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viernes, 21 de diciembre de 2007

Entrevista al crítico literario Fernando Blanco:

“Ver la homosexualidad en una novela es muy higiénico”

El crítico literario analiza la figura del gay y la lesbiana en la literatura chilena.

Mariquita, raro, gay, lesbiana, camiona. Múltiples denominaciones, como personajes existen en un espacio donde no valen las dualidades. Ese es el mundo que textualiza la comercialmente llamada “Literatura Homosexual”. Una retórica que se zambulle en un mundo que no es de mujeres, ni de hombres. Es un tercero, un mundo otro, que ha sido representado en el lenguaje desde tiempos inmemoriables.

En Chile, la línea histórica parte –explícitamente- en 1924, con la obra “Pasión y muerte del cura Deusto” de Augusto D’halmar, primer escritor distinguido con el Premio Nacional de Literatura en 1942. Sin embargo, también existen otros antecedentes más soterrados, según lo explica Fernando Blanco, crítico literario y estudioso del tema, docente de la Universidad de Chile y Profesor visitante de la Universidad de Deninson (Estados Unidos).

Luego de D’halmar, Blanco cita a Joaquín Edwards Bello, Marta Brunet, Benjamín Subercaseaux, Hernán Díaz Arrieta (Alone), María Carolina Geel, Luis Oyarzún, José Donoso, Mauricio Wacquez, Enrique Giordano, Alfredo Gómez Morel, todos autores que desde diversos lugares incluyeron la temática homosexual en sus obras.

Más tarde, a mitad de los 80 en adelante, aparece Pedro Lemebel con sus historias de las “locas”. Ya en los noventa se abre paso una generación de autores jóvenes que escriben desde su propia homosexualidad o bien desde una mirada testimonial-observante.

Juan Pablo Sutherland, René Arcos, Nelson Pedrero, Carlos lturra y Pablo Simonetti, son algunos de los escritores que hacen posible un redescubrimiento de aquellas historias de amor y deseo homosexual que habían permanecido escondidas, por operar bajo otras condiciones de época, pues “la manera en que yo represento la sexualidad humana es una negociación cultural”, explica Blanco.

- Muchos críticos coinciden en que la novela “Pasión y muerte del cura Deusto” de Augusto D`Halmar es la primera obra chilena, incluso hispanoamericana, que plantea el tema homosexual.

- No es tan así. Hay varios antecedentes. El primero que se me ocurre es el nombre del argentino Hilario Ascabusi quien ya presenta la violación sodomítica como un castigo para el enemigo patrio en su poema “La Resfalosa”. Otro antecedente está en “El Matadero“, donde un unitario es sometido a esta práctica de tortura como consecuencia de su no aceptación del modelo político del tirano Rosas.

En “Martín Rivas” de Alberto Blest Gana, que es posterior a los otros dos textos, se puede encontrar una tematización del siútico, del afrancesado, que une el decadentismo del afrancesamiento de la sociedad chilena en el contexto de la cosa más nacional Cuando se dice que es afeminado, se está usando simplemente otro sociolecto. No se le va a decir el “maraco” en 1850, porque él está protegido por su estatus. Se le dice el “afrancesado”. Pero lo que opera aquí es el imaginario patrio en formación. Este es el que sanciona la afectación de “lo extranjero”.

En esta obra (“Martín Rivas”) no se critica necesariamente la figura del homosexual, pero si aparece un gesto de reprobación donde se une la sexualidad anómala al fracaso del proyecto de modernización, de progreso, de avance basado en la pareja heterosexual, de la reproducción.

- José Donoso es otro de los grandes referentes...

- “El lugar sin límites” y “El obsceno pájaro de la noche” son dos importantes obras que cruzan lo homosexual desde diferentes perspectivas. En “El obsceno pájaro de la noche” está la continuidad del modelo de Blest Gana. El personaje principal es afrancesado y el cura lo reprende, le dice que eso es de maricones (en el episodio en que el heredero vuelve de Paris). Es una cita paródica a la tradición y al canon, pero también una advertencia a lo endogámico de la sociedad de clase en Chile y a las consecuencias que esa práctica elitista puede traer: la monstruosidad. Pero no es la de un sujeto en particular, sino la de una clase social. Eso es lo más potente del “Obsceno”

- ¿Los personajes homosexuales construyen literatura homosexual?

- Yo jamás hablaría de homosexuales en el sentido de identificarlos con una práctica de escritura desde ese lugar. Identificar el objeto o la meta sexual con una política de la representación. Se podría hablar de homosexuales en tanto haya un personaje que mantiene una relación ambigua en términos sexuales con otro hombre que podría ser patologizado como homosexual, pero que, sin embargo, nunca se define así.

