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miércoles, 18 de junio de 2008

La insoportable levedad del ser


" Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.... ....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamas (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro."

""Einmal ist keinmal". Lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre solo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto."

"Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht). Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad."

"¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?"

"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes."

"Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?"

"Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones."

Gracias a Esther Mateo y a Bruno Szister por su colaboración.

Pequeña critica sobre la Insoportable levedad del ser

Las palabras pesadas para hablarnos de la levedad, va a hacernos las preguntas que no nos atrevemos a formular. Para eso nos va a contar una historia de amor, pero también una historia donde la verdadera protagonista es la debilidad humana.

El libro bien podría llamarse Paradojas del amor y de la vida cotidiana (esto es más que nada para aquellos a los que la frase del título les resulta incomprensible). Veamos por qué. Tomás es un médico de Praga que empieza a ver en peligro su condición de solterón feliz y mujeriego cuando conoce a Teresa. Paradoja uno. La joven se le instala en su casa casi por la fuerza, lo persigue con los celos y hasta lo hace abandonar su trabajo, pero ama a Tomás como ninguna otra mujer. Paradoja dos. Sabina es una amante histórica de Tomás, de las que dan todo sin pedir nada, aunque la relación no es la misma desde que existe Teresa. Paradoja tres. Cuando Sabina viaja a Ginebra, conoce a Franz, un hombre casado que se enamora de ella. Todo va bien hasta que Franz abandona a su esposa para estar con Sabina, que cuando se entera decide escaparse. Paradoja cuatro, y es sólo el comienzo.

Las meditaciones de Kundera a lo largo de toda la novela, además de ser narradas con extraordinaria belleza, tienen el poder de llevar cuidadosamente al lector hacia el terreno de la introspección. Y no se trata de nada metafísico o abstracto: simplemente el autor nos hace identificar en los gestos de nobleza y en las debilidades de cada personaje los rasgos de uno mismo. Es decir: no sólo nos emociona con el relato, sino que obliga a que nos preguntemos si somos Tomás o Teresa o Sabina, y por qué. Entonces: no sólo nos emociona, sino que nos hace pensar. Y eso suele ser interesante.

No podemos dejar de hacer tres últimas recomendaciones sobre el libro. La primera, leer con atención los fragmentos donde Kundera habla sobre política (la invasión rusa en Checoslovaquia contada con sensiblidad y contundencia). La segunda, disfrutar y aprender del erotismo de la novela (vale anotar frases de Tomás para conquistar mujeres). La tercera, después de leer el libro es casi una obligación ver la película (por la película en general y por Lena Olin en particular).

Gracias a Ciudad por su colaboración.


© Milan Kundera


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