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jueves, 11 de julio de 2013

CRÍTICA LITERARIA

 “EL LUNAR Y OTROS  CUENTOS”,


                       de Roxana Heise



            Por  Federico Krampack


Parte del estilo deconstructivo, romántico y realista que tienen los cuentos de Roxana Heise, derivan sin duda de un estilo pictórico que tiene profundas raíces en el feminismo más profundo de la escuela de Virginia Woolf, Gabriela Mistral y Simone De Beauvoir, entre otras grandes referentes. Los cuentos de Heise despiertan en el lector, una sorpresa mágica, necesaria, dúctil, extraña, que no deja de plantearnos muchas preguntas: ¿cuál es la vertiente que separa a la mera anécdota de un cuento repleto de ambigüedades, ironías, o qué es lo que se espera de un ‘microcuento’ que no lleva más de tres líneas? ¿Qué trasfondos, estética, superrobjetivo, tienen? ¿Cuál es el punto de su autora: desafiar la estructura literaria como tal, o sencillamente desafiar los estándares del lector medio de nuestro escuálido panorama nacional a través de los prismas sexistas, paradójicos y cotidianos de las relaciones humanas? En los cuentos de Roxana Heise, hay mucha duda y trasfondo que parece responder a un prístino y fresco aullido de género más que un fascinante aullido de literatura orgánica, sincera y sintetizada, desde los rincones del Sur de Chile. Algo que se agradece mucho.

1- EL MICROCUENTO COMO GÉNERO: CAPAS, ESTILO E IMPACTO.