¿Qué te hace homosexual? ¿Tener la relación sexual o sentir el deseo? Son muchos juegos que tienen que ver con distinta construcciones del personaje de la homosexualidad.

Literatura Lésbica

Sobre literatura lésbica chilena se conoce muy poco. Existen antecedentes muy solapados y con diversas interpretaciones, como por ejemplo, el texto “La vida íntima de Marie Goetz”, de Mariana Cox. Sin embargo, la obra más conocida es “Cárcel de mujeres”, de María Carolina Geel, la cual se perfila como el primer escrito explícito en términos de representación de homosexualidad femenina. Marta Brunet es otro referente y en los ’90 autoras, como por ejemplo, Pía Barros, comienzan a visualizan erotismo y pasiones femeninas. Andrea Maturana, con su novela “El daño” (1997), explora la confusión y el deseo entre dos amigas. En 1999, Carmen Berenguer, en su obra “Naciste Pintada”, rescata de la vida real a la “Chinoska”, una lesbiana pobre y sufriente, acusada de dos crímenes.

-¿En “Cárcel de mujeres” de qué sexualidad estamos hablando?

- Es una visión naturalista, no se textualiza ella (la escritora y narradora) como sujeto de la novela, sino que se refiere a lo brutal, a lo grotesco, al pueblo constituido por la naturaleza salvaje de las lesbianas dentro de la cárcel. Desde la burguesía se ve la desviación. Es una aparición de la lesbiana desde el punto de vista de la mujer que quiere liberarse de la culpa. Es una novela confesional que trata que el personaje (la narradora), se diferencie totalmente de lo que significa el concepto de criminal. Ella le asocia la condición lésbica al concepto de mujer criminal. Hay una trampa peculiar porque si está rechazando tan violentamente eso que es el otro o el distinto, hay un temor implícito de formar parte por el mero hecho de haber cometido una trasgresión, de haberse vuelto criminal. Le puede pasar una cosa terrible, como si estuviera asociada la sexualidad al mal.

- ¿Cuál es el contenido sexual o derechamente homosexual en la poética de Gabriela Mistral?

- Ella hace un tratamiento del erotismo femenino que rebasa los límites pauteados por la cultura judeocristiana occidental. En ese rebase hay que poner un nombre, porque no puede ser y sin embargo es. Se trata de textualizar una sexualidad que no es la de la heteronorma, que es otra. No es erotizar como objeto del deseo. Hay muchos mas pliegues en su trabajo que ese solo.

Cuando yo erotizo, es decir, transformo al otro en sujeto de mis sentidos, no necesariamente lo tengo que llevar al acto (Lemebel siempre va a al acto). Mistral -léala quien la lea- la relación que hay entre la hija y la madre es una relación de una intensidad erótica que no está cuidada por la cultura. Esa sexualidad, sensibilidad, no ha sido cautelada. No está intervenida. Entonces, la intensidad erótica de un sujeto femenino por otro sujeto femenino alcanza un nivel que está impedido en términos del amor más público.

En Mistral hay otra sexualidad funcional, yo no la podría llamar una lesbiana recalcitrante. Es alguien que percibe al otro- otra con una intensidad erótica que no está filtrada por la cultura. Una suspensión en clave cristiana y homoerótica del incesto materno.

- Marta Brunet es otra de las mujeres que devela sexualidades y erotismos diversos en su escritura.

- Marta Brunet no es la primera lesbiana, pero junto con Mistral se pone a buscar otras formas de pensar el sujeto femenino al que interpela. La Novela “Amasijo” es la textualización del hijo de la madre como homosexual, pero que está construido por ella misma. Es el poder de la madre, de la lengua madre en la construcción de estas sexualidades el que es le verdadero protagonista de la novela. Aquí se trata de una mujer de mucho dinero pero de clase media, que se casa con un oligarca arruinado y quiere el apellido. El hombre muere.

Ella está embarazada y sufre la disolución de sus huesos y vive el embarazo con esa conciencia síquica. La homosexualidad está ligada al cuerpo materno desde la gestación, en tanto la confusión de los dos cuerpos. Ella vive su embarazo –aparentemente sin los huesos- entonces ella es todo uno con este otro ser al que ella le llama mi princesa, mi niña. A mitad de la novela tiene una disputa con un cura por la custodia del hijo, aparece la negociación social y quiénes son los que educan, cómo lo hacen cuando la sexualidad es anómala (en el sentido de que no corresponde estadísticamente), a quien se le endosa el paquete.

- ¿Qué hay del autoerotismo?

