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domingo, 12 de agosto de 2007

La estética posmoderna


INTRODUCCIÓN El postmodernismo es uno de los movimientos más importantes de nuestros tiempos. Es el fin de la razón como guía absoluta, la convicción de que ésta carecía de capacidad para abrir nuevos caminos al progreso humano, en tanto se da una conciencia generalizada de su agotamiento como fuerza innovadora. Es una crítica al pensamiento moderno.
Esta crítica se da en tres ejes principales: el postestructuralismo francés, la teoría crítica alemana y la literatura artística americana. Así el postmodernismo se convierte en un discurso de varias lecturas, donde cada quien recorre el camino que mejor le parece. Se convierte en un espacio donde las seguridades se pierden, los discursos se confunden e incluso se contradicen, en un lugar donde los conceptos son escurridizos y en el que no se consigue lograr un consenso unitario.
Sin embargo, se coincide en el intento de reconstruir el universo cultural, y ahí se da cuenta de que los modelos para el análisis de la cultura son defectuosos, inconclusos. Es hora de romper con ellos y con el modelo de pensamiento que los sustenta: el modernismo. Es tiempo de repensarnos, de ver hacia atrás en busca de las respuestas que evidentemente no puede generar el presente, y que el progreso ha demostrado ser incapaz de lograr en un futuro.
Para poder entender cómo es que el postmodernismo se genera es necesario entender el modernismo y cómo se va modificando con el paso del tiempo. Hagamos un breve recorrido a través del pensamiento moderno que nos permita sentar las bases necesarias del postmodernismo.
Modernismo
Existen dos versiones principales de modernismo, una representada por el iluminismo burgués y otra por la crítica marxista a la misma. La primera surge de los preceptos de la revolución francesa, las doctrinas sociales del liberalismo inglés y del idealismo alemán. Por su parte la segunda, tiene su origen en la economía política de Marx y avanza de ahí hacia el neomarxismo y la teoría crítica alemana.
Para la razón ilustrada burguesa la modernidad es un reclamo de libertad individual y el derecho de igualdad ante la ley contra la presión ejercida por el Estado. Su función es construir un mundo inteligible donde la razón sea el instrumento para institucionalizar a las fuerzas políticas, económicas y sociales. Donde el Estado solamente sea un árbitro conciliador, un mediador entre los intereses particulares y los de la comunidad. Así la razón será el eje principal sobre el que se irá construyendo el proceso liberador de la humanidad, conjugado la libertad con la necesidad.
El fracaso de esta razón burguesa se pone de manifiesto con todos los aspectos deshumanizante y alienantes de la sociedad capitalista, lo que da paso a la economía política de Marx. Para éste, la noción del Estado moderno hegeliano, en tanto manifestación más alta de la razón, es una formulación ideal, una reconciliación entre lo particular y lo general, pero es utópica, no real. En su versión real, la razón ilustrada burguesa, se encuentra llena de contradicciones y es generadora de progreso y destrucción en igual medida. La única forma de reconstruir la futura liberación de la sociedad es descubriendo estas contradicciones, haciéndolas explicitas y destruyéndolas. A esto se dedicará en adelante toda la tradición marxista.
Más adelante, a comienzos del siglo XX, Weber es el primero en mostrar desconfianza hacia ambas perspectivas, sin embargo, continúa interpretando el proceso histórico como un proceso progresivo de la racionalización. A través de un análisis de las instituciones correspondientes a esta racionalización progresiva, como la economía capitalista, la burocracia y la ciencia empírica profesionalizada, muestra que este proceso de racionalización de la sociedad no es utópico, sino que más bien conduce a un aprisionamiento del hombre moderno en una sociedad deshumanizante.
Para Weber, la esperanza de los pensadores ilustrados de que existía un vínculo fuerte y necesario entre el desarrollo de la ciencia, la racionalidad y la libertad humana es una ilusión. Cuando la Ilustración se extiende, deja al descubierto el triunfo de la razón instrumental, la cual se extiende a toda la vida social y cultural, abarcando todas las estructuras económicas, jurídicas, administrativas y artísticas. Este tipo de razón no conduce a la libertad universal, sino a la creación de una prisión de racionalidad burocrática.
