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jueves, 19 de mayo de 2016

Cau Cau: Y ahora, ¿qué hacemos?




Columna del profesor Pedro Serrano, Unidad de Arquitectura Extrema UTFSM.

Del mapudungún kawkaw, "gaviotas", Cau Cau es el emblemático nombre de un también emblemático fracaso de un proyecto de obras públicas chilenas. Lejos en nuestra historia están hazañas como el Viaducto del Malleco, 347 metros de largo y 108 de altura, inaugurado un 26 de octubre de ¡1890!, por el entonces presidente José Manuel Balmaceda. 116 años después, aún funciona impecable.

Cau Cau ha sido una idea fracasada en el año 2016, un fracaso de gestión, finanzas, ingeniería, construcción, control y supervisión, entre otros factores. Una suma de errores profesionales y políticos, muestra de incompetencias nacionales e internacionales, atractivo turístico inesperado y vergüenza nacional en el planeta. Nada fácil de asumir, si además fueron 18 mil millones de pesos de todos los chilenos, que hoy en día tienen como futuro recomendado la demolición.

La idea de esta columna, más allá de esperar que se haga claridad, transparencia, justicia en la medida de lo posible, es aportar con un par de propuestas simples para aminorar un poco las pérdidas.

Tenemos dos estructuras de hormigón armado, reforzado con acero, con dos pistas pavimentadas, rayas de pavimento, ciclovías y paso peatonal; también barandas terminadas que, es de esperar, no sean demolidas.

En Valdivia y la Región de los Ríos, hay una buena cantidad de caminos rurales, con comunidades aisladas, pequeños ríos y esteros que necesitan un puente caminero de menos de 45 metros. Así como dichos brazos llegaron en camión, pueden salir en camión hacia esos destinos, donde solo hay que construir las estructuras adecuadas de soporte y acceso de borde. Una inversión que ya está dada por perdida, no se pierde del todo y adquiere un carácter de iniciativa con valor social en un territorio cruzado por gran cantidad de cursos de agua más pequeños que el Río Cau Cau.

Por otra parte, un puente basculante SOBRE el río, que ya ha tenido un costo de 18 mil millones de pesos, que hemos pagado todos los chilenos, con esa obsesión insana de construir algo obstructivo, sobre el río, podríamos olvidarla, por favor, pensando mejor en un túnel carretero BAJO el río. Son 100 metros a salvar, supongamos 200 metros doble calzada incluso doble túnel de doble calzada, con acceso y salida sobre la peor inundación.

Según una conocida empresa noruega, que construyó el túnel más largo del mundo –Laerdal, de 24 kilómetros, dos calzadas, bermas a ambos lados, ventilado, señalizado, iluminado-, la referencia indica que el metro lineal de túnel carretero estaría entre los 5 mil 500 y los 15 mil 500 dólares por metro lineal; es decir, con esta tecnología, para hacer realidad el posible túnel Cau Cau, bastaría una cifra en torno a los 3 mil 100 millones de dólares.

El fracaso del Cau Cau, a precio actualizado (661,32 pesos chilenos por dólar), tuvo un costo para el país de 27 millones 218 mil 290 dólares, descontando los daños en servicio y prestigio. O sea, el túnel bien hecho resulta por muchísimo menos de lo ya gastado, y si se hace un túnel de ida y otro de vuelta, serían 6 mil 200 millones de dólares, lo que sigue siendo mucho más barato.

Que conste que con un par de túneles, no hay que accionar ni vigilar nada cuando un barco pasa por arriba y el tránsito vehicular por debajo es fluido y continuo.

El futuro túnel de Agua Negra entre Coquimbo y San Juan en la cordillera de la IV Región, uno de los más profundos del planeta, en roca cordillerana, tiene un financiamiento del BID por sobre el billón de dólares y son dos túneles carreteros de 13,8 kilómetros, lo que da 108,7 millones de dólares por kilómetro, o sea 108 mil 700 dólares el metro lineal, doble túnel. Aun a este precio sigue saliendo más barato un túnel doble…

Nos quedaría ver qué hacer con los dos cabezales, cuya estructura es aun sospechosa, por la “in-trazabilidad” de los aceros usados, que podrían exhibir a futuro los sistemas hidráulicos que fallaron y dos pequeñas placitas asomadas al río, que podrían albergar a pescadores de orilla ocasionales. La curiosa torre de control podría ser refugio para algún ciudadano local que fue pillado por la lluvia sin contar con un albergue.


Nada se pierde, todo se aprovecha, aceptar que no estamos para basculantes, es una lección de humildad, no a la demolición y sí al túnel…

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