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jueves, 1 de noviembre de 2007

Don Quijote y Michel Foucault

Don Quijote y Michel Foucault

Refiriéndose a Don Quijote, Michel Foucault afirma que: «[Don Quijote] travels endlessly over that plain without ever crossing the clearly defined frontiers of difference, or reaching the heart of identity. Moreover, he is himself like a sign, a long, thin graphism, a letter that has just escaped from the open pages of a book. His whole being is nothing but language, text, printed pages, stories that have already been written down» (Foucault 46). En ésta, Foucault destaca la importancia de los orígenes de las salidas y aventuras de don Quijote, en vez de la inspiración que saca don Quijote de si mismo y de los compañeros aventureros en los libros. Entonces aquí, vamos a tratar de ver un poco los otros componentes de las aventuras de don Quijote. También vamos a ver un poco la cuestión de quién es el autor de don Quijote, teniendo en cuento el análisis de Foucault, «¿Qué es un autor?».

Según la primera cita de Foucault, don Quijote, el objeto literario, consiste precisamente en texto, páginas impresas, y cuentas ya escritas. Aquí es obvio que Foucault se refiere a los libros caballerescos (y unos pastoriles) y como el hidalgo incorpora las ideas de los textos en su propia vida para crear sus propias aventuras. Como estas ideas vienen directamente de libros inverosímiles, don Quijote necesita probarlas, como por ejemplo en el primer capítulo de Don Quijote. En ésto, don Quijote fabrica un casco con cartón, que aunque parece un casco verdadero, no es tan duro. Pero don Quijote prueba su creación con unos golpes de espada, y la celada queda rota. Aunque no lo dice, Foucault llega a implicar que la razón por la que la prueba fracasa es que don Quijote trata de imponer la invención, de que había leído en los textos, en el mundo corriente y moliente. En este mundo, es casi imposible ignorar la realidad de las cosas. En este mundo, un casco de cartón no puede sufrir ningún golpe de una espada real. Pero la ventaja que tiene don Quijote es que sabe tanto del mundo caballeresco como sabe del mundo verdadero; entonces cuando vuelve a construir la celada, se da cuenta de cómo se había equivado la primera vez que la probó: existen dos problemas que mandaron que su prueba fracasara. El problema más sencillo es que, en el mundo verdadero, no se puede usar cartón como celada. El otro es que, en el mundo de los libros, los caballeros no prueban las armas: tienen fe en que las armas van a servirles a sus caballeros cuando las necesitan. Don Quijote corrige los dos errores en que simplemente no vuelve a probar el casco. Ahora, no puede romper el casco, y tampoco puede romper la tradición caballeresco. Entonces, ahora, la prueba tiene éxito, y la celada de cartón basta para don Quijote. En esto, casi la primera acción del libro, don Quijote se demuestra como maestro de los dos mundos, y no solamente una refiguración de los textos que ha leído. Quizás Foucault estuviera más cerca a una descripción del centro de don Quijote si no lo atribuye absolutamente a una selección de palabras y textos ya escritos.

Foucault sigue: «All those written texts, all those extravagant romances are, quite literally, unparalleled: no one in the world ever did resemble them; their timeless language remains suspended, unfulfilled by any similitude; they could all be burned in their entirety and the form of the world would not be changed» (47). Primero, invoca la cuestión sin respuesta; que si el arte imita la vida, o si la vida imita el arte. En este caso, dice Foucault, don Quijote reconstruye su vida para parecer a la literatura. Pero no es tan fácil decir que nadie pareció a los personajes de la caballería. Aunque el concepto del encantamiento y los elementos supernaturales de los libros no suelen tener una basa en el mundo verdadero y tangible, el estilo de vida, los caballeros y los nobles, los castillos, las doncellas, los soldados, y las aventuras, todo eso se basa en un mundo bastante histórico, y parece un mundo que casi existía alguna vez. Pero peor que esto, Foucault dice que el mundo no cambiaría si se quemasen todos los libros de caballerías. No sé si está chistando un poco con el capítulo 6 del primer libro, pero según el texto, la quema de los libros de caballerías es la causa absolutamente directa por la segunda salida de don Quijote, que forma la mayoría del libro. El otro problema con esta referencia es que sin los libros de caballería, una parte entera de la literatura del mundo, incluso Don Quijote y sus descendientes (i.e. la literatura hispana) y aún el artículo mismo de Foucault, no existirían. Si esta literatura no constituyera para Foucault una parte de «la forma del mundo», Foucault no sería un filósofo literario. Entonces me molesta un poco que Foucault descuente tanto la importancia de los libros de caballerías. Quizás molestiera a don Quijote también, porque ésta es la actitud del cura y el barbero cuando queman sus libros y tapan el aposento.

