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sábado, 29 de septiembre de 2012

Crítica literaria chilena actual.



Breve historia de debates y polémicas: de la querella del criollismo hasta el
presente.

 Paulina Soto Riveros – Vicente Bernaschina Schürmann


© 2011

Todos los derechos reservados.

Esta investigación contó con el apoyo del Fomento del Libro, Modalidad
Investigación y de la Beca de Creación Literaria, Género Ensayo del Fondo de
Fomento del Libro y la Lectura 2009.


1. Isabel Allende, Premio Nacional de Literatura 2010

El galardón del Premio Nacional de Literatura Chilena del año 2010, estuvo aún más lleno
de polémicas que otros certámenes anteriores. La elección de Isabel Allende, escritora que a pesar de
su popularidad ha sido casi dejada de estudiar por la academia y las revistas literarias del día de hoy,
se prestó para una avalancha de opiniones, muchas de las cuales fueron de indignación. Las razones
de la polémica fueron varias. Por una parte, estuvo el hecho de que Isabel Allende movilizara una
ardua campaña para su premiación, que incluyó el apoyo de cuatro (ex)mandatarios de la república;
por otra parte, se criticó la composición del jurado que parecía estar más orientada hacia el ámbito
de lo político que al de lo cultural. Así, el jurado estaba compuesto por: el rector de la Universidad
de Chile, Víctor Pérez (ingeniero), el rector de la Universidad Católica del Norte, Misael Camus
(doctor en Historia Eclesiástica), el ministro de educación Joaquín Lavín (economista), quienes
dieron su voto para Allende, y solo dos personeros del mundo de las letras: Raúl Zurita (poeta,
también Premio Nacional de Literatura 2000) y Cedomil Goic (doctor en Literatura).

Desde diversos medios de comunicación, Luis Martínez en su blog Letras.s5 reunió algunos
de estos juicios. En la muestra, Armando Uribe declara por ejemplo: “Que políticos y ex presidentes
apoyen su candidatura me parece ridículo y grotesco. Somos el hazmerreír de las personas cultas del
mundo”. Alejandro Zambra por su parte y sin menor brío opinaba sobre la elección: “es un balde de
agua fría para la literatura chilena... Es un desastre. Es como si le dieran el Premio Nobel a Paulo
Coelho. O el Premio Nacional de Música a Lucho Jara”. Leonardo Sanhueza, aunque mostrándose
aburrido de la discusión, fue aún más enfático: “No tiene ningún sentido seguir discutiendo este
asunto. Es una bolsa de gatos. Los que consideran „merecido. el galardón rara vez tienen más
argumentos que ese –„sí, poh, se lo merece.– y nunca han leído algo más elaborado que las
cuadrículas del crucigrama. No tienen ningún interés en la literatura de cierto valor, que expande el
lenguaje, que lo explora, que prueba y se equivoca, que pregunta, que pone en aprietos, que oxigena
o abruma, que ahoga o se hace humo: no tienen, en fin, ningún interés en la literatura viva”.1

1 Todas las citas corresponden al artículo de Luis Martínez, “Isabel Allende: Premio Nacional de Literatura”
Letras.s5.com. En: http://opinaenletras.blogspot.com/2010/09/isabel-allende-premio-nacional-de.html (14 diciembre 2010).

2 Ibíd. Creemos que esta tajante división en las opiniones obliga a un análisis de género que no podemos
abordar aquí, pero que es imprescindible tenerlo presente como tarea, sobre todo ante los modos de cada uno
de los grupos de argumentar y concebir la literatura y sus funciones culturales.

3 El Premio Nacional de Literatura, en este sentido, no deja de ser siempre polémico. En torno a la noción del “deber ser” de la literatura que determina las opiniones del jurado y de los que lo comentan, podríamos preguntarnos, por ejemplo, qué hacen dentro de los galardonados el historiador Francisco Encina (1955) o el lingüista Rodolfo Oroz (1978). También dentro de los debates en torno a la calidad, visibilidad y reconocimiento de las figuras premiadas, un caso ejemplar resulta el de Max Jara Troncoso, quien posiblemente es sólo recordado y acaso leído por un grupo reducido de poetas o críticos. El 18 de junio de 1956, según nos cuenta el poeta Manuel Silva Acevedo en el prólogo a las Obras completas de Max Jara, un jurado compuesto por el escritor Eduardo Barrios, en ese entonces rector de la Universidad de Chile, y el *


Sin embargo, y muy a pesar de Uribe, Zambra y Sanhueza, algunas escritoras que sí habían
leído más que un crucigrama, y que también fueron citadas en la muestra de Martínez, respaldaron el
premio. Pía Barros declaró que “antes de ella, las escritoras latinoamericanas no existían. Allende les
dio visibilidad en el mundo”. Teresa Calderón, por su parte, afirmó que: “Allende es un modelo. En
los 60 fue contestataria y feminista, nos mostró que podíamos competir de igual a igual con los
hombres”. Delia Domínguez sugirió que fue Allende quien “demostró que no se necesita ser docto
ni académico para entender la literatura”. Marcela Serrano, profundizando en las posturas anteriores,
sintetizó el juicio: “Isabel Allende forjó el entramado que dio forma a la literatura en español escrita
por mujeres desde el punto de vista de una mujer. Ella abrió las puertas. Hoy día le damos las
gracias”.2

El debate es, sin lugar a dudas, significativo. Más allá de las críticas realizadas a la propia
organización del certamen, los juicios que se centraron fundamentalmente en la figura de Isabel
Allende y su escritura –que representan la mayoría– no solo manifestaron una apertura hacia la
discusión sobre la literatura en un contexto de estancamiento, sino además revelaron claramente
algunas nociones prevalentes sobre el rol de lo literario en el mundo actual.3 Si se mira


