Seguidores

Edita con nosotros

sábado, 7 de febrero de 2015

Patricia Espinosa, crítica literaria: “Todos quieren ser sujetos despolitizados, tipos lúdicos, hipsters o pop”



500 palabras suyas salen publicadas en el periódico Las Últimas Noticias –LUN- todos los viernes, en ese oasis al final de las páginas de farándula, que corresponde a la sección de cultura. En ese espacio también han circulado apellidos como el de Bolaño, Villoro, Merino o Sanhueza. Además de leer y escribir, es también académica del Instituto de Comunicación e Imagen (ICEI) y de la Pontificia Universidad Católica. También colabora con varios medios nacionales e internacionales. Patricia Espinosa es ñuñoína, fumadora, le gusta la Ginger ale y, si bien no le agradan los convencionalismos, tampoco vamos a decir que es estalinista.
Por Camilo Espinoza Mendoza


Sebastián Edwards, economista chileno radicado en California, es también autor del conocido thriller de espionaje “El misterio de las Tanias”, que ocupó el tercer lugar el año 2007 en ventas en nuestro país y que trata sobre mujeres atractivas e influyentes repartidas por el planeta en labores de espionaje, todas reclutadas por el gobierno revolucionario cubano. La novela recibió la condescendencia de una serie de intelectuales de derecha alrededor del globo, como del escritor  y precandidato presidencial peruano Mario Vargas Llosa y del periodista argentino del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, “visionario” redactor que debutó con un libro en 1992 titulado “La hora final de Castro: la historia secreta detrás del derrumbe gradual del comunismo en Cuba”.
El pasado sábado 20 de octubre, Edwards publicó en La Tercera una columna titulada “Nuestras guerras culturales”, que según Felipe Saleh, periodista de El Mostrador, iba dirigida en respuesta a la crítica que le hizo Patricia Espinosa a “Nadar desnudas” de Carla Guelfenbein, amiga personal del economista. En el artículo, repasa los beneficios que a su juicio trae consigo un debate de ideas al interior del mundo artístico y cultural. No obstante, en un momento dado, esgrime la siguiente afirmación: “Si un observador extranjero llegara a nuestro país, concluiría que con contadas excepciones -Pedro Gandolfo, José Promis y uno que otro más-, los críticos chilenos son autorreferentes, escriben bastante mal y odian a los escritores con éxito”.
Pero el tema no quedó solo en la generalidad de valorar solamente a los críticos literarios de El Mercurio. Para llevarlo al ejemplo, afirma: “La crítica Patricia Espinosa es, tal vez, el mejor ejemplo del francotirador cultural”. “Lo que Patricia Espinosa hace no es crítica literaria desinteresada o medianamente objetiva. Su visión es rígida -estalinista casi- y sus artículos no buscan iluminar a lectores ni evaluar la calidad de los libros que reseña. Lo de ella es guerra ideológica pura y sus textos están cargados de prejuicios”, sentencia.
Pero esa imagen parece no quedarle. Si bien ella acusa que “hay una intención de desbaratar los discursos críticos” y que “hoy en día nadie quiere ser advertido como sujeto de política, sino que todos quieren ser sujetos despolitizados, como lúdicos, hipsters o pop”, también le parece que para esgrimir ese tipo de críticas “hay que leer sobre lo que se escribe”. “Yo no tengo la idea de que los libros buenos son aquellos cercanos a la izquierda y que son publicados por editoriales independientes. También he escrito críticas sobre las obras de Ángel Parra, Patricio Manns o Isabel Allende”, se defiende.
Para Patricia, el gran problema de la crítica es “que tienes que emitir un juicio”, por lo que se hace natural el repudio de los autores, sobretodo de aquellos ligados a la narrativa, que hacen emerger figuras del crítico de cualquier rama artística como la de una autoridad y la de un juez. Eso, frente a un arte que en Chile está muy ligado a las élites económicas, con excepciones históricas “como Baldomero Lillo, Pablo Neruda o Gabriela Mistral”.
“La crítica es política”, repite, mientras se rasca la cabeza. “Pero lo que prima hoy es la idea de un arte separado de la política, la idea de la autonomía del arte o del arte por el arte, un arte sin contexto, sin política, sin historia, lo cual es una postura mas bien desinformada, un debate que ya debería estar resuelto”.
“Tu entras a la feria del libro, las transnacionales”