Así mismo, Weber no considera al socialismo como una alternativa viable a la sociedad capitalista, ni capaz de resolver el problema de la razón, ya que surgía de la misma raíz y por lo tanto lleva implícita la misma paradoja de la racionalización como emancipación y reificación.
La escuela de Frankfurt confronta por una parte, la razón ilustrada de la cual el estado fascista es su última expresión; y por otra el fracaso del sujeto histórico y la revolución de Octubre. De igual forma, consideran erróneo tanto el esfuerzo Kantiano por fundar la ética únicamente en la racionalidad práctica, como el énfasis Marxista sobre la importancia central del trabajo como forma de autorrealización humana.
Sin embargo, consideran que la realización de la razón todavía es posible, siempre y cuando se logre una reconciliación entre la razón instrumental y la razón objetiva. Así se dedican a realizar una crítica de ambas para lograr su reconciliación.
De esta forma, Adorno y Horkheimer emprenden un esfuerzo analítico conceptual contra ambas tendencias, en un intento de superar la visión dicotómica del idealismo-materialismo. Pero esta teoría crítica se muestra incapaz de sugerir una praxis. Así, la realización racional pensada como una ruptura del progreso y una revolución radical, no deja de ser utópica.
Es así como el proyecto ilustrado de la liberación humana queda frustrado y en su lugar se da un proceso de racionalización, burocratización y cientifización de la vida social.
La estética moderna
La estética moderna adquirió principios bien definidos con Baudelaire y de ahí se desarrolló en diversas direcciones encontrado su clímax en el dadaísmo y el surrealismo. La modernidad estética se caracteriza por actitudes que encuentran un rasgo común: la conciencia transformada del tiempo.
Toma la forma de la vanguardia, se considera a si misma como invadiendo un espacio desconocido, conquistando un futuro todavía no ocupado, avanzando en un paisaje donde nadie se ha aventurado todavía (Habermas, 1981).
La modernidad se rebela contra todo lo que es normativo, rompe con las tradiciones, tiene la misión de ser siempre innovadora y es en ese sentido donde es efímera ya que necesita reinventarse constantemente o perder su sentido de originalidad, y por lo tanto perder su validez.
La negación es su fuerza creadora, negación como ruptura con lo ya establecido, negación como rechazo a lo anterior. Moverse siempre hacia delante, dejando atrás lo que ya se ha hecho antes, lo único realmente valiosos es aquello que innova, que es original. “Lo más curioso es que el furor modernista descalifica, al mismo tiempo, las obras más modernas: las obras de vanguardia, tan pronto como han sido realizadas, pasan a la retaguardia y se hunden en lo ya visto” (Lipovetsky, 1988, p. 81)
La vanguardia ha perdido su poder creativo, la negación ha agotado sus posibilidades y aunque el modernismo predomine está muerto como fuerza creativa.
Postmodernismo
Como hemos visto, hablar de una teoría del postmodernismo es poco más que difícil, las diferencias conceptuales entre los distintos ejes del pensamiento postmoderno, son incluso contradictorios y opuestos.
Sin embargo, es necesario lograr una plataforma común que nos permita englobar las distintas concepciones que forman el postmodernismo. Para este efecto, retomaremos a Cahoone (1996) quien nos ayudará a sentar las bases comunes del pensamiento postmoderno.
Podemos encontrar 5 elementos comunes al postmodernismo, 4 críticas y un método; presencia contra representación, origen contra fenómeno, unidad contra pluralidad, trascendencia de las normas contra su inmanencia y el método de la otredad constitutiva. De igual forma, podemos encontrar tres vertientes diferentes: Histórico, Metodológico y Positivo.
Presencia vs Representación.- La presencia se refiere a la calidad de experiencia inmediata y de los objetos que son presentados de ese modo. Aquello que es dado a conocer por su presencia siempre ha sido contrastado por lo que se adquiere a través de signos, conceptos y construcción, es decir donde interviene el factor humano. Por ejemplo, las sensaciones o los datos obtenidos por los sentidos han sido considerados como conductores directos de la realidad, y por lo tanto más confiables y certeros que los contenidos mentales modificados a partir de ellos.
