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lunes, 16 de noviembre de 2009

Entrevista al poeta argentino Manuel Ruano




Entrevista a:
Manuel Ruano


ESCRIBIR


¿Cómo empezaste a escribir? ¿quién te leia al principio?
No lo sé precisar. Pero supongo que tuve un gran detonante expresivo cuando no me pude expresar con la voz y quedé temporalmente mudo. ¿Deberé contar esta anécdota de cuando apenas si sabía escribir? Sí. Y eso, creo, fue alrededor de los cinco años, cuando fui intervenido quirúrgicamente de las amígdalas. Lo que para mí fue terrorífico; porque no quedé bien y hubo que hacer rectificaciones en el Hospital de Niños. Siempre recuerdo una sala inmensa, fría, oscura y la cara de un doctor con un espejito en la frente que escarbaba en mi garganta con un bisturí y unas pinzas. Y un hombre que me sujetaba con una llave (supongo) que de judo y así me mantenía como un torturador a merced del cirujano. Con la boca abierta. Había también una monja enfermera que decía “pobrecito”. Pero mis lágrimas no eran bálsamo para soportar aquello. Y mi madre me recompensaba llevándome luego a tomar helado. Por ese entonces entendía que el helado era un condicionante para una nueva sesión de tortura. Escribía no sé qué cosas. Y dibujaba a un niño llorando ríos de lágrimas. Lo que todavía no me permitía la comunicación plena con mis hermanos, con mi abuela, mis padres, mis amigos. Hubo, sí, una maestra irlandesa a la que yo quería que me acompañaba en todo momento y ejercía no sé qué tipo de influencia en mí. No le gustaban las armas y rechazaba la guerra. De ahí que no quería, por ningún motivo, que alguien me regalara un revólver de juguete o una escopeta de tirar corchitos. A mi padre le gustaba eso porque él odiaba la guerra. Por ese entonces aprendí a observar, a escribir y a dibujar. Toda la casa estaba escrita con leyendas y dibujos en las paredes. Yo tenía una gata a la que amaba. Un día, esa gata dio a luz y por algunas horas tuve muchos gatitos a mi alrededor que lloraban todo el santo día. Hasta que alguien decidió que había que sacarlos fuera de la casa. Pasó como una semana y lo recuerdo como si fuera hoy, en un día que llovía a cántaros, la sentí maullar detrás de la puerta de entrada. Cuando mamá la abrió, allí estaba la gata, mi gata, con todos sus gatitos implorando entrar. Eso me condujo a sentir la ternura y también el dolor; porque cuando quise asegurarme de que no se volverían a ir y até a uno de ellos a la pata de una mesa, el gatito amaneció muerto de tanto dar vueltas alrededor de la misma. Y eso me marcó para siempre, ya que el dolor es un elemento vital en mi escritura. Por otro lado, como todo niño tuve una ortografía atroz. Mi padre, afecto a la literatura y al arte en general, me corregía mucho; pero quien más estuvo sobre mí, fue un maestro de primaria llamado Oronaz que me hacía repetir hasta el cansancio mis faltas ortográficas y, supongo, me orientó hacia las letras. Pero si tengo que hablar de un interlocutor efectivo y afectivo, esa fue mi madre. Ella me enseñó antes de ir al colegio el amor por las palabras y con sus lecturas alimentó mi imaginación para el resto de mis días. También me alentó en la escritura en todos los sentidos... Aunque a escribir, técnicamente hablando, comencé mucho después. Y los primeros, fueron poemas de amor dedicados a una muchacha recluida en una escuela de religiosas... Hasta que alguien los dio a publicidad en una emisora radial.


¿Qué género es tu favorito? ¿Agún link donde podamos ver o leer algo sobre tu obra reciente?
La poesía. Y por ella, la crítica, el ensayo, el cuento, en una palabra, la escritura que siempre me convoca al amor por el idioma. Siempre he leído a los clásicos y ellos, lo sé, son mis amigos del alma. Cuando uno descree de los demás, siempre me refugio en la literatura. Voy a mi Quevedo, a mi Cervantes, a mi Balzac, a mi Borges, a mi Vallejo... En cuanto a mis link, tengo tres (además de una revista editada años atrás: Quevedo), pero se puede acceder a algunas de ellas citando a: http://manuelruano.blogspot.es
http://interraignota-manuel.blogspot.com
http://blogs.clarin.com/el-liroforo-blogs-clarin-com (...)


¿Cómo es tu proceso creativo? ¿qué ocurre antes de sentarte a escribir?
Hay una frase de Stefan George, que me parece a propósito para contestar esta pregunta: “Sólo por la magia se mantiene despierta la vida”. Debería agregar y la visión poética. Yo pienso que la literatura es un estado de gracia y que el poeta redescubre el poema o el poema lo descubre a él. Por eso, para mí, la realidad es una lectura en negativo y el ensueño es una revelación en positivo. El buen poema se piensa a sí mismo. Con esto quiero decir que yo escribo mis sueños y al despertar, entro en otro todavía más profundo que me empuja a reinventar la realidad. Por eso una naturaleza poética, como en Blake, siempre tiene visiones. Pero una naturaleza no poética, tiene vociferaciones. El mal poema se delata a sí mismo. En cuanto a mi proceso creativo, me voy a mi “Ars poética”, publicada en 1979 en Amsterdam: La palabra adquiere para mí una relación oracular. Es un destilamiento severo, paciente, del discurso que sugiere el movimiento de los cinco dedos de una mano invisible. Instrumento capaz, pienso, de tomar sin someter; de dominar sin oprimir; de encantar sin mediatizar; de liberar sin perder la sensación ajustada a las reglas de construcción, ética y estética, del propio oráculo del poeta. La verdadera poesía ha conseguido desprenderse de la imitación... Mi método se sintetiza en las siguientes premisas: anteponer a cualquier verso una intención verdadera, precisa. Darle a esa intención visualidad, diafaneidad, garra de tono. Hacer del tiempo, una experiencia múltiple, nunca lineal. Por eso trato de atrapar la verdad de un golpe. Ya que el poema no puede reducirse a un acumulamiento de imágenes ni un empleo desmedido de los vocablos. Me gusta enfrentarme a situaciones difíciles, a complicaciones verbales que integren un engranaje nuevo. ¿Qué ocurre antes de sentarme a escribir?... Nada. Cuando escribo generalmente no sé si estoy sentado o de pie o caminando por una estación solitaria... Es impredecible. Ahora, cuando reescribo, sí. Trato de acomodarme lo mejor posible frente a la hoja en blanco.


