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jueves, 28 de febrero de 2008

El sueño dorado de la literatura chilena


El Premio Nacional de Literatura de Chile, una pensión vitalicia de poco más 800 dólares mensuales, motiva soñar a narradores y poetas, cada dos años, en un albur plagado de padrinazgos, méritos extracurriculares, aciertos y desaciertos, una labor de notarios descafeinados que concluye con esta pequeña subasta que los escritores siguen con suspenso de Aghata Cristi.
El in-mundo mundo de las letras se maquilla para el gran evento, el máximo galardón del tiempo, una obra de toda la vida, el final del currí-culo vitae.


El Premio Nacional está plagado de aberraciones, calculados descuidos, atrasos, postergaciones, entusiasmos, arrebatos, caprichos, oficialismo, amiguismo, política barata, y desde luego, legítimos galardones, cuyas obras hablan por si solas. Es un reino para el lobby, los pasos y juegos de recámara, adhesiones, compromisos, viajes, presiones, torceduras y esa gama infinita de todo poder fáctico al uso y abuso de sus hormonas celestiales.

En "Materia de Testamento", Gonzalo Rojas, más laureado que la corona de César, dijo: "al año 73 la mierda, al que calla y por lo visto otorga el Premio Nacional, / al exilio un par de zapatos sucios y un traje baleado/ a la nieve manchada con nuestra sangre otro Nüremberg/a los desaparecidos la grandeza de haber sido hombres en el suplicio y haber muerto cantando.”

Ya estamos nuevamente en línea, ha comenzado la carrera por el Premio Nacional. De acuerdo con la tradición, se alterna a un poeta y un narrador, y este año le correspondería a un vate. Esta crónica tiene casi un mes de maceración y viene con el vuelo equivocado de un intento de postulación a una narradora.

En abril se encendió la mecha con una frustrada postulación de Isabel Allende, el best seller chileno de La Casa de los Espíritus, quien reside en California y acaba de adquirir la nacionalidad norteamericana. Un trío de novelistas, Skármeta, Ampuero y Fuguet, fueron los autores en búsqueda de la autora. Al parecer, Allende, premiada recientemente en Chile, con el José Donoso, habría aceptado la postulación y se sentía honrada, aunque hace dos años dijo que jamás volvería por el Nacional de Literatura.

El diario La Tercera editó dos notas contradictorias el 20 de abril. En la segunda crónica-entrevista, la narradora rechazó en duros términos la propuesta de su candidatura: “Prefiero que no me postulen porque saca ronchas. Sale a la superficie mucha envidia”. El 2002, Roberto Bolaño, quien también postulaba al Premio Nacional, que obtuvo el narrador y ensayista Volodia Teitelboin, calificó a la autora de Paula de “escribidora”. Isabel Allende merece el premio por el sólo echo de tener su literatura una aceptación mundial, sin duda. Ha superado a todos los escritores de habla castellana en ventas, con la excepción de Gabriel García Márquez.

Lo que si podría hacer Isabel Allende, es abrir las puertas a la literatura chilena en Estados Unidos, fundar un Taller con becas, para que en California se estudie, escriba, editen libros sobre la literatura hispana en Estados Unidos, con intercambio de escritores de la diáspora, por ejemplo. Ella es una escritora exitosa de la diáspora y está en la rueda de la fortuna.

Isabel Allende parece ignorar que a Gabriela Mistral le dieron el Premio Nacional de Literatura en Chile, seis años después del Nobel. Lo sorprendente es que este año, le “corresponde el premio a un poeta”. ¿En qué estarían pensando Skarmeta, Ampuero y Fuguet? La Tercera, para colmo, califica a Volodia Teitelboin de poeta, cuando escribió un par de poemas hace más de 60 años y le dieron el lauro como narrador.

Debates como estos en medio de declaraciones contradictorias no le hacen bien a Isabel Allende, al premio, ni a la literatura chilena: debiera estar en juego algo más que 12 millones de pesos y una pensión vitalicia.

Mis candidatos, para entrar en materia, Efraín Barquero y Armando Uribe Arce. Dos poetas de distintas aguas, de un mismo río, la poesía, meritorios. Ambos con una obra reconocida, indiscutidos. Los dos exiliados en Francia, Barquero por más tiempo, más silencioso, muy lejos del mundanal ruido, que casi no suena, poeta detrás del tiempo.

Tan distintos, Barquero y Uribe Arce, como dos copas al ser derramadas no saben cuanta agua contenían ni quien las puso al borde del precipicio. Barquero, un ex panadero y Uribe Arce, un conspicuo ex diplomático y estudiante del colegio británico Saint George´s.

A Barquero lo conocí en los setenta, finales de los sesenta tal vez, con Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, y un grupo que rondaba la noche, los vinos rojos potentes, la poesía. Hombre callado, serio, amical, me brindó su amistad y me regaló su libro Epifanías, con una dedicatoria sumamente generosa. En 1967, Barquero advertía que íbamos hacia el caos, porque el hombre había roto el orden natural de las cosas. Él, se alineaba en el mundo cotidiano, Barquero es un poeta contaminado por la tierra, los oficios del diario vivir, los gestos de cada día, y siguió los pasos en China de Paul Claudel, Víctor Seganel, Saint -John Perse, Andrés Malraux y Marcel Granet, con su libro "El viento de los Reinos", editado en 1967.