Cuesta seguirle el ritmo cuando habla y las hojas unidas por el doble espiral guardan flechas que apuntan hacia varios lados y paréntesis que guardan información relevante. Son mis apuntes de periodista “picado a vieja escuela” que guardaron una argumentación intacta: “Existe una radicalización del neoliberalismo asociado al libro, donde por un lado existe una idea de convertir el arte y la cultura en espectáculo, toda esa idea de ‘la pequeña gigante’ y la actitud de decir que eso y sólo eso es cultura. Y por otro lado, el papel de las transnacionales, que son consorcios internacionales (Random House, Alfaguara y Anagrama) que controlan el mercado y que tienen un gesto muy decidor cuando se preguntan: ¿editemos a un chileno? Ahí nos damos cuenta que son ellos los que hacen el canon, no son los académicos ni son los críticos”.
Con respecto al panorama literario nacional, asume que hay datos que en términos de sociedad son relevantes, como que sobre el 40% de la población no lee un libro en los últimos 6 meses. Pero antes que trasladarle el problema a la sociedad, antepone una visión (y revisión) al papel que juega el mundo literario, al que define como “alienado hace rato”. “Predomina el exitismo, esa idea instalada por la Concertación de estar desesperado por globalizarse”, al punto que tenemos autores nacionales que prefieren escribir “follar” o “coger” en sus obras.
El problema, asegura ella es que “vivimos en un país posmoderno que chaquetea sus mitos. Todo ha perdido el carácter serio y trascendente. Tenemos una educación orientada a la tecnocracia, que define que una película con más espectadores es la mejor película, como pasó con Kramer, o que un libro es mejor porque es el más vendido”.
Este proceso se puede graficar con “la tendencia que existe hoy, donde se ponen a escribir novelas personas que no están ligadas a la literatura, como ingenieros, economistas o abogados, que tienen un futuro asegurado, y que en sus ratos de ocio escriben”.
Patricia define a buena parte del mundillo literario santiaguino actual como “muy bacheletista”. “La mayoría vive en Providencia y se volvieron locos con la Josefa Errázuriz, pero ¿hemos visto a algún escritor en algún cargo político? No, porque les da lo mismo mostrarse a favor de este gobierno o de otro”.
La evidencia la vemos en que durante el mes de noviembre del presente año se lleva a cabo la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, el evento de este tipo más “importante” de Latinoamérica. Lo cierto es que Chile es el invitado de honor, algo que no pasaba desde 1999 y que, sin embargo, se pueden apreciar nombres que se repiten: Antonio Skármeta (ex embajador de Bachelet en Alemania), Hernán Rivera Letelier, Raúl Zurita, Marco Antonio de la Parra, entre otros. Otros se restaron, como Marcela Serrano, escritora casada con el ex embajador de Bachelet en Argentina, Luis Maira. “No deseo que mi larga y buena relación con los lectores mexicanos se vea mediada por un gobierno al cual no apoyo ni me representa”, dijo a la prensa, situación que alborotó a Felipe Saleh, periodista de El Mostrador, quien considera al magno evento como un símil de los Juegos Olímpicos.
 “El escritor comprometido ya no existe, o mejor dicho, por qué pedirles compromiso de otra índole a quienes están comprometidos con el mercado y no hacen nada para cambiar el orden actual de las cosas”, y exclama “¡tan poca dignidad!”.
Exclamación que hace ruido si leemos que entre los invitados a Guadalajara, con pasajes y estadía totalmente pagadas, están Patricio Fernández, Rafael Gumucio, Mónica González (directora de CIPER), el grupo Los Tres, Pablo Dittborn (gerente de The Clinic) y el comediante Rodrigo Salinas, quienes compartirán terreno con Roberto Ampuero, Jorge Edwards y un tremendo corral proveniente de la Universidad Diego Portales (UDP).
“Vivimos en la sociedad del pituto, de la patota, de las tribus y los amigos”
Más que la crítica encapuchada y lanzadora de molotov (en una sociedad donde esto se considera un crimen), Patricia se siente más cómoda con el personaje de “bicho raro, medio freak”, aunque hace una salvedad: “aunque es curioso, porque uno es un bicho raro en una sociedad donde es ridículo tener valores, tener ética”.
“A veces tengo la sensación de estar en un lugar que no me corresponde”, confiesa. “A diferencia del mundo de la poesía, donde uno encuentra de todo, el mundo de la novela chilena es mucho más conservador y ligado a la élite. En ese mundo pareciera no tener cabida una mujer, que además es chica y de pelo negro, que no es de derecha ni tampoco tiene relaciones sociales”.
