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lunes, 7 de marzo de 2016

VENTANAS QUEBRADAS, de Rodrigo Verdugo Pizarro


Por Isabel Gómez
Publicado originalmente en Portal cultural “Pluma y Pincel”

Ventanas quebradas, nuevo libro de Rodrigo Verdugo, en él nos invita a transitar por zonas de vorágine, mediante imágenes que van adentrándose en el ser poético, como una búsqueda de estas múltiples ventanas que se abren y se cierran, a través de diálogos que van explicando la existencia, desde los infinitos encuentros y desencuentros con el ser. “Yo nunca he estado allí, o tal vez he estado muy cerca/ pero sé que sus ventanas son ahogos de serpientes/ fatal es mirar por ellas al atardecer”.
Sin duda a través de la poesía se puede explicar el mundo, la palabra es la voz de los pueblos que se exterioriza a través de la historia de las comunidades y los sujetos sociales. El ser humano es intersubjetivo, sin embargo el arte también debe buscar su expresión máxima en lo objetivo e histórico. Y es allí donde el sentido de la observación pasa a ser un elemento preponderante para explicarnos la existencia e interpretarla a través del discurso poético que nos ofrecen ciertos autores. Ventanas quebradas, título sugerente para adentrarnos dentro de estos principios, ya que la ventana es vista como un elemento de análisis de la existencia, la exterioridad de la imagen inserta en la página escrita se sitúa bajo la mirada interrogante, no solo de quien escribe, sino también de quien lee y pasa a formar parte de este viaje hacia el interior y exterior de nosotros mismos. De ahí que también sea sugerente esta invitación que hace Verdugo a indagar sobre nuestra propia existencia a través de la construcción de nuevos libros, en la medida que vamos encontrándonos con que cada ejemplar tiene una nueva portada y por ende nuevos escenarios para esta construcción del ser social y poético.
Han vuelto y sin ningún principio que disfrace a la sangre/ Sin el mineral exorcizado/
La lluvia los filma cuando entran a la casa sostenida por/ entrañas/
La lluvia los va filmando cuando entran el zodiaco negro y/ las nutrias/.
Tendrán su entierro en mi palabra…”
Bajo este tejido lingüístico se va construyendo un imaginario poético que da cuenta de esta realidad en donde subsisten mundos de encuentros y desencuentros, miradas donde convergen nuevos mundos y visiones artísticas que nos traen a la memoria autores como Vallejo, Díaz Varín, Arteche y otros para hacernos que la poesía se encargue de crear nuevos diálogos y formas expresivas de manera simultánea: Cito: “Alguna vez te dije:/Los días no son días/Son escamas de algo desconocido. En vano el ángel negro remece la madrugada/ Y caen hormigas sobre las venas…”
Es así como estas Ventanas quebradas nos sugieren rearticular la realidad, a través de construcciones simbólicas que nos permiten rearmar nuestro entorno social y cultural, mediante este juego simbólico representado por una ventana quebrada que quizá, no nos deje ver la luz, el espacio exterior, el sujeto que convive con nosotros pero que no vemos, porque en la sociedad actual el ser humano es un ser invisibilizado, carente de sentidos, fragmentado por esta realidad de mercado que lo absorbe e inhibe su emotividad, a través de situaciones de vida que lo superan, sin dejar espacio al diálogo, a la observación y la creación de áreas interiores para contemplarse asimismo y al otro.
La diversidad de recursos literarios presentes en este libro enriquece el discurso poético y nos adentra por zonas donde la indagación y el asombro parecieran estar a flor de piel, Verdugo nos dice: “como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres/sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz/ y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo/ mientras la belleza ahuecaba los mares/ y al final dios estaba esperándonos con un ramo de/ accidentes en las manos”. Aquí el cosmos pareciera ser el espacio que limita con nosotros desde las estructuras que van edificando estas ventanas quebradas, mediante imaginarios y paisajes que surgen desde la cotidianeidad del ser.