Los microcuentos no son un género literario muy conocido, aunque sí muy cultivado y mucho más prolífico de lo que uno imagina, sobretodo cuando uno lee “El lunar y otros cuentos” de Roxana Heise. Es un ejercicio difícil, enriquecedor (para el escritor y el lector) y que pone a prueba muchos detalles
incisivos como la capacidad de resumir, la abreviación del relato, el superobjetivo, el pensamiento y sobretodo con estilo, porque con no más de 10 líneas hay que lograr que el lector se conmueva el mínimo con la historia contada, lograr que la pequeña narración tenga consistencia e interese desde un adyacente hook (o gancho, como también se le conoce). La poesía, por ejemplo, tiene un poder similar, aunque la prosa se puede extender, alargar como manantial, y el efecto sobre el lector se puede dilatar más; en el microcuento, el efecto es como una terapia de electricidad, como una jeringa directamente a la piel: es inmediato. Lo que hace la autora en definitiva es mermar al máximo una historia tremendamente complicada y reducirla a un estado mental, a una cápsula emotiva llena de fisuras, vaguedad y sarcasmo, que traspasa todos los cuentos, unos más extensos que otros.
El microcuento, en definitiva, funciona. En otros parece quizás ser una anécdota furtiva, de detalles jocosos destinados al álbum familiar de mala muerte, como una rematada fotocopia con garabatos fáciles y sin mucha orgía gramatical o alguna sorpresa lingüística o improvisada, una especie de ‘boom’ en la prosa (la narración en sí de todos los cuentos y microcuentos es clásicamente estructurada), pero Heise impone un jalón burlesco, sutil, desenmascarado, al relatar muchas situaciones (sobretodo desde el punto de vista de la mujer), que parecen estar invisibilizadas todo el tiempo. El drama psicológico, la represión del género femenino (aspecto muy importante que empapa todo el libro), el diario vivir agrio, todo se maquilla y se relata con mucha parodia y se logra un exorcismo fresco de rabia, represión y sordera, creando una obra precisa y punzante, que escapa de toda la literatura ‘femenina’ de masas, o capitalizada, donde podríamos meter a Allende, Serrano, entre muchas otras.
 El estadounidense Ambrose Bierce en su “Diccionario del diablo” (1911), uno de los libros clásicos de la irreverencia, define a la sátira como: (…) “Especie de composición literaria en que los vicios y locuras de los enemigos del autor son expuestos sin demasiada ternura. En los Estados Unidos, la sátira ha tenido siempre una existencia enfermiza e incierta, porque su esencia es el ingenio del que estamos penosamente desprovistos; el humor que tomamos por sátira es, como todo humor, tolerante y simpático. Además, aunque los norteamericanos han sido dotados por su Creador de abundantes vicios y locuras, suelen ignorar que se trata de cualidades reprochables. De ahí que el autor satírico sea considerado villano amargado y que los gritos de cualquiera de sus víctimas, pidiendo defensores, obtengan el apoyo nacional.”
En microcuentos como “Escarabajo”, Roxana Heise comprime en menos de cinco líneas una situación universal como la del convertirse en un mero insecto ‘social’ y ‘esquemático’ del capitalismo más brutal (algo que recuerda además el fetiche literario de “La metamorfosis” de Kafka), desde el recuerdo y la nostalgia pueril. El escarabajo, el bicho al que se refiere su autora (y quizás inherentemente en muchos de los trabajos que conforman “El lunar…”), es lisa y llanamente ese fantasma de la normalidad que viene en el envase de la comodidad del patriarcado, el matrimonio, la cultura estrictamente masculina que se hace trizas. Y aunque a lo largo de todos los relatos, la escritora desprende siempre ese ‘recuerdo’ y lo masacra a través del prisma de la ironía, en ningún momento podríamos considerarla como una ‘villana amargada’, como la que describe el otrora satírico de Bierce. Es todo lo contrario. La villana de Heise es una villana que se manifiesta de forma natural ante el desconcierto del ser humano tan demente que es parte del cotidiano: nadie en esta tierra es puramente bueno ni malo, sino que estamos condenados a ser sujetos de luces y oscuridad, de resplandor y sombras. En los microcuentos de Heise, donde rebosan objetos recurrentes y fetiches como los hijos, el alcohol (que recuerda en muchos microcuentos, la adaptación cinematográfica de “¿Quién le teme a Virginia Woolf?”, con Elizabeth Taylor y Richard Burton, donde el trago, el desmán y el desgaste de la relación de pareja son tópicos hechos trizas y se explayan en abundancia), las copas, el maquillaje, el dolor, las lágrimas, la rotura, las calles, los perfumes, y un largo etcétera, está el reino de la imperfección, y es el reino de la normalidad vigente que tenemos en nuestra sociedad bipolar: Chile de karmas, de hombres tontos, de mujeres sufrientes, de hombres que no aprecian, de mujeres que son despreciadas, y así.
 Claramente estamos sintonizados en el lenguaje burlón y conciso, como en “Cenicienta”, donde la arenga del mismo título permite dar una lectura profundamente cínica y reprochable a la naturaleza misma del famoso ‘cuento de hadas’, donde se presenta la mujer como objeto y se ofrece como un pedazo de fantasía ante el sistema sexista normativo; “ella decidió ocultar la intencionalidad para no desmitificar su imagen” escribe su autora, y sin duda logra hacer trizas la imagen preconcebida de la Cenicienta que todos conocemos culturalmente por los hermanos Grimm y por Disney, y la que nos describe acá en pocas líneas. La gracia del microcuento, en este caso, y que hace a la obra de Heise algo refrescante, es que desde la primera línea nos somete a un escenario en primera instancia ‘prístino’, algo ya familiar, conocido, cómodo, para después rematarlo con una daga en el pecho y una vuelta de tuerca que quizás muchas lectoras mujeres de un mismo rango generacional alabarían. O liquidarían. Tampoco deja de ser extraño (y sumamente interesante) que en cuentos como “Por mera casualidad”, la autora hace referencia a ‘Getsemaní”, que fonética y culturamente la podemos relacionar con 3 bordes totalmente radicales: uno, es que es el título de una canción del popular rompecorazones kitsch Camilo Sesto; segundo, es el nombre mismo de Getsemaní que fue el jardín donde, según los registros del Nuevo Testamento, Jesús oró la última noche antes de ser arrestado; y tercero, es que el mismo nombre es muy similar al nombre de ‘Gelsomina’, el conmovedor personaje de Giuletta Masina en la película de Federico Fellini “La Strada”, donde hace de payaso y en donde (más coincidentemente) hace el rol de una mujer sumisa y deplorable a manos de un hombre tosco y bruto (Anthony Quinn) que finalmente pierde cuando fallece; en cuentos como ése, Heise convoca a una fantasía recurrente del ‘qué pasaría si’, poniéndose siempre en supuestos, en tesis, en hipérboles que resultan crueles, tristes, melodramáticas, con una poesía dolorosa, auténtica y patética que no ha perdido ápice en siglos. La historia es cíclica. Y al parecer todas las historias de amor y odio. Lo que realiza la autora es tomar las riendas de las experiencias diarias, y sobretodo desde el punto de vista del género femenino, para dar un interesante discurso crítico hacia los pilares básicos de las relaciones de pareja, el trabajo, el sexo masculino, la injusticia, la paradoja de la vida y substancialmente del amor, y un abanico ecuménico y atemporal de escenarios que muchos calificarían quizás de unas ‘víctimas’, cuando en realidad son contextos que son parte fundamental, y no sólo del escenario de un
país tan traumático y déspota como Chile, de nuestras sociedades fríamente calculadoras, asustadizas, pulcras, machistas, reprochables, que no dejan espacio para el desconcierto ni mucho menos para las sorpresas inherentes o los
placeres reservados para las mujeres, independiente de su edad, raza, orientación, preferencias, credos, ornamentación, etcétera.
2- EL LENGUAJE DE LA IRA,
LA BURLA MASCULINA Y LA
CATARSIS LITERARIA
En el mismo “Diccionario del diablo” de Bierce ya antes señalado, contemplamos la definición de ‘hombre’, y leemos: (…) “Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable.”
Sin duda, Heise en sus cuentos trata al hombre de una forma dulcemente vengativa. No se trata tampoco de un ataque de género quizás con tintes alaracos o sujetos a alguna ‘cosa de señoras agitadas’ criollamente, no, lo que hace la autora es destripar al género masculino desde el cotidiano universalmente chileno (y cosmopolita) y lo aterriza, lo minimiza, lo sintetiza a lo que es, o mayormente parece: un animal sumergido en ritos, en horarios, en microgobiernos de empleos, de actividad sexual, en jerarquías de ‘lo fome’, lo predecible, lo burdo, lo bruto, lo insensible, lo hilarante, lo vital y exacerbadamente homo-sapiens. Si hay un cuento en donde todo eso parece conjugarse desde los cuatro costados es en “Espectro”; se habla de un hombre con especial afecto, consuelo, que alguna vez quizás fue el divo de los sueños eróticos y de fantasía, pero que ahora está reducido a un mentecato que ni siquiera con un beso logra esquivar el ‘espectro’ de la oscuridad y del rito, perdido entre números, series, el televisor y la economía fatal del lenguaje corporal, sin mayor afecto ni el amor de antaño, aspectos totalmente descorazonadores sobre las concepciones de relaciones de pareja que han formado parte del itinerario de la humanidad; el estiramiento de las conductas socialmente sedadas, adormecidas bajo el amparo de ‘la buena conducta’, el deseo sexual entumecido, el deseo de vida tosco, la normalidad, la rutina, la peligrosa rutina de llegar del trabajo y dar todo por sentado sin ninguna sorpresa u obstáculos que pasar, pensamientos que cuestionar o anécdotas de las cuales ilustrarse. Principios rústicos, agrios, que resignifican todo ese universo oscuro y tan predecible del macho chileno que ama la cerveza, el ruido, la querencia fácil, la flojedad mental, las mujeres como ‘crías’, y los hijos como ‘posesiones’. Roxana Heise se ríe frente a ellos, con soltura y osadía, con picardía y además con cariño por esa curiosa raza humana de genitales masculinos. En “Tirano”, por ejemplo, evoca a un hombre que ‘le ha lavado el cerebro’, pero sin embargo, sigue pensando en él. El recurso del tira y afloja sobre determinado espectro romántico es implacable y lúcido de parte de Heise. Y en otros como “Mi jefe”, es tiránicamente hilarante, porque lo somete a una misa del ridículo, infantilizándolo, poniéndolo como un soberbio tonto y además dejándolo desnudo, en el sentido empírico y metafórico, ante una sociedad que todos parecemos ver como su escenario intachable, cuando en realidad queda como el bufón de la corte: el arquetipo del hombre hetero-normativo al máximo, un sujeto regido por lo políticamente correcto, por la ilustración académica y de los ‘goles’ del currículum (un distintivo muy masculino por lo demás, sinónimo de poder, de ensanchamiento, que también directamente lo relacionamos a la jerarquía omnipresente del sexo y la segmentación histórica del hombre-mujer, activo-pasivo, dominante-dominada, arriba-abajo, éxito-fracaso, difícil-fácil, seco-húmedo, masculino-femenino, e interminables binarismos más). El mundo social funciona, según grados diferentes de acuerdo con los ámbitos y contextos en que nos desarrollamos, como un mercado de bienes simbólicos dominados por la visión estrictamente masculina. El ser ‘femenina’ equivale esencialmente a evitar todas las propiedades y las prácticas que pueden funcionar como unos signos de virilidad, fertilidad, fortaleza (algo que los cuentos de Heise tienen en demasía por su mismo léxico), y decir de una mujer poderosa que es muy ‘femenina’ sólo es una manera sutil de negarle el derecho a ese atributo esencialmente masculino y heterosexualizado que es básicamente el poder. Por cultura general, podemos entender que mujeres así han tenido un papel protagónico implacable en determinados períodos de la historia universal, como Cleopatra o la Reina Elizabeth de Inglaterra: sujetos empoderados y femeninos que muchos hombres envidiaban y siguen envidiando por lo que justamente representan, lo que ellos temen, utilizan, ultrajan, aman y desechan como con la facilidad que arrojan a la basura una lata de cerveza o un juego de cartas en el aire.
Heise, como personaje, como autora, en muchos de los relatos, toma esa misma posición de empoderamiento dándole grandes lecciones de género a través de una prosa cómica e intensamente seductora, porque no está todo explícito, sino implícito, como en el cuento (mucho más punzante y despiadado, pero no por eso menos burlesco) titulado “Poco original”, donde mezcla escenarios de identidades podridas, detalles escabrosos y de un hombre que no asume su escuálida realidad del que llamamos criollamente ‘un hijo mamón’, síndrome de una cultura que persigue aún las estructuras de la vieja arquitectura familiar y temerosa que rodea al macho ortodoxo normalizado que le teme a lo intrínsicamente femenino, pero que aún así está pendiente de esa escolarización y consentimiento desde el seno de la madre que replica su machismo, y que más encima le teme a la categorización misma de homosexualidad en muchos niveles. En otros como “Odio”, alcanza el nivel de paroxismo femenino por el que quizás muchas han sido castigadas, invisibilizadas y tildadas como burdamente se les conoce: ‘perras’ o ‘malas madres’, ‘gordas’, etcétera: otras clasificaciones más sobre el género que es de moneda común. En ese mismo microcuento, Heise escribe: “Soy la madre de tus hijos, argumenté, la que estuvo contigo durante la crisis económica, ¿recuerdas?, la que aprendió a cocinar cáscaras de tomate sólo para no verte sufrir de inanición. Me miraste con la lejanía que da el dolor cuando es dosificado con la jeringa del tiempo.” Con pasión vehemente, rabia que traspasa la barrera del silencio, la línea caliente, vomitando la arenga, la ira de la frustración de ese rol imperioso de criar hijos, es ese ‘tick’ incesable de putrefacción en el sacro altar de la relación heterosexual despectiva que Heise ama y odia al mismo tiempo, y que destroza y rememora con facilidad y elocuencia, en su papel incendiario de madre, pareja, un sujeto pensante.

