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jueves, 13 de octubre de 2016

Billy Collins / 5 POEMAS



Billy Collins / 5 POEMAS

Billy Collins nació en Nueva York en 1941. Es poeta de reconocido prestigio en los Estados Unidos, partidario de la claridad formal y constructiva, de una poesía fácilmente comprensible a nivel lingüístico y que elude cualquier tipo de sujeción métrica o estrófica. Ello ha contribuido sin duda a la gran popularidad de que goza en su país; en el ámbito anglosajón europeo, los asistentes a sus recitales le han llegado a preguntar «cuándo va a dejar de hacer prosa» [sic]. A quienes definen como ‘fácil’ su poesía, opone él la noción de ‘hospitalaria’.






Invención


Esta noche la luna es una galleta
mordida
flotando en el cielo,

y en una semana más o menos
según el calendario
probablemente parezca

un plateado balón,
y hace nueve, diez días tal vez
me recordaba una afilada y delgada uña.

Mas finalmente—
a últimos de mes,
calculo—

se consumirá
hasta ser nada,
nada más que estrellas en el cielo,

y tendré algunas noches
para mí mismo,
tiempo para dar reposo a mi agitada pluma.


·


Invention


Tonight the moon is a cracker,
with a bite out of it
floating in the night,

and in a week or so
according to the calendar
it will probably look

like a silver football,
and nine, maybe ten days ago
it reminded me of a thin bright claw.

But eventually --
by the end of the month,
I reckon --

it will waste away
to nothing,
nothing but stars in the sky,

and I will have a few nights
to myself,
a little time to rest my jittery pen.







Otra razón por la que no guardo una pistola en casa


El perro de los vecinos no va a dejar de ladrar.
Está ladrando con el mismo sonoro y rítmico ladrido
con que ladra cada vez que se van de casa.
Deben de ponerlo en marcha cada vez que se van.

El perro de los vecinos no va a dejar de ladrar.
Cierro todas las ventanas de la casa
y pongo una sinfonía de Beethoven a todo volumen
mas aún puedo oírlo amortiguado a través de la música,
ladrando, ladrando, ladrando,

y ahora puedo verlo sentado entre la orquesta,
alzando la cabeza con aplomo como si Beethoven
hubiera incluido una parte para ladrido de perro.

Cuando el disco se acaba, sigue ladrando,
allí sentado en la sección de oboe ladrando,
sus ojos fijos en el director, quien
le marca con su batuta

mientras el resto de músicos escucha en respetuoso
silencio el famoso solo para ladrido,
esa coda sin fin que fue lo primero en consagrar
a Beethoven como genio innovador.


·


Another Reason Why I Don't Keep A Gun In The House


The neighbors' dog will not stop barking.
He is barking the same high, rhythmic bark
that he barks every time they leave the house.
They must switch him on their way out.

The neighbors' dog will not stop barking.
I close all the windows in the house
and put on a Beethoven symphony full blast
but I can still hear him muffled under the music,
barking, barking, barking,

and now I can see him sitting in the orchestra,
his head raised confidently as if Beethoven
had included a part for barking dog.

When the record finally ends he is still barking,
sitting there in the oboe section barking,
his eyes fixed on the conductor who is
entreating him with his baton

while the other musicians listen in respectful
silence to the famous barking dog solo,
that endless coda that first established
Beethoven as an innovative genius.







Consuelo


Qué agradable no viajar a Italia este verano,
recorrer sus ciudades y ascender la pendiente de sus tórridos pueblos.
Cuánto mejor deambular por estas calles familiares,
absorbiendo el significado de cada cartel y señal de tráfico
y los bruscos gestos que hacen con la mano mis compatriotas.

No hay conventos aquí, ni frescos desmoronados o famosas
cúpulas y no es necesario memorizar una sucesión
de reyes o pasear los húmedos rincones de los calabozos.
No es necesario dar vueltas en torno a un sarcófago, contemplar
la cama diminuta de Napoleón en Elba, o los huesos de un santo en redoma.

Cuánto mejor dominar el simple recinto hogareño
que empequeñecerse ante columna, arco o basílica.
¿Por qué hundir la cabeza en locuciones extranjeras y arrugados mapas?
¿Por qué meter paisajes en una hambrienta cámara de un sólo ojo
ansioso de tragarse el mundo, monumento tras monumento?