Patricia estuvo cerca de seis años en el exilio. Siempre había trabajado, factor que la hizo autosuficiente. Hacía puzzles, crucigramas y test para revistas de distinta índole. Así llegó al diario La Época. Su primer día allí la recibió Carlos Olivares, escritor de la generación de Skármeta y editor con un marcado “estilo gringo” y  “con cierto resentimiento a los exiliados”.
El “mono” Olivares, como lo apodaban, la hizo esperar frente a él una media hora. “Bueno ¿y de qué te gustaría escribir?”, se decidió al fin a preguntarle. “De Rodrigo Lira, podría ser”, le respondió titubeante. “¿Sabes cuántos estudiantes de literatura vienen para acá queriendo escribir algo de Rodrigo Lira o de Juan Emar?”, le preguntó con desafiante expresión en la cara. “¿No se te ocurre nadie más?”, insistió. “Jack Kerouac”, volvió a responder, tímida. Olivares la pensó. “Tráeme una nota de 10 mil caracteres de Jack Kerouac tal día y ahí vemos qué hacemos”, sentenció. El día que se iba a publicar, salió en las páginas centrales, “con fotos, todo bonito”.
De ahí para adelante su relación con los editores la marca la lejanía. Sin embargo, ella hace una distinción entre aquellos que creían que la crítica tenía cierto valor social, como José Miguel Varas y Faride Zerán en revista Rocinante o Andrés Braithwaite en Las Últimas Noticias; y aquellos que creen que las críticas no las lee nadie. “Nunca es que las críticas no les importen a nadie. Las críticas les importan por lo menos a tres lectores: al autor, a las editoriales y a la familia del autor”.
“Por eso yo alucino con mis clases”
Han pasado un par de horas. Ve el celular, toma la cartera, la deja, vuelve a ver el celular y continúa: “Nunca pensé en ser académica, aunque yo lo considero como un trabajo que no es superior al de un administrador público o a cualquier otro”. Agrega que “debe ser un trabajo con sentido, que entregue una visión del arte, la literatura, la vida. Que tenga un rol incitador”.
La idea de una universidad burbuja pareciera que Patricia lo ve en gran parte por el papel que juegan la docencia y la investigación. “Hay que combatir la idea del intelectual encerrado en la oficina de la academia. Este debe tener un trabajo social, o por lo menos un ‘intento de’. Mayor intervención, aunque sean esos trabajos anónimos. No funcionar sólo cuando hay recursos de por medio”. Y emite un juicio: “Esa especie de narcisismo desaforado que tienen los académicos, por favor, yo les pediría un poquito más de humildad”.
“Definitivamente hay deudas pendientes, que es la problematización de nuestra casa (la Universidad de Chile). Este debate que mira hacia adentro suele postergarse, a lo mejor porque lisa y llanamente no importa”, advierte.
“Los académicos van a acompañar a los estudiantes a una marcha por la educación, pero ¿y si se toma la decisión de hacer una marcha adentro de la universidad, para solucionar los problemas que tenemos en casa? ¿Asistirán los académicos?”, preguntas que no pasan desapercibidas, sobretodo luego de los conflictos internos que se han vivido en esta última parte del año por la situación del hospital clínico de la Universidad de Chile, el conflicto con los funcionarios del campus Juan Gómez Millas y las tomas de las carreras de Antropología y Educación parvularia y básica inicial que se han suscitado en la FACSO.
Al respecto, aprovecha de repasar la situación del movimiento estudiantil y su desidia a la hora de trabajar con convicción estos temas: “De hecho, el CONFECH llama a no más marchas, a que tenemos que seguir leyendo y escribiendo”. Agrega que “las federaciones estudiantiles no son lo que se espera que sean. Funcionan como Rojo o Yingo, como trampolines para las ligas políticas mayores. Se trata de la plataforma de dirigente estudiantil, para luego tirarse a las elecciones y asegurar el futuro ¿te fijas?”
Entonces, luego de un repaso general, me urge preguntarle: ¿cuál es la esperanza, si es que consideras que la hay?
Hace un introspectivo ademán. No tengo idea qué me puede llegar a decir. “Me parecen tremendamente interesantes los proyectos que buscan que los intelectuales dejen de escribir en metalenguaje, que son textos dirigidos al mismo público universitario pero que no los lee nadie, y que busquen un lenguaje más periodístico y lleven el conocimiento más allá de los sectores universitarios”.
Al final, una frase lo encerró todo: “En este país, donde están todos entregados al mercado, hay gente que escribe poesía, es decir, qué cosa más inútil para el sistema”.

