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martes, 3 de enero de 2017

Autor y Editor Michael Kruger




"CUANDO DEJE DE PREOCUPARTE LA SALIDA,
ES QUE HAS LLEGADO A LA META"

Krüger: "Im Labyrinth", Aus der Ebene (1982)

Susana Pajares Toska
Universidad Complutense de Madrid




Michael Krüger, nacido en 1943 en Wittgendorf, vive en Munich. Es Jefe Editor de la Editorial Carl Hanser, editor de la revista literaria Akzente, y de la Edition Akzente. Ha ganado importantes premios literarios (Premio Peter Huchel, Premio Ernst Meister...), y es miembro de varias academias, como la de Mainz, la Academia Bávara y la Academia de la Lengua y la Poesía Alemanas.
Desde 1972 publica poesía, relatos y novelas. En España se han traducido las siguientes novelas: ¿Qué hacer?, ¿Por qué Pekín?, ¿Por qué precisamente yo?, El final de la novela y Cita en Corfú. 
Entre lectura y lectura nos recibió amablemente en su oficina en la Editorial Carl Hanser, donde contesto todas nuestras preguntas pacientemente y con gran sentido del humor. Vale la pena leer sus respuestas.
P: ¿Qué diferencia al autor Michael Krüger del otro Michael Krüger (jefe editor)?

R: Nada. Ambos tienen 53 años, ambos nacieron en 1943. Ambos tienen cada vez menos pelo y ambos sufren exceso de peso, sólo que uno tiene todavía menos tiempo que el otro. Cuando el otro va por la mañana a la oficina, el autor ya ha trabajado una hora y media. El oficinista se sienta entonces en su oficina hasta la noche, y cuando vuelve a casa esta tan cansado que apenas puede conversar con el otro. Así que se diferencian en que el primero tiene muy poco tiempo. 
La segunda parte de la pregunta es si uno es más infeliz que el otro. Por supuesto que sería más feliz si tuviera más tiempo, si pudiera escribir, pero por otra parte se escribe tanto que también se siente uno bastante contento cuando no todo el mundo escribe.

P: ¿Le resulta fácil encontrar siempre las palabras adecuadas?

R: No, en absoluto. !Es lo más duro! Hay una frase, creo que de Kafka, "Un escritor es escritor porque no sabe escribir". Si un escritor supiera escribir sería maravilloso. Podría ser cualquier cosa, periodista por ejemplo, podría incluso escribirle los discursos al presidente... Pero un escritor no sabe escribir en absoluto.

P: ¿Cuál es entonces su relación con el lenguaje?

R: La relación con el lenguaje merece mucho respeto, porque cuesta mucho encontrar las palabras. Uno intenta siempre bajar a las palabras de su trono y, por decirlo así, encontrar la palabra proletaria, esa otra palabra que se ha quedado sin trabajo en el lenguaje común, y ponerla en un contexto donde tenga un cierto brillo, otro aura, y pueda ser comprendida con exactitud. 
Es interesante por ejemplo la transformación del lenguaje en Alemania —no sé si sucede así en España— que ha sido tan radical que mucha gente no puede leer y entender un texto del siglo XVIII, o que sólo puede leer ciertas obras de Jean Paul con un diccionario. Al mismo tiempo tenemos lenguajes extremadamente especializados: en el Derecho, en la Economía, en la Política, en la Medicina..., de tal modo que la lengua literaria tiene una enorme función, porque al tener que ser valida para todos ha de intentar conservar el lenguaje en general, y al mismo tiempo ha de ser especial, porque es un lenguaje poético. Conseguir con una palabra cumplir estas dos funciones del lenguaje es hoy día más duro que en los siglos XVIII o XIX, porque las lenguas de cada profesión no estaban tan separadas del lenguaje común como ahora. 

P: Usted ha escrito que la Ciencia es como una mala novela. ¿Es todo ahora discurso? ¿No queda ninguna verdad con mayúsculas?

R: Es un problema que la Filosofía de los últimos 80 años haya expulsado a la verdad de la escritura, del lenguaje, de las palabras... La Filosofía ha dicho: la verdad no existe, la verdad es una construcción lingüística, un acuerdo, un convenio, una creencia..., que en ningún caso tiene detrás una construcción material. Ni en la Filosofía del lenguaje, ni en el resto de la Filosofía existe ya La Verdad. 
Lo que eso significa para la escritura es que de pronto los escritores han sido liberados de estos problemas. Por otra parte, creo que toda escritura no es otra cosa que el intento de recobrar esta verdad perdida, y aunque nunca pueda alcanzarla, intenta siempre acercarse a ella. Porque si se pudiera alcanzarla, si existiese ese lugar utópico donde la verdad y las cosas están unidas de nuevo, entonces se trataría de un lenguaje divino, y eso no puede ser.
Ahora bien, hay también teorías sobre la verdad basadas en el consenso. Es decir, que ciertas sociedades o partes de sociedades conciertan una obligación, una verdad, que es válida durante un determinado periodo de tiempo. Por ejemplo, Habermas, que intenta desarrollar una teoría de la Verdad a partir de la teoría de la Comunicación. Las sociedades se ocupan de un asunto hasta que se llega a un convenio sobre él. El convenio es válido durante un tiempo, hasta que aparece nueva información capaz de transformar esa verdad o de revolucionarla. Pero el escritor no puede confiar ya en conseguir un consenso que la sociedad acepte, y sólo puede convenir consigo mismo sobre la verdad. Y por eso hay tantos caminos en busca de la verdad como caminos hacia Dios o hacia otras cosas intangibles. 
Sin embargo, la pérdida de las cualidades metafísicas ha puesto a la literatura en una situación en la que ha de intentar arreglárselas con este vacío. Si hoy lee usted a Beckett, encuentra en él el intento de formular una verdad negativa, y ya ayudaría bastante poder decir que en un texto determinado no se puede encontrar una verdad. Esa sería una solución. Pero el problema de la verdad se ha convertido en un problema filosófico creciente, lo cual quiere decir ante todo que la literatura se ha librado de él. 
A principios de siglo llegó de pronto la Modernidad a la novela burguesa —de Balzac a Fontaine y de Dickens a Turgueniev - ofreciendo miles de verdades diferentes en todas las artes - en la pintura, en la literatura, en las artes plásticas en general...— de modo que ahora, tras ochenta años de Modernidad, cuando todas estas formas y posibilidades han sido más o menos agotadas, uno se pregunta si en todo este movimiento y desarrollo literario se puede encontrar algún rastro de verdad que nos guíe serpenteando a través del laberinto. Lo que hay es un montón de obras de entre las que no sabemos hoy cuáles servirán para el próximo milenio. Pero creo que habría una respuesta más banal a su pregunta, y al mismo tiempo más humana, porque la verdad es inhumana. La respuesta banal es que todos sabemos que cierta literatura se hace con la pretensión de ser leída también dentro de cien años. Y eso es lo que se intenta descubrir con todo el debate sobre el canon. Algunos encuentran este debate superfluo - para mi no es tan superfluo. Creo que más allá de la ciencia reina un sentido común que sabe que ciertas preguntas son importantes y que lo seguirán siendo en el próximo siglo. Cuando lee usted a Wittgenstein puede decir que en su búsqueda filosófica no ha encontrado la verdad, pero sin embargo ha planteado tantas preguntas que seguramente se le continúe leyendo en el próximo siglo. Cuando lee usted ciertos trabajos teóricos de Marx, puede saber aproximadamente que preguntas tendrán todavía un papel importante en la filosofía de la economía política del próximo siglo y que preguntas han quedado atrás.
Entre el interés por un texto y el modo en que un texto envejece hay por otra parte una gran diferencia, de manera que al final quedan los escritores que nunca tuvieron la pretensión de encontrar la verdad, pero que hicieron propuestas sobre cómo se debe tratar con ella. Y así Schopenhauer vuelve a ser de pronto interesante, mientras que Hegel languidece lentamente en la Universidad y deja casi de ser leído a no ser por filósofos profesionales. Sería muy interesante pedir a los estudiantes que nombrasen diez libros de la literatura española, alemana o francesa, que en razón de las preguntas que formulan, seguirán a su juicio leyéndose en el siglo que viene. Y así se comprobaría rápidamente, si la gente es sincera y no miente, que uno se concentra en determinados textos.

P: ¿Cree usted que hay una tendencia o una moda en la literatura alemana o europea?