En vez de recostarse en un café ignorando cómo se dice helado,
bajaré a donde el coffee shop y la camarera
conocida como Dot*. Me deslizaré en la corriente del periódico
matutino, las barreras del lenguaje destruidas,
los ríos del idioma fluyendo libremente, los huevos despachados sin problema.

Y tras el desayuno, no tendré que buscar a alguien
deseoso de fotografiarme rodeando con mi brazo al propietario.
No repasaré la factura ni registraré en un diario
qué tuve que comer y cómo incidía el sol en la ventana.
Basta con volver a subirse al coche

como si fuera el gran automóvil del mismísmo idioma inglés
y haciendo sonar mi cuerno** vernáculo, acelerar
por una carretera que nunca me llevará a Roma, ni siquiera a Bolonia.


* El nombre propio de la camarera, Dot, diminutivo de Dorothy, tiene en inglés como nombre común el significado de ‘punto’ ortográfico.
** La palabra Horn significa 'cuerno', 'trompa acústica' y también 'bocina del coche'.


·


Consolation


How agreeable it is not to be touring Italy this summer,
wandering her cities and ascending her torrid hilltowns.
How much better to cruise these local, familiar streets,
fully grasping the meaning of every roadsign and billboard
and all the sudden hand gestures of my compatriots.

There are no abbeys here, no crumbling frescoes or famous
domes and there is no need to memorize a succession
of kings or tour the dripping corners of a dungeon.
No need to stand around a sarcophagus, see Napoleon's
little bed on Elba, or view the bones of a saint under glass.

How much better to command the simple precinct of home
than be dwarfed by pillar, arch, and basilica.
Why hide my head in phrase books and wrinkled maps?
Why feed scenery into a hungry, one-eyes camera
eager to eat the world one monument at a time?

Instead of slouching in a café ignorant of the word for ice,
I will head down to the coffee shop and the waitress
known as Dot. I will slide into the flow of the morning
paper, all language barriers down,
rivers of idiom running freely, eggs over easy on the way.

And after breakfast, I will not have to find someone
willing to photograph me with my arm around the owner.
I will not puzzle over the bill or record in a journal
what I had to eat and how the sun came in the window.
It is enough to climb back into the car

as if it were the great car of English itself
and sounding my loud vernacular horn, speed off
down a road that will never lead to Rome, not even Bologna.








Junto a una piscina en las afueras de Siracusa


He pasado toda la tarde luchando por conseguir comunicarme en italiano con Roberto y Giuseppe, que han empezado a parecerse a los dos personajes de mi Italiano para Principiantes, esos que están siempre de compras o preguntando por horarios de trenes, y ahora apenas puedo hablar o escribir en Inglés.


·


By A Swimming Pool Outside Syracusa

All afternoon I have been struggling to communicate in Italian with Roberto and Giuseppe, who have begun to resemble the two male characters in my Italian for Beginners, the ones who are always shopping or inquiring about the times of trains, and now I can hardly speak or write English.




Goya - Autorretrato



Sombrero de candelas


En la mayor parte de los autorretratos es el rostro lo que domina:
en Cézanne son dos ojos nadando en pinceladas,
Van Gogh mira fijamente desde un oscuro halo en torbellino,
Rembrandt asoma como si se tomara un respiro
del cuadro Sansón cegado por los filisteos.

Pero en éste, Goya está bastante alejado del espejo
y se nos muestra ante la mesilla de su estudio
frente a un lienzo recostado en un alto caballete.

Parece dirigir una sonrisa hacia nosotros, como si supiera
que nos divertiría contemplar su extraordinario sombrero,
cuya cinta a todo alrededor está llena de sujetavelas,
un artilugio que le permitía trabajar de noche.

No puedes sino preguntarte cómo sería
llevar un candelero así en la cabeza
como si fueras un salón o una sala de conciertos andante.

Mas una vez has visto este sombrero, ya no necesitas leer
ninguna biografía de Goya ni memorizar fechas.

Para comprender a Goya sólo tienes que imaginarlo
encendiendo las velas una a una, y luego poniéndose
el sombrero, preparado para una noche de trabajo.

Imagínalo sorprendiendo a su mujer con el nuevo invento,
la risa como ante un pastel de cumpleaños cuando viera ella el resplandor.