Un comentario sobre la crítica literaria chilena, sus virtudes y detractores.



Criticar la crítica hoy en día parece un lugar común. Lo hace el público lector, los medios en Internet, los periodistas cuando formulan sus preguntas en busca de cuñas y especialmente los escritores, cuando defienden sus creaciones. ¿Hay un problema de fondo respecto a la calidad de la crítica literaria chilena o es que de pronto todos caímos en el simplismo de criticar al crítico para así evitar instalarnos a discutir sobre la literatura misma, sobre sus virtudes y defectos?

Hace algo así como un año, la crítica literaria Patricia Espinosa publicaba en una columna sus impresiones sobre una primera novela de un autor chileno. Destruía la publicación y remataba diciendo, quizás con harto menos tino del que pudiera esperarse, que el autor “ha perpetrado uno de los grandes desaciertos editoriales del año”. La reacción de algunos no se hizo esperar. Fue así como el escritor Rafael Gumucio salió en defensa del vapuleado escritor.


Patricia Espinosa, hasta donde sé, jamás respondió a estas interpelaciones.

En el mismo sentido, el escritor Gonzalo Contreras, en una entrevista del día 10 de septiembre de 2013 realizada por La Tercera a propósito de la publicación de su novela Mecánica celeste, lanzó la siguiente frase:

La crítica actual es flojísima y están todos alineados y piensan igual, Pedro Gandolfo, Juan Manuel Vial, Patricia Espinosa y Rodrigo Pinto. Ellos no hacen crítica, hacen solapas para los libros
La aseveración es durísima. Sostener que los críticos están alineados es quitarles todo el piso a cualquier opinión que puedan manifestar, es afirmar que no tienen un criterio propio sino que el resultado de sus valoraciones responde a factores ajenos a la obra y no a su calidad. Contreras apuntaba directamente, según entiendo, a amiguismos, conveniencias o compromisos laborales de ciertos círculos de poder en el mundo literario chileno.

Nuevamente, tal como en el caso anterior (al menos hasta donde sé), ninguno de los críticos citados respondió a las palabras del autor.

Pero esta controversia entre escritores y críticos tampoco es nueva. En el libro autobiográfico Cuando era muchacho, de José Santos González Vera, el autor comenta sobre una época en que ejerció el oficio de crítico. Ahí escribe:

Vera(Cuando era muchacho, José Santos González Vera, Ed. Universitaria, pág. 167)

González Vera dirime así el asunto: “Debería uno eludir el papel de juez, y no pronunciarse sino sobre lo que le gusta.” Pero, y sin ánimo de controvertir con uno de los más grandes narradores chilenos que ha existido, ¿eso de hablar solo sobre lo que a uno le gusta no sería hacerse parte del aparato publicitario editorial? Es decir, si decimos solo lo bueno, ¿no terminaremos acaso haciendo apenas propaganda, poniéndonos de parte de las editoriales —como negocio— y no de los lectores?

¿Qué está pasando con la crítica? ¿Qué pasa que todos nos sentimos con derecho a golpearla? Adelanto desde ya: no tengo respuestas concluyentes. Sí creo que es necesaria, trascendental incluso, la existencia de una crítica seria, responsable, sesuda y que dé razón de sus dichos, que la existencia de tal tipo de crítica es muestra de un estado de desarrollo cultural importante. Que, bajo estas mismas consideraciones, podemos intentar un análisis sobre si tal o cual crítico cumple o no con ciertos estándares deseados. Todo lo anterior es muy cierto (e incluso amerita profundizar en ello), pero no es menos cierto que no nos podemos someter a una visión complaciente con nuestra propia literatura, una que mire a esta forma de arte como al “hermano pobre” de la cultura, poniéndola en una esfera de protección que en el fondo la atrofie. ¿Qué pasa si rebajamos el pensamiento crítico, si por amiguismos o conveniencias se soslayan defectos, si se evita apuntar a los yerros? Muy simple, si la vara es muy baja cualquiera puede superar el escollo, no por su calidad, sino porque el estándar es pobre. ¿No es acaso, así mismo, un lugar común vapulear a autores que venden grandes tiradas, por ejemplo a Serrano, a Pablo Simonetti, a Allende? ¿Cómo se condice lo anterior con este menoscabo a la crítica?

Las preguntas quedan abiertas, no pretendo arrogarme ninguna verdad. En lo que sí creo es en la necesidad de abrir espacios de discusión literaria, en que esto no puede tratarse únicamente acerca de cuántos libros se venden, ni cuántos se leen. Esto no es simple estadística. No podemos conformarnos en poner un número sobre los libros y de ahí dar el aprobado o rechazado. Sí, ciertamente los críticos también deben ser valorados por sus actuaciones, pero no creo que sea razonable lanzarnos contra ellos, con nombre y apellido, así como no es sensato que ellos, cualquiera de ellos, al criticar un libro lo haga en atención a quien lo firma y no a la calidad de este, ni que la crítica se refiera al autor y no a la obra.




G. Soto A.
Cofundador y administrador de Loqueleímos.com. Abogado de profesión. Lector como gesto vital. Soy de los que cree que Tolstói y Nabokov fueron genios. Pero que Manuel Rojas y Eduardo Barrios también lo fueron, y eso es demasiado importante como para olvidarlo.
TAMBIÉN TE GUSTARÁ


AGOSTO 6, 2014
JOSÉ IGNACIO SILVA
Buen texto.

Sólo para precisar que Patricia Espinosa sí respondió la defensa del “vapuleado escritor”, hermanastro de Gumucio (ojo con ese dato); lo hizo hace casi exactamente un año en el podcast de Ojo en Tinta:

http://www.ojoentinta.com/2013/patricia-espinosa-lo-que-yo-planteo-es-una-critica-teoricamente-hibrida/

Saludos.

lunes, 26 de enero de 2015

Travesía Azul

Travesía Azul
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 
        
                                     
“Pensar alto, sentir hondo, hablar claro” Antonio Machado.


