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lunes, 6 de marzo de 2017

Comentario crítico Ventanas Quebradas de Rodrigo Verdugo o El viaje iniciático por caminos laberínticos


por Claudia Vila




 Iniciar la lectura de Ventanas Quebradas indica un camino a seguir , aunque es obvio todos los textos trazan ese derrotero, sin embargo aquí estamos frente a un verdadero libro unidad se podría decir que corresponde a un solo poema que se explicita en cada uno de los pasos que va dando porque refiere siempre a la idea del poeta ceremonial o del vate contemplativo que indica el camino o mejor dicho el laberinto a seguir y lleva a la tribu hacia un puerto, no sabemos si es seguro o no, pero no importa nos gusta ser llevados por la mano de Verdugo hacia algún lugar sin saber definitivamente cuál es: Inmediatas a la sangre están las presencias argolladas /Que nos hacen saber de cual lado de la luz estamos /Encaminémoslas aunque la sangre nos use como animales/ Hacia aquellos vidrios trisados en la oscuridad (Como a ellos a Omar Cáceres) o Córtame del cielo, me has dicho pero en esa mañana de más lluvia y de neblina/Después conquista mi temblor de sangre.  En esta poética lo importante es el camino, el trazo que delinea las imágenes en las cuales experimentamos distintas sensaciones  sin temer los resultados o el peligro que esta aventura pueda traernos.  
Es interesante resaltar en ese punto la relación intuitiva entre forma y fondo de cada uno de estos textos que finalmente se vinculan en uno solo.  Asimismo, se vislumbra el tema erótico vinculado al eje ceremonial que nutre la temática y la profundiza para vincular al lector con su tónica terrestre agrietada voluble en la cual se asoman los temblores de la carne que insinúan o agudizan ese estremecimiento que involucra al hablante y amplifica el misterio de la cópula deseo o del deseo cópula que finalmente se vuelve súplica desgarro y tormento y que se concibe desde distintos ojos con los que mira: Alguien hablaba de nacer o morir/Mientras dejábamos un solo murmullo en la formación de las agujas/Le dábamos su totalidad al ángel que se quemó los ojos con opio y con semen /Éramos los únicos que sabíamos que el centro de la tierra/ Solo aparece al contacto de una boca o Hubo una vez que dos lo hicieron y vieron que sus propias muertes eran el orgasmo de los árboles.  Además sobresalen en la obra numerosos aires Borgeanos: mira como en ninguna casa nos reciben, / como nos cierran sus puertas/le temen a tu cabellera, / porque tiene el designio de esos padres laberinticos /que no tuvieron piedad de la luz e hicieron un lecho sobre aberraciones de sal  y Huidobrianos: salvo que le hagas la señal a la copa y el cielo enrojezca/mientras aquí nos aferramos al polvo jactancioso, / nos quedamos fuera de todo linaje, / mientras la piel atrapa al día y una amenaza de cascara se cierne sobre el mundo.  Estas imágenes trazan la obra de extremo a extremo, pero siempre son destacables dentro del gran universo poético chileno que se desbanda en distintas direcciones y solo vemos estelas de sus padres que revolotean y nos dejan un llamado a seguirlos para continuar en un punto que es finalmente indescifrable como la poesía exacta de Verdugo con todas sus aristas y perfecciones, sombras de matices jadeantes invasoras y desnudas acabadas e intrínsecas dónde gota a gota sus palabras se deslizan como lágrimas por esta hermosa irrealidad.


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