el cual nunca existieron distinciones entre vida práctica y poética.
Su mundo era otro.
No es de extrañar que se lo llamara el "Rimbaud chileno", que ocupe un lugar entre los poetas malditos del país.
Hijo primogénito de Pablo y Winétt de Rokha, de vida breve y atormentada, Carlos de Rokha creció en un ambiente privilegiado para el cultivo de sus facultades poéticas.
Era un bohemio irreductible, dueño de un humor muy criollo.
Algunas veces, la seriedad de sus experiencias, lo envolvía en un silencio inescrutable.
Se dejaba vivir, fuera de todo cálculo, con furor dionisíaco.
Sus actos parecían traspasados por la inocencia y la ingenuidad de una conducta iluminada, ajena a las convenciones, guiada sólo por su vocación, la poesía.
Escribía con una facilidad asombrosa, no importaba dónde ni entre quiénes se encontrara.
Muchos de sus versos los escribió en servilletas, bolsas de papel o carton, además de sus cuadernos.
Carlos de Rokha murió repentinamente, a los 42 años, una noche de Septiembre de 1962.
Se habló de suicidio, pero también es probable que se tratara de una intoxicación involuntaria de medicamentos y alcohol.
Los funerales, una mañana de Domingo, congregaron a familiares, amigos y políticos.
(Salvador Allende, Braulio Arenas, Teófilo Cid, Enrique Lihn.)
Lihn leyó un poema, quizá la misma elegía que publicara un año más tarde en "La pieza Oscura", en memoria de su amigo:
".......Ella - la poesía - al menos fué tu sombra.
No iba a encender en el hueco de la mano
temblorosa, a la siga de un ciego blasfemante
ninguna luz que no fuera tempestad".
Continuamos recordando al gran poeta Carlos de Rokha
Carlos de Rokha es uno de los hijos del matrimonio formado por los poetas Pablo y Winett de Rokha. Nació en 1920 en la ciudad de Valparaíso y falleció trágicamente en Santiago, en 1962, siendo precursor del destino funesto que siguió luego Carlos Díaz Loyola, su padre, más conocido como Pablo de Rokha, que culminó sus días auto-eliminándose (aunque su hermana Lukó de Rokha descarta la tesis del suicidio, cambiándola por un ataque cardíaco). Además de la literatura ha cultivado la pintura (comprensible debido a que era el arte la ocupación de sus hermanos Lukó y José). Juan Guixé lo ha calificado como “original, transformaba la vida en un mensaje, que después se hacía dispar, llena de recovecos, que más parecían un laberinto. Lamentable que, su muerte fue prematura, ya que él, podría haber dado mucho más de lo que todos admiraron, en su corta existencia”.
A esto se agrega lo que ha dicho Jorge Teillier respecto de Carlos de Rokha: “llevó una vida totalmente amarga. Un poco también por su condición mortal. Carlos no era de este mundo. No era un enfermo mental sino un visionario, estaba alejado de la realidad. Eso lo refleja muy bien en su poesía que tal vez sea la mejor poesía surrealista chilena, como decía Eduardo Anguita y como también lo decía Teófilo Cid, que era la primera víctima de la Mandrágora, o sea del surrealismo. Carlos de Rokha a los 15 años escribía poemas angélicos”. Elizabeth Neira señala que era “maldito a pesar suyo, infantil, quizás por la sombra omnipresente de su padre”. Es importante señalar que Elizabeth Neira comete un serio error al “publicar” primero “Pavana del gallo y del arlequín” (lo sitúa en 1964) y luego “Memorial y Llaves” (lo sitúa en 1967), lo que es totalmente al revés.
No pudo ser encasillado en ninguna corriente literaria, o más específicamente en ningún “ismo”. Su primer libro “Canto profético (o también “poético”) al primer mundo” (1944) entrega visos claros de un autor, a esas alturas muy joven influido por el Surrealismo, pues tuvo flirteos con Mandrágora (Enrique Lihn lo calificó como “surrealista en estado natural”), pero lo que sí se puede decodificar es un barroquismo en esta primera escritura. Leonardo Sanhueza lo calificó de “órfico”, afirmación rebatible que se origina por estar quizás todavía trasnochado de su trabajo con Rosamel del Valle. Su segundo libro “El orden visible” (1956) confirma y refrenda lo anterior, al entregar un texto pletórico, recargado, henchido de palabras e imágenes, con un lenguaje que avanza a paso fuerte. Se consagra con “Memorial y Llaves” (1964) y con “Pavana del gallo y el arlequín” (1967), textos que han galvanizado no solamente su estirpe de poeta, sino de voz, de calidad inconfundible. Su deceso hizo surgir también casi con un efecto reflejo el calificativo de poeta maldito, en estos casos lo más fácil, también lo más llamativo, a pesar de lo manido del término. Dentro de las ediciones de Carlos de Rokha utilizadas para revisar la obra, se cuentan las siguientes, todas originales, de los años en que fueron publicados, salvo la edición de “Pavana del gallo y el arlequín” (1967) que es la de la Editorial Universidad de Concepción, publicada en el año 2002. La edición de “Memorial y Llaves” es la que se ha publicado por parte de Ediciones de la Municipalidad de Santiago, 1964, a raíz del galardón que recibió en los Juegos Florales.
