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jueves, 29 de mayo de 2014

CÉSAR VALLEJO POR DON LUIS OSSA GAJARDO



 


*Luis Ossa Gajardo

La sangre de España y la sangre de América, llevaba César Vallejos en su rojo torrente,  poeta y periodista peruano, nacido en una aldea cordillerana a 3500 metros de altura llamada Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892 – fallecido en París, el 15 de abril de 1938.
                 Su nombre, repercute en mi corazón, desde mi tierna edad, debido a que cuando cursaba mi 4º y 5º año de preparatoria, nuestra dulce y bondadosa maestra, Srta Lily  nos enseñaba a leer y aprender de memoria algunas poesías de Rubén Darío “Es algo formidable que vio la vieja raza,/ robusto tronco de árbol a cuesta de un Titán…/”  también solíamos leer poemas de César Vallejo, poemas que se hallaban incluidos en el libro de lectura “El Lector Chileno” de César Bunster, gran educador y poeta chileno. 

En el año 1918, César Vallejo, publica su primer libro titulado “Los Heraldos Negros” de este libro extractamos dos de sus poemas:



          EL POETA A SU AMADA
Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.
En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de septiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.



LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.


César Vallejo, dejando atrás el sello del modernismo que caracterizaron sus primeros versos en “Los Heraldos Negros”, resurge en el año 1922 con una voz nueva y profunda en su célebre libro “Trilce” cuyo  significado simbólico es “dulce y triste” y  que anteriormente llamara Cráneos de bronce”, cambio de título que realizara a sugerencia de sus amigos: 

El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera:
lo lavaba en sus venas otilinas,
en el chorro de su corazón, y hoy no he
de preguntarme si yo dejaba
el traje turbio de injusticia.

A hora que no hay quien vaya a las aguas,
en mis falsillas encañona
el lienzo para emplumar, y todas las cosas
del velador de tanto qué será de mí,
todas no están mías a mi lado.
 Quedaron de su propiedad,
fratesadas, selladas con su trigueña bondad.

Y si supiera si ha de volver;
y si supiera qué mañana entrará
a entregarme las ropas lavadas, mi aquella
lavandera del alma. Que mañana entrará
satisfecha, capulí de obrería, dichosa
de probar que sí sabe, que sí puede
¡cómo no va a poder!
azular y planchar todos los caos.


Trilce”, es una poesía experimental, al borde del dadaísmo, donde las sílabas van creando nuevas palabras que se aceptan como si hubieran existido siempre. Aunque en “Trilce” encontramos poemas absolutamente *herméticos, podemos ver otros escritos sobre recuerdos de la infancia o nostalgias de amor o las pesadillas de su estadía en la cárcel: “Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta/  que hora son cuatro paredes. / Contra ellas seríamos contigo los dos, / mas dos que nunca…/”

*Entendemos por hermetismo aquel importante movimiento literario del siglo XX que se caracteriza por la profusión de oscuras analogías y destinado a ser comprendida sólo por algunos lectores con notable capacidad  interpretativa.

Finalmente podemos afirmar que, hallamos en los poemas de César Vallejo, el íntimo dolor personal y el vital cuestionamiento existencial, en aquella voz inconfundible que emerge desde  la tierna inocencia expresiva,  para transformarse en la grandeza del dolor universal de todos los hombres.
                                                                                   
                                     Villa Alemana, 23 de octubre 2009.
Nota: Los poemas pertenecen a César Vallejo.
El texto a Luis Ossa Gajardo.

De mi Libro: “Hacia la comprensión del arte de la palabra lírica” Publicado el año 2012 en Valparaíso -  Chile.-


* Poeta, Crítico Literario, Libretista Radial Chileno.-


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