¿Qué tipo de lectura es la que te activa las ganas de escribir?
Borges señaló en una oportunidad: “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aun más tenebrosos y singulares que los buenos autores”. Y todavía Voltaire, mucho antes decía que “peligroso no es el hombre que lee, sino el que relee.” Siempre tuve por la lectura una obsesión desmedida. Es la conciencia de lo que se puede saber de la buena literatura y el señalamiento de lo que se debe hacer con la mala literatura. Por eso uno se atiborra de los poemas y escritos de Yeats, de Pound, de Eliot, entre otros, para “ajustar las tuercas del propio trabajo”. Pero cuando un libro me activa la escritura, la emoción es un torrente incontenible y es ahí, precisamente, cuando uno piensa que todo después de ese libro, es basura o un libro prescindible. Aunque generalmente, yo me motivo más que con un libro, frente a un hecho fantástico que acaba de revelárseme... Ya sea de la naturaleza, de una anécdota cotidiana o de algo inspirado en el amor... Ergo, tengo conciencia que toda literatura es un ensueño dirigido.


¿Cuáles son, según tú, los ingredientes básicos de una historia?
Primero, tener algo que decir. Luego saber decirlo. Todo varía, después, en la técnica del poeta o del escritor. Una novela necesita de una historia y un poema, de un punto de arranque que despierte una historia. Por eso digo que todo es como una galería de espejos que consiste en perpetuarse en la mente. En mi adolescencia Cazzote había encendido mis cabellos como una aurora gótica. Y una mujer puede ser una ciudad del siglo XVIII que se pierde en los rayos del sol, ardiente como el pecado y hermosa como un cometa brillante que se desplaza por la noche más apacible.... Y en cada sueño hay un poster de Freud mirando una muchacha desnuda.


En qué zapatos te encuentras mas a gusto: ¿primera persona o tercera persona?
Creo que se ha abusado mucho, muchísimo de la primera persona, para decir lo que ya han dicho hasta el cansancio terceras personas. Lo importante, cuando el texto lo exige, es ir a lo que realmente la escritura pide a gritos. En un tiempo admiré los textos del budismo zen. Creí ver en la despersonalización la verdad del texto; pero de eso, después se hizo una moda en los talleres literarios y era como un maniquí de una modista que pone alfileres aquí y allá, para hacer un vestido. Yo pienso que la literatura va más allá del modelito y la moda. Un escritor nunca puede pasar por la pasarela del modelaje, porque se hace trivial en los contenidos. Hay una verdad que me dice que la poesía o el cuento, respira como un organismo viviente. Habitar un poema es reconocer sus impresiones digitales, es parte de lo inhabitual. Huidobro hablaba de lo inhabitual. El texto que uno escribe no puede ser escrito por otro. De ahí que todo cambie para el espectador: todo interés, ahora, pertenece a la magia. Y la magia es la ciencia universal de las analogías. Por eso la magia hace esclavos de la contemplación. Pero se corre el riesgo que toda “contemplación” detenida, esté en peligro y todo organismo viviente necesita, siempre, de lo desconocido para desarrollar su encantamiento.


¿Qué escritores conocidos son los que más admiras?
Yo provengo de un grupo literario llamado El escarabajo de oro. La revista que editábamos era libre por los cuatro costados, de toda atadura estética. Admirábamos los textos más brillantes y éramos implacables en cuanto a la crítica. Allí venían escritores de todas las generaciones y tendencias. Recuerdo a muchos que también procedían del exterior. Las colaboraciones eran diversas; pero por esa época (estoy hablando de los años sesenta y casi principio de los setenta) conocí y admiré a Martha Lynch, Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, María Rosa Oliver, Manuel del Cabral, Beatriz Guido, Raúl González Tuñón, Leónidas Barletta, Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernardez, Juan Gelman, Olga Orozco, Miguel Ángel Bustos, Aldo Pellegrini, César Tiempo, Ricardo Carpani, Enrique Molina, Manuel Mujica Lainez, Y más tarde, en el exterior, a Jaime Sabines, Ernesto Cardenal, Jorge Amado, Antonio Cisneros, Fernando Quiñones, Enrique Lihn. Y los escritores que fueron compañeros de grupo: Abelardo Castillo, Vicente Battista, Víctor García Robles...


¿Qué hace que un personaje resulte creible? ¿cómo creas los tuyos?
Como cuentista creo que el tema debe tener una sintonía con la realidad. Si el texto es de base histórica, con más razón. Y si es actual, puede falsearse la realidad; pero el tema debe ser tan realista como sea posible. Yo soy un escritor apasionado por Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe, Felisberto Hernández., Julio Cortázar...


¿Eres igualmente hábil contando historias oralmente?
No. Soy muy tímido para contar historias oralmente. El escritor escribe. Los políticos hablan y así nos “hacen el cuento”; pero ese es otro aspecto que nada tiene que ver con la literatura. No creo que se pueda hacer pasar gato por liebre. La literatura debe ser escrita y cuando se la hace oral, debe ser dicha por un gran actor...


¿En lo más profundo de tu motivación, para quién escribes?
En lo fundamental, para mí. Es un regocijo interior, un desahogo, un acto que al realizarse es de plenitud, de euforia, después de aletargamiento... Más tarde, se participa a los demás. Y eso entraña otras cosas que ya tienen que ver, la mayoría de las veces, con la vanidad, la promoción, el escándalo, la comercialización. Si el texto es bueno, pero realmente bueno, quizás la gloria...