*poeta Pablo Neruda, en representación de la Sociedad de Escritores de Chile, resolvieron entregarle a Max Jara el Premio Nacional de Literatura, por “llenar con sus versos una larga etapa de la lírica nacional”. Eso de “llenar” la lírica nacional con sus versos, no deja de ser paradójico, ya que su obra completa no pasa de unas cien páginas: tres breves poemarios: Juventud (1909), ¿Poesía…? (1914) y Asonantes (Tono menor) (1922), los que luego fueron publicados en conjunto en 1934 por el mismo autor en una edición corregida y disminuida, que incluía un puñado de poemas inéditos. Por supuesto, al ser una decisión basada en la calidad – así lo asegura el talante del jurado – la elección despertó, por ejemplo, los siguientes elogios en el crítico Alone: “Max Jara
no es un poeta torrencial; al premiarlo, como en el caso de González-Vera, el de las páginas perpetuamente „corregidas y disminuidas., los miembros del jurado dieron la lección de anteponer la calidad a la cantidad. La belleza no se mide por varas; un átomo desintegrado puede más que montañas vociferantes”. Para nuestro presente, la importancia de los poemas de Max Jara queda, entonces, subordinada claramente a la idea que tengamos de la literatura y su rol en nuestra sociedad. Manuel Silva Acevedo, “Prólogo.” En: Max Jara, En voz baja: obra poética completa. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1997, 19.


desprejuiciadamente se puede discernir que, grosso modo, las líneas argumentales de detractores y
partidarios revelan dos grandes nociones sobre el significado de la literatura en la sociedad. La primera, constituida por los detractores, está fuertemente inclinada hacia el valor “propio” de los textos literarios: diferenciando claramente aquello qué es literatura y aquello que no lo es (Paulo Coelho e Isabel Allende) y hablando, además, de la expansión y exploración del lenguaje que es propia de las buenas obras literarias (entre las cuales no se incluyen, por supuesto, las de Isabel Allende). La segunda línea, constituida por las partidarias, alude a la conexión de estos textos con las repercusiones sociales que tienen. Hablan de visibilidad social de las escritoras mujeres, hablan de cercanía con la sociedad de las obras, hablan de feminismo.

Por paradojal que parezca, en vista del resultado del concurso, es la primera línea –la que
aparentemente salió perjudicada con el resultado– aquella que posee la hegemonía en los círculos
literarios hoy. Esto se nota en el mismo corpus que ya he usado para analizar estas dos nociones
literarias. Mientras el primer grupo habla sueltamente de lo que la literatura debería ser y de lo que
jamás debería ser, el segundo grupo no alude directamente a la literatura de Allende. Serrano es la
excepción al hablar del valor literario que en sí posee el hecho de que Allende haya popularizado la
literatura, pero en términos generales el silencio de las escritoras sobre este punto es revelador y
manifiesta el lugar específico dónde aprieta el zapato en el mundo literario: lo literario ocupa un
lugar sagrado y cualquier alusión que abarque elementos literarios de la obra de Allende más allá de
lo social podría haber profanado dicho espacio, en vistas del “indudable” desprestigio artístico que posee la escritora.

Uno de los rasgos que es más claro en este “grupo” protector de la gran literatura es la
defensa que propugnan de la esfera de lo literario respecto del mercado
, tal como se aprecia en la
inquebrantable oposición a la figura epítome de esta esfera: la escritora Isabel Allende. En torno a la
literatura, existiría para este grupo una dicotomía esencial. De un lado estaría la literatura que bajo la perdurable herencia del pensamiento romántico y sus variaciones filosófico-científicas –la
fenomenología, la estilística, el formalismo y el estructuralismo, entre otras– no dejan de concebir su esfera como un campo autónomo en relación al resto de las instituciones e ideologías sociales.
Un campo plagado de reflexión y exploración subjetiva trascendente, un campo tan especializado que puede ser directamente juzgado solo por agentes expertos en el mismo campo y cuya ponderación, por lo tanto, está fuera de los ámbitos de los conocimientos tradicionales.

Del otro lado estaría el mercado, cuya primera gran manifestación en nuestras latitudes la
conocemos como el Boom de la literatura latinoamericana y que en nuestro país se radicaliza en los
ochenta y noventa a través de la colección Biblioteca del Sur de Editorial Plantea y la conformación
de una “Nueva Narrativa Chilena”.4 Un grupo de escritores fomentados por la editorial, y en algunos
casos por la academia, y cuyos libros alcanzaron gran difusión mediática, a pesar de que la crítica en
muchas ocasiones insistió en la pobreza artística de su confección. Isabel Allende, por supuesto, es
considerada ejemplo epítome de esta literatura de mercado.


4 Nombres reconocidos de esta Nueva Narrativa son los de Diamela Eltit, Alberto Fuget, Gonzalo Contreras, Carlos Franz, Jaime Collyer, Roberto Ampuero, entre otros. Para la larga discusión sobre el aspecto mercantil del Boom se puede empezar con Más allá del Boom: literatura y mercado. México D.F.: Marcha Editores, 1981, libro compilado por David Viñas en el cual se aúnan posiciones y análisis de diversos escritores y críticos del período. Para una revisión actual, se puede consultar también el texto de Pablo Sánchez, La emancipación engañosa: una crónica transatlántica del Boom (1963-1972). Alicante: Universidad de Alicante, 2009.
En el balance de estas dos perspectivas, queda en evidencia que la verdadera literatura
tendría, esencialmente, un valor trascendente, el cual no existe en la literatura de mercado y, en
consecuencia, la función de la crítica sería atrincherar el valor literario contra la usurpación
mercantil, protegerlo para propagarlo y luchar por su entrega intacta al público, ya que ella
“pavimentaría con inteligencia y sabiduría el camino hacia el ansiado desarrollo”5

5 Diego Muñoz Valenzuela, “Editorial del martes 22 de junio de 2010: Premio Nacional de Literatura 2010.” Letras de Chile. En: http://www.letrasdechile.cl/mambo/index.php?option=com_content&task=view&id=1412&Itemid=27 (21
enero 2011).
6Ibíd. Las cursivas son mías.


