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sábado, 10 de diciembre de 2016

Hannah Arendt, la lucha contra la indiferencia moral

Todavía puede verse, en la cartelera madrileña, la película Hanna Arendt, que retrata a la importante filósofa, especial-mente, durante cuatro años de su vida (1961-1964). Es el tiempo que le llevó cubrir, para The New Yorker, el juicio contra el criminal jerarca nazi Adolf Eichmann, secuestrado y encarcelado por el Estado de Israel, y escribir su contro-vertido libro Eichmann en Israel. Informe sobre la banalidad del mal. El film está dirigido por Margarethe von Trotta, realizadora, guionista y actriz del llamado nuevo cine alemán, y protago-nizada por Barbara Sukowa, que realiza un excelente trabajo. Por cierto, ambas mujeres, directora y actriz, llevaron también a la pantalla a otra importante autora, Rosa Luxemburgo.







El libro que escribió Hanna Arendt sobre Adolf Eichmann causó un considerable revuelo hasta el punto de que fue acusada por un montón de gente de filonazi. La idea que desarrolló de la "banalidad del mal" condujo a que fuera atacada y considerada enemiga de los judíos. Sin embargo, esta concepto es considerado hoy en día primordial para juzgar, no solo el nazismo, sino cualquier sistema totalitario. ¿Qué quiso expresar Arendt con "banalidad del mal"? La autora llega a la conclusión de que el crimen contra la humanidad por el que se juzga a Eichmann está más allá de todas las transgresiones imaginables; es decir, el mal supuestamente radical que está detrás de estos crímenes requiere una profundidad que ella no percibe en las declaraciones de Eichmann. Es muy bella una frase presente en el film: "el mal no puede ser radical, solo el bien". Así, surge la idea de un mal banal; cuando Arendt lo descubre, se dedica a investigar en lo que ella considera la actividad del espíritu: el pensamiento, la voluntad y el juicio. La filosofía de Arendt, no solo en la obra citada, puede decirse que gira en torno al pensar sobre lo que se hace; es algo, entonces, que no hizo Eichmann, fue incapaz de pensar y de juzgar lo que había hecho. Las conclusiones son controvertidas, ya que desde este punto de vista, se considera que Eichmann no pudo actuar como una persona libre y responsable; fue, como hemos dicho, tremendamente criticada especialmente en el mundo judío.

Son dos las grandes tesis que están detrás de las conclusiones de Arendt y, puede decirse, del conjunto de su filosofía. En primer lugar, considera que se había producido ya en su época cierto derrumbe de lo que parecía fijo y permanente en materia de moral, no hay nuevos asideros para los valores más allá de las simples costumbres, por lo que la incapacidad para pensar que puede tener el individuo es más fuerte en este contexto. La segunda tesis de Arendt está ya desarrollada en su obra Los orígenes del totalitarismo, donde decía que la esencia totalitaria reside en que las personas se convierten en meros funcionarios (en el peor sentido del término); los individuos de un régimen totalitario serían elementos del engranaje de una maquinaria que se mueve desde fuera, hasta el punto de que no tienen opción para dejar de cooperar dentro de ese mecanismo por muy malo que sea (ya que siempre se considera que es peor para el conjunto dejar de cooperar). Es por eso que esos individuos que forman parte de un engranaje totalitario nunca pensaron en la sustancia de lo que hacían. Arendt distingue entre dictadura y régimen totalitario; si los dictadores cometen crímenes de forma consciente para llevar a cabo sus fines, en un sistema totalitario los crímenes no son percibidos como tales por quienes los ejecutan.