Ojala el mediador del espacio caiga también/Sobre la casa sostenida por entrañas/Y a pesar de tanto rayo y cáscara/ Que nos cifran y cifran y cifran/ Reconozcamos en un mismo punto ávido/A quienes se van/ Y a quienes vuelven/Solo con la adherencia esperada/ Y el cielo necesario”. En estas páginas la noción de lo humano oscila entre lo real y lo sub-real, entre el pasado y el presente, entre la oscuridad y la luz, allí donde convive lo simbólico con el pensamiento humano, construyendo un discurso literario que se posesiona de la historia que subyace en nosotros mismos y que crea sus propios códigos de entendimiento. Aquí lo físico y lo metafísico son elementos que se conjugan entre sí, reestructurando estas ventanas quebradas  a través de la observación aguda donde luchamos por rearmar nuestras propias realidades, “ahora que ningún abismo le falta a la luz

domingo, 6 de marzo de 2016

Conmemoración Día de la Mujer





El 8 de marzo se conmemora el Día de la Mujer. Ese día se reafirma “la plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural”.
A principios del siglo XX, algunas militantes por los derechos de la mujer en Estados Unidos conmemoraban el Día de la Mujer el último domingo de febrero. En la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en agosto de 1910, las delegadas norteamericanas Lena Morrow Lews y May Wood presentaron la moción de celebrar en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer. La propuesta fue aprobada, pero durante algunos años el Día de la Mujer se conmemoraría en varios países en diferentes fechas.
El incendio ocurrido en la fábrica textil Compañía de Blusas el Triángulo en Estados Unidos el 25 de marzo de 1911 reavivó los reclamos de las trabajadoras que venían denunciando las precarias condiciones laborales a las que eran sometidas. La tragedia ocurrió cuando se desató un incendio en la fábrica causando la muerte de 146 trabajadores, en su mayoría mujeres.
Recién en 1914, las mujeres del mundo lanzaron un llamado de fraternidad universal y fijaron el 8 de marzo como fecha universal dedicada a la mujer luchadora.
A continuación transcribimos un fragmento del libro Mujeres tenían que ser, de Felipe Pigna, donde se relatan aquellos episodios.
Fuente: Felipe Pigna, Mujeres tenían que ser. Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930, Buenos Aires, Planeta, 2011, págs. 451-453.
Se sigue hablando vagamente, sin muchas precisiones y con muchas contradicciones, del incendio intencional de una fábrica textil tomada por sus trabajadoras en huelga, un 8 de marzo de 1857 como el origen del día internacional de la mujer.
Así dicho, pareciera que “la principal democracia del mundo”, tan afecta a las autocríticas cuando éstas ya no implican ningún cuestionamiento serio al sistema sino más bien una ratificación de su mentada “libertad de expresión”, reconociendo sus males, les hubiese entonces concedido un día en el calendario a las mujeres luchadoras. Pero puede muy bien imaginar el lector que la cosa no fue así. 
Aquella tragedia que enlutó a la familia obrera de los Estados Unidos no ocurrió en aquella fecha de mediados del siglo XIX. El incendio de la fábrica textil Compañía de Blusas el Triángulo, propiedad de Max Blanck e Isaías Harris, se produjo el 25 de marzo de 1911 y comenzó en el octavo piso del edificio dejando un saldo de 146 muertos; la mayoría eran mujeres.
Muchas de las trabajadoras muertas venían participando de la lucha por sus derechos y habían encabezado la huelga del invierno de 1909, que se extendió a 20.000 compañeras afiliadas al International Ladies Garment Workers (Sindicato internacional femenino de Trabajadores de la Confección)
Las obreras les reclamaban a sus patrones mejoras salariales, reducción de la jornada laboral a ocho horas, descanso dominical y el fin de la explotación de los niños; y al gobierno federal, el control de las condiciones de higiene y seguridad. Denunciaban la inexistencia de salidas de emergencia y de elementos para combatir incendios, muy frecuentes en el rubro textil. 
El movimiento logró la firma de convenios favorables a las trabajadoras en 300 de las 500 fábricas textiles de Nueva York, pero el gobierno desoyó todos los reclamos dejando obrar a “las sabias leyes del mercado”. Las condiciones laborales en aquellos establecimientos fueron descriptas por una obrera de la siguiente manera: “¡En esos agujeros malsanos, todos nosotros, hombres,  mujeres  y jóvenes ¡trabajábamos entre setenta y ochenta horas semanales, incluidos los sábados y domingos! El sábado a la tarde colgaban un cartel que decía: ‘Si no venís el domingo, no hace falta que vengas el lunes’. Los sueños infantiles de un día de fiesta se hicieron añicos. Nosotros llorábamos porque, después de todo, éramos sólo unos niños”. 1 Sobre el mismo tema el poeta Edwin Markham escribió: “En habitaciones sin ventilación, las madres y los padres cosen día y noche y a los niños que están jugando, les llaman para trabajar junto a sus padres. ¿No es cruel una civilización que permite que se agoten estos pequeños corazones y se aplasten los hombros bajo la responsabilidad de los adultos, mientras en los bonitos bulevares de esa misma ciudad, una dama luce un perro engalanado y lo mima en su regazo de terciopelo?”. 2
El incendio del la fábrica del Triángulo no pasó inadvertido, y la marcha convocada en recuerdo de las víctimas y como denuncia de la empresa que no ofrecía a sus trabajadores las mínimas condiciones de seguridad e higiene, reunió en Broadway a más de 100.000 personas. En el acto de homenaje a las trabajadoras realizado el 2 de abril en el Metropolitan Opera habló la activa militante socialista Rose Schneiderman y dijo: "La antigua Inquisición tuvo su bastidor y sus tornillos y sus instrumentos de tortura con los dientes de hierro. Sabemos cuáles son estas cosas hoy, el dientes de hierro son nuestras necesidades, los tornillos son los de alta potencia de la maquinaria en la que tenemos que trabajar". Hoy sabemos cuáles son estas cosas, el dientes de hierro son nuestras necesidades, los tornillos son los de alta potencia de la maquinaria en la que tenemos que trabajar y el potro de tormento está aquí en las estructuras que son trampas en los incendios, que nos destruirán al minuto en que ardan”.Recordando a las mujeres de Salem que fueron quemadas vivas acusadas de brujería por oponerse al corrupto y supersticioso poder de su tiempo, señaló: "Esta no es la primera vez que las niñas han sido quemadas vivas en esta sociedad". Y volvió a levantar su dedo acusador: "Cada semana me entero de de la prematura muerte de un hermano trabajador. Cada año miles de nosotros somos mutilados. Mientras que nuestras vidas no valen nada la propiedad privada es sagrada. Hay tantos de nosotros para un trabajo que poco importa si son 146 los que caen quemados hasta la muerte". 3