Cuando clasificamos a don Quijote, es mejor decir que don Quijote tiene los tres elementos que indica Foucault: el texto, las páginas impresas, y los cuentos ya escritos, pero incluir que también está consciente de estos textos y tiene la capacidad de incorporar estos textos en el mundo en que vive. Estas dos cosas distinguen a don Quijote de los héroes de los libros de caballerías: Amadís de Grecia está basada en Amadís de Gaula; su autor copia las ideas y cuentos de este primer libros de caballerías, pero el personaje de este Amadís no está consciente de que está imitando al Amadís primero. En contraste, el hecho que don Quijote cita constantemente a los héroes de los libros de caballería demuestra que don Quijote tiene algo que estos otros personajes no tienen. Entonces, lo notable de don Quijote no es su composición, sino lo que hace con sus componentes.

Ahora, si pregunatmos de dónde viene la invención, el ingenio, de don Quijote, llegamos a otra area interesante de discusión. La diferencia entre Amadís de Grecia y don Quijote es la misma diferencia entre el autor de Amadís de Grecia, Feliciano de Silva, y el autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de CErvantes y Saavedra. Como el héroe del 9º libro en la serie de los de Amadís imita al héroe del primero para vivir como él, Feliciano imita el estilo del autor desconocido de Amadís de Gaula, tratando de crear un libro semejante. Pero Cervantes toma conscientemente el estilo de la caballería y lo prueba en un fondo casi verdadero, el mundo de don Quijote. Lo que resulta es un libro que a veces se rompe, como lo que pasa después del vizcaíno, pero luego se arregla cuando el segundo autor encuentra el manuscrito de Cide Hamete Benengeli que continua las aventuras de don Quijote. Del mismo modo, la prueba de don Quijote de su celada causa la quebranza de su invención.

Foucault dice que el autor es una función que abraza su propia muerte en la novela moderna. Cervantes es quizás el primer ejemplo de este concepto. Después del prólogo, Cervantes casi destruye por siempre la noción de que el autor del texto solamente existe afuera del texto mismo. En Don Quijote, los varios autores son personajes, cada uno con su propia historia, y cada uno con sus fuentes, algunos secretos y algunos descubiertos. En no existir, según Foucault, el autor borra su propia existencia en el libro. Esta idea tiene sentido, especialmente cuando se ve lo que dice con respeto al Quijote. Los textos de los varios autores existen después de que mueren o dejan de escribir los escritores, pero antes de que existe el libro. Entonces el hecho de componer el libro es el trabajo de otro autor. Pero la mera noción del autor indica una función de su autoridad, pero los varios autores no quedan con ningún control sobre el libro terminado. De este punto de visto, los autores del Quijote son solamente los escritores de sus aventuras, y el autor verdadero es el que coloca la escritura y lo pone en forma de un libro. Ahora el autor solamente puede ser el que encuentra el texto de Cide Hamete en el mercado y le pide al traductor mentiroso que lo traduzca. Aunque el autor mismo no puede leer el texto por su cuento, es el autor porque tiene la autoridad de coleccionar y colocar todo que aparece en el libro. Este autor ciertamente no es Cervantes, porque Cervantes no encontró nada en ningún mercado y no le pidió a ningún traductor árabe que traduciera su manuscrito. Entonces este concepto de Foucault funciona muy bien en Don Quijote.

En general, Michel Foucault nos presenta un análisis bastante superficial de don Quijote y su libro, que nos inspira a buscar entre las palabras del texto y ver cómo se puede interpretar su análisis de manera diferente. Pero éste es el valor de este análisis: no es posible mirar las palabras de Foucault sin pensar en cómo don Quijote y Cervantes caben en su modelo, y este pensamiento es inmesurablemente más inspirador que una lectura rígida y específica sin espacio para pensar.

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