Estas ideas manifiesta Diego Muñoz, Presidente de la Corporación Letras de Chile, en la
editorial de dicha revista del 22 de junio del 2010, al criticar algunos aspectos de esta premiación,
como la ya aludida baja cualificación del jurado del certamen. Estos reclamos, sin mencionar
explícitamente la dicotomía literatura-mercado que vengo discutiendo, perpetúan implícitamente esta
división, reproduciendo una separación similar entre, por un lado, la literatura, que según los dichos
del crítico solo puede evaluarse a través de la literatura, esto es, de las lecturas que otro literatos
disponen y que los faculta para juzgar las obras y, del otro lado, los ámbitos académicos,
gubernamentales, empresariales y los efectos del marketing, el lobby y los mass media que irían, tal cual como en el caso del mercado, solo en desmedro de lo literario. Lo interesante es que para Muñoz, los elementos identificados como factores perjudiciales para la literatura parecen expandirse por toda la sociedad, ya que, si se siguen al pie de la letra sus declaraciones, la literatura pareciera tener que leerse desde la misma marginalidad social, ya que ni por asomo aparece la voz de la sociedad como potencial decidor del Premio Nacional de Literatura:

Aquí seré categórico: los premios para escritores deben ser concedidos por sus pares.
Cualquier mejora en el procedimiento pasará necesariamente por el establecimiento
de un jurado integrado por una mayoría de escritores, lo cual asegura un
conocimiento más amplio de la creación literaria actual y una ponderación que actúe
fuera de los ámbitos académicos, gubernamentales, empresariales y los efectos del marketing, el
lobby y los mass media. De ese modo podía salvarse cualquier asomo de insolvencia para
llevar a cabo una tarea tan especializada.6

Ante este panorama donde de un lado están las grandes obras artísticas y del otro el
mercado, representado ampliamente en las palabras de Muñoz en los perniciosos efectos
empresariales, del marketing, el lobby y los mass media, creemos que es necesario develar qué significado
cobra el mercado en el mundo literario actual, si el lector omitido en estas declaraciones es visto
como una parte integrante de aquellas esferas y de ser así, cuáles son las políticas que moviliza dicha
equiparación. Nuestra apuesta es que, a pesar de los perniciosos efectos que el mercado puede
indudablemente tener, el mercado funciona también en estas corrientes como coartada ideológica
para reafirmar ciertas ideas sobre la literatura, en un movimiento que posee importantes y negativas
consecuencias en el desarrollo de un campo literario rico, amplio y democrático.




2. El rol del crítico literario hoy: El paradigma Plagio y Letrass.5
La proliferación de revistas digitales sobre la crítica literaria en Chile, además de mostrar el
tesón de los gestores culturales en la actualidad, es un expresivo índice de uno de los rasgos
fundamentales de esta misma crítica: como vimos, la literatura es vista con un valor intrínseco y, por
lo tanto, uno de los cometidos centrales de esta crítica es socializarla, darla a conocer, con la premisa
de que la sola reflexión sobre ella, dado el valor absoluto con que ésta es concebida, es misión más
que suficiente.

Probablemente, uno de los paradigmas más importantes en el espectro de revistas digitales
que han aparecido en los últimos años es Plagio. Si bien los primeros números de Plagio no estuvieron
dedicados propiamente a la crítica literaria, sino a la antología de autores emergentes y a la columna
de opinión sobre temas variados, esta revista y, sobre todo, la visibilidad que adquirió a través de la
organización del popular certamen “Santiago en cien palabras”, reivindicó la posibilidad de crear
proyectos culturales de impacto masivo. Fue ésta además, una de las primeras revistas digitales en
aparecer en el año 2000, solo antecedida por Crítica.cl creada en el año 1997. Si bien Critica.cl arroja
un promedio de 50.000 lectores al mes y es también, una publicación de gran importancia, fue Plagio
y no Critica.cl, de talante más académico, la cual expresó una de las consignas de la nueva corriente de publicaciones digitales: la intención de conectarse masivamente con el público.

Para ello, Plagio generó un lenguaje que abandonó el léxico especializado de las teorías de las
ciencias sociales y añadió una productiva alianza con el lenguaje audiovisual, usando clara estrategias
afectivas de empatía con el público. El cometido era, además, respaldado por la propia procedencia
de los directores de la revista, en su mayoría pertenecientes a disciplinas diversas a la de la literatura.
De hecho, el carácter interdisciplinario de la revista fue representativo de su intención: abarcadora y
social. Al respecto, Ignacio Arnold hace explícita la idea de la revista. Al preguntársele por el
cometido central que buscaba con ésta, él declara: “Generar cultura de calidad con orientación
masiva”.7

7 Ignacio Arnold, cuestionario realizado especialmente para esta investigación.

8 “Proyecto Patrimonio.” Letras.s5.com. En: http://www.letras.s5.com/ppatrimonio.htm (21 enero 2011).


En la misma línea, una revista digital no menos importante, explícitamente mencionada
como modelo por diversos gestores de revistas culturales posteriores, es Letras.s5, creada en el año
2003. Fundada por Luis Martínez, Letras.s5, además de desarrollar una labor de crítica literaria en la
que participan reconocidos intelectuales del mundo cultural actual, cuenta con el Proyecto
Patrimonio que gestiona directamente el recate de textos de diversos actores culturales chilenos en el
soporte digital y esto, de manera pertinentemente ordenada por autor. Además, cuenta con un blog
con el mismo nombre. En él, Luis Martínez desarrolla críticas literarias, y además promociona
eventos culturales de importancia.

La perspectiva de la literatura como un campo de desarrollo humano que debe ser
urgentemente socializado, está especialmente presente en esta revista. Explicando esta perspectiva,
Martínez –quien insiste en reivindicar su procedencia profesional ajena a la academia literaria– en la
página de presentación al Proyecto Patrimonio, explica que “desde siempre el intelectual y el creador
literario han sido referentes obligados de la sociedad en la búsqueda por entender y comprender el
momento histórico, social o político en el que están inmersos”.8 Lo importante para el autor es
reivindicar este material y esclarecer su mensaje mediante la publicación de entrevistas, comentarios,
o artículos de opinión, a través de las cuales… van brotando estas pequeñas piezas, estas pequeñas partículas creativas que van conformando este verdadero “patrimonio”, con los pareceres y pensamientos, análisis e ideas de los creadores literarios. Es aquí, y no en la publicación
especializada o profundamente intelectual en donde se expone al creador a la
pregunta cotidiana, a la explicación del hacer rutinario de su oficio, a su pensamiento
político, a sus odios y sus amores y es aquí también en donde él puede dar a conocer
su realidad como hombre o mujer de oficio creador, sus tribulaciones y demandas en
un mundo cargado de conflictos y que ve en él un referente, un hacedor de opinión, y a quien exige dada su capacidad de visión, se transforme en guía que ilumine el camino a la redención y el entendimiento.9

9Ibíd. Las cursivas son mías.