A menudo suele suceder que frente a una nueva creación literaria el novelista o poeta presenta dicha obra con cierto regocijo y emoción porque el mágico flujo de su inspiración traspasará desde sus recónditos hontanares los umbrales hacia un mundo, muchas veces, torvo y tenebroso. ¿Son necesarias las presentaciones de los libros? Innecesarias y superfluas si quienes los adquieren se limitan a conducirlos simplemente a la estantería alta y lejana de su biblioteca.

 Hace algunas décadas se hablaba de “lanzamientos de libros” como si de alguna plataforma -por una misteriosa fuerza- estos fuesen lanzados hacia una desconocida y extraña dimensión...

Tanta importancia se da en la actualidad al show que acompaña a la presentación de una obra literaria,  más que al fruto de la voluntad creadora y verdadero protagonista de la ceremonia, que mira humilde y sumiso a quien injustamente arrebata su protagonismo.

El libro, efectivamente es el único ente entrañable y vivo, lo sustancial emana y brota del libro. El novelista, en su duro y solitario oficio, otorgó íntima animación a sus personajes imaginarios gracias a la ardiente llama de sus vigilias, a la batalla de las ideas y a la incesante rebeldía de las palabras. El poeta tuvo que alejarse de la torva realidad para penetrar los insondables parajes de su alma, detenerse y esperar que el poema brotara sin estridencias verbales, diáfano y puro, tierno y sencillo. Allí esperó a que el sustantivo se hiciera verbo y su flujo lírico en sinfonía cósmica, frescura y transparencia para los corazones nobles y sensitivos.

Si usted llegara a caminar por las cercanías de la Feria Internacional del libro de Viña del Mar año 2015, el día lunes 12 de enero a las 19 horas daré a conocer mi nuevo libro “Travesía Azul”, bajo el sello de La Sociedad de Escritores de Valparaíso. Entonces recordaré los versos de Unamuno:

Aquí os dejo mi alma, libro,
hombre, mundo verdadero ;
cuando vibres todo entero
soy yo, lector, que en ti vibro.
                                                                           
                                                                          Luis Ossa Gajardo.
                                                                    Miembro de la Sociedad de Escritores de Valparaíso.


                                                                    Villa Alemana, enero 2015.

Éxito Literario


“Pensar alto, sentir hondo, hablar claro” Antonio Machado

Éxito Literario
                                                                             Por Luis Ossa Gajardo

Algunas personas a las cuales invité a la presentación de mi libro “Travesía Azul “realizada en la feria internacional del libro de Viña del Mar versión año 2015 se excusaron por no asistir- unas comprensibles por la distancia que nos separaba, otras cercanas que por causas diversas de algún modo se justificaron. En todo caso, desde el día que se inventaron las excusas ninguno ha salido mal parado...
             
                         Antes de proseguir con el tema que deseo exponer, agradezco sinceramente a aquellos nobles amigos y público en general que nos acompañaron en el reciente evento, cuya presentación estuvo a cargo  de mi compañera en la vida y en la poesía, la poeta Laura Medina Espinoza y nuestro hijo el escritor Alexis Ossa Medina, todos -incluyendo al que escribe estas líneas- pertenecientes a la Sociedad de Escritores de Valparaíso. Agradezco también en forma muy especial a quien nos deleitó -en los intermedios- con agradables sones musicales, me refiero al profesor de matemáticas candidato a magíster y músico Sr. Sergio Gómez Gómez.

Para quien no ama la siempre eterna, vana y torpe figuración personal es imposible no experimentar una sensación de vértigo, semejante a quien se acerca a un profundo abismo. Tal es el sentimiento de quien presenta un libro en un ámbito precisamente no cultural, donde personas aun no han acostumbrado el oído a las resonancias líricas, ni a la musicalidad de bellas estrofas poéticas  y per se incapaces de percibir el ágil ritmo que enriquece el verso. Donde pocos en este medio circundante,-aunque no les favorece- logran una concentración total para elevarse a las cimas de la mística  donde el espíritu vibra lejos de toda materialidad.
          
             Muchos de los que se excusaron y no asistieron me decían: “buena suerte” “buena fortuna” “que te vaya bien” “éxito” etc., entonces desde el fondo entrañable de mi conciencia me pregunto: ¿Qué es el éxito literario? ¿Acaso es lograr una audiencia numerosa? ¿O es lograr el mayor número de ventas y un buen recaudo monetario? ¿O pretende el autor que el sol de la fama bese sus pies? Sí tal es la íntima aspiración de quien presenta un libro, demasiado mezquina y torpe  sería su actitud porque no coincide con la generosidad  y grandeza de alma  que todo genuino poeta y/o escritor debe poseer.