Rose era de una de aquellas militantes socialistas de los Estados Unidos que venían conmemorando el Women’s Day el último domingo de febrero desde 1909 para promover el derecho de las mujeres a votar. Al año siguiente en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague los días 26 y 27 de agosto de 1910, las delegadas norteamericanas Lena Morrow Lewis y May Wood Simons, transmitieron su experiencia a sus compañeras y presentaron la moción de celebrar en todo el mundo el “Día Internacional de la Mujer”. La propuesta, apoyada por la representante alemana Clara Zetkin, fue aprobada. En los  años sucesivos los distintos países conmemoraron la fecha en diferentes días hasta que en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las mujeres del mundo lanzaron un llamado a la fraternidad universal, alertaron sobre los desastres de la guerra “intercapitalista en la que el pueblo pondrá los muertos para que los mismos de siempre se enriquezcan aun más”; y fijaron el 8 de marzo como fecha universal dedicada a la mujer luchadora. Tres años más tarde las mujeres encendían un 8 de marzo de 1917 la chispa que encendería la Revolución Rusa. Ese día miles de mujeres encabezaron motines de protesta contra el hambre y la miseria provocados por el decadente régimen zarista.
A partir del triunfo de los bolcheviques y de la extensión del bloque de los países socialistas, en recuerdo de aquellas mujeres pioneras, la fecha 8 de marzo se instaló detrás de la cortina de hierro como el “Día de la mujer comunista”.
Referencias:
1 En Howard Zynn, La otra historia de los Estados Unidos, Madrid, Siglo Veintiuno, 1999.
2 Idem.
3 Rose Schneiderman, El Triángulo de fuego, 1911.
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sábado, 5 de marzo de 2016

Amanda Iturra y los espacios resquebrajados



Por Diego Aravena Inostroza

Con un lenguaje sencillo, escueto pero contundente, Amanda Iturra habla en sus poemas de un sur indeterminado en donde la humedad y la nostalgia marcan presencia. Pareciera que ha llovido hace poco y en el cemento aún se está escurriendo el agua. Nos muestra imágenes concretas, un paisaje determinado, un pequeño grupo de personas significativas, familiares o amistades, evocadas sin idealismo, tan solo con un soplo de laconismo que penetra por la veracidad con que se lee. Sus versos son directos y claros, diáfanos y cargados de significado, lo que resulta especialmente llamativo cuando habla precisamente del sinsentido del presente, del ahora, de la geografía endurecida por lo que nos rodea.