10 Diego Muñoz Valenzuela, “Editorial del martes 22 de junio de 2010: Premio Nacional de Literatura 2010.” Letras de Chile. En: http://www.letrasdechile.cl/mambo/index.php?option=com_content&task=view&id=1412&Itemid=27 (21 enero 2011).

11 “¿Quiénes somos?” Letras de Chile. En: http://www.letrasdechile.cl/mambo/index.php?option=com_content&task=view&id=48&Itemid=39 (21 enero 2011)



La Corporación Letras de Chile y su revista digital Letras de Chile, lanzada un par de años
antes que Letrass.5 en el 2000, también se arroga el esfuerzo de recuperar el capital de la literatura
chilena, instaurando espacios similares al Proyecto Patrimonio, pero de manera menos sistemática,
en cuanto no posee la clara ordenación autorial de esa revista, sino que presenta una muestra de
ensayos, cuentos y poesías de variados escritores bajo el enlace “Libros on Line”. Las opiniones de
Diego Muñoz, el presidente de la Corporación Letras de Chile, a las cuales ya he aludido, se hacen
eco de aquellas de Martínez en el realce del valor redentor de la literatura en sí misma. Así, Muñoz
declara:

como país debiéramos ocuparnos en estimular el desarrollo de la creatividad, el
intelecto y el goce de la lectura. Ya han hablado los expertos mundiales de la
educación: lo que tienen que hacer los niños es leer, leer y leer. Para eso necesitamos
buenos libros y muchos buenos escritores.
10



Sin embargo, por los menos en sus lineamientos, Letras de Chile manifiesta un carácter
ligeramente diverso a las revistas que he discutido hasta ahora, más enfocada hacia el ámbito
didáctico y social que al artístico. En el enlace “Quiénes somos,” se explica:

Letras de Chile es una corporación de derecho privado que obtuvo su personalidad
jurídica a fines del año 2000, con la finalidad de “contribuir al desarrollo de la cultura
nacional, fundamentalmente desde la perspectiva del fomento del libro y la lectura, buscando la
integración de los escritores como entes activos al proceso de difusión de la literatura, y desarrollando el trabajo conjunto de agentes culturales relevantes, tales como: profesores, bibliotecarios, periodistas, académicos, investigadores, críticos, editores, libreros y distribuidores”.11

 
La apelación a un trabajo conjunto con profesionales del ámbito de la educación implica
implícitamente una diferenciación -en este caso más asociada a una orientación social – al menos
respecto del concepto general de gestión literaria de estas revistas. Así por ejemplo, en un
cuestionario desarrollado para los efectos de esta investigación, donde los voceros de las otras
revistas manifestaban como función fundamental de la crítica la difusión de literatura en sí misma, la
editora de Letras de Chile, Lilian Elphick, cita a Lina Meruane, quien a su vez cita a Josefina Ludmer, para mostrar la función hermenéutica social que ve en la literatura:

La realidad tiene muchísimas zonas y modos (dice Josefina Ludmer, y yo me sumo).
Uno puede entrar a la realidad, o a la construcción de la realidad, a través de cualquier cosa que uno sepa leer. Yo aprendí a leer literatura, no sé leer la sociedad o la historia en sí misma. A mí la crítica pura, sobre un texto o un autor, me aburre […]
Mejor mirar el mundo; pero hay que tener una pantalla, un tarot: el mío es la
literatura. 12

12 Lilian Elphik, cuestionario realizado especialmente para esta investigación.

Algo sobre la crítica chilena...

A PROPÓSITO
DE UN LIBRO DE FEDERICO SCHOPF:


DEL VANGUARDISMO A LA ANTIPOESÍA.
ENSAYOS SOBRE LA POESÍA EN CHILE


Adriana Valdés 


http://www.unabellezanueva.org/adriana-valdes/
 
Se dice que no hay crítica literaria en Chile. Es una de esas afirmaciones a las que se
asiente automáticamente, y que talvez convendría repensar un poco. Al comentar el
último libro de Roberto Merino sobre Santiago, alguien decía que no era la ciudad la
que carecía de interés, sino las miradas de quienes la observaban. Merino se las arregló
para componer un personaje, un mirón, un desocupado lector de Santiago, y la
ciudad se llenó de rincones y vericuetos antes invisibles, se armó en la imaginación.

Solo a modo de deseo: sería interesante volver a armar en la imaginación un mapa
de la crítica literaria en Chile. John P. Dyson, con la acuciosidad entonces sorprendente
de un estudiante norteamericano de postgrado, lo hizo en los años sesenta; fue publicado
por la Editorial Universitaria. Al continuar una tarea semejante, habría que
tomar en cuenta que en los años setenta, y sobre todo a partir de 1973, el quiebre de la
convivencia nacional y las diversas formas del exilio desperdigaron por el mundo –o
acallaron en el país– casi todas las voces de la crítica. Por cierto salieron perdiendo
todos, incluso Ignacio Valente, que se quedó sin interlocutores críticos en el medio
literario, paseándose a su antojo por un terreno vaciado y acallado. Más de veinte años
después, en 1995, los académicos María Nieves Alonso, Mario Rodríguez y Gilberto
Triviños publicaron en Concepción La crítica literaria chilena, registro de un encuentro
sobre el tema, haciendo una aclaración necesaria: lo hacían “sin suprimir desniveles,
sin el maquillaje de la eliminación en nombre del estilo, del rigor o de la lucidez”.
Su ironía reflejaba un triste estado de cosas en la crítica –más bien la periodística– y en
los textos que presentaban en el volumen. En estos últimos años, compruebo una subrepticia
nostalgia de Valente: “Contra Valente estábamos mejor”, parecen decir muchos
de sus potenciales antagonistas, haciéndose eco del “contra Franco estábamos
mejor”, de los inicios de la democratización española.