R: No lo creo. Creo que hay una tendencia en la literatura mundial que reza: ¡tenemos que contar historias! Y eso es a mi parecer un reflejo del hecho de que las historias de la propia vida se han convertido en faltas de interés, o son consideradas así, y por eso se buscan en los libros historias diferentes. Uno se pregunta por qué hay todavía historias de amor. Todo esta ya contado... Abelardo y Eloisa... Hay diez grandes tragedias o comedias amorosas y uno no concibe por qué tienen que volver a contar lo mismo. Esta es una pregunta que hemos de hacernos, ¡que debemos hacernos! Porque estas viejas historias no añaden nada nuevo. Esto esta relacionado con que las relaciones sociales se han vuelto tan complicadas que la gente se alegra de que se las cuenten de nuevo en forma de libro. Esa parece ser la única tendencia visible: alejarse de los experimentos lingüísticos y volver a las historias que funcionan. Es la marcha triunfal de la literatura americana.

P: Sin embargo en su obra en prosa siempre hay un narrador sorprendido ante la vida cotidiana. ¿Qué significa para usted estar despierto?

R: Creo que este mundo en el que vivimos es el más impenetrable que uno pueda imaginarse. Todos hemos aprendido en la Universidad que las democracias modernas están ahí para hacerles a los hombres la vida más fácil y al medio ambiente transparente. Por tanto todas las instituciones sociales se orientan a liberar al individuo de sus trabajos, desde la Sanidad Publica a la Seguridad Social. 
La verdad es sin embargo según mi experiencia que el mundo es cada vez más opaco. Cuando uno se va por la noche a la cama piensa que es maravilloso estar en el mundo todavía. El mundo se ha convertido en algo tan impenetrable y complicado que no se concibe que alguien pueda entenderlo. Para mí es un enigma. Nunca he comprendido que haya hombres que van por el mundo diciendo: "Es facilísimo. Hay que hacer las cosas así o asá y todo está en orden." Para mi el mundo es cada vez más complicado, y la complicación aumenta con la edad. Cuando leo las teorías de Fukujama, de que el mundo social ha llegado a ser el mismo en las democracias ilustradas que tenemos hoy, me dan ganas de reir. El mundo no ha llegado a ser el mismo; nunca estuvo tan lejos de sí mismo como ahora.

P: Esto es una causa de soledad, como la de los personajes de sus novelas.

R: Si, esa es sin duda una consecuencia de que cada vez entendemos menos y cada vez conocemos menos personas que puedan dar una respuesta. En la filosofía ocurre lo mismo. En mi juventud me interesaban profundamente unos veinte filósofos, a los que preste atención largo tiempo. Hoy me siguen interesando quizás dos.

P: Esta gente que todo lo sabe, ¿son los académicos? En sus libros el mundo académico está descrito como algo bastante falso. ¿Es así de veras?

R: Hay una frase muy conocida del filosofo alemán Marquart, que ha invertido la tesis feuerbachiana de Marx ("Se ha interpretado siempre el mundo de forma diferente, lo que importa es cambiarlo") a: "Los filósofos siempre han querido que el mundo cambiase, pero lo que importa es dejarlo en paz". Los científicos no pueden dejar al mundo en paz, si lo hicieran no serían científicos. Pero no se dan cuenta de que en realidad desordenan el mundo. Algunas veces pienso que sería estupendo que de vez en cuando se tomaran un año sabático en el que no hicieran nada. Seguramente eso daría un poco de tranquilidad al mundo.

P: ¿Hasta qué punto están sus obras ligadas a Alemania?

R: Alemania es mi país, mi destino y mi lengua, es lo que mejor conozco. Aquí ha habido fascismo, la división de un país durante más de cincuenta años y yo me he criado en medio de este desastre. Mis maestros seguían siendo fascistas después de la guerra. Yo vengo del Este, fui en Berlín a la escuela y he sentido y participado de todo el descontento alemán. Pero también he participado en la cara grandiosa y maravillosa de este desarrollo: una democracia segura y que funciona parlamentariamente. No quiero quejarme de este país, pero no es un país que uno tenga que amar.

P: ¿Es Alemania el símbolo de una descomposición cultural de Occidente?

R: No, yo no lo diría. A Alemania se le pueden reprochar muchas cosas, pero nunca ha habido aquí verdaderos deconstruccionistas.

P: Usted habla bastante irónicamente de la prensa y la televisión...

R: Considero una tragedia que el hombre haya venido al mundo; considero una tragedia que no sea capaz de sobrevivir solo; considero una tragedia que siempre quiera estar en compañía de otros. La televisión tiene esta doble función: uno se sienta solo delante de la televisión y al mismo tiempo sabe que otros 50 millones de personas están viendo lo mismo, la misma película policiaca o la misma retransmisión deportiva. Tiene además una doble naturaleza: aísla y es al mismo tiempo el mayor comunicador. Eso es terrible, porque somos todos acuñados idénticamente, mientras que nuestra vida debería ser individual. Es espantoso pero es así. Uno puede protestar, pero no ocurre nada. La queja es un tanto gratuita.

P: ¿Qué importancia tiene Internet para usted como editor?

R: Para ser totalmente sincero, me he ocupado bastante poco de ello, ya que no tengo tiempo. Pero sé que una editorial no puede sobrevivir hoy en día sin Internet. Estamos conectados con todo el mundo y la Editorial tiene todas las facilidades técnicas - ahora bien, como ve, en mi despacho no hay una maquina de escribir o un ordenador. Soy el único que sólo tiene un teléfono. Eso es todo. Sé que es arrogante y pasado de moda, pero no he tenido tiempo para

ocuparme del asunto. Teóricamente sí he reflexionado sobre lo que el cambio pueda significar para la cultura de la comunicación, pero personalmente estoy bastante lejos del tema.

P: ¿Cree usted que cambiará la cultura del libro?

R: Estoy completamente seguro de ello. Empieza con que por ejemplo las Humanidades se comunicarán de ahora en adelante a través de bancos de datos. Eso significa, en lo que concierne a la Filología y las Humanidades, que tendrán que expresarse en inglés. Y eso es una tragedia, pero no puede cambiarse. Un islandés escribirá su tesis en inglés, se distribuirá por Internet y todos sabrán que hay un trabajo de Ingmar Gunmundson sobre los sonetos de Petrarca. Eso cambiará la literatura. Algunos libros determinados dejarán de existir, porque el flujo informativo irá a través de Internet. 
En segundo lugar, seguramente las Ciencias Naturales dejaran de imprimirse en 50 años, igual que ahora hay una revista de Matemáticas no en papel, sino en la pantalla. Con seguridad seguirá habiendo novelas mucho tiempo, porque son baratas, ligeras y bonitas para llevarlas en el bolsillo.
Me pregunto si necesitamos técnicas de comunicación como Internet, si son necesarias para mejorar nuestra condición, o si sólo son hallazgos tecnológicos que continúan simplemente porque un día alguien empezó con ellos. Esto deberían preguntárselo los propios usuarios. Se debería hacer una encuesta en condiciones sobre lo que esperan de Internet, aparte de que vaya rápido y cada uno pueda mirar lo que quiera. ¿Es de veras una mejora condicional de nuestro cerebro, de nuestro físico, de nuestra movilidad, o es sólo un medio de hacernos más lentos, más tontos? - lo tenemos todo ahí en nuestra pantallita. Esa es la pregunta fundamental para los próximos diez años. Estaría bien que no sólo se la plantearan los teóricos culturales sino también los usuarios, los "users", y así se pudiera desarrollar un concepto claro de lo que se quiere hacer en el futuro con el dichoso Internet.

P: ¿Cuál es en su opinión el papel del escritor, si es que ha de tener alguno?

R: Escribir. Sólo puede intentar escribir. Si todavía tendrán el publico o la critica un papel dentro de cincuenta años es otra cuestión interesante que no puedo sin embargo contestar. No soy profeta, pero puedo imaginarme que en algún momento dentro de treinta años todos los críticos europeos se reúnen y cometen suicidio colectivo porque se han quedado sin función. Nadie hace caso de lo que dicen. Así que se reúnen en la Plaza Mayor, comen y beben bien una vez más y luego se suicidan juntos.

P: ¿No dejarían ningún canon tras de sí?

R: El canon no viene de los críticos. Viene de los lectores. Hay una gran diferencia entre creer lo primero o lo segundo.

P: ¿Tiene usted como lector su propio canon?

R: Naturalmente que tengo mi canon. Releo siempre mis libros. Admiro a Kafka, admiro a Robert Walser, leo al joven Goethe, a Büchner, las historias de Kleist... Cuando se tiene tan poco tiempo como yo, se prefieren libros cortos. Leo mucha poesía cada día.

P: ¿Qué lee usted en este momento?

R: Puedo decirle lo que voy a leer esta noche. Hay una nueva traducción de la poesía de Konstantinos Kavafis, por primera vez todas las poesías: las póstumas, las suprimidas por el, etc. Y me he hecho con el primer ejemplar que leeré esta noche.

P: Como jefe de una Editorial lee usted todos los días libros nuevos. ¿Qué no le apetece leer en absoluto?