Desde este análisis, los crímenes en un régimen totalitario no son cometidos por sádicos ni monstruos, sino por personas corrientes, incluso respetables. Según Arendt, en un sistema de estas características, solo una persona que sea capaz de pensar, que pueda llevar a cabo un ejercicio de autoreflexión y autocrítica, concluirá que no puede hacer determinada acción con el fin de no cooperar ni convivir con el crimen. Así, la persona con conciencia moral para Arendt es la que elige no realizar un acto que atenta contra su propia conciencia y se niega también a seguir viviendo con los criminales (los que, precisamente, carecen de conciencia moral). La filosofía moral de esta autora parte de lo concreto para llegar a establecer unos principios generales, puede decirse que es una manera de dar la vuelta a Kant; ya no existirían reglas universales fiables, las cuales en cualquier caso pueden conllevar el peligro de convertirse en hábitos fijos de pensamiento que impidan apreciar la riqueza y diversidad de la realidad. Es significativo que, en la película que nos ocupa, cuando un personaje le reprocha no haber pensado en el "pueblo judío", ella rechace un concepto abstracto de "pueblo" y reclame su entorno afectivo (que puede considerarse real y concreto; por muy controvertida que sea esta postura, ya que consideramos necesario elevar el interés humano de lo concreto a lo universal). En cualquier caso, el que permanece fiel a unos valores preconcebidos de pensamiento, ya ha dejado de pensar para Arendt; es la norma, convertida en algo rígido e inflexible, la que le dice lo que tiene que hacer en cada caso. Cuando al individuo se le da ya todo pensado, se acaba volviendo superfluo como persona y es intercambiable con cualquier otra; y eso es lo que considera Arendt que ocurrió con Eichmann.

Pensamiento y juicio son dos actividades primordiales del espíritu y muy relacionadas entre sí. La capacidad de pensar es, para Arendt, buscar el sentido a las cosas; para ello, hay que ser capaz de distanciarse de la realidad: salirse del orden establecido. Salirse de ese orden, de cualquiera, supone un pensamiento verdaderamente subversivo; la conclusión del pensamiento no sería el conocimiento (tarea de la ciencia), sino el juicio, que será finalmente un juicio de valor. ¿Cómo se llega a ese juicio moral? Si el primer paso es ese distanciamiento del mundo para contemplarlo, después se produce cierto diálogo de la persona consigo misma; existe una interrogación sobre las cosas y sobre sí mismo para luego desarrollar una mentalidad amplia (es decir, el pensar no es solo una actividad solitaria, después se produce un afán comunicativo). En definitiva, el pensamiento, solitario y subjetivo en principio, se acaba exponiendo a las opiniones de los demás; se convierte en lenguaje y se hace público, se expone al juicio del resto.

Pero, ¿cómo es posible saber si el individuo que piensa luego lleva a cabo el juicio correcto? Como hemos dicho, Arendt decide que Eichmann es un burócrata incapaz de pensar, se ha convertido en alguien que ha renunciado a su condición de ser humano, algo por lo que es igualmente despreciable. No obstante, si esto es comprensible y seguramente correcto, no todo la persona que piensa y juzgue puede que acabe realizando lo correcto a nivel moral; algunos autores han observado que la filosofía moral de Arendt necesita de la capacidad intuitiva del individuo al carecer de criterios previos. No obstante, tienen que darse una serie de rasgos para el juicio moral: la perspectiva imparcial del espectador y la integridad de la condición humana. En cualquier caso, Arendt no parece tener intenciones normativas, le interesa más que se piense y se confronten juicios diversos para asegurar la pluralidad y la crítica; así, no existirían grandes verdades morales, sino cierto relativismo, lo cual convertirá a Arendt en una autora del gusto de la posmodernidad. Se esté totalmente de acuerdo con Arendt, o no, es una visión primordial para estimular a las personas para que piensen por sí mismas y no se dejen absorber por el pensamiento establecido.

La integridad moral pasa, seguramente en primer lugar, por una lucha contra la indiferencia.

J. F. Paniagua
Periódico Tierra y Libertad, septiembre 2013
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/7articulo.html
Tags: Hannah Arendt • biografía • lucha • historia • moralidad

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