¿Se escribe como terapia personal? ¿son los conflictos internos una fuerza creadora?
Creo que sí. En mi caso, la literatura es mi confidente. Relato cada paso como si tuviera delante a un terapeuta. Conste que nunca tuve uno; pero sé de qué se trata.


¿Te sirve el feed-back de los lectores?
Es reconfortante tener lectores. Y si opinan bien, mejor. Hoy en día el escritor tiene una estupenda herramienta: el internet. Puede escribir y recibir mensajes... Y hasta hacer una polémica literaria acerca de cualquier texto, alternativamente, desde cualquier lugar...


¿Te presentas a concursos? ¿Has recibido premios?
Sí. Mi primera publicación, Los gestos interiores, recibió el Primer Gran Premio Internacional de Poesía de Habla Hispana en 1968 y al año siguiente, se publicó en Editorial Losada, en su colección Poetas de Ayer y de Hoy, con palabras majestuosas de don Leopoldo Marechal, un poeta del martinfierrismo. Además recibí otros galardones,
Premios nacionales e internacionales, etcétera, que ya son más de treinta.


¿Compartes los borradores de tus escritos con alguien de confianza para tener su opinión?
En la actualidad, mi mujer es la mejor crítica para mis poemas, cuentos, ensayos y novelas. A veces me los tipea en la computadora. Yo suelo escribir a mano todos mis textos y recién, cuando creo que están a punto, los paso al computer...


¿Crees que ya has encontrado "tu voz" o eso es algo que se está eternamente buscando?
Borges decía que al cumplir los setenta años creía haber encontrado su voz. Eso es instintivo. El maestro tenía sus razones de considerar eso. Tengo la sensación, cuando acabo de cumplir sesenta y seis años, de aquella anécdota con la que empiezo estas preguntas, cuando me operaron de la garganta y yo creía haber perdido la voz. Pero ella estaba dentro mío, esperando su momento... Llevo publicados ocho libros de poesía y otros aledaños... Y creo estar escribiendo siempre el mismo poema. Eso debería obligarme a pensar que lo más importante es tener algo que decir... Un amigo mío, gran poeta, me dijo una vez que la poesía estaba al fondo de un precipicio y que uno debía arrojarse por ese vacío tapándose la nariz, sin saber lo que va a encontrar abajo. Eso me ha guiado en toda mi vida literaria.


¿Que disciplina te impones, en cuanto a horarios, metas, etc.?
Trabajo en escritos para editoriales de gran prestigio. Eso, me ha impuesto ser más ordenado (no del todo), tratar de corregirme de errores no profesionales como el incumplimiento o faltar a la palabra, etc. Soy riguroso cuando trabajo un tema y muy disciplinado en la investigación.


¿De qué te rodeas en tu estudio de trabajo para favorecer tu concentracón?
En especial necesito del silencio. La música clásica me concentra mucho y da paso libre a la escritura. No quiero decir que sea primordial; pero es una buena manera de ejercitar a esos fantasmas de la imaginación. Yeats decía que de la confrontación con los demás surgía la retórica y de la confrontación con uno mismo, la poesía...


¿Escribes en pantalla, imprimes con frecuencia, corriges en papel...? ¿como es tu proceso?
Cuando escribo artículos periodísticos, generalmente utilizo la computadora. Pero soy un escritor “chapado a la antigua” y me gusta corregir en el papel. Claro, que no tengo la escrupulosa manía, como Juan Ramón Jiménez, de escribir con lápices de diversos colores y en papeles especiales. No. Escribo en cuadernos, en agendas, en papeles sueltos, que a veces, como es natural, olvido dentro de los libros. Y que para mi sorpresa vuelvo a encontrar después de varios meses (y hasta años) dentro de un libro.
Eso me sirve, en primer lugar, para descifrar su contenido. En segundo lugar, para desarrollar un tema. O, en caso contrario, para ser arrojado al olvido.


¿Qué sitios frecuentas online para compartir experiencias o información?
Revista literarias o periódicos del exterior que estén menos viciados de excrementos literarios. Voy a bibliotecas virtuales, a museos y visito páginas de escritores que valgan la penar visitar...


¿Cómo ha sido tu experiencia con editoriales?
Afortunadamente nunca publiqué mis libros con el rótulo “edición del autor”. Comencé, como ya lo dije, publicando en la mejor editorial para el momento, debido a un premio literario, que era Losada. Don Gonzalo Losada, era, aparte de un gran editor, un sentimental de la poesía. A mí me consta porque sostenía largas conversaciones con él sobre temas relacionados con la literatura en general. Y hasta tuvo el gesto y la amabilidad de reincidir con un segundo libro mío premiado en el exterior: Según las reglas (1972). Después vinieron otras editoriales: Fondo de Cultura Económica de México que publicó en 1990 Mirada de Brueghel; Biblioteca Ayacucho y Monte Ávila Editores de Venezuela, etc., etc.


¿En qué proyecto estás trabajando ahora?
Siempre la poesía. Después la narrativa. Tengo una novela inédita y otra en proceso, a la que vuelvo inesperadamente. Escribo cuentos y ensayos. Pero de pronto, me demoro en un verso o en una frase como quien se enreda en un sueño...