R: Filosofía sistemática, porque es terriblemente aburrida, y novelas aburridas. Nada es más espantoso que tener que leerse una novela de 500 páginas que no interesa nada, ni lingüísticamente, ni en cuanto al contenido, ni de ninguna manera. Es la tragedia de mi vida, que constantemente he de leer libros que no me interesan.

P: ¿En qué situación está en su opinión Occidente?

R: Hay una frase que a mi parecer viene de Valèry, pero que le ha usurpado Derrida, que dice: "Se demostrará si Europa no es más que un pequeño apéndice de Asia o si todavía puede llenarse de algún sentido". De momento no tengo la impresión de que se piense mucho acerca de la cultura europea. En las elecciones británicas, por ejemplo, no se hablo para nada de cultura, no la había. En Francia, debido al cambio tan rápido, existe todavía una cierta inseguridad sobre si se debería volver a hablar de cultura. En Alemania es difícil, porque no tenemos una administración cultural central, sino que cada estado de la federación es competente al respecto, por lo que la cultura local es bastante diferente en cada uno. Del propio Gobierno no espero nada personalmente con respecto a la cultura. En otras palabras: depende bastante de si los escritores, los intelectuales, el teatro, las instituciones culturales están en condiciones de lograr un clima en el que valga la pena reflexionar sobre cultura. Ahora tenemos en ocho semanas los tres mayores acontecimientos del arte plástico: hace cuatro semanas fue la exposición en Berlín "Retrospectiva sobre un siglo", anteayer fue Venecia, en cuatro semanas es la Documenta y luego viene la gran exposición de escultura de Münster.
Cuando se revisa lo que hasta ahora hay publicado en información y en filosofía se tiene la impresión de que están todos hartos de enfrentarse a este arte. El elemento repetitivo es tan fuerte que la gente no puede soportar ver otra vez un abeto a la vuelta de la esquina o una cabeza de ternera roída por gusanos. Es el examen ocular - todo lo que uno ve ya lo había visto antes... basta. No hace más de veinte años uno iba a las exposiciones de arte porque esperaba algo nuevo, mientras que hoy va a ver lo viejo porque lo nuevo le aburre tremendamente. Esta tendencia puede continuar, pues hay en Europa un fuerte movimiento elitista de derechas que va hacia atrás, que al ser conservador se ocupa por decirlo así de reciclar lo viejo. Para contestar a su pregunta: no veo en este momento ningún gran intento cultural relevante europeo de desarrollar algo desde Europa. Lo único que le interesa a Europa en este momento es el dinero. Eso es todo. Cuando en el periódico se habla de arte, se hace en un estilo irónico. Eso quiere decir que el critico ya lo conoce todo y está profundamente aburrido - y este hastío es peligroso.

P: Usted habla siempre en contra de la ironía, ¿qué tiene de peligroso?

R: La ironía ya no es peligrosa. Simplemente digo que cuando se habla irónicamente de la cultura se debe contar con que la cultura deje de ser tomada en serio, y me pregunto si deberíamos hacerlo.

P: ¿El arte del que habla no tiene nada que ver con el público?

R: Eso no lo sé, pero en arte da lo mismo, como dijo una vez Hans Magnus Enzensberger, si es Dante o el Pato Donald. Ya no hay ninguna diferencia cualitativa. Da igual. Tengo la impresión de que hay demasiado arte. Ya hemos visto diez veces el mismo cuadro en el que no hay nada pintado, y no queremos verlo por undécima vez.

P: Entonces no esta usted de acuerdo con la teoría que dice que cualquiera puede ser un artista...

R: No, odio eso. Esa teoría viene de la idea de que el arte es una cosa innata, y eso no es cierto. Si se piensa así, no se sabe por qué ha habido un Leonardo da Vinci, un Miguel Ángel o un Goya. Quien piensa así está a mi juicio loco o no ha entendido lo que es el arte.

P: ¿Qué le parecería que titulase esta entrevista con una frase de su obra Aus der Ebene: "Cuando deje de preocuparte la salida, es que has llegado a la meta"?

R: Sí. Eso es cierto, es una de las Verdades.

P: ¿Está usted trabajando ahora en algo nuevo?

R: Si. En los últimos dos años he escrito bastantes ensayos, y preparo también una novela, pero no sé si la acabaré, porque ya es muy gorda. Puede que vuelva a tirarla entera, y casi me alegro anticipadamente de su destrucción...

P: Muchas gracias por esta entrevista.

© Susana Pajares Toska 1997

viernes, 23 de diciembre de 2016

CUENTOS DE LYDIA DAVIS




Lydia Davis (n. 15 de julio de 1947, Northampton, Massachusetts) es una narradora estadounidense de relatos breves; también es conocida por sus traducciones del francés.

Davis es hija de Robert Gorham Davis, profesor de inglés, y de Hope Hale Davis. Estudió inglés y latín; estuvo un año en Austria y aprendió alemán. Estuvo casada con Paul Auster, entre 1974 y 1978, y tuvieron un hijo, Daniel Auster. Luego, se casó con el artista Alan Cote, y de esa unión nació Theo Cote.

Recibió un fuerte influjo inicial de Samuel Beckett, al que estudió de muy joven. Su padre era profesor de inglés, y conoció así a un escritor muy diferente de lo que había leído (en la primera página encontró: “I’m lying here. I’ve dropped my pencil”). Ya de estudiante superior, fue leyendo novelista tras novelista; Nabokov, Thomas Hardy, George Eliot, Dostoevsky o Joyce, y siguió con voracidad lectora.

Es profesora de creación literaria en la Universidad de Albany (SUNY). Además de escribir, ha traducido del francés toda su vida, entre otros, a escritores y ensayista como Vivant Denon, Gustave Flaubert, Marcel Proust, Maurice Blanchot, Michel Leiris, Pierre-Jean Jouve o Michel Foucault.

Davis ha publicado seis libros de cuentos habitualmente breves (o brevísimos), con un toque de humor, entre los que destacan: The Thirteenth Woman and Other Stories (1976), Break It Down (1986) o Varieties of Disturbance (2007). Han aparecido varias antologías suyas; y en 2009 recopiló sus cuentos en The Collected Stories of Lydia Davis, traducida al español.



Ha sido considerada candidata para obtener el Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones. Es famosa por sus cuentos cortos y la imposibilidad por clasificarlos dentro de las categorías tradicionales. La traducción corre a cargo de Pablo Robles Gastélum y Augusto Sonrics.



Amigos aburridos

Sólo conocemos a cuatro personas aburridas. El resto de nuestros amigos nos parecen muy interesantes. A pesar de eso, la mayoría de nuestros amigos interesantes creen que somos aburridos: para los más interesantes somos los más aburridos. Los pocos que andan en algún  lugar intermedio, con quienes tenemos un interés recíproco, nos provocan desconfianza: en cualquier momento, sentimos, pueden pasar a ser demasiado interesantes para nosotros o nosotros demasiado interesantes para ellos.

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Hombres

También hay hombres en el mundo. A veces se nos olvida, y pensamos que solo hay mujeres –colinas y llanos interminables de mujeres sumisas. Hacemos pequeñas bromas y nos consolamos entre nosotras y nuestras vidas pasan rápidamente. Pero de vez en cuando, es cierto, un hombre se eleva inesperadamente entre nosotras como un pino y nos mira de manera salvaje y hace que cojeemos de vuelta entre pantanos para escondernos en nuestras cuevas y barrancos hasta que él se haya ido.




La treceava mujer

En una ciudad de doce mujeres vivía una treceava. Nadie aceptaba que vivía ahí, no llegaba ninguna correspondencia para ella, nadie hablaba de ella, nadie le vendía pan, nadie le compraba nada, nadie devolvía su mirada, nadie tocaba su puerta; la lluvia no caía sobre ella, el sol nunca brillaba sobre ella, el día nunca atardecía para ella, la noche nunca llegaba para ella; para ella las semanas no pasaban, los años no transcurrían; su casa no tenía número, su jardín estaba descuidado, su camino no era caminado, nadie dormía en su cama, su comida no se comía, su ropa no se usaba; y aun así, a pesar de todo esto, seguía viviendo en la ciudad sin ningún resentimiento.