Imagínalo parpadeando a través de las habitaciones de su casa
en compañía de sombras que vuelan por los muros.

Imagina que un viajero perdido llamara a su puerta
una oscura noche en la colina, país de España.
‘Pase’, le diría, ‘estaba retratándome a mí mismo’,
parado en el umbral y sosteniendo el mango de un pincel,
iluminado bajo el fulgor de su famoso sombrero de candelas.


·



Candle Hat


In most self-portraits it is the face that dominates:
Cezanne is a pair of eyes swimming in brushstrokes,
Van Gogh stares out of a halo of swirling darkness,
Rembrant looks relieved as if he were taking a breather
from painting The Blinding of Sampson.

But in this one Goya stands well back from the mirror
and is seen posed in the clutter of his studio
addressing a canvas tilted back on a tall easel.

He appears to be smiling out at us as if he knew
we would be amused by the extraordinary hat on his head
which is fitted around the brim with candle holders,
a device that allowed him to work into the night.

You can only wonder what it would be like
to be wearing such a chandelier on your head
as if you were a walking dining room or concert hall.

But once you see this hat there is no need to read
any biography of Goya or to memorize his dates.

To understand Goya you only have to imagine him
lighting the candles one by one, then placing
the hat on his head, ready for a night of work.

Imagine him surprising his wife with his new invention,
the laughing like a birthday cake when she saw the glow.

Imagine him flickering through the rooms of his house
with all the shadows flying across the walls.

Imagine a lost traveler knocking on his door
one dark night in the hill country of Spain.
"Come in, " he would say, "I was just painting myself,"
as he stood in the doorway holding up the wand of a brush,
illuminated in the blaze of his famous candle hat.






lunes, 26 de septiembre de 2016

CÓMO LEER UN LIBRO, CONSEJOS DE VIRGINIA WOOLF


En un maravilloso ensayo, Woolf nos convida las herramientas para llegar a los placeres más hondos y amplios de leer.

Antes de abrir paso a las encantadoras recomendaciones de Virginia Woolf sobre cómo leer un libro, habría que pensar en por qué leer un libro, lo cual está directamente vinculado a saber estar solos. La aversión cultural por la soledad termina por privarnos de sus bondades, y la lectura es una de ellas; un acto nutritivo si bien esencialmente solitario. Uno lee, dice Harold Bloom, porque “la proximidad que podemos llegar a sentir con los autores de nuestros libros es proximidad con nosotros mismos”. Leer sirve, entre otras cosas, para aprender a disfrutar nuestra compañía, y esto no es idealismo, sino pragmatismo; “la lectura sirve para prepararnos para el cambio, y lamentablemente el cambio último es universal”, sostiene Bloom.

Woolf comienza su ensayo de 1925 “¿Cómo debería leerse un libro?” con esta maravillosa advertencia: “Por cierto, el único consejo que una persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos, que siga su propio instinto, que utilice su sentido común, que llegue a sus propias conclusiones”. Ya habiendo aclarado esto, Woolf nos convida sus sugerencias para llegar a los placeres más hondos y amplios de leer.

La mayoría de las veces llegamos a los libros con la mente confusa y dividida, exigiendo a la ficción que sea verdad, a la poesía que sea falsa, a la biografía que sea aduladora, a la historia que refuerce nuestros propios prejuicios. Si pudiéramos desterrar todas esas ideas preconcebidas cuando leemos, sería un comienzo admirable.

Quizás la forma más rápida de comprender los principios de lo que un novelista está haciendo no es leer, sino escribir; hacer uno mismo el experimento con los peligros y dificultades de las palabras. Evoquemos, pues, algún suceso que nos haya dejado una nítida impresión: cómo a la vuelta de la esquina, quizá, pasamos junto a dos personas que conversaban; un árbol se agitaba; una luz eléctrica brincaba…” Así seremos más capaces de apreciar su maestría.

Woolf nos recuerda que siempre hay en nosotros un demonio que susurra ‘amo esto’, ‘odio aquello’ y callarlo es casi imposible. Por ello debemos intentar, en la medida de lo posible, convertirnos en el autor. “Pensar con un cerebro ajeno” diría Schopenhauer; no dictarle al autor mientras leemos. Después de todo, el verdadero “entendimiento” de un libro, si es que se le puede llamar así, no es inmediato sino paulatino; leer solo es la mitad de un proceso que se rige por las leyes de gravedad.