3- EL ORGULLO DE GÉNERO, EL EMPODERAMIENTO COMO AUTORA Y EL DISCURSO PROPIO
Heise en sus microcuentos realiza una arenga profunda, sencilla, hacia lo que podríamos llamar como un orgullo de género, pero tampoco en plan de una guerra a sangre fría contra la representación masculina ni el despecho social que encierra un espíritu viril, de poder, dominante, injusto, sino en un asunto que roza la cotidianeidad y en cómo esa misma cotidianeidad esconde el peligro: el peligro de la invisibilización, de la denigración de parte del ente macho dominatrix, perverso, comúnmente aceptado y hasta defendido                 románticamente por el género femenino, alimentándoles el ego y que ha sido aspecto de toda la civilización en distintas etapas. Heise, en cambio, hace añicos el asunto del ego y el sexo toma parte importante de la obra, desde el punto de vista social, casero, pedagógico, de protectora, de oyente, de madre, de amante, de esposa, de sujeto con personalidad propia y alocución.
Virginia Woolf en su magnífico ensayo “Una habitación propia” (1929) escribe: “Tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse. Así queda en parte explicado que a menudo las mujeres sean imprescindibles a los hombres. Y también así se entiende mejor por qué a los hombres les intranquilizan tanto las críticas de las mujeres; por qué las  mujeres no les pueden decir este libro es malo, este cuadro es flojo o lo que  sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de los que causaría y provocaría un hombre que hiciera la misma crítica. Porque si ellas se ponen a decir la verdad, la imagen del espejo se encoge: la robustez del hombre ante la vida disminuye (…)”.
El mismo principio de la inferioridad, de la intranquilidad, resalta en los cuentos de Heise, ya que no es ninguna materia al azar. “Despecho”, "Ausencia”, “Amante incumplidor”, “Amor viajero”, son algunos de los
microcuentos que esconden tales umbrales. La ‘robustez’ a la que se refiere Woolf es todo ese poder de macho cabrío que, en este caso, esconde el chileno medio y que Heise se encarga de desmembrar a través de la oración perjudicial,
el parlamento más duro y lograr que se arrugue, avergonzado, devolviéndole con la misma piedra de la sentencia del léxico. Del mismo ensayo de Woolf, donde dice que encontrar en el siglo XIV a una mujer en ese estado mental (de catarsis literaria, de orgullo en la prosa) era evidentemente imposible, encontrar a esa mujer en pleno siglo XXI resulta obviamente abundante; las autoras, escritoras y poetas se han adueñado de un mar de fábulas que han desempeñado un importante y potente cambio de enfoques y la relación entre literatura, poder y sexualidad. Jane Austen, las hermanas Brontë, Gabriela Mistral, Doris Lessing, Diamela Eltit, y un largo etcétera, de distintas épocas, estilos y contemplaciones, han sabido incorporarse a la literatura a través de su propio lenguaje, con una arenga íntima, hablando desde sus roles de dueñas de casa, de dueñas de su propia vida, de dueñas de una vida que no les pertenece, y dueñas de un mundo de fantasía y detracción desbordante y dispuestas a masacrarlo todo y a todos, todas esas etiquetas de ‘mujer’, cerrada’, ‘oprimida’, ‘inculta’, ‘incomprendida’, ‘impalpable’, ‘histérica’, etcétera. Heise, en este caso, realza todos esos conceptos para transportarlos a una realidad que toda mujer chilena de clase media sentiría como el retrato perfecto de una cotidianeidad ininterrumpida, desmejorada y ávida de experiencias nuevas y perspicaces. Las fantasías, las amputaciones, los monólogos de aburrimiento, de enajenación, las ambiciones estranguladas en una cama matrimonial que parece no tener nada salvo desiertos en las sábanas o en las fotografías del comedor, las esperanzas y los éxitos flojos de una vida que nadie querría. En ese sentido, todos los cuentos de Heise que explotan ese universo resultan significativos. Jane Austen, por ejemplo, escondía todos sus manuscritos o los cubría con un paño; toda la formación literaria de las mujeres desde el siglo XIX aproximadamente era práctica en la observación del carácter y el análisis profundo de las emociones, como esponjas humanas. Además todas las mujeres estaban condenadas a compartir la misma sala de estar de toda la familia, y por ende, nunca tenían el tiempo suficiente para escribir a solas; solo disponían de su calidad de ‘esponja’ y poder grabar día a día los sentimientos de las personas, las relaciones entre ellas, que siempre estaban delante de sus ojos. Heise no tiene ningún problema, en pleno siglo XXI, de querer revolver toda esa sala de estar, con hijos, pareja, amistades, y convocar a un alarido en cadena; porque justamente lo que hace es recibir toda la energía de experiencias y relaciones anexas de personas que la rodean, pero muy por sobretodo, la relación de ella misma con su entorno, y en cómo lo percibe, lo siente, le duele, le marca y la sulfura. En la era del Internet, del alcohol socialmente aceptado como ‘droga’, en la era de las relaciones marcadas por el mensaje de texto y por los celulares, por los mutismos embarazosos, por el amor de microondas o express, por las peleas materialistas, por el silencio a la hora de once más que por el gemido de orgasmo físico, Heise canaliza sus emociones más básicas para poder enaltecerse, como creadora y como ama de sí misma. Como diría Lady Winchilsea en uno de sus poemas, a la mujer que prueba la pluma se la considera una criatura tan presuntuosa que ninguna virtud puede redimir su falta. Nos equivocamos de sexo, nos dicen, de modo de ser; la urbanidad, la moda, la danza, el buen vestir, los juegos son las realizaciones que nos deben gustar, escribir, leer, pensar o estudiar nublarían nuestra belleza, nos harían perder el tiempo o interrumpir las conquistas de nuestro apogeo, mientras que la aburrida administración de una casa con criados algunos la consideran nuestro máximo arte y uso. Los microcuentos de Heise, en ese caso, son la administración perfecta de una casa entera y plagada de criados que están con discursos propios, con ira bajo las venas y un tremendo ímpetu, una capacidad de romper y destruir y que, por supuesto, desde esa misma destrucción, ruptura, violencia (física, verbal y simbólica), separación, desligamiento, se forje el crujiente proceso de aprendizaje que nunca termina, ni a los quince, ni a los treinta ni a los sesenta años, renazca el amor propio y renazca el orgullo del ser mismo, de la persona detrás del sexo, del rostro: su alma, su persona.
Es funesto para todo aquel que escribe el pensar únicamente en su sexo; de hecho, es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser “mujer con algo de hombre” u “hombre con algo de mujer”. Es funesto para una mujer subrayar en lo más mínimo una queja, abogar, aun con justicia, por una causa, y no alimentarse de los polos opuestos, porque la literatura debe ser andrógina si no quiere caducar en la mente de un lector. Heise es una escritora totalmente andrógina a mi parecer, porque en su mismo lenguaje y corriente, subcorrientes, subtextos, se esconde un ser masculino valeroso, políticamente incorrecto, impresionante, que bebe, que maldice, que vocifera, que quiere destruir el hogar por un sentido de aprendizaje, que ama y despotrica con una fuerza y arenga masculina, pero que tampoco se deja amilanar por la femineidad de su ser, la flor, la delicadeza, la utopía, el romance, la gran rosa que está en su aura, el encanto de su sexo como mujer (aunque recalco que las categorizaciones sexuales nunca han sido de mi gusto). Si uno leyera los cuentos de Roxana Heise en una bóveda y sin consciencia de quien es el autor o su nombre, muchos opinarían que se trata de un ente masculino; por el mismo coraje y arrebato con el que forja su prosa que no es nada convencional y resulta sana, virulenta, suelta y cristalina en tiempos donde se hace más que necesaria la expresión propia.
Algunos podrán decir que es una lástima tremenda que una mujer capaz de escribir así, con el brío de Heise, con una mente que la naturaleza hace vibrar y dar a la reflexión y al exorcismo de las malas experiencias y el fastidio de la vida, se vea empujada en muchos pasajes a la cólera, la amargura, el ‘rugir’ por rugir y estar apaleando a ese Otro que parece un hombre de la Prehistoria (no sólo
chilena) que almacena algunas de las cualidades más nefastas de la raza humana, sobretodo en una relación de pareja. ¿Pero acaso no todos estamos sujetos a ese temperamento? ¿Acaso una mujer, propiamente tal, quizás madre, quizás arquitecta, quizás doctora, respetable, buena ciudadana, buena esposa y ejemplo social, que no ha cometido actos impropios o no ha tenido fantasías sexuales en el matrimonio, no podrá ver algo de su ira emocional en la obra de Roxana Heise, sin sentirse aludida en algún instante, tendrá algo de abominable, de reprochable, lo verá como un signo de ataque o de elocuencia, de iluminación? ¿Acaso el arte en sí, la literatura, no tiene que ver solamente con un exorcismo colectivo, un pensamiento que hable por una sociedad destripada, desencantada, desenmarañada, o un determinado segmento, sino también un exorcismo personal, desde las entrañas del autor, sin necesidad de hablar por un tercero? Heise sufre, analiza, desarticula, descompone, destruye sus propios miedos, sus enigmas, sus dudas, sus desconciertos y sus relaciones a través de oraciones precisas, ambiguas, cotidianas, llenas de fisuras, un monstruo energúmeno, sin sexo distinguible, sin pretéritos, sin restricción de locución, que escapa al segmento hermético del párrafo, y se transforma en un ente liberador de sentidos que forman parte del diario vivir de millones de hombres y mujeres. La literatura como terapia es un hecho palpable. Los microcuentos son hechos lacónicos, duros, secos: el poder de la palabra está en las cosas simples. Roxana Heise lo hace, y lo sabe hacer.