Pareciera que los textos de Amanda están sumergidos en una suerte de desfallecimiento sin drama, ubicados en el anverso de la fuerza. Sus escritos hablan de la suavidad del vacío, del desaliento por el amor idealizado, los tiempos mágicos de la infancia o la memoria lentamente tiñéndose de una perfección minimalista y traslúcida. La añoranza no es propiamente tal, es más sutil, como escondida detrás de objetos o situaciones comunes, pragmáticas y que fácilmente podrían confundirse con insignificantes. Contemplar una ventana, arrojarle migas de pan a un perro que ya no está, juntar dinero para reparar el piso de la casa, son líneas que perfilan una profundidad mucho mayor e inquietante: la pérdida del propósito del futuro y el resquebrajamiento de la certeza. El extravío del refugio y su reemplazo por un espacio húmedo, frágil y sureño, representado en la pintura descascarada del pasado y lo intangible que nos llama sin decirnos qué es, pero que alguna vez cuando niños vislumbramos.

viernes, 4 de marzo de 2016

Rosy Sáez. La periferia como herida


por Muñoz Coloma


A mi entender cuando Josefina Ludmer, en su libro “El género Gauchesco. Un tratado sobre la patria”, se refiere a la posible emergencia de la voz del gaucho en la literatura argentina, parte de la base que esa voz, en el sentido profundo, es inexistente.  Porque en la mayoría de los casos es cooptada desde el poder, con el claro  propósito de articular un dispositivo que forme parte de las prácticas hegemónicas del centralismo, de la academia y de otras instancias que reproducen, desde el púlpito, las relaciones de explotación a que es sometido el propio individuo que es utilizado como bálsamo para disimular su propia invisibilización, reduciéndolo a un objeto de estudio y a una especie de caricatura que se pasea, como un mal necesario, por el campo de lo celebratorio.   Ahora bien, si extrapolamos la figura del gaucho a todos los sujetos que caen sumidos en el fenómeno de la subalternidad, inmediatamente comenzamos a navegar por las temáticas que releva la obra poética de Rosy Sáez, pero con una clara diferencia: ella no es la voz del otro, sino que ella es el otro.  Es ese ser que se ha anclado en la periferia más profunda de los oprimidos, geografía además que ha sido y sigue siendo su hábitat y que configura no sólo su obra sino que su propia vida.  Por esta razón es que ella es su propia voz, es la herida proveniente de los suburbios de la justicia y habla a través de ella, astillando las palabras, como señala en uno de sus poemas.

La poesía de Sáez es cruda y técnicamente relevante, tiene aquello que se les exige a las obras de arte: un valor estético y una polisemia que no se agote en sí misma.  Pero a la vez es directa y conmueve… es más, conmociona.  Es muy difícil quedar indiferente a ella, porque en sus versos reverbera siempre la voz de la mujer, esa mujer despedazada por su condición de género, y desmembrada por su condición periférica y poblacional.  Y hoy en la eclosión de poetas que vive la ciudad de Concepción, su voz se alza como propia, ha llegado a un punto donde ha comenzado a cosechar los frutos, por haberse atrevido a vivir con los ojos abiertos y por poseer la sensibilidad propia de las mujeres que han transitado por los vericuetos de lo que alguna vez llamaron consciencia de clase.