Existen, desperdigadas, las voces de la crítica chilena posterior al setenta. En un
ámbito que no es el periodístico, la colección “Texto sobre texto”, de la Editorial


REVISTA CHILENA
DE LITERATURA Nº 60, 2002

LOM, está haciendo un buen aporte para integrarlas a ese mapa imaginario. Va estableciendo
de a poco (y con baches) su perfil. No hace mucho pude comentar el excelente
libro que es Leído y anotado, de Pedro Lastra, y leer en Literatura y libros el
comentario de Diez tesis sobre la crítica, de Grínor Rojo, otro libro útil y atractivo,
que traza la línea de un horizonte teórico contemporáneo para la crítica. Han recuperado
también, con otro título, un estudio contundente de Jorge Guzmán sobre César
Vallejo, básicamente el mismo que publicó en Chile en 1991. Y recientemente apareció
en esa colección Del vanguardismo a la antipoesía. Ensayos sobre la poesía en
Chile, de Federico Schopf (varios de cuyos ensayos fueron publicados en primera
versión, en Italia, 1986).

Este último libro vino a mi auxilio hace poco, al tratar de analizar una cierta incomodidad
que producen los poetas que no se han bajado todavía del Olimpo, que siguen
–como si nada– viéndose a sí mismos como Hölderlin fue visto por Heidegger en
su famosa conferencia acerca de la poesía. “Los poetas mienten demasiado”, es frase
de Nietzsche citada por Schopf. Quizás qué historia tendrá la poesía en este siglo, el
veintiuno; pero la historia de la poesía en el siglo pasado, el veinte, es en gran medida
un reflejo de una irritación ante esa supuesta mentira, una “empresa de desublimación”.
Ese tema se sigue muy bien a lo largo de los distintos trabajos que componen Del
vanguardismo a la antipoesía, y podría ser su leitmotiv. Está estudiado a lo largo de
la poesía chilena del siglo veinte (hasta Poemas y antipoemas) en forma concreta y
documentada, atenta a las intencionalidades y los procedimientos de la poesía y a
cómo se modifican en el tiempo. Una de sus virtudes es hacer visible el contexto de la
producción y de la recepción de las obras de Huidobro, Neruda y Parra, y con ello gran
parte de la escena intelectual del Chile de entonces, harto más compleja e interesante
que lo que se suele recordar. Aporta asimismo (fragmentariamente, dice) elementos
del contexto latinoamericano e internacional, muy significativos en relación con estos
tres poetas. En muchas páginas, las citas y las asociaciones de ideas sorprenden y
divierten: aprovechando dos versos de Neruda, en “esta red no sólo el hilo cuenta/sino
el aire que escapa de las redes”.

En “el aire que escapa de las redes”, se pueden observar de soslayo ciertos cambios
de perspectiva y de énfasis en la escritura crítica del autor. Corresponden a los
distintos públicos para los cuales escribió a lo largo de su exilio y también a su vuelta
a Chile, y reflejan modificaciones del pensamiento acerca de la literatura, con lo que
marcan en muchos casos sus fechas de producción. Faltó una revisión editorial más
acuciosa, capaz de eliminar repeticiones y de corregir las numerosas erratas. Lo digo
pensando en el nuevo público que tendrá el libro, cuando se transforme en referencia
ineludible para los estudios académicos y para el mapa imaginario de la crítica chilena
del que comienza hablando este artículo.

Una de las notas de este libro habla de “la distancia casi infinita que me separaba
de mi país” en el momento de la escritura de algunos de sus trabajos. Al leer eso pensé
en dos otros libros de ensayos que acaban de aparecer, uno de Waldo Rojas, desde
París (Editorial de la Universidad de Santiago), y otro de Oscar Hahn, desde Iowa,
también en LOM. Creo que esos trabajos sorprenderán por su alto nivel de reflexión
sobre la literatura. El aporte de los poetas exiliados de la generación del sesenta a la


Algo sobre la crítica chilena...

crítica chilena se perfila como un buen tema, lleno de aristas; regalo la sugerencia a
futuros estudiosos. (Hay jóvenes que vienen entrando fuerte).

Mientras tanto, sigo aplicadamente recomponiendo en mi imaginación un posible
mapa de la crítica chilena posterior a 1973. Hoy por hoy, al dibujarlo no aparece un
continente, sino más bien un archipiélago. Hay tierras firmes, pero discontinuas y
escasamente comunicadas. Talvez para estos y otros autores una próxima tarea esté en
conseguir un nivel equivalente de reflexión en textos más breves, más capaces de
influir de manera inmediata en la opinión pública y de dialogar entre sí, plantándose
esta vez frente a frente al público lector del Chile actual (harto desconocido, pero con
algunas señales de vida que interesa reforzar).






Adriana Valdés

Ensayista

Adriana Valdés


Obras:

Libros propios:
  • Enrique Lihn, Textos  sobre arte, Adriana Valdés y Ana María Risco, editoras, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2008.
  • Enrique Lihn – vistas parciales, Santiago, Editorial Palinodia, 2008.
  • Memorias visuales- Arte contemporáneo en Chile, Santiago, Ediciones Metales Pesados, 2006.
  • Composición de lugar – Escritos sobre cultura, Santiago, Editorial Universitaria, 1996.
Libros colectivos:
  • La política de las imágenes, Alfredo Jaar,  Georges Didi-Huberman,  Griselda Pollock, Jacques Ranciére, Nicole Schweizer, Adriana Valdés, Santiago de Chile, Metales Pesados, 2008.
  • Mujeres chilenas. Fragmentos de una historia,  Sonia Montecino, compiladora, Santiago de Chile, Editorial Catalonia, 2008.
  • Federico Galende, Filtraciones 1- Conversaciones sobre arte en Chile (de los 60s a los 80s),  Santiago, Editorial ARCIS/ Editorial Cuarto Propio, 2007

Sobre traducciones de obras literarias


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Delia Domínguez - Enérgica Paloma de los Montes.


