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jueves, 5 de noviembre de 2009

Luis Ossa Gajardo: Hacia la comprensión del arte de la escritura.


OVILLEJOS


Un ovillejo es una estrofa que consta de diez versos, los seis primeros formando tres pareados: con el verso octosílabo se pregunta y con el verso de pie quebrado se responde, a modo de eco, en rima consonante. Los cuatro últimos versos forman una redondilla que resume el sentido de los versos anteriores. El verso final recoge las tres palabras utilizadas en los versos cortos o de pie quebrado. Por tanto, el esquema métrico es el siguiente: aa bb cc cddc.
Miguel de Cervantes y Saavedra fue el primero en componer esta lírica composición. Sólo escasos poetas posteriormente han escrito este tipo de estructura poética por el difícil arte de componer.


A continuación tres Ovillejos de Luis Ossa Gajardo.


Ovillejos


¿Qué nos trae la primavera?
Quimera.


¿Canto breve de aventura?
Locura.


¿Quién es la que se divierte?
La muerte.


La envidia veneno vierte
sus gotas amargas caen…
Sandalias sombrías traen
quimera, locura y muerte.


*********************


Ovillejo




¿Qué fuego con tanta furia?
Lujuria.


¿Por qué altivo el simple arrullo?
Orgullo.


¿Por qué tan loca humanidad?
Vanidad.


Oscuro pozo es la maldad …
el viejo mal de este mundo.
Hijos son del vicio inmundo:
Lujuria, Orgullo y Vanidad.


******************


Ovillejo


¿Qué es suave como la bruma?
La Pluma.


¿Con qué se escribe y se pinta?
Con tinta.


¿Qué es lo que en mi alma yo siento?
Sentimiento.


Mis versos entregué al viento
desde mi lejana infancia,
en el desvelo, gracia y ansia ;
Pluma, Tinta y Sentimiento


Villa Alemana, 26 de Agosto de 2009.-



OVILLEJO



Luis Ossa Gajardo


¿En la vid algo divino?
El vino.


¿Dónde se exprime al pisar?
En lagar.


¿Do guarda el vino Joel?
En tonel.


¡Oh! noble raza de Abel
bebed lo que da natura,
y reservan con ternura:
Vino, Lagar y Tonel.




CÉSAR VALLEJO


Luis Ossa Gajardo


La sangre de España y la sangre de América, llevaba César Vallejos en su rojo torrente, poeta y periodista peruano, nacido en una aldea cordillerana a 3500 metros de altura llamada Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892 – fallecido en París, el 15 de abril de 1938.


Su nombre, repercute en mi corazón, desde mi tierna edad, debido a que cuando cursaba mi 4º y 5º año de preparatoria, nuestra dulce y bondadosa maestra, Srta Lily nos enseñaba a leer y aprender de memoria algunas poesías de Rubén Darío “Es algo formidable que vió la vieja raza,/ robusto tronco de árbol a cuesta de un Titán…/” también solíamos leer poemas de César Vallejo, poemas que se hallaban incluidos en el libro de lectura “El Lector Chileno” de César Bunster, gran educador y poeta chileno.


En el año 1918, César Vallejo, publica su primer libro titulado “Los Heraldos Negros” de este libro extractamos dos de sus poemas:


EL POETA A SU AMADA


Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.


En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de septiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.


Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.


Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.




LOS HERALDOS NEGROS


Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada


César Vallejo, dejando atrás el sello del modernismo que caracterizaron sus primeros versos en “Los Heraldos Negros” , resurge en el año 1922 con una voz nueva y profunda en su célebre libro “Trilce” cuyo significado simbólico es “dulce y triste” y que anteriormente llamara “Cráneos de bronce”, cambio de título que realizara a sugerencia de sus amigos:


El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera:
lo lavaba en sus venas otilinas,
en el chorro de su corazón, y hoy no he
de preguntarme si yo dejaba
el traje turbio de injusticia.


A hora que no hay quien vaya a las aguas,
en mis falsillas encañona
el lienzo para emplumar, y todas las cosas
del velador de tanto qué será de mí,
todas no están mías
a mi lado.
Quedaron de su propiedad,
fratesadas, selladas con su trigueña bondad.


Y si supiera si ha de volver;
y si supiera qué mañana entrará
a entregarme las ropas lavadas, mi aquella
lavandera del alma. Que mañana entrará
satisfecha, capulí de obrería, dichosa
de probar que sí sabe, que sí puede
¡cómo no va a poder!
azular y planchar todos los caos.


“Trilce”, es una poesía experimental, al borde del dadaísmo, donde las sílabas van creando nuevas palabras que se aceptan como si hubieran existido siempre. Aunque en “Trilce” encontramos poemas absolutamente *herméticos, podemos ver otros escritos sobre recuerdos de la infancia o nostalgias de amor o las pesadillas de su estadía en la cárcel: “Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta/ que hora son cuatro paredes. / Contra ellas seríamos contigo los dos, / mas dos que nunca…/”


*Entendemos por hermetismo aquel importante movimiento literario del siglo XX que se caracteriza por la profusión de oscuras analogías y destinado a ser comprendida sólo por algunos lectores con notable capacidad interpretativa.


Finalmente podemos afirmar que, hallamos en los poemas de César Vallejo, el íntimo dolor personal y el vital cuestionamiento existencial, en aquella voz inconfundible que emerge desde la tierna inocencia expresiva, para transformarse en la grandeza del dolor universal de todos los hombres.


Villa Alemana, Octubre 2009


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