El postmodernismo cuestiona e incluso rechaza esta distinción. Niega que cualquier cosa pueda ser inmediatamente presente, y por lo tanto independiente de signos, lenguaje, pensamiento, desacuerdo, etc., argumenta que la presentación en realidad presupone representación.
Origen vs Fenómeno.- El origen es la fuente de cualquier cosa que se encuentre bajo consideración. Usualmente es entendido como la meta de la búsqueda racional, la búsqueda por encontrar lo que se encuentra detrás o más allá del fenómeno, la búsqueda de sus fundamentos últimos. Para las filosofías modernas del Yo (existencialismo, psicoanálisis, fenomenología e incluso el marxismo) el intento de descubrir el origen del yo es el camino hacia la autenticidad.
El postmodernismo por su parte, niega en el sentido estricto esta posibilidad. Niega la posibilidad de regresar, recapturar e incluso representar el origen, la fuente, o cualquier realidad más profunda que el fenómeno en si mismo. En este aspecto se puede decir que el postmodernismo es superficial, ya que no profundiza, para el pensamiento postmoderno la superficie del fenómeno es lo importante, no hace falta un conocimiento más profundo o fundamental.
Unidad vs Pluralidad.- El pensamiento postmoderno trata de mostrar que lo que generalmente es concebido como unidad, singular, existencia integral o concepto, es en realidad plural. Todo está constituido a partir de sus relaciones con otras cosas, por lo tanto nada es simple, inmediato o totalmente presente y ningún análisis puede, en consecuencia, ser final o completo.
Trascendencia de las normas vs Inmanencia de las normas.- La negación de la trascendencia es un punto crucial en el postmodernismo. Normas como verdad, bondad, belleza, racionalidad, no son consideradas como independientes de los procesos que juzgan y gobiernan, más bien se les considera como productos inmanentes a esos mismos procesos.
Por ejemplo, mientras que usualmente tomamos la idea de justicia para juzgar un orden social. Los posmodernistas, parten de que el concepto de justicia es producto en si misma de las relaciones sociales que juzga. Es decir, el concepto fue creado en cierto tiempo y lugar, atendiendo a intereses determinados y dependiente de un contexto social e intelectual.
La otredad constitutiva.- Esta es un sistema de análisis común al pensamiento postmoderno que es utilizado para analizar cualquier sistema cultural. Lo que parecen unidades culturales, como seres humanos, palabras, significados, ideas, sistemas filosóficos, organizaciones sociales, en realidad se mantienen en su unidad aparente solo a través de un proceso activo de exclusión, jerarquización y oposición.
Metafóricamente se puede decir que son los márgenes los que construyen el texto, las unidades son constituidas por sus relaciones de dependencia y represión con otros. En consecuencia, el analista informado pondrá atención en aquellos elementos aparentemente excluidos o marginados de cualquier sistema o texto. Los posmodernistas cambiarán su atención de los temas anunciados y bien conocidos de un texto, hacia aquellos que rara vez se mencionan, los virtualmente ausentes, aquellos temas devaluados explicita e implícitamente.
Tipos de postmodernismo
Siguiendo con el análisis de Cahoone sobre el postmodernismo, encontramos que una vez sentadas las bases comunes para lo que se ha denominado postmodernismo podemos dividir a este en tres grandes grupos:
Histórico.- Este postmodernismo argumenta que la organización social, política y/o cultural de la modernidad ha cambiado fundamentalmente, por lo que ahora enfrentamos un nuevo mundo. Es el reclamo histórico del postmodernismo, o mejor aún es el postmodernismo como reclamo histórico. La modernidad se encuentra en su fin o está sufriendo un proceso de transformación profunda. Este puede ser aplicado a cualquier clase de asunto, social, cultural, artístico o teórico. No necesita hacer declaraciones normativas, es decir, no necesita decir que la modernidad estaba equivocada. Podemos ubicar a Daniel Bell dentro de esta línea.
Metodológico.- En esta variedad de postmodernismo se rechaza la posibilidad de establecer las bases del conocimiento, y por lo tanto su confiabilidad, entendiendo a éste como válido en un sentido realista, es decir, conocimiento como representante de la verdad, independiente de la naturaleza real de los objetos.