Qué quieres forastero, en mi mesa servida con platos de piedra/ en mis paredes y ventanas donde cuelga la sombra calcinada del hambre/ qué quieres aquí, mis uñas han crecido esperando/ mis cabellos son las únicas espigas que recuerdo.

Poco se habla de ese libro de Barquero y probablemente muchos lo desconozcan. Tengo entendido que retornó a Francia tras un una breve estadía en Chile. Poetizar es fundar un tiempo nuevo para Barquero. Ya las naves, dijo en ese entonces, fueron quemadas. Barquero se inició en la poesía hace 50 años con su poemario La Piedra del hombre (1954). En La mesa de la tierra, uno de sus últimos libros, nos dice: La mesa servida

Si arrancas el cuchillo del centro de la mesa
y lo entierras en el muro a la altura del hombre,
estás maldiciendo el pan con su semilla,
estás profanando el cuchillo que usa tu padre
para rebanarse la mano, para que la sangre sea más pura.
Y los hijos se reconozcan. Y no se oculten de sus hermanos.
Sólo el padre la recibe en su cabeza desnuda
ensordecido por el trueno, encandilado por el relámpago.
La recibe como el anuncio de un hijo tardío
o como el signo de una pronta desgracia.


Es el Barquero de siempre, no se despega de las cosas de la vida diaria, en su transfiguración, poeta de lo esencia y de la vida.
Armando Uribe Arce, es otro candidato meritorio, poeta, ensayista y polemista. Ha rabiado y con razón con Chile y los chilenos, estos últimos 30 años. Abogado, profesor, católico y un personaje irónico, indispensable en el Chile Actual Neoliberal. Uribe Arce ha tenido el valor y la dignidad de poner los puntos sobre las íes a este Chile descarriado, frente al Mapocho, desde su apartamento con vista al parque Forestal. Un poeta es también un dardo de su tiempo, una voz de época, una palabra que es crónica viva. Una de las pocas voces del silencioso mundo poético chileno.

De verso breve, irónico, punzante, (naif dice el propio Uribe), es autor de los libros de poesía: Transeúnte Pálido, El Engañoso Laud, No Hay Lugar, Por ser vos quien sois, Imágenes Quebradas, Odio lo que Odio, Rabio como Rabio.

Soy pobre como la rata
Triste como tía
y toco esta corneta de cartón de cumpleaños
de pequeños deformes
Y la guitarra del cielo suena sola
Con la indolente angustia de la noche
Y las palomas de las oraciones
Vuelan cenizas por la tierra muda.


Es autor además de varios libros de derecho y Del libro negro de la intervención norteamericana en Chile, traducido a 12 lenguas.

Uribe Arce ha escrito uno de los más hermosos y logrados poemas de la poesía chilena: Oh tu zapato acaricio, dulce/ y sucio, de cuero negro y blando/ y la piel de la suela, como un hueso/ interior, y los bordes desiguales/ vecinos a tu piel más dulce, blanda /y dorada, a tu piel vecino al borde, seco que toco con mis manos negras/ y sucias, con mis huesos interiores; /como un zapato todo yo a tu empeine.

No es un poeta fácil de clasificar Uribe Arce, contaminado por la vida cotidiana, el humor, el sarcasmo, el catolicismo, la chilenidad a flor de piel, una cultura que traspasa sus días, conciencia, sus horas y recoge, a veces con rabia, con la indignación que todo lo que se diga de nada servirá.

Oscar Hahn, poeta y profesor universitario en Iowa City, es mi tercer candidato para el Premio Nacional de Literatura Chilena 2004. renovador del lenguaje, el más original de los tres, autor de una obra “pareja”, contenida, trabajada en la palabra y en el idioma. Hahn es un poeta laborioso, meticuloso, escoge las palabras, rumia el verbo, devora los espacios, se apropia de ellos, hasta crear su propia atmósfera, cuanto hay detrás de la palabra, el gesto y la memoria. Sus textos compiten con la pequeña muerte, rondan su propia atmósfera, abrazan la muerte, pero no olvidar el placer, el coito mismo de la palabra en su resurrección cotidiana.

Esta Rosa Negra y Agua Final, son los dos primeros poemarios con que se inició Hahn, en 1961 y 1967. La rosa negra de la muerte, amor y muerte, y en la culminación de ese ejercicio ferozmente humano, su poemario Mal de Amor, un idilio amoroso en el hilván de los 20 Poemas nerudianos. Pero Hahn cocina su propia palabra una y otra vez. En 1967 reveló que le costaba escribir, busco la palabra exacta dijo, y si no tengo nada que decir, callo. No es autor de una obra copiosa, pero si importante, un relevo dentro de la rica y variada poética chilena. La poesía de Hahn forma parte de la enredadera chilena, pero como apuntan los estudiosos de su obra, está contenido en ella un marcado clasicismo: Garcilazo de la Vega y Góngora.