EL LUNAR

Este extraño lunar que crece y crece, piensa él cada mañana frente al espejo. No es que sea grande grande, sin embargo, a él le parece que está cada vez más puntiagudo, que adquirió de pronto el carácter de una montaña, después de haber sido sólo un punto muerto en medio de la cara. Y no es que le preocupen las marcas en el rostro y esas tonterías, es sólo que él, está consciente de la azarosa lucha por el sustento diario y de sus graves problemas económicos, protestos piensa, mientras se rasca el lunar y le mueve sutilmente la cúspide. Vendrán los acreedores y lo coge de la base, incrustando levemente la uña de su índice derecho. Aquello del jefe fue una chambonada, mire que considerarlo incompetente, bueno, son cosas que pasan. Apoya su rostro sobre el espejo, el lunar no lo percibe y parece no existir, la humedad de su respiración empaña sus facciones, lo vuelve dúctil y etéreo como la nada. Piensa que esta vez todo acabó, que hoy recibirá el sobre azul, quizás sí, quizás no. Su esposa ignora la situación, sus hijos juegan a ser grandes en la habitación contigua mientras él se aleja del vidrio, su rostro está sudoroso, el lunar sigue allí, más grande aún, en verdad piensa, esta vez ha crecido demasiado, su tamaño se ha vuelto cósmico, será mejor que lo extirpe.




ESCARABAJO

     Yo era un niño lleno de ilusiones, que subía a las buhardillas para jugar a la ronda con los escarabajos. Hoy soy un escarabajo  de cuello y corbata, que perdió a su niño en la buhardilla del olvido.








Por
Federico Krampack


Federico Krampack, o como su homónimo, Felipe Yévenes (Concepción, 1983) es comunicador audiovisual y ejerce la escritura y de DJ. Ha realizado (entre otras cosas) Diplomados en Escritura Audiovisual (PUC, 2007) y Postítulo en Periodismo Cultural y Crítica de Cine y Literatura (ICEI, 2008). Desde los 13 años escribe narrativa en general (cuento y poesía principalmente), columnas, ensayo, crítica y guiones a tiempo completo. Dichos trabajos han sido, en parte, material publicado de manera totalmente independiente como libros artesanales y antologías originales; otros forman parte de publicaciones nacionales y extranjeras; y otros que son aún inéditos.
Publica el fanzine 'PLANETA Z' (revista de bajo presupuesto hecha estrictamente a base de collages y fotocopias), desde diciembre del 2002 en la ciudad de Concepción. Sus temáticas centrales abarcan esencialmente la crítica social, filosofía, anarquismo, sociología, género y sexualidad, hasta el cine de autor, poesía y narrativa emergente, política, historia del arte, etc. Hasta la fecha (con 12 números), han colaborado en sus páginas desde reconocidos poetas jóvenes de todo el país, periodistas, estudiantes, artistas visuales, entre otros. En enero del 2011, PLANETA Z es invitado a la primera muestra masiva de fanzines, diversas publicaciones y libros independientes titulada 'New Stand', organizada por Arts & Sciences Projects, en Nueva York, EE.UU. Y en agosto del 2011, es exhibida en una nueva versión de 'New Stand', esta vez en Reykjavík, Islandia, junto a otros trabajos independientes y fanzines provenientes de diversas partes del mundo como Francia, EE.UU., Alemania y Australia.
Algunas de sus menciones, participaciones y publicaciones, de mucha y poca monta, (sin contar todo el material autogestionado entre las ediciones del fanzine y algunos de sus libros publicados de manera artesanal) se resumen en: Selección y exhibición de la obra "NACIÓN PERPETUA", en un montaje especial que presentó a 54 poetas chilenos en el marco de las celebraciones del Bicentenario titulado 'Muestra Poética Chile-Barcelona 2010' (Septiembre del 2010,
Convent de Sant Agustí en Barcelona, España); seleccionado dentro de los
'Autores Cosecha 2009' de Cuentos de la revista EÑE, por el relato erótico
"LA FRUTA Y LOS CUERPOS" (Enero del 2010. Madrid, España); ganador por unanimidad del 1er Premio (Categoría Jóvenes Menores de 33 años) en el marco del Concurso a nivel nacional 'Bicentenario de Cuento & Poesía'
por el poema "LA NACIÓN QUE NO MIENTE", organizado por la Comisión Bicentenario Chile de la Presidencia de la República, Sra. Michelle Bachelet J. (Diciembre del 2009.Santiago de Chile); entre otros.
Actualmente reside en Concepción, y también en Santiago de Chile.
 Santiago, Marzo 2012.

martes, 2 de julio de 2013

HABLAR DE POESÍA Frank O’Hara: Correr en sentido antihorario



  


Nota preliminar y versiones de Eleonora González Capria
 

Una rosa es una rosa es una rosa. Ciertamente en más de una oportunidad, las denominaciones de los cenáculos y movimientos artísticos han sido la obra de caprichosas invenciones críticas. En ocasiones, incluso, un mote despectivo exitoso, como los que Louis Vauxcelles dejó en la historia del arte, abrió a los críticos la puerta a una velada inmortalidad.

Los “poetas de Nueva York”, entre los cuales tradicionalmente se incluye a Frank O’Hara, John Ashbery y Kenneth Koch, tampoco se dieron nombre a sí mismos, ni formaron escuela alguna. En una influyente antología de 1960, The New American Poetry. 1945- 1960, Donald Allen (quien luego recogería y recompondría la obra dispersa de O’Hara) los llamó así por razones que aun él describía como “algo arbitrarias” en su prefacio. El propósito de Allen era presentar el legado de Ezra Pound y William Carlos Williams, el panorama poético posmodernista de los Estados Unidos caracterizado por el rechazo total del verso académico. La organización que Allen diseñó para hacerlo fue de orden pragmático y, así, O’Hara, Ashbery, Koch (junto con Field, Guest y Schuyler) quedaron definidos por dos aspectos casi accidentales: su amistad y su coexistencia en el espacio de una gran ciudad. El galerista John Bernard Myers los bautizó “Escuela de Nueva York” en Nomad, en 1962, y tejió así una relación subsidiaria con los pintores homónimos, ya admitiendo entonces la artificiosidad del apelativo (“siempre con la impresión de estar diciendo una mentirita”, comentaba Myers), desconociendo tal vez su efectividad.