Notas durante una larga conversación por teléfono con mi madre

para el verano___ella necesita

vestido bonito___algodón

algodón                     nódogla

______aldógon

______aldogón

______________godalón

______nógodal________nóglado

______nódogal

___dogalón






Ratones

Hay ratones que viven en nuestras paredes pero nunca entran a nuestra cocina. Estamos contentos pero no podemos entender por qué no vienen a nuestra cocina donde tenemos trampas puestas, y sí van a las cocinas de nuestros vecinos. Aunque estamos contentos, también estamos un poco tristes, porque los ratones se comportan como si hubiera algo malo con nuestra cocina. Lo que hace esto todavía más misterioso es que nuestra casa es mucho menos ordenada que las casas de nuestros vecinos. Hay más restos de comida en nuestra cocina, más migajas en la barra y restos sucios de cebolla pateados por debajo de la alacena. De hecho, hay tanta comida suelta en la cocina que solo se me ocurre pensar que los ratones mismos se sienten intimidados por ella. En una cocina limpia, es un reto para los ratones encontrar suficiente comida noche tras noche para sobrevivir hasta la primavera. Pacientemente cazan y mordisquean hora tras hora hasta quedar satisfechos. Pero en nuestra cocina se encuentran frente a algo tan fuera de su experiencia habitual que no pueden contra ello. Pueden aventurarse y dar algunos pasos, pero al enfrentarse a los abrumadores monumentos y olores, vuelven resignado a sus hoyos, incómodos y apenados de no poder husmear como deberían.



Su cumpleaños

105 años:
ella no estaría viva hoy
incluso si no hubiese muerto.



Una segunda oportunidad

Si tan solo tuviera la oportunidad de aprender de mis errores, lo haría, pero hay demasiadas cosas que no haces dos veces; de hecho, la mayor parte de las cosas importantes son cosas que no haces dos veces, así que no las puedes hacer mejor la segunda vez. Haces algo mal y luego ves lo que hubiera sido mejor hacer y estás preparada para hacerlo, de presentarse la oportunidad, pero la próxima experiencia es muy diferente y tu juicio de nuevo será erróneo y aunque luego estés preparada para esta experiencia si habría de repetirse, no estás preparada para la experiencia siguiente. Si, por ejemplo, pudieras casarte a los dieciocho años dos veces, la segunda vez podrías asegurarte de que no fueras tan joven para hacerlo, porque tendrías la perspectiva de ser mayor y sabrías que la persona que te aconseja casarte con este hombre te está dando un mal consejo pues sus razones son las mismas que te dio la última vez que te aconsejo casarte a los dieciocho. Si pudieras traer un hijo de un primer matrimonio a un segundo matrimonio por segunda vez, sabrías que la generosidad puede convertirse en resentimiento si no haces las cosas bien y el resentimiento en amabilidad si las haces, a menos que el hombre con el que te cases cuando te cases por segunda vez una segunda vez tuviera un temperamento muy diferente al del hombre con quien te casaste por segunda vez la primera vez, en ese caso tendrías que casarte con ese hombre dos veces para saber cuál sería el mejor camino que tomar al casarse con un hombre de su temperamento. Si pudieras ver a tu madre morirse por segunda vez podrías estar preparada para pelear por conseguir una habitación privada donde no hubiera nadie viendo la televisión mientras ella muere, pero si estuvieras preparada para pelear por eso, y lo hicieras, tendrías que perder a tu madre de nuevo para saber lo suficiente como para decirles que coloquen bien su dentadura y no mal como lo hicieron antes en su habitación y la vieron por última vez sonriendo tan extrañamente, y luego una vez más para asegurarte que sus cenizas no fueran  guardadas de nuevo en esa especie de contenedor de correos aéreos donde la mandaron al norte a un cementerio.





Especial

Sabemos que somos muy especiales. Pero seguimos intentando averiguar en qué manera lo somos: así no, así tampoco, ¿entonces cómo?




Un hombre de su pasado

Creo que Madre está coqueteando con un hombre de su pasado que no es Padre. Me digo: ¡Madre no debería tener relaciones inapropiadas con este hombre “Franz”! “Franz” es un europeo. ¡Le digo que no debería ver a este hombre inapropiadamente cuando Padre no está! Pero estoy confundiendo una vieja realidad con una nueva realidad: Padre no volverá a casa. Se estará quedando en Vernon Hall. En cuanto a Madre, ella tiene noventa y cuatro años. ¿Cómo puede haber relaciones inapropiadas con una mujer de noventa y cuatro años? Bien, creo que mi confusión es la siguiente: aunque su cuerpo está viejo, su capacidad de traición sigue joven y fresca.




La mala novela

Esta novela, difícil y aburrida que traje conmigo a este viaje –trato de leerla. He vuelto a ella tantas veces, cada vez temiéndola más y cada vez encontrándola no más interesante que la última vez, que ahora se ha convertido en algo así como una vieja amiga. Mi vieja amiga, la mala novela.




Susie Brown estará en la ciudad

Susie Brown estará en la ciudad. Estará en la ciudad para vender sus cosas. Susie Brown se mudará muy lejos. Quiere vender su cama matrimonial. ¿Queremos su cama matrimonial? ¿Queremos su silla otomana? ¿Queremos sus artículos de baño?

Es tiempo de decirle adiós a Susie Brown. Nos gustaba que fuera nuestra amiga.

Nos gustaban sus clases de tenis.





La transformación

No era posible, pero pasó; y no de una manera repentina, sino con gran lentitud, no fue un milagro, sino algo muy natural, a pesar de ser imposible. Una chica de nuestra ciudad se convirtió en piedra. Pero es cierto que tampoco había sido una chica normal antes de eso: había sido un árbol. Sabemos que a los árboles los mueve el viento. Pero en algún momento a finales de septiembre comenzó a dejar de moverse con el viento. Pasaron varias semanas y cada vez se movía menos. Después, nunca se movió. Cuando sus hojas caían lo hacían repentinamente y con sonidos terribles. Caían sobre las piedras y a veces se partían en pedazos y a veces permanecían intactas. Salían chispas donde caían y un poco de polvo blanco alrededor. La gente, aclaro que yo no, recogía las hojas y las ponían sobre manteles. Nunca existió una ciudad como ésa, con hojas de piedra sobre cada mantel. Luego comenzó a cambiar de color: primero pensamos que era por la luz. Algo frustrados, a veces algunos rodeábamos el árbol abriendo y cerrando los ojos, boquiabierto –y tan pocos dientes había entre nosotros que también era algo para verse– y decíamos que era la hora del día o el cambio de estación lo que la hacía verse gris. Pero pronto fue claro que ahora simplemente era gris, así nomás, así como hace unos años tuvimos que aceptar que ahora simplemente era árbol y no una chica. Pero un árbol es una cosa y una piedra es otra. Hay límites en lo que puedes aceptar, incluso cuando se trata de cosas imposibles.


Comportamiento extraño

Ves cómo las circunstancias tienen la culpa. En realidad no soy una persona extraña si lleno mis oídos con pedacitos de Kleenex y envuelvo mi cabeza con una bufanda: cuando vivía sola tenía todo el silencio que quería.


Händel

Hay un problema en mi matrimonio: simplemente no me gusta Georg Friedrich Händel tanto como a mi marido. Es una verdadera barrera entre nosotros. Envidio a una pareja que conocemos, por ejemplo, ambos aman a Händel tanto que a veces viajan en avión hasta Texas solo para escuchar una de sus operas interpretada por un tenor en particular. Incluso han convertido a otra de nuestras amigas en común en una admiradora de Händel. Estoy sorprendida porque la última vez que ella y yo hablamos de música, me dijo que a quien realmente admiraba era a Hank Williams. Los tres juntos tomaron un tren a Washington D.C. este año para escuchar a Giulio Cesare in Egitto. Yo prefiero a los compositores del siglo diecinueve y particularmente a Dvořák. Pero soy bastante abierta a todo tipo de música y normalmente si estoy en contacto con algo lo suficiente, termina por gustarme. Pero aunque mi marido ponga música de Händel todas las noches si no hago algo para evitarlo, no he podido hacer que Händel me guste. Afortunadamente, acabo de descubrir que hay un terapeuta no tan lejos de aquí, en Lenox, Massachusetts, que se especializa en Terapia de Händel, y voy a darle una oportunidad. (Mi marido no cree en la terapia y yo sé que él no iría a una Terapia de Dvořák conmigo aun cuando existiese una).




Iluminada

No sé si pueda seguir siendo su amiga. He pensado bastante en ello– nunca comprenderá cuánto. Le di una última oportunidad. La llamé, después de un año. Pero no me gustó el camino que tomó la conversación. El problema es que ella no está muy iluminada. O debo decir, no está lo suficientemente iluminada para mí. Tiene casi cincuenta años y no está más iluminada, a como lo veo, que cuando nos conocimos hace veinte años, cuando hablábamos principalmente de hombres. No me importaba qué tan iluminada no estaba entonces. Creo que estoy más iluminada ahora y ciertamente más iluminada que ella, aunque sé que no es muy iluminado decir eso. Pero quiero decirlo, así que estoy dispuesta a posponer estar más iluminada para seguir pudiendo decir cosas similares de un amigo.




Joven y pobre

Me gusta trabajar cerca del bebé, aquí en el escritorio con la lámpara. El bebé duerme.

Es como cuando era joven y pobre, iba a decir.

Pero todavía soy joven y pobre.