El primer proceso, el de recibir impresiones con el máximo entendimiento, es solo la mitad del proceso de leer; otro debe completarlo si queremos obtener el mayor placer de un libro. Debemos juzgar estas impresiones múltiples; debemos hacer de estas formas efímeras una que sea recia y duradera. Pero no de inmediato. Esperemos a que el polvo de la lectura se asiente; a que el conflicto y los interrogantes amainen; paseemos, conversemos, arranquemos los pétalos marchitos de una rosa o quedémonos dormidos. Entonces, de repente, sin que lo queramos, porque es así como la naturaleza efectúa estas transiciones, el libro volverá, pero de modo diferente. Irá flotando por el aire hasta la mente como un todo. Y el libro como un todo es diferente del libro recibido comúnmente en frases separadas. Los detalles ahora encajan en su sitio.

En este estupendo ensayo, contenido en el libro El lector común, la escritora nos conmina a no olvidar nunca que leer es sobre todo un placer, pero un placer que va desenvolviéndose como el rizoma de un helecho, con el tiempo, aún después de haber terminado el libro. La lectura es un acto solitario pero nunca estamos solos, nos aproximamos a nosotros mismos en la medida que somos otros y pensamos con un cerebro ajeno que dilapida lo que creíamos por sentado. Un buen libro no termina nunca. Regresa como lo hace el pasado y el fantasma, y nos prepara para el cambio.

Y para terminar, esta encantadora sugerencia: “El mejor momento de leer poesía es cuando somos casi capaces de escribirla.”



sábado, 24 de septiembre de 2016

El Neruda de Huidobro


 por: René De Costa

Comienzo con una declaración: me considero nerudiano..., y huidobriano. Por eso algunos me acusarán de bigamia, pero el hecho es que me gustan los dos. Neruda y Huidobro me tienen fascinado; me atraen tanto por sus pequeñeces como por su grandeza: por las consabidas debilidades de vaca sagrada y de pequeño dios, y por la desmesurada grandeza de su singularidad poética. Quizá por eso me interesa tanto lo que les aproximó (la poesía) como lo que les separó (su carácter).

Lo que me propongo es mostrar algunas facetas poco conocidas y otras totalmente ignoradas de la relación Neruda-Huidobro[1]. Y para realizarlo, he de referirme a una serie de documentos: portadas y colofones, textos impresos y manuscritos, recortes y borradores que testimonian el itinerario de esta relación así como la odisea de mi largo y lento descubrimiento de la auténtica naturaleza de esta relación -llena de simpatías y diferencias, aproximaciones y distanciamientos- entre ambos. Y fueron las pugnas entre Huidobro y Neruda las que mantuvieron divididos a sus lectores, las que los ubicaron en campos opuestos: nerudianos y huidobristas, huidobrianos y nerudistas -imposibilitando, o al menos orillando a la clandestinidad bigamias como la mía.

El año 1938 fue acaso el momento más agitado de la contienda. En junio, la revista Ercilla (con su acostumbrada malicia) dio cuenta de un encuentro en el Salón de Honor de la Universidad de Chile: "Una batalla en la universidad-liridas huidobristas y nerudianos discutieron". Dos años antes, en el 36, Arturo Aldunate Phillips había dado una charla en el mismo salón sobre "El nuevo arte poético de Neruda". En esta ocasión eludió, muy discretamente por cierto, a la enemistad de los poetas (cuyos nombres omitió) y dio a conocer unos fragmentos de un inédito de Neruda -que por el contexto no cabe dudar que se trata de una réplica bélica, altiva y agresivamente titulada "Aquí estoy". Aldunate se explica: "Desgraciadamente se trata de una composición que, por su índole personal, no puede ser dada a conocer totalmente y que, por el lenguaje crudo que en ella se emplea, debe quedar al margen de lo que puede publicarse. Sin embargo...”

Sin embargo, al publicar la charla, Aldunate interpela los fragmentos leídos en ella. Comienzan así:

Aquí estoy con mis labios de hierro
y un ojo en cada mano,
y con mi corazón completamente,
y viene el alba y viene
el alba, y viene el alba
y estoy aquí a pesar
de perros, a pesar
de lobos, a pesar
de pesadillas,
a pesar de pesares
estoy lleno de lágrimas y amapolas cortadas
y pálidas palomas de energías,
y con todos los dientes y los dedos escribo
y con todas las materias del mar,
con todas las materias del corazón escribo...