¿Qué me recomiendas hacer con todos esos textos que llevo escribiendo hace años pero que nunca he mostrado a nadie?
Enviarlos a concurso. Siempre existe la posibilidad del gran hallazgo...

jueves, 5 de noviembre de 2009

Hacia la Comprensión del Arte de la Escritura II - Luis Ossa Gajardo


LAS  ODAS

                                                                                                   Luis Ossa Gajardo

Con frecuencia oímos decir a personas aficionadas a la pluma y al papel, “voy a escribir una oda al o a la…” como si esta fuese la máxima expresión del género lírico. Sin embargo, es esta la forma menos lírica de todas las expresiones poéticas existentes. Porque dominado el poeta por una fuerte y grande impresión, como ser imaginativo y apasionado que es, en su exaltación, eleva la voz, más de lo que comúnmente suele hacer: ya no escribe, ni habla con la serenidad de antes, sino, canta…y no precisamente con aquellas notas distintivas, que coherentemente brotan desde su alma como un conjunto de tiernos e íntimos arpegios. La misma efervescencia de su espíritu suele imprimir elevación y vigor a sus pensamientos, estimular sus facultades imaginativas y en su osadía otorga a su expresión una extraña disonancia. Y esto ocurre sencillamente porque el poeta, vivamente conmovido como se halla, no acierta a encadenar sus ideas y suele pasar de un concepto a otro bruscamente, sin transiciones. A esta supresión de nexos o ideas intermedias se les denomina “saltos líricos”.

En la actualidad no son aceptables estos arrebatos poéticos, se prefiere una poesía intimista, en voz baja, una poesía que contenga trazos líricos coherentemente admirables y que, por su jerarquía, encuentre eco en las sensitivas fibras del lector

Los tratadistas dividieron este antiguo género, según su clase en:
 
a)    Heroica, es la que celebra grandes sucesos ejemplo; “A la victoria de Lepanto” de Herrera.

b)    Sagrada, la que canta a las glorias de Dios y los afectos piadosos, ejemplo; “A la Ascensión” de Fray Luis de León.

c)    Filosófica o moral que discurre sobre la sociedad, las costumbres, el corazón humano, y los vicios y virtudes, ejemplo; “A la vida del campo” de Fray Luis de León.

d)    Erótica, la que se inspira en el amor terreno, ejemplo; “Al céfiro” de Esteban Manuel de Villegas, etc.

Sin duda, al escribir mis líneas anteriores, seguramente, ustedes, amables lectores, habrán recordado a Pablo Neruda, nuestro insigne poeta y premio Nóbel de Literatura 1971. Y razón tienen, ya que fue nuestro poeta quién resurgió este género en nuestro país, con la sucesiva publicación de: “Odas Elementales”, Editorial Losada, Buenos Aires,  1954. “Nuevas Odas Elementales” Edición Losada, Buenos Aires, 1956. “Tercer Libro de las Odas” Editorial Losada, Buenos Aires, 1957.

Sin embargo, debo recordaros que, el comienzo en el arte de la escritura lírica de nuestro insigne vate, no se inicia precisamente escribiendo y publicando alguna de sus odas, si así hubiera ocurrido, nadie las hubiera considerado y menos en aquel tiempo. El éxito de su magnífica y temprana irrupción en la literatura chilena, la realizó bajo el genial impulso de sus tiernos y depurados sentimientos, los que se reflejan en sus primeros libros: “Crepusculario”,  “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”, “El Hondero Entusiasta” etc.

Observemos la riqueza lírica y la profundidad conceptual en una de sus primeras composiciones:

MARIPOSA DE OTOÑO

La mariposa volotea
y arde -con el sol- a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.

Se va la mano que te induce.
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Su lengua tibia me rodea.
También me dice: -Te parece.

La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

El Vate tenía 14 años de edad.
Ahora observemos en estos versos los admirables trazos líricos y el ritmo musical de sus estrofas en:
La Canción de la Fiesta

Hoy que la tierra madura se cimbra              Hombres de risa vibrante y sonora,
en un temblor polvoroso y violento,              son los que traen la fiesta en los brazos,                                                                                                                                                                 
van nuestras jóvenes almas henchidas          son los que llenan la ruta de rosas
como las velas de un barco en el viento.          Para que sean más suaves sus pasos.


Por el alegre cantar de la fuente                         Y una canción que estremece la tierra
que en cada boca de joven se asoma:                   se alza cantando otra vida mejor
por la ola rubia de luz que se mueve                   en que se  miren el hombre y la estrella
en el frutal corazón de la poma,                         como se miran el ave y la flor.

Tiemble y estalle la fiesta nocturna                     Se harán agudas las piedras al paso
y que la arrastren triunfantes cuadrigas             de nuestros blancos y rubios efebos
en su carroza divina y desnuda                           que seguirán con los ojos en alto
con su amarilla corola de espigas.                       volcando siembras y cánticos nuevos.

La juventud con su lámpara clara                       Tiemble y estalle la fiesta. Que el goce
puede alumbrar los más duros destinos,               sea un racimo de bayas eximias
aunque en la noche crepiten sus llamas                que se desgrane en las bocas más nobles
su lumbre de oro fecunda el camino.                    y que fecunde otras bellas vendimias.
                                                                                                   ***
Tiemble y estalle la fiesta. La risa
crispe las bocas de rosa y seda
y nuestra voz dulcifique la vida
como el olor de una astral rosaleda.

El 14 de octubre de 1921 obtuvo el primer lugar en el concurso de la Federación de Estudiantes de Chile. El vate tenía 17 años

Veamos ahora una de sus posteriores odas:

ODA A VALPARAÍSO

VALPARAÍSO,
qué disparate
eres,
qué loco,
puerto loco,
qué cabeza
con cerros,
desgreñada,
no acabas
de peinarte,
nunca
tuviste
tiempo de vestirte,
siempre
te sorprendió
la vida,
te despertó la muerte,
en camisa,
en largos calzoncillos
con flecos de colores,
desnudo
con un nombre
tatuado en la barriga,
y con sombrero,
te agarró el terremoto,
corriste
enloquecido,
te quebraste las uñas…

El sentimiento fluido y el torrencial lirismo, el verso límpido y trémulo, la estrofa clara y transparente, huyeron lejos de toda esencialidad poética, ahora sólo impera en estos versos la prosa cruda e intrascendente. Se cumple lo que he expresado anteriormente:
          En la efervescencia de su
espíritu, Pablo, imprimió elevación y vigor a sus pensamientos, estimuló  sus facultades imaginativas y en su osadía otorgó a su expresión una extraña disonancia. Y esto ocurrió sencillamente porque el poeta, vivamente conmovido como se halló, no acertó a encadenar sus ideas y  pasó de un concepto a otro bruscamente.