Qué difícil

Por años mi madre me decía que yo era egoísta, descuidada, irresponsable, etc. Se molestaba constantemente. Si discutía, se tapaba los oídos. Ella hizo lo que pudo para cambiarme pero nunca cambié, o si cambié, no puedo estar segura de haberlo hecho, porque nunca llegó el momento en que mi madre me dijera “Ya no eres egoísta, descuidada, irresponsable, etc.” Ahora soy yo quien me digo “¿Por qué no puedes pensar primero en los demás? ¿Por qué no pones atención a lo que haces? ¿Por qué no recuerdas lo que tienes que hacer?” Estoy molesta. Me compadezco de mi madre. ¡Qué difícil soy! Pero no le puedo decir esto porque al mismo tiempo que quiero decirlo, también estoy aquí en el teléfono, escuchándola, lista para defenderme.


Prioridad

Debería ser muy sencillo. Haces lo que puedes cuando está despierto, luego, cuando esté dormido, haces lo que sólo puedes hacer cuando está dormido, comenzando por lo más importante. Pero no es tan sencillo.

Te preguntas qué es lo más importante. Debería ser fácil decir qué tiene prioridad y ocuparte de ello. Pero no sólo una cosa tiene prioridad, tampoco dos o tres. Cuando muchas cosas tienen prioridad, ¿cuál de esas cosas que tienen prioridad recibe prioridad?

Cuando tienes tiempo para hacer algo, cuando está dormido, puedes escribir una carta que tiene que escribirse inmediatamente pues muchas cosas dependen de ella. Pero, bien, si escribes la carta, tus plantas no tendrán agua y es un día muy caluroso. Ya las pusiste afuera en el balcón con la esperanza de que la lluvia se ocupara de ellas, pero este verano casi no ha llovido. Ya las metiste del balcón con la esperanza de que si no están expuestas al viento no necesitarán ser regadas tan seguido, pero de todos modos tendrían que regarse.

Y, bien, si riegas las plantas, no escribirás la carta, de la que dependen muchas cosas. Tampoco acomodarás la cocina y la sala, y luego te sentirás confundida y frustrada por el desorden. Hay una mesa cubierta de listas de compras y unos vasos de cristal que tu esposo compró en una oferta de liquidación. Debería ser muy sencillo guardar los vasos, pero no puedes guardarlos hasta que los laves, no puedes lavarlos hasta que no haya platos sucios en el fregadero, y no puedes lavar los platos hasta que destapes el drenaje. Y si comienzas por el drenaje, puede que no avances, mientras duerme, más allá de lavar los platos.

Puedes decidir que las plantas tienen prioridad pues, a final de cuentas, están vivas. Luego puedes decidir, ya que tienes que encontrar una manera de organizar tus prioridades, que todo lo que tenga vida en la casa tendrá prioridad, comenzando por el ser humano más joven y pequeño. Eso debería quedar muy claro. Pero aún así, aunque sepas exactamente cómo cuidar al ratón, al gato, a las plantas, no estás segura de cómo darle prioridad al bebé, al hijo mayor, a ti misma y a tu esposo. Ciertamente es verdad que mientras más grande y vieja sea la cosa con vida resulta más difícil saber cómo cuidarla.


Tormenta tropical

Como una tormenta tropical.

Yo, también, un día, “me organizaré mejor”.





Un hombre en nuestra ciudad

Un hombre en nuestra ciudad es tanto un perro como su amo. El amo es imposiblemente injusto con el perro y hace de su vida una miseria. Un minuto quiere jugar con él y al otro minuto lo golpea por ser tan indisciplinado. Lo golpea severamente en la nariz y el lomo porque durmió en su cama y dejó pelos en su almohada, por otro lado también hay tardes en las que se siente sólo y agarra al perro para acostarlo a su lado, pero el perro tiembla de miedo.

Pero la culpa la tiene solo un lado. Nadie más toleraría un perro como este. El olor de este perro es tan amargo y putrefacto que es más horrible y agresivo que el perro mismo, el cual es tímido y se orina incontrolablemente cuando lo toman por sorpresa. Es una criatura desagradable y molesta.

Aún así el amo apenas podría darse cuenta de esto, pues con frecuencia bebe sólo hasta caer rendido y pasa la noche enroscado contra la pared de un callejón.

Al atardecer lo vemos trotando con facilidad por los límites del parque, con la nariz al aire; baja la velocidad y camina y da vueltas en círculos para rastrear un olor, rasca su barbilla y saca un cigarro, lo prende con las manos temblorosas y luego se sienta en una banca después de haberla limpiado con una servilleta. Fuma en silencio hasta que el filtro de su cigarro empieza a quemarse. Entonces una incontrolable ira explota en su interior y comienza a golpear su cabeza y golpea sus propias piernas. Cuando se cansa, mira al cielo y aúlla frustrado. Solamente a veces, en esos momentos, acaricia su propia cabeza hasta sentirse mejor.





Miedo

Casi todas las mañanas, cierta mujer de nuestra comunidad sale de su casa corriendo, tiene la cara pálida y su abrigo vuela con el viento. Ella grita, “Emergencia, emergencia,” y uno de nosotros va hacia ella y la tranquiliza hasta que el miedo se va. Sabemos que lo está inventando; realmente no tiene nada. Pero la entendemos, porque difícilmente hay alguno entre nosotros que no haya sentido el impulso de hacer justo lo que ella hace, y cada vez ha requerido toda nuestra fuerza, incluso la fuerza de nuestros amigos y familiares, para calmarnos.



Lo que ella sabía

La gente no sabía lo que ella sabía, que en realidad no era una mujer sino un hombre, con frecuencia un hombre gordo, y aún con más frecuencia, probablemente, un hombre viejo. El hecho de que fuera un hombre viejo le dificultaba ser una mujer joven. Le resultaba difícil hablar con un hombre joven, por ejemplo, aunque el hombre joven claramente mostrara un interés por ella. Tenía que preguntarse a sí misma, ¿Por qué este hombre joven está coqueteando con este viejo?



Doctorado

Todos estos años yo pensaba que tenía un doctorado.

Pero no tengo un doctorado.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Hannah Arendt, la lucha contra la indiferencia moral

Todavía puede verse, en la cartelera madrileña, la película Hanna Arendt, que retrata a la importante filósofa, especial-mente, durante cuatro años de su vida (1961-1964). Es el tiempo que le llevó cubrir, para The New Yorker, el juicio contra el criminal jerarca nazi Adolf Eichmann, secuestrado y encarcelado por el Estado de Israel, y escribir su contro-vertido libro Eichmann en Israel. Informe sobre la banalidad del mal. El film está dirigido por Margarethe von Trotta, realizadora, guionista y actriz del llamado nuevo cine alemán, y protago-nizada por Barbara Sukowa, que realiza un excelente trabajo. Por cierto, ambas mujeres, directora y actriz, llevaron también a la pantalla a otra importante autora, Rosa Luxemburgo.







El libro que escribió Hanna Arendt sobre Adolf Eichmann causó un considerable revuelo hasta el punto de que fue acusada por un montón de gente de filonazi. La idea que desarrolló de la "banalidad del mal" condujo a que fuera atacada y considerada enemiga de los judíos. Sin embargo, esta concepto es considerado hoy en día primordial para juzgar, no solo el nazismo, sino cualquier sistema totalitario. ¿Qué quiso expresar Arendt con "banalidad del mal"? La autora llega a la conclusión de que el crimen contra la humanidad por el que se juzga a Eichmann está más allá de todas las transgresiones imaginables; es decir, el mal supuestamente radical que está detrás de estos crímenes requiere una profundidad que ella no percibe en las declaraciones de Eichmann. Es muy bella una frase presente en el film: "el mal no puede ser radical, solo el bien". Así, surge la idea de un mal banal; cuando Arendt lo descubre, se dedica a investigar en lo que ella considera la actividad del espíritu: el pensamiento, la voluntad y el juicio. La filosofía de Arendt, no solo en la obra citada, puede decirse que gira en torno al pensar sobre lo que se hace; es algo, entonces, que no hizo Eichmann, fue incapaz de pensar y de juzgar lo que había hecho. Las conclusiones son controvertidas, ya que desde este punto de vista, se considera que Eichmann no pudo actuar como una persona libre y responsable; fue, como hemos dicho, tremendamente criticada especialmente en el mundo judío.