Chile, -la patria de Pezoa Véliz, Huidobro, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Pedro Prado y tantos otros auténticos poetas-, necesita salir de su oscurantismo cultural. Y sobre todo de su ignorancia poética.
              Por doquier se realizan concursos de poesía frecuentemente constituidos por jurados ineptos, en lugar de efectuar cruzadas culturales que conlleven a la comprensión real del arte de la escritura lírica, donde se incluya el hábito de la lectura, en este caso, de egregios poetas universales de todos los tiempos, porque de continuar en este rumbo, razón habrá de la actual infinitud de rechazos hacia la lectura poética...hacia la grotesca poesía que impera en nuestra época donde miles de seres repiten sin discernir e irracionalmente solo antipoesía. Esta tarea corresponde indubitablemente a círculos, sociedades y agrupaciones literarias, pero si gran parte de sus miembros ni siquiera se interesan por adquirir nuevos conocimientos que ayuden a su propia voluntad creadora y otorgue a su cosmos interior impulsos a su natural talento ¿Qué se puede esperar para este mundo de relativismo alarmante?

Algunos autores en un arrebato de egocentrismo extremo anteponen su rostro en la portada de sus libros, como si tal acto contribuyera a dar cauces nítidos y sólidos a la cultura; sórdida expresión de un mundo de vanidades, vacuo y mercantilista.
 La cultura es solo un privilegio alcanzable para el ser humano, quienes la desarrollan dentro de sí adquieren aquella extraordinaria virtud espiritual que ilumina nuestra propia inteligencia y nos conduce  a la más elemental reflexión que nos ayuda a separar lo grotesco de lo sustancial.

¡Oh poeta y/o escritor, oh simple sombra mortal! , si tus escritos lograran trascender más allá
de tu propia muerte y  leyeran tu obra las futuras generaciones entonces exclamaran:

¡He ahí: un éxito literario!                                                                      ***

EL SONETO por don LUIS OSSA GAJARDO

                                                                                   
                                                
                                                                                                                      
                                                          EL SONETO

Ocho siglos de permanente vigencia.
                                                                                                       Luis Ossa Gajardo

El soneto es una importante composición poética, llamado por algunos, “La prueba de fuego del poeta” y “Príncipe de todos los versos”, de hermosa arquitectura tiene su origen en Italia en el siglo XII, como resultado de la fusión de la poesía culta con la poesía popular o como una asimilación de los estrambotes sicilianos por una composición poética más elevada, a la vez, compleja. Se atribuye como inventor del soneto al poeta italiano Giacomo da Lentino, nacido hacia fines del siglo XII y fallecido en 1250.  Posteriormente fue cultivado el soneto por los poetas Guido Guinezzelli (1240 - 1276), Guido Cavalcanti (1259 - 1300) y Cino da Pistoia. Se considera a Guido Guinezelli iniciador de la escuela poética en la cual se educó Dante Alighieri, precisamente este poeta Florentino es quien probó con éxito esta composición poética en su obra Vita Nuova, posteriormente es cultivado el soneto por Francesco Petrarca.

Antes que Juan Boscán Almogaver (1495-1574) y Garcilaso de la Vega adaptaran el soneto a la lengua castellana y lo introdujeran definitivamente en España, el Marqués de Santillana ensaya sus sonetos fechos al itálico modo.  

En los Siglos de Oro el soneto fue la estrofa favorita de grandes y menores poetas de la época dorada de las letras españolas. Luis de Góngora, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Fernando Herrera, Francisco de la Torre y otros que cultivaron magistralmente el soneto.

Posteriormente en la época neoclásica, el soneto no fue ampliamente cultivado, tampoco fue considerado por los románticos, a excepción de José Espronceda, excelente sonetista. Tampoco los realistas consideraron esta forma estrófica, sin embargo, es cultivado por Ramón de Campoamor  (1817-1901) y por Adelardo López de Ayala (1829-1879)

Resurge el soneto en todo su esplendor con el movimiento denominado modernismo y posteriores movimientos, tanto en verso endecasílabo como en verso alejandrino, Rubén Darío, Antonio y Manuel Machado, el simbolista y romántico poeta Juan Ramón Jiménez, en la generación del 27 recordamos a Gerardo Diego (1896-1987), Rafael Alberti (1902-1997), Jorge Guillén (1893-1984)  y Federico García Lorca (1898-1936).

Es preciso señalar que tanto el Soneto endecasílabo como el Soneto Alejandrino, la rima debe ser siempre consonante, nunca asonante.