O’Hara no nació en Nueva York, sino en Baltimore, en 1926 y su familia se mudó a Grafton, Massachusetts, al año siguiente; ahí se crió y estudió en Worcester y Boston. La Segunda Guerra Mundial lo encontró en un buque destructor, operando sonares, navegando por el Pacífico sur hasta Japón. Estudió, con la financiación estatal que se le dio a los veteranos de guerra, en las universidades de Harvard (donde conoció a Koch y Ashbery) y Michigan. No fue sino hasta el otoño de 1951 que se instaló en la ciudad de Nueva York y comenzó a trabajar en el Museo de Arte Moderno y a escribir para Art News.

Aunque el término “Escuela de Nueva York” puede calificarse de inútil – como de hecho lo hizo alguno de sus miembros – es admisible afirmar que, en el caso de O’Hara, esta denominación alcanza a describir algo más que la ubicación de sus sucesivos departamentos. La poesía de este escritor de origen provincial es urbana, hasta podría decirse neoyorkina. No es necesario citar el número de poemas en los que Nueva York aparece explícitamente mencionada; tampoco afirmar, faltando a la verdad, que es el escenario de muchas de sus composiciones (porque aun cuando parece el escenario es, ante todo, el tema). Lo urbano en O’Hara excede lo referencial y lo temático. Se lee en la búsqueda de velocidad y movimiento, en la manera en que la red de relaciones personales – reales o especuladas en la multitud – informa sus textos, en el registro coloquial, en la erosión de las jerarquías que convierte todo en materia poética y en la capacidad de albergar elementos heterogéneos, o, como Ashbery lo expresa: la convivencia de lo encantador, lo corrupto y lo sano, el aroma a basura, pachulí y monóxido.

Las manifestaciones de esto son múltiples. En la superficie del texto la velocidad se alcanza por medio de la supresión de las fronteras, las cuales se desdibujan en la lengua como lo hacen en la ciudad sin orillas de “Sleeping on the Wing”. Mayúsculas casi inexistentes, volubles signos de puntuación a veces acercan a O’Hara a la práctica de la ancestral escritura continua, por la que el lector debe reconstruir los límites de una frase, conjeturar las dependencias sintácticas o las clases de palabras. La escritura aspira a la oralidad, solo en parte a través del registro informal; el resultado de esta trasposición es la apertura, la dificultad interpretativa, en muchos casos, la ambigüedad insalvable.

Hay algo de movilidad social en la obra de O’Hara también, esa permeabilidad de las jerarquías establecidas que es propia de las metrópolis. Koch afirma que en los poemas de su amigo se encuentran cosas que nunca antes habían aparecido en la poesía; así, aspirinas, pistolas de agua, actores de películas ascienden para convertirse en nuevos sujetos poéticos. Y es que detrás de la quietud acecha una amenaza, que en la ciudad es encarnada por las inertes y nunca cambiantes estatuas, un peligro que en “Poem (Ivy invades the statue)” O’Hara ilustra al jugar precisamente con lo anquilosado de la lengua, una de sus expresiones fijas: not let the grass grow under one’s feet.

Por otra parte, si bien existen alusiones intertextuales en la obra de O’Hara, lo que predomina son las alusiones externas a lo textual que se dirigen a las personas de carne y hueso, al conjunto de lazos interpersonales, vivos, forjados en Nueva York. La mayoría de sus poemas son para o sobre alguno de sus compañeros artistas, con los que, además, colaboró en un gran número de proyectos. De ahí quizás la heterogeneidad e interdisciplinariedad de su obra: O’Hara tomó técnicas, temas y elementos del teatro, de la música, del cine, de las artes plásticas, acaso porque halló allí lo que no encontró en la tradición literaria para constituir su voz, o porque la experimentación y la libertad en esas décadas eran perseguidas con más tenacidad por el Expresionismo Abstracto, la música atonal y aleatoria. En un punto solo la apertura de O’Hara parece replegarse: la sexualidad, que en la ciudad se tolera pero se practica a escondidas, que se afirma y se disimula en lo camp, que se grita para encubrirla, como en “Homosexuality”.

En “Getting up Ahead of Someone (Sun)”, O’Hara dio nombre a algunas de sus propias composiciones: “I do this I do that poems” (“poemas en los que hago esto hago aquello”). Pero es posible que nadie haya explicado mejor su poética que Ashbery: el poema, para O’Hara, es la crónica del acto creativo que lo produce. No resulta extraño que así haya sido; después de todo, estos escritores no conformaban una escuela, pero indudablemente eran parte de un círculo cerrado, íntimo, eso que a veces se da en llamar coterie.

 

Nota: Algunos de los poemas aquí traducidos fueron publicados en Meditations in an Emergency (1957); otros, en Lunch Poems (1964), Love Poems (Tentative Title) (1965) o en  revistas, antes o después de la muerte prematura de O’Hara en 1966; finalmente, hay unos pocos que nunca vieron la luz, hasta la edición de The Collected Poems of Frank O’Hara, en que se basa la presente traducción.


Poesía

El único modo de estar en silencio
es ser rápido, así que te asusto
con torpeza, o te sorprendo
con una puñalada. Una mantis
religiosa conoce el tiempo más
íntimamente que yo y es
más informal. Los grillos usan
el tiempo como acompañamiento
de su inocente tic. Una cebra
corre en sentido antihorario.
Deseo todo esto.
Intensificarte con mi rapidez
y encanto como si
tuvieras lógica y comprobación,
pero aun así estar en silencio como si
estuviera habituado a ti; como si
nunca fueras a dejarme
y fueses el inexorable
producto de mi propio tiempo.

 

Poetry // The only way to be quiet / is to be quick, so I scare / you clumsily, or surprise / you with a stab. A praying / mantis knows time more / intimately than I and is / more casual. Crickets use / time for accompaniment to / innocent fidgeting. A zebra / races counterclockwise. / All this I desire. To / deepen you by my quickness / and delight as if you / were logical and proven, / but still be quiet as if / I were used to you; as if / you would never leave me / and were the inexorable / product of my own time.

 

Por qué no soy pintor

No soy pintor, soy poeta.
¿Por qué? Creo que preferiría
ser pintor, pero no lo soy. Y bueno,

por ejemplo, Mike Goldberg
empieza un cuadro. Paso a visitarlo.
“Siéntate y bebe algo”, me
dice. Bebo; bebemos. Alzo
la mirada. “Dice SARDINAS”.
“Sí, le faltaba algo ahí”.
“Ah”. Me voy y pasan los días
y otra vez paso a visitarlo. El cuadro
sigue su curso, y me voy, y pasan
los días. Paso a visitarlo. El cuadro está
terminado. “¿Qué fue de SARDINAS?”.
Tan solo quedan letras
sueltas, “Era demasiado”, dice Mike.

¿Y yo? Un día pienso en
un color: naranja. Escribo un verso
sobre el naranja. Muy pronto hay una
página entera de palabras, no unos versos.
Después, otra página. Debería haber
mucho más, no más del naranja, más
palabras, sobre cuán terribles son el naranja
y la vida. Pasan los días. Hasta está en
prosa, soy un poeta auténtico. El poema
está terminado y aún no mencioné
el naranja. Son doce poemas, lo llamo
naranjas. Y un día en una galería
veo el cuadro de Mike, se llama SARDINAS.