Son dos las grandes tesis que están detrás de las conclusiones de Arendt y, puede decirse, del conjunto de su filosofía. En primer lugar, considera que se había producido ya en su época cierto derrumbe de lo que parecía fijo y permanente en materia de moral, no hay nuevos asideros para los valores más allá de las simples costumbres, por lo que la incapacidad para pensar que puede tener el individuo es más fuerte en este contexto. La segunda tesis de Arendt está ya desarrollada en su obra Los orígenes del totalitarismo, donde decía que la esencia totalitaria reside en que las personas se convierten en meros funcionarios (en el peor sentido del término); los individuos de un régimen totalitario serían elementos del engranaje de una maquinaria que se mueve desde fuera, hasta el punto de que no tienen opción para dejar de cooperar dentro de ese mecanismo por muy malo que sea (ya que siempre se considera que es peor para el conjunto dejar de cooperar). Es por eso que esos individuos que forman parte de un engranaje totalitario nunca pensaron en la sustancia de lo que hacían. Arendt distingue entre dictadura y régimen totalitario; si los dictadores cometen crímenes de forma consciente para llevar a cabo sus fines, en un sistema totalitario los crímenes no son percibidos como tales por quienes los ejecutan.

Desde este análisis, los crímenes en un régimen totalitario no son cometidos por sádicos ni monstruos, sino por personas corrientes, incluso respetables. Según Arendt, en un sistema de estas características, solo una persona que sea capaz de pensar, que pueda llevar a cabo un ejercicio de autoreflexión y autocrítica, concluirá que no puede hacer determinada acción con el fin de no cooperar ni convivir con el crimen. Así, la persona con conciencia moral para Arendt es la que elige no realizar un acto que atenta contra su propia conciencia y se niega también a seguir viviendo con los criminales (los que, precisamente, carecen de conciencia moral). La filosofía moral de esta autora parte de lo concreto para llegar a establecer unos principios generales, puede decirse que es una manera de dar la vuelta a Kant; ya no existirían reglas universales fiables, las cuales en cualquier caso pueden conllevar el peligro de convertirse en hábitos fijos de pensamiento que impidan apreciar la riqueza y diversidad de la realidad. Es significativo que, en la película que nos ocupa, cuando un personaje le reprocha no haber pensado en el "pueblo judío", ella rechace un concepto abstracto de "pueblo" y reclame su entorno afectivo (que puede considerarse real y concreto; por muy controvertida que sea esta postura, ya que consideramos necesario elevar el interés humano de lo concreto a lo universal). En cualquier caso, el que permanece fiel a unos valores preconcebidos de pensamiento, ya ha dejado de pensar para Arendt; es la norma, convertida en algo rígido e inflexible, la que le dice lo que tiene que hacer en cada caso. Cuando al individuo se le da ya todo pensado, se acaba volviendo superfluo como persona y es intercambiable con cualquier otra; y eso es lo que considera Arendt que ocurrió con Eichmann.

Pensamiento y juicio son dos actividades primordiales del espíritu y muy relacionadas entre sí. La capacidad de pensar es, para Arendt, buscar el sentido a las cosas; para ello, hay que ser capaz de distanciarse de la realidad: salirse del orden establecido. Salirse de ese orden, de cualquiera, supone un pensamiento verdaderamente subversivo; la conclusión del pensamiento no sería el conocimiento (tarea de la ciencia), sino el juicio, que será finalmente un juicio de valor. ¿Cómo se llega a ese juicio moral? Si el primer paso es ese distanciamiento del mundo para contemplarlo, después se produce cierto diálogo de la persona consigo misma; existe una interrogación sobre las cosas y sobre sí mismo para luego desarrollar una mentalidad amplia (es decir, el pensar no es solo una actividad solitaria, después se produce un afán comunicativo). En definitiva, el pensamiento, solitario y subjetivo en principio, se acaba exponiendo a las opiniones de los demás; se convierte en lenguaje y se hace público, se expone al juicio del resto.

Pero, ¿cómo es posible saber si el individuo que piensa luego lleva a cabo el juicio correcto? Como hemos dicho, Arendt decide que Eichmann es un burócrata incapaz de pensar, se ha convertido en alguien que ha renunciado a su condición de ser humano, algo por lo que es igualmente despreciable. No obstante, si esto es comprensible y seguramente correcto, no todo la persona que piensa y juzgue puede que acabe realizando lo correcto a nivel moral; algunos autores han observado que la filosofía moral de Arendt necesita de la capacidad intuitiva del individuo al carecer de criterios previos. No obstante, tienen que darse una serie de rasgos para el juicio moral: la perspectiva imparcial del espectador y la integridad de la condición humana. En cualquier caso, Arendt no parece tener intenciones normativas, le interesa más que se piense y se confronten juicios diversos para asegurar la pluralidad y la crítica; así, no existirían grandes verdades morales, sino cierto relativismo, lo cual convertirá a Arendt en una autora del gusto de la posmodernidad. Se esté totalmente de acuerdo con Arendt, o no, es una visión primordial para estimular a las personas para que piensen por sí mismas y no se dejen absorber por el pensamiento establecido.

La integridad moral pasa, seguramente en primer lugar, por una lucha contra la indiferencia.

J. F. Paniagua
Periódico Tierra y Libertad, septiembre 2013
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/7articulo.html
Tags: Hannah Arendt • biografía • lucha • historia • moralidad

martes, 1 de noviembre de 2016

Diamela Eltit, la escritora de Chile

A finales de los 80 Diamela Eltit compartía frente a la cámara de Alfredo Jaar un poema que hablaba del terror y de estropear la vida. El registro en blanco y negro fue exhibido hace poco más de un mes en el encuentro “eX-céntrico: Disidencias, soberanías, performance” y formó parte de la obra “Estudios sobre la felicidad”. En la cinta aparece Eltit con el cabello corto y una expresión solemne, apenas unos segundos entre cientos de testimonios que participaron del proyecto.

Ya han pasado más de 35 años de esa grabación y la pregunta de Jaar sobre si somos o no felices los chilenos parece particularmente contingente al momento de leer Réplicas (Seix Barral, 2016), conjunto de artículos y ensayos en los que Diamela Eltit entrega una mirada crítica y perspicaz sobre el Chile de la última década a través de temas como el arte, literatura y política.


Réplicas retrata al Chile de Camila Vallejo y de la agrupación CADA, rememora el boom latinoamericano y analiza el mundo-selfie y las consecuencias de un sistema económico instalado en dictadura, entre otros muchos temas. El texto se divide en siete segmentos titulados según la flora y fauna kawéskar, e incluye relatos orales que surgieron a partir de un trabajo de hace tres décadas con el lingüista Óscar Aguilera. “El pueblo kawéskar era canoero y pensé que ese viaje nomádico me permitía organizar el libro y señalar la extinción del pueblo”, explica Eltit, quien dicta clases en la UTEM y, desde 2007, en la Universidad de Nueva York.

En “Réplicas” hay varios ensayos dedicados a la figura de Gabriela Mistral. Durante los últimos años ha habido una relectura de la poesía de Mistral, desde que el Estado adquirió el archivo de Doris Atkinson y luego de la publicación de “Niña Errante”. Como conocedora de su correspondencia y de su obra ¿Cómo siente que ha cambiado la percepción de los chilenos respecto a la figura de Gabriela Mistral?

Depende de cuáles chilenos. Yo pienso que Mistral por el premio Nobel y su importancia ha pertenecido a un signo de identidad del Estado, aunque también del mercado. Pienso que la primera aproximación a Mistral fue en la parte más cursi de lo femenino, que era lo que la época leía y validaba. Después hubo un segundo momento hacia la Mistral más pensante que organizaba sedes de pensamiento, que escribía en El Mercurio como columnista y tenía un orden crítico, no era solo poeta. Luego vino este nuevo enfoque planteado desde la diversidad sexual, en un momento en que las identidades sexuales están teniendo un protagonismo mayor. Es decir, nada ha ocurrido fuera de su tiempo. Hay figuras que son muy pétreas, pero Mistral se modifica y siempre se va a modificar según el orden de los tiempos. Hay además algo inamovible que es el Norte Chico, que es mistraliano.

Y respecto a esta primera referencia que hacía de Mistral, en un ensayo de “Réplicas” se comenta un personaje de Marta Brunet llamado María Rosa. María Rosa niega el romanticismo como centro estructural del sujeto femenino, siendo una excepción para la época. En el libro hay una crítica hacia la narrativa femenina volcada hacia un otro que generalmente es un hombre. En ese sentido ¿Cuánto cree que ha cambiado el panorama en la escritura femenina?