Es antirealista, sostiene que el conocimiento es válido no por sus relaciones con los objetos, sino por su relación con nuestros intereses pragmáticos, nuestras perspectivas comunes, nuestras necesidades, nuestra retórica.
El postmodernismo metodológico es esencialmente negativo, es decir, muestra las deficiencias y problemáticas de otras formas de escritura, habla y teorización, pero no ofrece ninguna alternativa explícitamente. Como ejemplo de este postmodernismo encontramos a Jean Francoise Lyotard
Positivo.- Este es una reinterpretación positiva de cualquier fenómeno bajo la forma de una crítica metodológica, en cualquier tema. Puede tratar del yo, de Dios, la naturaleza, el conocimiento. Esta categoría se refiere a escritos que se aplican a temas postmodernos generales, así como a materias particulares para ofrecer una nueva visión de los mismos. Ofrecen una alternativa a la modernidad. Dentro de esta corriente podemos ubicar a Jürgen Habermas.
Por supuesto, estas diferencias entre los pensadores posmodernos crean tensiones entre ellos, llegando incluso a descalificarse unos a otros. Sobre todo en el caso de los positivos y los metodológicos. Todo esto sólo ayuda a aumentar la confusión existente alrededor del postmodernismo.
Estética del postmodernismo
Como hemos visto el postmodernismo más que un bloque teórico, es una serie de caminos que sólo tienen como punto común la crítica a la modernidad. Así, no debe extrañarnos que no exista una estética postmoderna, sino diversos enfoques y acercamientos hacia la misma.
Sin embargo, todas estas nociones diversas de estética postmoderna parten de un punto común, la estética del modernismo ha llegado a un punto muerto, ha perdido su fuerza creadora y su papel de innovadora. Es necesario replantearse los caminos o por lo menos ser concientes del fracaso de la propuesta de la estética del modernismo.
Una vez entendido lo anterior, comencemos por el principio. Hagamos un recuento de las que, sin duda, son las tres vertientes más importantes del postmodernismo y de las que hemos venido a lo largo de este ensayo para explicar sus posturas estéticas o por lo menos sus cuestionamientos hacia la misma.
En la corriente neoconservadora, Bell considera que la cultura postmoderna es del todo incompatible con los principios morales de una conducta de vida racional y propositiva.
Se disuelve la ética puritana dando paso al hedonismo, con el uso de los medios masivos de comunicación y las instituciones como el crédito que, por una parte llevan hacia la gran mayoría lo que antes era de competencia exclusiva de una elite, y por otra socava los principios mismos de la ética protestante como el ahorro. Se da en las culturas occidentales un cambio en el rumbo de las sociedades. Pasamos de la búsqueda del bienestar social, a la búsqueda del hedonismo individual. El individuo sólo tiene ojos para si mismo o para su grupo.
El postmodernismo es de esta forma la continuación de la modernidad ya que prolonga y generaliza una de sus tendencias constitutivas: el proceso de personalización. Sin embargo, al ser la modernidad un ente muerto debido a que el hedonismo ha terminado con sus aspiraciones de razón ilustrada se produce una crisis cultural. Bell piensa que la salida a esa crisis es el retorno a lo tradicional.
Así los neoconservadores voltean hacia las etapas anteriores a la modernidad para encontrar los elementos que les permitan superar a ésta. Es en la tradición donde se encuentra la alternativa al postmodernismo vacío. Bell hace hincapié principal a la necesidad de un resurgimiento religioso.
Por su parte, Habermas, opina que en lugar de renunciar a la modernidad y a su proyecto como causa perdida, deberíamos aprender de los errores de los programas extravagantes que han intentado negarla.
Así, Habermas, considera que es en el ámbito de la recepción y apropiación del arte donde podemos encontrar una alternativa que nos permita por un lado superar la crisis moderna y por el otro saltar el vació que genera el postmodernismo.
El que un espectador no experto, un lego en materia de arte, adquiera el conocimiento necesario para entenderlo y trasladarlo a su vida cotidiana para que sea éste el referente que le permita iluminarlo. Es una de las posibilidades de retomar el proyecto modernista.