La obra de Rosy Sáez es una herida abierta que supura realidad, una realidad que se encuentra muy lejos de la espectacularización que nos ofrece este mundo, sumido en el capitalismo más demencial, donde la población y la periferia no son más que paisajes mugrosos, que es mejor esconder tras la postal, con el firme propósito de olvidarlos.  He acá la importancia de esta escritora explosiva, de esta escritora que perfuma sus palabras con aromas a pólvora, agua estancada y sangre, que nos hace recordar, a través de poemas con una calidad maravillosa, que el arte, que todo tipo de manifestación artística, no puede obviar la realidad significativa, esa que golpea con fuerza las espaldas de los obreros y de las mujeres principalmente.  De estos “cabezas negras” que con sus prácticas culturales no hacen más que incomodar al resto de los chilenos, que viven sumidos en las bondades que ofrecen los medios de comunicación, alienados y desesperados por acumular, lo que sea.  Muy por el contrario Sáez y su poesía nos traslada a un espacio incómodo del Chile profundo, del país que se ha erguido sobre los huesos de los oprimidos.  Nos hiere con sus palabras, ella es una navaja, una metralla, que genera relatos que no permiten ni la compasión, ni la catarsis, sino que nos llevan hacia el precipicio de la furia, del desconcierto y de la derrota. 


Profundamente espero que esta herida llamada Rosy Sáez jamás se configure en costra, para que siga supurando realidades.

Sobre poemario Cementerio de disidentes de Patricio Bruna Poblete

Una estética de la insurrección



Quien aquí escribe esta poesía tenía trece años para el golpe de estado de 1973. La historia chilena, desde ese entonces hasta hoy, al decir de este autor, se ha construido con un gran cementerio de disidentes. En Valparaíso existe un Cementerio de disidentes, fundado en 1825. Y surge de la intolerancia de la iglesia católica, por no acoger más muertos que a los de su misma fe o a los convertidos a ella. Luego, en el año 1883 se terminó la discriminación religiosa en los cementerios fiscales y municipales con las leyes laicas. Al corregirse esta alevosa exclusión, dicho Cementerio de disidentes no ha crecido mayormente, y hasta hoy se halla de manera funcional en el centro de la ciudad, en el cerro Panteón. Esta reflexión es lo que motiva y da título a este libro. Porque también existe, en un incisivo espejeo, el cementerio “virtual” de disidentes, aquel de los detenidos desaparecidos que sí fueron asesinados, o el real de los que se han hallado o de los que no desaparecieron, esto durante el golpe de estado de la dictadura pinochetista y su permanencia en el poder. Pero los efectos de este amargo reflejo son más vastos, porque también existe ese otro cementerio “virtual” de disidentes, aquel donde yacen los restos, casi imposible de particularizar, de toda aquella generación que fue mutilada culturalmente, privada de lo que pudo crecer en sus intelectos, condenada a lo que pudo ser y nunca fue, en el devenir de aquel cuerpo social asesinado en su más pleno crecimiento por la pérdida de la democracia y posteriormente por el simulacro de democracia, y que heredamos hasta hoy de aquella dictadura, y que lamentablemente se expresa objetivamente en la descomunal desigualdad de nuestra sociedad actual.
Historia que parte simbólicamente en dicha fecha (septiembre de 1973) para este poeta, pues, por la brutalidad genocida de sus consecuencias que demasiadas personas comenzaban a vivir desde aquel mismo instante, adelantaba abruptamente su llegada a la adultez y lo ponía como obligado testigo presencial. Y muy luego también como receptor directo de sus inconmensurables nefastas consecuencias sociales, como así las sufrirían la mayoría de los hijos de este pueblo, conforme fueron pasando aquellos aciagos días, meses, años, décadas después, al tenor de la propia memoria que así se construía, hasta llegar a hoy.

Estos textos surgen, entonces, del sustrato de la historia personal de este autor ligada a la historia política y social de aquel Chile que moría asesinado, y de aquel otro que nacía en su asesinándolo. Sean estos textos, por tanto sociológicamente implicantes, una crítica al excesivo individualismo que corroe las bases de nuestra más sana sociabilidad como país. Este Chile, desde 1973 a 1989 bajo dictadura militar, y con una carta fundamental heredada de esta con profundos rasgos antidemocráticos hasta la fecha. Una crítica que alude directamente a las desastrosas consecuencias de la profunda desigualdad social del modelo neoliberal in extremis imperante en nuestro país.