A LA LLEGADA DE LAS HORDAS
Mi gran furor que os dará la medida de mi cólera.
En fuga al centro de mí y hacia mi ser en lo profético desencadenado.
Mi pasión por la noche, mi clarividencia.
De poseso coronado por Orfeo y la Bella.
Me hacen más libre, y a la vez, más dichoso y más múltiple.
Que vosotros que todo lo tenéis.
Que vosotros oh corsarios blancos.
Oh, hijos de un cielo que habéis adquirido al menor precio.
A quienes nunca he visto jugarse una última carta.
Como quien juega su cabellera a las aguas envenenadas.
En el supremo juego donde el que pierde es el gran victorioso.
¿No os espanta mi lengua de animal solitario?
¿O no es a vosotros a quienes ciega
mi ojo centelleante como un vasto océano?
Temedme. Alejaos de mí.
Soy el monstruo sagrado, el asesino celestial y benigno.
Aquel que jamás tuvo nada, pero aún así
Su inaudita riqueza sobrepasa a la vuestra.
Porque yo hice mío lo desconocido.
Yo he tocado los límites del infinito.
Y, por último, sabedlo!
Vosotros, que alardeáis de santidad y pureza.
Nunca estaréis tan cerca de Dios como yo.
Que soy la otra cara de El.
Que soy la eternidad que revive en un hombre.
Que soy una edad desconocida.
Avanzando de himno en himno, de conjuro en conjuro.
Hacia el centro de mi corazón.
Hacia los mundos puros, los mundos malditos, los mundos negados.
Donde he llegado a ser
Un titán bronceado por los sueños
Y que marcha, sí, que marcha.
Abrazado a su abismo como a un postrer anhelo.
JULIETA O LA CLAVE DE LOS SUEÑOS
Una mujer de champagne me llama desde un sueño
Donde ella con sus ojos me pervierte
Deliciosa es fascinante
Adorable envenenada
Sobre la boca una mancha más negra
Ese gesto que marca sus pasos
De bella condenada a las habitaciones
El Océano en sus manos renueva sus espejos
La vida que yo amo es ésta entre sus brazos
CASCADA DE COPA
Escribid mi nombre en el libro de la noche
Donde yo anuncio la venida de un océano más negro
A la caída de los pájaros que han perdido sus alas
Sobre los follajes en que sangra el sol
Es preciso saber sonreír a cualquier precio
Ser el paseante de un bosque de árboles negros y blancos.
Las araucarias puede servirnos de puentes levadizos
O de lo contrario todo estaría perdido
Al borde de un espejo sin fondo
Donde un gran pájaro de nieve imita las cascadas
Decidme
Dónde hay una reina que devore el corazón del prisionero
Decidme
Cuántos ángeles pueden nadar en una gota de agua
LAS DEGOLLABLES
Bellas a un aire de nadar
Se desnudan visten ropajes propios
Y sobre sus cuerpos presumen la clave
Del encanto de las chacales
Del tigre de la ronda
Mejor vestidas que jamás errantes sanguinarias
Aquí están consumiendo varillas de leche
Sorteando sus partes de azar
Entregan sus peinados a la silla maldita
Las chacales tatuadas con armiño
Son éstas panteras del orgullo henchidas de virtud
Con un cuerpo por roja rosa de la ronda
Evaporada sobre sus bocas todas semejantes
A la risa de la boa que encantan
Más puras están ebrias fascinadas envenenadas
Lobas obsesivas en el tratado de sus detalles mágicos
Liberáis por avaricia los enigmas favorables
Vuestros cuellos semejantes al hastío de las cascadas
Vuestros cuerpos semejantes a la pereza
Libres ya de ligaduras crean un pacto de dicha
Así con marcas de amor las adorables de las horcas
Viven de un cielo prestado a la ciudad perdida
Y como arrogantes vestiduras en los más crueles paisajes
Los pájaros son su ropaje de Medusas
Cantan a la llegada sobre la costa de granito
Sueñan cuándo vendrá el gran día
Hollad las rocas bellas gavilanes
JEAN ARTHUR RIMBAUD O LA SUITE NEGRA
El, que jamás ha osado poner precio a sus sueños,
Vio a los centinelas escupir los más espléndidos tapices
A ellos, los mismos que un día negaron las uvas del delirio.
El Festín de las Gracias lo había maldecido.
Bebía un licor extraído de todos los pantanos.
Donde la más bella aventura se perdía en sus propios misterios.
Mientras los aldeanos le veían salir de Les Ardens.
¡A dónde iba cuando en los graneros ardían los mitos del silencio?
¿Hacía qué radas de desventura en qué oscuros caballos de espuma lloraba a orillas del mar?