Y es aquí donde el crítico interrumpe el discurso de Neruda, esto es, suprime un buen número de versos aunque indicando siempre con una línea de puntos suspensivos que se omitía algo.

¡Qué y cuánto omitía sólo supe en el año 68!  En ese entonces trabajaba sobre mi tesis doctoral (sobre Pedro Prado) en el ex-Instituto de literatura Chilena en Macul.  Revisando el archivo que Armando Donoso había donado al Instituto, tropecé con unas páginas escritas a máquina que contenían una versión no expurgada de "Aquí estoy".  Aldunate había publicado 63 versos.  La versión mecanoescrita consta de cinco folios y de unos 250 versos.  Pero mi historia -disculpen- es más larga aún.  Diez años después, en 1978, cuando disponía para la publicación mi libro sobre The Poetry of Pablo Neruda (Harvard, 1978), decidí consultar la colección nerudiana en la biblioteca de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook y allí encontré otra copia de "Aquí estoy".

Esta versión, también de unos 250 versos, es igual a la del archivo Donoso.  Para dar una idea de lo que suprimió Aldunate reproduzco -y sólo de la primera página- la continuación del poema:

…con todas las materias del corazón escribo.

¡Cabrones!
¡Hijos de putas!
Hoy ni mañana
ni jamás
acabaréis conmigo!
Tengo llenos de pétalos los testículos,
tengo lleno de pájaros el pelo,
tengo poesía y vapores,
cementerios y casas,
gente que se ahoga,
incendios,
en mis "Veinte poemas",
en mis semanas, en mis caballerías,
y me cago en la puta que os malparió,
Derokas, patíbulos,
Vidobras,
y aunque escribáis en francés con el retrato

de Picasso en las verijas…

La alusión a Vicente Huidobro es evidente (tanto como la que atañe a Pablo de Rokha).

El poema es crudo, pero bueno.  Es difamatorio, lo que explica que no fuese publicado y que sólo circulase de mano en mano.  La copia de Stony Brook es de 1954, según reza una suerte de colofón:

La presente copia, efectuada por Fernando Rivera Zavala, fue transcrita de otra, facilitada por José María Souvirón, a quien un amigo del poeta se la remitió.  Neruda aprobó su texto y autenticidad, empleándose para reproducirla papel del siglo xvii que perteneciera a don José Toribio Medina y Zavala.

Así sobrevivió Aquí estoy, pasando de mano en mano, circulando entre bibliófilos y eruditos ya que no se publicó por ser impublicable. O al menos así lo creía yo.  Pero la historia es otra.  Porque sí se publicó.  La bibliografía de Becco (1975), registra el título bajo "obra dispersa" dando como serías de publicación, París, 1938.  Fue mi primera noticia de que el poema había sido publicado.  La segunda me sorprende más recientemente, cuando revisando un catálogo de librero, de libros viejos, hallo un libro con las señas consignadas por Becco que está en venta.  Lo pido y me lo mandan.

El texto impreso, de gran formato (25 cm x 36 cm) y sin encuadernar, no difiere de las versiones escritas a máquina.  En la última pagina hay esta nota informativa:

Este poema de Pablo Neruda, titulado Aquí estoy, con viñetas dibujadas por Ramón Gaya, fue impreso por amigos del poeta en la ciudad de París,.durante el año 1938.

Después de ver el libro, de examinarlo y de compararlo con otros impresos de la época, y después de consultar con eruditos y testigos de la contienda, después de todo eso, todavía no puedo llegar a ninguna conclusión respecto de la autenticidad del impreso.  No he podido determinar si efectivamente se publicó en el 38 o si se trata de una edición pirata posterior.  Me parecía más valedera esta última posibilidad ya que no había aparecido ningún otro ejemplar.  Pero ahora, con el paso del tiempo, he constatado que tampoco han ido apareciendo otros como éste, lo cual aminora la- -posibilidad de una falsa edición reciente.