- Es una práctica sexual que no entra. En “La Última Niebla” de María Luisa Bombal hay una masturbación abierta. Ella se mete en una laguna y ahí sucede algo que tiene que ver con el autoerotismo. La sexualidad se vive como una relación con el otro en términos eróticos y ese otro puede ser uno mismo, como propio objeto.

- En esta literatura, entonces, se construye- reconstruyendo ‘otredades’ de la sexualidad humana

- Hay diferentes registros de la sexualidad, incluso de lo homoerótico hay una gama enorme. No se puede decir que siempre aparece representada de la misma manera.

“El río” de Alfredo Gómez Morel recrea la cárcel, donde hay ritos de iniciación dentro de las prácticas masculinas. El dominio está asociado a la penetración. El más fuerte usa su pene como elemento de sumisión y feminiza al otro. La feminización en “El río” tiene que ver con las jerarquías que hay dentro de la banda. Las ceremonias de iniciación erótica que implica la jerarquía (quien viola a quien y cómo se dan esas situaciones). Además tiene la condición de ser una homosexualidad pasajera, son ritos. No es que el personaje esté definido como homosexual.

Sexualidad y Nación

- ¿Qué papel juega la literatura en la construcción de la sociedad y vice versa?

- Hay un canon nacional. Cuando se construye la literatura nacional se hace por medio de un referente, de un control maestro de representaciones, un canon que tienen que ilustrar un sistema imaginario, ese sistema es el sistema Nación, ese sistema Nación es la Nación liberal chilena heterosexual, por lo tanto las novelas que no se enmarcan dentro de ese canon patriarcal heterosexual no van a ser leídas.

Hay que ver cómo se ha expresado la sexualidad en la literatura chilena, que forma ha adquirido, qué negociaciones ha hecho con la cultura para ser representada. La manera en que yo represento la sexualidad humana es una negociación cultural. La negociación de Martín Rivas es totalmente distinta a la que hace (Juan Pablo) Sutherland en sus textos. Es interesante mirar cómo la cultura chilena ha denominado la homosexualidad, no clínicamente. Todos sabemos como se denomina a alguien cuando sus experiencias y relaciones subjetivas no apuntan a la norma heterosexual. Se dice rarito, colita, coligüillo, maricueca, marica, hueco. Hay un montón de nombres que dependen de quién los diga y como se usen, algunos son más afectivos. Es diferente decir homosexual, pues al nombrarlo así aparece un tipo clínico. En cambio, al señalar que es raro, se ve al ser humano. Se construye una cosa más piadosa como diría Lemebel.

- En la década del ’90 proliferaron las obras que hacían referencia a lo homosexual. ¿Qué pasó con ese sistema Nación?

- Hubo una apertura de los secretos, una revelación de la intimidad del país que se empieza a volverse pública. Esto se transformó en consumo. Lo político confundido, su sentido más profundo, confundido con la intimidad. Feroz confusión. A quien le interesa si chupas un condón con sabor a chocolate o no.

Se neutraliza la capacidad de subversión de este tipo de discurso a través de un consumo segmentado. Se despolitizó el tema homosexual. Hay una remodelación de los pactos sociales, en cuanto moral sexual asociada a moral del Estado.

Actualmente hay una confusión absoluta de la exhibición de lo íntimo. Confusión de espacios íntimos y privados.

- Aquí es cuando las editoriales toman partido...

- Apuestan por la venta, satisfacer los consumos. Hay un nicho que se sigue. A la gente le gusta leerse, saber de sus “perversiones” a través de otro. Además los movimientos de liberación homosexual permiten que la cultura mediática instale la figura del homosexual y de algo de lo que hay que aprender. Un costo que hay que pagar por la visibilización.

Por otra parte, ver la homosexualidad en una novela es muy higiénico, en vez de sobrellevar el tema dentro de la casa.

- ¿Por qué autores como Mauricio Wacquez no tienen toda su obra editada en Chile?

- Sus novelas son bastantes difíciles y además los temas ponen en juego contratos sociales que están muy arraigados. Wacquez rompe los contratos sociales de manera explícita.

La homosexualidad está textualizada en toda su obra y también trabaja el incesto entre padre e hijo a través de la madre en “Toda la luz del mediodía”, publicada en Chile por Zig-zag.

- ¿Cómo se expresan estas sexualidades en dramaturgia?

- En dramaturgia siempre ha estado asociada al prostíbulo y a la figura del afeminado, al maricón del piano. Más contemporáneamente diría que (Ramón) Griffero y (Alfredo) Castro con los proyectos del “Trolley” y “Teatro de Fin de Siglo” son algunos de los que las escenificaron a fines de los 80’ y principios de los 90.

Texto: Carolina Ruiz Muena

Fotos: Mercedes Fages-Agudo



Fuente: www.palabrejas.cl

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