   

Delia Domínguez

                     Enérgica Paloma de los Montes.

por Sandra Maldonado.


   

Delia Domínguez Mohr, nació en el Chile del Sur en 1931.  Descendiente de colonos alemanes, su vida transcurre entre su gran casa en Santa Amelia de Tacamó, su departamento en Santiago y sus viajes a distintos países del orbe.



Por su justa combinación entre lo rural y lo refinado es que tiene una opinión favorable de la crítica.  En sus poemas se puede encontrar un tono de voz profundo y una profunda religiosidad.  El humor, ácido y nada complaciente, también esta presente en su vasto oficio creativo.  Es también miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua y muy amiga del pintor Claudio Bravo que ha ilustrado las portadas de sus últimos libros.



Ha publicado "La Tierra nace al canto", 1958;  "Parlamento del hombre claro", 1963;  "Contracanto", 1968;  "El sol mira para atrás", 1973;  "Pido que vuelva mi ángel", 1982;  "La gallina castellana y otros huevos", 1995; "Huevos revueltos", 2000.



Es la única mujer nominada al Premio Nacional de Literatura 2004.


Con una agenda muy ocupada en estos días en que se celebran los cien años del nacimiento de Neruda, con quien compartió una profunda amistad, tuvo la gentileza de recibirnos en el calor de su hogar.



Se dice que nació a la vida literaria bajo el alero de Neruda.  Él la llamaba   "Enérgica paloma de los Montes". ¿ Por qué la llamaba así ? ¿ Qué recuerdos tienes de tu primer encuentro con Neruda ? 



Gracias, Sandra,  por pedirme estas palabras de amor y de honestos recuerdos hacia lo que es y sigue siendo Pablo para mí y para el mundo entero.  Soy una agradecida de Dios  por haberme topado con él en este tránsito por la vida.



Yo nací bajo su alero literario por algo muy divertido y muy de infancia.  Cuando estaba en el colegio de las monjas alemanas en Osorno, interna porque mi madre había muerto cuando yo tenía 5 años, muy sola, tanto que hablaba con los perros y los caballos.  Era una niña transgresora e insolente por lo cual las monjas me encerraban castigada.  En uno de esos castigos leí en la revista "Margarita" las bases para un concurso nacional de poesía para los alumnos de enseñanza básica que se llamaba "La uva", allí escribí un poema sin saber claramente qué era un poema, y con él gané el primer premio.  De Santiago, el ministerio de Educación envió un diploma  a mi colegio que fue recibido en la rectoría de donde me llamaron.  Allí, la reverenda madre me dijo: "niña hipócrita, por qué no me dijo que usted era poeta" y me mostró el diploma de reconocimiento. ¡Mira la monja lesa!, en vez de felicitarme me retaba porque yo no le dije que había participado en ese concurso. Desde entonces, cuando tenía siete años,  me llamaron sarcásticamente  la Neruda-Domínguez.



Más tarde, en la Universidad y con 17 años estudiando Derecho, participé en el concurso Alerce de la Sociedad de Escritores donde obtuve también un premio y que me entregó personalmente Pablo quién era Director de la SECh en ese entonces.  Dándose cuenta de mi provincianismo me preguntó de forma muy cariñosa cómo es que escribía y le conté mi anécdota con las monjas; entonces levantó su brazo como una gallina clueca, me puso debajo y no me soltó más, nunca,  hasta los pocos días antes de morir donde yo lo acompañé mucho en Isla Negra.



Siempre anduve por esas corrientes, esos ríos nerudianos.  A él le gustaba llamarme "enérgica paloma de los montes".  Todos los años iba a visitarme al campo donde vivo que se llama Santa Amelia de Tacamó, que es una voz quechua muy hermosa que significa lugar de patos que no vuelan.  Allí compartíamos los bosques, los caballos, la brama de los ciervos; y yo, por mi actividad en el campo, tenía además que manejar tractores, ver la tierra.  Así, Pablo me decía que yo era una mujer muy vital y enérgica, pero como una paloma.  De esta forma él me puso este nuevo nombre, "enérgica paloma de los montes", el cual llevo con orgullo.



Me dijo recién que compartían "la brama de los ciervos". ¿Qué es eso?.



Mira, cuando Pablo iba a verme con Matilde al sur, no iba a veranear.  Él iba en otoño, así que inventó un verbo que se llamó "otoñar": yo otoño, tú otoñas, él otoña...Y así lo prefería por que entre marzo y abril se produce en esos campos el tiempo de brama de los ciervos, que es cuando estos animales están en celo y se reproducen.  Hay grandes criaderos de ciervos en esos lugares especialmente en la Isla Guapi que es, te cuento, donde Pablo tenía su refugio secreto, su guarida; una cabaña pequeña de cuatro por seis metros enclavada en un terreno que le regaló Don Helmut Schilling y su señora, que eran cónsules de Alemania y muy amigos de él.  Esta cabaña aún se mantiene intacta.



Durante la brama de los ciervos los machos atraen a las hembras bramando.  Los machos viejos marcan su territorio con una meada y los machos más jóvenes, si es que se atreven a pasar por ese lugar se ven enfrentados a grandes cornadas donde se disputan la territorialidad y el ciervo que gana se queda con las hembras.
   



Te contaré una anécdota que la saben todos los que conocíamos de cerca a Pablo:  te diré que él tenía un "oído de paila", pero de "paila ¿entiendes?, porque yo creo que ni siquiera sabía la melodía de la canción nacional.  Entonces él se consiguió con los lugareños un cuerno viejo de buey y se ponía debajo de un manzano en la tarde a soplar el cuerno y a imitar el bramido de los ciervos, pero resulta que era tan desafinado que nunca vi a una señorita hembra cierva acercarse a los bramidos que daba el poeta.