Cultivaron el soneto en nuestra región los poetas, Modesto Parera Casas y Pedro Mardones Barrientos y actualmente en nuestra región crean en esta bella forma estructural, Alfonso Larrahona Kästen - sonetista por excelencia- y tres socios del Círculo de Escritores de la Región de Valparaíso, Antonio Macías Luna, Rafael Lüttges Derosas y el que escribe estas líneas. Los tres poetas han sido gentilmente incluidos en la Biblioteca del Soneto, prestigiosa página virtual que reúne a los sonetistas del orbe.

En la actualidad cientos de poetas en el mundo lo cultivan con insistente voluntad creadora. Así lo demuestran las numerosas páginas en Internet que continúan hablando sobre estas magníficas estrofas.
Contrariamente a lo que algunas personas creen, el soneto no reposa en una mortaja pálido e inerte, el soneto continuará vívido en su frescura y pureza, encanto y vigoroso ritmo.

En cuanto a los sonetos endecasílabos existe la siguiente variedad; sáfico, melódico, yámbico,
de gaita gallega, enfático y heroico.







Soneto endecasílabo
  A Cristo crucificado                  
                                                               *Antonio de Rojas
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
¡Tú me mueves, Señor!  Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muévenme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
 
Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
 
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
***
* Se consideró anónimo por su imprecisión autoral y durante siglos fue atribuido a diversos autores, entre ellos, a Juan de Ávila, a Miguel de Guevara, a Santa Teresa de Jesús, a Lope de Vega, etc. Según investigación de Don Fredo Arias de la Canal del Frente Hispanista A.C. el autor de tan potente soneto es en definitiva: Antonio de Rojas.

Soneto Alejandrino en Serventesio. Soberbio soneto de Rubén Darío.
   
                      Caupolicán                                                                                                                                     
Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

"¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: "Basta",
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
                            ***


Del Libro: “Hacia la comprensión del arte de la palabra lírica” de Luis Ossa  Gajardo.
Presentado en la Feria Internacional del Libro de Viña del Mar – Chile – año 2012.








                                                                            
                                                                            Luis Ossa Gajardo
para el tórrido sueño del estío,
y luz al corazón azul, sombrío,
que cosecha mi sangre de ternura.

que florece entre soles, sombra y frío
y porque gira todo en torno mío,
entre las flores soy la flor más pura.

- decíase - la rosa en su fortuna
confiada en su candor y dulce suerte,
esperando una mano que la acoja.

que la arranca en un cruel horror de muerte
¿Cuál belleza? exclama y... ¡la deshoja!
***
¡Oh!  eterno sarcasmo de la vida
que ajenas manos talan esta suerte
de soñar con mi  sangre azul rendida.
***
1er Premio “Pluma de Oro” 2005. Islas Canarias, España.

                            LA  VIOLETA
                                                                                                                                                  
                                                                                        Luis Ossa Gajardo
¡Ay! Desdichada rosa peregrina,
duerme en el huerto de la noche fría.
Hermosa eras... y tu latir ardía...
en un rosal de sombra cristalina.

Ufana tú soñabas, rosa fina,
en una verde rama siempre umbría,
donde se alzó la loca fantasía
del sueño y aquella muerte repentina.

Dijo con honda pena la pequeña
flor azul con el alma desgarrada
entre las verdes hierbas del olvido.

con sus esencias puras la sagrada
violeta sobre el  campo azul florido.
***
¡Ah! “lo nuestro es pasar”  clama el poeta
humilde. Su palabra, aroma al viento,
os dice: id aprended de la violeta
                                                                             ***
Sonetos escritos en la Isla Lennox, Noviembre 1982

                                                                                           Del libro “Travesía azul” 

NOCHE TARDÍA de Alfonso Larrahona Kästen

                                                                                 


NOCHE  TARDÍA
Autor: Alfonso Larrahona Kästen.
                                                                                                     Comenta: Luis Ossa Gajardo.

Alfonso Larrahona Kästen profesor Emérito de la Universidad de Chile – sede Valparaíso- , además de poeta es Ensayista, Dramaturgo, Investigador, Folclorólogo, Antólogo y Pintor, Recientemente nos ha presentado en la Feria internacional del Libro – Viña del Mar año 2015- su último libro de sonetos “Noche tardía”, -Edición del Frente de Afirmación Hispanista, A.C. –México Capítulo Valparaíso- texto constituido por 216 sonetos de la más variada temática intimista donde describe con singular aciertos sus delirios existencialistas, reflejo de su introspección literaria y de la temporalidad de su propia vida.

Algunos de sus versos se caracterizan por su resonancia henchida de melancolías y nostalgias. Es la vida literaria del poeta, descrita en magistrales versos en la forma que sólo él sabe hacerlo en el sólido soneto.

Anteriormente, el poeta nos presentó en “Antología del Soneto”, una cuidadosa selección de sonetistas chilenos a través de los tiempos...