Ángel por demonio su ensueño se ha saciado.
Con los heliotropos mea las estrellas
Cuando las Furias le soplaban las orejas
Y su cabeza de fauno ardía por las hidras
Por el ángel que afeitan vive siempre sentado
Prófugo de sí mismo quienes le adoraban eran los malditos
Los que pedían sus visiones a un Leviatán de los paraísos infernales.
Ellos han besado sus manos igualmente lamidas por larvas en desorden.
Ellos amaban al infante prodigioso.
Alquimista de vocales hechicero castigado despierta.
Rompe las llaves mágicas que guardaban su clave
Y contra toda piedad arroja el mismo hastío.
Fuente: Meridiano 75
jueves, 15 de marzo de 2012
Poemas de Winett de Rokha

DOMINGO SANDERSON
Cierro los ojos anticipándome a lo definitivo, y la ventana
del tiempo se disgrega,
vienen ellos y ellas, tú y yo, nuestros hijos, y vosotros todos,
se ha vivido el destino y la forma: marfiles, corales, ébanos y estrellas.
Inútil añoranza, inútil afán de insecto laborioso y alas de agua,
vidas que se precipitan del cerebro al mar y del mar al cerebro,
allí estáis vosotros, aquí estamos, allí estaréis vosotras un largo año.
Como el viejo Domingo Sanderson, mi abuelo, en la cuadrada
plaza de provincia,
soleada plaza con pesados árboles y pájaros municipales,
soledad y polvo, en las carreteras, en las puertas, en los campanarios,
soledad y polvo en las almas de los muebles y los tristes,
mirando cómo emigran los murciélagos que traen tiempo y miedo.
Porque una vez, entre siglo y siglo,
vivió y murió entre libros y sueños, entre libros y espanto,
entre libros y brujería, y demonio y sacrilegio,
en el cual Voltaire, enfundado en una roja capa muerta,
miraba enjuto y pálido, lleno de ángulos y fosforescencia prohibida,
-libros y sueños, libros y libros- maldición y conjuro.
Hijos, voluntades dispersas, enfermizas, criaturas de dolor y de rencor,
ajenas, esporádicas criaturas con un nombre en el extremo de las uñas.
Tres o cuatro fechas y en la memoria de algunas
estampas, una visión equívoca,
eso, de Domingo Anderson, el políglota,
libros, y libros a la espalda, con ellos de casa en casa,
libros y libros y libros,
con ellos de pensión en pensión, encajonados, llovidos,
rodando, acumulados como piedras de piedra,
dolor y cansancio y libros, escrituras y escrituras en
caligrafía de dolor y sueños.
Setenta y anchos cuatro años sobre la irrealidad,
setenta y anchos cuatro años de combate sin combate, de duda;
LOS SUYOS, maldicen el cadáver;
los libros amontonados no hablan,
los libros deshojados como castaños, son quemados,
y el cuerpo solo, marmóreo, inmutable, desciende solo y sin libros,
solo, absolutamente solo, inútilmente solo,
con el abecedario entre los dientes.
Abro los brazos estrechando lo inútil inconmensurable:
mitos, libros, ríos, libros, desengaños, libros, libros, libros,
tú y yo entre los doscientos crepúsculos…
ESCENARIO DE MELOPEA EN ANTIGUO
Cóncavo, con estalactitas y estalagmitas,
todo blanco, como el dedo de la mañana,
y un tapiz rojo, ensangrentado y repitiéndose,
donde mi zapatilla es una sola pepa de sandia.
Todo ojo se copia en los espejitos de mis uñas,
y mis brazos caen, se levantan y caen otoñándose.
La palabra se hace mariposa de noche,
pestañea, gira, se detiene, abre su corazón de perla inopinada
y se prende a un eco que rueda,
lentamente, desdoblándose, persiguiendo su órbita,
como una cabellera de astro que se disuelve.
CARCOMA Y PRESENCIA DEL CAPITALISMO
Frío, plano, de exactas dimensiones,
el siglo XX cabe en una cancha de tennis.
En mesitas de café-concierto,
entre pajillas, whisky-sowers y cigarrillos egipcios,
la mujer contemporánea
borda corpiños de seda negra.
En el paddock,
al compás de la música loca de un jazz-band,
las mujeres y los caballos se pasean.
Del brazo de Pablo de Rokha,
intervengo en el ritornello
mundial de las muchedumbres.
Ilustrando mis poemas
con perspectivas de paperchase,
con sweaters cuadriculados de sportman,
y humaredas de inquietantes locomotoras,
soy la Eva clásica del porvenir.
Astral y sensitiva, horado
en aviones románticos,
el azul de las golondrinas perdidas.
AMARILLA Y FLOR DE AGOSTO
¿Sientes cómo la araña hila su encaje
de sombra enmohecida?...
Ven, la flacura del Invierno
ha extendido su manta de cañamo maldito.
Como en aquellos días de oro,
tu conciencia y mi espanto,
acarician la línea fugitiva
de mi corazón inocente.
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