 

Why I Am Not a Painter // I am not a painter, I am a poet. / Why? I think I would rather be / a painter, but I am not. Well, // for instance, Mike Goldberg / is starting a painting. I drop in. / “Sit down and have a drink” he / says. I drink; we drink. I look / up. “You have SARDINES in it.” / “Yes, it needed something there.” / “Oh.” I go and the days go by / and I drop in again. The painting / is going on, and I go, and the days / go by. I drop in. The painting is / finished. “Where’s SARDINES?” / All that’s left is just / letters, “It was too much,” Mike says. // But me? One day I am thinking of / a color: orange. I write a line / about orange. Pretty soon it is a / whole page of words, not lines. / Then another page. There should be / so much more, not of orange, of / words, of how terrible orange is / and life. Days go by. It is even in / prose, I am a real poet. My poem / is finished and I haven’t mentioned / orange yet. It’s twelve poems, I call / it oranges. And one day in a gallery / I see Mike’s painting, called SARDINES.


A Larry Rivers

¿Estás preocupado porque no escribes?
No lo estés. Es un homenaje
del aire el que tus cuadros no renuncien
a ti sin más. ¿Y qué poeta se sentó acaso
frente a un Tiziano, sacó
el cuaderno de versos y comenzó
su cantinela? No te quejes, querido,
tú haces lo que yo solo puedo nombrar.

 

To Larry Rivers // You are worried that you don’t write? / Don’t be. It’s the tribute of the air that / your paintings don’t just let go / of you. And what poet ever sat down / in front of a Titian, pulled out / his versifying tablet and began / to drone? Don’t complain, my dear, / You do what I can only name.

 

Interior (con Jane)

El afán de los objetos por
ser lo que tememos hacer

nos conmueve sin remedio    ¿Es
su intención de ser un motor dentro

nuestro lo que rechazamos?     Las
cosas realmente tontas, hablo
de un frasco de café, un aro de 35
¢, un puñado de cabellos,

¿qué es lo que nos hacen estas cosas?
Entramos al cuarto, las ventanas

están vacías, el sol es débil
y resbala sobre el hielo    Y un

sollozo aflora, solo porque es
la cosa más glacial que conocemos

 

Interior (With Jane) // The eagerness of objects to / be what we are afraid to do // cannot help but move us    Is / this willingness to be a motive // in us what we reject?     The / really stupid things, I mean // a can of coffee, a 35 ¢ ear / ring, a handful of hair, what // do these things do to us?     We / come into the room, the windows // are empty, the sun is weak / and slippery on the ice    And a // sob comes, simply because it is / coldest of the things we know

 

En lo de Joan

Son casi las tres
estoy sentado a la mesa de mármol
ordenando poemas, infeliz
la pequeña lámpara brilla débilmente
yo no brillo para nada

me sirvo otro cognac
y observo dos pequeños cuadros
de Jean-Paul, tan geniales
hay tanto que debo hacer
o es que solo sucedieron

la brisa está fresca
apenas se filtra algún sonido
a través de mis ojos perplejos
sufro mi propia ausencia
no puedo encontrar un poema auténtico

si no me sucede a mí
qué haré

 

At Joan’s // It is almost three / I sit at the marble top / sorting poems, miserable / the little lamp glows feebly / I don’t glow at all // I have another cognac / and stare at two little paintings / of Jean-Paul’s, so great / I must do so much / or did they just happen // the breeze is cool / barely a sound filters up / through my confused eyes / I am lonely for myself / I can’t find a real poem // if it won’t happen to me / what shall I do

 

Para Grace, después de una fiesta

     No siempre sabes lo que siento.
Anoche en el cálido aire primaveral mientras yo
incineraba con mi invectiva a alguien que no
me interesa,
                      era mi amor por ti el que me
encendía,
                  y ¿no es raro? porque en cuartos llenos de
desconocidos mis sentimientos más tiernos
                                                                                     se retuercen y
engendran los frutos del grito. Extiende tu mano,
¿no hay
                 un cenicero ahí, de pronto, junto a
la cama? Y alguien que amas entra al cuarto
y dice ¿no te gustarían
                                           los huevos ligeramente
distintos hoy?
                            Y cuando te los trae son
solo simples huevos revueltos y el tiempo cálido
continúa.

 

For Grace, After a Party // You do not always know what I am feeling. / Last night in the warm spring air while I was / blazing my tirade against someone who doesn’t / interest / me, it was love for you that set me / afire, / and isn’t it odd? for in rooms full of / strangers my most tender feelings / writhe and / bear the fruit of screaming. Put out your hand, / isn’t there / an ashtray, suddenly, there? beside / the bed?  And someone you love enters the room / and says wouldn’t /   you like the eggs a little / different today?/ And when they arrive they are /just plain scrambled eggs and the warm weather / is holding.

 

Tarjeta de Navidad para Grace Hartigan

No hay ningún acebo, pero hay
torres de vidrio y granito
y leones de piedra blanca
y nubes de violeta pálido. Y
el gran árbol de esferas en
la Plaza Rockefeller es público.

La Navidad es verde y universal
igual que toda gran obra de la
imaginación, crece a partir de ínfimos
sentimientos privados en el desierto,
una corona que abraza nuestra intimidad
como en un parque las voces de los niños.

De color rojo es nuestra sangre
que, como tu sonrisa, debe ser
protegida de que se derrame por el
universo mediante un sentido oculto,
el labial de la vida escondido
en una cartera a prueba de robos.

La Navidad es la época del aire frío
y las fiestas ruidosas y los grandes gastos,
pero llamas tiemblan en nuestros corazones,
replicando, del mismo modo que en los árboles
anticuados. Preferiría que la casa
se incendiase a que nuestras llamas se apagaran.

 

Christmas Card to Grace Hartigan // There’s no holly, but there is / the glass and granite towers / and the white stone lions / and the pale violet clouds. And / the great tree of balls in / Rockefeller Plaza is public. // Christmas is green and general / like all great works of the / imagination, swelling from minute / private sentiments in the desert, / a wreath around our intimacy / like children’s voices in a park. // For red there is our blood / which, like your smile, must be / protected from spilling into / generality by secret meanings, / the lipstick of life hidden / in a handbag against violations. // Christmas is the time of cold air / and loud parties and big expense, / but in our hearts flames flicker / answeringly, as on old-fashioned / trees. I would rather the house /burn down than our flames go out.

 

Ave María

Madres de Norteamérica,
                                                ¡dejen a sus hijos ir al cine!
sáquenlos de casa para que no sepan lo que ustedes traman
es cierto que el aire fresco hace bien al cuerpo
                                                                                      pero qué hay del alma
que crece a oscuras, repujada por imágenes plateadas
y cuando ustedes envejezcan porque habrán de envejecer
                                                                                                            ellos no las odiarán
no las criticarán ni lo sabrán
                                                        estarán en algún país sofisticado
del que oyeron por primera vez un sábado a la tarde o al hacerse la rabona
tal vez incluso les estén agradecidos
                                                                    por su primera experiencia sexual
que a ustedes les costó solo veinticinco centavos
                                                                           y no alteró la paz hogareña
así sabrán de dónde vienen las golosinas
                                                             y las bolsas gratuitas de pochoclos
tan gratuitas como irse antes de que termine la película
con un amable desconocido cuyo departamento queda en el edificio Cielo en la Tierra
cerca del puente Williamsburg
                                                         oh madres cuán felices habrán hecho
a los pequeñitos porque si no se van con nadie del cine
no sabrán de qué se pierden
                                                     y si se van con alguien será un valor agregado
y se habrán divertido de veras en cualquiera de los dos casos
en vez de haraganear en el patio
                                                             o arriba en sus cuartos
                                                                                                         odiándolas
prematuramente ya que ustedes no habrán hecho nada terriblemente malo todavía
salvo por alejarlos de los placeres más oscuros
                                                                               lo último es imperdonable
así que no me culpen si no siguen este consejo
                                                                               y la familia se desintegra
y sus hijos se vuelven viejos y ciegos frente al televisor
                                                                                                       mirando
las películas que no los dejaban ver cuando eran jóvenes