Lo que me mueve a referir con tantos pelos y señales esta historia bibliográfica es la ocasión de estar reunidos aquí en Cerdeña los nerudianos más autorizados, así como la existencia de otro documento, recién descubierto entre los papeles de Huidobro en Santiago de Chile.  Se trata del borrador de una carta del 38, año en, que se afirma fue publicado el Aquí estoy parisino.  En este documento Huidobro se muestra indignado por lo que considera las nuevas intrigas de Neruda.  La carta es de octubre de 1938 y en ella Huidobro se dirige a un amigo de confianza, identificado sólo con el chilenísimo apodo de "Poroto".  Veamos el comienzo:

Querido Poroto: Veo por tu carta que las intrigas de la Banda Negra y de su jefe el pobre Bacalao siguen su curso normal.  Sabía que había mandado verdaderas circulares llenas de calumnias sobre mí no sólo a la Argentina sino también a Europa.  La envidia de ese hombrecito amarillo y aceitoso es algo que llega a lo patético...



PABLO NERUDA




AQUI ESTOY




PARIS
1938



Y saltando un párrafo[2], vemos lo que subyace en el fondo del asunto: la política.  Neruda no era entonces comunista, y Huidobro sí:

Soy comunista y ellos no lo son.  Lo soy a pesar de los virajes y contra virajes del partido, a pesar de sus marchas y contra marchas.  A pesar de los pesares.  Y por eso no caigo en éxtasis ante los Frentes Populares ni ante las demagogias nacionalistas, aunque las cante Dimitrof, su madre y su abuela...

Para Neruda, "antifascista de corazón", Huidobro fue comunista, eso sí, pero como dijera en alguna parte del poema Aquí estoy, "un comunista de culo dorado".

Pero la relación de ellos no siempre fue así, tan combativo y tan acriminadora.  Hubo un tiempo de tranquilidad, e incluso de generosidad, una auténtica plataforma de amistad.  Un momento en que Huidobro, joven y triunfante, regresa a Chile; un momento en que Neruda, como escritor de gran talento, se está dando a conocer en Santiago.  Es el año de 1925, después de la publicación de Veinte poemas de amor y cuando Neruda está armando su Tentativa del hombre infinito.

En este momento Neruda ha sido nombrado director de la revista oficial de la Asociación Profesores de Chile, Andamios, armazón cultural tan práctico y tan encauzador como su nombre lo indica.  Neruda cambió el título y la orientación de la revista a algo más aleatorio, más de avanzada: Caballo de Bastos.  Y es entonces cuando se dirige a Huidobro, recién llegado de París, solicitándole colaboración:

Compañero Huidobro: Ya Ud. sabe que pronto aparecerá Caballo de Bastos, revista de avanzada.  Como queremos publicar lecturas novedosas le rogamos nos facilite algún fragmento de Cagliostro que traduciremos apresuradamente.  También quisiéramos poemas o prosa de otros autores que Ud. puede señalarnos.  Haga el favor de buscarnos.  Nosotros pasaremos en la tarde.  Con afecto. Díaz Casanueva y Neruda[3].

Generoso y respetuoso el sentimiento de Neruda.  Y también lo fue cuando publicó Tentativa del hombre infinito (1926), ya que el ejemplar destinado a Huidobro trae una dedicatoria: "A Vicente Huidobro, con entusiasmo y alegría.  Pablo Neruda." Y Huidobro también fue generoso con Neruda en-ese entonces ya que le incluyó en el Indice de la nueva poesía americana (1926), importante antología de vanguardia con prólogos de Borges, Huidobro y Alberto Hidalgo.

Larrea, que andando el tiempo, sería blanco de otro poema difamatorio de Neruda, la hiriente "Oda a Juan Tarrea", le incluyó en Favorables-París-Poema, discreta revista de vanguardia que dirigía con Vallejo.  Apareció allí un fragmento de Tentativa, y es otra vez Huidobro el punto de enlace.  Resulta que Larrea encontró el libro en casa de Huidobro, en París.  Me enteré de esto en el 78, cuando pasé unos días en Córdoba (la argentina), revisando papeles de Larrea y conversando con él de su experiencia literaria.  Cuando tocamos el tema de Tentativa Larrea me contó que fue por medio de Huidobro que primero supo de Neruda.  Dijo que Huidobro venía llegando de Chile en el año 1926, después de separarse de su mujer.  Cenando ellos solos en la casa en París, Larrea comienza a mirar libros y revistas traídos de Chile por Huidobro.  Se encuentra con Tentativa; le interesa por su novedad formal, y pregunta sobre el autor.  Huidobro le dice que el autor, Neruda, es un joven, un "romántico de mala muerte".  Esto no disuade a Larrea, quien le pide prestado el libro para luego incluir un fragmento de él en Favorables-París-Poema.  Por supuesto Neruda ignoraba qué parte había tenido Huidobro en todo eso y que todo provenía, que todo se deshilaba, de aquel ejemplar que le había enviado "con entusiasmo y alegría".