¿Es Pablo Neruda por esta oda y otras odas un mal poeta? En ninguna manera, continúa siendo el excelso poeta de siempre, lo que pretendemos significar es que escribir Odas, es un privilegio sólo de los grandes poetas consagrados, los que esgrimiendo su pluma en la batalla de la idea vencieron en los campos del sueño, para aquellos que con un depurado lenguaje expusieron con frescura la gloriosa luz del sentimiento.

Para un principiante que continúe escribiendo odas tras odas… es abrir las lóbregas alas hacia el abismo, porque significará, tarde o temprano, el quiebre de su propia voluntad creadora.

El relativismo vergonzante de hoy, no solo resta importancia a la estética y a la pureza inmanente que todo artista verdadero debe poseer, sino que en su arrogancia, oscurantismo y perversidad, niega la secreta hondura  y el sello glorioso de la dignidad  que todo  fruto expresivo del espíritu humano debe llevar. Por tal razón todo hombre o mujer que con cálido tesón cultive las letras del lirismo, debe buscar siempre en su recinto interior, el derrotero que fielmente marque el rumbo de su íntimo oficio hacia el místico territorio de la poesía lírica.


         Villa Alemana, octubre de 2009.                                                    

Luis Ossa Gajardo: Hacia la comprensión del arte de la escritura.


OVILLEJOS


Un ovillejo es una estrofa que consta de diez versos, los seis primeros formando tres pareados: con el verso octosílabo se pregunta y con el verso de pie quebrado se responde, a modo de eco, en rima consonante. Los cuatro últimos versos forman una redondilla que resume el sentido de los versos anteriores. El verso final recoge las tres palabras utilizadas en los versos cortos o de pie quebrado. Por tanto, el esquema métrico es el siguiente: aa bb cc cddc.
Miguel de Cervantes y Saavedra fue el primero en componer esta lírica composición. Sólo escasos poetas posteriormente han escrito este tipo de estructura poética por el difícil arte de componer.


A continuación tres Ovillejos de Luis Ossa Gajardo.


Ovillejos


¿Qué nos trae la primavera?
Quimera.


¿Canto breve de aventura?
Locura.


¿Quién es la que se divierte?
La muerte.


La envidia veneno vierte
sus gotas amargas caen…
Sandalias sombrías traen
quimera, locura y muerte.


*********************


Ovillejo




¿Qué fuego con tanta furia?
Lujuria.


¿Por qué altivo el simple arrullo?
Orgullo.


¿Por qué tan loca humanidad?
Vanidad.


Oscuro pozo es la maldad …
el viejo mal de este mundo.
Hijos son del vicio inmundo:
Lujuria, Orgullo y Vanidad.


******************


Ovillejo


¿Qué es suave como la bruma?
La Pluma.


¿Con qué se escribe y se pinta?
Con tinta.


¿Qué es lo que en mi alma yo siento?
Sentimiento.


Mis versos entregué al viento
desde mi lejana infancia,
en el desvelo, gracia y ansia ;
Pluma, Tinta y Sentimiento


Villa Alemana, 26 de Agosto de 2009.-



OVILLEJO



Luis Ossa Gajardo


¿En la vid algo divino?
El vino.


¿Dónde se exprime al pisar?
En lagar.


¿Do guarda el vino Joel?
En tonel.


¡Oh! noble raza de Abel
bebed lo que da natura,
y reservan con ternura:
Vino, Lagar y Tonel.




CÉSAR VALLEJO


Luis Ossa Gajardo


La sangre de España y la sangre de América, llevaba César Vallejos en su rojo torrente, poeta y periodista peruano, nacido en una aldea cordillerana a 3500 metros de altura llamada Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892 – fallecido en París, el 15 de abril de 1938.


Su nombre, repercute en mi corazón, desde mi tierna edad, debido a que cuando cursaba mi 4º y 5º año de preparatoria, nuestra dulce y bondadosa maestra, Srta Lily nos enseñaba a leer y aprender de memoria algunas poesías de Rubén Darío “Es algo formidable que vió la vieja raza,/ robusto tronco de árbol a cuesta de un Titán…/” también solíamos leer poemas de César Vallejo, poemas que se hallaban incluidos en el libro de lectura “El Lector Chileno” de César Bunster, gran educador y poeta chileno.


En el año 1918, César Vallejo, publica su primer libro titulado “Los Heraldos Negros” de este libro extractamos dos de sus poemas:


EL POETA A SU AMADA


Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.


En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de septiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.


Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.


Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.




LOS HERALDOS NEGROS


Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada


César Vallejo, dejando atrás el sello del modernismo que caracterizaron sus primeros versos en “Los Heraldos Negros” , resurge en el año 1922 con una voz nueva y profunda en su célebre libro “Trilce” cuyo significado simbólico es “dulce y triste” y que anteriormente llamara “Cráneos de bronce”, cambio de título que realizara a sugerencia de sus amigos:


El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera:
lo lavaba en sus venas otilinas,
en el chorro de su corazón, y hoy no he
de preguntarme si yo dejaba
el traje turbio de injusticia.


A hora que no hay quien vaya a las aguas,
en mis falsillas encañona
el lienzo para emplumar, y todas las cosas
del velador de tanto qué será de mí,
todas no están mías
a mi lado.
Quedaron de su propiedad,
fratesadas, selladas con su trigueña bondad.


Y si supiera si ha de volver;
y si supiera qué mañana entrará
a entregarme las ropas lavadas, mi aquella
lavandera del alma. Que mañana entrará
satisfecha, capulí de obrería, dichosa
de probar que sí sabe, que sí puede
¡cómo no va a poder!
azular y planchar todos los caos.