Brunet es completamente excepcional. Es interesante que ella era laica, por lo tanto no estaba revestida de un pensamiento católico y pudo pensar más republicanamente el tema de la mujer. Ella puso una otra que no estaba en ese momento escrito. Yo pienso que la gente tiene que escribir lo que quiera, aquí no hay imposiciones. Efectivamente el tema más bestsellerístico de mujeres está muy ligado a lo masculino. La mujer sigue siendo un “no” que depende de un “sí” que es el hombre que tiene al frente. O no lo tiene al frente, se va o se queda. Pero su ser en el mundo no es autónomo. Por supuesto no quiero desarmar las historias amorosas y su importancia, porque lo emotivo es muy definitivo en cada uno. Pero el modo en que se cursa como superior-inferior a mí me parece que no contribuye a generar subjetividades femeninas más poderosas, más complejas, con deseos más erráticos y menos formateados por el sistema. Me parece que es una pérdida cuando se reduce al universo amoroso, ya sea del gran encuentro o de la gran decepción. Creo que hay una consciencia de género y las mujeres escritoras estamos muy mal ubicadas en las organizaciones literarias, en el punteo, quiénes se nombran, quiénes no se nombran. Incluso se omiten, porque una cosa que no se nombren porque no se conocen y otra cosa es la omisión misógina. Las políticas de las mujeres deberían incrementar sus propios imaginarios. En ese sentido también pienso que es interesante cómo las disidencias sexuales se organizan en los espacios literarios de manera política.

Siguiendo la misma línea, a lo largo de la historia el Premio Nacional ha sido otorgado solo cuatro veces a escritoras ¿por qué cree que ha sido tan esquivo?

Obedece a la mala repartición de género, a una simetría que está sostenida por la élite. No solamente la naturalizan, sino que la habitan, la circulan y la promueven. Me parece que es parte de un síntoma mayor, sin considerar los premios como algo trascendente o estructural. En realidad los premios no son lineales con lo literario. Si se escribe para ganar un premio estamos jodidos. Viéndolo como un dato sociológico, es una forma de repartición social. Incluso las propias mujeres son colaboradoras de esa simetría de manera intensa, porque o están enteramente colonizadas por lo masculino o piensan de manera ingenua que a buen árbol se arrima buena sombra lo cobija. Pero en realidad si seguimos ese refrán se quedan en la sombra del árbol.

En “Réplicas” en un momento se habla de la nula visibilidad de las lesbianas y la jerarquización de hombres y mujeres en organizaciones como el Movilh o Iguales, ¿por qué cree que sucede esto dentro de organizaciones que se piensan como disidentes?

Es lo mismo, se repite el hombre como falorector del universo social. Y se apodera de la palabra, del lenguaje. Estas organizaciones han traído reflexiones, han dialogado bien con el Estado y han conseguido ciertas áreas emancipatorias. Sin embargo su estructura repite la misma simetría en las hablas públicas. Una integrante de una de las organizaciones, Emma de Ramón, disintió de lo que yo decía, que me parece muy legítimo. Yo no me refería a cómo está organizada esa estructura internamente, sino a quiénes toman la palabra en lo público. Quiénes se sientan en las mesas de discusión en lo público, quiénes van al Congreso. En ese sentido esas organizaciones están enteramente formuladas desde lo masculino. Se repite el mismo escenario que lo heterosexual, no es distinto. Hay instituciones muy interesantes como la de Erika Montecinos “Rompiendo el silencio” o muchas otras. La pregunta es qué pasa con esas voces que no llegan al espacio público aunque tengan una existencia de muy larga data. Se repite lo mismo que en los espacios heterosexuales y por eso dije – y eso ofendió un poco – que son estructuras heterogays, que lo sigo pensando, entendiendo que es una afirmación un poco polémica.

Volviendo a lo literario, siempre se habla de modas. Cuando aparecen voces nuevas se los trata de encasillar en ciertos espacios, ¿identifica un sello en las generaciones de jóvenes escritores?

Yo no he leído todo, en parte porque hay muchos libros y muchas editoriales independientes con una capacidad de circulación reestringida. Lo que he leído en general es que habría una mirada más bien desoladora sobre el presente. Un joven que tiene que resguardarse a sí mismo y ese resguardarse es muy accidentado. En algunos casos conduce a la muerte, entonces el cuerpo y la sexualidad adquieren más poder porque es lo único que se tiene y no hay un horizonte. Sin utopía, sin salida, por ahí van algunas de las formas. Incluso hay libros naturalistas o de un realismo exacerbado que dan cuenta de otro registro de desamparo social general, no solo chileno, sino que hay un desamparo general por el neoliberalismo.

Claro, justamente en “Réplicas” hay una alusión constante al capitalismo exacerbado que estamos viviendo. Se habla del fin del ciclo de la Concertación y la situación política actual en Chile. Con el destape del caso Penta, Caval, SQM, ¿cómo cree que se podría recuperar la credibilidad en la clase política y qué rol cree que debe jugar la ciudadanía?

Estamos viviendo un momento muy intenso, interesante y agobiante. Cualquier iniciativa que toque vagamente el capital produce terremotos públicos. El punto es cómo perforar ese blindaje del capital. La propuesta del Gobierno para AFP aparentemente conserva la línea general y toca algunos aspectos tocables. La ciudadanía expresa su deseo pero hay un muro que hasta el momento ha sido infranqueable y tiene que ver con la Constitución. Para que ese muro se haga más poroso tendría que haber una Asamblea Constituyente que reestableciera derechos, que pusiera límites. Mientras eso no pase ese muro conserva todo su poder, porque tiene todos los periódicos, la mayoría de las radios y las redes. La misma gratuidad, una provocación que es muy interesante y necesaria, para mí es todo un logro. Pero claro, las universidades públicas no ampliaron matrícula. Mientras las universidades públicas no amplíen matrícula y cambien condiciones de ingreso esa gratuidad va a favorecer solo a las universidades privadas porque hay una crisis en la educación de magnitud.

En uno de sus ensayos usted se refiere al “mundo selfie” como este mundo en el que se está expuesto a internet. Recientemente Julian Assange, director de Wikileaks, dijo que Google hoy recibía más datos que los propios dispositivos de inteligencia de Estados Unidos. ¿Cómo observa el escenario en relación al uso de medios digitales considerando esta evidente red de vigilancia global a la que estamos expuestos?

Bueno, todos los instrumentos de comunicación son también empresas, no son inocentes ni van a beneficiar a cada sujeto. Si pensamos en Facebook que es algo multitudinario y se vende en la bolsa de valores, mientras más usuarios tiene más suben los precios de sus acciones. Se usan esos mecanismos en general para exaltar logros. Que ganó esto, que le fue bien, que entró a tal. Entonces está inclinando a la población a cierta depresión, porque la gente puede tener logros, pero también tiene tremendos desastres. Cuando tú ves que todo el mundo es feliz menos tú, te empiezas a preguntar qué pasa con tu propia vida. Entonces genera zonas depresivas. Es un formato que no se puede intervenir, que es seriado y multitudinario. Eso a su vez es un instrumento más que valioso para todas las agencias de seguridad y para las grandes empresas que necesitan datos sobre consumo. Twitter con 140 caracteres es un límite, ¿bajo qué criterio se siguieron esos 140 caracteres? ¿quién decidió? Hay que ver hasta qué punto somos una máquina de producción de esas grandes empresas.

Y considerando el uso masivo de Snapchat donde las historias duran solo 24 horas y esta cultura de lo inmediato que estamos viviendo, ¿cómo se podrían proyectar las relaciones interpersonales a futuro?

Pienso que es interesante la tecnología. No hablo de no usar Facebook o Twitter, creo que tenemos que leer los instrumentos que tenemos y comprenderlos. No hay que navegar en ellos ingenuamente, tenemos que entender que son compañías que ganan con tu participación. Cada vez que pones algo estás incrementando las ganancias. También son políticas de desmemoria, porque necesitan renovar. Por otro lado pienso que una vez que ya entraste en la tecnología nada es borrable. Se incrementa la vigilancia, pero también se podrían incrementar algunas hablas que necesitan ser escuchadas. WhatsApp pone a la escritura como primordial, que estaba muy por debajo de la imagen. Ahora la gente escribe alterando las gramáticas y me parece interesante como subversión frente a la gramática académica. Por muy banal que sea el mensaje en WhatsApp tienes que tener una organización para que te entiendan y se repone una capacidad de estar leyendo. Creo que sobre todos esos mecanismos podría haber una gran reactualización de la lectura y la escritura.

Por último, ¿en qué proyectos está hoy?

Estuve trabajando de manera bastante absorta en el libro, eso me suspendió muchas otras cosas. Tengo la posibilidad de escribir una novela. Es una escena más bien amorosa, cómo navegar con la novela entendiendo que después nos vamos a separar de manera irreversible. Estoy tratando de llegar a un acuerdo para que nos enamoremos. Por otra parte estoy con harto trabajo, sigo en la UTEM y me voy a seguir trabajando a Nueva York. Pienso que necesito descansar porque estoy más vieja, como la señora de la portada de “Réplicas”. De alguna manera soy yo misma, es la vieja pensando.