Sin embargo, es conciente de que esto es sólo un aspecto, el proyecto pretende reconectar diferenciadamente a la cultura moderna con la praxis cotidiana que todavía depende de las herencias culturales. Pero esta conexión sólo puede darse si la cultura modernista toma un rumbo diferente al que lleva, es decir, el mundo de la vida debe ser capaz de desarrollar a partir de si mismo instituciones que pongan límites a la dinámica interna y los imperativos de un supuesto económico casi autónomo y sus complementos administrativos.
Finalmente, Lyotard considera que la entrada, por si misma, de los aspectos tecnológicos en el arte no es mala ni indeseable, pero el uso que se ha hecho de ellos sí lo es. El hecho de que éstos permitan producir representaciones tan similares al mundo real, multiplica las ilusiones de realidad.
Además, cuando no se hace un intento por reexaminar las reglas del arte, dentro de este nueva lógica de creación, y se limita a seguir las “buenas reglas” y un deseo endémico de la realidad con objetos y situaciones capaces de satisfacerla se cae en lo que el da por llamar la pornografía. “La pornografía se convierte en un modelo general para las artes de la imagen y la narración que no han valorado cabalmente el desafío mass-mediático” (Lyotard, 1992, p.16)
Para Lyotard, el elemento principal del arte postmoderno es el eclecticismo, al cual llama el grado cero de la cultura contemporánea. Es fácil encontrar público para las obras eclécticas, ya que este halaga el caos que rige al aficionado.
Por otro lado, al no tener el arte una capacidad real de ser valorado por sus contenidos estéticos, siempre le queda el refugio, ilusión provocada por el realismo, de medir su valor por el dinero. Es decir, a falta de criterios estéticos, sigue siendo útil medir el valor de las obras por la ganancia que se puede sacar de ellas.
CONCLUSIONES
Como hemos podido ver, el postmodernismo se encuentra muy lejos de ser una teoría cohesiva y consistente, y tal vez eso va en contra de su misma lógica interna. Sin embargo, aún dentro de toda la confusión que se pueda generar por las diversas lógicas que el postmodernismo abarca, tiene elementos valiosos y las criticas que plantea hacia a la modernidad no dejan de ser importantes.
Difícil de saber cual será el nuevo rumbo que se tome, es importante sin embargo, darnos cuenta de que el postmodernismo habrá sido factor clave en el mismo, ya sea como elemento de transición o como nuevo paradigma cultural.
Para concluir podríamos decir que hoy día la discusión postmodernista sobre la estética se desplaza de la pregunta ¿qué es lo bello? a ¿qué es el arte? El postmodernismo, es en si mismo, una redefinición de todos los valores y creencias que habíamos seguido hasta ahora, o por lo menos un intento de redefinición.

FUENTES CITADAS
Bell, Daniel. (1977). Las contradicciones culturales del capitalismo. Alianza Editorial. DF, México
Cahoone, Lawrence. (1996). From Modernism to Postmodernism an anthology. Blackwell Publishers. Oxford, United Kingdom.
Eagleton, Terry. (1997). Las ilusiones del posmodernismo. Paidos. Buenos Aires, Argentina.
Habermas, Jürgen. (1981). Modernity versus Postmodernity. New German Critique, numero 22.
Habermas, Jürgen. (1998). Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Amorrortu Editores.
Hollinger, Robert. (1994). Postmodernism and the social sciences. Sage Publications. United States of America.
Jameson, Frederic. (1998). Teoría de la
postmodernid@d. 2ª. Edición. Editorial Trotta. Valladolid, España.
Lyotard, Jean-Francois. (1992). La posmodernidad (explicada a los niños). 2ª. Edición. Gedisa Editorial. Barcelona, España
Lyotard, Jean- Francois. (1994). La condición postmoderna: un reporte sobre el saber. 5ª Edición. Cátedra. Madrid, España.
Lypovetsky, Gilles. (1988). La era del vacío, ensayos sobre el individualismo contemporáneo. 3ª. Edición. Editorial Anagrama. Barcelona, España.

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Marco Tulio Méndez Ríos:
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