“Trilce”, es una poesía experimental, al borde del dadaísmo, donde las sílabas van creando nuevas palabras que se aceptan como si hubieran existido siempre. Aunque en “Trilce” encontramos poemas absolutamente *herméticos, podemos ver otros escritos sobre recuerdos de la infancia o nostalgias de amor o las pesadillas de su estadía en la cárcel: “Amorosa llavera de innumerables llaves, / si estuvieras aquí, si vieras hasta/ que hora son cuatro paredes. / Contra ellas seríamos contigo los dos, / mas dos que nunca…/”


*Entendemos por hermetismo aquel importante movimiento literario del siglo XX que se caracteriza por la profusión de oscuras analogías y destinado a ser comprendida sólo por algunos lectores con notable capacidad interpretativa.


Finalmente podemos afirmar que, hallamos en los poemas de César Vallejo, el íntimo dolor personal y el vital cuestionamiento existencial, en aquella voz inconfundible que emerge desde la tierna inocencia expresiva, para transformarse en la grandeza del dolor universal de todos los hombres.


Villa Alemana, Octubre 2009


martes, 3 de noviembre de 2009

La creación poética dibuja un mapa alternativo del mundo

Hay una geometría secreta en el lenguaje poético que refleja la estructura metafórica de la conciencia

La creación poética es la creación de un mapa del mundo que nada tiene que ver con la linealidad de nuestra antigua cultura occidental, que estuvo atrapada en el concepto del progreso. Como ocurre en el poema, en la realidad también sucede que todo está en todo. El lenguaje poético lo sabe, el poeta se sorprende al descubrirlo en su proceso de escritura, y el lector regresará a esa concepción de lo que le rodea al acercarse a la poesía. La metáfora del lenguaje poético es la figura literaria que nos permite un conocimiento mayor de las paradojas que otorgan sentido, ante nuestras propias conciencias, al mundo que nos rodea. Por Yaiza Martínez.


El lenguaje artístico. Wycliffe.
Al inicio de toda observación, el ser humano no vislumbra el caos. Desde el principio conoce desde una fuente interpretativa existente en él que genera el sentido. No es un orden pudoroso ni estricto. No es un esquema kantiano de categorías. Es una forma de creación, la mayor parte del tiempo inconsciente, con la que el hombre hace al mundo y, también, con la que el mundo hace al hombre.

La idea de progreso la utilizo aquí para ejemplificar el mapa que más arraigado estuvo, en la Antigua Era, en la cultura occidental. Quizá también porque me parece la antítesis de la cartografía que emerge del lenguaje poético. El poema no es una línea –tal vez haya una organización lineal de palabras, versificación, relato e intensidad lírica-, sino que va más allá de la linealidad progresiva que, bien empleada, puede enriquecer su mensaje.

Hablemos del orden del poema desde otra perspectiva (estamos en la Era del Arte, las paradojas se tocan), puesto que hay una geometría secreta e implícita en el lenguaje poético, ajena a la posible organización lineal de su estructura. Se trata de una geometría, sin duda, metafórica u holística.

El tiempo de la simultaneidad (por tanto, el no-tiempo), suele levantar del poema un orden ajeno a lo que normalmente conocemos como tal, un nuevo orden que no nos habla de la linealidad sino de las coincidencias, sincronías, de la forma en que penetra la conciencia humana en el mundo (y, por supuesto, el mundo en la conciencia humana, puesto que conocer es ser y ser es conocer).

Geometría contenida en el lenguaje

Apartémonos del conocimiento de los laboratorios, de las condiciones ideales en las que los esquemas newtonianos funcionaban a la perfección. Hablemos de otro tipo de conocimiento: aquél que une al ser humano con su entorno y que se parece más al círculo que al cuadrado.

Teoricemos sobre un tiempo inexistente, sobre un grupo de palabras en el que cada una de ellas se refiere al resto de las palabras del grupo simultáneamente, sobre la estructura que emerge en la creación poética y que diferencia este tipo de lenguaje del resto de los lenguajes empleados por el hombre.

Esa cartografía sutil es finísima geometría que el lenguaje conoce. Podemos pronunciar “ala” –diriase que tiene un orden lineal a-l-a, una continuidad fonética que empieza y acaba-. Escuchemos de nuevo la palabra: “ala” y digamos entonces que no vemos sólo el ala de un ave blanca. Vemos sutiles connotaciones que enraizan con estructuras simbólicas y referencias antiguas, con recuerdos colectivos e intenciones espirituales, con memorias personales y comunes, con manchas emocionales y sentimientos que siguen el rastro de la imagen que hilamos a la palabra.

El lenguaje poético potencia esa magia de la palabra, en la que no nos limitamos a emplear el lenguaje en una sola dirección significativa (no acudimos a la utilidad, característica esencial del progreso, antagonista de la maravillosa y necesaria sorpresa que produce la “inútil” contemplación, sino que aprovechamos la polisemia de cada uno de los vocablos de una lengua). El poeta, cuando se sumerge en el vocabulario con la intención de “decir” poéticamente, entra entonces en la geometría (¿la verdadera geometría de la realidad?) del lenguaje, penetra en la multiplicidad de significados y, entonces, ocurren dos hechos igualmente relevantes, que explicaré a continuación.

El primero de ellos es que emerge en el poema la estructura metafórica de la conciencia, reflejada en el lenguaje –un mapa alternativo para una era artística, un mapa que ante nuestros ojos genera un mundo en el que el tiempo es la simultaneidad de elementos distantes y en el que la memoria, las vivencias del presente y las posibilidades del futuro se unen-.

El segundo es que el lenguaje supera al escritor. Su trabajo con él lo engarza con esa herramienta que es mucho más antigua que él, que contiene memoria, que sabe y conoce, porque ha hecho incontables recorridos hasta llegar a su mente.

La metáfora como forma de conocimiento del mundo

Una forma de conocimiento muy marcada en la Antigua Era (aquella era monoteísta que comenzó cuando se pronunciaron e impusieron los nombres, puesto que hay varios nombres, de un solo “dios”) es la definida por el binomio causa-efecto, el trinomio ayer-hoy-mañana, esto es, la aceptación del concepto absoluto de un tiempo lineal (cualquier aceptación de un concepto definido como absoluto me parece sólo un acto de fe); la distinción entre el yo-tu-él-nosotros-vosotros-ellos, etc. La forma de conocimiento de esa antigüedad dio a luz sin embargo a una nueva cosmovisión.