Pero, ¿qué es lo que realmente pensaba Huidobro de Neruda en ese momento? ¿Qué opinión le merecía la poesía de quien había descartado como "romántico"? -basándose seguramente en los Veinte poemas de amor.  Cuando finalmente leyó Tentativa, en el mismísimo ejemplar que Neruda le dedicara, dejó nota de su lectura, subrayando los versos que más le impresionaban.  Versos como:

estrellas crucificadas detrás de la montaña...
atada al cielo con estrellas de lluvia...
estrella retardada entre la noche gruesa…
descienden las estrellas a beber al océano…

Al lado de todos puso "mío".  Obviamente, lo que le llamó la atención fueron las imágenes con "estrellas" y aunque Huidobro no las creó, mucho le hubiera gustado el hacerlo para poder considerarlas también "suyas"'.  Pero no son sólo éstas las imágenes destacadas.  Hay otros versos como:

después colgado en la horca del crepúsculo...
los planetas dan vuelta como husos entusiastas giran...
yo soy el que deshoja nombres y altas constelaciones de rocío...

Lo que señala Huidobro en su lectura de Neruda resulta ser una de las características fundamentales del libro así como de su propia escritura vanguardista.  Las imágenes de Neruda en general son concretas y terrenales, mientras que las de Huidobro tienden a ser abstractas y cósmicas.  De modo que esta imaginaría sideral, aunque no es de Huidobro, sí es de corte huidobriano.

O sea, que para Huidobro, con su característica actitud olímpica, de creador supremo, de "pequeño dios", Neruda sólo podía ser o un "romántico de mala muerte" o un imitador.  Huidobro no podía admitir, reconocer la originalidad de nadie, salvo la suya propia.  Y cuando se enfrentó con algo original, como es el caso de Tentativa, tenía que presumirlo suyo.  Así es como encontró sus imágenes, su propia imagen en esa poesía vanguardista del joven Neruda.  Y estos versos suyos, así subrayados, tenían que haberle gustado. ,

Todo eso pasó en los años de militancia vanguardista.  En esos años, ni Chile, ni el mundo, eran lo suficientemente grandes para contener a ambos, a estos dos gigantes de la poesía.  Sólo en su madurez fue posible una reconciliación, una última tentativa de hombres infinitos.  Fue Huidobro quien tomó la iniciativa; y fue Neruda, quien vivió más, el que la recordó.  En sus Memorias dice:

Huidobro murió en el año 1948, en -Cartagena, cerca, de Isla Negra […]. Poco antes de morir visitó mi casa, acompañando a Gonzalo Losada, mi buen amigo y editor.  Huidobro y yo hablamos como poetas, como chilenos, y como amigos.

Y fue así –“como poetas, como chilenos, y como amigos”- como se aproximaron estos dos grandes, al comienzo; y al final.


De costa, René. “XVIII. El Neruda de Huidobro”. En: Nuevas aproximaciones a Pablo Neruda, Ángel Flores (comp.) pp. 273-279.


[1] Abordé el tema desde otra perspectiva y con menos información cuando el Simposio sobre Vicente Huidobro y la vanguardia, realizado en la Universidad de Chicago en abril de 1978. Véase mi "Posdata: Neruda sobre Huidobro” en las Actas publicadas por la Rev. Ib. núms. 106-107 (ene-jun, 1979), pp. 379-386.

[2] El texto completo de este borrador está reproducido en mi Vicente Huidobro: The Careers of a Poet (Oxford, 1984), p. 171 y también en la versión castellana del mismo libro: Huidobro, los oficios de un poeta, México, Fondo de Cultura Económica, 1984, pp. 108-109.

[3] Carta inédita en el archivo de la familia Huidobro en Santiago de Chile.




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