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jueves, 19 de mayo de 2011

Ernesto Sabato y la soledad de la incomprensión




 Mayo , 2011

Por Manuel Gayol Mecías…



Palabra Abierta guarda un profundo sentimiento de admiración y respeto por este gran escritor

  Uno de los ejemplos importantes acerca de la búsqueda de aquello que desgarra y deshumaniza al hombre de nuestros días, perdido en una sociedad alienada y hostil, lo constituye la vida y la obra del argentino Ernesto Sabato , quien ha sido un exponente indudable de lo mejor de nuestra literatura hispanoamericana contemporánea.

En dos de las novelas de Sabato: El túnel y Sobre héroes y tumbas, encontramos de manera sustancial el drama de la soledad del ser humano en la sociedad actual. Pero más que drama, habría que hablar de la tragedia de la soledad. Porque la soledad, en sus obras, nunca resulta ser pasiva, resignada, sino convulsa y letal en la psicología y conducta de sus personajes. Novelas que evidencian el influjo de las técnicas de la narrativa policiaca y, esencialmente, muestran un marcado tono existencialista.

Los protagonistas de Sabato, ante todo, luchan contra sí mismos, haciendo del amor y del odio en su entramado psicológico una dinámica que va de lo subjetivo a lo objetivo, en franca búsqueda de lo que es y a lo que puede llegar  el hombre atrapado en el desenfreno de sus dudas y pasiones. En estas novelas, los personajes sugieren cierta relación dostoiewskiana en lo que se refiere al crimen y a la muerte como fenómenos que conciernen a la introspección humana.

Una breve y concisa novela como El túnel es sensible a un variado tipo de lecturas, entre las que podrían hacerse desde una perspectiva del psicoanálisis y/o de la filosofía existencialista. Asimismo ocurre con Sobre héroes y tumbas. En ambas, hay un rasgo característico, y es que los mismos ejes de las narraciones (mejor digamos: de sus discursos narrativos) proponen la posibilidad de que el hombre es un ser impredecible. Al hombre, en el desgarramiento de su soledad, no se le puede prever a través de la apariencia de su conducta. No hay una lógica exacta aplicable a determinados tipos de seres humanos. Lo que en otros términos —un tanto más popularmente hablando— quiere decir que a una persona, en definitiva, no se le conoce hasta que muere.

En El túnel, Juan Pablo Castel es un pintor encarcelado que declara cómo por amor mató a María Iribarne, y pide que su proceso se conozca por todos, en la aspiración de ser comprendido, siquiera de que alguien llegue a entenderlo. Por su parte, en Sobre héroes…, Martín Carrillo le relata a Bruno, el narrador de la novela, que existe una falta de comunicación entre él y Alejandra, y Bruno reconoce que él tampoco ha podido entender a Georgina, la madre de Alejandra. A mi modo de ver, esta última es una de las protagonistas más inquietantes que se puede hallar en la novelística hispanoamericana. Alejandra no ha llegado a entenderse a sí misma, y termina en el suicidio cuando no logra acallar su sentimiento de culpa y desesperación por las relaciones incestuosas que ha llevado a cabo con su padre.

En las dos novelas resalta no sólo lo impredecible de sus protagonistas, sino también, y de manera importante, la incomprensión y la incomunicabilidad en las relaciones humanas. Es la falta de entendimiento lo que puede traducirse aquí como la soledad. La soledad entonces es un problema vital que depende del proceso de la sociedad en el que aún se ve inmerso el hombre.

En un mundo donde la ciencia y la tecnología aparentan ir creciendo a pasos agigantados y se desarrolla un asombroso campo de información y telecomunicaciones, el hombre, sin embargo, se siente cada vez más alejado de sí mismo, más incomunicado, más incomprendido, debido a su despreocupación por acercarse a todo lo que concierna a las relaciones afectivas de la naturaleza humana. Es como si Sabato —quien fuera un destacado físico que se desilusionó de las ciencias para dedicarse a la literatura, al expresar que las ciencias puras no habían sido capaces de aliviar la angustia humana ante la inminencia de la muerte— , con estas novelas, nos hiciera un llamado de atención sobre las causas íntimas del ser, sobre la necesidad de emprender un camino más espiritual, más acorde con la sensibilidad y el amor. En este sentido, pienso que también propone que cuando se cae en la incomprensión y la incomunicación el hombre está condenado a desandar en el laberinto, que es el túnel y la tumba de su soledad. Por eso, estos seres en vez de héroes son auténticos antihéroes de la existencia humana.



Ernesto Sabato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911y partió físicamente un Sábado 30 de Abrili del 2011. Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura.

Ha escrito varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literaria: El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979), y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abbadón el exterminador (1974).



[Datos biográficos tomados de Literatura Argentina Contemporánea: www.literatura.org]

 

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