Autor de más de 40 libros Larrahona ha obtenido un sinnúmero de premios a nivel nacional e internacional: Premio Municipal de Literatura- Valparaíso 1982- , entre los premios internacionales destacamos Premio “Ateneo de Salamanca”-1979 España-, Premio “Carlos Sabat Ercasty” -Uruguay 1986-, premios en Argentina,  Estados Unidos, Perú, Italia y Bélgica. Agreguemos, además, el importante Premio “José Vasconcelos” otorgado por el Frente de Afirmación Hispanista 1991 México. 

Nuestro poeta, artífice del verso sólido y contundente, sonetista por excelencia, sustentado por el flujo lírico de su habilidad creadora supo deslizar, una vez más,  hábilmente su pluma,  logrando transmitirnos desde la profundidad de sus recónditos hontanares, bellos acordes líricos.

Transcribiré parte del comentario de “Sinfonía Secreta” escrito por Luis Ossa Gajardo e incluido en mi libro “Manojos del Tiempo”. Presentación realizada en el Instituto Chileno-Norteamericano de Cultura de Valparaíso diciembre 2011 y en la Feria Chilena del Libro de Viña del Mar enero 2012: “El soneto de Larrahona Kästen adquiere una expresiva conjunción en rítmica resonancia. Por su hondura y vibración el verso en este nuevo libro es savia fresca.
                   
Trasunta la obra del poeta, en comento, la naturaleza de una dinámica plasmadora, una sangre intensa, un espíritu noble y sereno, otorgando a la lírica hispánica un sentido vitalizador.

El soneto, de una difícil arquitectura, en una unidad conceptual eleva la humilde palabra a la cumbre creativa en manos del poeta verdadero. Larrahona los es desde el fondo del alma.

Por su robusta palabra en el arte de la escritura, nuestro vate ha trascendido las fronteras de nuestro país, obteniendo un meritorio reconocimiento internacional.”

Celebramos este nuevo libro de sonetos “Noche tardía” del poeta Alfonso Larrahona Kästen, de trazo claro y vigoroso destinado a trascender hacia nuevos tiempos y que hoy disfrutamos por su pureza lírica, sus ondas cálidas e intimistas y acertado desarrollo conceptual.

***
Villa Alemana 25 de enero de 2015.


“Noche tardía”  - Alfonso Larrahona-



Hamlet: No entiendo eso muy bien. ¿Quieres tocar la flauta?

Guildernstern: No sé hacerlo, señor

Hamlet: por favor, te lo ruego

Guildernstern: De verdad que no sé hacerlo

Hamlet: ¡Vamos, te lo suplico!

Guildernstern: No sé tocar ni una nota, señor

Hamlet: Es más fácil que mentir. Pon los dedos sobre los agujeros, sopla por la boca y saldrá un lindo sonido. ¿Ves? Estas son las notas.

Guildernstern: Pero es que no tengo la habilidad para producir con ellas una armonía.



Acto Tercero de Hamlet – Williams Shakespeare-

***

A los que cultivan en serio la poesía en cualquiera de sus formas:

                  

En documento adjunto incluyo comentario sobre el libro de sonetos “Noche tardía” de Alfonso Larrahona Kästen, recientemente presentado en la Feria del libro de Viña del Mar año 2015.

         

      Algunas personas que menosprecian esta sólida estructura, ligeramente han expresado respecto a esta manifestación poética y de otras formas métricas que tales composiciones solo requieren algo de matemáticas. De matemática demasiado elemental -diría yo- porque bastaría contar once sílabas métricas en cada verso en el caso del soneto endecasílabos y catorces sílabas en el soneto Alejandrino. Entonces si se tratara -como aquellas personas afirman- únicamente de un poco de matemáticas ¿Por qué tales detractores no lo intentan?...



Sin duda, para escribir un soneto se requiere algo más... un cierto dominio de los diversos ritmos – yámbico, trocaico en el caso de disílabos y dactílico, anfibráquico y anapéstico en el caso de trisílabos, además, es indispensable insertar algunas figuras literarias, obtener acierto en la regla de los acentos- necesarios o constitutivos, innecesarios, acentos inoportunos o antirrítmicos, estos últimos destruyen o perjudican la armonía-; un soneto sin ritmo sería un desacierto injustificable. Un buen logro en el uso de los hiatos y sinalefas, diéresis, sinéresis coadyuva al uso de la métrica, imprescindible es también mantener en el soneto su eje temático, sin olvidar que se debe utilizar sólo rima consonante porque esta le otorga una mayor y perfecta transferencia melódica, (de mal gusto es la mixtura de rima asonante y consonante en cualquiera de las expresiones métricas)  finalmente se requiere una mano que fecunde y armonice en un todo este bello flujo lírico – conceptual.



Cordialmente,

                            Luis Ossa Gajardo


   http://www.reflejosdelalma.com/premio_poesia.htm

Literatura en TV