Foto: latercera.com

jueves, 13 de octubre de 2016

Allen Ginsberg y Bob Dylan








Ginsberg y Dylan son frecuentemente vistos como un padre judío e hijo. Ciertamente, que estaban cerca, y Dylan ha citado a menudo como Ginsberg una gran influencia en su vida y trabajo; sin embargo, eran sólo quince años de diferencia por nacimiento y cinco por la publicación seminal. Por supuesto, esto no es más que una afrenta a las connotaciones más literal de la descripción del padre-hijo de su relación, y no quita nada a la influencia trascendental del poeta beat tenía en el legendario compositor.

Dylan duda Ginsberg visto como una figura paterna, como se evidencia en su película, Renaldo y Clara. Aquí, Ginsberg juega un carácter consejos ofrenda conocido como el padre. Él también aparece, velando por Dylan, en el fondo de Subterranean Homesick Blues de la cantante.

Sin embargo, si vamos a obligar a las metáforas en su relación, entonces tal vez uno más exacto sería como hermanos, ya que aunque Ginsberg desempeñó el papel de mentor, que estaban más cerca que tales vistas cerrado podría sugerir. Encontraron uno en el otro un genio compartido y colaborado en algunos proyectos, alabando entre sí a través de una larga amistad.

Dylan diría, "No empecé a escribir poesía hasta que yo estaba fuera de la escuela secundaria. Yo tenía dieciocho años o así que cuando descubrí por primera vez Ginsberg, Gary Snyder, Philip Whalen, Frank O'Hara y esos tipos. "Así que, claramente, en un principio fue una relación de una manera, con Dylan inspirado a escribir por la Generación Beat.

Sin embargo, Ginsberg encuentra en las canciones de Dylan el mismo tipo de espíritu con el que infunde su propia poesía. La protesta y la mística que describió en el arte de Dylan como "cadenas de imágenes intermitente" son evidentes en la mayoría de volumen de trabajo de Ginsberg.

El principio
Bob Dylan llegó a la ciudad de Nueva York en 1961, siguiendo los pasos de Woody Guthrie, y Allen Ginsberg volvió allí en diciembre de 1963. A través de Al Aronowitz, el periodista y su conocimiento compartido, los dos poetas se reunieron.

"Conocí a Bob en una fiesta en la octava calle Librería, y me invitó a ir de gira con él. Acabé no ir, pero, chico, si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, habría ido como un flash. Había probablemente me han puesto en escena con él ". (Nueva York, principios de 1960)

"Su imagen era corriente subterránea, bajo tierra, inconsciente en la gente ... algo un poco más misterioso, poético, un poco más de Dada, más en los corazones y las cabezas de la gente eran en realidad más que en el que" debería ser "de acuerdo a alguna teoría enojado ideológico." ( San Francisco, 1965)

Ambos extractos de prosa deliberada: Selected Essays 1952-1995, A. Ginsberg (Harper Perenne: 2001)

Ginsberg elogió el trabajo de Dylan como devolver la poesía para el cuerpo humano a través del medio de la música. Así como aparecer en Renaldo y Clara y Subterranean Homesick Blues, escribió tres poemas en alabanza de Dylan y escribió los sleevenotes del deseo: "descubrimiento grande, estas canciones son la culmintation de la poesía-música como soñado en los años 50 y principios de los 60 . "y de acuerdo con Mel Howard," Allen vio Dylan conectado con razón a toda la tradición del movimiento beat, ya través de ella a los poetas anteriores ".

Y en las sleevenotes de Bringing It All Back Home , Dylan escribió, "¿por Allen Ginsberg no fue elegido para leer la poesía en la inauguración perturba mi mente."

La amistad floreciente
En noviembre de 1971, Ginsberg y Dylan colaboraron en canciones destinadas para un álbum aún inédita llamada Alma Santa Jelly Roll. Existen las canciones en forma de contrabando en línea, y la mayoría están disponibles a través del proyecto PennSound . (Edición: Fueron puestos en libertad como primer blues en 1983 y puesto en libertad este año, 2016, como última palabra en primer blues ).

Las canciones o álbumes, consisten en el escrito conjuntamente 'Vómito expreso', 'septiembre sobre Jessore Road' y 'Jimmy Berman, así como poemas de William Blake con música y varios poemas escritos por el propio Ginsberg.

En todo momento, Ginsberg lleva la voz principal con Dylan en la guitarra, armónica y coros. Las canciones fueron grabadas en el Record Plant de Nueva York.

La pareja también realizó cinco canciones, incluyendo 'de septiembre sobre Jessore Road' y William Blake '' Canción de la enfermera "y" Un sueño ", en PBS-TV, Nueva York. Las canciones fueron grabadas en los estudios de PBS-TV en octubre y contó con Peter Orlovsky y Gregory Corso en la voz, junto a David Amran y Happy Traum.

Este tipo de colaboraciones conjuntas desdibujan aún más la imagen de Ginsberg como el padre de Dylan, y arroja luz sobre su respeto mutuo el uno al otro.

Sin embargo, otro punto de vista de su relación es la de Ginsberg hacerlo como lo hicieron Cassady y Burroughs y cerrar la brecha entre las generaciones y movimientos de la segunda mitad del siglo XX. Mientras que Cassady unió fuerzas con los Merry Pranksters y la generación psicodélica, y Burroughs entró en experimentaciones con la música y los artistas de épocas posteriores, Ginsberg se trasladó desde los años 50 del golpe en los años 60 de protesta, influir y trabajar junto a la personificación de la cultura de protesta y el cambio social, Bob Dylan.

De hecho, después de conocer a Dylan, Ginsberg entrar en un período de activismo social y político sin igual, uniendo fuerzas con Norman Mailer para defender Burroughs El almuerzo desnudo, testificando en apoyo de Jack Smith de Flaming Creatures, el apoyo al movimiento por la legalización del cannabis, lo que demuestra por la libertad de la sexualidad y contra el capitalismo. Como dijo Graham Caveney, "Si Dylan estaba empezando a proporcionar a la banda sonora de la contra-cultura, Ginsberg se dio tanto en una cara y las redes que son esenciales en el sostenimiento de su impulso."

Rolling Thunder Revue
En 1975 Dylan se encamina por su gira Rolling Thunder Revue, que él era filmar y se convierten en Renaldo y Clara. La gira fue una de pequeños conciertos, no más de tres mil personas, que mezcla teatro y la música, y en medio de conciertos el autobús turístico vería filmación de escenas y acciones que Dylan más tarde cortados juntos. Toda la película estaba destinada a reducir la cantidad del concierto en vivo con una historia que fue escrita por un guionista, pero se separaron y tomó una vida propia. Originalmente se trataba de una colección de imágenes de la vida y los sueños de Dylan, dijo mística y surrealista, en la casa de su poesía.

De acuerdo con el organizador Lou Kemp, el grupo original de los músicos "sería salir por la noche y encontrarse con la gente, y que acabábamos de invitar a que vengan con nosotros. Empezamos con un grupo relativamente pequeño de músicos y apoyar a las personas, y terminamos con una caravana. "

En el escenario, durante la noche de apertura, Ginsberg se unió en el canto 'Esta tierra es tu tierra', y en espectáculos posteriores iba a actuar como poeta y armonizador. Sin embargo, a pesar de Ginsberg acompañó a la Rolling Thunder Revue durante la mayor parte de su recorrido, muchos de sus lecturas de poemas fueron cortadas de la etapa de mantener los espectáculos para longitudes razonables. Una excepción importante fue la actuación en la prisión de Estado de Clinton, donde Rubin Carter, el boxeador de quien 'huracán' fue escrito, y cuyo caso la defensa de la gira fue recaudar fondos para, fue encarcelado. Durante este espectáculo, se incluyeron recitaciones de poemas de Ginsberg.

Dos de las escenas más conocidas de la película representan Ginsberg como mentor de Dylan - en Lowell, que explica la noción católica de las Estaciones de la Cruz, y durante su visita a la tumba de Kerouac. Estas escenas explorar puntos de vista religiosos de Ginsberg como maestro, aunque una guía católica en lugar de como un budista. Y en otras escenas Kerouac y poesía beat se discuten, la promoción de la imagen de Ginsberg como una importante influencia sobre Dylan.

Así que mirando hacia atrás sobre la relación entre los dos poetas, es difícil de seguir con el análisis convencional de su relación como la de un padre-hijo, la influencia de una sola vía. Más bien, se pueden ver como algo similar a los hermanos, o en el infierno, ¿por qué no los llaman los amigos, ya que, de hecho, eran? Claro, tal vez Dylan aprendió más de Ginsberg, sino que interactuó y colaboró, y que respete el uno al otro. Dylan puede haber descubierto las obras de Ginsberg antes Ginsberg descubrió Dylan, sino que se golpeaba la poesía estaba lejos de su única influencia, y Ginsberg aprendido mucho de Dylan, y juntos ayudado a llevar el espíritu beat en los años sesenta y, además, una nueva generación de activismo social y art.


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