Durante todo el siglo XX, la física subatómica nos demostró que las partículas cuánticas modifican sus conductas en cuanto un observador las mira (conciencia sobre el mundo, cuestionamiento del clásico causa-efecto), que el tiempo es relativo (Einstein), que el concepto de inconsciente colectivo (Jung) quiebra en parte la separación aparentemente absoluta entre los individuos, y que la sincronicidad (David Peat) es un fenómeno observable que demuestra que la realidad se organiza –gracias a la intervención en ella de las conciencias individuales o colectivas- haciendo emerger puras metáforas en medio del maremagnum de lo contingente (¿es que habla el todo?)

La metáfora como conocimiento del mundo es, por tanto, y sobre todo a partir de lo que los filósofos -léase físicos- del siglo XX pudieron vislumbrar, un mapa tan válido como el lineal y progresivo para entender la realidad (algunos sospechamos que es más válido y que está más apegado a ella, que se le parece más, pero intentamos contener la muletilla de la fe para no acabar simplificando y asesinando lo inabarcable, para no quedarnos sin ello).

Metáfora : Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita. La metáfora nos permite un conocimiento del mundo ajeno al tiempo lineal: el poeta, en su creación, tiene –como probabilidad- la capacidad de ver todo en todo, gracias a una comparación tácita que se deriva de su propia conciencia.

El “ala” puede ser un simple “ala”, ¿pero acaso no es más que un ala, una visión desde las alturas, una comprensión de lo terrestre, una trascendencia de los hechos? ¿Cuál es el ala verdadera, la del ave de corral o la que nos permite sobrevolar las ciudades con la imaginación? ¿Hay una más verdadera que la otra? ¿No son una sola cosa en el lenguaje poético? ¿No abarca todos los significados posibles, que sólo la conciencia del poeta determina?

(Debo decir que en esa determinación es siempre el lenguaje el que elige, mientras el poeta “oye”, lo que no implica la enajenación del creador por la inspiración sino, más bien al contrario, una entrega respetuosa a una inmensa y honesta laboriosidad con la herramienta).

Un mapa alternativo

Cambiemos la línea por la visión holística, y entraremos en el pueblo de la magia. El lenguaje poético nos lo ha mostrado desde hace tiempo, porque esa conciencia del mundo parece inherente a él. No estamos inventando nada –puesto que el lenguaje precede al poeta-, pero el siglo XX nos ha dejado rastros de comprensión también para lo que desde hace mucho tiempo ha sido ese lenguaje.

Un “ala” no es sólo un “ala”. La palabra ya no es un único concepto. Es intercambio entre la conciencia humana y la realidad. Esa es la fuerza que la palabra poética tiene en su individualidad. El lenguaje poético, cuando hablamos del conjunto de las palabras que conforman una expresión artística determinada, cuando consideramos un solo poema limitado por el principio y el final de las palabras que lo conforman, tiene asimismo la capacidad de combinar la multiplicidad de los sentidos de varios vocablos a la vez, generando de esta manera una estructura geométrica cargada de significado, prácticamente tridimensional.

El conocimiento que nos llega del poema es pesado y afilado a un tiempo -¿alguien podría decir que un buen poema no inunda, casi materialmente, nuestro espacio interior, nos hace conocer, ver por vez primera, cosas que jamás vimos de igual modo?-

Emerge de esa combinación estructural cargada de metáfora y de sentidos velados y/o literales una visión del universo –o de cualquier aspecto de éste seleccionado- que nos permite relacionar elementos distantes, que une las paradojas, que otorga sentido gracias a la reunión de conceptos hasta ese momento alejados para nuestra percepción.

Y entonces, la comprensión –esto es, la vivencia- del mundo que nos rodea se enriquece, gana en complejidad, se embellece. La experiencia estética es, por tanto, un derivado espontáneo del esfuerzo o de la consecución de la toma de conciencia sobre el mundo, a través de la palabra.

Esa combinación estructural genera un mapa del mundo. No es lineal, no es progresivo, habla de la simultaneidad de elementos distantes, coincidencia en el universo de sentido; habla de la necesidad y de la utilidad de la paradoja en el conocimiento del funcionamiento metafórico de la realidad –la conciencia vertida sobre el mundo convierte a éste en un caos significativo-.

La poesía, por lo tanto, se convierte en una lente que nos sirve para saber algo más de la verdad, con su manera de expresarla: alejada del progreso de la Antigua Era, del tiempo lineal, de las distancias falaces (aunque útiles) nos hace comprender las deficiencias de la vieja cartografía e hila nuestra conciencia con las metáforas que componen las relaciones entre todo lo que nos rodea.

Fábula Metafórica. Putterman.
El poeta superado por su herramienta

El espacio lingüístico en el que penetra el poeta no pertenece al artista. Indudablemente está en él y de alguna forma es él mismo, pero no se limita al escritor. La experiencia creativa nos enseña que el lenguaje es una herramienta dúctil, transgresora y superior a aquel que lo emplea. Es más antigua que nosotros e infinitamente más sabia.

Suele ocurrir que el poeta, al iniciar su labor, crea que domina su pretensión de decir, que algún elemento –al que podríamos llamar “inspiración” o comprensión repentina, intuición, tal vez- es la causa de su inclinación hacia la palabra. Terminar un poema nos deja una sensación bastante diferente: el lenguaje tiene sus propias intenciones.

Inicialmente usamos el lenguaje y, poco a poco, notamos que el lenguaje nos utiliza. Pura arqueología de la memoria y de la conciencia humanas se asienta en el sencillo decir, que de pronto cobra una profundidad y una trascendencia que poco tienen que ver con nuestra modesta posición frente a la pantalla o el cuaderno.