 

Ave Maria // Mothers of America / let your kids go to the movies! /get them out of the house so they won’t know what you’re up to / it’s true that fresh air is good for the body /but what about the soul  / that grows in darkness, embossed by silvery images / and when you grow old as grow old you must / they won’t hate you / they won’t criticize you they won’t know / they’ll be in some glamorous country  / they first saw on a Saturday afternoon or playing hookey // they may even be grateful to you /  for their first sexual experience / which only cost you a quarter / and didn’t upset the peaceful home / they will know where candy bars come from / and gratuitous bags of popcorn  / as gratuitous as leaving the movie before it’s over / with a pleasant stranger whose apartment is in the Heaven on Earth Bldg / near the Williamsburg Bridge / oh mothers you will have made the little tykes / so happy because if nobody does pick them up in the movies / they won’t know the difference / and if somebody does it’ll be sheer gravy  / and they’ll have been truly entertained either way / instead of hanging around the yard / up in their room / hating you /prematurely since you won’t have done anything horribly mean yet / except keeping them from the darker joys / it’s unforgivable the latter / so don’t blame me if you won’t take this advice /  and the family breaks up  / and your children grow old and blind in front of a TV set / seeing / movies you wouldn’t let them see when they were young

 

Homosexualidad

¿Así que nos sacamos las máscaras, no, y mantenemos
la boca cerrada? ¡como si nos hubiera penetrado una mirada!

El canto de una vieja arpía no tiene más criterio
que los vapores que el alma libera cuando uno enferma;

así que me envuelvo con sombras como con una manta
y arrugo los ojos como en el instante más exquisito

de una ópera muy larga, ¡y entonces nos vamos!
sin reproches ni esperanzas de que nuestros pies delicados

toquen la tierra otra vez, y mucho menos “muy pronto”.
Es la ley de mi propia voz lo que investigaré.

Comienzo como el hielo, mi dedo en mi oreja, mi oreja
en mi corazón, ese orgulloso perro mestizo en la basura

bajo la lluvia. Admirarse a uno mismo con total franqueza
es maravilloso, enumerando los méritos de cada

letrina. La de la calle 14 es borracha y crédula,
la de la 53 trata de temblar pero descansa mucho. Los buenos

aman los parques y los ineptos las estaciones de tren
y están los divinos que atraviesan la sombra

de una creciente cabeza abisinia de arriba a abajo
en el polvo, arrastran sus tacos elegantes de aire caliente

y gritan para confundir a los valientes “Es un día de verano,
y deseo ser deseado más que nada en el mundo”.

 

Homosexuality // So we are taking off our masks, are we, and keeping / our mouths shut? as if we’d been pierced by a glance! // The song of an old cow is not more full of judgment / than the vapors which escape one’s soul when one is sick; // so I pull the shadows around me like a puff / and crinkle my eyes as if at the most exquisite moment // of a very long opera, and then we are off! / without reproach and without hope that our delicate feet // will touch the earth again, let alone “very soon.” / It is the law of my own voice I shall investigate. // I start like ice, my finger to my ear, my ear / to my heart, that proud cur at the garbage can // in the rain. It’s wonderful to admire oneself / with complete candor, tallying up the merits of each // of the latrines. 14th Street is drunken and credulous, / 53 rd tries to tremble but is too at rest. The good // love a park and the inept a railway station, / and there are the divine ones who drag themselves up // and down the lengthening shadow of an Abyssinian head / in the dust, trailing their long elegant heels of hot air // crying to confuse the brave “It’s a summer day, / and I want to be wanted more than anything else in the world”.

 

Internación

Estos laboratorios y aquellos picnics
se mecen sobre la bahía
en una cuna de aguanieve

y parecen intrínsecos a los ancianos.
Un atado de coliflor, sucio,
huele dulce junto a la cama,

como rosas que con nieve se regaron.
Ojos, débiles, ven en soles
inmensos una vaca, un limón,

y labios marchitos, próximos a ser
cubiertos de tierra, besan a hombres
que son eternamente jóvenes

como cartas de sobrinas. La mañana
fluye tras el crepúsculo, un
río luminoso,

y quien desembarca en la orilla de esas
sábanas blancas no precisa
esperar permanencia.

 

In Hospital //  These laboratories and those picnics / swing out over the bay / in a cradle of sleet // and seem indigenous, to the aged. / A bushel of cauliflower dirty / by the bed smells sweet, // like roses that were fed on snow. / Eyes, failing, call immense / suns a cow, a lemon, // and shrivelled lips, soon to be / smothered in earth, kiss men / whose youth’s perennial // as letters from nieces. The morning / flows after twilight, a / luminous river, // and who steps ashore upon that / white sheet, need not  / imagine permanence.


Animales

Te olvidaste de cómo éramos entonces
cuando aún éramos de primera
y el día engordaba con una manzana dentro de su boca

es inútil preocuparse por el Tiempo
pero teníamos un par de ases bajo la manga
y tomábamos ciertas curvas cerradas

el pastizal entero parecía nuestra cena
no necesitábamos de velocímetros
podíamos hacer cócteles con hielo y agua

no desearía ser más veloz
ni más vivaz que ahora si estuvieras junto a mí Oh tú
fuiste el mejor de todos mis días

 

Animals // Have you forgotten what we were like then / when we were still first rate / and the day came fat with an apple in its mouth // it’s no use worrying about Time / but we did have a few tricks up our sleeves / and turned some sharp corners // the whole pasture looked like our meal / we didn’t need speedometers / we could manage cocktails out of ice and water // I wouldn’t want to be faster / or greener than now if you were with me O you / were the best of all my days

 

Avenida A

Ya casi nunca vemos la luna
                                                      así que no es de extrañar
     que sea tan hermoso cuando de pronto alzamos la mirada
y ahí está flotando, su cara recortada sobre los puentes
orbitando radiante, leve, y un viento fresco agita         el cabello sobre tu frente y tus recuerdos
                  del paisaje con locomotoras de Red Grooms
quiero un bourbon /quieres unas naranjas /me encanta la campera
                  de cuero que me regaló Norman
                                                              y el saco de pana que te regaló
     David, hay más misterio en él que en la primavera, los cielos
de El Greco que se rasgan y luego se reúnen como leones
                                                    en una vasta y trágica sabana
     eso está lejos de nuestros pequeños yoes y nuestras pasiones
transitoriamente unidas en la catedral de los eneros.

    todo es demasiado comprensible
estos son mis poemas que acarician, delicados
supongo que habrá más de aquellos otros por venir, como antes
                                                            ¡tantos!
pero por el momento la luna se descubre como una perla
                                                            a mi corazón igualmente desnudo

 

Avenue A // We hardly ever see the moon any more / so no wonder /  it’s so beautiful when we look up suddenly / and there it is gliding broken-faced over the bridges / brilliantly coursing, soft, and a cool wind fans / your hair over your forehead and your memories / of  Red Grooms’ locomotive landscape / I want some bourbon/you want some oranges/I love the leather / jacket Norman gave me / and the corduroy coat David / gave you, it is more mysterious than spring, the El Greco / heavens breaking open and then reassembling like lions / in a vast tragic veldt / that is far from our small selves and our temporally united passions in the cathedral of Januaries  // everything is too comprehensible / these are my delicate and caressing poems / I suppose there will be more of those others to come, as in the past / so many! / but for now the moon is revealing itself like a pearl / to my equally naked heart

 