Dentro de las generaciones literarias ¿Tú te sientes partícipe de la generación del '50?



Absolutamente, me siento integrante de esa generación.  Tengo grandes amigos como José Donoso, tremendo representante del '50; el mismo Lafourcade, Claudio Giaconni y otros narradores.  Ellos fueron los fundadores de la generación del '50 y allí los poetas nos subimos al carro.  De los poetas están Barquero, Enrique Lihn, que es la antítesis de Barquero en el lenguaje; está David Rosenmann Taub; Armando Uribe; la Stella Díaz Varín que para mí es grandiosa, poeta tremenda de las esencias; está la Sara Vial de Valparaíso; Miguel Arteche, que es glorioso. 



Cómo no recordar a Jorge Teillier, a quien adoro como persona y poeta, y que alcanzó a oír unos versos que le dediqué en la versión de 1996 de "La Gallina Castellana" en donde lo nombro, que se llama "Adios diente de leche", unos meses antes que muriera. Casi como una premonición.  Aunque él es posterior, era más joven que nosotros y perteneció junto a Jaime Quezada y  Floridor Perez a la Generación dispersa, esa de la dictadura de Pinochet, donde también escribían Omar Lara, el grupo Trilce de Valdivia.

   

De Enrique Lihn recuerdo que él era un señero, un taita de la generación del '50 con una poesía en la onda parriana, de Anguita y Díaz  Casanueva. Una poesía más intelectual, más de elite en su construcción.  Poesía no con la raigambre sólo de la tierra como nosotros, más láricos; sino que más elaborada en cuanto a conocimientos profundos de la poesía europea y norteamericana.  Lihn me produce un respeto tremendo a pesar de ser de otra corriente como lo es Uribe; ambos son poetas intelectuales.  Yo no, yo soy una poeta de la tierra.  Para mí el diálogo con el ser humano está antes que el diálogo con los libros, por eso digo que sé cosas que no están en la literatura sino en la tradición oral de mi cercanía, por ejemplo, con los poetas Mapuches, Huilliches y Chonos desde La Frontera al Sur.  Ellos me pusieron otro nombre: butahuillimapu, que en Mapudungún significa vieja de las grandes tierras del Sur.



¿Con qué sueña Delia Domínguez?

Yo sueño con tener luz en mi cabeza hasta que Dios diga. Sueño con que estos nietos míos mestizos y no mestizos y la gente simple del pueblo sienta mi poesía y que yo pueda trascender, ya que no tuve hijos de carne y hueso, en los niños y en los sueños de las mujeres de Chile.  Con eso me doy por muy bien premiada sobre todo en estos tiempos electorales donde estoy nominada al Premio Nacional y soy la única potranca que va en esta carrera.



Quiero trascender.  En esto soy muy mistraliana, porque donde Mistral perdura en sus rondas, yo quiero perdurar en mi canto a lo humano y a lo divino, como la Violeta.  Sin embargo he tenido la gran suerte de estar viviendo esto a mis 70, porque ya hay una escuela que se llama Delia Domínguez en mi tierra natal, que fue bautizada así como un homenaje a mi persona cuando no gané la versión anterior del Premio Nacional de Literatura.  ¡Por Dios que premio más grande! Eso es mucho más que cualquier reconocimiento oficial.



Parafraseando a Oscar Hahn. ¿Por qué escribe usted?.



Yo escribo porque junto con la respiración me nacieron los sueños, la necesidad de ternura, de confiar en alguien.  Por un simple y elemental deseo de comunicación humana, tejido por una comunicación con mis hermanos.  Encuentro en la vida actual hay tanto artificio, tanta violencia, tanta agresividad, tanta electrónica que creo que se nos está enfriando la sangre.  Yo, por principio, escribo a mano en cuadernos, porque estoy contra la deshumanización del arte a la cual nos ha llevado internet, la electrónica y la "apretación de botones".



¿Cómo construyes tus poemas?



Mi proceso literario es muy particular, soy transgresora, ajena a las reglas, a
   

pesar de pertenecer a la Academia Chilena de Lengua.  Mi proceso literario debe ser como cuando las pájaras van a poner huevos y las mujeres van a dar a luz.  Casi no es un proceso, es un sentir.  Para mí el acto de crear es como una parición, donde se me comprometen el pelo, los huesos, incluso a veces me da fiebre porque todo lo que hago me involucra el ser entero.  Pero no tengo un sistema preestablecido ni busco incentivos de sabiduría exquisita.  Mis incentivos pueden ser una palabra, escuchar al pasar los ojos de un viejo pobre mendigo, puede ser un niño que va descalzo a la escuela con lluvia y los pies partidos por el granizo y puede ser también el relincho de un caballo o la mirada de mis volcanes donde aprendí a anunciar los climas mucho mejor que en la televisión, porque se qué significa "la vaca pelada" sobre la cordillera de los andes o lo que significa "el sombrero del volcán Osorno".



¿Y qué significan esas cosas, Delia?



Una vez se lo expliqué a Pablo, también.  Eso es muy de la provincia de Los Lagos donde existen varios volcanes: el Puyehue, el Puntiagudo, el Tronador, el Calbuco y el Osorno, que es muy hermoso y se le compara con el Fujiyama de Japón.  Cuando quieres saber si va a llover o no, miras al amanecer, a las 5 de la mañana entre el Calbuco y el Osorno y si se pone una nube roja como un lomo estirado quiere decir que va a llover de todas maneras.  El campesinado dice que amaneció "la vaca pelada", y es infalible.



   

¿En qué estás ocupada en estos momentos? ¿Cuáles son tus proyectos literarios?



En estos momentos estoy invitada a Munich en Alemania para el lanzamiento "La Gallina Castellana y Otros Huevos" en su edición bilingüe, traducida por Curt Meyer-Clason que es un ensayista y profundo conocedor de la literatura española y portuguesa.