Pero, tratándose esto de poesía, esta hace la crítica del contexto sociopolítico ya señalado desde la desestructuración  de  nuestro  mismo  lenguaje  poético  más  retardatario, aquel que nunca ha dejado de estar en boga en la mayoría de las voces más facilistas y populistas de nuestra actual poesía, de aquel del lirismo más propio del siglo XIX que de nuestra contemporaneidad. En un país retardatario como el nuestro este poeta se permite, entonces, la experimentación formal en la escritura del poema. Pues, al artista con  conciencia crítica no le cabe más labor que la insurrección contra la estética dominante más retardataria de este mal país. Así, lo anterior, junto con poner en tensión crítica la sintaxis más lógica y convencional de la escritura poética hasta un grado mayor de complejidad en sus componentes relacionales de significación. Pues estos textos temáticamente quieren dar cuenta de la problemática entre la individualidad y la pluralidad del ser, justamente allí, en lo social, en medio de sus injusticias y carencias. Por esto la constante del “nosotros”, que lucha incesantemente por imponerse al “yo” de la primera persona ―que tampoco aquí, por necesario contra punto, no quiere ni puede dejar de ser―, cuando este tiende a agotarse en la expresión de aquel lirismo más conservador que se halla mermando significativamente la capacidad expresiva del poema. Pero, sirva este tema, que podría ser el central, como paradigma de lo criticable o sujeto de reflexión de lo posible por revelar, para todos los otros temas que subyacen más o menos explícitamente en estos textos: el mismo golpe de estado del ´73 y lo relacionado culturalmente con este: la pintura, la escritura, el cine, la televisión y sus contenidos, el amor de pareja, la religión, el ateísmo, etc., etc., y que de cierta forma configuran el sustrato de una memoria quebrándose y tratándose de recomponer en un perpetuo continuo, desde 1973 a la fecha.

Luego, la prosa en estos textos, en su ordinario tono conversacional, conviene en adentrarse en el verso y allí fracturarlo en su convencionalismo más retardatario; pero fracturándose ella también en su propia convención narrativa, al devenir en ser el simulacro de sí misma, es decir, una historia que solo se insinúa, que nunca se completa formalmente como tal; y que de resolverse, finalmente lo hace en la forma estética de un decir poético.

Finalmente esta escritura construye su opacidad,  su extrañeza, sus múltiples sentidos de significación, no solo con la metáfora, el oxímoron y demás recursos afines de la poesía misma, sino de manera central con su ruptura de la linealidad unívoca más convencional —linealidad que a veces solo se insinúa más clara en alguno que otro poema—, es decir, con la insurrección a través de lo experimental de su propia estructura sintáctica y formal, para lograr constituirse así como palabra poética.

Karina García Albadiz
Departamento de Dirección
Centro de Investigaciones Poéticas Grupo Casa Azul











martes, 23 de febrero de 2016

Libro de Poemas "De Rokha en los círculos acuarios" de la poeta Taty Torres Díaz -Comentario del poeta chileno Omar Lara



He conocido pocas, pocos, como Taty Torres Díaz. Me refiero a su obstinada búsqueda, a su – a veces, supongo- dolorosa búsqueda de la palabra que diga, que sepa decir. Su libro De Rokha en mis círculos acuarios es una ocasión que la autora se regala a sí misma para ejercer esa obstinación.  Creo que el volumen todo –la idea de diálogo con el autor de Canto del macho anciano-  no es sino un pretexto para convocar en la palabra esa posibilidad, esa entrega, esa exigencia.
Entre las muchas cosas que podemos decir de la poesía es que es una manera de limpiar la palabra de tanta adherencia mezquina, hipócrita, falsa, superficial, ligera, engañosa. Y podemos seguir y seguir. La poesía, digámoslo sin pudor ni vergüenza, es el esfuerzo por devolverle  su pristinidad y su verdad. Y este libro, más allá o más acá del diálogo que establece la autora con el autor de Los gemidos, es un diálogo que basa su raíz en ese afán.
Taty Torres interroga, suplica y se rinde a la otra palabra, a la palabra derokhiana, y a mí se me ocurre una diáfana y a veces desgarradora auto-indagatoria. La palabra, la poesía: algo que no alcancé a oír// temo a tu olvido/ al no sé/ al tal vez// respiré tus brotes// extiende tu mano/ para alimentar mi fogata/ no para que lea tu muerte// tu cuerpo lleno de reflejos.
La palabra.
La poesía.
La   palabra que atravesó mil círculos y se hizo De Rokha.
Y que ahora,  con persistencia, honestidad, pasión, humildad y convicción se hace Taty Torres Díaz, haya lobos, piedras o nada en el camino.

                                                                                             Omar Lara


Portocaliu, 30 de septiembre de 2015.

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