Beber una Coca contigo

es todavía más divertido que ir a San Sebastián, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne
o tener náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
en parte a causa de que con tu camisa naranja eres como un mejor y más alegre San Sebastián
en parte a causa de mi amor por ti, en parte a causa de tu amor por el yogur
en parte a causa de los tulipanes de naranja fluorescente alrededor de los abedules
en parte a causa del misterio que adquieren nuestras sonrisas ante la gente y las estatuas
cuando estoy contigo es difícil creer que pueda existir algo tan inmóvil
tan solemne tan desagradablemente definitivo como una estatua mientras que justo frente a ella
bajo la cálida luz de Nueva York de las 4 en punto deambulamos
por aquí y allá
entre uno y otro como un árbol que respira a través de sus lentes

y en la exposición de retratos parece no haber absolutamente ningún rostro, solo pintura
de pronto te preguntas por qué demonios alguien los hizo
                                                                                                             te miro
a ti y preferiría mirarte a ti que a todos los retratos del mundo
tal vez con la excepción del Jinete polaco de vez en cuando y que de todos modos está en el Frick
al que todavía no fuiste gracias a Dios así que podremos ir juntos por primera vez
y el hecho de que te mueves de una manera tan hermosa más o menos resuelve el Futurismo
igual que estando casa nunca pienso en el Desnudo bajando una escalera o
estando en un ensayo en ese dibujo de Leonardo o Miguel Ángel que solía maravillarme
y de qué les sirven a los Impresionistas todas las investigaciones sobre ellos
si nunca encontraron a la persona indicada con la cual pararse junto al árbol al caer el sol
o para el caso a Marino Marini si no eligió al jinete con el mismo cuidado
que al caballo
                          parece que todos ellos fueron privados de alguna experiencia maravillosa
la cual yo no voy a desperdiciar razón por la cual te lo estoy diciendo

 

Having a Coke with You // is even more fun than going to San Sebastian, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne / or being sick to my stomach on the Travesera de Gracia in Barcelona / partly because in your orange shirt you look like a better happier St. Sebastian / partly because of my love for you, partly because of your love for yoghurt / partly because of the fluorescent orange tulips around the birches / partly because of the secrecy our smiles take on before people and statuary / it is hard to believe when I’m with you that there can be anything as still / as solemn as unpleasantly definitive as statuary when right in front of it / in the warm New York 4 o’clock light we are drifting back and forth / between each other like a tree breathing through its spectacles // and the portrait show seems to have no faces in it at all, just paint / you suddenly wonder why in the world anyone ever did them / I look / at you and I would rather look at you than all the portraits in the world / except possibly for the Polish Rider occasionally and anyway it’s in the Frick / which thank heavens you haven’t gone to yet so we can go together the first time / and the fact that you move so beautifully more or less takes care of Futurism / just as at home I never think of the Nude Descending a Staircase or / at a rehearsal a single drawing of Leonardo or Michelangelo that used to wow me / and what good does all the research of the Impressionists do them / when they never got the right person to stand near the tree when the sun sank / or for that matter Marino Marini when he didn’t pick the rider as carefully / as the horse / it seems they were all cheated of some marvelous experience / which is not going to go wasted on me which is why I am telling you about it

 

Poema

Luz claridad ensalada de palta a la mañana
después de todas las cosas horribles que hago es sorprendente
hallar perdón y amor, ni siquiera perdón
porque lo hecho hecho está y perdonar no es amar
y el amor es el amor nunca nada puede salir mal
aunque las cosas pueden volverse irritantes aburridas y prescindibles
(en la imaginación) pero no en realidad porque amor
aunque a una cuadra te sientas distante la simple presencia
lo cambia por completo como un químico al tocar un papel
y todo el pensamiento desaparece en una rara agitación serena
no tengo ninguna certeza más que esta, y crece con mi respiración

 

Poem // Light clarity avocado salad in the morning / after all the terrible things I do how amazing it is / to find forgiveness and love, not even forgiveness / since what is done is done and forgiveness isn’t love / and love is love nothing can ever go wrong / though things can get irritating boring and dispensable / (in the imagination) but not really for love / though a block away you feel distant the mere presence / changes everything like a chemical dropped on a paper / and all thoughts disappear in a strange quiet excitement / I am sure of nothing but this, intensified by breathing

 

Poema

Hiedra invade la estatua.
Pongamos que es un busto
de Colón que erigieron
ciudadanos a la italiana. Al

contemplar la falta de asombro
de esta figura ante
la ambiciosa enredadera, sé
cómo se siente la hierba bajo

mis pies, qué está haciendo.
¡Estar siempre en la cima! como
dicen los financistas, ¿es
demasiado? La hierba sí

trepa, la hiedra sí envuelve,
pero este mármol no
más capaz de reírse que
yo de un miedo tan simple

 

Poem //  Ivy invades the statue. / Say that it is a bust / of Columbus erected by / Italianate citizens. By // contemplating this figure’s / lack of astonishment at / the ambitious vine, I know / how the grass feels under // my feet, what it is doing. / To be always on top! as / the financiers say, is that / too much? The grass does // creep, the ivy does twine, / and this marble is no / more able to smile than / I am, at such simple fear


Poema personal

Ahora cuando paseo a la hora del almuerzo
tengo tan solo dos amuletos en el bolsillo
una vieja moneda romana que me dio Mike Kanemitsu
y la cabeza de un tornillo que se partió en un embalaje
cuando estaba en Madrid los otros nunca
me trajeron demasiada suerte aunque sí
ayudaron a que me quedara en Nueva York pese a las presiones
pero ahora estoy contento por un rato e interesado

camino a través de una luminosa humedad
al pasar por la Casa de Seagram con sus vapores
y sus haraganes y la construcción a
la izquierda que obstruye la vereda si
algún día llego a ser obrero
querría tener un casco plateado por favor
y llego a Moriarty’s donde espero a
LeRoi y oigo quién quiere ser de los que pinchan y
cortan los últimos cinco años mi promedio de bateo
fue .016 punto final, y LeRoi entra
y me cuenta que anoche en la puerta de BIRDLAND
un policía le dio 12 bastonazos a Miles Davis
una mujer nos pide una moneda para una enfermedad
terrible pero no se la damos no
nos gustan las enfermedades terribles, después
vamos a almorzar unos pescados y unas cervezas está
fresco pero repleto decidimos que Lionel Trilling
nos gusta, nos gusta Don Allen no nos gusta
tanto Henry James nos gusta Herman Melville
no queremos estar en el paseo de los poetas ni en
San Francisco siquiera solo queremos ser ricos
y pasear sobre andamios con nuestros cascos plateados
me pregunto si una de los 8.000.000 de personas está
pensando en mí mientras LeRoi y yo nos damos la mano
y compro una malla para mi reloj pulsera y vuelvo
al trabajo contento ante la idea puede que sí

 

Personal Poem // Now when I walk around at lunchtime / I have only two charms in my pocket / an old Roman coin Mike Kanemitsu gave me / and a bolt-head that broke off a packing case / when I was in Madrid the others never / brought me too much luck though they did / help keep me in New York against coercion / but now I’m happy for a time and interested  //  I walk through the luminous humidity / passing the House of Seagram with its wet / and its loungers and the construction to / the left that closed the sidewalk if / I ever get to be a construction worker / I’d like to have a silver hat please / and get to Moriarty’s where I wait for / LeRoi and hear who wants to be a mover and / shaker the last five years my batting average / is .016 that’s that, and LeRoi comes in / and tells me Miles Davis was clubbed 12 / times last night outside BIRDLAND by a cop / a lady asks us for a nickel for a terrible / disease but we don’t give her one we / don’t like terrible diseases, then / we go eat some fish and some ale it’s / cool but crowded we don’t like Lionel Trilling / we decide, we like Don Allen we don’t like / Henry James so much we like Herman Melville / we don’t want to be in the poets’ walk in /San Francisco even we just want to be rich / and walk on girders in our silver hats / I wonder if one person out of the 8,000,000 is / thinking of me as I shake hands with LeRoi / and buy a strap for my wristwatch and go / back to work happy at the thought possibly so

 


Literatura en TV