Un poeta verdadero es más que la suma de sus antecedentes o deudas, sus fantasmas cuentan más que la propia realidad, un molino de viento puede ser la mejor señal para un poema. Hahn resume su poética en este poema, que sólo incluiré un fragmento: FRAGMENTOS DE HERÁCLITO

AL ESTRELLARSE CONTRA EL CIELO
Heráclito vivía en un río de Éfeso
encerrado en la placenta del sueño
lejos de los dormidos de la ribera
Heráclito tenía la barba luenga
y la lengua larga para lamerte mejor
No nos bañamos dos veces en el mismo río
No entramos dos veces en el mismo cuerpo
No nos mojamos dos veces en la misma muerte
A bordo de un tonel sube el Oscuro
en dirección a los rápidos rápidos
a contracorriente de Parménides
y desemboca en la Biblioteca de Londres
con la barba más negra y ancestros de aire


Hahn como Uribe Arce y Gonzalo Rojas, rearman sus libros una y otra vez. Antologan revisan, agregan, y quizás se deba, entre otras cosas, a que los tres son profesores universitarios y descubren una dificultad ante la copiosa cascada que podría ofrecer la página en blanco.

Hanh y Barquero, coincidieron tempranamente en anunciar un mundo caótico y amenazado en su existencia misma. Una visión apocalíptica surgió a los 17 años en el adolescente Oscar Hahn, autor de Estrellas fijas en un cielo blanco, Versos robados, con su poema de una extraordinaria vigencia: Visión de Hiroshima.

Ojo con el ojo numeroso de la bomba,
que se desata bajo el hongo vivo.
Con el fulgor del Hombre no vidente, ojo y ojo.
Los ancianos huían decapitados por el fuego,
encallaban los ángeles en cuernos sulfúricos,
decapitados por el fuego,
se varaban las vírgenes de aureola radiactiva,
decapitadas por el fuego.
Todos los niños emigraban, decapitados por el cielo.
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El aceite nos arrancaba los dedos de los pies,
las sillas golpeaban las ventanas
flotando en marejadas de ojos,
los edificios licuados se veían chorrear
por troncos de árboles sin cabeza,
y entre las vías lácteas y las cáscaras,
soles o cerdos luminosos


Ya estaba el poeta que hoy conocemos. Médium dice él, que espera que la palabra le visite. No hay apuro. Pablo Neruda, comenta, consideraba la poesía un oficio diario y se sentía cronista de su tiempo y de todo lo que le rodeaba. Yo vi escribir a Nicanor Parra y a Gonzalo Millán, y a otros poetas conocidos. Todos en el respeto de la palabra hacían de una hasta diez versiones, variaciones del mismo poema. El propio Jorge Teillier, que buscaba una poesía fresca como un pan recién amasado. Hahn trabaja la palabra como pocos, sus Sonetos, aunque vengan del cielo o de Alaska. La verdadera poesía sale de las entrañas.

Hay un parentesco entre Hahn y Gonzalo Millán y entre Millán y Armando Uribe Arce y entre los tres. Pero eso es harina de otro costal, otra rama del árbol de la poesía chilena. Barquero se nos ha quedado más en el misterio. Tantos años en Francia, tanto silencio. Los poetas sólo envían señales.

Hahn acaba de ser premiado este año por la crítica de Nueva York. Primero vivió en Maryland y ahora en Iowa, da clase en su prestigiosa universidad, donde también ejerció la docencia el narrador chileno José Donoso, y por allí pasaron entre otros, el famoso poeta norteamericano Robert Lowell y surgieron 50 Premios Pulitzer. Es interesante lo que responde Hahn en una de sus entrevistas, que desea que lo juzguen como poeta en su poesía. Así debiera ser, y válidos para todos los poetas, incluyendo al diseccionado Pablo Neruda.

Es una tarea difícil para el jurado este 2004. Tres grandes poetas en línea, quizás alguno más debajo de la manga. Un discurso poético intenso, personal, meritorio. Todo es probable en el azar de los premios y la poesía.

A MI BELLA ENEMIGA
No seas vanidosa amor mío
porque para serte franco
tu belleza no es del otro mundo
Pero tampoco de este.


CORONACION (Inédito)
Buscaba un ramo de flores un ramo de pensamientos y de nomeolvides para tejerte una corona Ya he cortado las flores ya te he tejido la corona ya se la he dado al mensajero pero el mensajero no ha encontrado tu casa Y ahora la corona se marchita en el sepulcro de nuestro amor

TELEVIDENTE
Aquí estoy otra vez de vuelta
en mi cuarto de Iowa City
Tomo a sorbos mi plato de sopa Campbell
frente al televisor apagado
La pantalla refleja la imagen
de la cuchara entrando en mi boca
Y yo soy el aviso comercial de mí mismo
que anuncia nada
a nadie.
(O.Hahn)

Rolando Gabrielli-www.panoramacultural.net -2004

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