A fines de Agosto voy a México con Antonio Skármeta a unas mesas redondas en la UNAM, que es la Universidad Autónoma de México.  Después, en Noviembre estoy invitada por la Embajada de Chile a unas charlas en Washington para hablar a cerca de Neruda.  Luego, de nuevo a México a la Feria del Libro de Guadalajara.  A parte de eso, estoy trabajando en primer libro en narrativa  que es una suerte de memorias, mitad recuerdos, mitad inventos que se va a llamar "Carpetas de una China Indecente".

Alejándonos de la literatura ¿Con qué cosas te diviertes? ¿qué te gusta hacer?



Esto es absolutamente a parte de la literatura.  Me gusta estar en el campo, en Tacamó y trabajar en el huerto, nunca con guantes, por eso mis manos están así todas desechas.  Me gusta cultivar verduras, meter las  manos en la tierra  porque es como meterlas adentro de mi madre.  Estoy orgullosa de ser entendida en papas, tengo como siete clases distintas de papas en mi huerto.  Me gusta trabajar con el asadón y la pala, también jardinear pero soy más hortelana que jardinera porque no me gustan los jardines peinados sino desordenados.



También me encantan criar caballos. Tengo una historia con Pablo a cerca de eso:  a él le gustaba montar a La Ocurrencia, una yegua alazán preciosa que fue varias veces campeona de Chile que era de un hermano mío que es Corralero; ahora yo tengo a la nieta de ella, a La Ocurrencia tercera. Me gusta estar con los animales, sentir su olor y también ver el vuelo de los pájaros; sé el horario del acueste de los pájaros en invierno, entonces nunca miro el reloj, sé que a las cinco y media empiezan a acostarse los pájaros de agua, las bandurrias y  las garzas que son aves semiacuáticas duermen en las copas de los árboles.



Me gusta cocinar, inventar comidas; nadar en los ríos; y también pescar, soy una experta en pesca de salmón.  Muchas veces pretendí enseñarle a Pablo a armar los anzuelos para pescar salmones cuando iba a otoñar, nunca aprendió porque era inepto de manos, incluso una vez, te contaré (y perdóname Pablo), estábamos en una pesca y me dijo que quería una fotografía con un salmón para mandarla a España; "ya - le dije - póngase ahí y cuando esté listo me pega un gritito para tomarle la foto" y Pablo, lo que había hecho, es que había contratado a un empleado de campo que estaba detrás de una mata zarzamoras con un pescado muerto, entonces él debe haberle hecho una seña y el empleado ensartó el anzuelo, que era una cuchara española, en el
   

salmón y se lo entregó.  El Neruda Nóbel exclamó "¡listo!, tome la foto, hija".  Yo miro y veo un pescado lánguido y le digo "¡Ah, no!, si quiera muévale  la lienza al menos para que se crea que es un salmón vivo".


   

Siempre terminamos las entrevista dándole tribuna abierta a nuestros invitados. Puedes decir lo que tú quieras.



Sandra, niña mía, te agradezco esta tribuna abierta para decir a Chile y a quien esté leyendo esto que doy gracias a Dios por haber estado sobre la tierra ahora, hoy, cuando Pablo está cumpliendo 100 años porque sé que son los primeros cien y que van a haber muchos otros.  Pido que alcance todavía a ver otras celebraciones en los niños que vienen después  de nosotros y espero tener, como dice la señora de Rupanco en el campo, bueno el  cerebro  de  atrás  y  seguir  lúcida.  Aunque  si  algún  día  pierdo la  lucidez,

también porque voy a estar respirando y porque he escrito poesías que ya los niños las están diciendo por sus bocas puras, incontaminadas, en los campos y en las escuelas de Chile.





Algunos poemas de Delia Domínguez
   


   

Adiós dientes de leche      





Si desaparezco por desaparecimiento –acto natural–

será mi Dios que terminó la muda de los dientes,

que la infancia no siguió corriendo             que por algún lado

me llegó la hora de cargar con el juicio de

la muela del juicio.





Pero si desaparezco por muerte –acto natural– sólo será

una imitación de muerte, un paso de baile para recuperar la

leche de mis inocencias y de mis indecencias,





porque si todo sigue, más o menos igual, y las bandadas

de gansos vuelven a pasar con Nils Hölgerson (o con Teillier)

a una cuarta de mi cabeza y tú, mi Dios, decides

darme asiento como allegada en las afueras del paraíso

y decides que luzca como angelito de arriba en vez de

angelita de abajo,





tendré que pronunciarme entre la salvación y la condenación

–sin saber cuál es la salvación tendré que pronunciarme–,





y sin abrir la boca para que nadie me haga saltar la leche

de los dientes de leche, entonces               despedida y

muda ante ti,                   mi Dios.



Delia Domínguez

de La Gallina Castellana y otros huevos,

Tacamó Ediciones, Chile, 1995 .

   



    

Veo la suerte por las yeguas    



Se revuelcan las yeguas en el pasto ovillo          como jugando

como muriendo              las yeguas.




No se paran las yeguas, yo digo                es la malura,

yo digo                alguien muere hoy

algo grande va a pasar aquí si no se paran pronto

estas yeguas mulatas

que me trajinan por el sistema arterial

por el hueso sacro

por el sistema cerebro-inmemorial

con toda la historia de la casa            como las Polonesas

el Danubio                     y la Marcha Triunfal.





Las señales no mienten,

si no se paran las yeguas se nubla toda la suerte.

Naipe revuelto                a estas alturas

nadie puede ordenar a los hijos del paraíso.





Todo es un galope de yeguas volteadas

sobre el óxido empastado de América del Sur.





Delia Domínguez

en La Gallina Castellana y otros huevos,

Tacamó Ediciones, Chile, 1995

   


       




   

Papel de antecedentes      





Yo, católica              mestiza

minimalista y campesina. 



Yo, perrera y jineta del viento               de ombligo

marrado a la telúrica                  madrecita tierna

de nunca acabar.



Yo, de sesenta para arriba y para abajo

me sé de corrido los Diez Mandamientos,

El Ojo (o-j-o)         y la Pastoral de L. Van Beethoven.



Delia Domínguez

en La Gallina Castellana y otros huevos,

Tacamó Ediciones, Chile, 2002
   





     FUENTE:http://www.poesias.cl/index.htm

   

   

       


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