El lenguaje parece un organismo vivo, consciente, único y lleno de sentidos diversos, inteligente e intencional. El poeta entra entonces en el espacio de lo sagrado y se interrelaciona con ello bajando la cabeza.

El decir poético tiene poco que ver con los autores. Temáticas biográficas nos llevan a temáticas universales. Cuestiones personales se convierten en cuestiones globales. La encarnación de la experiencia en la intensa expresión de la palabra trasciende la propia encarnación.

Todo eso nos lleva a preguntarnos sobre la naturaleza del lenguaje. ¿Por qué nos supera? ¿Por qué es más largo, ancho, profundo, grande que nosotros? La inmersión en la palabra poética como respuesta a un impulso personal de creación nos arrastra hacia la conciencia de dicha palabra, de dicho conjunto de palabras, que parecen decir más allá de lo que teníamos en mente al comienzo del ejercicio poético.

Conocer a través del lenguaje

El poeta se enfrenta entonces al gran hallazgo: su amor por la palabra, la intensidad de los desvelamientos, la ampliación de su conciencia por la escucha, y la necesidad de volver una vez tras otra a conocer a través del mundo del lenguaje.

El lenguaje poético no es una herramienta útil. El poeta se da cuenta de repente de que es más usado por el lenguaje de lo que él podrá jamás usar la palabra para sus propias pretensiones. El lenguaje se vuelca a través de él –eso deviene del hecho del trabajo, de la laboriosidad, de la penetración, quizá a la inversa de lo que pueda ser la “inspiración” repentina-, y se hace presente gracias a la atención incondicional del poeta.

De este material indómito procede el ritmo –que parece una forma más de conciencia-, la verdad –entendida la verdad como un asentimiento interior y convencido del poeta ante lo que se desvela en la palabra-, la belleza –la estética es en la poesía fruto de la repentina comprensión, del aumento de conciencia ante las cosas o ante los hechos-, y el orden –entendido el orden como una ganancia de sentido que se impone al maremagnum, al caos de la realidad que nos rodea. La poesía es una forma más de interpretación-.

De este material procede, por tanto, una forma de riqueza. Pero nunca el poeta posee al lenguaje sino que es dignificado por él en tanto en cuanto el creador se digna a atenderlo y a reproducir su propia intencionalidad. El acercamiento a la palabra poética es un acto individual y voluntario, sin embargo, en esa transformación del mundo que produce la creación de un poema, el poeta nota que es el lenguaje lo que le ha cambiado a él. El intercambio productivo de la creación poética entre poeta y lenguaje no es, a mi modo de ver, equitativo: el poema permanece porque está fundado con la palabra poética, pertenece al no-tiempo, al no-espacio, mientras que el poeta sin lugar a dudas desaparecerá en el tiempo. ¿Qué hubo antes y qué quedará después? La herramienta, que supera con creces las manos que la vuelcan, aunque esas manos hayan poseído también la capacidad de enriquecerla un poco más.

La energía del lenguaje. The Experiment Network.
Conclusiones

La creación poética es la creación de un mapa del mundo que nada tiene que ver con la linealidad de nuestra antigua cultura occidental, que estuvo atrapada en el concepto del progreso. Se puede decir que, como ocurre en el poema, en la realidad también sucede que todo está en todo. El lenguaje poético lo sabe, el poeta se sorprende al descubrirlo en su proceso de escritura, y el lector regresará a esa concepción de lo que le rodea al acercarse a la poesía (no es la única manera, pero es una de ellas, a mi modesto modo de entender).

La metáfora del lenguaje poético es la figura literaria que nos permite un conocimiento mayor de las paradojas que otorgan sentido, ante nuestras propias conciencias, al mundo que nos rodea. El no-tiempo y el no-espacio son característicos del poema, que genera un universo especular del universo exterior, permitiéndonos conocer una verdad distinta a la que nos presentaba la vieja cartografía (lineal).

La polisemia del vocabulario poético y de las composiciones poéticas en sí hace emerger universos de sentido a partir de un grupo de palabras, universos que nos permiten conocer algunas formas de la realidad por vez primera, que ponen un orden de poderosa aunque sutil geometría en el caos, y que enriquecen nuestra conciencia.

Por último, el lenguaje es mayor que el poeta, y éste ha de realizar una labor de arqueólogo, no ya para desvelar el significado de sus propias experiencias –de las que quizá parta su trabajo-, sino para perpetuar y descubrir el conocimiento inherente a la herramienta, lo que late en la intensidad de la palabra. De lo contrario, la creación poética suele quedar vacía, puesto que si no se atiende a lo que el lenguaje poético nos revela, la individualidad se apodera de la forma, y perdemos el vínculo con el decir originario.

El poeta debe ser consciente de la naturaleza de aquello que utiliza, y permitir que el lenguaje poético haga uso de él al mismo tiempo que trabaja. Aunque en este sentido, me parece que se da un intercambio desigual, como he explicado: quizá si nos damos cuenta de esa desigualdad, dejen de importar de una vez por todas los poetas para que comencemos a valorar el lenguaje poético, la herramienta, en su justa medida: sólo la conciencia y la atención nos permitirán ir más allá, aunque sólo sea unos instantes, de los continuos mapas (del pasado, del presente) que nuestra fuente interpretativa genera sin poder parar.




escrito por:

Poeta y narradora, Yaiza Martínez Montesdeoca es Licenciada en Filología Hispánica (UCM). Libros de poesía: Rumia Lilith (2001) y El hogar de los animales Ada (en prensa. Editorial Devenir). Es también autora de las novelas inéditas Las mujeres solubles y La Pangea de Elisa Merlo. Poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones como El signo del gorrión, Vera, Los noveles o ABC Cultural. Ha traducido El Señor de Ballantrae de R. L. Stevenson (2005). Ha ejercido la crítica literaria en la revista Reseña. En la actualidad es Redactora-jefe de la revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21. Este artículo se publicó originalmente en 7de7.net. Se reproduce con autorización. Yaiza Martínez edita asimismo el blog Literaria de Tendencias21.




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